LA FIGURA DE MARIA EN LA CATEDRAL DE
SALAMANCA
Introducción
Estamos finalizando el mes de mayo, mes mariano y con este trabajo queremos centrarnos en la figura de María para ver su relevancia en la Diócesis y sobre todo en la Catedral de Salamanca. Aunque el programa iconográfico lo podríamos extender a todo el complejo catedralicio incluyendo la Catedral Vieja, para no hacerlo demasiado extenso vamos a circunscribir el trabajo y lo vamos a centrar en la Catedral Nueva.
Salamanca ha sido una ciudad mariana por excelencia. Fue
grande el tesón del pueblo charro por defender la Inmaculada Concepción. De
hecho se anticiparon a la promulgación del dogma en 1857. Fueron muchos los
testigos mártires que dieron sus vidas por profesar la fe en medio de los
detractores. Dos hechos dan muestra de ello. El desagravio a la escultura
mutilada del parteluz que fue enormemente sentido y el cuadro de María
inmaculada rasgado en su tela a la altura del cuello que se guarda en la
capilla del Desagravio de la misma Catedral.
Toda la Catedral Nueva es su epopeya grandiosa. Desde el mainel
de la Portada Principal, donde está la bella Anunciación fechada en 1660, pasando
por la excelsa cúpula grandiosa con su alto relieve de la Asunción hasta la Asunción
de Gregorio Hernández en el Altar Mayor en el cuadro frontal de su ochavado
tímpano, donde los ángeles la circundan, constituye toda una peregrinación de
fe. Dice el Cronista sobre la inauguración en 1733, Calamón de la Mata, “no
están solo suspensos en el aire, sino que suspenden con su aire, a los que les
miran” ; y esto se debe a la ponderación de la belleza del grupo escultórico,
todos son artísticos loores en la Catedral a la que es su Titular y Patrona.
Diríamos que el programa iconográfico de la Catedral
aunque tiene toda una compleja gestación responde a una intención que el templo
exprese el misterio que contiene. El interior del espacio responde a lo que el
misterio encierra. De ahí que toda la obra de la salvación y de la Iglesia que
tiene como roca y fundamento a Cristo vincula visiblemente a la Trinidad con la
figura de Santa María y con la comunidad eclesial. La jerarquización del Padre
en los cielos bendiciendo su obra, el Hijo con la ofrenda de sus dones
eucarísticos, el Espíritu Santo como la tercera divina persona que hace posible
la Encarnación y la presencia de Cristo en la Iglesia. La relevancia de maría
Madre de Cristo y Madre de la Iglesia es a su vez figura de la Iglesia. Los
apóstoles representan la autoridad apostólica.
BIBLIOGRAFÍ A
CAMÓN AZNAR, J. Guía artística de Salamanca , Salamanca,
1953
JOSE ARTERO, Mariología artística Salmatina, Panorama
mariano, Salmantincensis 1954
DANIEL SANCHEZ Y SANCHEZ, La Catedral Nueva de
Salamanca, 1993
RENE JESUS PAYO HERNAN Y VALENTIN BERRIOCHOA SANCHEZ
MORNO, La Catedral de Salamanca, 2012
En este mismo Blog darmarperegrino. com podemos ver Las Edades de Salamanca, 26/ 6/ 20
1.
Breve repaso de la Mariología artística
Salmantina
Salamanca, la ciudad de oro, la universitaria y teologal, la
enriquecida con una monumentalidad fulgurante y profusa, es una ciudad
capitalmente mariana, concepcionista, asuncionista. En el panorama de la ciudad
podemos resaltar tres monumentos marianos determinan y embellecen su
silueta.
La Catedral Nueva, el Real Colegio del Espíritu Santo (la
Clerecía), la Cúpula de la Purísima: tres colosales edificaciones tan
artísticas como marianas.
- Las Catedrales,
complejo catedralicio.
No debe hablarse propiamente de dos catedrales sino de un
complejo catedralicio contiene una sola Catedral formada por varios recintos.
Las antiguas dependencias de la Catedral Vieja no cayeron en desuso sino
rehabilitadas para nuevas funciones integradas a la Catedral Nueva. Están ambas
catedrales dedicadas a la Virgen: la Vieja a Santa María la Mayor (siglos XII y
XIII) y la Nueva a Ntra. Señora de la Asunción.
En la Catedral Vieja encontramos algunas pinturas románicas marianas. Es sobre todo la imagen de la Virgen de Vega, obra de orfebrería del románico tardío y en el retablo de Nicolás Florentino, de estilo renacentista, del altar mayor podemos descubrir toda una síntesis de la iconografía mariana.
La Catedral Vieja inicia su construcción en el S.XII y va a
suponer el germen de un complejo conjunto catedralicio que durará siete siglos.
En 1513 se puso la primera piedra y la Catedral Nueva se inicia en 1560 se
traslada el Santísimo de la Catedral Vieja a la Nueva. En 1733 se bendice lo
construido y se realiza la consagración y dedicación definitiva del templo.
1.1 La Catedral Vieja (S.
XII-XIII)
La Catedral tiene su origen en la repoblación durante el
reinado de Alfonso VI consolidada la reconquista tras siglos de dominación
árabe. Con Raimundo de Borgoña se lleva a cabo la restauración de la Diócesis
(antes vinculada a Mérida), será el lugar donde el obispo Don Jeronimus
Perigueux asienta el templo donde tendrá su Sede (cátedra). Se levantó una
cerca-muralla con nueve puertas y se ubicó en la puerta sur al lado del río con
la función de fortificar la urbe (La Fortis). Tendrá como nombre Catedral de
Santa María de la Sede. Su construcción se prolonga durante los S. XII-XIII y
pasa a ser la iglesia mayor y madre de la diócesis.
La Iglesia se dedica a Santa María la Mayor. La Catedral Vieja toda ella está poblada, en capillas, imágenes, retablos, sepulcros, museo, de riquísima iconografía mariana. La imagen que se coloca en el retablo es del S.XII procedente de un desaparecido monasterio (Santa María de la Vega)). Está realizada en madera y recubierta de metal y piedras preciosas y representa a Nuestra Señora sentada en un trono con el Niño Jesús sobre su rodilla izquierda. En la mano derecha lleva una azucena. La imagen responde al modelo francés de Limoges.
La historia de la imagen románica combina leyenda, arte y devoción. Data de finales del S.XII. La leyenda cuenta que la imagen fue encontrada por un pastor en la zona de la Vega del río Tormes, lo que dio origen a su nombre. Cuando se destruyo el monasterio por una riada fue trasportada al monasterio de San Esteban donde permaneció hasta que el obispo Mauro Rubio (enterrado a los pies de la Virgen) la instaló definitivamente en 1904 en el altar mayor de la Catedral Vieja. Fue proclamada patrona oficial de la ciudad en 1610 y consagrada solemnemente en 1653.
En cuanto al misticismo y la espiritualidad impresa en la Catedral no olvidemos que el primer obispo Don Jeronimus era monje monje del Cluny (llevaron a cabo toda una gran reforma). Encarnaba la figura del maestro místico diseñador de catedrales, regulador de los secretos escondidos. Prima el orden simbólico espiritual. La catedral se concebía como símbolo de un edificio espiritual. El objetivo era trasladar por medio de lo visible a lo invisible. Los fieles eran invitados a entrar en una nueva dimensión y contemplación espiritual. Los maestros artesanos pensaban que la geometría era un modo de establecer un vínculo entre los seres humanos y Dios. El maestro arquitecto era un imitador del Divino Maestro. El maestro buscaba en el espacio de la catedral acoger la divinidad y simbolizarla.
La catedral encarna una nueva cosmovisión del modo de ser
cristiano. En el centro Cristo es la piedra angular sobre quien descansa el
edificio. La planta en cruz latina es figura de Cristo. La cabeza de Cristo era
la cabecera o ábside espacio reservado a los representantes de Dios. En el
centro el ábside representa el ámbito de Dios. La nave representa al pueblo de
Dios. Sobre la base de la catedral que es Cristo, se alzan las columnas
correspondientes a los apóstoles (seis columnas a cada lado de la nave central).
Las columnas de las naves laterales representan a los profetas. Los fustes
representan los fuertes y robustos en la fe.
