martes, 17 de marzo de 2026

ORIGEN Y SIGNIFICADO DE LAS PROCESIONES DE SEMANA SANTA

 

ORIGEN Y SIGNIFICADO DE

LAS PROCESIONES DE LA SEMANA SANTA




Introducción

Hemos empezado el año (litúrgico) con la celebración de la Navidad y nos preparamos en esta Cuaresma para celebrar el gran acontecimiento de nuestra fe: La Pascua: pasión, muerte y resurrección del Señor. Estamos a las puertas de la Semana Santa donde pareciera que la vivencia de nuestras ciudades se transforma al compás de las procesiones que se llevan a cabo por sus calles. Las iglesias abren sus puertas para que sus tesoros, salgan afuera. Las procesiones de la Semana Santa son una manifestación pública de la fe del Pueblo de Dios. Las imágenes que forman parte de sus altares pasan, llevadas por los cofrades, a fundirse en las calles y las plazas con el fervor de los fieles

Queremos con este trabajo indagar sobre el origen y significado de las procesiones de Semana Santa. Las procesiones no son un elemento aislado y han de ser analizadas en su conjunto, unidas a la piedad popular, el Vía Crucis, las representaciones teatrales, teatro sacro, los autos sacramentales, el surgimiento de las cofradías y hermandades.

A veces resulta controvertido datar o cifrar el comienzo de algunas manifestaciones o comportamientos tradicionales adoptados a nivel como colectivo. Las procesiones se trata de algo dinámico que ha tenido distintas modificaciones. Las procesiones de Semana Santa son ante todo una manifestación de fe, pero también patrimonio cultural y religioso. En el origen de la Semana Santa existe un motivo penitencial, los penitentes procesionan los pasos para limpiar sus pecados y mover al arrepentimiento. Las luces que portan los cofrades muestran que caminan hacia la luz que es Cristo. Siendo un acto público de fe, es una de las más sublimes manifestaciones externas y públicas con las que se pide mejorar y cambiar la vida siguiendo los pasos de Cristo.

La manifestación privada de la fe pasa a ser pública y las calles se convierten en una Iglesia. De ahí el engalanamiento de las casas, el adorno de los balcones y el silencio que recorre cada uno de los rincones de la Semana Santa.

Aunque no podemos valorar la forma de acercamiento a las tradiciones populares y es entendible los desvíos de convertir las procesiones en un mero espectáculo para algunos, no podemos por ello negar que las procesiones son una herencia y un elemento esencial de la piedad popular.

El pueblo fiel al hacer cultura propia su fe, en las peculiares formas de piedad popular, es un agente colectivo de evangelización que actualiza y renueva la transmisión de la fe en las sucesivas situaciones de su historia. Cada porción del Pueblo de Dios ha expresado en el acontecer de su vida y cultura la fe recibida y la ha enriquecido con múltiples manifestaciones. Esta piedad popular encierra una expresión verdadera de la acción misionera espontánea del Pueblo de Dios.

No podemos quedarnos en puras tradiciones del pasado, se trata de una realidad en permanente desarrollo, donde el Espíritu Santo es el agente principal. En este mundo tan secularizado y desacralizado, donde pareciera que la gente ha perdido sus raíces y su fe, la piedad popular refleja una sed de Dios que solamente la gente creyente y sencilla sabe descubrir. Por ello en la piedad popular subyace una fuerza activamente evangelizadora que estamos llamados a alentar y fortalecer para continuar haciendo cultura cotidiana la fe del Evangelio.

Las procesiones de Semana Santa nos ofrecen a todos la ocasión propicia para acercarnos al misterio de nuestra fe y experimentar el amor redentor de nuestro Salvador. La Semana Santa es la expresión máxima del amor que lleva al Hijo de Dios a dar su vida por los hombres. Se trata de una ocasión privilegiada, de una invitación a dar con su mirada a través de los pasos y abrir el corazón.

Dado que soy salmantino y de que guardo muchos recuerdos de mi tierra natal he querido recoger elementos de la Semana Santa en Salamanca que cuenta con 17 Cofradías, Congregaciones y Hermandades que organizan 23 procesiones y que fue declarada de interés turístico internacional en el 2003.

 


1. El origen de las procesiones

Las tradicionales procesiones que vemos en Semana Santa tienen su origen en las procesiones que, desde la antigüedad, se realizaban en todos los pueblos y religiones. Las procesiones se llevan a cabo en la mayoría de las grandes religioneshinduismosintoísmoislamcatolicismo.

Los judíos ya realizaban procesiones en Pascua, Pentecostés y las Fiestas de los Tabernáculos, y los primeros cristianos se reunían para llevar los cuerpos de los mártires hasta el Sepulcro.

El fomento de la imagineria sufrió toda la controversia iconoclasta. Uno de los primeros problemas planteados por el cristianismo popular fue el del culto a las imágenes. En sus comienzos el cristianismo careció de todo tipo de imágenes, ni siquiera de la misma cruz.

Fue Santa Elena, madre de Constantino quién en el año 336 encontró la verdadera Cruz de Cristo y de allí arranca el culto y la representación de la “Verdadera (vera) Cruz” y sus reliquias. Desde el siglo VI, el obispo, a medida que el número de bautizados aumentó, delegó en los sacerdotes la obligación de predicar y les pidió que se inspirasen en los sermones predicados por los “Santos Padres”.

 


1.1  Análisis histórico

Haciendo un análisis histórico sobre las primitivas civilizaciones, nos encontramos con que existen muchos anhelos y sentimientos personales que se han querido representar y manifestar en un llamado arte colectivo. Su objeto era el de divulgar un determinado mensaje que respondiese armónicamente a la transmisión de los buenos valores como identificadores de lo bello, lo correcto y lo verdadero. Ya en las sociedades paganas estaba establecido este concepto. Desde aquí es posible que se haya retomado por el arte romano y paleocristiano, dando así cauce a la necesidad comunicativa del propio sentimiento religioso del hombre.

A propósito del carácter procesional, que sin duda alguna alcanza un realce del tono ritualista y testimonial de nuestra suntuosa Semana Santa, la problemática planteada se centra en resolver cómo y cuándo surgió por primera vez y su alcance, relevancia y valoración en el momento presente.

 


1.2  La tradición pagana

Los desfiles procesionales han ocupado un lugar preponderante en la historia de los ritos religiosos populares, tanto desde el punto de vista de la devoción como porque constituían una pieza importante y esencial de la fiesta. Aunque arrancan de una tradición pagana se remontan dentro del cristianismo a los primeros siglos de su existencia.

Las procesiones de Semana Santa, tienen una gran similitud con las celebraciones de los triunfos romanos y es posible que, tras el Renacimiento y el Barroco, algunas de estas ornamentaciones de triunfo más suntuosas se fueran incorporando al ritual procesional.

En el mundo pagano las procesiones previas al cristianismo se llamaban “pompas”, un término griego para designar marchas con carrozas, coros, músicos o bailarines, para honrar a los dioses. En sus comienzos, se llamaban pompas y no procesiones. Es el nombre griego que se asignaba a los cortejos o comitivas en las que tomaban parte carrozas, coros, músicos, danzantes, etc., para realzar las festividades en honor a sus dioses paganos. Recordemos también que en la liturgia del Sacramento del Bautismo, se exigía al bautizado la renuncia previa de las “Pompas de Satanás”. Este vocablo griego, que significa “envío, desfile, escolta, procesión” pasó luego al latín pompa, también asignado al cortejo o procesión. En definitiva, era el acompañamiento suntuoso, numeroso y de gran aparato que se hacía en una función, más tarde incluso fúnebre, no sólo de regocijo.

Los paganos tenían sus pompas para honrar a sus dioses con coros y música. La iglesia les infunde su propio estilo que se teoriza que recibe una influencia inicial del ámbito militar del Imperio Romano. Argumentan que el estandarte de la legión romana que abría sus desfiles vendría a ser sustituido por la cruz que encabeza las procesiones como símbolo victorioso de Cristo. Se puede sospechar con fundamento que la procesión cristiana recoge la tradición de los desfiles militares romanos, tan habituales en el Imperio, bajo un barniz piadoso. 

 


1.3  La tradición veterotestamentaria

Las procesiones religiosas que conocemos, como tales, tienen un origen bíblico que los cristianos heredarían muy tarde. El pueblo israelita se mantuvo peregrino, en procesión por el desierto, durante cuarenta años antes de entrar en la tierra prometida. El pueblo llevaba el arca en andas como signo de la presencia de Dios con ellos. Recordamos también como Dios mismo ordenó a Josué la organización de las siete grandes procesiones alrededor de las murallas de Jericó. Durante el ciclo litúrgico el pueblo de Israel organizaba peregrinaciones a Jerusalén durante las fiestas de la Pesaj (fiesta de la Pascua), Shavuot (fiesta de las Tiendas o las cabañas) y Sucot (fiesta de los Tabernáculos) conmemorando los momentos más significativos de la Pascua y la liberación judía.

 


 

1.3 El significado propio en el mundo cristiano

 La palabra processio” era referido a marcha, en un sentido militarista. Pero, ¿cuál era su verdadero propósito? Pues dado que los cristianos eran masacrados, esta suerte de manifestaciones surgió de la admiración por los primeros mártires, como un homenaje, mediante el traslado de sus reliquias de un lugar a otro, con peregrinaciones clandestinas en cualquier época del año. Como símbolo del martirio definitivo, no podía haber otro que el muerto en la cruz, por lo que pronto se adoptó la figura de Jesucristo como estandarte sustitutivo del águila romana dorada.

Con el tiempo, la Iglesia iría filtrando y depurando las reminiscencias paganas de los actos hasta adoptar un estilo “militarista”. Así, en el comienzo de la legión romana, siempre figuró el estandarte o enseña respectiva, como un águila imperial, más tarde sustituida en el Cristianismo por la Cruz como símbolo victorioso de “Cristo, Vencedor de la muerte”. Son magníficas las cruces altas y estandartes que abren nuestras preciosas procesiones.

La Iglesia fue depurando cualquier reminiscencia pagana y adoptó un estilo más militar, probablemente por influencia romana. Este “militarismo” se irá cristianizando a lo largo del tiempo. Dentro de las Cofradías todavía se conservan reminiscencias de esta especie de “milicia espiritual”. La vinculación del estamento militar a las cofradías penitenciales es paralelo al mismo sentido procesional, incorporado en las filas de nazarenos que acompañan a los tronos en sus itinerarios. 



a. Primeros siglos del cristianismo

En el evangelio se describe al propio Jesucristo entrando en procesión, rodeado de multitud de seguidores, en Jerusalén. Así el origen cristiano más remoto se remonta a la entrada de Jesús en Jerusalén. De ahí el nombre a la “procesión del Domingo de Ramos" rememorando la entrada de Jesús en Jerusalén a lomos de una borriquita recibido con alabanzas hechas con ramas (de olivo y de palmera) por los jerosolamitas y los apóstoles.

Al principio las procesiones estaban asociadas a las procesiones de las exquias de los mártires. Pronto proliferaron as reliquias repartidas por toda Europa: fragmentos de la cruz, verónicas, espinas de la corona, santos cálices… y hasta la lanza con la que Longino atravesó el costado de Jesús cuando se encontraba clavado en el Gólgota.

En los primeros siglos de la iglesia, aparecen algunas procesiones clandestinas, puesto que en sus inicios el cristianismo era muy perseguido. Estas procesiones se organizaban de manera furtiva, por las persecuciones a las que se veían expuestos. Consistían en el traslado de reliquias y de los restos de los mártires mediante peregrinaciones. Pronto, aparecerían las primeras formas organizadas, para mantener y establecer las procesiones con una periodicidad y asociarlas a zonas geográficas que tendrían como campamento base las tumbas de los mártires a los que se quería rendir culto. Más tarde resurgiría la admiración por aquellos mártires a los que se rendiría cristiano homenaje. Así, se comenzaron a los traslados solemnes de sus reliquias de un lugar a otro, motivo de grandes peregrinaciones y acompañamientos a lugares privilegiados.

A partir del siglo V se empezaron a crear estos núcleos, que tomarían su forma definitiva siglos más tarde. Con funciones principales como la apoyarse mutuamente frente a enfermedades y muertes y tratar de experimentar la Pasión de Cristo en sus carnes o lo que es conocido como la Penitencia. Por ello, hay un fuerte componente teatral cuando llegaba el momento de salir a la calle. Pero, había que sentir el verdadero dolor de Cristo, por lo que no había mejor manera de plantearlo que con la autoflagelación. Obviamente, aún no había cofradías ni atuendos especiales sino que se celebraban en secreto, en los claustros, y no empezaron a salir a la calle hasta el siglo X, de forma muy progresiva.

A finales del siglo XIII llegan a España las cofradías de los franciscanos y los dominicos, congregaciones de flagelantes que no llevaban imágenes, salvo alguna cruz, y a veces algún crucificado.

