ORIGEN Y SIGNIFICADO DE
LAS PROCESIONES DE LA SEMANA SANTA
Introducción
Hemos empezado el año (litúrgico) con la celebración de la
Navidad y nos preparamos en esta Cuaresma para celebrar el gran acontecimiento
de nuestra fe: La Pascua: pasión, muerte y resurrección del Señor. Estamos a
las puertas de la Semana Santa donde pareciera que la vivencia de
nuestras ciudades se transforma al compás de las procesiones que se llevan a
cabo por sus calles. Las iglesias abren sus puertas para que sus tesoros,
salgan afuera. Las procesiones de la Semana Santa son una manifestación
pública de la fe del Pueblo de Dios. Las imágenes que forman parte de sus altares
pasan, llevadas por los cofrades, a fundirse en las calles y las plazas con el
fervor de los fieles
Queremos con este trabajo indagar sobre el origen y
significado de las procesiones de Semana Santa. Las procesiones no son un
elemento aislado y han de ser analizadas en su conjunto, unidas a la piedad
popular, el Vía Crucis, las representaciones teatrales, teatro sacro,
los autos sacramentales, el surgimiento de las cofradías y
hermandades.
A veces resulta controvertido datar o cifrar el comienzo de
algunas manifestaciones o comportamientos del ser humano, tanto si se habla a
nivel individual como colectivo. Las procesiones de Semana Santa son
ante todo una manifestación de fe, pero también patrimonio cultural y
religioso. En el origen de la Semana Santa existe un motivo penitencial,
los penitentes procesionan los pasos para limpiar sus pecados y mover al arrepentimiento.
Las luces que portan los cofrades muestran que caminan hacia la luz que es
Cristo. Siendo un acto público de fe, es una de las más sublimes
manifestaciones externas y públicas con las que se pide mejorar y cambiar la
vida siguiendo los pasos de Cristo.
La manifestación privada de la fe pasa a ser pública y las
calles se convierten en una Iglesia. De ahí el engalanamiento de las casas, el
adorno de los balcones y el silencio que recorre cada uno de los rincones de la
Semana Santa.
Aunque no podemos valorar la forma de acercamiento a las
tradiciones populares y es entendible los desvíos de convertir las procesiones
en un mero espectáculo para algunos, no podemos por ello negar que las
procesiones son una herencia y un elemento esencial de la piedad popular.
El pueblo fiel al hacer cultura propia su fe, en las
peculiares formas de piedad popular, es un agente colectivo de evangelización
que actualiza y renueva la transmisión de la fe en las sucesivas situaciones de
su historia. Cada porción del Pueblo de Dios ha expresado en el acontecer de su
vida y cultura la fe recibida y la ha enriquecido con múltiples
manifestaciones. Esta piedad popular encierra una expresión verdadera de la
acción misionera espontánea del Pueblo de Dios.
No podemos quedarnos en puras tradiciones del pasado, se
trata de una realidad en permanente desarrollo, donde el Espíritu Santo es el
agente principal. En este mundo tan secularizado y desacralizado, donde
pareciera que la gente ha perdido sus raíces y su fe, la piedad popular refleja
una sed de Dios que solamente la gente creyente y sencilla sabe descubrir. Por
ello en la piedad popular subyace una fuerza activamente evangelizadora que
estamos llamados a alentar y fortalecer para continuar haciendo cultura
cotidiana la fe del Evangelio.
Las procesiones de Semana Santa nos ofrecen a todos
la ocasión propicia para acercarnos al misterio de nuestra fe y experimentar el
amor redentor de nuestro Salvador. La Semana Santa es la expresión máxima del
amor que lleva al Hijo de Dios a dar su vida por los hombres. Se trata de una
ocasión privilegiada, de una invitación a dar con su mirada a través de los
pasos y abrir el corazón.
Dado que soy salmantino y de que guardo muchos recuerdos de
mi tierra natal he querido recoger elementos de la Semana Santa en Salamanca
que cuenta con 17 Cofradías, Congregaciones y Hermandades que organizan 23
procesiones y que fue declarada de interés turístico internacional en el 2003.
1. El origen de las procesiones
Las tradicionales procesiones que vemos en Semana Santa
tienen su origen en las procesiones que, desde la antigüedad, se realizaban en
todos los pueblos y religiones. Las procesiones se llevan a cabo en la mayoría
de las grandes religiones: hinduismo, sintoísmo, islam, catolicismo.
Los judíos ya realizaban procesiones en Pascua, Pentecostés
y las Fiestas de los Tabernáculos, y los primeros cristianos se reunían para
llevar los cuerpos de los mártires hasta el Sepulcro.
El fomento de la imagineria sufrió toda la
controversia iconoclasta. Uno de los primeros problemas planteados por el
cristianismo popular fue el del culto a las imágenes. En sus comienzos el
cristianismo careció de todo tipo de imágenes, ni siquiera de la misma cruz.
Fue Santa Elena, madre de Constantino quién en el año 336
encontró la verdadera Cruz de Cristo y de allí arranca el culto y la
representación de la “Verdadera (vera) Cruz” y sus reliquias. Desde el
siglo VI, el obispo, a medida que el número de bautizados aumentó, delegó en
los sacerdotes la obligación de predicar y les pidió que se inspirasen en los
sermones predicados por los “Santos Padres”.
1.1 Análisis
histórico
Haciendo un análisis histórico sobre las primitivas
civilizaciones, nos encontramos con que existen muchos anhelos y sentimientos
personales que se han querido representar y manifestar en un llamado arte
colectivo. Su objeto era el de divulgar un determinado mensaje que respondiese
armónicamente a la transmisión de los buenos valores como identificadores de lo
bello, lo correcto y lo verdadero. Ya en las sociedades paganas estaba
establecido este concepto. Desde aquí es posible que se haya retomado por el
arte romano y paleocristiano, dando así cauce a la necesidad comunicativa del
propio sentimiento religioso del hombre.
A propósito del carácter procesional, que sin duda alguna
alcanza un realce del tono ritualista y testimonial de nuestra suntuosa Semana
Santa, la problemática planteada se centra en resolver cómo y cuándo surgió por
primera vez y su alcance, relevancia y valoración en el momento presente.
1.2 La
tradición pagana
Los desfiles procesionales han ocupado un lugar
preponderante en la historia de los ritos religiosos populares, tanto
desde el punto de vista de la devoción como porque constituían una pieza
importante y esencial de la fiesta. Aunque arrancan de una tradición pagana
se remontan dentro del cristianismo a los primeros siglos de su existencia.
Las procesiones de Semana Santa, tienen una gran similitud
con las celebraciones de los triunfos romanos y es posible que, tras el
Renacimiento y el Barroco, algunas de estas ornamentaciones de triunfo más
suntuosas se fueran incorporando al ritual procesional.
En el mundo pagano las procesiones previas al cristianismo
se llamaban “pompas”, un término griego
para designar marchas con carrozas, coros, músicos o bailarines, para honrar a
los dioses. En sus comienzos, se llamaban pompas y no procesiones. Es el
nombre griego que se asignaba a los cortejos o comitivas en las que tomaban
parte carrozas, coros, músicos, danzantes, etc., para realzar las festividades
en honor a sus dioses paganos. Recordemos también que en la liturgia del Sacramento
del Bautismo, se exigía al bautizado la renuncia previa de las “Pompas de
Satanás”. Este vocablo griego, que significa “envío, desfile, escolta,
procesión” pasó luego al latín pompa, también asignado al cortejo o procesión.
En definitiva, era el acompañamiento suntuoso, numeroso y de gran aparato que
se hacía en una función, más tarde incluso fúnebre, no sólo de regocijo.
Los paganos tenían sus pompas para honrar a sus
dioses con coros y música. La iglesia les infunde su propio estilo que se
teoriza que recibe una influencia inicial del ámbito militar del
Imperio Romano. Argumentan que el estandarte de la legión romana que abría
sus desfiles vendría a ser sustituido por la cruz que encabeza las procesiones
como símbolo victorioso de Cristo. Se puede sospechar con fundamento que la
procesión cristiana recoge la tradición de los desfiles militares romanos, tan
habituales en el Imperio, bajo un barniz piadoso.
1.3 La
tradición veterotestamentaria
Las procesiones religiosas que conocemos, como tales, tienen
un origen bíblico que los cristianos heredarían muy tarde. El pueblo israelita se
mantuvo peregrino, en procesión por el desierto, durante cuarenta años antes de
entrar en la tierra prometida. El pueblo llevaba el arca en andas como signo de
la presencia de Dios con ellos. Recordamos también como Dios mismo ordenó a
Josué la organización de las siete grandes procesiones alrededor de las
murallas de Jericó. Durante el ciclo litúrgico el pueblo de Israel organizaba
peregrinaciones a Jerusalén durante las fiestas de la Pesaj (fiesta de la
Pascua), Shavuot (fiesta de las Tiendas o las cabañas) y Sucot (fiesta de los
Tabernáculos) conmemorando los momentos más significativos de la Pascua y la
liberación judía.
1.3 El significado propio en el mundo cristiano
La palabra “processio” era referido a marcha, en un sentido
militarista. Pero, ¿cuál era su verdadero propósito? Pues dado que los
cristianos eran masacrados, esta suerte de manifestaciones surgió de la
admiración por los primeros mártires, como un homenaje, mediante el
traslado de sus reliquias de un lugar a otro, con peregrinaciones
clandestinas en cualquier época del año. Como símbolo del martirio definitivo,
no podía haber otro que el muerto en la cruz, por lo que pronto se adoptó la
figura de Jesucristo como estandarte sustitutivo del águila romana dorada.
Con el tiempo, la Iglesia iría filtrando y depurando las
reminiscencias paganas de los actos hasta adoptar un estilo “militarista”. Así,
en el comienzo de la legión romana, siempre figuró el estandarte o enseña
respectiva, como un águila imperial, más tarde sustituida en el Cristianismo
por la Cruz como símbolo victorioso de “Cristo, Vencedor de la muerte”. Son
magníficas las cruces altas y estandartes que abren nuestras preciosas
procesiones.
La Iglesia fue depurando cualquier reminiscencia pagana y
adoptó un estilo más militar, probablemente por influencia romana. Este
“militarismo” se irá cristianizando a lo largo del tiempo. Dentro de las
Cofradías todavía se conservan reminiscencias de esta especie de “milicia
espiritual”. La vinculación del estamento militar a las cofradías penitenciales
es paralelo al mismo sentido procesional, incorporado en las filas de nazarenos
que acompañan a los tronos en sus itinerarios.
a. Primeros siglos del cristianismo
En el evangelio se describe al propio Jesucristo entrando en
procesión, rodeado de multitud de seguidores, en Jerusalén. Así el origen cristiano
más remoto se remonta a la entrada de Jesús en
Jerusalén. De ahí el nombre a la “procesión del Domingo de Ramos"
rememorando la entrada de Jesús en Jerusalén a lomos de una borriquita recibido
con alabanzas hechas con ramas (de olivo y de palmera) por los jerosolamitas y
los apóstoles.
Al principio las procesiones estaban asociadas a las
procesiones de las exquias de los mártires. Pronto proliferaron as
reliquias repartidas por toda Europa: fragmentos de la cruz, verónicas, espinas
de la corona, santos cálices… y hasta la lanza con la que Longino atravesó el
costado de Jesús cuando se encontraba clavado en el Gólgota.
En los primeros siglos de la iglesia, aparecen algunas
procesiones clandestinas, puesto que en sus inicios el cristianismo era muy
perseguido. Estas procesiones se organizaban de manera furtiva, por las
persecuciones a las que se veían expuestos. Consistían en el traslado de
reliquias y de los restos de los mártires mediante peregrinaciones. Pronto, aparecerían las
primeras formas organizadas, para mantener y establecer las procesiones con una
periodicidad y asociarlas a zonas geográficas que tendrían como campamento base
las tumbas de los mártires a los que se quería rendir culto. Más
tarde resurgiría la admiración por aquellos mártires a los que se rendiría
cristiano homenaje. Así, se comenzaron a los traslados solemnes de sus
reliquias de un lugar a otro, motivo de grandes peregrinaciones y
acompañamientos a lugares privilegiados.
A partir del siglo V se empezaron a crear estos núcleos, que
tomarían su forma definitiva siglos más tarde. Con funciones principales como
la apoyarse mutuamente frente a enfermedades y muertes y tratar de experimentar
la Pasión de Cristo en sus carnes o lo que es conocido como la Penitencia. Por ello, hay un fuerte
componente teatral cuando llegaba el momento de salir a la calle. Pero, había
que sentir el verdadero dolor de Cristo, por lo que no había mejor manera de
plantearlo que con la autoflagelación. Obviamente, aún no había cofradías ni
atuendos especiales sino que se celebraban en secreto, en los claustros, y no
empezaron a salir a la calle hasta el siglo X, de forma muy progresiva.
A finales del siglo XIII llegan a España las cofradías de los franciscanos y los dominicos,
congregaciones de flagelantes que no llevaban imágenes, salvo alguna
cruz, y a veces algún crucificado.
"El Via Crucis”
aparece como una práctica que introdujeron los franciscanos en Jerusalén para
salvaguardar los pasos de Jesús al Calvario. Se fomentaba así que los
peregrinos recorrieran la Vía Santa o Vía Dolorosa de Jerusalén,
acompañando a Cristo con la cruz.
