EL HOMBRE RELIGIOSO
(LA RELIGION Y RELIGIOSIDAD
EN NUESTRO MUNDO POSTMODERNO)
Introducción
Estamos en tiempo pascual a espera del Espíritu en
Pentecostés y el Espíritu sopla donde quiere (Jn 3, 8). Se precisa oír su voz,
su rumor para dejarnos guiar. El Papa León (siguiendo el camino de los papas
predecesores) inicia su tercer viaje apostólico para visitar Argelia y otros
tres países africanos. Iniciara su peregrinación visitando la Gran Mezquita de
Argel y expresa su deseo de encontrarse con los hermanos de esas amadas
naciones. En el último Angelus volvió a alzar su voz contra la guerra tratando
de promover la paz y fomentar el diálogo para buscar soluciones al clima de
crispación y disenso que vivimos. “Demasiada gente está sufriendo, demasiados
inocentes son asesinados y alguien debe alzar su voz y decir que hay un camino
mejor”
Este artículo intenta profundizar en la dimensión espiritual
del hombre y rescatar la dimensión religiosa como algo inherente a cada
persona. En nuestra época el género humano ha de buscar los vínculos que
existen entre los diversos pueblos y las diversas religiones para potenciar
todo aquello que es común a los hombres y nos conduce a la mutua solidaridad.
Todos los pueblos formamos una sola comunidad y familia humana (Papa Francisco,
Fratelli tutti). Todos tenemos un mismo origen y fundamento y un mismo destino.
Dios quiso habitar en esta tierra y su designio de salvación se extiende a
todos. Los hombres esperan de las diversas religiones la respuesta a los
interrogantes y enigmas más profundos. ¿qué es el hombre? ¿cuál es el sentido y
el fin de nuestra vida?
Las religiones no pueden ser causa de enfrentamientos,
divisiones y guerras (como por desgracia ha sucedido en el pasado). Hoy más que
nunca se hace necesario el respeto y diálogo entre las distintas religiones. El
Espíritu sopla donde quiere y no se ha de rechazar nada de lo que en las
distintas religiones hay de santo y verdadero. Hemos de reconocer, valorar,
respetar y promover aquellos valores y bienes espirituales morales y
socioculturales que en ellas existen. No podemos invocar a Dios, Padre de todos,
si nos negamos a conducirnos fraternamente con todos. (Vaticano II, Declaración
Nostra Aetate)
Desde la antigüedad se constata una percepción de una fuerza
misteriosa, La suma divinidad que se haya presente en los acontecimientos de la
vida humana. Esta percepción penetra toda su vida de un profundo sentido
religioso.
La pérdida de este nexo fundamental y trascendente, el
denominado eclipse de dios, lleva al eclipse del hombre (Juan Pablo II, Evangelium
Vitae, 21). La raíz de la crisis que estamos viviendo hunde sus raíces en
la pérdida de esta dimensión trascendente. No cabe duda que este eclipse de
Dios está relacionado con la profunda crisis que estamos viviendo. Estamos en
un mundo que experimenta grandes cambios, cambios profundos vinculados a una
revolución global a un nuevo orden global. El papa Francisco recuerda que “no
estamos viviendo simplemente una época de cambios, sino que estamos asistiendo
a un cambio de época, un giro histórico” (Francisco, Evangelii Gadium 52).
La dimensión religiosa tiene que ver con la
cosmovisión, el paradigma de la visión del hombre y de lo humano. En actualidad
asistimos no sólo a una variación del tema humano o antropológico sino una
alteración de algo más profundo que conlleva la pérdida de sentido. Vivimos una
crisis de fe que conlleva una crisis de humanidad fruto de una
antropología contemporánea desprovista de trascendencia. Se habla de una
antropología fluida como si el hombre no solo dejase de ser el centro, sino que
no contase más. El
materialismo, convierte nuestra realidad cultural y social en una anticultura
del bienestar, del consumo y del mercado, que inclina a ver a las personas
como productores o consumidores. Es la cultura del hacer y del tener
frente a la cultura del ser.
Pesa el agobio del desencanto, las promesas incumplidas, los
sueños rotos. Pesa también la falta de un horizonte claro para nuestros hijos.
Angustia sentir que es cada vez más difícil poner el pan en la mesa, cuidar la
salud, imaginar un futuro para los jóvenes. Se suman el miedo a salir a la
calle, la violencia y la agresión generalizada. Se hace sentir cada vez más la
pérdida de los valores que sostenían la vida familiar y social.
El eclipse de Dios al que asistimos conlleva el
eclipse del hombre. La pérdida de valores de fe llevan al hombre a una perdida
de sentido. La causa primera y fundamental del desajuste que vivimos
proviene de la desvinculación causada en su raíz espiritual por la ausencia
de Dios (o la organización de la vida como si Dios no existiera). Sin Dios
y sin verdad, el ser humano no es nada previamente dado, sino lo que cada uno
decide ser libremente. No tiene naturaleza ni esencia. Somos espíritu encarnado
y no podemos renunciar a esta dimensión espiritual.
Sentimos la necesidad de volver a recuperar la dimensión
religiosa, una cosmovisión totalizante que nos ayude a interpretar todo lo
humano. La cultura dominante que vivimos del materialismo, individualismo,
hedonismo tiene de base una propuesta antropológica materialista, individualista
y estéril, que hace juego con las claves de fondo del sistema económico. Hemos
de salir del individualismo y narcisismo reinante para recuperar el valor de la
persona y su dimensión trascendente y comunitaria. La concepción de la persona
(individuo autosuficiente e independiente) da pie a una multiplicidad de
modelos, todos equivalentes. Son un punto crítico y significativo de la
desvinculación que surge al prescindir de quien es Creador y Padre.
Estamos asistiendo a un globalismo secularista que
lleva consigo toda una imposición de un pensamiento global que parece remitirse
solo a las necesidades básicas. Como características señalaríamos: La
imposición de supuestos derechos con toda una clonación de agendas
legislativas, imposiciones relativas a la educación, a la ideología de género, a
la globalización, etc).
Vivimos la cultura de la cancelación con la
supresión del diálogo y la posibilidad de conciliar posturas diferentes. Vivimos
bajo la ilusión de la cultura de lo provisorio, fruto del emotivismo. La
persona suele quedarse en los estadios primarios de la vida emocional, sin
llegar a establecer una comunidad interpersonal. Como por ósmosis se extiende
la idea de que la realidad del amor nada tiene que ver con la verdad, difundiéndose
la concepción de que el amor constituye una experiencia que pertenece al mundo
de los sentimientos volubles y no a la verdad.
Necesitamos vencer el mal, el odio, la indiferencia con
el bien, la solidaridad y la paz. Necesitamos promover una cultura del diálogo
y del encuentro, trabajar juntos codo a codo por el bien común, vencer
el mal en la caridad, en la educación y en la promoción de la dignidad humana.
Hermanos distintos, como los dedos de una mano, todos diversos, pero todos con
la misma dignidad. Para construir un futuro digno del hombre es
necesario trabajar juntos, superar las divisiones, derribar los muros y
cultivar el sueño de la unidad. Necesitamos acogernos, reconocernos próximos y
no extraños, caminar juntos, ser todos hermanos.
Este artículo trata de profundizar en la necesidad de
recuperar la dimensión religiosa del hombre y de establecer puentes de diálogo
y respeto entre las distintas religiones.
Bibliografía básica de referencia:
Odo Casel. Teología de los misterios
Mircea Eliade. Tratado de Historia de las Religiones
Erich Fromm, Budismo zen y psicoanálisis
Kavier Zubiri, el hombre y Dios
Teilhard de Chardin, el proceso evolutivo y el orden
cósmico
A. Berry, la máquina superinteligente
Artículos del blog relacionados:
La gran parodia humana, 06, 01, 23
El gran desafío, 09, 06, 23
Sed de unidad y de paz, 02, 03, 22
- El ser religioso impreso
en el hombre
El cambio ontológico que se da en los seres homínidos
distanciándose del resto de los animales se da en el momento en que el hombre
levanta su cabeza (Homo erectus) y se dirige hacia lo alto mostrando su dimensión
transcendente. Sólo el hombre es capaz de preguntarse por el sentido de su
existencia (así llega al conocimiento de sí mismo como sujeto de su
experiencia). La capacidad de actuar de acuerdo con la propia conciencia
depende del grado en que el hombre trasciende los límites de su propia
naturaleza animal-racional y se abre a su ser espiritual.
La etimología de religión viene del latín re-ligare,
religar, vincular expresa la función religiosa e integradora básica. Religar en
su totalidad mediante actos rituales, creencias, normas, valoraciones morales
la vida del individuo en su dimensión trascendente, cósmica, psíquica, social.
La dimensión religiosa da una cosmovisión,
comprensión del mundo y de las cosas donde se relaciona lo divino (desconocido)
y lo humano (conocido). Configura una mentalidad cuyo desarrollo progresivo está
estrechamente relacionado con el propio desarrollo social y cultural y con los
diversos aspectos de una colectividad (formas políticas, modos de producción
económica, etc)
En la raíz de la crisis de humanidad y de toda
desvinculación entre nosotros está en desvincularnos con Dios. El
hombre creado por Dios es un ser relacional que busca a Dios (Karl
Rahner; capax Dei). El hombre fue creado para conocer, amar y
servir a Dios su Creador (San Ignacio: principio y fundamento). Dios
creó al hombre con esta capacidad de trascenderse, capaz de relacionarse con
él, de entrar en comunión con él (imago Dei). Dios creó al hombre para
vivir en esta comunión con él y con los hermanos. Dios creó al hombre y la
mujer y lo puso como centro y culminación de todo lo creado. Todo cuanto existe
en la tierra lo puso Dios a disposición del hombre. El Dios de la vida creó al
hombre como ser viviente para tener una vida plena y feliz. La razón más alta
de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios
(Vaticano II, constitución Gadium et spes, 19).
Las grandes tradiciones religiosas del mundo no aparecen
solo como el residuo de épocas antiguas y de culturas premodernas superadas por
la historia. Las distintas formas de pertenencia religiosa inciden de un modo
nuevo en la constitución de la identidad personal, en la interpretación de los
vínculos sociales y en la búsqueda del bien común.
El derecho a la libertad religiosa tiene sus raíces en la
dignidad de la persona humana como ser espiritual, relacional y abierto a lo
trascendente. Por lo tanto, no es un derecho reservado sólo a los creyentes,
sino a todos, porque es la síntesis y la cumbre de los demás derechos
fundamentales. (Vaticano II, declaración Dignitatis Humanae)
El Papa Ratzinger habla de un "laicismo positivo",
que es el principio que promueve la cooperación entre las esferas política y
religiosa en la debida distinción de sus respectivas tareas (justa autonomía).
En este sentido, la dimensión no sólo individual sino también comunitaria de la
religión favorece la construcción del bien común, más allá de cualquier
tentación de hegemonía.
La dimensión religiosa ha sido y es una dimensión
fundamental de la persona, a la vez que uno de los elementos fundamentales en
la configuración de los grupos humanos y de las sociedades en el tiempo y en el
mundo de hoy. Además de constituir un conjunto de creencias, preceptos y ritos
para los fieles que las practican, las religiones adquieren una
dimensión cultural por su influencia en el mundo del pensamiento y del arte,
por las raíces religiosas de muchas estructuras, costumbres y usos sociales
actuales, así como por influir en los códigos de conducta individual y
colectiva derivados de sus respectivas concepciones del hombre y del mundo.
Esta perspectiva dota al fenómeno religioso de un
papel relevante en el conocimiento de las sociedades a lo largo del tiempo y de
su pervivencia en elementos de la cultura presente. Ahora bien, en el mundo
actual se asiste, más que en otras épocas, a un pluralismo que afecta también a
las creencias. Simultáneamente se da una progresiva secularización de la
sociedad y un incremento del pluralismo religioso. De este modo, la realidad
contemporánea incluye una gran variedad de creencias religiosas y no religiosas
y un no menor pluralismo religioso que muestra, además, cambios en el papel e
importancia de las distintas religiones.
- La dimensión religiosa
inherente a la persona
La base religiosa de la persona viene de la experiencia de
separatidad y la necesidad resultante de superar la angustia de la separatidad
por medio de la experiencia de la unión. La forma religiosa del amor a Dios es,
desde el punto de vista psicológico surge de la necesidad de superar la
separatidad y lograr la unión con Dios.
En todas las religiones teístas, sean politeístas o
monoteístas, Dios representa el valor supremo, el bien más deseable. Por lo
tanto, el significado específico de Dios depende de cuál sea el bien más
deseable para una determinada persona.
Lo más destacable del ser religioso es que se trata de una
dimensión inherente al hombre. El ser religioso es propio y exclusivamente
humano. El ser religioso se presenta en sus diversas fases y niveles
similitudes en todos los pueblos independientemente de los componentes
geográficos, étnicos o culturales. La dimensión religiosa por encima de las
diferentes razas, lenguas y culturas presenta rasgos y elementos comunes a
todas las épocas y a todos los pueblos.
El fenómeno religioso forma parte de un proceso evolutivo
con diversos grados de desarrollo. Se pasa de un animismo (creencia en
espíritus) a un totemismo (animismo jerarquizado), a un politeísmo (creencia y
culto a determinados dioses) y a un monoteismo (culto a un solo dios).
El ser religioso comporta un descubrimiento o autoconciencia
ética, una objetivación y separación entre lo propiamente religioso
(conocimiento de dios) con lo ético y moral (modo de sentir y de obrar), con lo
psicológico (autoconocimiento antropológico) y con el conocimiento científico
(conocimiento del mundo). El ser religioso constituye lo común, el fondo mismo
de todas las formas y manifestaciones de distinto índole ya sean culturales y
artísticas.
No existe estrictamente una ética verdadera o falsa sino un
modo común de sentir lo divino en lo humano. Si podemos hablar de religiones
con más contenido ético que otras. El hombre camina hacia una religiosidad cada
vez más humana y humanista.
- La comprensión del
concepto de Dios
La comprensión del concepto de Dios debe comenzar con un
análisis de la estructura caracterológica de la persona que adora a Dios. Hasta
donde tenemos conocimiento, el desarrollo de la raza humana puede
caracterizarse como la emergencia del hombre de la naturaleza, de la madre, de
los lazos de la sangre y el suelo. En el comienzo de la historia humana, el
hombre, si bien expulsado de la unidad original con la naturaleza, se aferra
todavía a esos lazos primarios. Encuentra seguridad regresando o aferrándose a
esos vínculos primitivos.
Podemos analizar cómo se da esa evolución del hombre en
cuanto su dimensión religiosa. Al igual que puede distinguirse en el hombre
distintas etapas evolutivas, de la misma forma lo podemos considerar en cuanto
a su dimensión religiosa. La vida se vive en proceso al igual que el
nacimiento. El nacer no es un acto sino un proceso. Vivir es nacer a cada
instante. La muerte se produce cuando ese nacimiento se detiene. El hombre se
vive en constante nacimiento, proceso de transformación, y el fin de la vida es
nacer plenamente, llegar a vivir plenamente. La evolución del hombre pasa por
despegarse de la fijación en la madre y el padre hasta adquirir la plena
independencia.
Podemos volver ahora a un importante paralelo entre el amor
a los padres y el amor a Dios. Al comienzo, el niño está ligado a la madre como
«fuente de toda existencia». Se siente desvalido y necesita el amor omnímodo de
la madre. Luego se vuelca hacia el padre como nuevo centro de sus afectos,
siendo el padre un principio rector del pensamiento y la acción; en esa etapa,
lo impulsa la necesidad de conquistar el elogio del padre, y de evitar su
disconformidad. En la etapa de la plena madurez, se ha liberado de las personas
de la madre y del padre como poderes protector e imperativo; ha establecido en
sí mismo los principios materno y paterno. Se ha convertido en su propio padre
y madre; es padre y madre.