El templo tenía planta basilical de cruz latina, con tres
naves, la central más larga, alta y elevada que las laterales y sus
correspondientes ábsides semicirculares en la cabecera, además de un pórtico a
los pies entre las torres. La portada primitiva quedó oculta por otra
posterior.
1.2 La Catedral Nueva (s.
XVI-XVIII)
En el S. XVII la Catedral se queda pequeña y se piensa en
levantar una nueva Catedral. Debido a la belleza arquitectónica de la antigua
se decidió levantar la nueva sin derribar la anterior para que de esta manera
se mantuviera el culto mientras su ejecución. De ahí que el complejo
Catedralicio pasó a salvaguardar la Catedral vieja y a levantar una nueva. La Catedral
nueva de Salamanca se dedica a este misterio de la Asunción de la
Virgen, "que es dogma de fe reciente, desde 1950, aprobado por el
papa Pío XII".
En la Catedral Nueva de Salamanca existen numerosas
representaciones de los misterios marianos y muy especialmente del
misterio de la Asunción de la Virgen. Entre las distintas imágenes en la
Catedral destaca la imagen de la Asunción que preside el presbiterio, tallada
por el escultor Esteban de Rueda, del que también existe otra imagen en
Salamanca que se encuentra en la iglesia de la Clerecía.
La Catedral Nueva es denominada La Magna, más esbelta y
espectacular, de larga duración, dos siglos, alberga elementos góticos pero
también renacentistas y barrocos. La arquitectura cobra una nueva cosmovisión y
evolución parte de una nueva corriente que tiene su centro cultural en centro
Europa y que luego erradicándose en Italia comporta una cosmovisión nueva. Se trata
de la devotio moderna que conlleva una espiritualidad nueva y
una concepción moderna. Es el transito del románico al gótico, del oscurantismo medieval centrado en
la redención de los pecados se pasa a una exaltación y glorificación de la
Resurrección. En lugar de remarcar el camino penitencial se
pasa a un camino ascensional. Es como una explosión de luz que nos
acerca a lo divino, lo sublime, lo trascendente. Se trata de reflejar la
Jerusalén celestial. La luz que desde la altura caen hacia el suelo. Los
grandes ventanales con vidrieras esparcen con trasparencia la luz. La luz se
concibe como la fuente y esencia de toda la belleza espiritual.
La luz, que es Cristo resucitado, es la fuente de belleza y
expresión del misterio que la invade y encierra. Una amplia y esbelta nave
central acompañada por dos laterales que se prolongan en capillas. Las ventanas
de las naves laterales son altas para permitir la entrada de luz en la nave
central. Los arcos, arquerías y triforios representan a los reyes y príncipes.
Los capiteles y las ménsulas representan la iglesia triunfante. Los ventanales
y vidrieras representan a los doctores y maestros que con su predicación y sus
escritos ilustran la vida cristiana. Dejan pasar la luz en un espectro de
colores. Representan la propagación de la luz de la fe que ilumina todo e
pensamiento. Las ventanas del piso intermedio simbolizan a los padres de la
iglesia, los cuales adoptan las virtudes. Siete virtudes como siete son los
espectros del haz luminoso. Las ventanas altas, en cambio, son redondas porque
deben ser perfectas y servir a Dios para toda la eternidad.
Las naves laterales que dan paso a las capillas laterales
sirven de una circulación interior que se incrementa con la girola. Hace
referencia al carácter deambulatorio y peregrino del pueblo de Dios. Se trataba
que los visitantes peregrinos no interrumpieran la liturgia que se concentraba
en el coro. La gran bóveda en el centro cargada de luminosidad representa la
ascensión al cielo. Hay una progresiva ascensión de los santos, los ángeles y
los arcángeles. La estilización de las columnas se debe al camino ascensional
del gótico.
La Catedral Nueva constituye un grandioso poema a Nuestra Señora, desde las heráldicas azucenas asuncionistas, que coronan la inscripción del comienzo de las obras, a las altas cumbres de torres y cúpulas con emblemas marianos. Las fachadas espléndidas, cuajadas de magníficos relieves con episodios donde la Virgen María aparece en escenas evangélicas; el interior rebosante de altares, rejerías, pinturas, esculturas, orfebrería, ornamentaciones de subido valor artístico; y su Capilla Mayor con la Asunción de Gregorio Hernández; la Cúpula soberbia, que en un gigante octógono canta en ocho grandes relieves de piedra policromada. Los ocho capitales episodios de la Virgen, desde su Natividad bendita, hasta su Coronación celestial entre la barroca multitud de bandadas de espíritus angélicos, todo celebra las grandezas de María.
- El Real Colegio del Espíritu
Santo (La Clerecía)
El antiguo Real Colegio del Espíritu Santo (La Clerecía),
que los Reyes Don Felipe III y Doña Margarita de Austria edificaron para la
Compañía de Jesús es una bella muestra de la arquitectura barroca. Este edificio
es uno de los más bellos y grandiosos de la arquitectura barroca (Camón Aznar).
El Real Colegio de la Clerecía se funda en 1611 por la reina Margarita de
Austria. El nombre de Clerecía se debe a que perteneció a la Real Clerecía
de San Marcos tras la expulsión de los jesuitas.
Sobre el patio, «una de las creaciones barrocas más acabadas
de todos los países» (Schubert); «coronando el imafronte de aquella fachada
concebida con grandiosidad, llena de potencia y majestad» (García Boiza).
Entre las gemelas torres, «de las más bellas que creó el
barroco» (Gómez Moreno), está la grandiosa imagen de la Inmaculada Reina
Coronada, entre los Reyes Coronados. Bajo ella el alto relieve con la
Pentecostés, la Reina de los Apóstoles. Frente a ella la divulgadísima Casa de
las Conchas, entona el Ave María, forjada con los hierros de sus bellísimas
rejas.
Dentro, como en Iglesia Jesuítica y sede de las
Congregaciones marianas, el colosal retablo prechurrigueresco, obra de
Cristóbal de Honrato que en lo universal tiene otra espléndida Pentecostés, y
en lo jesuítico la Aparición de la Virgen dictando a San Ignacio los Ejercicios
espirituales; y en otros altares la hermosa Visitación de García de Quiñones, la aparición de la Virgen a San Estanislao de Kostka de Alberto Churriguera, el
de la Purísima (muy feamente retocado) de Sardina el Viejo, el Calvario con
Ntra. Sra. de la Luz de Joaquín Churriguera y otras obras de no tan subido
valor artístico. Hoy, además de la Compañía de Jesús, ocupan el gigante
edificio el Seminario Mayor y la Pontificia Universidad Eclesiástica, donde
florece la devoción y la teología mariana entre evocaciones artísticas y
literarias.
- La Purísima
El tercer gran monumento mariano salmanticense es el
Convento de Agustinas Recoletas y Parroquia de la Purísima que levantó el Conde
de Monterrey D. Manuel de Zúñiga y Fonseca, Virrey de Nápoles para colocar en
su retablo mayor la Purísima de Ribera «la más bella pintura mariana del mundo»
según el gran catedrático y crítico Gómez Moreno o «la mejor pintura mariana
de su siglo» (Tormo) y que lleva gallarda la firma: “Jusepe de Ribera,
español uaiencíano Fecit” 1635. Toda la Iglesia y Convento es un emporio de
arte mariano. En el mismo retablo de ricos mármoles taraceados se encuentra la
Dolorosa del mismo Ribera, que se atribuyó a Carlos Dolci, en la nave mayor el
Calvario del Bassano, la Anunciación de Lafranco, San José, San Joaquín y Santa
Ana del mismo Lafranco; la Crucifixión de Guido Reni en el Coro; las Dolorosas
espléndidas, una de talla, otra en pintura, retratos de las hijas, religiosas
en este convento, del gran navegante D. Blas de Lezo; el pintoresco nacimiento
napolitano del s. XVII con los preciosos damascos del traje de la Virgen; y
hasta en la portada del Convento la gran La Inmaculada, que en piedra copia la
estupenda pintura del interior.
Había que añadir, para completar la silueta monumental
mariana de la ciudad, la Universidad Civil en cuya Capilla está el lienzo
central representando la Jura de los Doctores de defender el Misterio de la
Inmaculada Concepción, obra de Cacianiga, según Camón o de Plácido Constancio,
según García Boiza; y en cuyo Museo y otras salas hay bellas Purísimas y no
pocos asuntos marianos. Pero de la Universidad hay tema especial en otro lugar
de la revista.