La iglesia asimiló esta tradición, que sería más adelante el germen de
la procesiones penitenciales tratando de reproducir con imágenes las estaciones
e incorporal el sentido procesional.
También la procesión constituía una solemne manifestación
o rogativa que hace o hacía el pueblo, bien por voto particular o
colectivo, bajo la dirección del clero, desfilando ordenadamente de lugar
sagrado a lugar sagrado para excitar la piedad de los fieles, para conmemorar
los beneficios de Dios y de sus santos y darles gracias por el favor recibido o
para implorar el auxilio divino ante una calamidad.
b. En la Edad Media.
Difusión procesión del Corpus y del Via Crucis.
Son varias las conjeturas que se han formulado a través de
los últimos tiempos. Se ha dicho que, para hallar el origen de este solemne
espectáculo hay que situarse en los albores de la Baja Edad Media.
Es recién en los siglos X y XI, cuando empiezan a darse de
manera pública. Si bien podría hablarse de unas primeras asociaciones que se
agrupan con estos fines que se remontan a los siglos V y VI, las primeras
cofradías van ganando fuerza en el siglo VIII, y van a desarrollarse a partir
del S. XI. En principio tienen un origen nobiliario y otras creadas por los
esclavos negros procedentes de las colonias como medio para asistir a los
enfermos de epidemias del cólera o la Peste Negra.
La religiosidad benedictina-cluniacense del primer
milenio marcaría nuevos derroteros, sin obviar que sobre ella actuarían otras
fuerzas: personas, instituciones, movimientos eclesiásticos y religiosos, las
Cruzadas, las nuevas órdenes religiosas: el Cister, San Bernardo, los
canónigos regulares, y otros diferentes hechos. La aparición de las órdenes
mendicantes serán las que contacten más con el pueblo de una manera más
sencilla y elocuente, conectando más vivamente con la religiosidad popular.
Las procesiones del “Corpus Christi” eran consideradas
solemnes y comienzan a celebrarse desde el siglo XIV, aunque la festividad
fuese instituida en 1264. Con ello se pretendía honrar al sacramento del Cuerpo
y la Sangre de Cristo para avivar la piedad de los fieles, a la vez que para
conmemorar un milagro eucarístico.
Recordemos la macabra escenificación de la “Procesión de
la Sangre” por las calles que acompañaba al venerado y “Santísimo Cristo
bajo la advocación cristológica de la humildad y la paciencia de nuestro Señor.
Durante toda la Edad Media el tráfico de reliquias fue muy
intenso. Muchas eran simples copias de las que los peregrinos traían de sus
viajes a Tierra Santa, pero, falsas o verdaderas, el hecho es que la presencia
de estas reliquias unida a las cofradías de penitentes dio lugar al germen de
lo que hoy entendemos como procesiones de Semana Santa.
A partir de finales del siglo XVI esas cofradías de
penitentes, que ya existían y salían en procesión durante el Viernes Santo,
empezaron a encargar imágenes con escenas de la Pasión para hacer estación de
penitencia junto a ellas. Primero sólo en los días del Triduo
Pascual, luego ya toda la Semana Santa. Las procesiones
de los siglos XV y XVI eran muy sobrias y salían solo durante la madrugada del
jueves al Viernes Santo, es decir, la famosa madrugá, momento
cumbre de la Semana Santa.
Si bien hasta el siglo XIII, el sentimiento religioso de los
primeros tiempos de la cristiandad se reflejaba en el sacrificio de la Cruz, la
bondad, la dulzura y el amor, en los siglos XIV y XV, aparece en la Pasión de
Cristo, un sentimiento fundamentalmente patético y en ocasiones muy macabro. A
pesar de las modificaciones introducidas en períodos recientes, el sentido
procesional responde al carácter tradicional manifestado en la propia
colectividad humana hasta conseguir su auténtica significación en las
incorporaciones introducidas por la Cristiandad.
Las procesiones penitenciales de Semana Santa tienen
su origen en el deseo de la población cristiana de imitar la pasión de
Cristo y podrían tener como antecedente el fomento de la práctica del rezo del
Vía Crucis siguiendo las estaciones de la Pasión. El Vía Crucis no es otra cosa que una
imitación de lo que los peregrinos hacían en la Vía Santa o Vía Dolorosa de
Jerusalén, que era acompañar a Cristo con la cruz.
El Vía Crucis, que es la forma básica de cualquier estación
de penitencia, apareció a mediados del siglo XV en el sur de España. Un
fraile dominico, el Beato Álvaro de Córdoba, peregrinó a Tierra Santa
donde observó que los franciscanos procesionaban entre rezos por el camino que
recorrió Jesús con la cruz a la espalda. Al Beato se le ocurrió hacer lo mismo
en el convento de la orden. No tardaría en salir de los muros del monasterio.
El Vía Crucis tenía la ventaja de suministrar los mismos efectos penitenciales
y salvíficos sin importar donde se practicase. Por eso, a lo largo del
siglo XVI, fue extendiéndose por toda Europa. El Papa no tardó en verlo y
concedió las indulgencias obtenidas por peregrinar a Tierra Santa a todos los
que realizasen el Vía Crucis en las iglesias franciscanas de cualquier parte
del mundo.
c. El auge de las procesiones
penitenciales
Refiriéndonos concretamente a la Semana Santa, como acto
penitencial, ésta comienza a tener importancia a partir del siglo XV,
adquiriendo mayor espectacularidad después de la Contrarreforma, pues
tales procesiones, suponían a un tiempo una disciplina ascética y pública y una
especie de teatro sacro para el que se recogían limosnas a lo largo del
recorrido.
El origen de estos desfiles se sitúa en el teatro
religioso. En la Edad Media se realizaban en las iglesias y en los pórticos
los autos de la Pasión, que eran escenificaciones que formaban parte de los
oficios litúrgicos. Estas obras se fueron transformando paulatinamente y
sustituyendo a los actores por imágenes, de manera que esas escenas de la
Pasión se convirtieron en figuras de madera y tela.
Las procesiones se remontan al siglo XVI, donde los
peregrinos realizaban un Via Crucis para imitar el dolor de Cristo en la
cruz. Con el propósito de experimentar el dolor de Cristo, los católicos
empezaron a salir a las calles con imágenes de Cristo en la cruz, en procesión
durante la Pascua para representar lo vivido por Jesucristo en los últimos días
de su vida. El inicio de esta práctica coincide en el tiempo con en el inicio
de la Reforma impulsada por el clérigo alemán Martín Lutero en 1517, que generó
a la división política, social y religiosa en Europa y terminó con el
nacimiento de numerosas iglesias conocidas como Protestantes, en el que se
engloban distintas maneras de entender el Cristianismo.
El inicio de estos desfiles data del siglo XVI, pero el
asentamiento de las procesiones se dio en un siglo más tarde, coincidiendo con
la Contrarreforma. Por aquel entonces, la iglesia comenzó a verse amenazada por
la reforma de Martín Lutero y pidió a los creyentes manifestar su
fe. Las cofradías y hermandades, que surgieron en el siglo XV, también
promocionaron la celebración de estas procesiones. Si bien es cierto,
que las escenificaciones han sufrido cambios a lo largo de la historia.
La llegada de la Semana Santa se caracteriza,
principalmente, por las celebraciones religiosas y procesiones que llenan
las calles de nuestras ciudades durante los siete días de la Semana Santa.
El denominador común de estas festividades religiosas son los desfiles de
fieles junto a santos, vírgenes y cristos.
El origen de estos desfiles hay que situarlos dentro del
auge del teatro religioso: "En la
Edad Media se realizaban en las iglesias y en los pórticos los autos de la Pasión, que eran
escenificaciones que formaban parte de los oficios litúrgicos". Estas
obras se fueron transformando paulatinamente y sustituyendo a los actores por
imágenes, de manera que esas escenas de la Pasión se convirtieron en
figuras de madera y tela.
Además, las procesiones tienen su origen en el deseo de
la población cristiana de imitar la pasión de Cristo. En los
siglos XIV y XV, la aparición y difusión de las órdenes mendicantes supuso
un cambio en la vivencia religiosa de los fieles, pues estas órdenes pretendían
un acercamiento de lo sagrado al pueblo, y el adoctrinamiento y enseñanza de
este en los misterios de la fe. De ahí que las imágenes religiosas se
multiplicaran a partir de entonces y surgieran representaciones teatrales de
carácter religioso, con brillantes textos poéticos (los autos sacramentales). En este tipo de
representaciones se mezcla lo profano con lo sagrado, y las imágenes sagradas
salen al exterior de los templos.
Es a raíz del Concilio de Trento cuando las procesiones
adquieren una enorme importancia, cuando la Iglesia
católica ve en este tipo de actos un poderoso
instrumento de evangelización y persuasión. Todo ello en un marco donde el
impacto visual de la imagen era más efectivo que la lectura de relatos bíblicos
(a cuya lectura en latín no podía acceder el vulgo), que, por otra parte, era
limitado, debido a las altas cotas de analfabetismo y que estaba prohibido
traducir los textos sagrados del latín.
d. El Siglo de Oro. El
Concilio de Trento. Fomento de la religiosidad popular
La Iglesia comenzaba a sufrir fractura, consecuencia de
enfrentamiento de la contrarreforma protestante. A finales de octubre de 1517 Lutero
comenzaba su andadura de ruptura. Solo 28 años después fue cuando la Iglesia
Católica, viendo agotados todos los cauces de entendimiento, vive la ruptura
dolorosa y convocando un concilio trata de reafirmarse en lo que considera que
como sana doctrina ha de mantener por encima de todo.
La celebración del Concilio de Trento (1545-1564) fue la respuesta
a la ansiada renovación interior de la Iglesia y a la ruptura que habían
causado los protestantes al separarse definitivamente del tronco común.
Entre sus enseñanzas más importantes cabe destacar la
doctrina sobre la justificación, la práctica sacramental y la reforma de la
Iglesia. Sus cánones fueron publicados en España por Felipe II en una Real
Cédula de 12 de julio de 1564. Algunos de ellos tendrán una influencia capital
en el desarrollo de nuestras hermandades de pasión. En cuanto a la
justificación: Ante la postura mantenida por Lutero y los protestantes que: “El
hombre se justifica, se salva, solo por la fe, sin necesidad de sus buenas o
malas obras, pues la misericordia y los méritos de Cristo actuarían como
bálsamo que encubrirían ante los ojos del Juez Supremo la miseria humana”.
El Concilio, vino a decir: “Las buenas obras son necesarias
para la salvación; Cuando el hombre peca, tiene la posibilidad de reconciliarse
con Dios y consigo mismo a través del sacramento de la Penitencia; además: el
hombre puede expiar sus culpas a través de la mortificación corporal, la
oración y la limosna”.
Y con respecto al culto de las imágenes, ante la
postura del protestantismo que lo rechaza; el Concilio afirma en sus sesiones
de 3 y 4 de diciembre de 1563 que: “Deben tenerse y conservarse,
señaladamente en los templos, las imágenes de Cristo, de la Virgen Madre de
Dios y de los Santos y tributarle el debido honor y veneración”. “...
Enseñen también diligentemente los obispos, que por medio de las historias de
los misterios de nuestra Redención, representadas en pinturas u otras
reproducciones, se instruye y confirma el pueblo en el recuerdo y culto constante
de los artículos de la fe...”.
El Concilio se percató que la religiosidad popular
era la más eficaz de los instrumentos y se imponía la necesidad de fomentar las
creencias católicas mediante un teatro decoroso y serio, pero un teatro afín de
cuentas en el que se pusiera de manifiesto de una manera embriagadora y
sugerente las verdades de fe.
Pero: ¿Por qué la Pasión y Muerte del Señor de una manera en
especial? La Pasión, lo lacerante, el mensaje del sacrificio de Cristo y su
voluntaria entrega, cala más hondo que su triunfo. (A fin de cuentas, el pueblo
sabe que Cristo es Dios, luego no le sorprende que produzca y protagonice
milagros como el de su Resurrección). Sin embargo al pueblo, le sigue
pareciendo sorprendente que Dios, se dejara así mismo matar por nosotros.
Las doctrinas de Trento: influyeron decisivamente en cuanto
al uso de la penitencia pública, el culto a las imágenes y las estaciones
procesionales, con un fin catequético y evangelizador; contribuyeron al auge
y ratificación de las asociaciones existentes y sus normativas con anterioridad
al concilio; y a la formación de nuevas hermandades alentadas por el espíritu
conciliar.
e. El Renacimiento y Barroco. Fomento de teatro
sacro. Autos de la pasión. sacramentales.
La iglesia católica al verse amenazada por la Reforma de
Martín Lutero pidió a los creyentes exteriorizar la fe. Es en este momento en
el que las procesiones cobraron aún más fuerza, sobre todo, en la península
ibérica, donde la Monarquía Hispánica se había erigido como el brazo armado de
la fe católica. Entre el siglo XVI y XVII, el paso de Semana Santa, las
imágenes religiosas que se pasean por las calles de las localidades, se
consolida como un género escultórico propio.
Las primeras procesiones penitenciales del siglo XVI eran
serias, sobrias, austeras y sin boato alguno, con las estaciones señaladas.