En la historia de la raza humana podemos observar cierto
paralelismo entre el desarrollo de la persona y la comprensión de Dios. El desarrollo
aparece como la desamparada relación con una Diosa madre, a través de la
obediencia a un Dios paternal, hasta una etapa madura en la que Dios deja de
ser un poder exterior, en la que el hombre ha incorporado en sí mismo los
principios de amor y justicia, en la que se ha hecho uno con Dios y,
eventualmente, a un punto en que sólo habla de Dios en un sentido poético y simbólico.
De tales consideraciones se deduce que el amor a Dios no puede separarse del amor a los padres. Si una persona no emerge de la relación incestuosa con la madre, el clan, la nación, si mantiene su dependencia infantil de un padre que castiga y recompensa, o de cualquier otra autoridad, no puede desarrollar un amor maduro a Dios; su religión es, entonces, la que corresponde a la primera fase religiosa, en la que se experimentaba a Dios como a una madre protectora o un padre que castiga y recompensa.
En la experiencia religiosa de comprensión de Dios podemos
distinguir diversas etapas.
En la primera etapa el hombre es todavía un niño en
el seno bajo el regazo, fijado al pecho de su madre, El hombre interior sigue
los pasos de personas buenas y piadosas.
En la segunda etapa el hombre no sigue ya ciegamente
el ejemplo de la gente buena, persigue con ardor la instrucción sólida, el
consejo divino, la sabiduría santa. Vuelve la espalda al hombre y busca el
rostro de Dios. Abandona el regazo materno y sonríe a su Padre celestial. El
hombre se siente ligado a la autoridad del padre. Siente la necesidad de una
autoridad que lo elogie o castigue.
En la tercera etapa el hombre se aleja más y más de
su madre, se separa cada vez más de su pecho. Rehúye la preocupación y rechaza
el temor. Aunque podría con impunidad tratar a todos con rudeza, no encontraría
satisfacción en esto, pues en su amor a Dios lo ha comprometido con él y con él
se ocupa de hacer el bien. Dios lo ha establecido tan firmemente en la alegría,
en la santidad.
En la cuarta etapa el hombre crece cada vez más y se
arraiga en el amor, en Dios. El hombre está siempre dispuesto a aceptar
cualquier lucha, cualquier prueba, adversidad o sufrimiento y hacerlo de buena
voluntad. El hombre entra en la superación gradual del narcisismo (sentido de
omniscencia y omnipotencia) y siente necesidad de tomar conciencia de sí. Se da
la diferenciación sujeto-objeto (diferencia entre yo y lo que no es yo)
En la quinta etapa se despierta propiamente el
sentido religioso y el hombre está en paz y goza la plenitud de la sabiduría.
Trata de responder a la pregunta del porqué de la existencia (transcender su
propia naturaleza).
En la sexta etapa el hombre es deformado y
transformado por la naturaleza eterna de Dios. El hombre, negándose así mismo y
buscando la voluntad de Dios, llega a la perfección y, olvidando las cosas
pasajeras es arrastrado, transportado a la imagen de Dios y se convierte en
hijo de Dios. Siguiendo la voluntad de Dios el hombre se hace obediente y
sumiso y deja de tomar sus decisiones por sí mismo y se abandona en un Padre
omnisciente y omnipotente que sabe lo que es bueno para él.
En la séptima etapa el hombre se acerca al descanso y
la felicidad eterna. El fin del hombre interior y nuevo es la vida eterna.
- Las etapas evolutivas
de emergencia de la experiencia religiosa
Todo hombre posee una fundamental e inalienable disposición
religiosa. La experiencia religiosa podríamos decir que es unificante e
integradora. Es el elemento estructural y originario que unifica toda la
persona. La experiencia de creer en Dios es la que da respuesta a los enigmas
recónditos de la condición humana. Dios es aquel último e inefable misterio que
envuelve toda nuestra existencia. Todo hombre durante su existencia no deja de
preguntarse por el sentido de su vida y del sentido del mundo que le rodea. La
dimensión religiosa pertenece a su estructura antropológica más profunda. En el
hombre se da una triple relación consigo mismo, con el mundo, con Dios. Es la
relación fundamental con Dios la que define al hombre como un ser frente al
mundo, frente a los demás, frente así mismo. La relación con Dios como
totalizante las radicaliza todas.
La experiencia religiosa el hombre la vive en proceso y
viene a convertirse en un signo destacado de esa dimensión vertical que
constituye el núcleo de la realidad humana. Todas las religiones son
expresiones vivenciales de la trascendencia propia del hombre. Vamos a tratar
de profundizar un poco más en las distintas etapas evolutivas.
Una primera etapa. El hombre se siente ligado a la
tierra como el niño al útero de su madre. El hombre se siente identificado
todavía con el mundo de los animales y de los árboles, y trata de lograr la
unidad formando parte del reino natural. Muchas religiones primitivas son
manifestaciones de esa etapa evolutiva. Un animal se transforma en un tótem;
se utilizan máscaras de animales en los actos religiosos o en la guerra; se
adora a un animal como dios.
En una etapa posterior de evolución, cuando la
habilidad humana se ha desarrollado hasta alcanzar la del artesano o el
artista, cuando el hombre no depende ya exclusivamente de los dones de la
naturaleza, la fruta que encuentra y el animal que mata, el hombre transforma
el producto de su propia mano en un dios. Es ésa la etapa de la adoración de
ídolos hechos de arcilla, plata u oro. El hombre proyecta sus poderes y
habilidades propios en las cosas que hace, y así, a distancia, adora sus
proezas, sus posesiones.
En una etapa ulterior, el hombre da a sus dioses la
forma de seres humanos. Parece que eso sólo puede ocurrir cuando el hombre se
ha tornado más consciente de sí mismo, y cuando ha descubierto al hombre como
la «cosa» más elevada y digna en el mundo. En esa fase de adoración de un dios
antropomórfico, encontramos una evolución de dos dimensiones. Una se refiere a
la naturaleza femenina o masculina de los dioses, la otra al grado de madurez
alcanzada por el hombre, grado que determina la naturaleza de sus dioses y la
naturaleza de su amor a ellos.
A través de los símbolos, cultos, ritos utilizados en las
religiones los contenidos más inconscientes llegan a manifestarse en la vida
consciente. Estos contenidos son objetivados dentro de un marco sociocultural.
Aunque la experiencia originaria es una en todas las religiones sus
interpretaciones y sus formas de expresión cultural e histórica varían y llegan
a tipificarse.
- La historia de las religiones,
La historia de las religiones concibe el estudio de las
creencias religiosas, y más concretamente de las religiones organizadas, como
un elemento de la civilización. Su estudio trata de acercar al conocimiento de
las principales religiones y de sus manifestaciones en relación con otras
realidades sociales y culturales, así como a la comprensión de la influencia
que cada religión ha tenido en el pensamiento, la cultura y la vida social en
las distintas épocas y espacios.
Este conocimiento de las características fundamentales de
las grandes religiones enmarca la expresión religiosa en su realidad histórica
concreta, con sus proyecciones positivas y negativas, tanto en la configuración
de las sociedades en las que surgen y se desarrollan como en las relaciones
entre los pueblos. También aborda las claves culturales que configuran las
manifestaciones de la religión y los condicionamientos religiosos que han
influido en los hechos políticos, sociales y culturales de cada civilización.
Partimos del pluralismo religioso existente en nuestro
mundo, desde el conocimiento de los rasgos relevantes de las principales
religiones y su presencia en el tiempo y en las sociedades actuales. Se debe
respetar la libertad de las conciencias y la libertad religiosa como elementos
esenciales de un sistema de convivencia.
Asimismo, se ha de desarrollar actitudes de tolerancia hacia
las personas con creencias o sin ellas, en el respeto de los derechos
reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Se trata, en
suma, de proporcionar un mejor conocimiento de la realidad del mundo en que se
vive, a la vez que se favorece la convivencia en la actual sociedad pluralista.
El núcleo fundamental lo constituye la caracterización de
las principales religiones y el reflejo de las mismas en las manifestaciones
artísticas y en el modo de vida. La importancia de algunas religiones
históricas concretas en la configuración de nuestra cultura y en la
caracterización del mundo actual exige profundizar en las grandes religiones
monoteístas y, en particular, en aquéllas que se encuentran en la base de la
mayoría de las manifestaciones artísticas y culturales del mundo occidental.
Por otra parte el estudio de las religiones se debe abordar desde
un análisis que ayude a la comprensión de la influencia que han tenido y tienen
en la vida social, la interrelación entre las ideas religiosas y el pensamiento
científico, la posición de la religión en la justificación o el rechazo al
orden social establecido y sus relaciones con el poder en diferentes momentos
históricos y en la actualidad.
Una constatación fundamental no es solo de lo originario y
fundante del hecho religioso, sino que la vida religiosa constituye un fenómeno
universal en todas las religiones.
- África cuna de las
religiones
En África, según el pensamiento de muchos antropólogos, comenzó
la vida humana. África lejos de ser un continente por descubrir es un
continente revelador. Nos descubre las más profundas raíces orígenes de la
humanidad. En África se esconden las más antiguas creencias, culturas y
civilizaciones. En esta sagrada tierra la historia de salvación tuvo sus
inicios. En ella se esconde una concepción de la vida, una sabiduría, un modo
de vivir, de ser y de estar que es un verdadero tesoro y legado para toda la
humanidad. Se trata de una forma de entender y vivir la vida y de relacionarse
uno consigo mismo, con los demás y con el Creador verdaderamente
armoniosa.
Los pueblos africanos desde los tuaregs del desierto hasta
las tribus de las selvas y los pastores nómadas (Badawi significa en árabe
nómada), se han desplazado por este vasto continente sin prestar atención a las
fronteras nacionales lo que ha dado origen a ciertos rasgos culturales y
espirituales similares.
Son muchos los pueblos de diversas etnias que conviven en el
continente africano. Constituye un crisol de tribus y etnias dentro de un vasto
territorio. Entre estos pobladores había beduinos, bereberes, ndebeles, zulúes,
fueron pueblos nómadas que poco a poco se fueron sedentarizando. Se organizaban
por clanes familiares patrilineales, emparentados por línea paterna y liderados
por un jefe (Cheikh). Pasaron de ser cazadores, a ser pastores a ser
agricultores. Su forma de vida estaba íntimamente unida al ecosistema del
desierto.
Vamos a tomar como botón de muestra el pueblo masai.
En general eran pastores seminómadas que vivían cercanos a zonas fértiles de
los lagos. Uno de los enclaves más importantes fue Kenia en la zona que va del
sureste del lago Victoria a las faldas del Kilimanjaro. Allí vivían un pueblo
antaño cuestionado los masai, pueblo de origen nilótico. Según hipótesis
construidas a partir de la tradición oral y de las investigaciones
antropológicas y paleontológicas los masai emigraron entre los siglos XIV
y XV desde el norte muy probablemente desde la región del Valle del Nilo (actual
Sudán) al noroeste del lago Turkana hacia el gran Valle del Rif.
Los masai eran un pueblo cohesionado cuya imparable
expansión guardaba relación con la necesidad de alimentar a sus rebaños en
constante crecimiento la unidad social de los masáis era el kraal o
familia extensa de tipo polígamo. El laibon era la figura más importante
de la comunidad masái que tenía funciones diferentes por lo que era
frecuentemente que cada kraal tenga su laibon. El laibon era un
tipo de curandero o de chamán dedicado a curar las enfermedades y asegurar la
fidelidad de las esposas practicaba la profecía y garantizaba el éxito de la
guerra rezaba para pedir la lluvia y evitar la enfermedad y se responsabilizaba
de todos los asuntos que afectan a la tribu. Cuando los masi celebraban
cualquiera de sus ritos se ponían trajes de piel y se hacían trenzar la
cabellera con espectaculares peinados. En la sociedad masái tanto hombres como
mujeres deben someterse a unos ritos de iniciación como paso de la vida adulta
a la madurez.
Diríamos que la tradición de los pueblos africanos como
pueblos primitivos son como “los niños” que enseñan al hombre “adulto” moderno
lo que fue en su origen y ha olvidado. El hombre moderno se ha llenado de cosas
en su afán consumista y materialista y se ha olvidado de su ser trascendente y
espiritual connatural en el hombre africano. El hombre africano en un ser
constitutivamente y profundamente religioso. África nos lleva así al origen, al
hombre originario.
Antes de que fueran creados los montes y los océanos la
mente creadora de la Divina Unidad formó la tierra y todo cuanto contiene El
origen de la tierra se remonta a 4-3 millones de años.
Los primeros pobladores de la tierra concibieron que la
tierra no era una masa informe sin vida. El Espíritu del Creador dio a la
tierra el aliento de vida, de tal manera que no hay hombre sin espíritu. El
espíritu da sentido a la vida y a la existencia, da al hombre una sed de vida
imperecedera. La vida pasa fugazmente como una vigilia nocturna y el hombre
medita sobre su destino y su fin.
Pese a la brevedad de la vida el hombre ansía prolongar y
perpetuar su existencia para que no pase como el viento sin dejar rastro. La vida
se encuentra inmersa en este misterio divino y quien lo contempla se llena de
estupor a la luz de esta presencia y acción divina.
6.1 El
alborear de los orígenes
La primera evidencia de homínidos que se encontró fue
en Afar, Etiopía. Los primeros homínidos de nuestra tierra se remontan a los
restos del denominado Austrolopithecus afarensis que vivió hace 4 y 3,2
millones de años. Estos restos parecen ser los antepasados del Austrolopithecus
africanus que vivió alrededor de 3 y 2 millones de años a. C. Sus restos
fosilizados se encontraron en el valle del Rift y en las cuevas de caliza de
África meridional en la región denominada de los lagos, entre el lago Victoria
y el lago Turcana en lo que hoy corresponde a Kenia. Un cráneo hallado en Yago,
la actual Chad, indica que las poblaciones más antiguas se extendieron al norte
de las zonas tropicales.
A medio camino entre la sabana y el desierto, hogar
ancestral de una de las etnias más enigmáticas del África negra, la región de
Turkana, en los linderos de Kenia, Etiopía y Sudán del Sur, tiene en su lejanía
y difícil acceso, el mayor de sus atractivos.
Según Samuel Telekey y Rolf Gloor "Aquí
es donde todo empezó, la cuna de la humanidad”. Entre las diversas
estructuras de concreto y metal que se extienden por escarpados de piedra
volcánica protegen del sol y del viento se encuentra el área de hallazgos
paleontológicos más extensa e importante de Kenia. Turkana, reconocido por
la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad desde 1997, por su valía ecológica,
cultural y paleontológica.
En África encontramos el alborear de las primeras
civilizaciones como confluyente de las migraciones nómadas de Asia y Oriente
Medio. Estas se extendieron a lo largo de los cuatro grandes ríos, Amarillo,
Indo, Tigris y Éufrates y el Nilo, civilizaciones que emergieron quizás de
forma independiente y que se relacionaron por sus movimientos migratorios.
Entre las tribus nómadas destacan las que tuvieron su asentamiento a lo largo
del extenso río Nilo. Allí se desarrolló todo un pueblo cazador y recolector
que dio origen a una civilización cada vez más fructífera.
Al término del último periodo glaciar, hace alrededor de
10.000 años a. C. los habitantes del valle del Nilo eran cazadores y
recolectores. Debido a las condiciones mucho más templadas del periodo post
glaciar, las poblaciones crecieron. Alrededor del 5.200 a. C. se dio una
agricultura productiva basada en el légamo fértil que ofrecía la crecida anual
del Nilo. Este ciclo anual de inundación se mantuvo como el fundamento de la
prosperidad agrícola de Egipto.