- Hagamos un breve
recorrido de otras obras marianas de valor artístico en Salamanca.
Podemos señalar como principales la Parroquia de
Sti.-Spiritus, que además de su Pentecostés titular, ostenta el suntuoso
retablo con temas marianos; la vieja Parroquia de San Benito con la
lindísima portada de la Anunciación de fines del siglo XV; el estupendo retablo
de Alonso Berruguete en el Colegio del Arzobispo con varias tablas y grupos
escultóricos marianos.
El Convento de las Úrsulas dedicado a la Anunciación,
que tiene entre otras una bellísima de Diego de Siloé en el sepulcro del
Patriarca Fonseca . Junto a este convento (ahora en desuso) esta la capilla de la Vera Cruz, que además de la patética Dolorosa de Felipe del Corral, tiene la Purísima de Juan de Juni, ante Ia que se organizaron los primeros Caballeros
de la Inmaculada.
El Convento de la Madre de Dios con su estatua
en piedra del s. XV de la portada y su cuadro de la escuela madrileña con la
Translación de la Santa Casa de Loreto; San Millán con su buena Asunción
del XVI; la de la Orden Tercera, hoy Capuchinos, con el fresco del ciclo
artístico de Bayeu, en el que la Virgen La Imaculada se aparece a San Francisco
y recuerda las apologías concepcionistas del Bto. Duns Scoto; el Carmen de
Abajo con un grandioso grupo escultórico de la Virgen del Carmen ofreciendo el
escapulario a S. Simón Stok.
Santa María de los Caballeros con hermoso retablo de
asuntos marianos, y no pocos más, aun descontando lo que carece de interés
artístico. En Santa María de la Vega, hay una interpretación moderna de la
Virgen de la Vega, del taller de Granda Buylla, muy hermosa y otras tallas
actuales del laureado escultor Ángel García, que acaba de fallecer. Pobre es el
Museo Provincial, pero aun en él se apuntan el mutilado relieve de Carmona en
mármol de Carrara, que describe la aparición de la Virgen y San Bernardo a Sto.
Toribio de Mogrovejo en el Colegio de San Salvador de Oviedo; una Anunciación
del siglo XVI de escuela castellana; una buena talla de tipo flamenco de
principios del XVI; Ia Deposición de Cristo, magnífico cuadro de Morales; la
grande Inmaculada del napolitano Andrea Vaccaro y otras pinturas de interés
artístico y mariano.
El Convento de San Esteban de los Padres Dominicos,
que en un espléndido templo, en Ia Sacristía y en Capillas del Noviciado guarda
varias imágenes de la Santísima Virgen. Así la Virgen del Rosario del XVI con su
retablo de Joaquín Churriguera y las tallas de San Joaquín y Santa Ana de la
escuela de Juan de Juni, los frescos de Villamor y Palomino, a los que después
aludiremos, las Asunciones bellísimas de la Sacristía y Estudiantado, la
Anunciación en piedra en los pilares del Templo, la Virgen de la silla priorial
de la escuela de Rubens y otra en el altar del coro del s. XVIIl. Enfrente está
el Convento de Dominicas, las Dueñas, con bellas imágenes del XV al
XVIII.
Nuestra Señora de la Peña de Francia es una advocación mariana correspondiente a la Natividad de María a la que se rinde culto en el santuario dominico situado en la cima de la Peña de Francia. Su origen responde a la imagen románica, una virgen negra, que encontró Simón Roland en 1434. la imagen fue robada en 1872 y devuelta en 1889. Tras el robo al quedar la imagen muy deteriorada se encargó una nueva imagen al escultor Jacinto Bustos Vasallo.
Hemos querido indicar solamente lo más escogido del arte
mariano salmantino, sin agotar la materia, ni sistematizar las obras: solo
intentamos dar una impresión de la riqueza que en este tema la noble y sabia y
artística ciudad atesora.
- Evolución y desarrollo
del dogma.
Es singular que en esta Ciudad, cuyo Ayuntamiento hizo voto
de defender la pía sentencia en la Iglesia de Ntra. Sra. de la Vega el 6 de
mayo de 1618, y en Ia que estudió y enseñó el gran Doctor Eximio, P. Francisco
Suárez, S. J., capitán de los hispanos teólogos concepcionistas, hay
sorprendentes obras de arte que jalonan momentos de la evolución del dogma.
1. En el Paraninfo de la Universidad Eclesiástica, en el
testero principal, se representa la Sesión V del Concilio de Trento, cuando,
desde su tribuna, un teólogo del Concilio, que se quería que fuese el
sapientísimo P. Lainez, S. J., defiende la adición, que se aprobó, de que en la
universalidad del pecado original no era la mente del Concilio incluir a la
Virgen Santísima. Si aquel teólogo no fue el gran Lainez, allí cerca está el
retrato del P. Suárez y en él la visión de la Inmaculada ; y en el testero de
enfrente el otro gran medio punto donde, acaudillados por San Ignacio y
amparados por María están, pluma en ristre, los Jesuítas que hasta el XVIII más
sabia y píamente escribieron sobre la Inmaculada.
2. En Ia Capilla Universitaria está el lienzo central del
altar mayor con el juramento concepcionista de los Doctores, de que habla el
trabajo del Dr. Florencio Marcos, que se publica en este mismo tomo.
3. Insistiendo en la petición de la declaración dogmática
aparece en la grisalla de la Cátedra de Francisco Victoria el Rey Felipe III
portador ante el Papa y su corte cardenalicia, mientras en largo cortejo de
claustrales va firmando en el album que un obispo les ofrece. Un dístico en el
ángulo derecho del cuadro, explica la pintura: “Sunimus, ut intactam Reginam
labe Sacerdos Cernat, Rex cupiens et schola vota promit”.
4. La Inmaculada del Spagnoletto y las gentiles estatuas de
los Condes de Monterrey, D. Manuel de Fonseca y Zúfiiga y Dña Leonor de Guzmán,
hermana del Conde-Duque de Olivares, mármoles que con retórico empaque cinceló
Juliano Finelli, celebran el triunfo romano del Conde, que siendo Virrey de
Nápoles, fue de embajador extraordinario a la Corte papal y logró de S. S. Alejandro
VII la bula Sollicitudo omnium ecclesiarum, en la que imponía silencio
en cátedras y pulpitos a la sentencia maculista.
5. Y es apoteosis de Inmaculada el coronamiento de la
fachada, que antes citamos, del Real Colegio del Espíritu Santo. Un detalle
curioso es el de la Inmaculada del Desagravio en la Catedral Nueva. Centra un
agraciado dosel, que los ángeles sostienen, el retablo de Churriguera con sus
pompas de pámpanos en columnas salomónicas, un maltrecho cuadrito de la
Inmaculada. Falcón lo explica: «Una pequeña imagen de la Purísima, pintada en
lienzo, que estuvo mucho tiempo en la calle de la Nevería, y vino al lugar que
ahora ocupa, a causa de la profanación que sufrió. Un descreído injurió a la
Virgen abriéndola de una cuchillada la garganta; y la tradición piadosa refiere
que el agresor sufrió en castigo la muerte instantánea y el cuadro no ha
consentido que se la cerrase la herida, aunque se ha intentado más de una vez
componerle». Y así está hoy. La Natividad de la Virgen es la primera tabla del
políptico del Florentino en el ábside mayor de la Catedral Vieja; pintura
parlera con mil donosos detalles folklóricos; y también con fluida pincelada y
suave colorido adorna un medio punto de la antesacristía otra Natividad.
- Programa
histórico-teológico siguiendo
Ahora, siguiendo un programa histórico y teológico mariano
presentaremos las realizaciones artísticas con las que Salamanca ha ilustrado la vida, privilegios e intercesión de María Santísima.