"El Via Crucis” aparece como una práctica que introdujeron los franciscanos en Jerusalén para salvaguardar los pasos de Jesús al Calvario. Se fomentaba así que los peregrinos recorrieran la Vía Santa o Vía Dolorosa de Jerusalén, acompañando a Cristo con la cruz.

La iglesia asimiló esta tradición, que sería más adelante el germen de la procesiones penitenciales tratando de reproducir con imágenes las estaciones e incorporal el sentido procesional.

También la procesión constituía una solemne manifestación o rogativa que hace o hacía el pueblo, bien por voto particular o colectivo, bajo la dirección del clero, desfilando ordenadamente de lugar sagrado a lugar sagrado para excitar la piedad de los fieles, para conmemorar los beneficios de Dios y de sus santos y darles gracias por el favor recibido o para implorar el auxilio divino ante una calamidad.



 

b. En la Edad Media. Difusión procesión del Corpus y del Via Crucis.

Son varias las conjeturas que se han formulado a través de los últimos tiempos. Se ha dicho que, para hallar el origen de este solemne espectáculo hay que situarse en los albores de la Baja Edad Media.

Es recién en los siglos X y XI, cuando empiezan a darse de manera pública. Si bien podría hablarse de unas primeras asociaciones que se agrupan con estos fines que se remontan a los siglos V y VI, las primeras cofradías van ganando fuerza en el siglo VIII, y van a desarrollarse a partir del S. XI. En principio tienen un origen nobiliario y otras creadas por los esclavos negros procedentes de las colonias como medio para asistir a los enfermos de epidemias del cólera o la Peste Negra.

La religiosidad benedictina-cluniacense del primer milenio marcaría nuevos derroteros, sin obviar que sobre ella actuarían otras fuerzas: personas, instituciones, movimientos eclesiásticos y religiosos, las Cruzadas, las nuevas órdenes religiosas: el Cister, San Bernardo, los canónigos regulares, y otros diferentes hechos. La aparición de las órdenes mendicantes serán las que contacten más con el pueblo de una manera más sencilla y elocuente, conectando más vivamente con la religiosidad popular.

Las procesiones del “Corpus Christi” eran consideradas solemnes y comienzan a celebrarse desde el siglo XIV, aunque la festividad fuese instituida en 1264. Con ello se pretendía honrar al sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo para avivar la piedad de los fieles, a la vez que para conmemorar un milagro eucarístico.

Recordemos la macabra escenificación de la “Procesión de la Sangre” por las calles que acompañaba al venerado y “Santísimo Cristo bajo la advocación cristológica de la humildad y la paciencia de nuestro Señor.

Durante toda la Edad Media el tráfico de reliquias fue muy intenso. Muchas eran simples copias de las que los peregrinos traían de sus viajes a Tierra Santa, pero, falsas o verdaderas, el hecho es que la presencia de estas reliquias unida a las cofradías de penitentes dio lugar al germen de lo que hoy entendemos como procesiones de Semana Santa.

A partir de finales del siglo XVI esas cofradías de penitentes, que ya existían y salían en procesión durante el Viernes Santo, empezaron a encargar imágenes con escenas de la Pasión para hacer estación de penitencia junto a ellas. Primero sólo en los días del Triduo Pascual, luego ya toda la Semana Santa. Las procesiones de los siglos XV y XVI eran muy sobrias y salían solo durante la madrugada del jueves al Viernes Santo, es decir, la famosa madrugá, momento cumbre de la Semana Santa.

Si bien hasta el siglo XIII, el sentimiento religioso de los primeros tiempos de la cristiandad se reflejaba en el sacrificio de la Cruz, la bondad, la dulzura y el amor, en los siglos XIV y XV, aparece en la Pasión de Cristo, un sentimiento fundamentalmente patético y en ocasiones muy macabro. A pesar de las modificaciones introducidas en períodos recientes, el sentido procesional responde al carácter tradicional manifestado en la propia colectividad humana hasta conseguir su auténtica significación en las incorporaciones introducidas por la Cristiandad.

Las procesiones penitenciales de Semana Santa tienen su origen en el deseo de la población cristiana de imitar la pasión de Cristo y podrían tener como antecedente el fomento de la práctica del rezo del Vía Crucis siguiendo las estaciones de la Pasión.  El Vía Crucis no es otra cosa que una imitación de lo que los peregrinos hacían en la Vía Santa o Vía Dolorosa de Jerusalén, que era acompañar a Cristo con la cruz.

El Vía Crucis, que es la forma básica de cualquier estación de penitencia, apareció a mediados del siglo XV en el sur de España. Un fraile dominico, el Beato Álvaro de Córdoba, peregrinó a Tierra Santa donde observó que los franciscanos procesionaban entre rezos por el camino que recorrió Jesús con la cruz a la espalda. Al Beato se le ocurrió hacer lo mismo en el convento de la orden. No tardaría en salir de los muros del monasterio. El Vía Crucis tenía la ventaja de suministrar los mismos efectos penitenciales y salvíficos sin importar donde se practicase. Por eso, a lo largo del siglo XVI, fue extendiéndose por toda Europa. El Papa no tardó en verlo y concedió las indulgencias obtenidas por peregrinar a Tierra Santa a todos los que realizasen el Vía Crucis en las iglesias franciscanas de cualquier parte del mundo.



 

c. El auge de las procesiones penitenciales

Refiriéndonos concretamente a la Semana Santa, como acto penitencial, ésta comienza a tener importancia a partir del siglo XV, adquiriendo mayor espectacularidad después de la Contrarreforma, pues tales procesiones, suponían a un tiempo una disciplina ascética y pública y una especie de teatro sacro para el que se recogían limosnas a lo largo del recorrido.

El origen de estos desfiles se sitúa en el teatro religioso. En la Edad Media se realizaban en las iglesias y en los pórticos los autos de la Pasión, que eran escenificaciones que formaban parte de los oficios litúrgicos. Estas obras se fueron transformando paulatinamente y sustituyendo a los actores por imágenes, de manera que esas escenas de la Pasión se convirtieron en figuras de madera y tela.

Las procesiones se remontan al siglo XVI, donde los peregrinos realizaban un Via Crucis para imitar el dolor de Cristo en la cruz. Con el propósito de experimentar el dolor de Cristo, los católicos empezaron a salir a las calles con imágenes de Cristo en la cruz, en procesión durante la Pascua para representar lo vivido por Jesucristo en los últimos días de su vida. El inicio de esta práctica coincide en el tiempo con en el inicio de la Reforma impulsada por el clérigo alemán Martín Lutero en 1517, que generó a la división política, social y religiosa en Europa y terminó con el nacimiento de numerosas iglesias conocidas como Protestantes, en el que se engloban distintas maneras de entender el Cristianismo.

El inicio de estos desfiles data del siglo XVI, pero el asentamiento de las procesiones se dio en un siglo más tarde, coincidiendo con la Contrarreforma. Por aquel entonces, la iglesia comenzó a verse amenazada por la reforma de Martín Lutero y pidió a los creyentes manifestar su fe. Las cofradías y hermandades, que surgieron en el siglo XV, también promocionaron la celebración de estas procesiones. Si bien es cierto, que las escenificaciones han sufrido cambios a lo largo de la historia.

La llegada de la Semana Santa se caracteriza, principalmente, por las celebraciones religiosas y procesiones que llenan las calles de nuestras ciudades durante los siete días de la Semana Santa. El denominador común de estas festividades religiosas son los desfiles de fieles junto a santos, vírgenes y cristos.

El origen de estos desfiles hay que situarlos dentro del auge del teatro religioso: "En la Edad Media se realizaban en las iglesias y en los pórticos los autos de la Pasión, que eran escenificaciones que formaban parte de los oficios litúrgicos". Estas obras se fueron transformando paulatinamente y sustituyendo a los actores por imágenes, de manera que esas escenas de la Pasión se convirtieron en figuras de madera y tela.

Además, las procesiones tienen su origen en el deseo de la población cristiana de imitar la pasión de Cristo. En los siglos XIV y XV, la aparición y difusión de las órdenes mendicantes supuso un cambio en la vivencia religiosa de los fieles, pues estas órdenes pretendían un acercamiento de lo sagrado al pueblo, y el adoctrinamiento y enseñanza de este en los misterios de la fe. De ahí que las imágenes religiosas se multiplicaran a partir de entonces y surgieran representaciones teatrales de carácter religioso, con brillantes textos poéticos (los autos sacramentales). En este tipo de representaciones se mezcla lo profano con lo sagrado, y las imágenes sagradas salen al exterior de los templos.

Es a raíz del Concilio de Trento cuando las procesiones adquieren una enorme importancia, cuando la Iglesia católica ve en este tipo de actos un poderoso instrumento de evangelización y persuasión. Todo ello en un marco donde el impacto visual de la imagen era más efectivo que la lectura de relatos bíblicos (a cuya lectura en latín no podía acceder el vulgo), que, por otra parte, era limitado, debido a las altas cotas de analfabetismo y que estaba prohibido traducir los textos sagrados del latín.



 

d. El Siglo de Oro. El Concilio de Trento. Fomento de la religiosidad popular

La Iglesia comenzaba a sufrir fractura, consecuencia de enfrentamiento de la contrarreforma protestante. A finales de octubre de 1517 Lutero comenzaba su andadura de ruptura. Solo 28 años después fue cuando la Iglesia Católica, viendo agotados todos los cauces de entendimiento, vive la ruptura dolorosa y convocando un concilio trata de reafirmarse en lo que considera que como sana doctrina ha de mantener por encima de todo.

La celebración del Concilio de Trento (1545-1564) fue la respuesta a la ansiada renovación interior de la Iglesia y a la ruptura que habían causado los protestantes al separarse definitivamente del tronco común.

Entre sus enseñanzas más importantes cabe destacar la doctrina sobre la justificación, la práctica sacramental y la reforma de la Iglesia. Sus cánones fueron publicados en España por Felipe II en una Real Cédula de 12 de julio de 1564. Algunos de ellos tendrán una influencia capital en el desarrollo de nuestras hermandades de pasión. En cuanto a la justificación: Ante la postura mantenida por Lutero y los protestantes que: “El hombre se justifica, se salva, solo por la fe, sin necesidad de sus buenas o malas obras, pues la misericordia y los méritos de Cristo actuarían como bálsamo que encubrirían ante los ojos del Juez Supremo la miseria humana”.

El Concilio, vino a decir: “Las buenas obras son necesarias para la salvación; Cuando el hombre peca, tiene la posibilidad de reconciliarse con Dios y consigo mismo a través del sacramento de la Penitencia; además: el hombre puede expiar sus culpas a través de la mortificación corporal, la oración y la limosna”.

Y con respecto al culto de las imágenes, ante la postura del protestantismo que lo rechaza; el Concilio afirma en sus sesiones de 3 y 4 de diciembre de 1563 que: “Deben tenerse y conservarse, señaladamente en los templos, las imágenes de Cristo, de la Virgen Madre de Dios y de los Santos y tributarle el debido honor y veneración”. “... Enseñen también diligentemente los obispos, que por medio de las historias de los misterios de nuestra Redención, representadas en pinturas u otras reproducciones, se instruye y confirma el pueblo en el recuerdo y culto constante de los artículos de la fe...”.

El Concilio se percató que la religiosidad popular era la más eficaz de los instrumentos y se imponía la necesidad de fomentar las creencias católicas mediante un teatro decoroso y serio, pero un teatro afín de cuentas en el que se pusiera de manifiesto de una manera embriagadora y sugerente las verdades de fe.

Pero: ¿Por qué la Pasión y Muerte del Señor de una manera en especial? La Pasión, lo lacerante, el mensaje del sacrificio de Cristo y su voluntaria entrega, cala más hondo que su triunfo. (A fin de cuentas, el pueblo sabe que Cristo es Dios, luego no le sorprende que produzca y protagonice milagros como el de su Resurrección). Sin embargo al pueblo, le sigue pareciendo sorprendente que Dios, se dejara así mismo matar por nosotros.

Las doctrinas de Trento: influyeron decisivamente en cuanto al uso de la penitencia pública, el culto a las imágenes y las estaciones procesionales, con un fin catequético y evangelizador; contribuyeron al auge y ratificación de las asociaciones existentes y sus normativas con anterioridad al concilio; y a la formación de nuevas hermandades alentadas por el espíritu conciliar.

 


e.  El Renacimiento y Barroco. Fomento de teatro sacro. Autos de la pasión. sacramentales.

La iglesia católica al verse amenazada por la Reforma de Martín Lutero pidió a los creyentes exteriorizar la fe. Es en este momento en el que las procesiones cobraron aún más fuerza, sobre todo, en la península ibérica, donde la Monarquía Hispánica se había erigido como el brazo armado de la fe católica. Entre el siglo XVI y XVII, el paso de Semana Santa, las imágenes religiosas que se pasean por las calles de las localidades, se consolida como un género escultórico propio.