6.1.1 Los nubistas y kushistas
Desde el 3.000 a.C. se sucedieron en distintos periodos
distintas dinastías. En el alto Egipto junto al desierto de Nubia se desarrolló
la dinastía Nubia con el reinado de Amenemhet en el 2.000 a. C. que
llegaba desde Asuán hasta Dashur y que tuvo como base el reino de Nubia.
A esta dinastía le sucedió el reinado Tebano. En Nubia se dieron grandes
yacimientos de oro. En el siglo X a. C. en el territorio de Kush al sur
de Asuán se extendió un reino de raíces negro africanas, independiente de los
reinos faraónicos egipcios cuyos habitantes habían emigrado desde Wadi Howar,
en el actual estado de Darfur, Sudán.
El imperio Kushita rivalizó con el faraónico por el
dominio del valle del Nilo y se extendió unos 600 Km hacia al sur hasta lo que
hoy es Jartum. En el S. VIII a. C. una familia Kushita se hizo con
el poder de la capital egipcia, Tebas, dando lugar a una dinastía de faraones
negros que reinó desde el 747 al 656 a. C. Luego los Kushitas
abandonaron Egipto y se retiraron hacia el norte de Sudán.
6.1.2 Los meroítas
Allí establecieron un reino que tendría como capital Napata
y luego Méroe. Los meroítas aprovecharon la existencia de minas de
hierro y desarrollaron técnicas de fundición. En el S. III a. C. este reino de meroítas
empezaron a desarrollar una civilización negro africana totalmente
independiente de la faraónica que tuvo un gran florecimiento y actividad
cultural hasta el S. I extendiendo los intercambios culturales con Egipto y
Arabia.
En África se aprende a vivir la vida en el entorno natural
de manera perspicaz y elocuente no tratando de controlarla ni dominarla sino de
recibirla como don sagrado y vivirla en unidad, en comunión conforme a la
Divina Unidad, al Ser Supremo y Creador de todas las cosas. Su Tradición y su
historia dan sentido a su presente y orientan su futuro. Así sin casi
proponerlo de partida esta peregrinación a África iba a ser descubrir las raíce
de la vida y el misterio que la rodea.
6.1.3 Los imperios Axum, Funj,
Karem, Maia
En el S. I extendiéndose desde Alejandría se difundió el
cristianismo con los famosos padres del desierto. A lo largo del Nilo se
extendió hasta el alto Nilo el rito Copto muy fuerte durante los cinco primeros
siglos. Después del S. VI se sucedieron distintos imperios, el Axum y el
Funj. Los reyes de Axum se convirtieron al cristianismo y
florecieron durante más de 500 años. Así cobró fuerza una civilización
cristiana de rito copto hasta la dominación árabe un el S. VI.
Los Funj tuvieron fuerte influencia del Islam.
Centrado en el lago del Chad nació el poderoso reino de Bornú que incorporó el
antiguo reino Karem. Los reyes Karnusis de Bornú conocidos como Maia
fueron una de las dinastías más longevas de la historia que duraron hasta el S.
XIX.
6.1.3 El reino Mali
El período entre 900 y 1500 presenció el crecimiento de
reinos en gran parte de la región septentrional consolidándose por lazos
comerciales con el África del Subsahara y el Mediterráneo. Los contactos
transaharianos se incrementó en el S. VIII con los mercaderes musulmanes.
Durante la edad media surgieron poderosos reinos. Fue el apogeo de los reinos
de Sudán occidental y central. Uno de los más famosos es el reino Malí
que dominó África occidental desde la curva del río Níger hasta la costa
atlántica. En África, al sur del Sahara los pueblos bantúes construyeron
enormes centros monumentales que se desarrollaron en tornos a ricas reservas de
oro. Los bantúes aunque por su florecimiento cultural podían tener la
categoría de civilización, carecían de ciudades y no conocían la escritura. En
torno a Akan y sus yacimientos de oro surgieron estados poderosos. Se sabe de
ciudades mercado como Bono Manso y Begho.
Los reinos africanos pronto se encontraron bajo la
influencia de los portugueses y españoles en su expansión colonial. Ghana fue
el primero de los estados de áfrica occidental por estar estratégicamente
situado entre los yacimientos de oro del suroeste y los consumidores de África
del norte. Se desarrolla también un gran asentamiento en la fértil tierra del
delta del Níger. De allí surgió en torno a un centro comercial el primer centro
urbano al sur del Sahara, Jenne jeno. En Nigeria el reino meridional más
importante fue Benín.
6.1.4 El reino de Benin
El reino de Benin fue fundado alrededor del S. XII
donde reinaba el oba, el monarca político y religioso. Benín adquirió su
preponderancia en la alta edad media. Su florecimiento le vino precisamente por
el comercio de esclavos, primero con los reinos de la sábana hacia el norte y
luego con los europeos a través de la costa. A partir de los viajes de los
nuevos conquistadores europeos empezaron a generarse las nuevas formas de
esclavitud y trasmigraciones por la venta de esclavos sobre todo en las zonas
costeras.
6.2 La base la religión tradicional africana. Los
ritos.
La religión en tradicional en África tiene un carácter
muy diverso. Las religiones étnicas africanas se caracterizan por su
variedad. Se denominan genéricamente como RTA (religiones
tradicionales africanas). La mayor parte del continente estaría bajo esta
denominación. Sin embargo esta RTA convive con otras religiones. El Islam tiene
una presencia dominante en el norte, y destacada en el Sáhara, el Sahel, África
Occidental y África Oriental. El cristianismo monofisita, aunque más antiguo
que el Islam, quedó confinado a Etiopía.
Tanto Islam como el cristianismo se encuentran en África con
sincretismos más o menos sectarizados como el kimbanguismo, que persisten y se
reproducen gracias a la fortaleza implícita de los conceptos de las religiones
tradicionales.
La cultura de los ritos no es racional pero tampoco
es un anti pensamiento. Se trata de una cultura de apertura a otra dimensión. A
los ritos sólo se accede desde un lenguaje simbólico, sacramental que responde
a un modo de pensar mítico. Este modo de pensar tiene sus arquetipos como de
los ejemplares.
Los rituales africanos son muy variados, los
principales buscan dar culto a los antepasados, librarse de la brujería o poner
de relieve la soberanía de los reyes y gobernantes. Perduran, principalmente los
ritos de cazadores-recolectores. Divinizan el bosque y agradecen a los que
imaginan sus pobladores sobrenaturales, el alimento y su ayuda. Al vivir en
grupos muy poco numerosos y nómadas no tienen santuarios ni poderosos
especialistas religiosos. También perduran los ritos de pastores. El
ganado es divino y los rituales principales buscan propiciar la fertilidad de
los animales y preservar su salud. Tienen un papel predominante los ritos de
agricultores. Forman agrupaciones más numerosas, tienen dioses de las
cosechas pero también divinidades supremas.
Las religiones tradicionales africanas fomentan el culto
a los antepasados. En algunos pueblos, se pone a un recién nacido el nombre
de un antepasado para que de esta manera éste siga viviendo en el cuerpo del
nuevo descendiente. Pero un antepasado, que seguirá viviendo junto a su familia
para su protección, puede desaparecer o convertirse en un ser dañino para la
familia, si es olvidado y se le deja de venerar.
A los antepasados se les atribuye cualidades corporales y
espirituales. Así, por ejemplo, son invisibles pero puede circunstancialmente
pueden hacerse visibles; tienen la capacidad de entrar y poseer a los humanos y
animales salvajes; capacidad de consumir comida o bebidas, por lo que se les
ofrece esto en los ritos. Gracias a su condición sobrehumana y su proximidad al
Creador, los antepasados son considerados a menudo como mediadores entre el Ser
Supremo y los parientes vivos.
La inmensa mayoría de pueblos creen en la existencia de un
Dios Creador que gobierna sobre todos los poderes divinos y humanos. Pero en
general este es un dios lejano, en la naturaleza existen otras fuerzas
espirituales encarnadas en diferentes deidades que están cerca de los humanos y
que les pueden resultar beneficiosos o malignos. Estas fuerzas pueden estar
presentes en los bosques, en los montes, en los ríos, en determinados animales,
árboles o plantas.
Las religiones étnicas africanas se caracterizan por
su variedad. Aún con diversidad de creencias se dan diversidad de etnias. Vamos
tan solo a resaltar algunas más representativas.
Entre los grupos más representativos se dan: Akan, Thlaping,
Rolong, Kwena, Kgatia, Kgalagadi, Twana, Hurutshe, Gwaketse, Ngwato, Tlowka y
Malete. La sociedad está compuesta por los hombres, las mujeres, los niños y el
“badimo”, que son los antepasados que tienen poderes. En su religión, el
“modimo” es el gran Dios o el “gran espíritu”, mientras que el “badimo”
son considerados agentes del “modimo”.
El pueblo Akan cree que el universo fue creado por un Ser
Supremo a quien también conocen como Creador, Dios, Infinito, Gran Diseñador.
También creen que la creatividad humana influye positiva o negativamente sobre
el Universo, el cual se desarrolla a través de los que ya han muerto, los que
viven y los que nacerán.
El Ser Supremo es indestructible, y para crear la
“kra”, alma humana, pone una parte de su propia alma. Es por ello que cuando un
Akan muere, su alma se reencarna en alguna persona que tenga el mismo
nombre que el difunto tuvo en vida. Creen que el universo fue creado por un Ser
Supremo a quien también conocen como Creador, Dios, Infinito, Gran Diseñador,
etc.
La creencia en Dios como Ser Supremo es la base de la
religión africana. Dios como Ser Supremo es la cabeza de todos. Los mitos
hablan de un ser superior o supremo que hace existir y sostiene todas las
cosas. Es diferente del mundo. Los hombres no tienen relación directa con él,
aunque hablan de él. El Ser Supremo es lejano por ser trascendente y
inaccesible y a la vez familiar para ellos porque interviene en sus vidas y en
su historia, pero su intervención la hace a través de sus intermediarios. Los
principales intermediarios son los espíritus y los ancestros. Vienen a ser
mensajeros del Ser Supremo. De esta forma Dios habla y actúa en la vida de los
hombres. No hay sacrificios directos a Dios sino a través de los
intermediarios.
Los espíritus o Gyn son seres invisibles, A través de la
creencia en los espíritus como mensajeros, hacen cercano a Dios y su
intervención entre los humanos. A diferencia del Ser Supremo si pueden
aparecerse a alguien. Son como los seres humanos, tienen forma humana. Habitan
en lugares privilegiados y también pueden habitar de forma excepcional en una
casa o en una persona. Los espíritus en general pueden ser buenos o malos de
ahí que la relación con ellos es peligrosa. La gente les tiene mucho respeto y
evitan tratar con ellos ni buscarlos. Cuando los espíritus entran en una
persona se va al Adivino para reconciliar al hombre con el espíritu.
Los ancestros son muertos que han cumplido todo lo que
necesitaban para el paso a la vida del más allá. Han tenido hijos, han vivido
de acuerdo a las normas de la Tradición, han tenido buena muerte con los
consiguientes ritos funerarios. Hay diversas categorías de ancestros.
Los inmediatos son los padres y los abuelos. Los lejanos son los tatarabuelos.
Los míticos y los epónimos son los fundadores del clan.
Los ritos sólo pueden entenderse desde esta cosmovisión
sacra del mundo, del hombre y de la vida. La religiosidad primitiva deja ver
que todas las civilizaciones primitivas poseían esta cosmovisión sacra. Esto
fue lo que dio lugar a los mitos y a los ritos. Los comportamientos rituales
tienen toda una iniciación. Los mitos y los ritos responden a una formación de
constelación de sacralidades. La cosmogonía africana responde de un orden
establecido por la Divina Unidad que rige los seres del cielo y los de la
tierra. Todo queda bajo el amparo del poder divino.
Los ritos enmarcan el tiempo en esta cosmogonía respondiendo
a los ciclos de la vida. Para el pueblo africano se rigen por valores distintos
al mundo occidental. Para ellos no cuenta el tiempo o lo miden de forma
diferente. No hay tiempo perdido y se dan todo el tiempo del mudo para
contemplar y comunicarse. La religiosidad africana nos lleva a las raíces del
hombre originario que han permanecido ocultas, durante tiempos enterradas en la
oscuridad.
La religión tradicional impregna e inspira todas las esferas
del pensamiento y la actividad del pueblo africano y se manifiesta en la vida
cotidiana de sus gentes. Es una religiosidad tan envolvente que los africanos
parecen vivir con inquietud constante y con el deseo de recibir el mensaje de
los dioses.
El sincretismo es la combinación de diferentes y a veces
contradictorias creencias. A menudo, se intenta fusionar las prácticas de
varias escuelas de pensamiento. En la comunidad de África, el sincretismo con
las creencias indígenas se practica en toda la región. Se cree que para obtener
la tolerancia religiosa entre los diferentes grupos.
Kwesi Yankah y Mbiti John argumentan que muchos pueblos
africanos hoy en día tienen un patrimonio religioso "mixto" para
tratar de conciliar las religiones tradicionales con religiones abrahámicas.
Jesse Mugambi afirma que el cristianismo enseñado a los africanos por los
misioneros, tenía miedo de sincretismo, que se llevó a cabo por el liderazgo
cristiano en África, en un intento de mantener el cristianismo
"puro".
Otros opinan que el sincretismo en África puede ser
exagerado, y debido a una mala interpretación de las capacidades de las
poblaciones locales para formar su propia ortodoxia y, también, por la
confusión sobre lo que es cultura y lo qué es la religión. Otros afirman que el
sincretismo es un término difícil de alcanzar, ya que se puede aplicar
para referirse a la sustitución o modificación de los elementos centrales del
cristianismo o el islam con las creencias o prácticas de otro lugar.
Las consecuencias en esta definición, de acuerdo con el misionólogo
Keith Ferdinando, son un compromiso grave de la integridad de la religión. Sin
embargo, las comunidades en África tienen muchas de las prácticas comunes que
se encuentran también en las religiones abrahámicas, por lo que estas
tradiciones no entran en la categoría de algunas definiciones de
sincretismo.
6.3 Paso
de las religiones animistas a teístas, matriarcales a las patriarcales
Hablemos en primer término del paso desde las religiones animistas
a las religiones teistas. Destacamos el paso de las matriarcales a las
patriarcales. De acuerdo con los notables y decisivos descubrimientos de
Bachofen y Morgan a mediados del siglo pasado, y a pesar de que la mayoría de
los círculos académicos rechazó esos hallazgos, no parecen existir dudas acerca
de la existencia de una fase matriarcal de la religión, anterior a la
patriarcal, por lo menos en muchas culturas.
En la fase matriarcal, el ser superior es la madre.
Es la diosa, y así mismo la autoridad en la familia y la sociedad. Para
comprender la esencia de la religión matriarcal basta recordar lo dicho sobre
la esencia del amor materno. El amor de la madre es incondicional, y también es
omniprotector y envolvente; como es incondicional, tampoco puede controlarse o
adquirirse. Su presencia da a la persona amada una sensación de dicha; su
ausencia produce un sentimiento de abandono y profunda desesperación. Puesto que
la madre ama a sus hijos porque son sus hijos, y no porque sean «buenos»,
obedientes, o cumplan sus deseos y órdenes, el amor materno se basa en la
igualdad. Todos los hombres son iguales, porque son todos hijos de una madre,
porque todos son hijos de la Madre Tierra.
6.4 Las religiones politeistas.
La etapa siguiente de la evolución humana, la única que
conocemos plenamente y a cuyo respecto no tenemos necesidad de confiar en
inferencias y reconstrucciones, es la fase patriarcal. En ella, la madre pierde
su posición suprema y el padre se convierte en el Ser Supremo, tanto en la
religión como en la sociedad. La naturaleza del amor del padre le hace tener
exigencias, establecer principios y leyes, y a que su amor al hijo dependa de
la obediencia de éste a sus demandas.