La primera y más espléndida de todas, que encabeza la
portada de este estudio, la Predestinación de la Virgen. Que así puede
considerarse la Inmaculada de Ribera y que está idealizada como el “Ab
initio et ante saecula creata sum”, es decir, el Padre Eterno con gesto
creador lanza a María como la obra más pura y bella, como el ideal de la
belleza, con su cortejo de ángeles y querubines que llevan los símbolos de sus
grandezas o la contemplan enamorados. Para su venida al mundo Dios también la
predestinó una brillante Genealogía de reyes, príncipes y profetas. Es la que
germinó de la raíz de José, como Ia expuso el tablero frontal del órgano, que
se llamó de Salinas, porque lo tocó el gran catedrático, tratadista y
organista, a cuyos sones se quiere unir la tradición de que Fr. Luis de León
compuso la obra celebérrima: “El aire se serena Y viste de hermosura y luz
no usada Salinas, cuando suena la música estrenada Por vuestra sabia mano
gobernada”.
Inmediatos en esta genealogía fueron ya los Padres de la
Virgen, San Joaquín y Santa Ana. El, además del hermoso grupo escultórico del
XVIl estofado en ricos oros y matices de la Capilla de Lourdes en la Catedral
Nueva, tiene esta sorprendente pintura mural de la Capilla de San Martín que en
1262 pintó y firmó Antón Sánchez de Segovia. ElIa, en la tempestuosa y cariñosa
Santa Ana de Juan de Juni en el trascoro de la Catedral Nueva, obra capital del
barroco español.
Tratemos ahora de recorrer los distintos misterios en
relación con la Virgen María:
De la Inmaculada Concepción pudiéramos multiplicar
las imágenes en talla y en pintura, después de Ia suprema del Spagnoletto que
ya citamos. Recordaremos a título histórico la estatua de Felipe de Borgoña
(1505) que se halla en la Sala del Cielo de Salamanca en las Escuelas Menores de
Universidad y que el Profesor Laínez Alcalá quiere que sea Ia primera escultura
concepcionista sobre la luna y la serpiente, que dio el modelo tradicional.
A título exegético puede citarse la graciosa y amable
pintura del Maratti en la Capilla de San Clemente de la Catedral Nueva, que presenta a la Virgen con el Niño Dios en brazos; El blande la Cruz que remata en lanza,
cuya punta huella la cabeza de la serpiente: es la interpretación del texto
hebreo : «él quebrantará» : triunfa con la Virgen que lo tiene estrechamente
unido a su regazo maternal.
Citaríamos la preciosa Inmaculada de San Julián con la firma
de Antolínez; la de la ante-sacristía de la Catedral Nueva; la de la Sala
Capitular del Cabildo, hoy en la Rectoral de la Universidad Eclesiástica.
De la Presentación de la Virgen niña en el Templo,
quizá la mejor expresión salmantina sea el hermoso altorelieve del ochavo de la
Cúpula de la Catedral Nueva con su arquitectura clásica, su Pontífice
majestuoso, la Nifia encantadora, que sube la gradería del templo, y hasta el
mendigo estupendamente modelado, que a la entrada del templo pordiosea.
Los Desposorios tienen una evocación
prerrafaelista en el retablo de Nicolás Florentino y en una agradable pintura
en la ante-sacristía. La Virginidad perpetua de María bien se puede admirar en la dulce y deliciosa virgencita del Museo Catedralicio. Viene luego el tema encantador
de la Anunciación.
Ya hemos recordado la fachada gótico-Reyes Católicos de San
Benito y la del alabastrino sepulcro del Patriarca Fonseca. Una docena de arte
magnífico pudieran reseñarse en Salamanca. Queremos mencionar la del
Florentino, tan emparentada con la de Fra Angélico; y la otra tan sutil y
expresiva de una tabla lateral del pequeño órgano de la Capilla Dorada.
Bellísimas son las de la portada del Hospital del Estudio y la del ingreso a la
Catedral Vieja, y la citada de las columnas del templo dominicano.
De Ia Visitación a Santa Isabel y
del Sueño de San José ya recordamos la de la Clerecía o Iglesia del Real
Colegio del Espíritu Santo y la del retablo de la Catedral Vieja.
Nacimientos los hay en grande número. Encantadora es la tabla de
Fernando Gallego en el Museo Catedralicio y el relieve de la gran portada de la Catedral Nueva. Con este Nacimiento hace juego el inmediato relieve de Ia Adoración de
los Reyes en la misma deslumbrante fachada. Pero solo en la Catedral
pudieran ofrecerse muchísimas, empezando por el restaurado cuadro que se
atribuyó antes a Memling y ahora a Gallego. Es sugestivo que los Reyes Magos
que van a adorar «al Niño con María su Madre» sea tema frecuentísimo en
pinturas y relieves de sepulcros, desde el de la Capilla de San Martín y el
recientemente descubierto en los Claustros de la Catedral —bella pintura mural
románica—, hasta las de sepulcros del XIII, XIV, XV, XVI, y XVII. ¡Variadísima
colección de hermosas Epifanías! Tampoco es rara en el arte salmantino la Huida a Egipto:
está en el Florentino y en la copia del Baroccio de la capilla muzárabe; y —con
poético descanso en el camino— un rico cobre de la Sacristía Mayor. De Ia Purificación
es relieve mutildado del XV el del frontis del sepulcro del Chantre Aparicio en la Catedral Vieja. Y es elegante expresión el cuadro, que pudiera ser de Van
Dyck en la Sacristía Mayor.
De la Sagrada Familia las joyas de arte salmantinas son
innnumerables; El cuadro, de Alonso Cano quizá, de la Sacristía de la Catedral
Nueva con la belleza y amor de María, su velo vaporoso, el encanto del Niño y
el tercer lugar amable y señorial de San José: allí mismo el cobre de Rubens
con el San Juanito y los ángeles juguetones: el «estupendo cuadro de Morales
con Ia Virgen, el Niño y San Juan de tipo italianizante y alegre colorido»
(Catáón), «una de las tablas más portentosas del divino Morales, que ha
realizado aquí una pintura regocijada y mimosa, en Ia que el Niño y San Juanito
se acarician y Ia Divina Madre, de rostro bellísimo, con perflles y peletados
bien característicos de Morales, nos recuerda las más bellas Madonas
italianas». En Ia Capilla del Pilar de Ia Catedral Nueva existe un lucido alto
relieve, muy polícromo de Ia Sagrada Familia, con Ia clásica representación del
Niño Jesús de Ia mano de María y José.
El Niño con los Doctores en el Templo, y la
Virgen María hallándole, tiene una interpretación con un bellísimo templo de
las auroras elegantísimas del renacimiento en el políptico tan citado de
Florentino. La Divina Maternidad, fuente y raíz de todos los privilegios
marianos, se pudieran ofrecer por decenas en las amables imágenes de María con
su Divino Hijo Jesús en brazos. Vaya por delante la que estaba (y suponemos que
volverá a estar, ya recuperada) en el altar de San José de la Catedral. Le han
atribuido a Ia Roldana. Quizá sea por su belleza femenina, el cariño con que
mira su Jesús, el airoso vuelo de sus ropajes y toda su deliciosísima silueta.
María está en el primer milagro de Jesús en las Bodas de
Caná (icono del retablo del altar mayor de la Catedral Vieja)
Madre de los hombres aparece en el Calvario de la Capilla Dorada donde San Juan parece escuchar
las palabras del Crucificado a su Santísima Madre: «He aquí a tu hijo». Y en él
estábamos todos los hombres. Como este Calvario los hay numerosos: en la
crestería de la reja de la Capilla del Descendimiento; en varias pinturas y
cobres de la Sacristía.
Madre universal de la Iglesia pudiera verse
representada en las imágenes de ritos particulares, mozárabes, orientales. Así
en las repetidas tablas con Vírgenes bizantinas y la del maravilloso retablo —
a Ia manera del Berruguete— de la Capilla mozárabe de la Catedral Vieja de
Salamanca, donde, además de Ia bellísima estatua del XV que señorea el altar,
hay otros cinco asuntos marianos en relieves y pinturas todos de alta calidad
artística y de íntimo ambiente de piedad.
De la Virgen Madre de los pequeñuelos es la estatua del
Trascoro de la Catedral Nueva. La atribuimos con este título, porque perteneció
a una Casa de huerfanitos que patrocinaba el Cabildo Catedral: desapareciendo
el Colegio en una inundación del Tormes, se recogió la Virgen en la Catedral :
varias Comunidades la reclamaban como suya; pero una pequeñuela la reconoció
«por la gargantilla» y el Cabildo aprobó el testimonio, ex ore infantium. Aún
hoy, mientras giran las procesiones claustrales por la» naves catedralicias, un
Niño de Coro está postrado ante la imagen, hasta que el Cabildo entona la
antífona mariana de tempore.