Las primeras procesiones penitenciales del siglo XVI eran serias, sobrias, austeras y sin boato alguno, con las estaciones señaladas. Luego a medida que nos adentramos en el Renacimiento y Barroco las procesiones van adquiriendo más ornato y boato.

El objeto de veneración central era el Cristo sufriente con la cruz a cuestas, este era el paso central. A la imagen de Cristo se le incorpora ya desde el siglo XV la Virgen Dolorosa. (Toledo fue la primera ciudad que procesionó a la Virgen Dolorosa sobre unas sencillas andas).

La primera procesión fue ordenada en 1604 por el entonces cardenal Fernando Niño de Guevara. La procesión del Santo Entierro de Zaragoza es la más antigua de España. Esta procesión es reconocida como la más antigua de España. Sus orígenes se remontan al año 1240, cuando la Muy Ilustre, Antiquísima y Real Hermandad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre de Dios de Misericordia fue fundada.

 


f. Restricciones. Fomento de las cofradías penitenciales. Prohibición de los disciplinantes

En el siglo XVIII, el rey Carlos III prohibió la figura de los "disciplinantes", penitentes que se flagelaban durante estas celebraciones, quedando reducidas a procesiones en las que los cofrades alumbraban con los cirios a las imágenes portadas por otros miembros de las cofradías y acompañadas por los cantos del clero.

Con el protestantismo donde no se permitían celebrar procesiones con imágenes y esculturas, se produjo una escisión con la Iglesia católica, debido a sus principios teológicos y hermenéuticos, como el principio de "sola scriptura" que contribuyó a la desacralización de las imágenes religiosas. Aunque existen variaciones entre denominaciones, en general, el protestantismo se distancia de las procesiones en favor de una adoración más centrada en la Palabra de Dios.

Los flagelantes marchaban a veces con menos convicción por la propia penitencia y más por el espectáculo de la tortura, que además fue derivando en abusos y desvíos. Se iba perdiendo el significado original del Sacrificio de Cristo y se empezaba a  reforzar que la salvación llegaba a través del castigo poniendo el acento en el rigor de la penitencia.

Personalidades de la iglesia como Santa Teresa llamaba a esas procesiones la “penitencia de las bestias”, porque no entendía que identificarse con Cristo fuera despellejarse la espalda a base de latigazos. La primera regulación de estas penitencias permitió que fuera pública con la obligación de ser anónima para evitar que se tratara de intentar ganar popularidad o prestigio mediante su práctica pública.

Hasta el concilio de Trento todas las procesiones se basaban en cofrades flagelándose mientras paseaban por la calle, a partir del mismo se introdujeron imágenes para acompañar la procesión. Hasta que no llegó el Gobierno de Carlos III (s. XVIII) no se prohibirían estas actuaciones, pero llegado ese momento, los ilustrados de la época consideraron que la flagelación pública no contribuía a la piedad de forma sincera y se reconoció el auténtico exceso que suponían.

Hoy en día prácticamente han desaparecido salvo casos aislados como Los Picaos de San Vicente de la Sonsierra o Los empalaos de Valverde de la Vera. Los Picaos de San Vicente de la Sonsierra se golpean con madejas y van con un “práctico” (quien les deben aliviar las heridas) durante diez y veinte minutos, en los que se pueden dar centenares de golpes. El práctico pica la zona lumbar de la espalda, con una bola de cera con cristales, dando doce pinchazos que simbolizan el número de apóstoles. Así, el penitente se golpea después unas pocas veces más, para que la sangre que pueda haberse acumulado tras los golpes escape y así evitar problemas posteriores. Los empalaos no se fustigan, pero llevan una soga de esparto de 80 metros enroscada en su torso, manteniendo sus brazos pegados a un timón de madera, con dos espadas cruzadas sobre la espalda y una corona de espinas. Tienen unas normas bastante estrictas y no pueden pasar demasiado tiempo con su “atuendo” para evitar problemas de circulación.



 

g. En la actualidad

Finalmente, fue en el siglo XIX cuando se adoptó el cambio que conocemos en la actualidad. Las procesiones empezaron a regularse según los estatutos de las Cofradías dándole forma y significado al acto litúrgico Comenzaron a introducirse otros elementos como la bandas de música.

El resurgir de las cofradías, finalizada la guerra civil, agudizó el fervor procesional e imaginero en la fase de posguerra, en que las relaciones de la iglesia con el régimen establecido eran estrechas. Esta simbiosis hizo posible el apoyo institucional y la recuperación del tradicionalismo junto al prestigio de la religiosidad colectiva, lo que permitió la reconstrucción del patrimonio escultórico desaparecido.



 

2. Estructura de las procesiones

Todas las procesiones tratan de seguir un mismo patrón, o por lo menos todas siguen una estructura muy marcada. Nada esta improvisado y, aunque las imágenes son el eje central del cortejo son los penitentes o cofrades quienes van estructurando la procesión.

En las procesiones de la Semana Santa, es muy destacable el riguroso orden y la digna uniformidad adoptada por sus Hermandades para el logro del bello desfile procesional. Las Cofradías penitenciales dignifican cada vez más nuestra suntuosa Semana Santa. La fraternidad entre sus miembros fue impulsada y promovida por la tradición cristiana a través de los tiempos. Estos, entre rezos, cantos y peregrinaciones conjuntas, superaban las barreras individuales o sociales hasta conseguir la igualdad humana y la condición de “Hijos de un mismo Padre”. Lejos están ya, sin embargo, aquellos alumbrantes y disciplinantes en traje de azote: capillo, camisas con cercos al aire, ceñidor y faldas de rodilleras… (lo que se observa en el grabado de C. Vecellio del siglo XVI).

Los cofrades o penitentes procesionan en Semana Santa con un atuendo especial. Portan una túnica ceñida, un capuchón (romo o puntiagudo) con el que en algunas procesiones ocultan su rostro y suelen portar cruces o flagelos. Se les llama “Nazarenos” porque originalmente sólo procesionaban en las cofradías de Jesús Nazareno, aunque posteriormente se ha ido extendiendo al resto de hermandades y cofradías.

La jerarquización es muy importante y se desarrolla de menor a mayor importancia. En Roma los cortejos imperiales comenzaban con los estandartes y la música para finalizar con el emperador divinizado. Algo similar ocurre en Semana Santa.

La procesión se inicia con la Cruz de Guía o la Cruz Parroquial, que llevan jóvenes de la parroquia, normalmente monaguillos. La cruz suele ir flanqueada por faroles guía o bocinas que anuncian su presencia. Tras ella, el estandarte de la Hermandad, que recuerda a los pendones romanos y posteriormente comienzan a aparecer los penitentes o nazarenos portando la luz: el camino hacia Cristo.

Van sucediéndose los pasos de la Semana Santa, precedidos por acólitos con ciriales o incensarios y en algunas ocasiones acompañan símbolos romanos (reminiscencias militaristas), que muestran el poder político que en aquella época acompañó al Señor en su camino hacia el Gólgota.

Primera imagen, casi siempre, el paso del Cristo; tras él, el acompañamiento de la Virgen. Cierra la procesión la presidencia de la Hermandad o Cofradía y las autoridades civiles, que muestran así un importante grado de jerarquización. Tras ellos llegará el Pueblo que acompaña al final la procesión imitando el camino de Jesús en la Vía Dolorosa.

El orden procesional es el siguiente: “Un estandarte pendiente de una cruz de madera, llevado por un alférez, con dos niños que “por trechos” dirían: “Esto, se hace, en remembranza de la Pasión de Nuestro Redentor Jesucristo.” Junto al estandarte, dos alcaldes y consiliarios con cetros en las manos; luego el resto de los hermanos con cruces, y tras el primer tercio de la procesión la insignia de Cristo con la cruz a cuestas; junto a él seis hermanos con cirios encendidos. Cerraba el cortejo: La imagen de Nuestra Señora, acompañada por cuatro cirios. La procesión estaría regida por el mayordomo y el fiscal; visitaba siete iglesias, haciendo en ellas estación” y en el curso de la procesión. Años más tarde se incorporaría La ceremonia del Paso”.

La insignia de Cristo con la cruz a cuestas: La imagen del Nazareno, tal vez es del siglo XVII, de vestir y en ella destaca artísticamente la cabeza, pues es emotiva, conmovedora y devota; inquieta su expresión de asombro y su mirada fija hacia adelante. Como talla procesional cumple sobradamente con su misión religiosa; su expresividad provoca gran devoción popular.

La imagen de Nuestra Señora: Su advocación era “de la Consolación”; más tarde “de la Amargura” y posteriormente “de los Dolores”.

La ceremonia del Paso: Es posible que este acto piadoso y popular, a modo de teatro sacro, fuese ya representado a principios del siglo XVII, si bien no se puede precisar documentalmente sus orígenes. (Los libros de Cabildo, que pudieran dar fe de ello, desaparecieron). Parece probable que con el paso del tiempo ganase mayor complejidad y barroquismo. Todas las imágenes que intervienen en esta singular ceremonia están articuladas desde antiguo.



 

2.1 Las procesiones dentro de un calendario litúrgico

La Semana Santa es la posterior a la quinta semana de Cuaresma. La Semana Santa da comienzo a la Pascua, que dura siete semanas. El último fin de semana de Cuaresma recibe atención por parte de algunas cofradías españolas que celebran algunas procesiones por considerarse Viernes de Dolores, Sábado de Pasión y Domingo de Ramos. El conocido como Domingo de Ramos sí está reconocido por la Iglesia como comienzo de la Pascua y recibe el nombre oficial de Domingo de Pasión.

Al Domingo de Pasión (o de Ramos) le sigue un lunes, un martes y un miércoles sin mención específica en el calendario litúrgico pero que en el seno de la festividad hispana reciben el nombre de Lunes Santo, Martes Santo y Miércoles Santo. El Jueves, Viernes y Sábado Santo constituye el núcleo del Triduo Pascual. Finalmente el Domingo se celebra la Resurrección.

Los desfiles procesionales varían en las distintas ciudades. Las procesiones están organizadas por las diferentes cofradías.  Vamos a centrarnos en la ciudad de Salamanca.

Como antesala de la Semana Santa se celebra el Viernes de Dolores. La Cofradía de la Santa Cruz del Redentor y de la Purísima Virgen María organizan dos procesiones. Por la tarde la procesión Vía Matrix y por la noche el traslado del Cristo Redentor o de la Liberación (se tiene la costumbre de indultar a un preso)

El Domingo de Ramos intervienen tres cofradías: La hermandad Jesús amigo de los niños, la hermandad de penitencia de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus vestiduras y María Santísima Virgen de la Caridad y del Consuelo y la hermandad de nuestro Padre Jesús del Perdón.

El Lunes Santo tiene lugar la procesión del Cristo de los Doctrinos organizada por la Cofradía de la Santa Cruz del Redentor.

El Martes Santo organiza la procesión la Hermandad Universitaria del Santísimo Cristo de la Luz y Nuestra Señora de la Sabiduría.

El Miércoles Santo organiza el desfile procesional la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Flagelado y Nuestra Señora de las Lágrimas.

El Jueves Santo y el Viernes Santo en el calendario litúrgico se sitúa la última cena, el arresto y la crucifixión de Jesús.

El Jueves Santo intervienen varias cofradías. La Real cofradía Penitencial de Cristo Yacente de la Misericordia y de la Agonía Redentora, la Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Vía Crucis, la Seráfica Hermandad de Nazarenos del santísimo Cristo de la Agonía y la Hermandad del Cristo del amor y de la Paz.

El Viernes Santo es el día más concurrido. Por la mañana temprano la procesión la organiza la Hermandad Dominicana del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, Nuestro Padre Jesús de la Pasión, de nuestra Señora de los Dolores y de la Esperanza. A las tres de la tarde tiene lugar la representación de la muerte y el descendimiento. Por la tarde hasta la noche tiene lugar la procesión del Santo Entierro. En esta intervienen distintas cofradías. La Cofradía de la Oración en el Huerto, la Congregación de Jesús Rescatado y Nuestra Señora de la Angustias y la Congregación de Nuestro Padre Jesús.

El Sábado Santo recibe el nombre católico de Vigilia Pascual. Esta preferentemente dedicado a la Virgen María. Tiene lugar varias procesiones. La que organiza la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, la de la Hermandad del Cristo del amor y de la Paz y la de la Hermandad del Silencio.

El Domingo de Resurrección recibe el nombre de Domingo de Pascua. Por la mañana temprano tiene lugar la emotiva procesión del Encuentro de Nuestra Señora de la Soledad con Jesús Resucitado que organiza la Cofradía de la Santa Cruz del Redentor y de la Purísima Virgen María y los tres desfiles procesionales que cierran la Semana Santa: la procesión de la Virgen de la Alegría, la procesión de Jesús Resucitado y la procesión conjunta de Resurrección.