Prefiere al hijo que más se le asemeja, al más obediente y
capacitado para sucederle, como heredero de todas sus posesiones. (El
desarrollo de la sociedad patriarcal es paralelo al de la propiedad privada.)
Como consecuencia, la sociedad patriarcal es jerárquica; la igualdad de los
hermanos se transforma en competencia y lucha mutua.
Sea que consideremos las culturas india, egipcia o griega, o
las religiones judeo-cristiana o islámica, nos encontramos en medio de un mundo
patriarcal, con dioses masculinos, sobre los que reina un dios principal, o
donde todos los dioses han sido eliminados menos Uno, el Dios. Sin embargo,
puesto que es imposible arrancar del corazón humano el anhelo de amor materno,
no es sorprendente que la figura de la madre amante no se haya podido expulsar
totalmente del panteón.
En la religión judía, los aspectos maternos de Dios vuelven
a introducirse, en especial en las diversas corrientes místicas. En la religión
católica, la Iglesia y la Virgen simbolizan a la Madre. Ni siquiera en el
protestantismo permanece oculta.
Podemos examinar la diferencia entre los elementos
matriarcales y patriarcales en la religión para mostrar que el carácter del
amor a Dios que depende de la respectiva gravitación de los aspectos
matriarcales y patriarcales en la religión.
El aspecto patriarcal me hace amar a Dios como a un padre;
supongo que es justo y severo, que castiga y recompensa; y, evidentemente, que
me elegirá como hijo favorito, tal como Dios eligió a Abraham-Israel, como
Isaac eligió a Jacob, como Dios elige a su pueblo favorito.
En el aspecto matriarcal de la religión, amo a Dios como a
una madre omnímoda. Tengo fe en su amor y sé que pese a cuan pobre e impotente
sea, a cuanto haya pecado, me amará y no amará a ninguno de sus otros hijos más
que a mí; que me ocurra lo que me ocurriere, me rescatará, me salvará, me
perdonará.
Innecesario es decir que mi amor a Dios y el amor de Dios a
mi son inseparables. Si Dios es un padre, me ama como a un hijo, y yo lo amo
como a un padre. Si Dios es una madre, este hecho determina su amor y mi amor.
Esa diferencia entre los aspectos maternos y paternos del
amor a Dios es, empero, sólo uno de los factores que determinan la naturaleza
de ese amor; el otro factor es el grado de madurez alcanzado por el individuo
y, por lo tanto, en su concepto de Dios y su amor a Dios.
Dado que la raza humana evolucionó desde una estructura
societal centrada en la madre a una centrada en el padre, es principalmente en
el desenvolvimiento de la religión patriarcal donde podemos observar el
desarrollo de un amor maduro. Eso es verdad especialmente en lo que atañe a las
religiones monoteístas de occidente. Vamos a tratar de diferenciar la actitud
religiosa de Oriente y de Occidente.
En las religiones indias las figuras maternas han conservado
buena parte de su influencia, por ejemplo, en la diosa Kali; en el budismo y en
el taoísmo, el concepto de un dios, o de una diosa, carecía de significación
esencial, si es que no había sido eliminado por completo. Al comienzo de esa
evolución, encontramos un Dios despótico, celoso, que considera que el hombre
que él ha creado es su propiedad, y que tiene derecho a hacer con él cuanto
quiera.
6.5 Los sistemas teístas
Existe el supuesto de la realidad del reino espiritual, que
trasciende al hombre, que da significado y validez a los poderes espirituales
del hombre y a sus esfuerzos por alcanzar la salvación y el nacimiento
interior. En un sistema no-teísta no existe un reino espiritual fuera del
hombre o trascendente a él. El reino del amor, la razón y la justicia existe
como una realidad únicamente porque el hombre ha podido desenvolver esos
poderes en sí mismo a través del proceso de su evolución y sólo en esa medida.
En tal concepción, la vida no tiene otro sentido que el que el hombre le da; el
hombre está completamente solo, salvo en la medida en que ayuda a otro.
El concepto de Dios es sólo un concepto históricamente
condicionado, en el que el hombre ha expresado su experiencia de sus poderes
superiores, su anhelo de verdad y de unidad en determinado período histórico.
Pero se manifiesta también que las consecuencias de un monoteísmo estricto y la
preocupación fundamental no-teísta por la realidad espiritual son dos puntos de
vista que, aunque diferentes, no se contradicen.
6.6 Egipto una gran y
floreciente civilización
Egipto fue cuna de una de las civilizaciones más prósperas
que se extendió en torno al fértil valle del Nilo con ciudades como Giza,
Menfis, Tell el Almarna, Abidós, Tebas, Ramses, Karnak, Luxor y el Valle de los
Reyes. Las largas fases que esta civilización desarrollo permitió desplegar un
culto singular cuyo elemento central era el faraón en calidad de divinidad en
la tierra. Uno de los distintivos del imperio egipcio era la gran homogeneidad
con la que evolucionaron la religión y las formas de organización.
La cosmovisión egipcia residía en una idea del Estado
altamente desarrollada. El faraón aunaba el poder terrenal y divino tenía
gobierno y religión como Encarnación Del Dios Horus hijo de los dioses Osiris e
Isis. Tras los monumentos funerarios egipcios cada nuevo regente se consideraba
Horus renacido para el faraón. Los faraones como divinidades, traducían la
tarea de mantener en su reino el orden cósmico Maat deseado e instaurado por
los dioses. A su muerte el faraón regresaba con Osiris riguroso juez supremo
del Tribunal de los muertos. Todo esto dio pie a un prolijo culto funerario. Los
ritos se asentaban en los mitos divinos. Para la deificación del difunto se
invocaba el ejemplo de Osiris que fue asesinado por su hermano Seth y resucitó
así como el del Sol que muere cada noche y de mañana vuelve de nuevo al mundo.
Las tumbas faraónicas eran por tanto lugares sagrados con
rango equiparable al de los templos dedicados a las deidades. Estás, según la
región, podrían ser seres muy diversos con forma de personas, animales o
plantas. Aunque había algunas con difusión estatal, lo que les confería rango
de divinidades supremas, ocasionalmente, podían fundirse con dioses locales. Los
mitos vinculados a los dioses hacen referencia sobre todo al proceso de
surgimiento del mundo y a los fenómenos naturales que ellos tutelaban. Según la
creencia egipcia, en las aguas primordiales se alzó una montaña primigenia
dónde creció un huevo. De él nació el Sol, que fue adorado bajo diversos
nombres. De su saliva, (autofecundando su mano femenina), creó la primera
pareja de dioses Shu y Tefnet, aire y humedad quienes a su vez engendraron a Nut
y Geb, cielo y tierra de cuya unión nacieron Set y Neftis, así como Isis y Osiris.
Isis era la diosa de la fertilidad y la maternidad siempre
estará junto Hator, diosa del amor e hija del Dios Sol Ra. Según la leyenda Hator
se había retirado a la templada África huyendo de las inclemencias de un
invierno. Por encargo de su padre el mensajero divino Thot consiguió
convencerla con esfuerzo de que regresara al hogar. En Filae volvió a pisar
suelo egipcio lo que se celebró con grandes fiestas sacrificiales.
Toda relación de los humanos con el mundo de los dioses
pasaba a través del monarca. Los sacrificios se practicaban en su nombre y las
oraciones hacían referencia a él. Los mortales tenían que reconocer el maat,
el orden cósmico establecido por los dioses, y vivir en consecuencia. Una
buena conducta en este sentido reportaba gratificación ya en la tierra, pero
era aún mucho más importante de cara a la vida tras la muerte, que en Egipto se
consideraba la prolongación de la existencia terrenal. De ahí que se intentase
preservar el cuerpo mediante el embalsamamiento y que las tumbas reales se
construyesen como duplicados de los palacios. Los faraones se hicieron erigir
pirámides gigantescas que los acercaban al cielo.
7.
Oriente. Las religiones orientales
Una de las grandes civilizaciones surge en Caldea
(Mesopotamia) en torno al Tigris y al Éufrates con poblaciones como Ur, Uruk,
Nippur, Babilonia, Assur, Nínive. En Mesopotamia (en griego tierra entre Ríos)
surgieron sociedades culturalmente avanzadas en torno a la misma época que en
Egipto. Una serie de pueblos e imperios se fueron tomando el relevo hegemónico
por ello los centros de poder se fueron desplazando una y otra vez y las
regiones evolucionaron de forma dispar. Con todo es posible distinguir un
fundamento espiritual común este fue establecido por los sumerios los primeros
que crearon un estado poderoso en el antiguo estuario de los ríos Tigris y Éufrates.
Como todos los universos religiosos primitivos, el sumerio
estuvo poblado por una diversidad de dioses representados antropomórficamente
tenían su origen en el océano primigenio personificado en Nammu de él surgieron
las cuatro divinidades supremas adscritas a los cuatro elementos a los que los
sumerios atribuían la composición de todas las cosas. An más tarde Anu Dios del
cielo que reina en lo más alto; Enlil, Dios del aire y la tempestad; Enki Dios
responsable de la humildad y de la y la diosa de la tierra Ki. Por medio de sus
palabras fue creado todo lo demás incluidos otros dioses como la diosa del
grano Ninlil, esposa de Enlil y sustentadora o el Dios lunar Nanna, que con la
diosa del amor Inann(a después Istar) y el Dios solar Utu, conformaba la tríada
divina celeste.
El Oriente constituye una fuerte antigua tradición
espiritual. Tanto en el brahmanismo como en el budismo y el taoísmo, la
finalidad fundamental de la religión no es la creencia correcta, sino la acción
correcta. Lo mismo ocurre en la religión judía.
7.1 El Hinduismo, el Taoismo y el Budismo.
India representa una relativa uniformidad religiosa, a pesar
de ser un país tan vasto, las minorías islámica cristiana y budista no tienen
un peso significativo aunque a menudo entran en conflicto prevalece el
hinduismo la más antigua de todas las religiones del mundo.
El hinduismo es la religión propia de la India, la
más ancestral. Ha sido y sigue siendo en la actualidad el gran rival del resto
de confesiones del subcontinente. Su culto multicolor y la abundancia de
divinidades hindúes casan bien con el temperamento y el estilo de vida de las
gentes de este país. Puede afirmarse que el hinduismo como tal no existe
porque carece de uniformidad y cada región lo expresa de un modo totalmente
distinto. Los hindúes ni siquiera comparten la multitud de deidades que tienen
aunque con tanto surtido tampoco es de extrañar las causas de todo ello se
remontan muy atrás en la historia.
En el s. VI a. C. se introdujo en la India, merced al
influjo espiritual de los Upanischad, una nueva experiencia religiosa.
La misma perspectiva tan vigorosamente terrena de la literatura Ring Veda
hacía ver la experiencia de lo ilusorio del mundo y del vacío de la existencia.
Su ideal no era sino la absorción del yo individual en el yo universal o Atma
Brama. Muchos abandonaron el mundo y se fueron a vivir como monjes. Al
principio se organizaron los Bahiskshu (mendigos o ascetas de vida
errante), más tarde llegaron a reunirse en grandes monasterios (ashrams).
En los monasterios ashramos se cultivo la oración y la vida fraterna en
comunidad.
7.2 El hinduismo
El término hinduismo proviene del nombre que los
persas dieron al río Indo el cual abastece de cinco grandes afluentes con los
que forma una barrera natural en la parte oeste del subcontinente indio. Junto
a este río surgió una primera civilización que recibió el nombre de la ciudad
de Harappa y que, protegida por el río, prosperó durante más de 1000 años hasta
que tuvo que abrirse a influjos extranjeros. Fue a causa de estos que la
antigua cultura dravídica y la religión indias evolucionaron hacia el
hinduismo. Los arios indogermánicos que en el segundo milenio a. C. avanzaron
desde el interior de Asia trajeron consigo una mentalidad bélica que al
mezclarse con las creencias del largo arraigo acuñaron el diversifica sistema
espiritual que ha conseguido mantener unidos con el paso del tiempo a los 1000
millones de personas testa fragmentada sociedad.
El hinduismo no es una confesión religiosa homogénea
sino una cosmovisión en la que tienen cabida tanto el politeísmo y las
creencias ancestrales sobre demonios como la idea de que toda pluralidad se
basa en una deidad impersonal única. Como ninguna de esas múltiples
ramificaciones se da en estado puro, sino siempre en combinación con las demás,
la tolerancia ha devenido una característica de esta religión que es
literalmente todo corazón. Por ello no puede hablarse de una uniformidad de
pensamiento hindú sino de un pluralismo religioso.
Algunos pilares resultan válidos para los 800 millones de
hindúes. Primero está la doctrina de la casta en la que nace cada persona. Estas
capas o estratos socialmente cerradas de la sociedad reflejan la concepción
jerarquizada de un Orden Mundial que sitúa a los dioses por encima de una
humanidad dividida en distintos rangos y a esta por encima de los animales, las
plantas y finalmente la naturaleza material inerte, que no queda exenta del
alma. En el ámbito social, sin embargo, este pilar se desmorona por la
influencia de los valores occidentales y por las aportaciones de las comunidades
hindúes que viven en países desarrollados. El concepto de casta se aplica solo
a la vida temporal del alma. El alma sería como el mensajero químico que
permeabiliza las esferas. El segundo pilar es la creencia en la transmigración
del alma. El eterno ciclo de las distintas vidas al que está sometido el
individuo.
El modo en que se produce cada Renacimiento (reencarnación)
depende del karma que cada cual haya acumulado a través de sus actos y
omisiones en las vidas anteriores. El creyente aprende a concebir toda esta
causalidad cósmica a través de las tradiciones (smriti) comunes a todos
los hindúes Qué están recogidos en los textos sagrados, sobre todo en los
antiguos vedas (conocimiento), pero también en textos posteriores como los
puranas (mitad del primer milenio a. C.) y la epopeya Mahabharata que se
escribió 1000 años después y que incluye entre sus páginas la instructiva obra Bhagavad
Gita (canto del señor)
Destaca también la importancia de las peregrinaciones a los
lugares sagrados pasando por la fe en los dioses principales y en el poder
purificador de los ritos sagrados. Todos los templos son santuarios y muchos
parajes naturales remarcables como cumbres, grutas, manantiales que son
considerados como también sagrados.
Entre los dioses comúnmente invocados se cuentan
principalmente Brahma, el Dios creador, cuya relevancia en la vida
religiosa diaria es más bien insignificante. Vishnu el preservador y el
destructivo. Shiva, el benevolente, este último destruye lo malvado y
las circunstancias dañinas a fin de crear espacio para lo nuevo es decir puede
considerarse que su destrucción es fructuosa. Vishnu Shiva y otros dioses entre
ellos también sus respectivas parejas pueden adoptar apariencia humana avatar (encarnación
terrestre) Vishnu por ejemplo como el héroe Rama o como Krishna (el oscuro). En
los citados escritos sagrados y epopeyas se loan todas sus obras.
El pensamiento brahmánico se preocupaba por la
relación entre la multiplicidad (de los fenómenos) y la unidad (Brahma). Pero
la filosofía paradójica no debe confundirse en la India ni en la China con un
punto de vista dualista. La armonía (unidad) consiste en la posición conflictual
que la constituye.
El pensamiento brahmánico desde el principio giró alrededor de la
paradoja de los antagonismos simultáneos, y no obstante identidad de las
fuerzas y formas manifiestas del mundo fenoménico. El poder esencial en el
Universo y en el hombre trasciende tanto la esfera conceptual como la sensible.