María Reina y Patrona de los Pueblos se simboliza en la
Virgen de la Vega, Patrona de Salamanca y su tierra, preciosa joya de
orfebrería del XIII, generosamente cotizada en millones de pesetas, cuando fue
llevada a Exposiciones Internacionales.
De María intercesora habla elocuentemente la Virgen
de la Verdad, Madona sedente románica, en su Capilla de Ia Catedral Nueva. Su
leyenda —figuran análogas en una Cantiga de Alfonso el Sabio y en un Milagro de
Berceo— se describe así en un lienzo curioso al margen del retablo: «Un judío
negaba cierta deuda a un cristiano, el cual, no pudiendo probarla, pidió a esta
imagen testificase la verdad del contrato, que pasó en su presencia. Hízolo
María bajando la cabeza; quedando por este milagro pagado el cristiano y
convertido el judío».
MiI piadosísimas imágenes de María Mediadora de todas las gracias
pudiéramos presentar. Mas por todas presentamos las de Ia intercesión in
hora mortis nostrae. Son muchos los sepulcros magníficos de personalidades
eclesiásticas e históricas, que tienen a Ia Virgen tatercediendo ante el Señor
o velando el sueño mortal, hasta Ia resurrección gloriosa. En el historiado
sepulcro del Deán D. Fernando Alonso, hermano del Santo Rey, Don Fernando III,
se esculpe Ia figura yacente y sobre ella los ángeles llevando su alma al cielo
en figura de una criaturita desnuda, el clero que viene al sepelio, el Rey y
los Obispos que Io presiden, Ia familia y plañideras con Ia dulce infantina,
que se mesan los cabellos y se desmayan.
María Rodeada de los Apóstoles, es figura central Ia
Virgen en su trono: en Io alto, Ia amígdala que emarca al Pantocrator. Una
ilustración, por todas, sea Ia del sepulcro del Protonotario Apostólico,
Arcediano, Dr. Francisco Sánchez de Palenzuela: sobre su rica estatua yacente,
mandó poner Ia Virgen «pintada por San Lucas», que de Roma se trajo.
A Ia misma entrada de Ia Catedral por Ia puerta de Ramos hay
dos sepulcros con imágenes y plegarias marianas elegantísimas. El del Dr. Diego
de Neyla, consejero y amigo del discutido y hoy vindicado historiador de Indias
y humanista egregio, Gtoés de Sepúlveda: murió en 1577 dejando un clásico
epitafio del que copiamos algunos dísticos dignos de Ovidio: “O spes laeta
piis, afflictis dulce iuvamen, Praesidium moestis inclyta Virgo reis. Tu mihi
perfugium, Tu fidum semper asylum, Ad Te confugio, Tu mihi, Diva fave”. Un
lindo cuadrito italianizante se muestra sobre los cincelados versos. Enfrente
está el sepulcro de D. Roque de Verga con buenas, pinturas murales; y en el
centro una La Inmaculada de muy mediana pintura, sustituye a Ia más hermosa que
robaron. También con latinidad algo más barroca, pero elegante, describe e
invoca a Ia Santísima Virgen, en disticos como estos: “Hospes, miraris
bustis adstare Parentem, cui Deus in gremio sarcina grata fuit... Virgo mihi manes Vergae latura Tonanti
Colligit; aethereis inserit Illa choris”.
La Virgen Corredentora se muestra sobre todo en
las escenas de Ia Pasión y Muerte de su Bendito Hijo, Jesucristo. Con El estuvo
en el sacrificio del Monte Calvario, Sacerdotisa de Ia Nueva Ley. Así Ia vemos
en este emocionante tímpano de Ia sepultura gótica-mudéjar del Chantre
Aparicio, muerto en 1287.
Es grandemente expresivo y de una estilización muy gótica el grupo de las
tres Marías. La Virgen Reparadora en el Descendimiento de Juan de
Juni en un relieve que según Camón Aznar «puede contarse como una de las obras
maestras de Ia escultura española», tiene también su excelsa expresión
artística en el Sepelio del Tiziano de su Capilla en Ia Catedral Nueva. La Virgen
Consoladora puede muy bien considerarse en Ia Piedad de Luis Salvador
Carmona, de acento y belleza miguelangélica.
La Virgen Reina de los Mártires, cumpliendo el
adimpleo de San Pablo y con sus dolores completando Ia pasión de Jesucristo en
su aplicación particular, se exalta en Ia patética y emocionante Dolorosa de
Felipe del Corral en su Capilla de Ia Vera Cruz.
La Soledad del afamado escultor Benlliure es
devotísima advocación como Consola,dora de los afligidos. Singular expresión de
Ia Virgen Triunfadora con Cristo es Ia gran pintura de Navarrete el Mudo,
pintor escurialense, en Ia que el Seftor Resucitado presenta a Ia Virgen, de
luto tocada, el botín de su victoria, que eran los que, en el limbo de los
Padres, esperaban su santo advenimiento.
La Virgen Reina de los Apóstoles ya apareció en las alusiones que
hicimos sobre las obras de arte que representan Ia Pentecostés. La Virgen Reina de
tos Vírgenes se puede contemplar en el friso marmóreo del sepulcro
del Arzobispo D. Diego de Anaya en su Capilla de los Claustros de Ia Catedral
Vieja: allí están, formando con María su corte virginal, Santa Inés, Santa
Águeda, Santa Bárbara, Santa Lucía, Santa Catalina...
Queremos advertir también, por su gracia amable y por
recordar las leyendas asuncionistas de Santo Tomás y de Ia Virgen de Ia Correa,
esa encantadora Asunción de Dello de Niccola, el maravilloso florentino de
Salamanca. Se ha proclamado recientemente Ia Realeza de Ia Virgen María. Desde
los sepulcros del s. XIII y los marfiles del XIV y las tablas florentinas del
XV, Ia Virgen siendo coronada por el Eterno Padre o reinando in vestitu
deaurato a Ia diestra del Hijo divino en el empíreo, es asunto de preciosas
joyas artísticas de Salamanca.
Reinando en el cielo y Ia tierra o asistiendo al triunfo de
Ia Eucaristía sobre los monstruos de pecados, y herejías, en Ia
carroza triunfal con todo el cortejo de Ia Iglesia triunfante aparece Ia Virgen
en el grandioso fresco de Palomino, que llena el Coro de los PP. Dominicos de
San Esteban. Coronándote el Eterno Padre, aun aparece en los marfiles que
restan de Ia Virgen abridera en el Museo Catedralicio
Y esta proclamación y Coronación de Ia Reina del Universo tiene un apoteosis entre nubes de ángeles y pompas imperiales en el gran relieve de Ia Cúpula de Ia Catedral. El tema de la Mariología artística de Salamanca, queda bien ilustrado, pero aún no agotado, ni en los temas, ni en el arte de esta Salamanca tan mariana, tan Concepcionista y tan Asuncionista, que brinda a la Virgen los esplendores de su gigante riqueza artística.
- Recorrido en la
Catedral Nueva
El Obispo Diego de Deza, fraile de los Dominicos de San
Esteban, confesor de los reyes y tutor del Príncipe Juan y catedrático de prima
de Teología en la Universidad y valedor de Cristóbal Colón, de gran prestigio
ante los Reyes Católicos intercede en favor del Cabildo y consigue que se
comiencen las obras después de superar diversos litigios sobre el
emplazamiento. Alfonso Rodriguez y Antón Egas ambos maestros de cantería se
disponen a iniciar los trabajos bajo la supervisión de Juan Gil de Hontañón en
1947
La obra de la fábrica de la Catedral empieza por los pies colocando
la primera piedra en 1513 con la bendición del obispo Bobadilla. La dirección
de la obra pasa por distintos maestros, Juan de Álava y Rodrigo Gil de Hontañón
hijo de Juan Gil en 1538. Obra de este es la portada principal.
7.1 El retablo del Perdón recoge
una síntesis, Anunciación, nacimiento, María junto a la Cruz en el Calvario
La fachada principal o de poniente manifiesta la exquisitez
del plateresco español. Su alto relieve
constituye un verdadero encaje o tapiz de piedra. Cobijadas por tres arcos
angrelados a manera de guardapolvos, se organizan mediante grandes arcos
conopiales y múltiples arquivoltas desplegándose en ellas todo el esplendor del
gótico final conforme a la estética hispanoflamenca.