 

2.4 Tipos de procesiones, procesiones de penitencia y de gloria, de luz y de sangre

Las procesiones hasta el Sábado Santo reciben el nombre de estación de penitencia. Las procesiones que tienen lugar el Domingo de Resurrección no son de penitencia, sino procesión de gloria. El cortejo cuenta con unas andas, llamadas “pasos en algunas localidades, en otras llamadas "tronos", sobre las que procesionan esculturas con los personajes evangélicos relacionados con la detención, muerte y resurrección de Cristo. Los hermanos de las cofradías que participan en el cortejo lo suelen hacer ataviados con túnicas y gorros cónicos forrados con una tela que les sirve de antifaz. Estos hermanos suelen conocerse como cofradesnazarenos o penitentes.

Había dos tipos de procesión: las de luz y las de sangre. Las de luz son prácticamente iguales que las de hoy en día. Pero las de sangre ya no se ven. Estas se llamaban así porque había muchos penitentes que querían purgar sus pecados y, vestidos con su hábito pero con la espalda al descubierto, se iban flagelando durante todo el recorrido y dejando sangre a su paso. Su máximo apogeo llegó en el siglo XVII pero más tarde, con Ilustración en el siglo XVIII, Carlos III decidió prohibir este tipo de procesiones porque le parecía excesivo y de mal gusto.



 

2.5 La imaginería pasional en los “pasos” de las procesiones

La veneración de la imagen religiosa, constituye una forma de manifestar exteriormente la fe, según recoge la secular tradición, con apoyadura eclesial en el artículo 125 de la vigente Constitución Conciliar de la “Sagrada Litúrgica”, en la que se cita textualmente: “Manténgase firmemente la práctica de exponer imágenes sagradas a la veneración de los fieles”. La finalidad docente, de aleccionar al pueblo junto al empleo estético del “realismo barroco”, fueron algunos de los dictámenes emanados del concilio de Trento, que perviven actualmente en la imaginería procesional, ya que lo sagrado se familiariza con la intencionalidad de exaltar la emotividad popular.

Realizando un recorrido secuencial por la imaginería procesional, presente en los “pasos” de la Semana Santa, es obligado analizar los textos canónicos, sin obviar las aportaciones apócrifas junto a la apoyatura y variantes estilísticas introducidas en el período barroco, para poder establecer los tipos iconográficos que nos permitan advertir las peculiaridades de las tallas pasionales. Los acontecimientos acaecidos durante la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, fueron narrados por los cuatro evangelistas en sus respectivas versiones.

 


2.5. Los temas  iconográficos

La iconografía procesional es rica y muy variada. Solían ser obras de mucha valía que ocupaban altares de las Iglesias, capillas de las catedrales que pasaban a formar parte de los tronos de las procesiones. La creación estaba bajo la acción de artistas de renombre, maestros escultores que con grupos de artesanos se encargaban de supervisar todo.

Los tronos sufragados por las cofradías respondían a distintas advocaciones populares dentro de las prescripciones tridentinas. El Cristo sufriente y crucificado era la insignia oficial, el tema principal y la figura central. Se cuidaba que la imagen para ser objeto de adoración y culto en su estética y elaboración poseyera una profunda unción sagrada y no desmereciera en su dignidad expresando así un profundo realismo e identificación con la figura de Cristo. Las imágenes eran figuras de culto no eran un simple símbolo sino un imán elocuente para atraer a los hombres a su perdón y clemencia.

 


a. La entrada de Jesús en Jerusalén

Los actos públicos organizados para conmemorar el Domingo de Ramos, evocan el júbilo y aceptación del “Mesías” al entrar en la Ciudad Santa. Los niños, con tal motivo, estrenan vestidos que no volverán a utilizar hasta el domingo siguiente. En Salamanca hay un dicho popular: “al que no estrena vestido en el Domingo de Ramos se le cortan las manos”.

Es preciso situar la “Resurrección de Lázaro” y la unción de Betania como pórtico de las representaciones pasionales. De ahí que las procesiones se inicien a menudo en la semana previa a la Semana Santa. Generalmente se inicia en el Viernes de Dolores.

No obstante, fue común que la Semana Santa se iniciase con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. El relato cuenta con base literaria en los cuatro evangelistas. La Leyenda Dorada cita las diversas procesiones realizadas el Domingo de Ramos, y los textos sagrados coinciden al afirmar que Cristo entraba jubiloso montado sobre un asno que le proporcionaron sus discípulos. Dicho pasaje aparece junto a otros temas de la “Passio Christi”, ya en algunos sarcófagos de la segunda mitad del siglo IV como los de Julio Basso, o los hallados en la catedral tarraconense. También se desarrolló este asunto en las miniaturas de los Evangeliarios y placas eborarias mozárabes. En el arte bizantino, finalizada la revolución iconoclasta, dicho asunto será recogido en los Calendarios litúrgicos de las doce fiestas del año. En diferentes representaciones artísticas, Cristo sobre el pollino entra en Jerusalén acompañado de sus discípulos y vitoreado por los niños en olor de multitudes.

 


b. La oración de Getsemaní

Esta escena junto con la última cena suele encabezar las estaciones procesionales como lo hace el Vía Crucis.  Esta escena se representa a Jesús orando en el Huerto de los Olivos. Es el momento de la aceptación y sometimiento de Jesús a la voluntad del Padre y a la ofrenda de su vida por la salvación de los hombres. La peregrina Egeria señala que ya en el S. III tenía lugar la procesión desde el Huerto de los Olivos a Jerusalén para dar inicio a la celebración de la Semana Santa.

 


c. El Prendimiento

Este pasaje de la Pasión, cuenta con el “paso” conmemorativo del Prendimiento, representado en “Jesús de Medinaceli”. Al igual que el anterior, aparece en los relieves funerarios del arte paleocristiano y se puede observar en el sarcófago del museo laterano de fines del siglo IV. El Nazareno se identifica con Jesús de Medinaceli y representa la escena del Ecce Homo, abundando la diversidad de versiones con la consiguiente confusión respecto a la original evangélica.

 


d. El Via Crucis. El camino al Calvario.

El Via Crucis abarca gran número de representaciones escultóricas entre las cofradías penitenciales. Representa el momento en que Cristo con la Cruz a Cuestas asciende Camino hacia el Calvario. La piedad popular enriqueció la escena con otras incorporaciones de gran arraigo en el Ejercicio del “Vía Crucis”, que fue variando en el número de sus Estaciones, conforme a los usos y costumbres adoptadas en cada época y la sistemática impuesta por sus tratadistas Sin duda las estaciones del Vía Crucis son el ejemplo más relevante del sentido procesional de la Semana Santa. Esta práctica se inicia en Jerusalén impulsada por los franciscanos para fomentar el fervor de los peregrinos que acudían a Jerusalén a reavivar los momentos de la pasión de Cristo.

En 1420 el beato Álvaro de Córdoba regresa de Tierra Santa y halla en Sierra Morena un lugar soleado y escarpado topográficamente parecido a Jerusalén. Posteriormente, construyó capillas en sitios de ese paraje y las bautizó como cada uno de los Santos Lugares. Este fue el primer vía crucis de Europa. Un siglo después, el noble sevillano Fadrique Enríquez de Ribera realizó un viaje a Jerusalén de 1518 a 1520 y, a su regreso a Sevilla, organizó un Vía Crucis desde su palacio hasta un templete o humilladero con una cruz. Desde el palacio hasta la cruz había la misma distancia que desde la casa de Poncio Pilatos al Gólgota de Jerusalén, por lo que el palacio hispalense pasó a ser conocido como Casa de Pilatos.

 


e. El Calvario

Es en el monte del Calvario donde Jesús es elevado en la cruz y se ofrece como Cordero inmolado para el perdón de nuestros pecados. El Calvario representa a Cristo alzado en la cruz y a sus pies están su Madre y el discípulo amado. Esta escena representa el momento culminante de la Pasión. En algunos casos se hizo la representación escénica acompañada del descendimiento. En Salamanca es el momento más álgido de la Semana Santa y uno de los actos más antiguos. 

 


f. El desclavamiento y descendimiento

Desde antiguo se ha querido representar esta escena. En Salamanca se representa el Viernes Santo a las tres de la tarde en el humilladero del Parque de San Francisco junto a la Iglesia de la Vera Cruz. Esta escenografía encabezaría la procesión del Santo Entierro. En Salamanca es la procesión más antigua y está organizada por la Cofradía de la Vera Cruz.

 


g. El Santo Entierro

La procesión del Santo Entierro es la más popular de la Semana Santa. Conmemora la muerte de Jesús, el acto culminante del Viernes Santo y su descenso y su traslado a la tumba. Destacan las figuras icónicas del Crucificado, el Cristo Yacente y la Virgen de la Soledad. Destaca el ambiente de luto y silencio propio del cortejo fúnebre de profundo silencio.  

 


2.5.5 La iconografía tradicional. El Cristo sufriente.

Son muchas las tallas que desfilan en la procesión charra de la Semana Santa de Salamanca. La talla más antigua corresponde al Cristo de la Agonía de Juan de Balmaseda del S. XVI. De este mismo siglo es la imagen del Amor y de la Paz de Juan Montejo. También conviene destacar la imagen de Jesús Rescatado del S. XVII. Esta imagen llegó en 1682 y su talla rememora el famoso Cristo de Medinaceli.

Entre la iconografía mariana destaca la Piedad de Salvador Carmona de 1760, la Virgen de los Dolores de Felipe del Corral y la Inmaculada Concepción de Gregorio Fernández del S. XVII entre otras.

 


a. El Nazareno

El término “Nazareno” presenta algunas controversias a exégetas y teólogos que vinculan a Jesús de Nazaret con el Cristo de la Fe y Señor de la Historia, siendo escasas y confusas las referencias veterotestamentarias y más concretas en el Nuevo Testamento, con la identificación y sobrenombre de Nazareno dado a Jesús por sus seguidores. Es preciso determinar dicha titularidad en la imaginería procesional, como el pasaje protagonizado por Jesús con la Cruz a Cuestas Camino del Calvario, eliminando al resto de adscripciones terminológicas asignadas a otros momentos de la Pasión.



 

b. El Ecce Homo. Jesús Flagelado

La imagen de Jesús Flagelado es una de las representaciones más antiguas que representan los sufrimientos del Señor en su Pasión. Aparece con el cuerpo desnudo con las llagas infringidas por la flagelación. El trono o paso sobre la que procesiona va acompañado en cada esquina por cuatro ángeles que le acompañan y lloran su sufrimiento. Cristo aparece junto a la columna exhausto, sin fuerzas con las rodillas semiflexionadas. La expresión se su rostro muestra su sufrimiento y mueve a la compasión. Su mirada perdida se dirige hacia abajo. Su boca está entreabierta y la sangra que fluye de sus fosas nasales refuerzan la sensación de agotamiento y la dificultad para respirar.



 

c. El Cristo del Amor y de la Paz

Es una de las imágenes cristíferas que gozan de mayor predilección escultórica ante la relevancia y contenido devocional que encierra como reflejo del acontecimiento histórico impreso en la Cruz en que Cristo murió y desde la que redimió a una humanidad sometida. Son múltiples las advocaciones de Crucificados, que recuerdan el pluralismo homogéneo del mensaje cristiano, sintetizado en este Crucificado del Amor y la Paz. Las procesiones celebradas con anterioridad al Concilio de Trento, confirman la antigüedad de las cofradías de Vera Cruz, cuyo signo identificador, fueron la Cruz y el Cristo de la sangre. Cristo clavado en el madero, redime desde su doliente Humanidad, de solitaria y marcada anatomía. Abundan las interpretaciones sobre la posición de la Cruz, según la altura del “stipes”, y las secuelas dolorosas ante la prolongada tortura previa a la muerte. La Cruz desde el siglo IV aparece como objeto de culto, incrementado en siglos posteriores con la presencia de Crucificados que ostentan la titularidad de las cofradías penitenciales.

 


c. El Cristo Yacente

La iconografía cristiana ofrece una amplia gama arquetípica de imágenes alusivas al presente asunto pasionista que adoptaron matices heterogéneos, de acuerdo a la particular idiosincrasia de cada región. Hay que remontarse a pasadas etapas históricas en que se escenificaban en vivo el Desclavamiento y Descendimiento y demás representaciones teatrales para entender algunas tradiciones litúrgicas, como la de exponer a la veneración de los fieles, la imagen de Cristo Yacente depositado en un sepulcro abierto, como apunta el relato evangélico. Avanzado el siglo XVII proliferó el tipo iconográfico de trágica expresividad y excepcional policromía, confirmando las premisas trentinas y la influencia ejercida y avalada en España por la gubia de Gregorio Fernández, que consolidó el prototipo del yacente en el siglo de oro de la escultura castellana. La rápida divulgación de la imagen a partir de grabados y nuevas réplicas confirmó dicho prototipo, que apenas sufriría variantes, perviviendo dicha iconografía en buena parte de las cofradías penitenciales, cuyo origen fundacional se remonta al siglo XVII y por imitación a otras del presente siglo que tienen como titulares a Cristo Yacente.