Luego a medida que nos adentramos en el Renacimiento y Barroco las procesiones
van adquiriendo más ornato y boato.
El objeto de veneración central era el Cristo sufriente con
la cruz a cuestas, este era el paso central. A la imagen de Cristo se le incorpora
ya desde el siglo XV la Virgen Dolorosa. (Toledo fue la primera ciudad que
procesionó a la Virgen Dolorosa sobre unas sencillas andas).
La primera procesión fue ordenada
en 1604 por el entonces cardenal Fernando Niño de Guevara. La
procesión del Santo Entierro de Zaragoza es la más antigua de España. Esta
procesión es reconocida como la más antigua de España. Sus orígenes se remontan
al año 1240, cuando la Muy Ilustre, Antiquísima y Real Hermandad de la
Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre de Dios de Misericordia
fue fundada.
f. Restricciones. Fomento de
las cofradías penitenciales. Prohibición de los disciplinantes
En el siglo XVIII, el rey Carlos III prohibió la figura
de los "disciplinantes", penitentes que se flagelaban
durante estas celebraciones, quedando reducidas a procesiones en las que los
cofrades alumbraban con los cirios a las imágenes portadas por otros miembros
de las cofradías y acompañadas por los cantos del clero.
Con el protestantismo donde no se permitían celebrar
procesiones con imágenes y esculturas, se produjo una escisión con la Iglesia
católica, debido a sus principios teológicos y hermenéuticos, como el principio
de "sola scriptura" que contribuyó a la desacralización de
las imágenes religiosas.
Aunque existen variaciones entre denominaciones, en general, el protestantismo
se distancia de las procesiones en favor de una adoración más centrada en la
Palabra de Dios.
Los flagelantes
marchaban a veces con menos convicción por la propia penitencia y más por el
espectáculo de la tortura, que además fue derivando en abusos y desvíos. Se iba
perdiendo el significado original del Sacrificio de Cristo y se empezaba a reforzar que la salvación llegaba a través del
castigo poniendo el acento en el rigor de la penitencia.
Personalidades de la iglesia como Santa Teresa llamaba a
esas procesiones la “penitencia de las bestias”, porque no entendía que
identificarse con Cristo fuera despellejarse la espalda a base de latigazos. La
primera regulación de estas penitencias permitió que fuera pública con la
obligación de ser anónima para evitar que se tratara de intentar ganar popularidad
o prestigio mediante su práctica pública.
Hasta el concilio de Trento todas las procesiones se basaban
en cofrades flagelándose mientras paseaban por la calle, a partir del mismo se introdujeron imágenes para acompañar
la procesión. Hasta que no llegó el Gobierno de Carlos III (s. XVIII) no
se prohibirían estas actuaciones, pero llegado ese momento, los ilustrados de
la época consideraron que la flagelación pública no contribuía a la piedad de
forma sincera y se reconoció el auténtico exceso que suponían.
Hoy en día prácticamente han desaparecido salvo casos
aislados como Los Picaos de San Vicente
de la Sonsierra o Los empalaos de Valverde de la Vera. Los Picaos de San
Vicente de la Sonsierra se golpean con madejas y van con un “práctico” (quien les deben aliviar las
heridas) durante diez y veinte minutos, en los que se pueden dar
centenares de golpes. El práctico pica la zona lumbar de la espalda, con una
bola de cera con cristales, dando doce pinchazos que simbolizan el número de
apóstoles. Así, el penitente se golpea después unas pocas veces más, para que
la sangre que pueda haberse acumulado tras los golpes escape y así evitar
problemas posteriores. Los empalaos no
se fustigan, pero llevan una soga de esparto de 80 metros enroscada en su
torso, manteniendo sus brazos pegados a un timón de madera, con dos espadas
cruzadas sobre la espalda y una corona de espinas. Tienen unas normas bastante
estrictas y no pueden pasar demasiado tiempo con su “atuendo” para evitar
problemas de circulación.
g. En la actualidad
Finalmente, fue en el siglo XIX cuando se adoptó el
cambio que conocemos en la actualidad. Las procesiones empezaron a regularse
según los estatutos de las Cofradías dándole forma y significado al acto
litúrgico Comenzaron a introducirse otros elementos como la bandas de música.
El resurgir de las cofradías, finalizada la guerra civil,
agudizó el fervor procesional e imaginero en la fase de posguerra, en que las
relaciones de la iglesia con el régimen establecido eran estrechas. Esta
simbiosis hizo posible el apoyo institucional y la recuperación del tradicionalismo
junto al prestigio de la religiosidad colectiva, lo que permitió la
reconstrucción del patrimonio escultórico desaparecido.
2. Estructura de las procesiones
Todas las procesiones tratan de seguir un mismo patrón, o
por lo menos todas siguen una estructura muy marcada. Nada esta
improvisado y, aunque las imágenes son el eje central del cortejo son los
penitentes o cofrades quienes van estructurando la procesión.
En las procesiones de la Semana Santa, es muy destacable el
riguroso orden y la digna uniformidad adoptada por sus Hermandades para el
logro del bello desfile procesional. Las Cofradías penitenciales dignifican
cada vez más nuestra suntuosa Semana Santa. La fraternidad entre sus miembros
fue impulsada y promovida por la tradición cristiana a través de los tiempos.
Estos, entre rezos, cantos y peregrinaciones conjuntas, superaban las barreras
individuales o sociales hasta conseguir la igualdad humana y la condición de
“Hijos de un mismo Padre”. Lejos están ya, sin embargo, aquellos alumbrantes y
disciplinantes en traje de azote: capillo, camisas con cercos al aire, ceñidor
y faldas de rodilleras… (lo que se observa en el grabado de C. Vecellio del
siglo XVI).
Los cofrades o penitentes procesionan en Semana Santa con un
atuendo especial. Portan una túnica ceñida, un capuchón (romo o puntiagudo) con
el que en algunas procesiones ocultan su rostro y suelen portar cruces o
flagelos. Se les llama “Nazarenos” porque originalmente sólo procesionaban en
las cofradías de Jesús Nazareno, aunque posteriormente se ha ido extendiendo al
resto de hermandades y cofradías.
La jerarquización es muy importante y se desarrolla de menor
a mayor importancia. En Roma los cortejos imperiales comenzaban con los
estandartes y la música para finalizar con el emperador divinizado. Algo
similar ocurre en Semana Santa.
La procesión se inicia con la Cruz de Guía o la Cruz
Parroquial, que llevan jóvenes de la parroquia, normalmente monaguillos. La
cruz suele ir flanqueada por faroles guía o bocinas que anuncian su presencia.
Tras ella, el estandarte de la Hermandad, que recuerda a los pendones romanos y
posteriormente comienzan a aparecer los penitentes o nazarenos portando la luz:
el camino hacia Cristo.
Van sucediéndose los pasos de la Semana Santa, precedidos
por acólitos con ciriales o incensarios y en algunas ocasiones acompañan
símbolos romanos (reminiscencias militaristas), que muestran el poder político
que en aquella época acompañó al Señor en su camino hacia el Gólgota.
Primera imagen, casi siempre, el paso del Cristo;
tras él, el acompañamiento de la Virgen. Cierra la procesión la presidencia de
la Hermandad o Cofradía y las autoridades civiles, que muestran así un
importante grado de jerarquización. Tras ellos llegará el Pueblo que acompaña
al final la procesión imitando el camino de Jesús en la Vía Dolorosa.
El orden procesional es el siguiente: “Un estandarte
pendiente de una cruz de madera, llevado por un alférez, con dos niños que “por
trechos” dirían: “Esto, se hace, en remembranza de la Pasión de Nuestro
Redentor Jesucristo.” Junto al estandarte, dos alcaldes y consiliarios con
cetros en las manos; luego el resto de los hermanos con cruces, y tras el
primer tercio de la procesión la insignia de Cristo con la cruz a cuestas;
junto a él seis hermanos con cirios encendidos. Cerraba el cortejo: La imagen
de Nuestra Señora, acompañada por cuatro cirios. La procesión estaría regida
por el mayordomo y el fiscal; visitaba siete iglesias, haciendo en ellas
estación” y en el curso de la procesión. Años más tarde se incorporaría La
ceremonia del Paso”.
La insignia de Cristo con la cruz a cuestas: La
imagen del Nazareno, tal vez es del siglo XVII, de vestir y en ella destaca
artísticamente la cabeza, pues es emotiva, conmovedora y devota; inquieta su
expresión de asombro y su mirada fija hacia adelante. Como talla procesional
cumple sobradamente con su misión religiosa; su expresividad provoca gran
devoción popular.
La imagen de Nuestra Señora: Su advocación era “de la
Consolación”; más tarde “de la Amargura” y posteriormente “de los Dolores”.
La ceremonia del Paso: Es posible que este acto
piadoso y popular, a modo de teatro sacro, fuese ya representado a principios
del siglo XVII, si bien no se puede precisar documentalmente sus orígenes. (Los
libros de Cabildo, que pudieran dar fe de ello, desaparecieron). Parece
probable que con el paso del tiempo ganase mayor complejidad y barroquismo.
Todas las imágenes que intervienen en esta singular ceremonia están articuladas
desde antiguo.
2.1 Las procesiones dentro de un calendario litúrgico
La Semana Santa es la posterior a la quinta semana de
Cuaresma. La Semana Santa da comienzo a la Pascua, que dura siete semanas. El
último fin de semana de Cuaresma recibe atención por parte de algunas cofradías
españolas que celebran algunas procesiones por considerarse Viernes de
Dolores, Sábado de Pasión y Domingo de Ramos. El conocido como Domingo de
Ramos sí está reconocido por la Iglesia como comienzo de la Pascua y recibe el
nombre oficial de Domingo de Pasión.
Al Domingo de Pasión (o de Ramos) le sigue un lunes,
un martes y un miércoles sin mención específica en el calendario litúrgico pero
que en el seno de la festividad hispana reciben el nombre de Lunes Santo,
Martes Santo y Miércoles Santo. El Jueves, Viernes y Sábado Santo constituye el
núcleo del Triduo Pascual. Finalmente el Domingo se celebra la Resurrección.
Los desfiles procesionales varían en las distintas ciudades.
Las procesiones están organizadas por las diferentes cofradías. Vamos a centrarnos en la ciudad de Salamanca.
Como antesala de la Semana Santa se celebra el Viernes de
Dolores. La Cofradía de la Santa Cruz del Redentor y de la Purísima Virgen
María organizan dos procesiones. Por la tarde la procesión Vía Matrix y por la
noche el traslado del Cristo Redentor o de la Liberación (se tiene la costumbre
de indultar a un preso)
El Domingo de Ramos intervienen tres cofradías: La
hermandad Jesús amigo de los niños, la hermandad de penitencia de Nuestro Padre
Jesús Despojado de sus vestiduras y María Santísima Virgen de la Caridad y del
Consuelo y la hermandad de nuestro Padre Jesús del Perdón.
El Lunes Santo tiene lugar la procesión del Cristo de
los Doctrinos organizada por la Cofradía de la Santa Cruz del Redentor.
El Martes Santo organiza la procesión la Hermandad
Universitaria del Santísimo Cristo de la Luz y Nuestra Señora de la Sabiduría.
El Miércoles Santo organiza el desfile procesional la
Hermandad de Nuestro Padre Jesús Flagelado y Nuestra Señora de las Lágrimas.
El Jueves Santo y el Viernes Santo en el calendario
litúrgico se sitúa la última cena, el arresto y la crucifixión de Jesús.
El Jueves Santo intervienen varias cofradías. La Real
cofradía Penitencial de Cristo Yacente de la Misericordia y de la Agonía
Redentora, la Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Vía Crucis, la Seráfica
Hermandad de Nazarenos del santísimo Cristo de la Agonía y la Hermandad del
Cristo del amor y de la Paz.
El Viernes Santo es el día más concurrido. Por la
mañana temprano la procesión la organiza la Hermandad Dominicana del Santísimo
Cristo de la Buena Muerte, Nuestro Padre Jesús de la Pasión, de nuestra Señora
de los Dolores y de la Esperanza. A las tres de la tarde tiene lugar la
representación de la muerte y el descendimiento. Por la tarde hasta la noche tiene
lugar la procesión del Santo Entierro. En esta intervienen distintas cofradías.
La Cofradía de la Oración en el Huerto, la Congregación de Jesús Rescatado y
Nuestra Señora de la Angustias y la Congregación de Nuestro Padre Jesús.
El Sábado Santo recibe el nombre católico de Vigilia
Pascual. Esta preferentemente dedicado a la Virgen María. Tiene lugar varias
procesiones. La que organiza la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, la
de la Hermandad del Cristo del amor y de la Paz y la de la Hermandad del
Silencio.
El Domingo de Resurrección recibe el nombre de
Domingo de Pascua. Por la mañana temprano tiene lugar la emotiva procesión del
Encuentro de Nuestra Señora de la Soledad con Jesús Resucitado que organiza la
Cofradía de la Santa Cruz del Redentor y de la Purísima Virgen María y los tres
desfiles procesionales que cierran la Semana Santa: la procesión de la Virgen
de la Alegría, la procesión de Jesús Resucitado y la procesión conjunta de
Resurrección.
2.4 Tipos de procesiones, procesiones de penitencia y de
gloria, de luz y de sangre
Las procesiones hasta el Sábado Santo reciben el nombre
de estación de penitencia.