Se divide en tres cuerpos. El inferior, el central y el
superior. El diseño general corresponde a Juan Gil de Hontañón. En las labores
escultóricas participaron diferentes artistas sobresaliendo por su calidad Juan
de Gante.
Infinidad de repisas, doseletes, figurillas, escudos,
medallones, etc. Recubren los tres cuerpos. En el cuerpo central prolifera la
riqueza escultórica decorativa. La ornamentación de la fachada no se completará
hasta 1661En el cuerpo inferior las dos puertas de entrada separadas por un
parteluz. Las estatuas de los Apóstoles y la Virgen del parteluz son debidas al
cincel de Juan Rodríguez, de la escuela vallisoletana de Gregorio Hernández.
7.1.1
La imagen de la Anunciación de María en
el parteluz del pórtico
La Virgen del Parteluz tiene una historia particular,
reflejo del ambiente salmantino. Fue obra de Juan Rodríguez. En el pedestal
tenemos grabada la fecha de su ejecución 1660. El Cabildo quiso reflejar en una
misma escultura los dos misterios marianos, la Concepción Inmaculada y la
gloriosa Asunción. Por esta razón encargó al artista que un ángel a cada lado
llevara una cartela donde se aludiera a estos misterios. El de la derecha
sostiene esta inscripción “Assumpta est Maria in coelum”. Que proclama
la Asunción. El ángel de la izquierda está manco porque le serraron el brazo y
arrancado la cartela que sostenía (Junto a los entusiastas que juraban defender
el dogma estaban los opositores). El hecho de que la imagen lleve la luna a sus
pies es simbólica referencia a su Concepción Inmaculada.
7.1.2
La Imagen de María en el Nacimiento y la
Adoración
El cuerpo central contiene dos altorelieves, el del Nacimiento y el de la Adoración. En los altorelieves trabajaron el maestro Rodríguez, Juan Gil, Antonio de Molina, Gil de Ronza y Domingo Vildaña. Los relieves sobre la doble puerta marcan la verticalidad y el sentido ascendente hacia el cuerpo superior. la escultura del programa iconográfico responde a la segunda mitad del S. XVI y la segunda mitad del S.XVII, transición del tardo gótico al plateresco renacentista (hispano flamenco).
Cobijado bajo un arco conopial aparecen el relieve del Calvario flanqueado por los santos apóstoles Pedro y Pablo. Este arco cobija a su vez dos arcos escarzanos carpaneles que cobijan los relieves de la Epifanía del Nacimiento y de la Adoración. a los pies una doble puerta separada por un parteluz con la imagen de la Anunciación. sus dos carteleras hacen mención a la Asunción y a la Inmaculada Concepción.
7.1.3
La Imagen de María en el Calvario
La portada del Perdón sufrió diversos contratiempos. los
trabajos se interrumpieron y se reiniciaron para completarla con los relieves
del Calvario a mediados del S. XVII. El
cuerpo superior representa el Calvario. El altorelieve es obra de Juan de Gante.
Las figuras son muy expresivas y naturalistas. Profusión de la decoración
propia ya del barroco. Las dos figuras de los apóstoles Pedro y Pablo flanquean
el Calvario.
El Calvario tiene unas elegantes proporciones. El Cristo tiene la cabeza caída sobre el hombro con la barba recortada. sus brazos sensiblemente horizontales. La caja torácica con la herida en su costado. las piernas ligeramente vueltas hacia la izquierda. La imagen de la Virgen de rodillas con las manos juntas en actitud de plegaria.
En todo lo alto lo preside la figura del Padre Eterno con una mano señalando a Jesucristo y la otra bendiciendo al mundo.
7.2 El trascoro
La traza del trascoro se debe a Alberto Churriguera. En el frontis central por el que se accede a la Catedral está el retablo que contiene la figura de la Virgen y también las figuras de Santa Ana y Juan el Bautista. La talla de la Virgen procede de la denominada Casa de niños huérfanos de ahí su advocación de Madre de los pequeñitos. Las tallas de Santa Ana enseñando a leer a la Virgen y la de San Juan Bautista son atribuidas a Juan de Juni. La escenografía recoge las tres hornacinas y las figuras de los apóstoles Pedro y Pablo y la gloria de los querubines sirviendo de base a la coronación del Espíritu Santo. Una rica peineta con resplandores y rayos rodea al Padre eterno bendiciendo.
Los muros exteriores del coro están decorados al estilo barroco. El trascoro frontal manifiesta una gran sutileza y exquisitez. Se divide en tres cuerpos. El central es un altar con reja. Los laterales son hornacinas con estatuas. En el centro se halla un arco y dentro del mismo dos columnas que escoltan una hornacina donde se nos muestra una imagen de Nuestra Señora con el Niño en sus brazos. Perteneció al Colegio de Niñas Huérfanas de la Concepción, llego a la Catedral al ser destruido por una riada en 1626. La imagen fue recogida junto al puente romano y llevada devotamente a la Catedral. Se le conoce como “Madre de los pequeñuelos”.
7.3
La cúpula
El crucero y su precioso remate de la cúpula es obra de
Alberto Churriguera. Los relieves de la cúpula constituyen una verdadera joya. En
la construcción del cimborrio de la Catedral Nueva intervinieron tanto Alberto
Churriguera como su hermano Joaquín Benito. En la decoración con los relieves
de la vida de la Virgen también intervino José de Larra cuñado de los hermanos
Churriguera. Joaquín Benito inició también la obra nueva del coro sobre la
estructura de Rodrigo Gil de Hontañon. A él se debe el diseño de la sillería
nueva.
El espléndido cimborrio tiene la función de elevarnos al
cielo. La Cruz es el camino que nos lleva hacia el cielo. En el corazón de la
Cruz trazada por la planta se eleva la mirada y el corazón hacia el misterio
sublime que nos abre a lo trascendente. En el cimborrio se proclaman los
misterios principales de la vida de la Virgen, en un compendio de ocho escenas
donde se resume toda la mariología. Estos relieves preceden, como prefiguración
de la misma, a la iglesia triunfante (reflejada en las esculturas que en el
primitivo cimborrio jalonaban las ventanas). El conjunto estaba rematado por
una bóveda que culminaba la figura del Espíritu Santo.



7.4
La
imagen del retablo del altar Mayor
Alberto Churriguera también se ocupa del monumental retablo
para la capilla mayor. Este hubo que desmontarse debido a las duras críticas y
controversias con el Cabildo. Tan solo quedan las ocho estatuas que representan
a los santos Padres de las iglesias latina y griega, junto con los ángeles y la
estatua de la Religión.
La estructura centralizada del tabernáculo se alzaba en el
epicentro de la cabecera, utilizando el espacio del entorno como escenografía
en la que potenciar el efecto total. Los Santos Padres de la Iglesia de Oriente
y de Occidente alababan con su doctrina el Santísimo Sacramento. El misterio de
la Asunción al que estaba dedicado la Catedral servía de remate en la que
brilla esclarecida la Religión Católica a la que se someten todos los poderes
de este mundo. (aparece con la corona imperial, tiara y cetro).
El centro es ocupado por la imagen de la Asunción de Nuestra
Señora. La Virgen se presenta suspendida en el aire en una estatua realizada
por Esteban de Rueda, rodeada de cuatro ángeles en actitud de ascender. Por
encima de la cabeza de Nuestra Señora dos ángeles portan una corona.
En cuanto a la imagen que preside el altar mayor "En
esta imagen vemos a la Virgen vestida de color rojo, que representa su ámbito
terrenal, y revestida de un manto azul, de su parte celestial, por tanto,
digamos que la parte más divina reviste a la parte más humana de la
Virgen", detalla este historiador del Arte Camón Aznar. “Esta
capilla mayor presenta un bello aspecto de gran emoción y sencillez”. Asimismo,
apunta la moda propia de las vestimentas femeninas en el siglo XVII y
posteriores, con una especie de greca en la parte inferior.
La Virgen está rodeada de seis ángeles, aunque según remarca Raúl
Benito, "probablemente hubiera otros dos que completan este
conjunto". Según describe, la talla tiene bastante hieratismo, "la
Virgen está siendo asunta a los cielos y son los ángeles los que reflejan el
movimiento".