 

d. Las advocaciones Marianas: Esperanza, Piedad, Soledad, Dolores.

Difícil es, la adscripción iconográfica de las distintas imágenes marianas en los prolegómenos de la Pasión. María, antes de producirse la sentencia de muerte del Hijo, albergó la esperanza de dilatar ésta, sin olvidar el mensaje salvador explícito en la futura Resurrección. Es determinante la identificación simbólica manifiesta en la tonalidad cromática del vestido mariano: el tocado se fue imponiendo durante el presente siglo en detrimento del antiguo rostrillo. Los encajes, lienzos y brocados son elementos configuradores junto al empleo cromático de tonos blanco, oro, plata o beige. El tocado enmarca el rostro y se derrama en la zona anterior. La saya formada por varias piezas independientes, mangas, corpiño, cinturilla, fajín en algunos casos y la saya propiamente dicha, que cubre el candelero de la imagen. El manto se extiende por el pollero o armazón, desde la cabeza hacia los pies del “paso” y al igual que la saya, suele estar ricamente bordado. El color de ambas prendas, puede o no coincidir, siendo frecuente que la saya sea clara y el manto oscuro.

Hay advocaciones en que la indumentaria está establecida, según la correspondiente titularidad: Dolores, Mayor Dolor y Soledad, con claro predominio del negro compartido entre otros por el morado para Angustias, el rojo en Encamación, blanco en Paz y verde en Esperanza. El conjunto se completa de toca y corona, que adopta numerosas variantes. La primera se sitúa en la parte superior del manto, con predominio del encaje o malla bordada, comúnmente en tonos claros. Sorprende el silencio evangélico sobre la figura de María en los distintos episodios de la Pasión, hasta que San Juan la sitúa al pie de la Cruz. Los interrogantes planteados quedan resueltos en las diversas representaciones de la imaginería procesional, en los que la “Passio Domini” tiene su paralelo en la “Compassio Mariae” y es tradicional y casi norma, que el “paso” de Cristo se corresponda con otro mariano y así María prosigue procesionando solemnemente su Esperanza, Dolor y Soledad.

El tema de la Madre junto al Hijo pasmado en la “Piedad” de María, es como afirma Eugenio D’Ors: “lo anecdótico transformado en categoría” donde se confunden lo humano y lo divino, es la antítesis de la Madre gozosa que sostuvo en brazos al Niño recién nacido. Miguel Angel supo crear un prototipo de “modelo blando” en su Piedad vaticana que perduró durante el barroco, si bien se optó finalmente, ante posibles conflictos teológicos y controversias iconográficas, por desdoblar el asunto pasional, en el abandono por separado de Madre e Hijo. La devoción mariana ha dado en síntesis como resultado, la variedad de imágenes bajo multitud de advocaciones, sin más fundamento por lo común que, las particulares preferencias devocionales promovidas por las cofradías penitenciales.

 


2.5.6 La iconografía profana

Alrededor de la figura del Cristo de la Pasión aparecen otras figuras relacionadas con la Pasión.

a.      Judas, Pedro y Malco

Las imágenes de Pedro, Judas y Malco forman parte del conjunto del paso de Nuestro Padre Jesús en su Prendimiento que procesiona el Jueves Santo llevado por la Seráfica Hermandad del Prendimiento.

Judas es el personaje que protagoniza el preludio de una Pasión anunciada en las escenificaciones del Prendimiento, no mereció ser efigiado en la imaginería procesional de la capital. Cristo aparece en solitario, maniatado, como lo describe San Juan erguido y en posición frontal. Judas aparece acercándose a Jesús con su beso traidor para señalar a los soldados al que habían de prender.

Pedro junto con Santiago y Juan fueron los discípulos que acompañaron a Jesús en la Oración del Huerto. Cuando los guardias vienen a prender a Jesús, Pedro sale en su defensa.

Malco  representa un oficial de la Guardia del Sanedrín que acude a prender a Jesús al que Pedro corta la oreja.



 

b.      Los sayones más célebres de Salamanca

Los soldados que acompañaban a Jesús en el Vía Crucis son representados con distintos motivos que expresan su saña y su burla. En Salamanca los sayones más célebres corresponden al paso denominado el balcón de Pilatos. Los sayones son reconocidos con los sobrenombres de “Culocolorao” y “Bocaratonera”.

“Culocolorao” por sus calzones rojos va delante del paso. “Bocaratonera” en alusión a su fea compostura y ruín dentadura.



 

c.      El Sayón centurión

El término Sayón puede tener varios sinónimos. Uno sería el alguacil enviado para llevar y hacer cumplir la sentencia. Es el guía del cortejo del sentenciado que lo acompaña hacia su ejecución. En el contexto del cortejo procesional de Jesús en su Pasión sería el soldado (centurión) que va abriendo camino hacia el monte Gólgota. Se le representa tirando de una cuerda y obligando a Jesús a avanzar sin ningún miramiento. En su cinturón lleva tres clavos que esperan las extremidades de Jesús.

La imagen del centurión romano que ofrece a Jesús vino y la hiel y que finalmente profesaría: “verdaderamente ete era el Hijo de Dios”, fue una de las últimas imágenes que encargaron al imaginero y escultor sevillano Manuel Madroñal .

 


d.       El Cirineo

Posiblemente se trataba de un extraño (un hombre de Cirene) que pasaba por allí. El escuchaba un tumulto ante un hombre que portaba una cruz. Jesús caía extenuado por su peso y los maltratos sufridos. Seguramente se acercó para ver que sucedía cuando los soldados le obligaron a ayudar a cargar la cruz de Jesús. El cirineo no sabía a quién ayudaba pero se vio involucrado a la fuerza. No se esperaba que aquel acto fuese recompensado con la mirada de aprecio de Jesús.

Esta imagen es un personaje central de la procesión de la Ilustre y Venerable Congregación de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Santo Entierro. Últimamente acompaña a Nuestro Padre Jesús Despojado en la procesión del Domingo de Ramos

 


2.6 Elementos de los pasos de la Semana Santa

Un paso de Semana Santa es el conjunto formado por las andas y las imágenes que se sustentan sobre éstas. Puede ser de Cristo, de Virgen o de misterio, si escenifica algún pasaje de la Pasión. Si el Señor va con la Cruz a cuestas en el hombro se le llama 'Nazareno'. Los que portan el paso serán llamados nazarenos.

                                                                          

     a. El muñidor

Lo primero que aparece antes del cortejo es el anuncio de la procesión. En algunos sitios es el muñidor: una persona que va delante de la procesión tocando la campanilla o carraca, símbolo del paso de un lugar profano a un lugar sagrado. En otros lugares es la banda de cornetas y tambores la que a ritmo marcial va marcando la llegada de la procesión.

 


  1. La cruz guía

La Cruz que abre el cortejo está diseñada y tallada y encabeza la procesión. Generalmente antes de la procesión se reza una oración inicial para fomentar la actitud oracional de todos los cofrades. La Cruz portada por un hermano cofrade es acompañada por monaguillos que portan cirios o candelabros.

 


  1. Los estandartes

Los estandartes representan el blasón o emblema de  la Cofradía. Cada cofradía tiene su propia identidad y cuenta con enseres que la hacen única. En algunas procesiones los estandartes son portados por hermanos subidos a caballo para engalanar la procesión.

 




  1. El Hachote:

Se trata de una vara artística que llevan los capirotes que forman parte de un tercio. Ayudan a marcar el paso y, en muchos casos, son eléctricos para que puedan iluminar las calles por donde pasa la procesión, así como los trajes y bordados de los capirotes.

 


  1. Los Capirotes o Nazarenos

Son miembros de las hermandades o cofrades penitentes que acompañan el trono. Se llama capirotes porque van con capuz (funda elaborada normalmente de raso o terciopelo con la que se cubre el rostro para su anonimato y que tiene una estructura de cono piramidal expresando el camino penitencial hacia el cielo). Visten una túnica con los colores de la agrupación y, sobre ella, suelen traer bordados los símbolos propios de la agrupación procesionaria. En ocasiones, también portan cinturón de esparto, cirios, insignias o cruces con una túnica y capa que representa la igualdad.

 


  1. Las andas, los tronos o carrozas

Se conoce con este nombre al soporte donde se coloca la imagen procesional. Hasta principios del S. XV las imágenes desfilaban sobre sencillos tableros alumbrados con faroles. Más tarde pasaron a ser carrozas talladas muy elaboradas y algunas engalonadas con palio. En Salamanca tres son los pasos que desfilan con palio. La Virgen de Nuestra Señora de la Esperanza, Nuestra Señora de la Soledad y María Santísima de la Caridad y del Consuelo.

Los diferentes pasos evocan un pasaje de la pasión de Cristo, una figura de Jesús, la Virgen o un santo que tuviera relación con los últimos días del Redentor. Se pueden procesionar a hombros (por los costaleros) o a ruedas. Las flores, las velas y mucha luz, a modo de lámparas y candelabros, para que puedan ser mejor vistos por la noche, son elementos indispensables en el trono.

 


  1. Los Costaleros

También llamados portapasos. Son los encargados de llevar un trono a hombros. Pueden ir tapados o descubiertos. Los primeros van por debajo del trono y no se les ve, ya que los cubren unas mantillas que llevan unas rejillas para el aire. Los descubiertos van ataviados con túnicas de los colores de la agrupación y son visibles por el público.

 


  1. El cofrade mayor o encargado

Es el encargado de cada cofradía que encabeza la procesión. Su función es marcar las pausas, y procura que el desfile funcione bien llevándolo por el recorrido correcto, y calculando los tiempos precisos para que cada paso pueda prepararse y descansar. Las bandas musicales van marcando el compás y el ritmo de la procesión.



 

  1. Los acompañantes del desfile procesional

Las autoridades civiles y eclesiásticas acompañan la carroza. A menudo ocupan lugares protocolarios destacados según la tradición cultural y social. La persona de mayor jerarquía tiene precedencia. Destaca el cabildo eclesiástico y civil. El cabildo de oficiales estaba constituido por el Padre Superior del convento, el alférez, el Mayordomo, los alcaldes y consiliarios, el fiscal y las escuadras.

Las autoridades civiles y militares engalanaban sus uniformes y capas y las mujeres portando velos y las mantillas. En la procesión litúrgica más solemne la autoridad eclesiástica recae en el obispo situado tras el paso y que solía cerrar el desfile. Antiguamente se utilizaba el palio.



 

  1. La banda de música

 El desfile procesional alterna momentos de silencio y momentos acompasados por la música. Las bandas de música acompañan los tronos con marchas solemnes que marcan el paso y crean un ambiente de devoción. Predominan las cornetas y tambores y otros instrumentos musicales de viento y metal.



 

3. Las Cofradías y su evolución en la historia de la Semana Santa

Las cofradías respondían a tres fines genéricos: el carácter devocional, el carácter penitencial y el procesional, todos enfocados como medios de santificación y maduración espiritual. Además, las cofradías podían incluir en sus celebraciones anuales misas y procesiones dedicadas a su “santo patrón”. Las procesiones exclusivas de la Semana Santa surgen con la aparición de las cofradías de ámbito penitencial en el siglo XIII. 

Con la llegada de los franciscanos y los dominicos, se desarrollaron las congregaciones de flagelantes que relacionaban la salvación con el castigo. Inicialmente no llevaban prácticamente imágenes, solamente alguna cruz.

La cofradías podíamos definirlas como “La asociación de personas que veneran, contemplan y se asocian al misterio de la Pasión y Muerte del Nuestro Señor Jesucristo, a quién también se asocia su Santísima Madre Nuestra Señora”. “El santo patrón” es venerado por la Cofradía y se le rinde culto con una austera y penitente salida procesional en la que algunos o la mayor parte de sus cofrades se disciplinan; y con otros cultos a lo largo del año.

La cofradías o hermandades atienden a las necesidades de los hermanos, espirituales y temporales, de la vida y de la muerte; y también de los otros prójimos; tienen una organización o estatutos llamados “Reglas” que progresivamente van siendo aprobadas por la jerarquía eclesiástica”.

La mayoría de las hermandades fundadas después del concilio, incluyeron la penitencia de los flagelantes. Fueron los frailes quienes mejor acogieron y alentaron esta nueva práctica de la disciplina pública y ésta es quizá la explicación de porqué las primeras y más antiguas hermandades, se encuentren erigidas canónicamente en conventos.

La gente a veces acudía a formar parte de ellas llevadas sobre todo por un sentido penitencial para la expiación de los pecados. Pero para evitar que algunos ganasen prestigio mediante el castigo que se imponían se llegó en algún caso a imponer el antifaz.