No es, por lo tanto, ni esto ni aquello no hay antagonismo entre real e irreal,
en esta realización estrictamente nodualista. En su búsqueda de la unidad más
allá de la multiplicidad, los pensadores brahmánicos llegaron a la conclusión
de que el par de opuestos que se percibe no refleja la naturaleza de las cosas,
sino la de la mente percipiente. La oposición es una categoría de la mente
humana, no un elemento de la realidad.
El pensamiento brahmánico conlleva un trascenderse a si
mismo para alcanzar la verdadera realidad. En el Rig Veda, el principio
se expresa en la siguiente forma: Yo soy los dos, la fuerza vital y el material
vital, los dos a la vez. La consecuencia extrema de la idea de que el
pensamiento sólo puede percibir en contradicciones aparece en forma aún más
drástica en la teoría vedanta, que postula que el pensamiento es sólo un más
sutil horizonte de ignorancia, en realidad, el más sutil de todos los engañosos
recursos de maya.
Los maestros de la lógica paradójica afirman que el hombre
puede percibir la realidad sólo en contradicciones, y que su pensamiento es
incapaz de captar la realidad unidad esencial, lo Uno mismo. Ello trajo como
consecuencia que no se aspira como finalidad última a descubrir la respuesta en
el pensamiento.
Este sólo nos dice que no puede darnos la última respuesta.
El mundo del pensamiento permanece envuelto en la paradoja. La única forma como
puede captarse el mundo en su esencia reside, no en el pensamiento, sino en el
acto, en la experiencia de unidad.
La lógica paradójica llega así a la conclusión de que el
amor a Dios no es el conocimiento de Dios mediante el pensamiento, ni el
pensamiento del propio amor a Dios, sino el acto de experimentar la unidad con
Dios.
Por lo tanto, lo más importante es la forma correcta de
vivir. Toda la vida, cada acción, banal o importante, se dedica al conocimiento
de Dios, pero no a un conocimiento por medio del pensamiento correcto, sino de
la acción correcta.
En el hinduismo los hombres investigan el misterio divino y
lo expresan mediante la inagotable fecundidad de los mitos. Se busca la
liberación de las angustias de nuestra condición humana ya sea mediante las
modalidades de la vida ascética, ya sea a través de profunda meditación, ya sea
buscando refugio en Dios con amor y confianza.
La literatura Ring Veda no era, en el fondo, sino la
experiencia de lo ilusorio del mundo y del vacío de la existencia. Su ideal no
era sino la absorción del yo individual en el yo universal o Atma Brahma. De
ahí que muchos abandonasen el mundo y viviesen en vida celibataria buscando esa
interiorización radical.
El Olimpo hindú vendría a ser representado por el
Himalaya, la morada de los dioses. Por él transcurre el Char Dham (las
cuatro moradas), una ruta de peregrinación que une el punto más septentrional
del subcontinente con Yamunotri, Gangotri, Kedernath y Badrinath. En Yamunotri
nace Yamuna, río a la par que diosa. Su manantial marca el punto más occidental
de la ruta. En el templo de Yamunotri los peregrinos realizan con los
sacerdotes la puja frente a una estatua de mármol negro de la diosa y reciben
la bendición (prasada) en forma de arroz. El santuario se halla a mitad del
manantial, a 3235 metros de altitud, y los últimos 7 kilómetros del camino solo
pueden recorrerse a pie. A dos días más de marcha, los devotos caminantes
llegan a Gangotri cerca del lugar donde nace el Bhagirathi (el manantial más
importante del Ganges). Los devotos caminantes son guiados hasta Cachemira y
con ello al techo del mundo. Allí el cielo y la tierra se unen como en ningún
otro lugar.
7.3 El Budismo
El budismo, al igual que el resto de las religiones del
mundo, no existe solo en una forma pura su edificio doctrinal se ha
desarrollado de manera distinta en el transcurso de los milenios y se nos
presenta en 3 corrientes principales y muchas interpretaciones y prácticas
diferentes.
El budismo, según sus varias formas, reconoce la suficiencia
radical de este mundo mutable y enseña el camino por el que los hombres, con un
espíritu devoto y confiado, pueden adquirir ya sea el estado de perfecta
liberación, ya sea la suprema liberación, por sus propios esfuerzos y apoyados
en un auxilio superior.
La doctrina del despierto o iluminado (Siddharta Gautama)
según la concepción del término “buda” era en sentido estricto atea, es
decir, sin Dios ni dioses. El hecho de que esto haya cambiado se debe a la
imponente figura del fundador y a la sabiduría aparentemente sobrenatural de
sus palabras.
La relevancia del Buda histórico se debe más bien a sus
seguidores. Ellos tendieron a deificarlo así como a venerar algún que otro dios
pese a que posiblemente ningún maestro religioso ha escrito tan pequeño su yo
como Buda. Este hubiera preferido eliminarse completamente de su doctrina sin
embargo su personalidad, debido de ejercer una atracción tan intensa, que todas
sus recomendaciones para que se prescindiera de él como persona cayeron en
oídos sordos. Una conversación que Buda mantuvo poco antes de su muerte con Ananda,
su primo y compañero más íntimo, documenta ese desinterés por sí mismo. La
indicación que dio Buda a Ananda fue la de no buscar otro refugio que dhamma,
no perder el tiempo rindiendo homenaje a los escritos si no trabajas con esmero
y esfuerzo por vuestro bienestar espiritual.
La doctrina Siddharta Gautama no busca la salvación
en el cielo o en un más allá más o menos colorista sino que proclama posibles
la iluminación y la salvación en el aquí y el ahora espléndidas imágenes y
estatuas doradas de Buda sumido en la meditación dan cuenta de esta promesa.
Pese a esta recomendación se fomentó un aluvión descomunal
de imágenes que pretenden inmortalizar a Buda en el mundo. A estas imágenes y
estatuas se les dio un cariz espiritual y se situaron en marcos suntuosos en
forma de templos engalanados que a su vez se convirtieron en santuarios. A
medida que el budismo se iba extendiendo estos templos fueron adquiriendo
formas más ricas y ostentosas convirtiéndose a sí mismo en metas de
peregrinación.
Por otro lado, el árbol de la doctrina budista pronto se
ramificó. La forma más rigurosa y cercana a la original de budismo Theravada
(doctrina de los antiguos) llamado también hinayana (pequeño vehículo)
se bifurcaron. El más liberal mahayana gran vehículo y el lamaísmo
de influencia hinduista llamado también baja rayana vehículo de diamante
todos ellos modelaron moldeados por las culturas en las que se impusieron.
No es posible pormenorizar en detalle las enseñanzas de las
cuatro nobles verdades (el óctuple noble
sendero) hacia la iluminación. Basta con decir que su observancia exige tan gran
esfuerzo que solo los elegidos, o sea, los ascetas (sramanas) y monjes o
monjas (sadhus) son capaces de lograrlo con éxito. Por eso, el propio
Buda fundó una comunidad (sangha), integrada al principio por ascetas
mendicantes, que solo mucho más tarde buscaron el camino de la perfección
espiritual en entidades comunitarias. los monjes son apoyados por la población
que participa así de sus méritos espirituales y mejora su karma, que es en
definitiva el único modo de aumentar las posibilidades de un renacimiento más
elevado e incluso de una definitiva extinción del culo de los renacimientos (samsara).
Los monasterios, son por tanto, lugares santos para los budistas.
Buda marca el camino hacia el Nirvana para los seguidores de
Buda. La meta principal del budista es romper el círculo del sufrimiento eterno
de los renacimientos samsara. Si lo logra ingresan en el Nirvana
sobre el que se dice del mismo modo que la llama que pasa al descanso rozada
por el viento, deja de verse así, hace también el sabio liberado de nombre y
forma al descanso.
Buda marca así el camino de la iluminación entre los polos
que constituyen el nacimiento y la muerte. Existen otras dos estaciones que
hicieron de Siddharta Gautama el Buda. Su encuentro con el sufrimiento
de la miseria y la muerte lo convencieron de que los bienes terrenales no
aportaban sentido al ser sino que conducían al apego Upadama al mundo y
por tanto significaban sufrimiento (dukkha).
El budismo es esencialmente monacal orientado hacia la
meditación y transfiguración. En el budismo Hinayana (del pequeño vehículo) el
monasterio desempeña un papel central con su vida de meditación, de comunidad y
de su trabajo asistencial a la población. Rituales y oficios divinos a Buda
alternan con vigilias de oración y con rigurosa disciplina (carácter
penitencial para resarcirse de las culpas).
7.4 Los mitos, ritos, símbolos
sagrados
Los mitos están presentes en cada una de las religiones pero
especialmente en el hinduismo. En el hinduismo los mitos son muy relevantes. A
través de ellos se investiga el misterio de lo divino y lo expresan con
inagotable fecundidad. Los mitos corresponderían a esa etapa inicial de las
creencias donde se trata de explicar el origen sagrado a través de una historia
sagrada que se vincula con lo absoluto y divino. Se sale de un discurso
científico y se opera a través de símbolos. Arquetipos y estructuras narrativas
ligadas al inconsciente colectivo para así dar sentido a la existencia humana.
Su narración forma parte de rituales religiosos. Sus personajes suelen ser
dioses, héroes semidivinos o fuerzas de la naturaleza personificados. Estos
seres representan el bien y el mal, el caos y el desorden, la fertilidad, la
guerra, la muerte, etc.
El hombre trataba de dar sentido a las cuestiones
existenciales a través de mitos. Los pueblos tratan de expresar sus
raíces fundacionales. Son relatos simbólicos donde se explica el origen de las
civilizaciones a través de narraciones transmitidas oralmente. Así existen
mitos para explicar la fundación sagrada de Egipto, de Babilonia, de Atenas, de
Roma, del imperio Mali, Maya o azteca.
7.5 El taoísmo. La filosofía
de Lao-tsé y el pensamiento Taoista
El taoísmo o daoismo tiene su origen como filosofía hacia el
S. VI a.C. y se consolida como religión organizada en S. II d.C. Es una
religión no teísta. Pasa de un no teísmo a un transteismo y politeísmo. Las
deidades principales son los tres puros y los ocho inmortales. Según la
mitología china los ocho inmortales existieron terrenalmente durante las
dinastías Tang o Song. El taoísmo se centra en vivir en armonía con el Tao,
camino. Un ejemplo característico del pensamiento paradójico taoísta es el
siguiente: La gravedad es la raíz de la liviandad; la quietud es la rectora del
movimiento. El Tao en su curso regular no hace nada y, por lo tanto, no hay
nada que no haga. Mis palabras son muy fáciles de conocer y muy fáciles de
practicar; pero no hay nadie en el mundo capaz de conocerlas y practicarlas.
En el pensamiento taoísta, así como en el pensamiento
indio, el nivel más alto al que puede conducirnos el pensamiento es conocer lo
que no conocemos: Conocer y, no obstante (pensar) que no conocemos es el más
alto logro; no conocer y sin embargo pensar) que conocemos es una enfermedad.
Que el Dios supremo no pueda nombrarse no es sino una consecuencia de esa
filosofía.
La realidad final, “lo Uno fundamental”, no puede encerrarse
en palabras o en pensamientos. Como dice el filosofo Lao-Tsé, el Tao que puede
ser hallado, no es el Tao permanente y estable. El nombre que puede nombrarse
no es el nombre permanente y estable. O, en una formulación distinta: Lo
miramos y no lo vemos, y lo llamamos el “Ecuable'” Lo escuchamos y no lo oímos,
y lo llamamos el “Inaudible'” Tratamos de captarlo, y no logramos hacerlo, y lo
nombramos el “Sutil”. Con estas tres cualidades no puede ser sujeto de
descripción; y por eso las fundimos y obtenemos “El Uno”. Y aun otra
formulación de la misma idea: El que conoce el Tao no necesita hablar sobre él;
el que está (siempre dispuesto a) hablar sobre él no lo conoce.
El Zen es una escuela del budismo Mahayana, originada en
China. La palabra china channa que proviene de la palabra sánscrita dhyana
que significa meditación. La doctrina del Zen se desarrolló principalmente en Japón
y China. Desestima el mero conocimiento intelectual y favorece el prajña,
la comprensión directa a través de la práctica espiritual. Enfatiza la
meditación sentada (zazen) y la experiencia personal directa sobre el
estudio de escrituras como el pensamiento madhyamaka, la enseñanza huayan
y la literatura prajñaparamita. Busca alcanzar el despertar espiritual
(iluminación) viviendo plenamente el momento presente, cultivando la calma, la
simplicidad y el desapego en la vida diaria.
El confucianismo es otra de las religiones no teístas. Fue
la ética practica moral dominante en China. Toma su nombre del filósofo y
pensador Confucio. Enfatiza la moralidad, el respeto jerárquico, la piedad
filial y la armonía social sobre el individualismo. Se basa en la aceptación de
un orden cósmico eterno y autoridades eternas, tales como dios (el emperador en
todos los ámbitos de la vida). Los individuos subordinados han de someterse
incondicionalmente a las autoridades, pero la nobleza y la autoridad no se
adquieren por nacimiento sino a través de la integridad moral. Tienen la
creencia de que el ser humano es inherentemente bueno y puede perfeccionarse
mediante la educación y el cumplimiento de los ritos. Como ejemplo esta la
llamada campana de Confucio utilizada como símbolo basado en las Anacletas de
Confucio donde se dice: “el cielo instruirá al maestro como una campana para
despertar a todos al Camino”
7.6 El judaísmo
El judaísmo es una de las religiones monoteístas más
antiguas basada en la creencia en un único Dios Yahve. Los cristianos reconocen
que los comienzos de su fe se encuentra en los patriarcas, Moisés, en los
profetas conforme al misterio salvífico de Dios. la revelación del Antiguo
Testamento es preparación del Nuevo. Dios se dignó establecer la Antigua
Alianza como prefiguración de la Nueva. Los cristianos reconocen a los judíos
como sus hermanos de sangre con un patrimonio común, a ellos pertenecen la adopción,
la alianza, la ley, el culto y las promesas.
El pueblo semita fue un pueblo fundamentalmente
creyente en el Dios Yahvé. El pueblo judío era un pueblo imbuido en Dios,
invadido por Dios, poseído por Dios. Dios había irrumpido en su historia
trasformando una historia profana en una historia sagrada. Era Dios quien
guiaba y daba sentido a la historia. No tenían una convicción y certidumbre más
fuerte que Dios el rescatador de su sinsentido, el liberador de sus
esclavitudes y era el creador de todo cuanto existe. La religión judía
asignaba especial importancia (particularmente desde el comienzo de la era
cristiana) a la forma correcta de vivir.
El pueblo semita, vivía en una cosmovisión y un universo penetrado por el espíritu divino (la omnipresencia divina del espíritu), divinizado, sacralizado. El mundo sagrado era, por lo tanto, el prototipo de la existencia humana y debido a que era más rico, más fuerte y más duradero que cualquier otra cosa en la tierra, la gente quería desesperadamente participar en él.
7.6.1 El Shema
La oración judía por su trascurrir a lo largo de todas las
horas con su súplica incesante pretendía santificar todo el universo. Su
intercesión pretendía reforzar la acción de Dios sobre el mundo y tratar de
dirigir esa acción sobre las realidades humanas. La bendición era algo más que
la petición, remarcaba el papel central que Dios tenía en toda la vida y en
todas las cosas. El judío llenaba materialmente el día de bendiciones, no podía
respirar sin bendecir. Había una bendición para apenas abrir los ojos, una
segunda para el gesto de estirarse, una tercera para el momento de ponerse de
pie, una cuarta para el primer paso que se daba, varias para cada uno de los
vestidos que se ponía, otra para ponerse las sandalias, una para cubrirse la
cabeza, otra para el momento de lavarse. Incluso aunque parezca mentira y hoy
nos diera risa una oración para el momento de hacer las necesidades corporales.