Ella se encuentra con bastante hieratismo, "con
muy poco movimiento, y las manos separadas", y su rostro señala
que la Virgen se encuentra en una etapa avanzada de la edad, "no
es anciana, pero sí que aparece una belleza femenina bastante madura, no es una
niña pequeña como suele ser en otras representaciones".
Acompañando a ambos lados del tabernáculo se encuentran las
urnas de plata con los restos de San Juan de Sahagún (patrono de la ciudad) y
Tomás de Villanueva.
Esta talla, que representa la Concepción Inmaculada de la
Virgen María, es obra de un escultor, anónimo del siglo XVII, seguidor de
Gregorio Fernández puesto que responde formalmente a las características de la
iconografía impuesta por él.
La Virgen se presenta en su tierna juventud, con el rostro
sereno, la mirada elevada y las manos en posición orante con los pulgares
cruzados. Pelo tendido y colocado en mechones por la espalda y los hombros.
Viste túnica blanca y manto azul ricamente guarnecidos de motivos florales y
pedrería. Cada uno de los medallones que orlan el manto presentan una tipología
de decoración diferente, mostrando así un parangón con los vestidos de moda en
las damas ricas de la corte de la época en que se talla la imagen. Todo el
conjunto textil está marcado por unos amplios y acartonados pliegues (detalle
este, muy propio y repetido en las imágenes del mencionado escultor gallego).
Entre esos pliegues geométricos, destaca el gran nudo de la parte posterior de
la imagen, que recoge el vuelo del manto, un recurso muy característico y
extendido en la escultura barroca mariana.
La Virgen está de pie sobre tres cabezas de querubines
alados y una media luna, iconografía basada en el pasaje del Apocalipsis de San
Juan: “Una mujer vestida de Sol, la luna por pedestal, coronada por doce
estrellas”.
La iconografía presenta el Misterio de que María es
concebida sin mancha de Pecado Original. Presenta formas y ropajes de adulta,
pero rostro de niña, enfatizando así su pureza y virginalidad.
No será hasta 1854 que la Iglesia proclame como dogma la
Concepción Inmaculada de Nuestra Señora, pero vemos cómo diferentes autores
varios siglos antes, están dando respuesta formal a una idea que los fieles
mantenían devocionalmente.
7.5
Las imágenes en el trasaltar de la
Catedral
Detrás del altar Mayor en la girola aparecen tres capillas de mucho valor. La del centro está dedicada al Cristo de las Batallas. Junto a ella descansan los restos del obispo Jerónimus de Perigord. La imagen fue traída de Valencia de la mano de don Jerónimus, capellán de don Rodrigo Díaz de Vivar y posteriormente, primer obispo salmantino después de la restitución de la diócesis. Esta imagen románica presidiría las ceremonias litúrgicas durante las campañas militares dirigidas por el Cid Campeador en el levante español. Cuando la ciudad de Valencia fue conquistada por el Cid. Don Jerónimo muere años antes de que finalicen las obras de la Catedral Vieja de Salamanca, cuando esta es concluida, es enterrado en una de las capillas laterales donde es colocado en el ático del retablo que lo preside la imagen del Cristo de las Batallas. Más tarde concluida la Catedral Nueva pasa a presidirla en esta Capilla. Pasados casi quinientos años de la muerte de Jeronimus avanzado ya el S. XVIII en 1734 se decidió instalar definitivamente su sepulcro en la capilla central del trasaltar de la Catedral Nueva. Encargaron a J. Churriguera un retablo para colocar la urna en el nuevo sepulcro. Así el obispo guerrero descansó definitivamente en 1774 en la capilla central de la girola presidida por el Santo Cristo de las Batallas.
7.5.1 La
imagen de nuestra Señora de la Soledad
La Imagen de Ntra Sra de la Soledad es conocida también como
Virgen de los devotos zapateros. Su nombre se debe a que los devotos, la
mayoría zapateros, la trasladaron desde la capilla de la desaparecida parroquia
de San Román en solemne procesión a la Catedral. A ella se dedicó la Hermandad
de la Soledad y desde entonces paso a formar parte en la procesión del Santo
Entierro. El culto a la Virgen de la Soledad iniciado por los zapateros en el
S. XVII florece a principios del S. XX bajo el apoyo del obispo P. Cámara. La
antigua imagen muy deteriorada se sustituyó por otra obra de Benlliure. Desde
1966 la imagen luce un largo manto de terciopelo negro bordado en plata por las
RR. Adoratrices.
"Cierto que supuesto que este misterio de la Soledad
de la Virgen parece que quiere decir cosa de viudez, que si se pudiese vestir
como viuda, de la manera que yo ando, que me holgaría porque tuviese yo parte
en esto, y pudiese servir a Nuestra Señora con un vestido y tocas como estas
mías" Doña María de la Cueva y Álvarez de Toledo
Es una imagen de vestir, realizada en 1941 por el valenciano
Mariano Benlliure. Representa la Soledad de una madre, cuando su hijo ha
muerto. Se trata de una Virgen joven, con cara de inmensa tristeza, llorando.
Sus lágrimas son brillantes que donó uno de los cofrades en el año 1960. La
miras y ves una mujer de hoy, no es la típica Virgen que estamos acostumbrados
a ver. A pesar de su corta historia, en Salamanca se tiene mucha devoción a la
Soledad, posiblemente porque vemos una virgen muy cercana.
Su traje es negro, bordado en plata, más tarde se compraría el manto con el que sale en la procesión, con las mismas características que el traje. Parece ser que la primera imagen que realizó Benlliure no gustó mucho a los cofrades por la dureza de sus facciones y le pidieron que hiciera otra mejor. Ésta sí gustó, tanto, que le nombraron hermano honorífico de la cofradía. El treinta de marzo de 1985 robaron todo el ajuar de la Virgen, incluyendo la corona. Aunque se ha ido rehaciendo con numerosas donaciones, lamentablemente no se ha recuperado el ajuar original.
Varias veces al año cambia el traje. El sábado de gloria, cambia el negro bordado en plata, por uno blanco, representando la alegría de la Virgen porque su hijo ha resucitado. Llama mucho la atención, ya que parece una novia colocada en el retablo. Puedes verla así vestida pinchando aquí y aquí.
Durante el mes de noviembre, que es el mes de los difuntos
suele estar vestida
de negro. En otros momentos lleva un manto en tonos azules, o
un velo blanco. En Cuaresma también puede estar vestida de hebrea.
Hoy nos parece natural verlas así vestidas, de luto, sin
embargo, muchos no saben que la tradición se inicia a mediados del siglo XVI,
cuando doña María de las Cuevas, condesa viuda de Ureña, dona uno de sus trajes
de luto para vestir la imagen de la Soledad que había realizado Gaspar
Becerra.
7.5.2
La imagen de la Piedad de Carmona
La capilla del Santísimo Sacramento guarda la imagen de la piedad
obra de Salvador Carmona. Lo que fue un lugar prácticamente abandonado utilizado
como trastero pasó a ser uno de los espacios más venerado y privilegiado de la
Catedral. Esta capilla fue fundada por el racionero don Juan Manuel García
Serrano. El maestro de obras Sagarbinaga utilizando elementos procedentes del
desmonte del tabernáculo de Churriguera compuso un retablo de tipo clasicista.
Dispuso sobre el altar dos plintos donde apean sendas columnas que sujetan un
entablamento clásico sobre el que se eleva un frontón singular. Sobre las
columnas ubica dos ángeles niños con las Arma Christi y el Padre Eterno.
Sobre los muros laterales de la capilla aparecen dos lienzos
imitando texturas de un tapiz. Ambos reflejan dos instantes de la Pasión: el
Juicio ante Pilato (firmados por M. de la Fuente), y la llegada al Calvario
firmado por José Echenagusia Errazquín.
La piedad de Luis Salvador Carmona es una escultura tipo
miguelangelesca de noble factura, de patetismo reposado y severo. La riqueza
expresiva y serena del rostro de la madre, unida ala belleza del cuerpo inerte
del Redentor hacen de la escultura una joya del arte del S. XVIII.