Las procesiones que tienen lugar el Domingo de Resurrección no son de
penitencia, sino procesión de gloria. El cortejo cuenta con unas andas,
llamadas “pasos” en
algunas localidades, en otras llamadas "tronos", sobre las que
procesionan esculturas con los personajes evangélicos relacionados con la
detención, muerte y resurrección de Cristo. Los hermanos de las cofradías que
participan en el cortejo lo suelen hacer ataviados con túnicas y gorros cónicos
forrados con una tela que les sirve de antifaz. Estos hermanos suelen conocerse
como cofrades, nazarenos o
penitentes.
Había dos tipos de procesión: las de luz y las de sangre.
Las de luz son prácticamente iguales que las de hoy en día. Pero las
de sangre ya no se ven. Estas se llamaban así porque había muchos
penitentes que querían purgar sus pecados y, vestidos con su hábito pero con la
espalda al descubierto, se iban flagelando durante todo el recorrido y dejando
sangre a su paso. Su máximo apogeo llegó en el siglo XVII pero más tarde, con
Ilustración en el siglo XVIII, Carlos III decidió prohibir este tipo de
procesiones porque le parecía excesivo y de mal gusto.
2.5 La imaginería pasional en los “pasos” de las
procesiones
La veneración de la imagen religiosa, constituye una forma
de manifestar exteriormente la fe, según recoge la secular tradición, con
apoyadura eclesial en el artículo 125 de la vigente Constitución Conciliar de
la “Sagrada Litúrgica”, en la que se cita textualmente: “Manténgase firmemente
la práctica de exponer imágenes sagradas a la veneración de los fieles”. La
finalidad docente, de aleccionar al pueblo junto al empleo estético del “realismo
barroco”, fueron algunos de los dictámenes emanados del concilio de Trento,
que perviven actualmente en la imaginería procesional, ya que lo sagrado se
familiariza con la intencionalidad de exaltar la emotividad popular.
Realizando un recorrido secuencial por la imaginería
procesional, presente en los “pasos” de la Semana Santa, es obligado analizar
los textos canónicos, sin obviar las aportaciones apócrifas junto a la
apoyatura y variantes estilísticas introducidas en el período barroco, para
poder establecer los tipos iconográficos que nos permitan advertir las peculiaridades
de las tallas pasionales. Los acontecimientos acaecidos durante la Pasión,
Muerte y Resurrección de Cristo, fueron narrados por los cuatro evangelistas en
sus respectivas versiones.
2.5. Los temas
iconográficos
La iconografía procesional es rica y muy variada. Solían ser
obras de mucha valía que ocupaban altares de las Iglesias, capillas de las
catedrales que pasaban a formar parte de los tronos de las procesiones. La
creación estaba bajo la acción de artistas de renombre, maestros escultores que
con grupos de artesanos se encargaban de supervisar todo.
Los tronos sufragados por las cofradías respondían a
distintas advocaciones populares dentro de las prescripciones tridentinas. El
Cristo sufriente y crucificado era la insignia oficial, el tema principal y la
figura central. Se cuidaba que la imagen para ser objeto de adoración y culto
en su estética y elaboración poseyera una profunda unción sagrada y no
desmereciera en su dignidad expresando así un profundo realismo e
identificación con la figura de Cristo. Las imágenes eran figuras de culto no
eran un simple símbolo sino un imán elocuente para atraer a los hombres a su
perdón y clemencia.
a. La entrada de Jesús en
Jerusalén
Los actos públicos organizados para conmemorar el Domingo de
Ramos, evocan el júbilo y aceptación del “Mesías” al entrar en la Ciudad Santa.
Los niños, con tal motivo, estrenan vestidos que no volverán a utilizar hasta
el domingo siguiente. En Salamanca hay un dicho popular: “al que no estrena
vestido en el Domingo de Ramos se le cortan las manos”.
Es preciso situar la “Resurrección de Lázaro” y la unción de
Betania como pórtico de las representaciones pasionales. De ahí que las
procesiones se inicien a menudo en la semana previa a la Semana Santa.
Generalmente se inicia en el Viernes de Dolores.
No obstante, fue común que la Semana Santa se iniciase con
la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. El relato cuenta con base literaria
en los cuatro evangelistas. La Leyenda Dorada cita las diversas procesiones
realizadas el Domingo de Ramos, y los textos sagrados coinciden al afirmar que
Cristo entraba jubiloso montado sobre un asno que le proporcionaron sus
discípulos. Dicho pasaje aparece junto a otros temas de la “Passio Christi”,
ya en algunos sarcófagos de la segunda mitad del siglo IV como los de Julio
Basso, o los hallados en la catedral tarraconense. También se desarrolló este
asunto en las miniaturas de los Evangeliarios y placas eborarias mozárabes. En
el arte bizantino, finalizada la revolución iconoclasta, dicho asunto será
recogido en los Calendarios litúrgicos de las doce fiestas del año. En
diferentes representaciones artísticas, Cristo sobre el pollino entra en
Jerusalén acompañado de sus discípulos y vitoreado por los niños en olor de
multitudes.
b. La oración de Getsemaní
Esta escena junto con la última cena suele encabezar las
estaciones procesionales como lo hace el Vía Crucis. Esta escena se representa a Jesús orando en el
Huerto de los Olivos. Es el momento de la aceptación y sometimiento de Jesús a
la voluntad del Padre y a la ofrenda de su vida por la salvación de los
hombres. La peregrina Egeria señala que ya en el S. III tenía lugar la
procesión desde el Huerto de los Olivos a Jerusalén para dar inicio a la
celebración de la Semana Santa.
c. El Prendimiento
Este pasaje de la Pasión, cuenta con el “paso” conmemorativo
del Prendimiento, representado en “Jesús de Medinaceli”. Al igual que el
anterior, aparece en los relieves funerarios del arte paleocristiano y se puede
observar en el sarcófago del museo laterano de fines del siglo IV. El Nazareno
se identifica con Jesús de Medinaceli y representa la escena del Ecce Homo,
abundando la diversidad de versiones con la consiguiente confusión respecto a
la original evangélica.
d. El Via Crucis. El camino al Calvario.
El Via Crucis abarca gran número de representaciones
escultóricas entre las cofradías penitenciales. Representa el momento en que
Cristo con la Cruz a Cuestas asciende Camino hacia el Calvario. La piedad
popular enriqueció la escena con otras incorporaciones de gran arraigo en el
Ejercicio del “Vía Crucis”, que fue variando en el número de sus
Estaciones, conforme a los usos y costumbres adoptadas en cada época y la
sistemática impuesta por sus tratadistas Sin duda las estaciones del Vía
Crucis son el ejemplo más relevante del sentido procesional de la Semana
Santa. Esta práctica se inicia en Jerusalén impulsada por los franciscanos para
fomentar el fervor de los peregrinos que acudían a Jerusalén a reavivar los
momentos de la pasión de Cristo.
En 1420 el beato Álvaro
de Córdoba regresa de Tierra Santa y halla en Sierra Morena un lugar soleado y escarpado
topográficamente parecido a Jerusalén.
Posteriormente, construyó capillas en sitios de ese paraje y las bautizó como
cada uno de los Santos Lugares. Este fue el primer vía crucis de Europa. Un
siglo después, el noble sevillano Fadrique
Enríquez de Ribera realizó un viaje a Jerusalén de 1518
a 1520 y, a su regreso a Sevilla, organizó un Vía Crucis desde su palacio hasta
un templete o humilladero con una cruz. Desde el palacio hasta la cruz había la
misma distancia que desde la casa de Poncio Pilatos al Gólgota de Jerusalén,
por lo que el palacio hispalense pasó a ser conocido como Casa de Pilatos.
e. El Calvario
Es en el monte del Calvario donde Jesús es elevado en la
cruz y se ofrece como Cordero inmolado para el perdón de nuestros pecados. El
Calvario representa a Cristo alzado en la cruz y a sus pies están su Madre y el
discípulo amado. Esta escena representa el momento culminante de la Pasión. En
algunos casos se hizo la representación escénica acompañada del descendimiento.
En Salamanca es el momento más álgido de la Semana Santa y uno de los actos más
antiguos.
f. El desclavamiento y descendimiento
Desde antiguo se ha querido representar esta escena. En
Salamanca se representa el Viernes Santo a las tres de la tarde en el
humilladero del Parque de San Francisco junto a la Iglesia de la Vera Cruz.
Esta escenografía encabezaría la procesión del Santo Entierro. En Salamanca es
la procesión más antigua y está organizada por la Cofradía de la Vera Cruz.
g. El Santo Entierro
La procesión del Santo Entierro es la más popular de la
Semana Santa. Conmemora la muerte de Jesús, el acto culminante del Viernes
Santo y su descenso y su traslado a la tumba. Destacan las figuras icónicas del
Crucificado, el Cristo Yacente y la Virgen de la Soledad. Destaca el ambiente
de luto y silencio propio del cortejo fúnebre de profundo silencio.
2.5.5 La iconografía tradicional. El Cristo sufriente.
Son muchas las tallas que desfilan en la procesión charra de
la Semana Santa de Salamanca. La talla más antigua corresponde al Cristo de la
Agonía de Juan de Balmaseda del S. XVI. De este mismo siglo es la imagen del
Amor y de la Paz de Juan Montejo. También conviene destacar la imagen de Jesús
Rescatado del S. XVII. Esta imagen llegó en 1682 y su talla rememora el famoso
Cristo de Medinaceli.
Entre la iconografía mariana destaca la Piedad de Salvador
Carmona de 1760, la Virgen de los Dolores de Felipe del Corral y la Inmaculada
Concepción de Gregorio Fernández del S. XVII entre otras.
a. El Nazareno
El término “Nazareno” presenta algunas controversias a
exégetas y teólogos que vinculan a Jesús de Nazaret con el Cristo de la Fe y
Señor de la Historia, siendo escasas y confusas las referencias
veterotestamentarias y más concretas en el Nuevo Testamento, con la
identificación y sobrenombre de Nazareno dado a Jesús por sus seguidores. Es
preciso determinar dicha titularidad en la imaginería procesional, como el
pasaje protagonizado por Jesús con la Cruz a Cuestas Camino del Calvario,
eliminando al resto de adscripciones terminológicas asignadas a otros momentos
de la Pasión.
b. El Ecce Homo. Jesús
Flagelado
La imagen de Jesús Flagelado es una de las representaciones
más antiguas que representan los sufrimientos del Señor en su Pasión. Aparece
con el cuerpo desnudo con las llagas infringidas por la flagelación. El trono o
paso sobre la que procesiona va acompañado en cada esquina por cuatro ángeles
que le acompañan y lloran su sufrimiento. Cristo aparece junto a la columna
exhausto, sin fuerzas con las rodillas semiflexionadas. La expresión se su
rostro muestra su sufrimiento y mueve a la compasión. Su mirada perdida se
dirige hacia abajo. Su boca está entreabierta y la sangra que fluye de sus
fosas nasales refuerzan la sensación de agotamiento y la dificultad para respirar.
c. El Cristo del Amor y de la
Paz
Es una de las imágenes cristíferas que gozan de mayor
predilección escultórica ante la relevancia y contenido devocional que encierra
como reflejo del acontecimiento histórico impreso en la Cruz en que Cristo
murió y desde la que redimió a una humanidad sometida. Son múltiples las
advocaciones de Crucificados, que recuerdan el pluralismo homogéneo del mensaje
cristiano, sintetizado en este Crucificado del Amor y la Paz. Las procesiones
celebradas con anterioridad al Concilio de Trento, confirman la antigüedad de
las cofradías de Vera Cruz, cuyo signo identificador, fueron la Cruz y el
Cristo de la sangre. Cristo clavado en el madero, redime desde su doliente
Humanidad, de solitaria y marcada anatomía. Abundan las interpretaciones sobre
la posición de la Cruz, según la altura del “stipes”, y las secuelas dolorosas
ante la prolongada tortura previa a la muerte. La Cruz desde el siglo IV
aparece como objeto de culto, incrementado en siglos posteriores con la
presencia de Crucificados que ostentan la titularidad de las cofradías
penitenciales.
c. El Cristo Yacente
La iconografía cristiana ofrece una amplia gama arquetípica
de imágenes alusivas al presente asunto pasionista que adoptaron matices
heterogéneos, de acuerdo a la particular idiosincrasia de cada región. Hay que
remontarse a pasadas etapas históricas en que se escenificaban en vivo el
Desclavamiento y Descendimiento y demás representaciones teatrales para
entender algunas tradiciones litúrgicas, como la de exponer a la veneración de
los fieles, la imagen de Cristo Yacente depositado en un sepulcro abierto, como
apunta el relato evangélico. Avanzado el siglo XVII proliferó el tipo
iconográfico de trágica expresividad y excepcional policromía, confirmando las
premisas trentinas y la influencia ejercida y avalada en España por la gubia de
Gregorio Fernández, que consolidó el prototipo del yacente en el siglo de oro
de la escultura castellana. La rápida divulgación de la imagen a partir de
grabados y nuevas réplicas confirmó dicho prototipo, que apenas sufriría
variantes, perviviendo dicha iconografía en buena parte de las cofradías
penitenciales, cuyo origen fundacional se remonta al siglo XVII y por imitación
a otras del presente siglo que tienen como titulares a Cristo Yacente.
d. Las advocaciones Marianas:
Esperanza, Piedad, Soledad, Dolores.