Cuando se sentaba a comer tenía plegarias para antes de la comida, para
bendecir el pan, el vino, los cereales, la fruta, para después de concluida la
comida. Tenía una oración para cuando olía un perfume, para cuando recibía una
buena noticia, para cuando encontraba a un amigo, para cuando se sentía ante
cualquier necesidad, para cuando se restablecía o se curaba.
7.6.2 La cosmogonía hebrea
La mitología hebrea se distingue de la mitología
mesopotámica. Mientras que esta es politeísta la narración del Génesis afirma
el monoteísmo y no el politeísmo. Para el judaísmo se va más allá de una
mitología, si bien se usa de una base mitológica se trata de una confesión de
fe: “En el principio Dios creó los cielos y la tierra” (Gn 1) Dentro de antiguo
testamento utiliza esa base mitológica para explicar los orígenes de la
creación, esa fase religiosa en la que Dios crea al hombre en el jardín del
Eden y arroja al hombre del paraíso después de comer del árbol del saber
queriéndose convertir en Dios mismo; Noé; es la fase en la que Dios le exige a
Abraham que mate a su único y amado hijo Isaac, para probar su amor por El con
un acto de total obediencia. Pero al mismo tiempo comienza una nueva etapa;
Dios hace un pacto con Noé, por el cual le promete no volver a destruir jamás
la raza humana, un pacto en el cual él mismo se compromete.
No sólo está atado por sus promesas, sino por su propio
principio de justicia, y sobre esa base Dios debe someterse al pedido de
Abraham de no destruir Sodoma si en ella hay por lo menos diez hombres justos.
Pero la evolución va más allá de transformar a Dios, de la figura de un
despótico jefe de tribu en un padre amante, en un padre que está sometido al
principio que él mismo ha postulado; tiende a que Dios deje de ser la figura de
un padre y se convierta en el símbolo de sus principios, los de justicia, verdad
y amor. Dios es verdad, Dios es justicia. En ese desarrollo, Dios deja de ser
una persona, un hombre, un padre; se convierte en el símbolo del principio de
unidad subyacente a la multiplicidad de los fenómenos, de la visión de la flor
que crecerá de la semilla espiritual que alberga el hombre en su interior. Dios
no puede tener un nombre. Un nombre siempre denota una cosa, o una persona,
algo finito. Dios es eterno el que es el que era y el que existirá porque es
eterno e inmortal. Dios es Dios y no hombre.
7.6. 3 La revelación del Dios de
Abraham como preparación de la revelación del Dios de Jesucristo
El judaísmo va a ser el mundo religioso que serviría de base
para el cristianismo. Las religiones monoteistas (las tres religiones del
libro) se diferencian sustancialmente de los cultos prehistóricos y de los
universos politeístas de las grandes culturas del mundo antiguo y la antigüedad
clásica. El cristianismo reconoce que los comienzos de su fe y de su elección
se encuentran en los Patriarcas, en Moisés y en los profetas como origen de su
historia de salvación. Los cristianos son hijos de Abraham y la salvación está
místicamente prefigurada en la salida del pueblo elegido de la tierra de
esclavitud. La Antigua Alianza será prefiguración de la Nueva que llevará a su
cumplimiento Cristo.
7.6. 4 La teofanía de la zarza
ardiente
El incidente más notable de ese cambio es el relato bíblico de
la revelación de Dios a Moisés. Cuando Moisés le dice que los hebreos no
creerán que Dios lo ha enviado, a menos que pueda decirles el nombre de Dios,
¿cómo podrían los adoradores de ídolos comprender un Dios sin nombre, puesto
que la esencia misma de un ídolo es tener un nombre?
Dios hace una concesión. Dice a Moisés que su nombre es «Yo
soy el que soy». «Yo soy el que seré es mi nombre.» El «yo soy el que seré»
significa que Dios no es finito, que no es una persona, un «ser». La traducción
más adecuada de la frase sería: dile que «mi nombre es sin nombre». La
prohibición de hacer imágenes de Dios, de pronunciar su nombre en vano, y
eventualmente, de pronunciar su nombre en absoluto, apunta a la misma
finalidad, la de liberar al hombre de la idea de que Dios es un padre, una persona.
En el desarrollo teológico ulterior, la idea se transforma en el principio de
que ni siquiera deben darse a Dios atributos positivos. Decir que Dios es
sabio, poderoso, bueno, implica nuevamente que es una persona; todo lo que
puedo hacer es decir lo que Dios no es, enumerar sus atributos negativos,
postular que no es limitado, que no es malo, que no es injusto. Cuanto más sé
lo que Dios no es, mayor es mi conocimiento de Dios (Cf. El concepto de
Maimónides de los atributos negativos de Dios en la Guía de los Perplejos.).
Si seguimos la maduración de la idea monoteísta en sus
consecuencias ulteriores sólo llegaremos a una conclusión: no mencionar para
nada el nombre de Dios, no hablar acerca de Dios. Dios se convierte entonces en
lo que es potencialmente en la teología monoteísta, el Uno sin nombre, un
balbuceo inexpresable, que se refiere a la unidad subyacente al universo
fenoménico, la fuente de toda existencia; Dios se torna verdad, amor, justicia.
Dios es yo, en la medida en que soy humano.
El judaísmo está marcado por el desarrollo de una doctrina
monoteísta que venera un Dios creador personal y eterno el monoteísmo judío se
diferencia de todos los cultos a las divinidades anteriores se basa en la
creencia de un Dios personal. Dios que se había rebelado a los primeros padres
Abraham Isaac Jacob manifiesta su impronta personal Moisés: “yo soy el señor tu
Dios que te hice salir de Egipto de un lugar en esclavitud no tendrás otros
dioses del antes de mí” (Ex 20,1).
7.6. 5 Las teofanías en el
monte santo
Otro rasgo del judaísmo fue el principio la de un culto
ambulante. En principio como pueblo nómada no poseía lugares sagrados o templos
permanentes ni santuarios de peregrinación. Luego poco a poco fue
convirtiéndose en un pueblo sedentario que crece en torno a la ciudad santa y
el templo de Jerusalén. Se trataba de un pueblo de pastores convertidos en
místicos (Profetas) que terminarían por establecer un reino (de reyes y sacerdotes
en torno al Templo de Jerusalén, como ciudad santa. El monte Moriah pasa a ser
el lugar primordial lugar dónde se reveló Dios a Abraham con el sacrificio de
su hijo Isaac se convertiría en el lugar donde levantaron el templo como lugar central
del culto judío.
- América. Religiones indígenas
originarias
Son diversas las tradiciones espirituales indígenas que se
dan cita en el continente americano. Se caracterizan por su conexión profunda
con la naturaleza, (la espiritualidad ligada a la tierra, veneran la Pachamanal
o Madre Tierra, los animales, los ciclos natrales), el chamanismo y el
politeísmo, sin textos sagrados rígidos (las tradiciones y los mitos se
transmiten oralmente). Su teología puede ser monoteísta, politeísta,
henoteista, animista y síntesis sincretistas que incluyen creencias teístas, deístas,
panteístas de múltiples dioses, espíritus y fuerzas vitales.
En cierto modo las civilizaciones indígenas de América
presentan muchas similitudes con la antigua civilización egipcia por
desarrollarse a partir de la unificación de focos agrícolas originariamente
dispersos. Elaboraron un conocimiento científico con bases en astronomía,
matemática, geometría, agricultura. Subsistía una religiosidad y espiritualidad
síntesis de religiones populares
Se habla de la teoría de migraciones procedentes de Asia
(origen paleosiberiano) que entraron en el vasto continente a través del
estrecho de Bering y de migraciones paleopolinesias procedentes de las islas
del pacífico. Según la tradición los amerindios descienden de pueblos
cazadores recolectores de origen siberiano. Durante la última glaciación Würm
los dos continentes se separaron pero estaban originariamente unidos. La región
denominada Beringia establa poblada por antiguas culturas que pertenecían a los
distintos continentes teniendo un lenguaje y tradiciones en común (los inuits).
Pueden hablarse de distintos centros de distintas
civilizaciones, mexicana, mesoamericana, colombiana, andina. Destacan la
religión andina, los aztecas, los incas, los mayas. Los aztecas de lengua
nahuati conocían el uso de metales y se establecieron en la meseta mexicana.
los mayas se establecieron en Yucatán poseían calendarios astronómicos muy
precisos. Los aymaras y los incas de lengua quechua se establecieron en la
región andina. Los mapuches se establecieron en los Andes
8.1 Los kogis
Propios del área colombiana denominada Tairona que agrupa
distintas comunidades. Su cosmogonía es propio de la creencia de que antes del
amanecer solo había mar, la madre de todas las cosas, y el agua, que también
era río, lago y estanque pero solo en aluna, esto es, en espíritu. A ese
universo inicial se le fueron añadiendo otros mundos superpuestos hasta
completar nueve, en cuyo momento todas las cosas, seres y los animales que
pueblan el mundo, y que solo eran aluna, pasaron de la potencia al acto para dar
origen al mundo tal y como lo conocemos.
8.2 Los aztecas
Los aztecas o mexicas fueron una civilización poderosa (imperio
tenochca) que dominó el centro de México (Mesoamérica). Se trataba de una
confederación compleja multiétnica (nahuas y otras tribus). Existió durante el
posclásico tardío y fundaron su capital en Tenochtitlán sobre el lago Texoco.
Su religión era la religión mexica con sus propias creencias y divinidades.
Huitzilopochtli era el más importante de sus divinidades asociado con el sol.
En su mitología ordena la fundación de la capital de México.
8.3 Los mayas
La cultura maya se asentó en la meseta mexicana en la
península de Yucatán, Chiapas, Tabasco, Guatemala, Belice, honduras y El
Salvador. Tenían complejos conocimientos astronómicos, sistema de numeración,
descubrimientos científicos, avances en matemáticas, escritura jeroglífica,
arquitectura. Son conocidas las pirámides de Tikal y Chichén Itza. Eran
politeístas (panteón de deidades positivas y negativas) con una visión del
mundo dividida entre el cielo, la tierra y el inframundo.
8.4 Los amayras
Pueblo milenario dedicado al pastoreo y la agricultura.
Formaban una confederación de pueblos, qullas, lupagas, qanchis, carangas,
lucanas, chocorvos, chichas, etc. La cultura aymara se enriqueció con los
incas. Se establecieron en Bolivia, Perú, Chile, Argentina. Hablaban distintos
dialectos derivados del amayra (el Kawaki, el jaqaru, etc). Entre todos destaca
el quechua. Fue objeto de una reconversión agraria y una reestructuración
social. Tiene una estructura patriarcal con mezcla de creencias y prácticas
aborígenes.
8.5 Los incas
Fue la civilización mas extenso que floreció en los Andes,
Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina, Colombia. Es conocida la ciudad monumental
de Picchu Picchu y Cusco en el Perú. El nombre de imperio incaico Tahuantinsuyo
significa las cuatro regiones. La fe en el Tahuantinsuyo se manifestaba en cada
aspecto de la vida. Aunque eran politeitas evolucionaron en la creencia de una
fuerza vital que animaba toda la tierra (kamaquin), hasta concebir un dios
creador abstracto, eterno, omnipotente, omnipresente y omnisciente
(huiracocha). Los seres vivos y muertos incluso cerros, lagunas tenían kamaqin
(alma). Incorporaron deidades locales y héroes de los ayllus. Los incas
explicaban con sus mitos el origen de los grupos étnicos plantas y animales.
8.6 Los mapuches
Su nombre significa gente de la tierra (mapu: tierra,
che: gente), también es llamado araucano por poblar la región de Arauco
y las llanuras pampeanas y patagónicas. Es un pueblo indígena con fuerte
carácter comunitario con una cosmovisión ligada a la naturaleza, la figura
chamánica de la machi y la ruka como vivienda. Hablaban la lengua
mapuche incluyendo varios grupos. Su sistema económico tradicional esta basado
en la caza y la horticultura que dio paso a una sociedad agrícola y ganadera.
La cosmovisión mapuche integra su dimensión religiosa. El
ánima del ser humano vive en íntimo contacto con la naturaleza. Antes que todo
existe el Pu-Am, un ánima universal que permea todo lo viviente. Esta
ánima universal permea todo lo viviente. De ella se desprende el Am de
cada hombre que acompaña su cuerpo hasta la muerte. Cuando el hombre muere, su Am
se convierte en Pillü que resiste a alejarse del cuerpo. Para salvarse
el hombre tiene que viajar a Ngil chenmaiwe donde se convertirá en alwe
(bajo esta forma el ánima puede regresar con sus descendientes).
Por lo tanto no hay una separación entre el espíritu divino
y los seres humanos. El ser humano ha de recorrer todo un camino para alcanzar
el conocimiento de su propio ser y de su rol, su propio filew (destino).
- Europa. La cuna de
occidente
La mayoría de las sociedades y culturas nacen al abrigo de
creencias religiosas. Las gentes experimentaban lo sagrado. El mundo sagrado
era parte de la existencia humana. La experiencia religiosa daba sentido a las
vidas que vivían.
A la sombra de culturas ancestrales nacieron las dos
principales culturas de la antigüedad la griega y la romana compartían
concepciones religiosas similares ya que desde sus inicios puesto que al igual
que en otras muchas sociedades jóvenes se trataba de corrientes religiosas
naturales con el tiempo sus vínculos llegarían a estrecharse todavía más. Con
el tiempo se perdió la visión de conjunto de aquel mundo de dioses que no
dejaban de crecer. Para los griegos y romanos las fuerzas celestiales formaban
parte del mismo mundo que ellos habitaban solo que los dioses poseían mayores
capacidades y aunque también nacían nunca morían
9.1 La cultura y la filosofía griega
Los griegos se figuraban la vida de las deidades a imagen de
la sociedad humana con conflictos y luchas amores y amistades traición y
cooperación los dioses exigían a los hombres su entrega incondicional en forma
de ofrendas procesiones danzas de culto y fiestas por todo lo alto en recintos
sagrados o templos construidos ex profeso ellos significaba que quien no
participaba en tales actos recibía la cólera divina y no solo en su persona
sino en su familia e incluso en todo su linaje.
9.1.2 El
Olimpo. El panteón griego.
El Olimpo era la residencia de los dioses hasta finales de
la antigüedad. El Mundo de los dioses griegos fue tal como lo describió Homero.
Por el cielo de los griegos correteaban dioses de primera y segunda fila
múltiples demonios naturales ninfas y héroes que ordenados por jerarquías
formaban un todo multicolor. De aquel sinfín de deidades surgió con el tiempo
un círculo de 12 figuras para las que los griegos se imaginaron una sede el
Olimpo que con su casi 3000 m es la montaña más alta del país. Allí reinaba
Zeus el padre de todos los dioses aunque ya en tercera generación y es que del
caos primigenio la primera pareja divina que surgió fue la de Gea (tierra) y
Urano (cielo). A esta le siguieron los titanes Rea y Cronos (tiempo) y el hijo
de Urano quien derrocó a su padre en un acto de rebeldía para evitar que le
ocurriera algo parecido. Cronos devoró a todos sus hijos pero se olvidó del
menor Zeus que su madre Rea había mantenido oculto y que en el acto derrotó a
su padre. Así fue como Zeus y su familia acabaron imponiéndose y pronto
formaron el colectivo de los 12 Olímpicos a los que se atribuye una larga lista
de dioses menores y semidioses, todos ellos contaban con santuarios y fiestas
propias en las ciudades estado (polis griegas) a las cuales se sumaban los
múltiples lugares de culto locales y sus respectivos actos.