A la entrada se le puso una reja con la inscripción tomada
del libro de la Lamentaciones: “O vos omnes qui transistis per viam
attendite el videte si est dolor similis sicut dolor meus”.
7.6
Las
figuras en la Capilla de María Madre
La Capilla de la Madre de Dios contiene un rico patrimonio
iconográfico mariano. El cuadro obra de Navarrete, apodado “El mudo” se
encuentra en la Capilla dedicada a la Madre de Dios. Conocida como del “Santo
Sudario” o del Presidente (de la Gran Cancillería). Esta capilla está dirigida
a la Madre de Dios. Aparece una imposta: “Ave Sanctissima Maria, mater Dei:
Regina Coeli, Porta paradipsi, domina mundi. Tu singularis puraes virgo. Tu
concepta sine peccato”. Dos lienzos adornan el altar.
7.6.1
El Santo Entierro
El inferior representa el Santo Entierro del cuerpo muerto
de Cristo. Es un retablo copia del original pintado por Tiziano que se conserva
en el museo del Prado, aunque procede de la iglesia vieja de El Escorial. Esta
composición tizianesca alcanzó un notable éxito en la pintura española. Quizás
el copista de esta obra fuera Juan Fernandez Navarrtete, denominado “el mudo” a
quien se atribuye igualmente el cuadro superior del retablo.
7.6.2
El cuadro de la aparición del Resucitado a
María
El cuadro superior representa a Cristo Resucitado,
acompañado de Adán y Eva, dando el gozo a su Madre Santísima. Es curioso que
este pasaje no tiene fundamento bíblico pues no se recoge en ninguno de los
evangelios pero sin duda quedo en la memoria de los primeros cristianos y
guardado y venerado en la Tradición.
El cuadro responde a toda una simbología entre la Nueva Eva, Madre de los creyentes ,en relación a Eva, madre de los vivientes.
7.6.2 La talla de La Virgen con el Niño
La capilla contiene la graciosa estatua de la Madre de Dios
obra de la Roldana. Es una bella imagen sedente de la Virgen con el Niño.
Conclusión:
La iconografía mariana de la Catedral es toda una
peregrinación. Itinerario espiritual que nos lleva a Jesús y con él al Padre.
María figura de la Iglesia: Lo que se dice de María
se dice de la Iglesia y de cada uno de los creyentes. El concilio Vaticano II, después
de haber proclamado a María «miembro muy eminente», «prototipo» y «modelo» de
la Iglesia, afirma: «La Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, la
honra como a madre amantísima con sentimientos de piedad filial»
Madre de la Iglesia y Madre nuestra. María ejerce su
maternidad con respecto a la comunidad de creyentes no sólo orando para obtener
a la Iglesia los dones del Espíritu Santo, necesarios para su formación y su
futuro, sino también educando a los discípulos del Señor en la comunión
constante con Dios.
Puerta de la Encarnación y de la salvación. En su
vientre el Hijo de Dios se hizo carne, tomó semejanza humana. María primer
tabernáculo.
El tema de María nueva Eva, asociada a
Jesús, el nuevo Adán, en su obra salvadora, tema al que el Papa hace referencia
tres veces a lo largo de su gran documento mariano. Si junto al primer Adán
existió una figura de mujer, Eva, que cooperó en la obra de nuestra ruina en
cuanto que, tras un diálogo con el demonio, su desobediencia trajo ruina y
muerte al mundo, existe una figura señera de mujer que, en la plenitud de los
tiempos, dialogó con el ángel Gabriel, y obedeciendo a Dios trajo al mundo al
Salvador y, con Él, la salvación.
Asociada al misterio Pascual. En el Calvario María, uniéndose al sacrificio de su Hijo, ofrece a la obra de la salvación su contribución materna, que asume la forma de un parto doloroso, el parto de la nueva humanidad.
Al dirigirse a María con las palabras «Mujer, ahí tienes a
tu hijo», el Crucificado proclama su maternidad no sólo con respecto al apóstol
Juan, sino también con respecto a todo discípulo. El mismo Evangelista,
afirmando que Jesús debía morir «para reunir en uno a los hijos de Dios que
estaban dispersos» (Jn 11,52), indica en el nacimiento de la Iglesia el fruto
del sacrificio redentor, al que María está maternalmente asociada. María es
madre de la humanidad en el orden de la gracia. El concilio Vaticano II destaca
este papel de María, vinculándolo a su cooperación en la redención de Cristo.
Asociada al misterio eucarístico. María mujer
eucarística. Mirándola a ella conocemos la fuerza trasformadora que tiene la
Eucaristía.
María intercesora. «Con su amor de madre cuida de los
hermanos de su Hijo que todavía peregrinan y viven entre angustias y peligros
hasta que lleguen a la patria feliz. Por eso la s Los cristianos
invocan a María como «Auxiliadora», reconociendo su amor materno, que ve las
necesidades de sus hijos y está dispuesto a intervenir en su ayuda, sobre todo
cuando está en juego la salvación eterna.
La convicción de que María está cerca de cuantos sufren o se
hallan en situaciones de peligro grave, ha llevado a los fieles a invocarla
como «Socorro». La misma confiada certeza se expresa en la más antigua oración
mariana con las palabras: «Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no
deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien,
líbranos siempre de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita»
La Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los
títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora» (Lumen gentium, 62).
Estos apelativos, sugeridos por la fe del pueblo cristiano,
ayudan a comprender mejor la naturaleza de la intervención de la Madre del
Señor en la vida de la Iglesia y de cada uno de los fieles.
El título de «Abogada» se remonta a san Ireneo. Tratando de
la desobediencia de Eva y de la obediencia de María, afirma que en el momento
de la Anunciación «la Virgen María se convierte en Abogada» de Eva.
María icono de la contemplación cristiana. Fijar
los ojos en el rostro de Cristo, descubrir su misterio en el camino ordinario y
doloroso de su humanidad, hasta percibir su fulgor divino manifestado
definitivamente en el Resucitado glorificado a la derecha del Padre, es la
tarea de todos los discípulos de Cristo; por lo tanto, es también la nuestra.
Contemplando este rostro nos disponemos a acoger el misterio de la vida
trinitaria, para experimentar de nuevo el amor del Padre y gozar de la alegría
del Espíritu Santo. Se realiza así también en nosotros la palabra de san Pablo:
«Reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en
esa misma imagen cada vez más: así es como actúa el Señor, que es Espíritu» (2
Co 3, 18).
María modelo de contemplación. La
contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable. El
rostro del Hijo le pertenece de un modo especial. Ha sido en su vientre donde
se ha formado, tomando también de Ella una semejanza humana que evoca una
intimidad espiritual ciertamente más grande aún. Nadie se ha dedicado con la
asiduidad de María a la contemplación del rostro de Cristo.
Los misterios del rosario. Recitar el Rosario, en efecto,
es en realidad contemplar con María el rostro de Cristo. Los
misterios de Cristo contemplados con la Madre.
Los ojos de su corazón se concentran de algún modo en Él ya
en la Anunciación, cuando lo concibe por obra del Espíritu Santo; en los meses
sucesivos empieza a sentir su presencia y a imaginar sus rasgos. Cuando por fin
lo da a luz en Belén, sus ojos se vuelven también tiernamente sobre el rostro
del Hijo, cuando lo «envolvió en pañales y le acostó en un pesebre» (Lc 2,
7).
Desde entonces su mirada, siempre llena de adoración y
asombro, no se apartará jamás de Él. Será a veces una mirada
interrogadora, como en el episodio de su extravío en el templo: « Hijo,
¿por qué nos has hecho esto? » (Lc 2, 48); será en todo caso una
mirada penetrante, capaz de leer en lo íntimo de Jesús, hasta percibir sus
sentimientos escondidos y presentir sus decisiones, como en Caná (cf. Jn 2,
5); otras veces será una mirada dolorida, sobre todo bajo la cruz,
donde todavía será, en cierto sentido, la mirada de la 'parturienta', ya que
María no se limitará a compartir la pasión y la muerte del Unigénito, sino que
acogerá al nuevo hijo en el discípulo predilecto confiado a Ella (cf. Jn 19,
26-27); en la mañana de Pascua será una mirada radiante por la
alegría de la resurrección y, por fin, una mirada ardorosa por
la efusión del Espíritu en el día de Pentecostés (cf. Hch 1,
14).







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