Difícil es, la adscripción iconográfica de las distintas
imágenes marianas en los prolegómenos de la Pasión. María, antes de producirse
la sentencia de muerte del Hijo, albergó la esperanza de dilatar ésta, sin
olvidar el mensaje salvador explícito en la futura Resurrección. Es
determinante la identificación simbólica manifiesta en la tonalidad cromática
del vestido mariano: el tocado se fue imponiendo durante el presente siglo en
detrimento del antiguo rostrillo. Los encajes, lienzos y brocados son elementos
configuradores junto al empleo cromático de tonos blanco, oro, plata o beige.
El tocado enmarca el rostro y se derrama en la zona anterior. La saya formada
por varias piezas independientes, mangas, corpiño, cinturilla, fajín en algunos
casos y la saya propiamente dicha, que cubre el candelero de la imagen. El
manto se extiende por el pollero o armazón, desde la cabeza hacia los pies del
“paso” y al igual que la saya, suele estar ricamente bordado. El color de ambas
prendas, puede o no coincidir, siendo frecuente que la saya sea clara y el
manto oscuro.
Hay advocaciones en que la indumentaria está establecida,
según la correspondiente titularidad: Dolores, Mayor Dolor y Soledad, con claro
predominio del negro compartido entre otros por el morado para Angustias, el
rojo en Encamación, blanco en Paz y verde en Esperanza. El conjunto se completa
de toca y corona, que adopta numerosas variantes. La primera se sitúa en la
parte superior del manto, con predominio del encaje o malla bordada, comúnmente
en tonos claros. Sorprende el silencio evangélico sobre la figura de María en
los distintos episodios de la Pasión, hasta que San Juan la sitúa al pie de la
Cruz. Los interrogantes planteados quedan resueltos en las diversas
representaciones de la imaginería procesional, en los que la “Passio Domini”
tiene su paralelo en la “Compassio Mariae” y es tradicional y casi norma, que
el “paso” de Cristo se corresponda con otro mariano y así María prosigue
procesionando solemnemente su Esperanza, Dolor y Soledad.
El tema de la Madre junto al Hijo pasmado en la “Piedad” de
María, es como afirma Eugenio D’Ors: “lo anecdótico transformado en categoría”
donde se confunden lo humano y lo divino, es la antítesis de la Madre gozosa
que sostuvo en brazos al Niño recién nacido. Miguel Angel supo crear un
prototipo de “modelo blando” en su Piedad vaticana que perduró durante el
barroco, si bien se optó finalmente, ante posibles conflictos teológicos y
controversias iconográficas, por desdoblar el asunto pasional, en el abandono
por separado de Madre e Hijo. La devoción mariana ha dado en síntesis como
resultado, la variedad de imágenes bajo multitud de advocaciones, sin más
fundamento por lo común que, las particulares preferencias devocionales
promovidas por las cofradías penitenciales.
2.5.6 La iconografía profana
Alrededor de la figura del Cristo de la Pasión aparecen
otras figuras relacionadas con la Pasión.
a.
Judas, Pedro y Malco
Las imágenes de Pedro, Judas y Malco forman parte del
conjunto del paso de Nuestro Padre Jesús en su Prendimiento que procesiona el
Jueves Santo llevado por la Seráfica Hermandad del Prendimiento.
Judas es el personaje que protagoniza el preludio de una
Pasión anunciada en las escenificaciones del Prendimiento, no mereció ser
efigiado en la imaginería procesional de la capital. Cristo aparece en
solitario, maniatado, como lo describe San Juan erguido y en posición frontal. Judas
aparece acercándose a Jesús con su beso traidor para señalar a los soldados al
que habían de prender.
Pedro junto con Santiago y Juan fueron los discípulos que
acompañaron a Jesús en la Oración del Huerto. Cuando los guardias vienen a
prender a Jesús, Pedro sale en su defensa.
Malco representa un
oficial de la Guardia del Sanedrín que acude a prender a Jesús al que Pedro
corta la oreja.
b.
Los sayones más célebres de Salamanca
Los soldados que acompañaban a Jesús en el Vía Crucis son
representados con distintos motivos que expresan su saña y su burla. En
Salamanca los sayones más célebres corresponden al paso denominado el balcón de
Pilatos. Los sayones son reconocidos con los sobrenombres de “Culocolorao” y “Bocaratonera”.
“Culocolorao” por sus calzones rojos va delante del paso.
“Bocaratonera” en alusión a su fea compostura y ruín dentadura.
c.
El Sayón centurión
El término Sayón puede tener varios sinónimos. Uno sería el
alguacil enviado para llevar y hacer cumplir la sentencia. Es el guía del
cortejo del sentenciado que lo acompaña hacia su ejecución. En el contexto del
cortejo procesional de Jesús en su Pasión sería el soldado (centurión) que va
abriendo camino hacia el monte Gólgota. Se le representa tirando de una cuerda
y obligando a Jesús a avanzar sin ningún miramiento. En su cinturón lleva tres
clavos que esperan las extremidades de Jesús.
La imagen del centurión romano que ofrece a Jesús vino y la
hiel y que finalmente profesaría: “verdaderamente ete era el Hijo de Dios”, fue
una de las últimas imágenes que encargaron al imaginero y escultor sevillano
Manuel Madroñal .
d.
El
Cirineo
Posiblemente se trataba de un extraño (un hombre de Cirene) que
pasaba por allí. El escuchaba un tumulto ante un hombre que portaba una cruz.
Jesús caía extenuado por su peso y los maltratos sufridos. Seguramente se
acercó para ver que sucedía cuando los soldados le obligaron a ayudar a cargar
la cruz de Jesús. El cirineo no sabía a quién ayudaba pero se vio involucrado a
la fuerza. No se esperaba que aquel acto fuese recompensado con la mirada de
aprecio de Jesús.
Esta imagen es un personaje central de la procesión de la
Ilustre y Venerable Congregación de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Santo
Entierro. Últimamente acompaña a Nuestro Padre Jesús Despojado en la procesión
del Domingo de Ramos
2.6 Elementos de los pasos de la Semana Santa
Un paso de Semana Santa es el conjunto formado por las
andas y las imágenes que se sustentan sobre éstas. Puede ser de Cristo, de
Virgen o de misterio, si escenifica algún pasaje de la Pasión. Si el Señor va
con la Cruz a cuestas en el hombro se le llama 'Nazareno'. Los que portan el
paso serán llamados nazarenos.
- a. El muñidor
Lo primero que aparece antes del cortejo es el anuncio de la
procesión. En algunos sitios es el muñidor: una persona que va delante
de la procesión tocando la campanilla o carraca, símbolo del paso de un lugar
profano a un lugar sagrado. En otros lugares es la banda de cornetas y tambores
la que a ritmo marcial va marcando la llegada de la procesión.
- La cruz guía
La Cruz que abre el cortejo está diseñada y tallada y
encabeza la procesión. Generalmente antes de la procesión se reza una oración
inicial para fomentar la actitud oracional de todos los cofrades. La Cruz
portada por un hermano cofrade es acompañada por monaguillos que portan cirios
o candelabros.
- Los estandartes
Los estandartes representan el blasón o emblema de la Cofradía. Cada cofradía tiene su propia
identidad y cuenta con enseres que la hacen única. En algunas procesiones los
estandartes son portados por hermanos subidos a caballo para engalanar la
procesión.
- El Hachote:
Se trata de una vara artística que llevan los capirotes que
forman parte de un tercio. Ayudan a marcar el paso y, en muchos casos, son
eléctricos para que puedan iluminar las calles por donde pasa la procesión, así
como los trajes y bordados de los capirotes.
- Los Capirotes o
Nazarenos
Son miembros de las hermandades o cofrades penitentes que
acompañan el trono. Se llama capirotes porque van con capuz (funda elaborada
normalmente de raso o terciopelo con la que se cubre el rostro para su
anonimato y que tiene una estructura de cono piramidal expresando el camino
penitencial hacia el cielo). Visten una túnica con los colores de la agrupación
y, sobre ella, suelen traer bordados los símbolos propios de la agrupación
procesionaria. En ocasiones, también portan cinturón de esparto, cirios, insignias
o cruces con una túnica y capa que representa la igualdad.
- Las andas, los tronos
o carrozas
Se conoce con este nombre al soporte donde se coloca la
imagen procesional. Hasta principios del S. XV las imágenes desfilaban sobre
sencillos tableros alumbrados con faroles. Más tarde pasaron a ser carrozas
talladas muy elaboradas y algunas engalonadas con palio. En Salamanca tres son
los pasos que desfilan con palio. La Virgen de Nuestra Señora de la Esperanza,
Nuestra Señora de la Soledad y María Santísima de la Caridad y del Consuelo.
Los diferentes pasos evocan un pasaje de la pasión de
Cristo, una figura de Jesús, la Virgen o un santo que tuviera relación con los
últimos días del Redentor. Se pueden procesionar a hombros (por los costaleros)
o a ruedas. Las flores, las velas y mucha luz, a modo de lámparas y candelabros,
para que puedan ser mejor vistos por la noche, son elementos indispensables en
el trono.
- Los Costaleros
También llamados portapasos. Son los encargados de llevar un
trono a hombros. Pueden ir tapados o descubiertos. Los primeros van por debajo
del trono y no se les ve, ya que los cubren unas mantillas que llevan unas
rejillas para el aire. Los descubiertos van ataviados con túnicas de los
colores de la agrupación y son visibles por el público.
- El cofrade mayor o
encargado
Es el encargado de cada cofradía que encabeza la procesión.
Su función es marcar las pausas, y procura que el desfile funcione bien
llevándolo por el recorrido correcto, y calculando los tiempos precisos para
que cada paso pueda prepararse y descansar. Las bandas musicales van marcando
el compás y el ritmo de la procesión.
- Los acompañantes del
desfile procesional
Las autoridades civiles y eclesiásticas acompañan la carroza.
A menudo ocupan lugares protocolarios destacados según la tradición cultural y
social. La persona de mayor jerarquía tiene precedencia. Destaca el cabildo
eclesiástico y civil. El cabildo de oficiales estaba constituido por el Padre
Superior del convento, el alférez, el Mayordomo, los alcaldes y consiliarios,
el fiscal y las escuadras.
Las autoridades civiles y militares engalanaban sus
uniformes y capas y las mujeres portando velos y las mantillas. En la procesión
litúrgica más solemne la autoridad eclesiástica recae en el obispo situado tras
el paso y que solía cerrar el desfile. Antiguamente se utilizaba el palio.
- La banda de música
El desfile
procesional alterna momentos de silencio y momentos acompasados por la música.
Las bandas de música acompañan los tronos con marchas solemnes que marcan el
paso y crean un ambiente de devoción. Predominan las cornetas y tambores y
otros instrumentos musicales de viento y metal.
3. Las Cofradías y su evolución en la historia de la
Semana Santa
Las cofradías respondían a tres fines genéricos: el carácter
devocional, el carácter penitencial y el procesional, todos enfocados como
medios de santificación y maduración espiritual. Además, las cofradías podían
incluir en sus celebraciones anuales misas y procesiones dedicadas a su “santo
patrón”. Las procesiones exclusivas de la Semana Santa surgen con la aparición de las cofradías de ámbito
penitencial en el siglo XIII.
Con la llegada de los franciscanos y los dominicos, se
desarrollaron las congregaciones de flagelantes que relacionaban la salvación
con el castigo. Inicialmente no llevaban prácticamente imágenes, solamente
alguna cruz.
La cofradías podíamos definirlas como “La asociación de
personas que veneran, contemplan y se asocian al misterio de la Pasión y Muerte
del Nuestro Señor Jesucristo, a quién también se asocia su Santísima Madre Nuestra
Señora”. “El santo patrón” es venerado por la Cofradía y se le rinde culto con
una austera y penitente salida procesional en la que algunos o la mayor parte
de sus cofrades se disciplinan; y con otros cultos a lo largo del año.
La cofradías o hermandades atienden a las necesidades de los
hermanos, espirituales y temporales, de la vida y de la muerte; y también de
los otros prójimos; tienen una organización o estatutos llamados “Reglas” que
progresivamente van siendo aprobadas por la jerarquía eclesiástica”.
La mayoría de las hermandades fundadas después del concilio,
incluyeron la penitencia de los flagelantes. Fueron los frailes quienes mejor
acogieron y alentaron esta nueva práctica de la disciplina pública y ésta es
quizá la explicación de porqué las primeras y más antiguas hermandades, se
encuentren erigidas canónicamente en conventos.
La gente a veces acudía a formar parte de ellas llevadas
sobre todo por un sentido penitencial para la expiación de los pecados. Pero
para evitar que algunos ganasen prestigio mediante el castigo que se imponían
se llegó en algún caso a imponer el antifaz.
Hasta el Concilio de
Trento en el siglo XVI y, especialmente, a partir del siglo XVII, surge de
forma más activa la tipología de imágenes que pueden ser usadas en estas
procesiones. Así, «hasta el año 1605, la Semana Santa no tiene un diseño
general de hacer estación a la Catedral, sino que las diversas cofradías de
nazarenos visitaban básicamente siete iglesias de la ciudad salvo
algunas como la de la de los Negros, en situación periférica, fuera de los
murallas. Situación periférica en lo territorial que refleja la situación
periférica en lo social. Esta cofradía hace sus actos
penitenciales fuera de la ciudad».