Hasta el Concilio de Trento en el siglo XVI y, especialmente, a partir del siglo XVII, surge de forma más activa la tipología de imágenes que pueden ser usadas en estas procesiones. Así, «hasta el año 1605, la Semana Santa no tiene un diseño general de hacer estación a la Catedral, sino que las diversas cofradías de nazarenos visitaban básicamente siete iglesias de la ciudad salvo algunas como la de la de los Negros, en situación periférica, fuera de los murallas. Situación periférica en lo territorial que refleja la situación periférica en lo social. Esta cofradía hace sus actos penitenciales fuera de la ciudad».

«Hasta el año 1605, la Semana Santa no tiene un diseño general de hacer estación a la Catedral» De modo que esta celebración procesional une todas estos legados y ha conseguido prolongar su existencia durante milenios conservando su impronta.

Ante el auge espectacular de nuevas hermandades, la jerarquía diocesana decidió poner orden en este movimiento laical que moviliza y atrae más al pueblo que la liturgia tradicional celebrada en el interior de las iglesias. Así, encontramos en el sínodo sevillano celebrado en 1604, como en otros sínodos diocesanos, las normas que se han de guardar en las procesiones de disciplinantes.

 


3.1 Desarrollo histórico de las cofradías

Dentro del periodo cofrade bajomedieval podemos distinguir tres periodos: de 1050 a 1150, los comienzos; de 1150 a 1350, el apogeo; de 1350 a 1500, cuando se produce un cambio de mentalidad. Aunque hoy se use indistintamente el término "cofradía" y "hermandad", en todos los documentos bajomedievales son llamadas cofradías.


 

a.      Baja Edad Media. Los comienzos

En esta etapa se juntaban miembros del mismo gremio o estamento con fines benéficos o para rendir culto a un santo patrón. “Aunque por la costumbre universal de la Iglesia Católica, están introducidas y permitidas las hermandades de disciplinantes, que se hacen en Semana Santa, y con muy justa causa muchas de ellas están confirmadas y aprobadas sus constituciones por la Santa Sede Apostólica, y favorecidas con especiales gracias e indulgencias como cosa con que se nos trae a la memoria la Muerte y Pasión que por nuestra salvación padeció el Hijo de Dios, que en aquellos días celebra la Iglesia Católica y con que se hace penitencia y procura de satisfacer parte de la pena que, por las culpas y pecados que entre año con la Divina Majestad se han cometido, dignamente se merece...”.

 


b.      Edad Media. El desarrollo

La religiosidad de la Edad Media era comunitaria y la religión impregnaba toda la vida social. La religiosidad también era festiva y era motivo de algunas celebraciones. Además, la piedad de entonces estaba llena de santos y devociones particulares.

Las cofradías pueden ser piadosas, constructoras (que apoyaban la construcción de edificios religiosos, hospitales, puentes, etc.), benefactoras (para dar ayuda a desamparados, realizar entierros, de reparto de dinero o comida, etc), de personas pertenecientes a un grupo social (gremiales, de clérigos, etc), de personas pertenecientes a una misma etnia o región y religioso-políticas (militares, de merced a cautivos, de caridad, etc.). Dentro de las cofradías piadosas están las cultuales (de Cristo, de María o de santos), las parroquiales, las que de salvación personal o de la de difuntos y las cofradías de penitencia.

Las cofradías de penitencia, que son las que procesionan en Semana Santa, se fundan a partir del siglo XVI. Estas se organizan en el siglo XVI como resultado del desafío de Lutero a la sede de Roma a partir de 1517, del Concilio de Trento de 1545 y de los primeros autos de fe. En estas circunstancias el pueblo sentía la necesidad de salir a la calle a demostrar su catolicismo en un culto público.

El 1300 y Dolcino de Novara en 1307, fueron ejecutados. Otros permanecieron dentro de la Iglesia. Hubo otro grupo de flagelantes próximo a san Antonio de Padua, que falleció en 1231. Hubo otro grupo en Perugia promovido por el eremita agustino fray Rainiero Fasani en el 1260. A finales del siglo XIV y comienzos del XV los dominicos impulsaron a disciplinantes como el beato Ambriosio de Siena, el beato Juan Dominici y Venturino de Bérgamo.

Desde 1399 san Vicente Ferrer recorre los caminos de España creando compañías de disciplinantes y fomenta la práctica de la flagelación poniendo como ejemplo a santo Domingo, san Francisco de Asís y san Bernardo. Procesionaban de noche, encapuchados y vestidos con una túnica particular. Estos grupos iban a misa, se confesaban, comulgaban los domingos y ayunaban determinados días. Se criticaba a los que se flagelaban por dinero o comida y se decía que eran falsos disciplinantes. Vicente Ferrer escribió un libro de reglas para los disciplinantes titulado Ordinacions y establisments para la cofradia de Preciosa Sanch de J.C. anomenada dels Disciplinants.

La fundación de las cofradías de Pasión procede de la devoción substancial en la vida franciscana a estos misterios y la posesión y guarda de los Santos Lugares en Tierra Santa. Cuando los franciscanos que habían estado en Tierra Santa regresan a sus respectivas provincias de origen, hicieron surgir muchas prácticas conmemorativas de la Pasión, las cofradías de Pasión, el Vía Crucis.

Por toda España surgieron cofradías en torno a reliquias supuestamente verdaderas de la cruz de Jesús. Estas reliquias pudieron haber sido traídas de Tierra Santa por los franciscanos. Este culto a la verdadera cruz (la Vera Cruz) hizo que se creasen cofradías con este título.

La primera documentación de una cofradía de la Vera Cruz data de 1494 en la iglesia de San Juan de Puerta Nueva de Zamora. En 1506 el franciscano fray Diego de Bobadilla creó la Cofradía de la Vera Cruz de Salamanca. En 1515 se crea otra en un convento franciscano de Alcañices. En Sevilla también se creará una cofradía de la Vera Cruz en fecha indeterminada de la mano de una cofradía de la Sangre creada en torno a 1448 en una capilla de la Casa Grande de San Francisco.

 


c.      Renacimiento. Tras el apogeo el declive

Tras el siglo XVI fueron en declive y los obispos empezaron a reprobarlas ya en el siglo XVII. Finalmente, Carlos III las prohibió mediante una Real Cédula del 20 de febrero de 1777, alegando que no eran edificantes ni verdaderamente devocionales. El periodo de la Ilustración impuso el laicismo en el mundo moderno y ocasionó la perdida de muchas tradiciones de la religiosidad popular.



 

3.2 Las 17 Cofradías, Congregaciones y Hermandades de la Semana Santa en Salamanca

La Hermandad más antigua es la Dominicana del convento de San Esteban de los padres Dominicos de la Orden de los Predicadores de 1573. A esta quiso sumarse la de los Agustinos en 1576.

Le sigue la Cofradía de la Vera Cruz bajo el patronazgo de Felipe II. Por un edicto real se le concedió el privilegio de organizar todos los desfiles procesionales del Miércoles, Jueves, Viernes Santo. En 1616 se le concedió también organizarla procesión de Resurrección el Domingo de Pascua. En 1617 la Cofradía empezó a organizar la procesión de los Nazarenos con el paso de Jesús Nazareno conocido como la Caída. Los cofrades vestían de morado con soga al cuello y cargaban con cruces. Se realizaba la madrugada del Viernes Santo. En 1688 los cofrades fundaran la Congregación de Jesús Nazareno.

En el S. XVII se fundó la Congregación de Jesús Rescatado y Nuestra Señora de la Soledad.

En 1948 se fundó la Hermandad Universitaria del Santo Cristo de la Luz y Nuestra Señora de la Sabiduría. En 1952 se fundó la Cofradía de Jesús en el Huerto. En 1971 La Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz. En 1980 La Real Cofradía Penitencial del Cristo Yacente de la Misericordia. La Hermandad del Silencio y la Hermandad del Vía Crucis. 



 

3.3 Factores que contribuyen al origen de las cofradías de penitencia

El papel preponderante de las órdenes mendicantes, franciscanos y dominicos, promovieron todo un movimiento laical alentando la creación de hermandades (Hermandades de la Pasión) que fueron erigidas en los propios conventos.

La gran mortandad de 1347 a 1350. La peste negra provoca un descenso de la población del 40 al 60 por cierto y las epidemias se repiten de forma cíclica cada siete o quince años hasta el 1400. Castilla se recuperará demográficamente a lo largo del siglo XV pero la región de Cataluña no lo hará hasta mucho más tarde. Esta alta mortandad provoca un cambio de concepto y de mentalidad en torno a la muerte. La devoción cristiana ya no es gozosa, sino que es dolorosa. Por ello se hace hincapié en la Pasión y la muerte de Jesús y no en la resurrección.

A partir del siglo XIV los grupos de flagelantes se hicieron más nutridos en Europa. Aunque existían antes de las epidemias de peste se hicieron más numerosos. Fueron varios los hechos que contribuyeron al desarrollo de las Cofradías:

El papel de san Vicente Ferrer. Aunque las cofradías de flagelantes que procesionaban entonando cánticos de penitencia y disciplinándose en público existieron en Europa desde antes del siglo XIII. Algunos grupos fueron condenados por el papa Clemente VI y sus líderes, como Gerardo Segareli 

La acción de los genoveses. En España existía una abundante población de origen genovés. En el siglo XVI los genoveses fundan la cofradía de la Piedad en Valladolid, mientras la corte de Carlos I se encontraba en esa ciudad. El 1579 hay constancia de grupos de genoveses disciplinantes que procesionaban el Jueves Santo en Sevilla, aunque sin cofradía formada.

La acción de los castellanos. En Valladolid se fundó en 1531 una cofradía de disciplinantes bajo la advocación de la Pasión y ese mismo año se fundó en Sevilla la Hermandad de los Martirios y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que en 1577 pasó a llamarse Hermandad de la Sagrada Pasión de Nuestro Señor Jesucristo para emular a la de Valladolid.

Sacar las imágenes a la calle. Las procesiones en la Baja Edad Media se hacían con las reliquias o simplemente con un crucifijo. La Cofradía de la Vera Cruz debió de procesionar con un crucifijo por Sevilla a partir de 1468. También hay constancia de que se sacaba en procesión un crucifijo del convento de San Agustín de Sevilla que llevaba ahí desde 1314. El hecho de sacar a las esculturas religiosas en procesión es algo que se produce a partir del siglo XVI.



 

4. El Teatro sacro. Los autos sacramentales

El auto era en su origen una representación teatral medieval tanto de índole religiosa como profana. En la Edad Media recibían también la denominación de misterios o moralidades, sobre todo cuando trataban de un tema religioso; desde la segunda mitad del siglo XVI empezaron a llamarse autos sacramentales.

Los autos sacramentales surgen en torno a la celebración del Corpus Christi, la gran celebración del misterio de nuestra fe. El pueblo acompañaba al Santísimo sacramento bajo palio que presidía la procesión. Al llegar a la plaza sobre un escenario levantado en un entablado en torno carretas, tenía lugar la representación del auto sacramental que duraba toda la mañana.

Los autos sacramentales constituyeron el esplendor del teatro sacro litúrgico en el S. XVI. Los autos sacramentales integraban religiosidad, belleza, participación popular. Se aunaba la representación dramática con la piedad popular y la piedad litúrgica. La representación de gran fuerza poética y dramática estaba llena de belleza.

No se trataba simplemente de un arte dramático sino de un modo de hacer visible el profundo misterio cargado de trascendencia en honor y gloria al Santísimo Sacramento. Los autos sacramentales era una comedia religiosa que tenía como finalidad exaltar el Corpus Christi.

El auto sacramental es una obra de teatro religiosa, más en concreto una clase de drama litúrgico, de estructura alegórica y por lo general en un acto, con tema preferentemente eucarístico. En su forma más común, cada pieza comenzaba con una introducción (loa), un entremés, el auto propiamente y culminaba con una serie de cantos y bailes (mojiganga) que desembocaban en la salida al escenario de los actores o en un final apoteósico (danzas de la muerte).

El auto sacramental usaba un gran aparato escenográfico y las representaciones comprendían en general episodios bíblicos de la religión o conflictos de carácter moral y teológico. Inicialmente eran representados en los templos o pórticos de las iglesias y luego pasa a representarse en las plazas del centro de las ciudades.



 

4.1 Historia de los autos sacramentales

a. Orígenes medievales

El más antiguo testimonio del género es el denominado auto o, más exactamente, Representación de los Reyes Magos, de 1145.

Entre 1430 y 1440 llegan a Castilla y León las "danzas de la muerte", que son unas representaciones litúrgicas y paralitúrgicas de la Pasión o Descendimiento. En el S. XVI se desarrollará un teatro en torno a la muerte. Los autos sacramentales surgen en el S. XVI y alcanzan su plenitud en el S. XVII

Después del Concilio de Trento, numerosos autores, especialmente del Siglo de Oro español (siglos XVI y XVII), escribieron autos destinados a consolidar el ideario de la Contrarreforma; entre ellos se destacan: Lope de Vega, , Tirso de MolinaPedro Calderón de la Barca, etc.