Los atenienses empezaron a proyectar el mayor templo para su
máximo Dios ya en el s. VI a. C. un gigantesco santuario situado al este de la
acrópolis que se consagró al Zeus olímpico y recibió el nombre de Olimpia. Sin
embargo, como empezó a construirse bajo el mandato del tirano Pisístrato, sus
sucesores pronto fue visto como una reliquia de tiempos ingratos y fue saqueado
y usado como cantera para construir otros edificios erigidos en la colina del Limpión
de 108 m de largo por 48 de ancho. El Partenon cuenta con 16 columnas
corintias en su día circundaban al edificio en doble hilera a los lados y en
triple fila en los frentes. Se sabe muy poco acerca de la decoración interior
solo que el espacio estaba dominado por una majestuosa y colosal estatua dorada
de Zeus.
Al noroeste de la acrópolis, en una suave colina, se erige
sobre la ciudad el templo consagrado a Atenea y efectos Dios de la forja el
edificio se conoce con el nombre de Teseion ya que durante un tiempo se
pensó que albergaba la tumba del mítico héroe Teseo aunque es mucho más pequeño
que el de Zeus
El Eleusinión junto al templo de la diosa Atenea Nike y
Propileos. Del oeste de Atenas partía la Vía Sacra hacia Eleusis población
situada en la costa norte del Golfo Sarónico a unos 20 km de la acrópolis. Aquí
el culto principal era a Deméter la diosa de la fertilidad y la buena cosecha. Hasta
Eleusis llegaban gentes de lugares remotos atraídas por los misterios que allí
se representaba sobre el mito de Deméter según el cual está habría ido en busca
de su hija Perséfone raptada por Hades Dios del inframundo. En otoño los fieles
recorrían la citada vía entre Atenas y Eleusis en procesión bailando y danzando
con gritos de júbilo. Aquí es donde tenían lugar los verdaderos misterios se
celebraban de noche en el recinto sagrado dentro de una sala iluminada con
antorchas a la que solo podían acceder los “myste”, los iniciados. Cualquier
griego incluso un esclavo podía acceder al rango de iniciado siempre y cuándo
jurará que no revelaría a nadie lo que allí viera. En esencia lo que se hacía
era representar la búsqueda de Deméter y el reencuentro con su hija los griegos
creían que Eleusis era el acceso al inframundo.
El panteón griego recogía gran número de dioses:
Según la mitología clásica, tras el derrocamiento de los Titanes el
nuevo panteón de dioses y diosas fue confirmado.
Entre los principales dioses griegos estaban los olímpicos, residiendo sobre
el Olimpo bajo la égida de Zeus.
Destacaban además Zeus, Poseidón, Hades, Apolo, Atenea, Artemisa, Afrodita, Ares, Dioniso, Hestia, Hermes, Hefesto y Hera.
Cuando se aludía a estos dioses en la poesía, la oración o
los cultos, se hacía mediante una combinación de su nombre y epítetos, que
los identificaban por estas distinciones del resto de sus propias
manifestaciones. Alternativamente el epíteto puede identificar un aspecto
particular o local del dios.
La mayoría de los dioses están relacionados con aspectos
humanos y específicos de la vida (se incluyen mayormente el zodiaco
occidental). Por ejemplo, Afrodita era la diosa del amor y la
belleza, mientras Ares era el dios de la guerra, Hades el de los
muertos y Atenea la diosa de la sabiduría y la
estrategia. Algunas deidades como Apolo (dios de la música)
y Dioniso (dios del vino), revelaban personalidades más complejas y
funciones varias, mientras Hestia significa literalmente ‘hogar’.
Sorprende la cantidad de dioses. Llamaban la atención los
dioses revestidos de poder Hércules, Zeus etc. Otros
cautivaban por el hechizo del amor Venus, Afrodita.
9.1.3 La
mitología griega
Con los griegos se rompe el orden sagrado del cosmos. Nace
un nuevo paradigma, la visión monoteísta de los semitas se ve amenazada con el
Zoroastrismo. El Zoroastro introduce una deidad malvada (el druj) que
compite con otras deidades. Esta deidad malvada encarnaba el espíritu hostil,
la mentira y era el epítome del mal. Aparece la figura del superhombre (Saoshyant)
con parte de dios y parte de hombre.
Los griegos no creían en el Dios Yahvé creador y
benevolente. Eran politeístas y no tenían un orden divino o dios supremo (no
tenían un principio interno crucial y axial que regía la vida) asentado como
principio. Los dioses empezaron a luchar por su hegemonía los unos contra los
otros. Los griegos, como los otros pueblos, trataron de explicar la realidad a
través de los mitos. Los dioses del Olimpo luchan entre ellos y se desarrolla
la figura de los superhéroes, titanes y guerreros poderosos (Ulises).
La mitología griega es el conjunto
de mitos y leyendas pertenecientes a la cultura de
la Antigua Grecia, que tratan de sus dioses y héroes, la
naturaleza del mundo, los orígenes y el significado de sus
propios cultos y prácticas rituales. Formaban parte de
la religión de la Antigua Grecia, que tenía como objeto de culto
básicamente a los dioses olímpicos (dioses del Olimpo). Los
investigadores modernos recurren a los mitos y los estudian en un intento por
arrojar luz sobre las instituciones religiosas y políticas de la antigua
Grecia y su civilización, así como para entender mejor la naturaleza de la
propia creación de los mitos.
Los mitos griegos intentan explicar los orígenes
del mundo y detallan las vidas y aventuras de una amplia variedad de dioses,
héroes y otras criaturas mitológicas. Estos relatos fueron originalmente
difundidos en una tradición poética oral, si bien actualmente los mitos se
conocen principalmente gracias a la literatura griega.
Las fuentes literarias más antiguas conocidas,
los poemas épicos de la Ilíada y la Odisea,
se centran en los sucesos en torno a la guerra de Troya. Dos poemas del
casi contemporáneo de Homero, Hesíodo, la Teogonía y
los Trabajos y días, contienen mitos o relatos sobre la génesis del
mundo, la sucesión de gobernantes divinos y épocas humanas y el origen de las
tragedias humanas y las costumbres sacrificiales.
También se conservaron mitos en los himnos homéricos,
en fragmentos de poesía épica del ciclo troyano, en poemas líricos,
en las obras de los dramaturgos del siglo v a. C. en escritos de
los investigadores y poetas del período helenístico y en
textos de la época del Imperio romano de autores
como Plutarco y Pausanias.
Hesíodo, un posible contemporáneo de Homero, ofrece en
su Teogonía (Origen de los dioses) el relato más completo de
los primeros mitos griegos, tratando de la creación del mundo, el origen de los
dioses, los Titanes y los Gigantes, incluyendo elaboradas
genealogías, relatos populares y mitos etiológicos.
La cosmología órfica intenta llenar el abismo
entre un Caos vacío y el mundo visible con un relato distinto, según el cual al
principio de todo estaban Caos, la noche (Nix) y Erebos. Nix habría
puesto un huevo, del que surgió Eros, que en otros relatos es
denominado Fanes, Protogonos (el primer nacido) y conocido además como Metis y Erikapaios o
Erikepaios), pero se trata del mismo padre (o madre, dado que en algunas
versiones se lo describe como hermafrodita) de una gran cantidad de
generaciones de dioses. De hecho, la fuente más antigua que se conserva,
la comedia Las aves de Aristófanes, solo habla de Eros
(no de Fanes) para referirse al nacido del huevo originario de
Nix. Nix (Noche) es también mencionada como primer principio por
muchos poetas y filósofos griegos.
Homero organiza a los dioses a la manera en que se haría con
un clan humano, Hesíodo presenta una cosmogonía de entidades primigenias que
solo luego se van enlazando genealógicamente. Para encontrar una genealogía completa y propia hay que recurrir a la Teogonía de Hesíodo,
que es tanto una cosmogonía como una teogonía, y puede considerarse la
tradición mitológica griega más fundamental, punto de partida para los
desarrollos posteriores.
El siguiente estadio en el desarrollo del universo comienza
cuando Caos y Gea generan nuevos seres sin contacto con pareja masculina.
Parémonos a describir un poco la generación de estos dioses según el género
de entonces poesía épica (Teogonía) y la mitología griega.
9.1.4 La
filosofía griega del siglo de oro
La filosofía griega por medio de los grandes pensadores
(Platón, Aristóteles) volvieron a repensar y reformular el concepto de la vida,
sus valores para favorecer una sociedad más humana y más digna. El platonismo y
el aristotelismo fundó las bases del pensamiento del mundo moderno.
El siglo de oro de Grecia dio luz a las formas y a las
instituciones que durante siglos se han mantenido a lo largo de los tiempos y
constituido la base de nuestra democracia. Etimológicamente viene de demos (pueblo)
y Kratos (poder), el poder del pueblo. Se pretendía que
la convivencia social estuviera regida por los valores de libertad e igualdad
para todos. El ágora, la polis, la política, los políticos aparecen como
personajes que ya en el pasado tratan de gobernar y de dirigir el destino de
los pueblos.
Sócrates implantó el arte de la dialéctica y fundó la
Academia. Un diálogo riguroso para exponer las creencias y obtener la
verdad. Entendió que su misión era llevar a sus compañeros atenienses a la
verdad y a una mejor comprensión de sí mismos. Él creía en Dios. El
conocimiento era inseparable de la virtud. El coraje, la justicia, la piedad y
la amistad no son ficciones vacías. La verdadera filosofía es aprender a vivir.
El deseo, de liberación, sólo será posible a través de una gran transformación
interior. El cultivo del alma era la tarea humana más importante, mucho más
crucial que el logro del éxito mundano. El alma está dañada por acciones
equivocadas. No debemos tomar represalias o hacer mal por mal a nadie,
cualquiera que sea el mal que hayamos sufrido de él. Platón y más tarde
Aristóteles reclamarían más tarde la capacidad de razonar bien y de orientar la
conducta de los hombres en torno al bien común.
Sabemos que no es oro todo lo que reluce. También
aparecieron quienes denunciaron los abusos de poder. Después del siglo de
Pericles, los sofistas difundían argumentos falaces que
mostraban el absurdo lógico del sentido común. Fue el origen de la duda
sistemática del relativismo, el subjetivismo y el escepticismo. Es imposible
formular ninguna verdad. Promueven una duda sistemática y la inutilidad del
lenguaje. No había autoridad trascendente ni Dios supremo. Afirmaban que el
hombre era libre e independiente y que tomaba el control de su propia vida.
Los cínicos eran los que desengañados de la vida
terminaban viviendo al margen de la sociedad. Los cínicos fueron famosos
por sus excentricidades, de las cuales cuenta muchas Diógenes Laercio, y
por la composición de numerosas sátiras o diatribas contra
la corrupción de las costumbres y los vicios de la sociedad griega de su
tiempo, practicando una actitud muchas veces irreverente, la llamada anaideia.
Ciertos aspectos de la moral cínica influyeron en el estoicismo,
pero, si bien la actitud de los cínicos es crítica respecto a los males de la
sociedad, la de los estoicos es de acción mediante
la virtud Reinterpretaron la
doctrina socrática considerando que la civilización y su
forma de vida eran un mal y que la felicidad venía dada siguiendo una vida
simple y acorde con la naturaleza. El hombre llevaba ya en sí mismo los
elementos para ser feliz y conquistar su autonomía; era de hecho el
verdadero bien.
9.2 El mundo romano. La
cultura romana
Roma incorporó muy pronto las influencias griegas tan pronto
como Grecia y Asia Menor entraron a formar parte del imperio romano tuvo lugar
una mayor fusión de las divinidades o mejor dicho una renovada helenización de
la religión romana que en cualquier caso ya tenía una base griega.
Resulta imposible enumerar todos los lugares de culto del
imperio romano. Los santuarios más importantes fueron edificados según el
modelo griego los romanos transformaban todo lo foráneo para adaptarlo a su
estilo de vida más sencillo y austero y práctico.
Los romanos veneraban a los máximos dioses de los griegos. Los
suyos no tenían la majestuosidad de sus compañeros del Olimpo. Si bien conocían
los mitos de las aventuras eróticas de las grandes deidades y sus disputas no
las incluían en el culto porque este lo centraban en cuidar el vínculo con lo
divino y pedir ayuda para sobrellevar el día a día.
No es de extrañar que se formara también un grupo muy
variados desde deidades menores que no procedían del culto griego pero gozaban
de cierta autoridad Jano guardaba el umbral de la vivienda y mantenía
alejados a los demonios y enemigos ; Términus protegía las fronteras y
la propiedad; los Lares cuidaban de los viajeros las familias y los
campos; los Penates protegían las provisiones.
A todo esto, se sumaba un cúmulo de todos los antepasados ya
que estos eran quienes determinaban el rango social de una familia. Con su
actitud para simbolizar el vínculo eterno en los entierros se incluían imágenes
de los antepasados con los que iba a reunirse el difunto. Según la creencia
romana los dioses manifestaban su voluntad a través de múltiples señales y para
interpretarla se requería los conocimientos de un sacerdote.
9.2.1 El
monte Capitolino
Los romanos heredan el panteón griego y levantan el panteón
romano, cambiando la nomenclatura de los dioses. El lugar de culto más
importante se hallaba en el Capitolio, monte capitolino, la colina más pequeña
y más significativa de las 7 que había en Roma. Ir al templo era el monte que
tenía el templo consagrado a Júpiter el santuario del Dios supremo que había
engullido varios centros de culto anteriores. Allí se veneraba asimismo a Juno
y Minerva por lo que pasó a dominarse la triada capitolina y el
espacio interior se debió en 3 las dos celdas exteriores se dedicaron a las
diosas y la del medio a Júpiter. El Capitolio albergaba además otros lugares
sagrados entre los que se encontraba el templo de Juno, consagrado a
esta diosa.
Los romanos tenían costumbre cuando conquistan un
pueblo asumían sus dioses, cambiándoles de nombre eso sí y asegurar ese modo su
protección.
9.2.3 El
Panteón romano
El panteón era un templo circular capaz de aparcar la gran
variedad de dioses romanos respondía al deseo de contar con un santuario
general central que agrupará a todas las deidades al que tuviese acceso la
familia del emperador romano fue el emperador Adriano quién lo transformó
después de un incendio en un templo circular con cúpula y pronaos cuyas
estatuas de dioses de edificados lucían en hornacinas
Entre los principales dioses del panteón romano
destacamos doce:
Júpiter, el dios del cielo era el principal
dios romano. Tenía correlación con el dios griego Zeus.
Plutón, dios del inframundo, los romanos creían que
el inframundo era el lugar al que se iba después de la muerte. Era el hermano
de Júpiter y Neptuno
Juno, la reina de los dioses. Tenía correlación
con la diosa griega Hera. Era la esposa de Júpiter y por tanto Reina de los
cielos, así como el parto y la fertilidad
Minerva, diosa de la sabiduría. Era el
equivalente al dios griego Atenea más conocida como la diosa de la guerra.
También era la diosa del comercio y la educación. Cuentan los mitos que surgió
de la cabeza de Júpiter.
Apolo, dios del sol y de la música. Era hijo de
Júpiter. Mantuvo su nombre griego y también se le conoce como Febo. Según la
mitología Apolo tenía muchos trabajos y responsabilidades, ya que era el dios
del tiro con arco. La música, la danza, la curación, la enfermedad. Así como el
sol y la luz
Diana diosa de la caza. En la versión griega
correspondería a Artemisa. Era la diosa de los animales salvajes, la caza, la
luna, la castidad, el parto. Era la hermana gemela de Apolo.
Ceres, diosa de la agricultura y del amor familiar.
Era el equivalente a la diosa griega Deméter. Era la diosa del grano y la
agricultura y se le atribuía enseñar a los humanos a cultivar, conservar y
preparar el cultivo. Se pensaba que era la responsable de la fertilidad de la
tierra y por eso desempeñaba un papel muy activo en la vida cotidiana. También
estuvo asociad con la maternidad y el amor maternal debido a su estrecha
relación con su hija Proserpina (Perséfone), la esposa de Hades. Los romanos
creían que las estaciones se debían a que Deméter se ponía de luto durante la
mitad del año cuando Proserpina estaba en el inframundo con su marido durante
los mese de invierno y celebraba su regreso haciendo fértil la tierra durante
el verano.