«Hasta el año 1605, la Semana Santa no tiene un diseño
general de hacer estación a la Catedral» De modo que esta celebración
procesional une todas estos legados y ha conseguido prolongar su existencia
durante milenios conservando su impronta.
Ante el auge espectacular de nuevas hermandades, la
jerarquía diocesana decidió poner orden en este movimiento laical que moviliza
y atrae más al pueblo que la liturgia tradicional celebrada en el interior de
las iglesias. Así, encontramos en el sínodo sevillano celebrado en 1604, como
en otros sínodos diocesanos, las normas que se han de guardar en las
procesiones de disciplinantes.
3.1 Desarrollo histórico de las
cofradías
Dentro del periodo cofrade bajomedieval podemos distinguir
tres periodos: de 1050 a 1150, los comienzos; de 1150 a 1350, el apogeo; de
1350 a 1500, cuando se produce un cambio de mentalidad. Aunque hoy se use
indistintamente el término "cofradía" y "hermandad", en
todos los documentos bajomedievales son llamadas cofradías.
a. Baja
Edad Media. Los comienzos
En esta etapa se juntaban miembros del mismo gremio o estamento con
fines benéficos o para rendir culto a un santo patrón. “Aunque por la costumbre
universal de la Iglesia Católica, están introducidas y permitidas las
hermandades de disciplinantes, que se hacen en Semana Santa, y con muy justa
causa muchas de ellas están confirmadas y aprobadas sus constituciones por la
Santa Sede Apostólica, y favorecidas con especiales gracias e indulgencias como
cosa con que se nos trae a la memoria la Muerte y Pasión que por nuestra
salvación padeció el Hijo de Dios, que en aquellos días celebra la Iglesia
Católica y con que se hace penitencia y procura de satisfacer parte de la pena
que, por las culpas y pecados que entre año con la Divina Majestad se han
cometido, dignamente se merece...”.
b. Edad
Media. El desarrollo
La religiosidad de
la Edad Media era comunitaria y la religión impregnaba toda la vida social. La
religiosidad también era festiva y era motivo de algunas celebraciones. Además, la piedad de entonces
estaba llena de santos y devociones particulares.
Las cofradías pueden ser piadosas, constructoras (que apoyaban la construcción de
edificios religiosos, hospitales, puentes, etc.), benefactoras (para dar ayuda a desamparados,
realizar entierros, de reparto de dinero o comida, etc), de personas
pertenecientes a un grupo social (gremiales, de clérigos, etc), de personas
pertenecientes a una misma etnia o región
y religioso-políticas (militares, de merced a cautivos, de caridad, etc.).
Dentro de las cofradías piadosas están las cultuales (de Cristo, de María o de santos), las parroquiales, las que de
salvación personal o de la de difuntos y las cofradías de penitencia.
Las cofradías de penitencia, que son las que
procesionan en Semana Santa, se fundan a partir del siglo XVI. Estas se organizan en el
siglo XVI como resultado del desafío de Lutero a
la sede de Roma a partir de 1517, del Concilio de Trento de 1545 y de los
primeros autos de fe. En estas circunstancias el pueblo sentía
la necesidad de salir a la calle a demostrar su catolicismo en
un culto público.
El 1300 y Dolcino de Novara en
1307, fueron ejecutados. Otros permanecieron dentro de la Iglesia. Hubo otro
grupo de flagelantes próximo a san Antonio
de Padua, que falleció en 1231. Hubo otro grupo en Perugia
promovido por el eremita agustino fray Rainiero Fasani en el 1260. A finales del
siglo XIV y comienzos del XV los dominicos impulsaron a
disciplinantes como el beato Ambriosio de Siena,
el beato Juan Dominici y Venturino de Bérgamo.
Desde 1399 san Vicente Ferrer recorre los caminos de España creando compañías de disciplinantes y fomenta la práctica
de la flagelación poniendo como ejemplo a santo Domingo, san Francisco
de Asís y san Bernardo. Procesionaban de noche,
encapuchados y vestidos con una túnica particular. Estos grupos iban a
misa, se confesaban, comulgaban los domingos y ayunaban determinados días. Se
criticaba a los que se flagelaban por dinero o comida y se decía que eran
falsos disciplinantes. Vicente Ferrer escribió un libro de reglas para los
disciplinantes titulado Ordinacions y establisments para la cofradia de
Preciosa Sanch de J.C. anomenada dels Disciplinants.
La fundación de las cofradías de Pasión procede de la
devoción substancial en la vida franciscana a estos misterios y la posesión y
guarda de los Santos Lugares en Tierra Santa. Cuando los franciscanos que
habían estado en Tierra Santa regresan a sus respectivas provincias de origen,
hicieron surgir muchas prácticas conmemorativas de la Pasión, las cofradías de
Pasión, el Vía Crucis.
Por toda España surgieron cofradías en torno a reliquias supuestamente verdaderas de la cruz de
Jesús. Estas reliquias pudieron haber sido traídas de Tierra Santa por los
franciscanos. Este culto a la verdadera cruz (la Vera Cruz) hizo que se creasen
cofradías con este título.
La primera documentación de una cofradía de la Vera Cruz data
de 1494 en la iglesia de San Juan de Puerta Nueva de Zamora.
En 1506 el franciscano fray Diego de Bobadilla creó
la Cofradía
de la Vera Cruz de Salamanca.
En 1515 se crea otra en un convento franciscano de Alcañices.
En Sevilla también se creará una cofradía de la Vera Cruz en fecha
indeterminada de la mano de una cofradía de la Sangre creada en torno a 1448 en
una capilla de la Casa
Grande de San Francisco.
c. Renacimiento.
Tras el apogeo el declive
Tras el siglo XVI fueron en declive y los obispos
empezaron a reprobarlas ya en el siglo XVII. Finalmente, Carlos III las prohibió mediante una Real Cédula
del 20 de febrero de 1777, alegando que no eran edificantes ni verdaderamente
devocionales. El periodo de la Ilustración impuso el laicismo en el mundo
moderno y ocasionó la perdida de muchas tradiciones de la religiosidad popular.
3.2 Las 17 Cofradías, Congregaciones y Hermandades de la
Semana Santa en Salamanca
La Hermandad más antigua es la Dominicana del convento de
San Esteban de los padres Dominicos de la Orden de los Predicadores de 1573. A
esta quiso sumarse la de los Agustinos en 1576.
Le sigue la Cofradía de la Vera Cruz bajo el patronazgo de
Felipe II. Por un edicto real se le concedió el privilegio de organizar todos
los desfiles procesionales del Miércoles, Jueves, Viernes Santo. En 1616 se le
concedió también organizarla procesión de Resurrección el Domingo de Pascua. En
1617 la Cofradía empezó a organizar la procesión de los Nazarenos con el paso
de Jesús Nazareno conocido como la Caída. Los cofrades vestían de morado con
soga al cuello y cargaban con cruces. Se realizaba la madrugada del Viernes
Santo. En 1688 los cofrades fundaran la Congregación de Jesús Nazareno.
En el S. XVII se fundó la Congregación de Jesús Rescatado y
Nuestra Señora de la Soledad.
En 1948 se fundó la Hermandad Universitaria del Santo Cristo
de la Luz y Nuestra Señora de la Sabiduría. En 1952 se fundó la Cofradía de
Jesús en el Huerto. En 1971 La Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz. En
1980 La Real Cofradía Penitencial del Cristo Yacente de la Misericordia. La
Hermandad del Silencio y la Hermandad del Vía Crucis.
3.3 Factores que contribuyen al origen de las cofradías
de penitencia
El papel preponderante de las órdenes mendicantes, franciscanos
y dominicos, promovieron todo un movimiento laical alentando la creación de
hermandades (Hermandades de la Pasión) que fueron erigidas en los propios
conventos.
La gran mortandad de 1347 a 1350. La peste negra provoca un descenso de la población
del 40 al 60 por cierto y las epidemias se repiten de forma cíclica cada siete
o quince años hasta el 1400. Castilla se recuperará demográficamente a lo largo
del siglo XV pero la región de Cataluña no lo hará hasta mucho más
tarde. Esta alta mortandad provoca un cambio de concepto y de mentalidad en
torno a la muerte. La devoción cristiana ya no es gozosa, sino que es dolorosa.
Por ello se hace hincapié en la Pasión y la muerte de Jesús y no en la
resurrección.
A partir del siglo XIV los grupos de flagelantes se hicieron más nutridos en Europa.
Aunque existían antes de las epidemias de peste se hicieron más numerosos. Fueron
varios los hechos que contribuyeron al desarrollo de las Cofradías:
El papel de san Vicente
Ferrer. Aunque las cofradías de flagelantes que
procesionaban entonando cánticos de penitencia y disciplinándose en público
existieron en Europa desde antes del siglo XIII. Algunos grupos fueron
condenados por el papa Clemente VI y
sus líderes, como Gerardo
Segareli
La acción de los genoveses. En España existía una
abundante población de origen genovés. En el siglo XVI los genoveses
fundan la cofradía
de la Piedad en Valladolid,
mientras la corte de Carlos I se
encontraba en esa ciudad. El 1579 hay constancia de grupos de genoveses
disciplinantes que procesionaban el Jueves Santo en Sevilla, aunque sin
cofradía formada.
La acción de los castellanos. En Valladolid se fundó
en 1531 una cofradía de disciplinantes bajo la advocación de la Pasión y ese
mismo año se fundó en Sevilla la Hermandad de los Martirios y Sangre de Nuestro
Señor Jesucristo, que en 1577 pasó a llamarse Hermandad de la Sagrada Pasión de
Nuestro Señor Jesucristo para emular a la de Valladolid.
Sacar las imágenes a la calle. Las procesiones en la
Baja Edad Media se hacían con las reliquias o simplemente con un crucifijo. La Cofradía de la Vera Cruz
debió de procesionar con un crucifijo por Sevilla a partir de 1468. También hay
constancia de que se sacaba en procesión un crucifijo del convento de San
Agustín de Sevilla que llevaba ahí desde 1314. El hecho de sacar a las esculturas
religiosas en procesión es algo que se produce a partir del siglo XVI.
4. El Teatro sacro. Los autos sacramentales
El auto era en su origen una representación
teatral medieval tanto de índole religiosa como profana. En la Edad Media recibían también la denominación
de misterios o moralidades, sobre todo cuando trataban de un tema
religioso; desde la segunda mitad del siglo XVI empezaron a
llamarse autos sacramentales.
Los autos sacramentales surgen en torno a la
celebración del Corpus Christi, la gran celebración del misterio de
nuestra fe. El pueblo acompañaba al Santísimo sacramento bajo palio que
presidía la procesión. Al llegar a la plaza sobre un escenario levantado en un
entablado en torno carretas, tenía lugar la representación del auto
sacramental que duraba toda la mañana.
Los autos sacramentales constituyeron el esplendor
del teatro sacro litúrgico en el S. XVI. Los autos sacramentales integraban
religiosidad, belleza, participación popular. Se aunaba la representación
dramática con la piedad popular y la piedad litúrgica. La representación de gran
fuerza poética y dramática estaba llena de belleza.
No se trataba simplemente de un arte dramático sino de un
modo de hacer visible el profundo misterio cargado de trascendencia en honor y
gloria al Santísimo Sacramento. Los autos sacramentales era una comedia
religiosa que tenía como finalidad exaltar el Corpus Christi.
El auto sacramental es una obra de teatro religiosa, más en concreto una
clase de drama litúrgico, de estructura alegórica y por lo general en un acto, con tema
preferentemente eucarístico. En su forma más común, cada pieza
comenzaba con una introducción (loa), un entremés, el auto propiamente y
culminaba con una serie de cantos y bailes (mojiganga) que desembocaban en la
salida al escenario de los actores o en un final apoteósico (danzas de la
muerte).
El auto sacramental usaba un gran aparato escenográfico y las representaciones comprendían
en general episodios bíblicos de la religión o conflictos de carácter moral
y teológico. Inicialmente eran representados en los
templos o pórticos de las iglesias y luego pasa a representarse en las plazas
del centro de las ciudades.
4.1 Historia de los autos sacramentales
a. Orígenes medievales
El más antiguo testimonio del género es el denominado auto o,
más exactamente, Representación
de los Reyes Magos, de 1145.
Entre 1430 y 1440 llegan a Castilla y León las "danzas de la muerte",
que son unas representaciones litúrgicas y paralitúrgicas de la Pasión o
Descendimiento. En el S. XVI se desarrollará un teatro en torno a la
muerte. Los autos sacramentales surgen en el S. XVI y alcanzan su
plenitud en el S. XVII
Después del Concilio
de Trento, numerosos autores, especialmente del Siglo de Oro español
(siglos XVI y XVII), escribieron autos destinados a consolidar
el ideario de la Contrarreforma;
entre ellos se destacan: Lope de Vega, , Tirso de Molina, Pedro Calderón de la Barca, etc.