El origen del auto alegórico, aún no concretado al tema del Corpus Christi, hay que buscarlo, aunque con limitaciones, en el Auto de la Pasión de Lucas Fernández, compuesto hacia 1500. Alguna innovación que Fernández introduce con respecto a los procedimientos de Juan del Enzina es aprovechada después por Gil Vicente en su Auto pastoril castelanho (1502); otro paso más lo da el autor portugués en el Auto de la sibila Casandra, en el que abandona la sumisión a límites cronológicos.

Los autos sacramentales son dramas teatrales verdaderamente simbólicos. Presentan la vida alegórica y, por tanto, perceptible por los sentidos, al conjunto dogmático del Catolicismo; contienen el mundo y la naturaleza, los afectos y los sentimientos, la inteligencia, la voluntad y la imaginación como potencias del alma, la historia religiosa y la profana, el pasado, el presente y el futuro como el conjunto de la Iglesia, purgante, militante y triunfante, bajo el techo protector de aquella catedral de ideas; juntan el universo y la humanidad en una gran parábola.

No hay, propiamente, un auto sacramental consagrado a la festividad del Corpus Christi hasta la Farsa sacramental de Hernán López de Yanguas (1520-1521) y una anónima Farsa sacramental de 1521. La de Yanguas es una adaptación del drama litúrgico de Navidad a fines eucarísticos. Se representó durante la fiesta del Corpus de aquel año. Desde luego resulta fundamental que, en 1551, el Concilio de Trento, en la sesión XIII del 11 de octubre, con una predominante composición española, recomienda: Que se celebre la fiesta del Corpus como manifestación del triunfo de la verdad sobre la herejía y para que se confundieran los enemigos del Sacramento viendo el regocijo universal de la iglesia.

En 1557 se publican póstumamente las 28 obras de Diego Sánchez de Badajoz bajo el título Recopilación en metro. Diez de ellas se suponen destinadas a ser representadas en la capital extremeña el día de la festividad del Corpus: Farsa del Santísimo SacramentoFarsa de la iglesia, etc.

 


b. Auge durante el Siglo de Oro

La trayectoria del auto empieza a coger mayor auge entre 1525 y 1550. El citado Diego Sánchez de Badajoz es el primero en perfilar verdaderamente una acción eucarística, aunque se limita a narrarla y no hace intervenir personajes alegóricos; otro jalón más lo marca el Auto de los hierros de Adán del Códice de Autos Viejos, porque el único personaje real es Adán, que se mueve entre diez símbolos personificados (el Libre Albedrío, el Deseo, el Trabajo, la Ignorancia, la Fe, la Sabiduría, la Esperanza, la Caridad, el Error y la Misericordia). La enumeración de estos personajes ilustra la panoplia de papeles abstractos que llegará a alcanzar el auto sacramental en el siglo que va desde 1550 a 1650. Asimismo, hay que destacar los nombres de Juan de Timoneda, cuyas piezas suponen un perfeccionamiento de las antiguas farsas sacramentales y el impulso definitivo para el asentamiento del s en España. Vendrán luego Lope de Vega, que usa la música con funciones significativas y no solo decorativas, tramoyas y vestuario, etc.; Antonio Mira de AmescuaTirso de Molina, que supone un estadio intermedio entre las primeras fases del auto sacramental y la etapa de auge calderoniano, y José de Valdivielso como precursores del gran maestro del género, Pedro Calderón de la Barca. Posteriormente, una serie de escritores epigonales cultivaron aún el auto, pero sin el mismo éxito. Entre estos se encuentran: Francisco Rojas ZorrillaAgustín MoretoFrancisco Bances Candamo y sor Juana Inés de la Cruz.

 


c. Declive durante la Ilustración

Los autos sacramentales fueron haciéndose cada vez menos narrativos y, a consecuencia de las conclusiones contrarreformistas del Concilio de Trento, los dramaturgos fueron intensificando sus contenidos doctrinales y alegóricos hasta que autores como Pedro Calderón de la Barca les dieron su forma definitiva en el siglo XVII.

En su forma clásica, el auto sacramental desarrolla una auténtica psicomaquia entre personajes simbólicos que encarnan conceptos abstractos o sentimientos humanos en medio de un lujoso aparato escenográfico para desarrollar una idea alegórica de carácter teológico. 

 A pesar de que la exaltación de la Eucaristía era el tema central, otros motivos enriquecieron también la nómina de los autos, la Sagrada Cena, vidas de santos, episodios del Antiguo Testamento, parábolas evangélicas, sucesos históricos, incluso asuntos sacados de la Mitología.

Hubo un gran debate en la España de la Ilustración, en realidad una sección de un debate mayor sobre la reforma del teatro, acerca de la conveniencia o no de los autos sacramentales; los ilustrados después de dos siglos de lucha obtuvieron un gran triunfo con su prohibición.

La Ilustración más activa del siglo XVIII los combatió y no paró hasta acabar con ellos. En el S. XVIII Carlos III prohíbe las representaciones teatrales de los autos sacramentales en un edicto promulgado en 1765.

En el ataque contra los autos sacramentales se distinguieron especialmente los ilustrados José Clavijo y Fajardo y Nicolás Fernández de Moratín, protegidos por el conde de Aranda; entre quienes los defendían estaban Francisco Mariano Nifo y el casticista aragonés Juan Cristóbal Romea y Tapia.

A pesar de ello, algunos autores modernos, en particular los de la Generación del 27 y posteriores, han intentado revitalizar y resucitar el género, a veces desacralizándolo: Rafael Alberti, con El hombre deshabitado y Miguel Hernández, con Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras, escribieron autos sacramentales y más modernamente, Gonzalo Torrente Ballester.



 

4.2 El auto sacramental de Calderón de la Barca “El gran teatro del mundo

El gran teatro del mundo es un auto sacramental del dramaturgo español del siglo XVII Pedro Calderón de la Barca. Pertenece al género dramático. Fue representado por primera vez en la fiesta del Corpus de Valencia en 1641, y puede que hubiera sido escrito en la década de 1630. Es el auto sacramental más famoso de Calderón.

El Autor del drama que es Dios explica al Mundo la labor de su Creación y los fundamentos teológicos de la misma. La obra comienza con una introducción en la que el Autor conversa con el Mundo para proponerle una comedia del hombre, haciendo un prólogo de lo que va a ser la obra. A medida que los personajes van apareciendo, reciben su papel. Luego, el Autor preside desde su globo terrestre la representación, realzando a cada paso la importancia y trascendencia de los actos mediante el estribillo “haz el bien, que Dios es Dios”, repetido por la Ley. A continuación, el Mundo, que también hace las veces de la Muerte, va quitando los papeles al Rey, la Hermosura, la Discreción, el Rico, el Pobre, el Labrador y se describen sus sentimientos y emociones de temor o resignación ante lo inevitable. Finalmente, los personajes se presentan de nuevo ante el Autor. El globo está abierto y en él está Dios esperando para la cena eucarística a los personajes que han hecho bien su papel; es decir, han obrado según valores cristianos y altruistas.

Se trata de una representación de la comedia de la vida, cuyo título es Obrad bien, que Dios es Dios. Los personajes se presentan al Mundo, quien les da los trajes para la representación. Parece anticipar la idea que expuso Luigi Pirandello en Seis personajes en busca de autor, y el punto cuarto parece evocar las Danzas de la Muerte medievales. 

El tema del teatro del mundo está relacionado con la tradición medieval de las danzas de la muerte o danzas macabras. La danza de la muerte medieval había tenido continuidad en el siglo XVI. Su construcción dramática parte del final, del momento en que la muerte llega a cada personaje y se produce el consiguiente juicio divino que premia o castiga, de verdad y para siempre, la fugaz y ficticia farsa de la vida terrena.

Los personajes son arquetipos representativos de grupos sociales y carentes de toda individualidad, por lo que el significado de las piezas, como en Calderón, es social y moral al mismo tiempo. Los personajes no son tanto personajes históricos sino alegóricos que representaban ideas desencarnadas, virtudes, vicios, que encerraban conceptos teológicos. Estos personajes simbólicos eran tratados como de carne y hueso. Era como si los dogmas eucarísticos se vistieran con ropajes poéticos para que fuera sencillo de descifrar por la gente común del pueblo.



 

a. Los protagonistas de la obra:

El Autor: Representa a Dios, el creador. Conversa con los personajes y les entrega las directrices para que puedan demostrar su valía a través de sus actos.

El Mundo: Representa a la creación. Es el Gran Teatro, el escenario donde se desarrolla la representación de sus personajes. También actúa como la vida y la muerte. Entrega a cada uno de los personajes los instrumentos propios del papel que cada uno desempeñará.

La Ley de Gracia: Representa a los mandamientos de Dios. Es “el apuntador” del Gran Teatro. Repite durante toda la obra su consejo al resto de actores: “Ama a otro como a ti y obra bien que Dios es Dios”.

El Rey: Es dotado con el poder sobre los hombres, viste de púrpura y una corona. Es el único que no es una alegoría. Sus preocupaciones son el dominio sobre los demás y la corona. Al final de la obra es enviado al purgatorio, pero gracias a la Discreción logra subir a la mesa del Autor.

La Discreción: Representa a la Religión y la Iglesia. Es dotado con ayuno y oración, cilicio y disciplina. Se dedica a la oración y a la penitencia. Naturalmente, es aceptada directamente en la mesa del Autor.

La Hermosura: Representa a la hermosura humana. Es dotada con un ramillete de cristal, carmín, nieve y grana. Es autorreferente, presuntuosa e indolente con el sufrimiento de los personajes menos favorecidos. Es condenada al purgatorio y redimida posteriormente.

El Rico: Representa a la fortuna. Es el favorecido con las riquezas del mundo. Acepta su rol fácilmente y es uno de los que se niega a dar limosnas al Pobre. Es el único condenado al infierno.

El Labrador: Representa al trabajo. Es dotado con azadón. Se auto considera heredero de Adán que tiene que trabajar para obtener su alimento. Acepta a regañadientes su papel y asume que será un mal actor que no se esforzará en su papel. Es condenado al purgatorio, pero luego es aceptado en el cielo.

El Pobre: Representa la pobreza. Se le dota con la desnudez. Es el personaje menos favorecido de la obra. Cuestiona su papel en la obra y no se lamenta por la llegada de la muerte. El Autor lo recibe inmediatamente en la mesa del cielo como premio a la ejecución de de su papel.

El Niño: Representa a la inocencia. Es el personaje más conflictivo de la obra, pues no llega a nacer. Su papel se desarrolla antes de que se vuelvan materia y su destino es ir directo a la tumba. Cumple la función de completar el mito, la teología católica y escolástica que representa al mundo como esferas concéntricas.

La obra se desarrolla en un solo acto. La situación se plantea en el prólogo con la conversación del Autor y el Mundo. El nudo comienza con el reparto de personajes y finaliza con el fin de la obra y la retirada de los papeles por parte de la Muerte. El desenlace de la obra tiene lugar cuando los personajes se presentan ante el Autor. En el gran teatro del mundo,  no hay apenas acción, y se centran, en el mero diálogo de los tipos sociales con un personaje central que suele ser la muerte o el diablo (no Dios). Terminada la comedia, el Mundo quita a todos sus trajes. Los personajes se dirigen al Mundo para presentarse ante el Autor, tras lo cual este convida a los que han representado bien la obra al banquete eucarístico.

 


b. El tema central: La vida como teatro

El tema fundamental que articula este auto de Calderón es el tópico literario del Theatrum mundi, el mundo como un teatro donde cada ser humano representa un papel social. La imagen de la vida humana como un teatro puede rastrearse desde la Antigüedad en los filósofos pitagóricos 

Como dijo Quevedo: No olvides que es comedia nuestra vida y teatro de farsa el mundo todo, que muda el aparato por instantes y que todos en él somos farsantes;
acuérdate que Dios, de esta comedia de argumento tan grande y tan difuso,
es [el] autor que la hizo y la compuso. Al que dio papel breve solo le tocó hacerle como debe; y, al que se le dio largo, solo el hacerle bien dejó a su cargo. Si te mandó que hicieses la persona de un pobre o un esclavo, de un rey o de un tullido,
haz el papel que Dios te ha repartido; pues solo está a tu cuenta hacer con perfección el personaje en obras, en acciones, en lenguaje; que, al repartir los dichos y papeles,
la representación, o mucha o poca, solo al autor de la comedia toca
.

La vida es una representación, un teatro. Entre los personajes el pobre trata de excusarse de su papel de mendigo: ¿Porqué tengo que hacer de pobre? El autor le exhorta: Haz bien tu papel. A los ojos de autor todos son iguales tanto el pobre como el rey. Con cualquier papel se gana si haces bien tu papel.