El origen del auto alegórico, aún no concretado al tema
del Corpus Christi, hay que buscarlo, aunque con
limitaciones, en el Auto de la Pasión de Lucas Fernández, compuesto hacia 1500. Alguna
innovación que Fernández introduce con respecto a los procedimientos de Juan del Enzina es aprovechada después por Gil Vicente en su Auto pastoril
castelanho (1502); otro paso más lo da el autor portugués en el Auto
de la sibila Casandra, en el que abandona la sumisión a límites
cronológicos.
Los autos sacramentales son dramas teatrales verdaderamente
simbólicos. Presentan la vida alegórica y, por tanto, perceptible por los
sentidos, al conjunto dogmático del Catolicismo; contienen el mundo y la
naturaleza, los afectos y los sentimientos, la inteligencia, la voluntad y la
imaginación como potencias del alma, la historia religiosa y la profana, el
pasado, el presente y el futuro como el conjunto de la Iglesia, purgante,
militante y triunfante, bajo el techo protector de aquella catedral de ideas;
juntan el universo y la humanidad en una gran parábola.
No hay, propiamente, un auto sacramental consagrado a la
festividad del Corpus Christi hasta la Farsa sacramental de Hernán López de Yanguas (1520-1521) y una
anónima Farsa sacramental de 1521. La de Yanguas es una
adaptación del drama litúrgico de Navidad a fines eucarísticos. Se representó
durante la fiesta del Corpus de aquel año. Desde luego resulta fundamental que,
en 1551, el Concilio de Trento,
en la sesión XIII del 11 de octubre, con una predominante composición española,
recomienda: Que se celebre la fiesta del Corpus como manifestación del
triunfo de la verdad sobre la herejía y para que se confundieran los enemigos
del Sacramento viendo el regocijo universal de la iglesia.
En 1557 se publican póstumamente las 28 obras de Diego Sánchez de Badajoz bajo el título Recopilación
en metro. Diez de ellas se suponen destinadas a ser representadas en la
capital extremeña el día de la festividad del Corpus: Farsa del
Santísimo Sacramento, Farsa de la iglesia, etc.
b. Auge durante el Siglo de
Oro
La trayectoria del auto empieza a coger mayor auge entre
1525 y 1550. El citado Diego
Sánchez de Badajoz es el primero en perfilar
verdaderamente una acción eucarística, aunque se limita a narrarla y no hace
intervenir personajes alegóricos; otro jalón más lo marca el Auto de
los hierros de Adán del Códice
de Autos Viejos, porque el único personaje real es Adán, que se mueve entre diez símbolos personificados
(el Libre Albedrío, el Deseo, el Trabajo, la Ignorancia,
la Fe, la Sabiduría, la Esperanza, la Caridad,
el Error y la Misericordia). La enumeración de estos personajes
ilustra la panoplia de papeles abstractos que llegará a alcanzar el auto sacramental
en el siglo que va desde 1550 a 1650. Asimismo, hay que destacar los nombres
de Juan de Timoneda, cuyas piezas suponen un
perfeccionamiento de las antiguas farsas sacramentales y el impulso definitivo
para el asentamiento del s en España. Vendrán luego Lope de Vega, que usa la música con funciones
significativas y no solo decorativas, tramoyas y vestuario, etc.; Antonio Mira de Amescua, Tirso de Molina, que supone un estadio intermedio
entre las primeras fases del auto sacramental y la etapa de auge calderoniano,
y José de Valdivielso como precursores del gran
maestro del género, Pedro
Calderón de la Barca. Posteriormente, una serie de escritores
epigonales cultivaron aún el auto, pero sin el mismo éxito. Entre estos se
encuentran: Francisco Rojas Zorrilla, Agustín Moreto, Francisco Bances Candamo y sor Juana Inés de la Cruz.
c. Declive durante la
Ilustración
Los autos sacramentales fueron haciéndose cada vez
menos narrativos y, a consecuencia de las conclusiones contrarreformistas
del Concilio de Trento, los dramaturgos fueron
intensificando sus contenidos doctrinales y alegóricos hasta
que autores como Pedro
Calderón de la Barca les dieron su forma definitiva en
el siglo XVII.
En su forma clásica, el auto sacramental desarrolla una
auténtica psicomaquia entre personajes simbólicos que
encarnan conceptos abstractos o sentimientos humanos en medio de un lujoso
aparato escenográfico para desarrollar una idea alegórica de carácter
teológico.
A pesar de que la
exaltación de la Eucaristía era el tema central, otros motivos enriquecieron
también la nómina de los autos, la Sagrada Cena, vidas de santos, episodios del
Antiguo Testamento, parábolas evangélicas, sucesos históricos, incluso asuntos
sacados de la Mitología.
Hubo un gran debate en la España de la Ilustración, en
realidad una sección de un debate mayor sobre la reforma del teatro, acerca de
la conveniencia o no de los autos sacramentales; los ilustrados después de dos
siglos de lucha obtuvieron un gran triunfo con su prohibición.
La Ilustración más
activa del siglo XVIII los combatió y no paró hasta acabar con ellos.
En el S. XVIII Carlos III prohíbe las representaciones teatrales de los autos
sacramentales en un edicto promulgado en 1765.
En el ataque contra los autos sacramentales se distinguieron
especialmente los ilustrados José
Clavijo y Fajardo y Nicolás Fernández de Moratín, protegidos por el conde de Aranda; entre quienes los defendían
estaban Francisco Mariano Nifo y
el casticista aragonés Juan
Cristóbal Romea y Tapia.
A pesar de ello, algunos autores modernos, en particular los
de la Generación del 27 y posteriores, han intentado
revitalizar y resucitar el género, a veces desacralizándolo: Rafael Alberti, con El hombre deshabitado y Miguel Hernández, con Quién
te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras,
escribieron autos sacramentales y más modernamente, Gonzalo Torrente Ballester.
4.2 El auto sacramental de Calderón de la Barca “El
gran teatro del mundo
El gran teatro del mundo es un auto sacramental del dramaturgo español del siglo XVII Pedro Calderón de la Barca. Pertenece al género dramático.
Fue representado por primera vez en la fiesta del Corpus de Valencia en
1641, y puede que hubiera sido escrito en la década de 1630.
Es el auto sacramental más
famoso de Calderón.
El Autor del drama que es Dios explica al Mundo la labor de
su Creación y los fundamentos teológicos de la misma. La obra comienza con una introducción en la que el
Autor conversa con el Mundo para proponerle una comedia del hombre, haciendo un
prólogo de lo que va a ser la obra. A medida que los personajes van
apareciendo, reciben su papel. Luego, el Autor preside desde su globo terrestre
la representación, realzando a cada paso la importancia y trascendencia de los
actos mediante el estribillo “haz el bien, que Dios es Dios”, repetido por la
Ley. A continuación, el Mundo, que también hace las veces de la Muerte, va
quitando los papeles al Rey, la Hermosura, la Discreción, el Rico, el Pobre, el
Labrador y se describen sus sentimientos y emociones de temor o resignación
ante lo inevitable. Finalmente, los personajes se presentan de nuevo ante el
Autor. El globo está abierto y en él está Dios esperando para la cena
eucarística a los personajes que han hecho bien su papel; es decir, han obrado
según valores cristianos y altruistas.
Se trata de una representación de la comedia de la vida,
cuyo título es Obrad bien, que Dios es Dios. Los personajes se
presentan al Mundo, quien les da los trajes para la representación. Parece anticipar la idea que expuso Luigi Pirandello en Seis personajes en busca de autor, y el punto
cuarto parece evocar las Danzas de la Muerte medievales.
El tema del teatro del mundo está relacionado con la
tradición medieval de las danzas de la muerte o danzas macabras. La danza
de la muerte medieval había tenido continuidad en el siglo XVI. Su
construcción dramática parte del final, del momento en que la muerte llega a
cada personaje y se produce el consiguiente juicio divino que premia o castiga,
de verdad y para siempre, la fugaz y ficticia farsa de la vida terrena.
Los personajes son arquetipos representativos de
grupos sociales y carentes de toda individualidad, por lo que el significado de
las piezas, como en Calderón, es social y moral al mismo tiempo. Los
personajes no son tanto personajes históricos sino alegóricos que representaban
ideas desencarnadas, virtudes, vicios, que encerraban conceptos teológicos.
Estos personajes simbólicos eran tratados como de carne y hueso. Era como si
los dogmas eucarísticos se vistieran con ropajes poéticos para que fuera
sencillo de descifrar por la gente común del pueblo.
a. Los protagonistas de la
obra:
El Autor: Representa a Dios, el creador. Conversa con
los personajes y les entrega las directrices para que puedan demostrar su valía
a través de sus actos.
El Mundo: Representa a la creación. Es el Gran
Teatro, el escenario donde se desarrolla la representación de sus personajes.
También actúa como la vida y la muerte. Entrega a cada uno de los personajes
los instrumentos propios del papel que cada uno desempeñará.
La Ley de Gracia: Representa a los mandamientos de
Dios. Es “el apuntador” del Gran Teatro. Repite durante toda la obra su consejo
al resto de actores: “Ama a otro como a ti y obra bien que Dios es Dios”.
El Rey: Es dotado con el poder sobre los hombres,
viste de púrpura y una corona. Es el único que no es una alegoría. Sus
preocupaciones son el dominio sobre los demás y la corona. Al final de la obra
es enviado al purgatorio, pero gracias a la Discreción logra subir a la mesa
del Autor.
La Discreción: Representa a la Religión y la Iglesia.
Es dotado con ayuno y oración, cilicio y disciplina. Se dedica a la oración y a
la penitencia. Naturalmente, es aceptada directamente en la mesa del Autor.
La Hermosura: Representa a la hermosura humana. Es
dotada con un ramillete de cristal, carmín, nieve y grana. Es autorreferente,
presuntuosa e indolente con el sufrimiento de los personajes menos favorecidos.
Es condenada al purgatorio y redimida posteriormente.
El Rico: Representa a la fortuna. Es el favorecido
con las riquezas del mundo. Acepta su rol fácilmente y es uno de los que se
niega a dar limosnas al Pobre. Es el único condenado al infierno.
El Labrador: Representa al trabajo. Es dotado con azadón. Se
auto considera heredero de Adán que tiene que trabajar para obtener su
alimento. Acepta a regañadientes su papel y asume que será un mal actor que no
se esforzará en su papel. Es condenado al purgatorio, pero luego es aceptado en
el cielo.
El Pobre: Representa la pobreza. Se le dota con la
desnudez. Es el personaje menos favorecido de la obra. Cuestiona su papel en la
obra y no se lamenta por la llegada de la muerte. El Autor lo recibe
inmediatamente en la mesa del cielo como premio a la ejecución de de su papel.
El Niño: Representa a la inocencia. Es el personaje
más conflictivo de la obra, pues no llega a nacer. Su papel se desarrolla antes
de que se vuelvan materia y su destino es ir directo a la tumba. Cumple la
función de completar el mito, la teología católica y escolástica que representa
al mundo como esferas concéntricas.
La obra se desarrolla en un solo acto. La situación se
plantea en el prólogo con la conversación del Autor y el Mundo. El nudo
comienza con el reparto de personajes y finaliza con el fin de la obra y la
retirada de los papeles por parte de la Muerte. El desenlace de la obra tiene
lugar cuando los personajes se presentan ante el Autor. En el gran teatro
del mundo, no hay apenas acción, y
se centran, en el mero diálogo de los tipos sociales con un personaje central
que suele ser la muerte o el diablo (no Dios). Terminada la comedia, el Mundo
quita a todos sus trajes. Los personajes se dirigen al Mundo para presentarse
ante el Autor, tras lo cual este convida a los que han representado bien la
obra al banquete eucarístico.
b. El tema central: La vida
como teatro
El tema fundamental que articula este auto de Calderón es el
tópico literario del Theatrum mundi,
el mundo como un teatro donde
cada ser humano representa un papel social. La imagen de la vida humana como un
teatro puede rastrearse desde la Antigüedad en
los filósofos pitagóricos
Como dijo Quevedo: No olvides que es comedia nuestra vida
y teatro de farsa el mundo todo, que muda el aparato por instantes y que todos
en él somos farsantes;
acuérdate que Dios, de esta comedia de argumento tan grande y tan difuso,
es [el] autor que la hizo y la compuso. Al que dio papel breve solo le tocó
hacerle como debe; y, al que se le dio largo, solo el hacerle bien dejó a su
cargo. Si te mandó que hicieses la persona de un pobre o un esclavo, de un rey
o de un tullido,
haz el papel que Dios te ha repartido; pues solo está a tu cuenta hacer con
perfección el personaje en obras, en acciones, en lenguaje; que, al repartir
los dichos y papeles,
la representación, o mucha o poca, solo al autor de la comedia toca.
La vida es una representación, un teatro. Entre los
personajes el pobre trata de excusarse de su papel de mendigo: ¿Porqué tengo
que hacer de pobre? El autor le exhorta: Haz bien tu papel. A los ojos de autor
todos son iguales tanto el pobre como el rey. Con cualquier papel se gana si
haces bien tu papel.
c. La enseñanza de la
gran alegoría
Con la representación del gran teatro del mundo se pretende
desvelar el sentido de la historia, desvelar el sentido de la vida. Pone en
evidencia la fugacidad del tiempo, el sentido de la muerte, el poder, la
miseria, el hambre, la pobreza. La verdad la percibimos primero por los
sentidos pero hemos de ir más allá. Hemos de desconfiar de las apariencias. El
Hombre sensato ha de saber discernir la verdad. Es necesario ser prudente y
después del aparente desengaño alcanzar la verdad sin errar la meta del vivir.
El mundo es una gran comedia puesta en escena donde a cada
cual le toca encarnar un papel y al final de la representación recibirá el
premio (la salvación) o el castigo (la condenación), según haya obrado bien o
mal.
d. Al
final se desvelara la trama
En el momento de la muerte se desvelará la verdad. El autor
hecha mano del “baile de la muerte”. Al final seremos despojados de los ropajes
y veremos con claridad el papel que cada uno haya representado.
La belleza del mundo es fugaz y pasajera. Hemos de saber
gozar con prudencia de todo lo creado como recibido de su autor. Es necesario
tomar la actitud adecuada. Es una ingratitud reprobable que no reconozcamos al
autor de todo lo creado. La belleza del mundo fue creada para que la criatura
aprenda a aspirar y gozar de la vida eterna. En el áspero trascurso de la vida
hemos de aprender a descubrir la verdadera belleza y necesitamos no perder la
perspectiva. Es fácil olvidarse del Creador para ver las criaturas sin memoria
del Creador. Fuimos creados para contemplar la celestial hermosura que se
encierra en el Santísimo Sacramento.
e. La
exaltación del Santísimo Sacramento
El auto sacramental exalta el Santísimo Sacramento, el Santo
Viático, alivio para los viandantes. En el cielo nos espera el banquete
eucarístico eterno al que accederán los invitados que han sabido representar su
papel decorosamente. Importa tener buen tino. Importa los que han de llegar a
cenar en mi compañía. Quedaran sin asiento los que despilfarraron su vida en
placeres mezquinos y subirán a cenar conmigo los que en la vida pasaron penas y
congojas.
4.e Reminiscencias aún latentes en la actualidad
Aunque los autos sacramentales fueron prohibidos aún quedan
reminiscencias de estas representaciones sacras. Queremos señalar algunas de la
Provincia de Salamanca.
En la Alberca recogiendo una antigua tradición, tiene lugar
la representación de la Pasión viviente. Es una representación teatral
muy emotiva de la Pasión de Cristo que tiene lugar cada Jueves Santo por la
tarde-noche en el atrio de la Iglesia. La representación es muy participativa
por las personas del lugar, en la representación actúan más de cien vecinos.
En Bejar y Candelario el Sábado Santo o de Pasión se
representa el auto de la Pasión según una tradición que se remonta al S.
XV.
5. La religiosidad elitista y la religiosidad popular
La religiosidad cristiana, tiene y ha tenido a lo largo de
su historia dos puntos de apoyo o, mejor, dos desarrollos o manifestaciones
diferentes. Por una parte, una religiosidad elitista, interior,
profunda, escondida, intelectual, sabia, para los intelectuales, para los
sabios; y por otra: una religiosidad popular, sencilla, más o menos
interior pero siempre exterior, social, concretada en gestos, en palabras, en
acciones accesibles, inteligibles, naturales, aunque, en algunas ocasiones,
dentro también de esa naturalidad que, por definición tiene lo religioso, que
se acerca a lo mágico, y siempre para el pueblo común.
Las manifestaciones elitistas proceden, en general,
de los intelectuales, de los pensadores que encuentran, por fin, el modo de
formular los misterios que encierra el cristianismo, las verdades que el
cristiano debe creer y aceptar.
Las manifestaciones populares vienen del pueblo, de
la masa creyente que percibe como algo natural el modo sencillo y adecuado, en
consonancia con su capacidad intelectual.
Para formular aquellas verdades o creencias se han buscado
expresiones y fórmulas lingüísticas, ritos, devociones, imágenes, hechos
sencillos y concretos que le resulten más cercanos e inteligibles y que son los
que el pueblo usa y a través de los cuales manifiesta su fe y sus creencias.
Unas y otras son necesarias, se compenetran, se necesitan
para lograr una expresión completa y definitiva de la religiosidad cristiana.
5.1 La religiosidad popular y la devoción pasional
La influencia en este campo devocional y popular se plasma
sobre todo en San Francisco de Asís. El descubre al Jesús hombre, verdadero hombre,
semejante en todo a los hombres menos en el pecado, que nace como los hombres,
que sufre y que muere como los hombres y que puede ser condenado como un hombre
más a una muerte ignominiosa, en la cruz, y morir entre atroces tormentos.
Sencillamente, el descubrimiento de Jesús, verdadero y
auténtico hombre, permitió que comenzara y se desarrollara una devoción a la
auténtica Pasión y Muerte de Jesús, pasión y muerte dolorosa, dolorosísima.
La presencia de esta devoción a la Pasión y Muerte de Jesús;
devoción a la Cruz donde Jesús ha muerto; devoción a la Sangre derramada por
Jesús durante su Pasión, se difundió en diferentes autores y místicos durante
los siglos XIII al XVI, no sólo pertenecientes a la escuela franciscana, sino
también a otras escuelas.
Junto a la devoción a la Pasión en general, van
apareciendo otras devociones puntuales dentro de la Pasión: la devoción a la
Vera Cruz, ya no victoriosa, sino pasional, no donde Jesús ha triunfado y
vendrá al final de los tiempos, sino pasional,
donde Jesús ha sufrido acerba pasión y muerte; la devoción a las “Cinco
Llagas”; la devoción a la “Sangre de Cristo” especialmente derramada durante su
Pasión: la devoción y consideración de las “Siete Palabras” pronunciadas por
Jesús en la Cruz; la devoción a la “Corona de Espinas”; la devoción del “Vía
Crucis”.
5.2 las procesiones penitenciales y la mística popular
Como manifestación más llamativa de esta corriente popular franciscana
hay que colocar la aparición en la calle, en el primer cuarto del siglo XVI de
las Hermandades de Pasión o de Semana Santa, que fundadas en la segunda mitad
del siglo XV no estarán en la calle celebrando la procesión hasta los años
veinte del citado siglo.
Los conventos franciscanos florecieron por doquier; lo mismo
podríamos decir de las otras órdenes religiosas: dominicos, mercedarios,
trinitarios, capuchinos, carmelitas... Toda la geografía patria era un campo
abonado para el auge de estas asociaciones laicales –
pasionales que tratan de desarrollar en torno a las procesiones
penitenciales toda una mística popular.
En torno a estos conventos de órdenes religiosas, estos
grupos de fieles que comparten el espíritu penitencial de los religiosos, no
dudan en echarse a la calle y con el testimonio de su estación de penitencia,
vivida y sentida, catequizar y evangelizar a quienes les contemplaban.
5.3 Valoración de la religiosidad popular
En los años pre-conciliares, en una reflexión dominada por teólogos
y misioneros de otros continentes la tendencia fue de ver en la religiosidad
popular un tipo de superstición, o sincretismo y a veces considerarla como algo
que era un obstáculo en el desarrollo socio-económico del pueblo. Esta visión
fue muy común y el énfasis se hizo en promover una pastoral de élites, creyendo
así poder influenciar la sociedad desde arriba y superar las estructuras más
injustas. Así, la religiosidad popular no estaba en el enfoque pastoral de la
época. De hecho el Concilio Vaticano II casi no trata sobre el tema e incluso
no menciona las palabras “religiosidad popular”, “piedad popular”, u
otras expresiones que son usadas para este fenómeno. Todas las formas de expresión religiosa y no
sólo la expresión popular de los pobres, necesitan un proceso de conversión o
purificación ya que en “el fenómeno religioso existen motivaciones distintas
que, por ser humanas, son mixtas…” (6,4). Pero la tendencia ha sido de usar la
palabra “purificar” mayormente en referencia a la religiosidad popular.
En Aparecida (CELAM) se ve un aprecio mucho más
profundo y que casi desaparece la palabra “purificar”. En un número está usado,
pero con una explicación que casi rechaza la forma como fue interpretada la palabra
en los otros documentos:
“Cuando afirmamos que hay que evangelizarla o
purificarla, no queremos decir que esté privada de riqueza evangélica. Simplemente
deseamos que todos los miembros del pueblo fiel, reconociendo el testimonio de
María, traten de imitarla cada día más. Así procurarán un contacto más directo
con la Biblia y una mayor participación en los sacramentos” (No. 262). Para
subrayar este aprecio, el siguiente número dice: “No podemos devaluar la espiritualidad
popular, o considerarla un modo secundario de la vida cristiana, porque sería
olvidar el primado de la acción del Espíritu y la iniciativa gratuita del amor
de Dios..... Es también una expresión de sabiduría sobrenatural...”.
El documento de Aparecida sobre la religiosidad
popular es la cumbre de un desarrollo de la reflexión sobre este tema, fruto de
un proceso de madurez teológica y pastoral. Aparecida
se centra más en los aspectos positivos de estas expresiones de fe popular.
Tanto el tono, como el contenido del documento de Aparecida muestran la
creciente madurez de reflexión sobre las formas culturales de fe que se
expresan en la religiosidad popular.
El Papa Francisco en su encíclica programática Evangelio Gadium expresa que la
religiosidad popular es una perla preciosa de manifestación popular y que
podemos hablar no solo de una devoción popular o una reigiosidad popular
sino de una espiritualidad y mística popular.
Conclusión
Después de este análisis no
podemos negar el valor de las procesiones penitenciales de la Semana Santa en
cuento a la rica manifestación de la piedad popular y la transmisión de la fe
del pueblo. Seguro que como en cualquier acción humana ha habido distorsiones y
excesos. Seguro que se pueden mezclar distintos factores y distintas
motivaciones pero no cabe duda que son expresión de un rico patrimonio de fe
tradición y cultura de nuestro pueblo.
Para algunos las procesiones pueden
considerarlas un puro teatro, no están descaminados. Se trata de averiguar cuál
es nuestro papel y cómo nos comportamos. Alguno decía que la vida es como un
tapiz que ahora solo vemos por detrás, una baraúnda de nudos y entresijos que a
veces somos incapaces de descifrar. Al final de la vida veremos el tapiz por
delante, tal cual es. Calderón de la Barca en su auto el gran teatro del mundo
consideraba así la vida. Se trata de obrar bien y desarrollar bien nuestro
papel.
Calderón de la Barca en su
célebre auto sacramental “el gran teatro del mundo” representa la vida
como un teatro y como describe Quevedo: No olvides que es comedia nuestra
vida y teatro de farsa el mundo todo, que muda el aparato por instantes y que
todos en él somos farsantes; acuérdate que Dios, de esta comedia de argumento
tan grande y tan difuso, es el autor que la hizo y la compuso.
Las procesiones son parte de esta
representación teatral. Se trata de descubrir tu papel y hacer a la perfección
el papel que Dios te ha atribuido. Todo gira en torno al personaje central
Cristo que desenmascara nuestras máscaras (como las que se ponían los
personajes de la tragicomedia griega). Cristo es la imagen a seguir si quieres
lograr la finalidad para la que fuimos creados.
Las procesiones son una forma de
inculturar la fe del pueblo. La transmisión de la fe a través de la
religiosidad popular del Pueblo que conlleva las procesiones de Semana Santa es
uno de los medios más interesantes de la evangelización, es lo que se ha venido
a llamar la “predicación muda”. Quien tenga ojos para ver que vea y oídos para
oír oiga la tonada de los tambores y trompetas que junto al canto de las saetas
dan a conocer quien es el que pasea por las calles de la Semana Santa.
A través de la imaginería
procesional se intenta que los fieles se familiaricen con el evangelio y sus
pasajes bíblicos. Por eso el Concilio de Trento defendió el principio
genuinamente católico de que en la medida de lo posible hay que aceptar los
usos y las costumbres tradicionales de los pueblos y, en vez de eliminarlos,
llenarlos de espíritu cristiano. Como dice San Gregorio Magno: “no se les
puede quitar nada a los incultos. Quien quiere alcanzar la cota más elevada,
sube paso a paso, no de una vez”. San Gregorio enderezó la misión por el
único camino fructífero que para bien de la cristiandad jamás debió ser
abandonado.
San Gregorio Magno, como un
auténtico pastor y conductor de hombres valoró la devoción popular a las
reliquias e imágenes pues sabía muy bien que no se podía lograr una
transformación interior de la noche a la mañana, y que más que emplear métodos
coercitivos o imperativos, empleando la imposición o la fuerza, a través de la
piedad y sensibilidad más emotiva se podía acceder a una conversión más
profunda de todo un pueblo.
El tesoro de la fe no pude quedar
recluido a los estratos privilegiados de una élite del clero. El misterio de
nuestra fe debe ser presentado solo a
través de complicados raciocinios. El pueblo más que complicados dogmas de
difícil comprensión es sensible al lenguaje del corazón, pues como decía Pascal
el corazón tiene razones que la razón no entiende.
La participación en una procesión
significa un acto de culto, adoración y homenaje, un reconocimiento
público a Jesús o veneración a la Virgen y a los santos que son portados en
andas. Quien quiera encontrarse con Cristo y dar con su mirada que se deje
llevar por la ola de Nazarenos que acompañan el paso que se balancea al compás
de los costaleros y eleve su mirada desnuda ante Jesús el Nazareno.
