 


c. La enseñanza de la gran alegoría

Con la representación del gran teatro del mundo se pretende desvelar el sentido de la historia, desvelar el sentido de la vida. Pone en evidencia la fugacidad del tiempo, el sentido de la muerte, el poder, la miseria, el hambre, la pobreza. La verdad la percibimos primero por los sentidos pero hemos de ir más allá. Hemos de desconfiar de las apariencias. El Hombre sensato ha de saber discernir la verdad. Es necesario ser prudente y después del aparente desengaño alcanzar la verdad sin errar la meta del vivir.

El mundo es una gran comedia puesta en escena donde a cada cual le toca encarnar un papel y al final de la representación recibirá el premio (la salvación) o el castigo (la condenación), según haya obrado bien o mal.

 


d.      Al final se desvelara la trama

En el momento de la muerte se desvelará la verdad. El autor hecha mano del “baile de la muerte”. Al final seremos despojados de los ropajes y veremos con claridad el papel que cada uno haya representado.

La belleza del mundo es fugaz y pasajera. Hemos de saber gozar con prudencia de todo lo creado como recibido de su autor. Es necesario tomar la actitud adecuada. Es una ingratitud reprobable que no reconozcamos al autor de todo lo creado. La belleza del mundo fue creada para que la criatura aprenda a aspirar y gozar de la vida eterna. En el áspero trascurso de la vida hemos de aprender a descubrir la verdadera belleza y necesitamos no perder la perspectiva. Es fácil olvidarse del Creador para ver las criaturas sin memoria del Creador. Fuimos creados para contemplar la celestial hermosura que se encierra en el Santísimo Sacramento.

 

e.      La exaltación del Santísimo Sacramento

El auto sacramental exalta el Santísimo Sacramento, el Santo Viático, alivio para los viandantes. En el cielo nos espera el banquete eucarístico eterno al que accederán los invitados que han sabido representar su papel decorosamente. Importa tener buen tino. Importa los que han de llegar a cenar en mi compañía. Quedaran sin asiento los que despilfarraron su vida en placeres mezquinos y subirán a cenar conmigo los que en la vida pasaron penas y congojas.

 


4.e Reminiscencias aún latentes en la actualidad

Aunque los autos sacramentales fueron prohibidos aún quedan reminiscencias de estas representaciones sacras. Queremos señalar algunas de la Provincia de Salamanca.

En la Alberca recogiendo una antigua tradición, tiene lugar la representación de la Pasión viviente. Es una representación teatral muy emotiva de la Pasión de Cristo que tiene lugar cada Jueves Santo por la tarde-noche en el atrio de la Iglesia. La representación es muy participativa por las personas del lugar, en la representación actúan más de cien vecinos.

En Bejar y Candelario el Sábado Santo o de Pasión se representa el auto de la Pasión según una tradición que se remonta al S. XV.

 


5. La religiosidad elitista y la religiosidad popular

La religiosidad cristiana, tiene y ha tenido a lo largo de su historia dos puntos de apoyo o, mejor, dos desarrollos o manifestaciones diferentes. Por una parte, una religiosidad elitista, interior, profunda, escondida, intelectual, sabia, para los intelectuales, para los sabios; y por otra: una religiosidad popular, sencilla, más o menos interior pero siempre exterior, social, concretada en gestos, en palabras, en acciones accesibles, inteligibles, naturales, aunque, en algunas ocasiones, dentro también de esa naturalidad que, por definición tiene lo religioso, que se acerca a lo mágico, y siempre para el pueblo común.

Las manifestaciones elitistas proceden, en general, de los intelectuales, de los pensadores que encuentran, por fin, el modo de formular los misterios que encierra el cristianismo, las verdades que el cristiano debe creer y aceptar.

Las manifestaciones populares vienen del pueblo, de la masa creyente que percibe como algo natural el modo sencillo y adecuado, en consonancia con su capacidad intelectual.

Para formular aquellas verdades o creencias se han buscado expresiones y fórmulas lingüísticas, ritos, devociones, imágenes, hechos sencillos y concretos que le resulten más cercanos e inteligibles y que son los que el pueblo usa y a través de los cuales manifiesta su fe y sus creencias.

Unas y otras son necesarias, se compenetran, se necesitan para lograr una expresión completa y definitiva de la religiosidad cristiana.

 


5.1 La religiosidad popular y la devoción pasional

La influencia en este campo devocional y popular se plasma sobre todo en San Francisco de Asís. El descubre al Jesús hombre, verdadero hombre, semejante en todo a los hombres menos en el pecado, que nace como los hombres, que sufre y que muere como los hombres y que puede ser condenado como un hombre más a una muerte ignominiosa, en la cruz, y morir entre atroces tormentos.

Sencillamente, el descubrimiento de Jesús, verdadero y auténtico hombre, permitió que comenzara y se desarrollara una devoción a la auténtica Pasión y Muerte de Jesús, pasión y muerte dolorosa, dolorosísima.

La presencia de esta devoción a la Pasión y Muerte de Jesús; devoción a la Cruz donde Jesús ha muerto; devoción a la Sangre derramada por Jesús durante su Pasión, se difundió en diferentes autores y místicos durante los siglos XIII al XVI, no sólo pertenecientes a la escuela franciscana, sino también a otras escuelas.

Junto a la devoción a la Pasión en general, van apareciendo otras devociones puntuales dentro de la Pasión: la devoción a la Vera Cruz, ya no victoriosa, sino pasional, no donde Jesús ha triunfado y vendrá al final de los tiempos, sino pasional, donde Jesús ha sufrido acerba pasión y muerte; la devoción a las “Cinco Llagas”; la devoción a la “Sangre de Cristo” especialmente derramada durante su Pasión: la devoción y consideración de las “Siete Palabras” pronunciadas por Jesús en la Cruz; la devoción a la “Corona de Espinas”; la devoción del “Vía Crucis”.



 

5.2 las procesiones penitenciales y la mística popular

Como manifestación más llamativa de esta corriente popular franciscana hay que colocar la aparición en la calle, en el primer cuarto del siglo XVI de las Hermandades de Pasión o de Semana Santa, que fundadas en la segunda mitad del siglo XV no estarán en la calle celebrando la procesión hasta los años veinte del citado siglo.

Los conventos franciscanos florecieron por doquier; lo mismo podríamos decir de las otras órdenes religiosas: dominicos, mercedarios, trinitarios, capuchinos, carmelitas... Toda la geografía patria era un campo abonado para el auge de estas asociaciones laicales – pasionales que tratan de desarrollar en torno a las procesiones penitenciales toda una mística popular.

En torno a estos conventos de órdenes religiosas, estos grupos de fieles que comparten el espíritu penitencial de los religiosos, no dudan en echarse a la calle y con el testimonio de su estación de penitencia, vivida y sentida, catequizar y evangelizar a quienes les contemplaban.



 

5.3 Valoración de la religiosidad popular

En los años pre-conciliares, en una reflexión dominada por teólogos y misioneros de otros continentes la tendencia fue de ver en la religiosidad popular un tipo de superstición, o sincretismo y a veces considerarla como algo que era un obstáculo en el desarrollo socio-económico del pueblo. Esta visión fue muy común y el énfasis se hizo en promover una pastoral de élites, creyendo así poder influenciar la sociedad desde arriba y superar las estructuras más injustas. Así, la religiosidad popular no estaba en el enfoque pastoral de la época. De hecho el Concilio Vaticano II casi no trata sobre el tema e incluso no menciona las palabras “religiosidad popular”, “piedad popular”, u otras expresiones que son usadas para este fenómeno.  Todas las formas de expresión religiosa y no sólo la expresión popular de los pobres, necesitan un proceso de conversión o purificación ya que en “el fenómeno religioso existen motivaciones distintas que, por ser humanas, son mixtas…” (6,4). Pero la tendencia ha sido de usar la palabra “purificar” mayormente en referencia a la religiosidad popular.

En Aparecida (CELAM) se ve un aprecio mucho más profundo y que casi desaparece la palabra “purificar”. En un número está usado, pero con una explicación que casi rechaza la forma como fue interpretada la palabra en los otros documentos:

“Cuando afirmamos que hay que evangelizarla o purificarla, no queremos decir que esté privada de riqueza evangélica. Simplemente deseamos que todos los miembros del pueblo fiel, reconociendo el testimonio de María, traten de imitarla cada día más. Así procurarán un contacto más directo con la Biblia y una mayor participación en los sacramentos” (No. 262). Para subrayar este aprecio, el siguiente número dice: “No podemos devaluar la espiritualidad popular, o considerarla un modo secundario de la vida cristiana, porque sería olvidar el primado de la acción del Espíritu y la iniciativa gratuita del amor de Dios..... Es también una expresión de sabiduría sobrenatural...”.

El documento de Aparecida sobre la religiosidad popular es la cumbre de un desarrollo de la reflexión sobre este tema, fruto de un proceso de madurez teológica y pastoral. Aparecida se centra más en los aspectos positivos de estas expresiones de fe popular. Tanto el tono, como el contenido del documento de Aparecida muestran la creciente madurez de reflexión sobre las formas culturales de fe que se expresan en la religiosidad popular.

El Papa Francisco en su encíclica programática  Evangelio Gadium expresa que la religiosidad popular es una perla preciosa de manifestación popular y que podemos hablar no solo de una devoción popular o una reigiosidad popular sino de una espiritualidad y mística popular.



 

Conclusión

Después de este análisis no podemos negar el valor de las procesiones penitenciales de la Semana Santa en cuento a la rica manifestación de la piedad popular y la transmisión de la fe del pueblo. Seguro que como en cualquier acción humana ha habido distorsiones y excesos. Seguro que se pueden mezclar distintos factores y distintas motivaciones pero no cabe duda que son expresión de un rico patrimonio de fe tradición y cultura de nuestro pueblo.

Para algunos las procesiones pueden considerarlas un puro teatro, no están descaminados. Se trata de averiguar cuál es nuestro papel y cómo nos comportamos. Alguno decía que la vida es como un tapiz que ahora solo vemos por detrás, una baraúnda de nudos y entresijos que a veces somos incapaces de descifrar. Al final de la vida veremos el tapiz por delante, tal cual es. Calderón de la Barca en su auto el gran teatro del mundo consideraba así la vida. Se trata de obrar bien y desarrollar bien nuestro papel.

Calderón de la Barca en su célebre auto sacramental “el gran teatro del mundo” representa la vida como un teatro y como describe Quevedo: No olvides que es comedia nuestra vida y teatro de farsa el mundo todo, que muda el aparato por instantes y que todos en él somos farsantes; acuérdate que Dios, de esta comedia de argumento tan grande y tan difuso, es el autor que la hizo y la compuso.

Las procesiones son parte de esta representación teatral. Se trata de descubrir tu papel y hacer a la perfección el papel que Dios te ha atribuido. Todo gira en torno al personaje central Cristo que desenmascara nuestras máscaras (como las que se ponían los personajes de la tragicomedia griega). Cristo es la imagen a seguir si quieres lograr la finalidad para la que fuimos creados.

Las procesiones son una forma de inculturar la fe del pueblo. La transmisión de la fe a través de la religiosidad popular del Pueblo que conlleva las procesiones de Semana Santa es uno de los medios más interesantes de la evangelización, es lo que se ha venido a llamar la “predicación muda”. Quien tenga ojos para ver que vea y oídos para oír oiga la tonada de los tambores y trompetas que junto al canto de las saetas dan a conocer quien es el que pasea por las calles de la Semana Santa.

A través de la imaginería procesional se intenta que los fieles se familiaricen con el evangelio y sus pasajes bíblicos. Por eso el Concilio de Trento defendió el principio genuinamente católico de que en la medida de lo posible hay que aceptar los usos y las costumbres tradicionales de los pueblos y, en vez de eliminarlos, llenarlos de espíritu cristiano. Como dice San Gregorio Magno: “no se les puede quitar nada a los incultos. Quien quiere alcanzar la cota más elevada, sube paso a paso, no de una vez”. San Gregorio enderezó la misión por el único camino fructífero que para bien de la cristiandad jamás debió ser abandonado.

San Gregorio Magno, como un auténtico pastor y conductor de hombres valoró la devoción popular a las reliquias e imágenes pues sabía muy bien que no se podía lograr una transformación interior de la noche a la mañana, y que más que emplear métodos coercitivos o imperativos, empleando la imposición o la fuerza, a través de la piedad y sensibilidad más emotiva se podía acceder a una conversión más profunda de todo un pueblo.

El tesoro de la fe no pude quedar recluido a los estratos privilegiados de una élite del clero. El misterio de nuestra fe debe ser presentado  solo a través de complicados raciocinios. El pueblo más que complicados dogmas de difícil comprensión es sensible al lenguaje del corazón, pues como decía Pascal el corazón tiene razones que la razón no entiende.

La participación en una procesión significa un acto de culto, adoración y homenaje, un reconocimiento público a Jesús y veneración a la Virgen que son portados en andas. Quien quiera encontrarse con Cristo y dar con su mirada que se deje llevar por la ola de Nazarenos que acompañan el paso que se balancea al compás de los costaleros y eleve su mirada desnuda ante Jesús el Nazareno.