Neptuno, dios de los mares. Es el equivalente al dios
griego Poseidón. En el arte a menudo se le representa con un tridente y un
delfín.
Marte, el dios de la guerra. Era en la versión griega
Ares. Estaba como segundo al mando de Júpiter. Según la mitología fue
considerado como el padre de Rómulo y Remo, los míticos gemelos creadores de
Roma.
Mercurio que sería en versión griega Hermes, el
dios de la traducción y de la interpretación. Era considerado uno de los dioses
más inteligentes del Olimpo y fue un mensajero para ellos. También gobernó
sobre la riqueza, la buena fortuna y el comercio.
Venus la diosa del amor y la belleza. Era la
versión griega de Afrodita la diosa del amor y la fertilidad. Según la
mitología Venus nació de la espuma del mar. Es por eso que en el arte se la
representa surgiendo de las olas.
Saturno, dios del tiempo. Fue el primer rey de los
dioses y también era conocido como el dios del tiempo. En el arte se le
representa con una guadaña, herramienta que se utilizaba para cortar cultivos.
Según la mitología cuando Saturno murió, el mundo se dividió entre sus hijos,
Neptuno, Plutón y Júpiter.
Jupiter, Rey de los dioses; hijo de Saturno, hermano de
Neptuno, Plutón y Juno (y también su marido). Se trata del rey de los dioses y
protector de Roma: el más poderoso de entre todos los dioses del panteón
romano. Era considerado como el equivalente romano del dios griego Zeus.
Controlaba el clima y las fuerzas de la naturaleza y era conocido por enviar
rayos para advertir a los ciudadanos de Roma.
Los romanos adoraban también a muchos dioses. Esto se debe a
que creían que todo, desde los ríos hasta los árboles, las vacas y los
cultivos, tenían un espíritu guardián que los vigilaba. A cada dios se le podía
asignar uno o más trabajos. Algunos de estos trabajos podrían ser muy
importantes, como asegurarse de que saliera el sol todos los días o que los
cultivos crecieran en los campos.
La gente de Roma rezaba a sus dioses al menos una vez al
día, el dios al que rezaban dependería de lo que quisieran o necesitaran. A
medida que Roma se expandió y sus ciudadanos entraron en contacto con otras
civilizaciones que adoraban a otros dioses, adoptaron más y más. Si estas
personas tenían éxito, el dios al que adoraban debía haber influido en su
éxito, por lo que los romanos adoptaban dioses de otras religiones. Sin
embargo, cambiaron sus nombres para representar a nombres romanos y también aspectos
de su personalidad. A los romanos les gustaban especialmente muchos de los
dioses griegos, tanto que adoptaron muchos de ellos en su propia religión,
combinándolos con los dioses etruscos más antiguos que los romanos
adoraban. Los romanos se tomaban muy en serio el culto a sus dioses y les
dedicaban gran parte de su tiempo. Además de la adoración, también se hacían
sacrificios a los dioses. Casi todo lo que le sucedía a un ciudadano romano,
bueno o malo, estaba relacionado con su culto a los dioses, o en algunos casos,
la falta de él.
Los romanos junto con los griegos constituirían los padres
fundadores del mundo clásico que ha perdurado hasta ahora. Recogiendo el legado
de la civilización griega construyeron las base del derecho romano, y de
instituciones de tanto calado como el senado. Los senadores elegidos por el
pueblo trataron de hacer frente a los abusos de poder del emperador que se
creía omnipotente para decidir el destino del imperio. En pleno apogeo del
imperio romano nace Cristo, el ungido de Dios.
Sorprende la aversión del pueblo romano frente al
cristianismo que dejo de asumir su Dios se revela quitándolo de en medio.
Después de la caída de Jerusalén y el comienzo de las persecuciones cristianas
los romanos trataran de borrar todo vestigio cristiano levantando templos
paganos en los lugares santos.
- El cristianismo
La novedad del cristianismo supone un salto cualitativo. No
debemos perder la categoría de misterio. El misterio de la Encarnación nos abre
a un Dios que se hace hombre. Dios toma nombre en Jesucristo, verdadero Dios y
verdadero hombre.
El cristianismo va a dar un giro a la historia (la
gran transformación). El cristianismo irrumpe dentro del judaísmo como una
secta. Va a cambiar el escenario de la humanidad, desaparece una era antigua y
comienza una era nueva. Jesús aparece como el mesías esperado, el
ungido, el christos. Jesús aparece no para fundar una nueva religión sino
anunciando un nuevo tiempo, el Reino de Dios que Dios prometía a los que
seguían su camino. Jesús se propone así mismo como el camino y modelo a seguir
por sus seguidores.
El cristianismo aparece no como una nueva religión sino como
una novedad de vida para los que seguían su camino. El cristianismo se esparce
como fuego imparable y contribuye en ello la conversión de Constantino como el
primer emperador cristiano. La Iglesia al quedar unida al Estado,
experimenta la lucha de poderes. Esto va a convertirse en una arma de
doble filo. Con la expansión se va a producir también una mitigación y
degradación. El cristianismo se convierte en la religión del estado y ello va a
conducir a una crisis con la caída y el colapso del imperio y necesidad de
renovación. La Iglesia se va a ver sometida a grandes transformaciones
(entre luces y sombras). Los santos padres tratan de volver a los orígenes y de
volver a la radicalidad de la fe.
Lo que inicialmente no nace como religión se convertiría en
la religión del estado romano con el emperador Constantino. En lo originario
del cristianismo más que vincularse a lugares y templos sagrados era el vínculo
personal con una persona, Jesús de Nazaret. El único papel que jugaban los
lugares en la vida de los primeros cristianos era el de que 2 o 3 precisaban de
un espacio donde poder reunirse y fundar lo que confirmaba la fe en él
crucificado la comunidad en su símbolo en los 3 primeros siglos después de
Cristo los cristianos salieron más bien poco en busca de escenarios
inspiradores fue una iglesia de mártires en la clandestinidad luego poco a poco
desplegó su actividad misionera y puso los fundamentos de lo que más tarde
evolucionaria hacia una desbordante cultura peregrina y con los más variados
ritos de peregrinación.
10.1 Jerusalén
y Tierra Santa
En el año 326, 2 años después de que Constantino, se
convirtiera en soberano de todo el imperio Elena emprendió una ardua misión. En
nombre de su hijo Constantino Elena optó por la labor propagandística de la fe
cristiana. En el 326 Elena partió hacia Palestina, su deseo era expresar su
religiosidad allí siguiendo las huellas de Jesús y mandando construir iglesias
por orden de Constantino en los lugares santos más relevantes. Así fue como
recuperó el lugar del nacimiento de Jesús en Belén y el lugar de su ejecución y
sepultura, su tumba en Jerusalén, y otros sitios santificados por él. Siguiendo
las órdenes del emperador mandó eliminar todo lo que pareciera pagano y encargó
edificar iglesias cristianas. Surgen así las peregrinaciones a Tierra Santa
para que los cristianos pudieran acceder a los lugares Santos qué constituyeron
los momentos cruciales de la vida de Jesús. Así fundaron muchas iglesias en el
Santo sepulcro en el Monte de los Olivos, en Nazaret, en Belén, en el Tabor, en
Cana, etc.
Tras el impulso misionero de San Pablo y sus viajes a tierra
de gentiles la fe cristiana fue extendiéndose por poblaciones de la cuenca
mediterránea como Tesalónica, Corintio donde florecieron comunidades
cristianas. Roma se convirtió pronto en punto neurálgico donde se veneraban las
tumbas de Pedro, Pablo y primeros mártires. El cristianismo desde Roma se fue
extendiendo por gran parte oriental del imperio romano hasta llegar a Asia
Menor, Grecia, los Balcanes, Italia, España, Galia y Britania.
10.2 El
desarrollo del monaquismo
La Iglesia de los primeros siglos estará profundamente
marcada por la experiencia cenobítica (los padres del desierto). Se difundió el
cristianismo monacal a través de cenobios en Etiopía, Egipto, Siria a través de
comunidades coptas, maronitas, de armenios etc. Los lugares del monte Athos y
Meterron, Tebas, Alejandría y el desierto de Nitria se convirtieron en grandes
centros de espiritualidad.
Macario, Evagrio, San Antonio (padre de los anacoretas del
desierto), San Pacomio, los Padres del desierto, San Basilio, San Gregorio
Nacianceno son impulsadores del monaquismo.
El monaquismo surge como un intento de volver a las fuentes
de espiritualidad evitando la relajación de la vida cristiana acomodada a la
forma pagana del imperio. El monaquismo surge como sucedáneo del martirio y
como una incompatibilidad entre el cristianismo y el mundo pagano. Diríamos que
es el principio de la vida religiosa como camino de perfección según la
enseñanza y modelo de Jesús consejos evangélicos).
En su forma inicial ya era presente en otras religiones,
hinduismo, budismo, esenios. En el cristianismo supuso un gran impulso que
luego derivaría en la reforma de San Benito (inicio del monacato). En el
prólogo de su Regla dice San Benito: “Quien quiera que seas, renuncia a
satisfacer tus propios deseos para militar para el Señor, Cristo y toma las
potentísimas y espléndidas armas de los consejos evangélicos”
En el S. IX el Islamismo conoció un importante florecimiento
de la vida religiosa en la Tebaida, Siria, Arabia y Egipto.
- El Islam
La doctrina del profeta Mahoma formulada por escrito en el
Corán se expandió en Arabia con una dinámica inaudita penetró hasta Palestina y
Siria y avanzó por el norte de África hasta la costa atlántica. En solo unas
décadas el Islam había conquistado todos los países de la costa sur y oriental
del mar Mediterráneo.
Como todas las religiones con un fundador los lugares
relevantes en su vida la del profeta Mahoma se convirtieron en los principales
destinos de peregrinación de sus fieles sin embargo (a diferencia de Buda o
Cristo que no se pronunciaron sobre las peregrinaciones o lo hicieron en contra)
Mahoma incluyó un peregrinaje (hach, haij) entre las 5 obligaciones
fundamentales de la fe todo creyente debía visitar por lo menos una vez en su
vida los lugares Santos de la Meca.
11.1 Los 5 pilares (arkan) que
sustentan la religión del Islam
El testimonio de fe (shahadi) el deber primordial le
siguen la oración (salat) 5 veces al día, la observancia del ayuno (saum)
en el mes del Ramadán y la peregrinación a la Meca (hach) y la ayuda a
los pobres mediante la caridad (zacat). El profeta indicó expresamente a
sus seguidores qué estás prácticas no debían convertirse en obligaciones
externas como una especie de rutina sino que las deberían llevar a cabo de todo
corazón y con fe profunda.
11.2 La peregrinación a la meca, santuario principal
La idea original de reunir a los peregrinos en la cava para
la oración pronto se reveló ilusoria debido a los aumento vertiginoso de fieles
(solo los musulmanes podían entrar en el santuario). La peregrinación tenía
como motivo central la adhesión a la fe y la conversión del corazón. Entregarse
completamente, sin reservas, en manos de Alá.
El hach es el mayor acontecimiento espiritual para
todos los musulmanes quién es en sus oraciones siempre se dirigen tanto
interior como físicamente hacia la Meca meta de su peregrinaje y una especie de
ombligo del mundo con el que no han de cortar el cordón vivificado que los une.
Las razones de que Mahoma tuviese que peregrinar al lugar de su nacimiento y la
revelación se remontan al cambio de era (622), cuando tuvo que ir a la Meca. Esta
unidad fue consecuencia de su rechazo radical del politeísmo tradicional y su
doctrina de un Dios único y eterno al que exige obediencia y su coordinación
incondicional a su voluntad.
- El sistema religioso
occidental en decadencia
El iluminismo del modernismo, el siglo llamado de las luces,
lejos de contribuir al verdadero progreso de los pueblos, contribuyó a sembrar
más sombras de oscuridad. El hombre quedó como hechizado ante el poder de la
ciencia y de la técnica y perdió el rumbo de la historia.
El amor a Dios es esencialmente lo mismo que la fe en Dios,
en su existencia, en su justicia, en su amor. El amor a Dios es la experiencia fundamental
que tiene ese poder catalizador y unificador.
En las religiones orientales y en el misticismo, el amor a
Dios es una intensa experiencia afectiva de unidad, inseparablemente ligada a
la expresión de ese amor en cada acto de la vida. La formulación más radical de
esa meta pertenece a Meister Eckhart: “Si, por lo tanto, me transformo en Dios
y El me hace uno consigo mismo, entonces, por el Dios viviente, no hay
distinción alguna entre nosotros... Alguna gente cree que va a ver a Dios, que
va a ver a Dios como si él estuviera allí, y ellos aquí, pero eso no ha de
ocurrir. Dios y yo somos uno. Al conocer a Dios, lo tomo en mí mismo. Al amar a
Dios, lo penetro”.
El iluminismo desencadena un declive de la dimensión
religiosa en la sociedad occidental, lo que ha venido a denominarse
secularismo, con el reclamo de una autonomía individual sobre la fe y se
margina la religión de la esfera pública (separación Iglesia y Estado). Se da
un verdadero cambio de paradigma. Se reformula la visión del hombre y su
relación con lo divino. Se pasa a una idea de un Dios natural (deismo),
un ser superior que no interviene en los asuntos humanos. Se da un giro
antropológico donde el ser humano se vuelve el centro de todo. Se produce un
eclipsamiento de Dios por la ciencia y tecnología. Podríamos hablar de una
crisis de la conciencia religiosa derivada de la perdida de la dimensión
espiritual. En ciertos contextos se fomenta una actitud anticlerical
defendiendo el agnosticismo o el ateísmo.
- 1 la crítica de la
razón
Después de una cosmovisión teocéntrica de la Edad Media se
pasa a una cosmovisión humanista movida por la razón. El humanismo desplaza a
Dios del centro y pone al hombre. Se pasa del hombre mítico al hombre
científico. El hombre mítico interpretaba el mundo como jerarquía
de entes dentro de un orden presidido y coronado por el Ente Supremo y Eterno,
Dios. El hombre científico se mueve por un conocimiento cada vez más detallado
y más cierto. Todo es objetividad, todo se hace objeto del saber humano. El
saber confiere al hombre seguridad. Saber es poder y poder es someterlo todo a
los modelos humanos. A través del saber el hombre quiere controlarlo todo.
Tal concepción del saber (el saber considerado como certeza
es sinónimo de verdad) lo objetiva todo. A Dios se le hace objeto del saber
teológico, al hombre mismo objeto de una múltiple investigación científica, el
mundo objeto principal de las diversas ciencias empíricas.
La ciencia y la técnica son una forma de situarse el hombre
en el mundo y el mundo en el hombre. Decíamos al principio que la dimensión
espiritual era el principio unificador de todas las relaciones con Dios, con
los hombres, con el mundo, consigo mismo. La cosmovisión técnico científica se
concibe como obra humana, no admite ninguna fuerza numinosa o misteriosa.
Dios aparece como un fenómeno más del mundo o como un objeto
más de análisis y de ciencia. Un Dios de esa naturaleza sería un ídolo, no el
Dios del misterio. El Dios del misterio está en el mundo pero olvidado,
opacado, silenciado.
13.2 La gran crisis del
iluminismo. Origen del ateísmo moderno
Entran en escena y aparecen los llamados tres
jinetes del apocalipsis: Marx, Nietzsche y Freud.
Los tres jinetes del apocalipsis del mundo
moderno no hacen referencia a la obra de Cheterston. Originariamente desde un
sentido bíblico los jinetes del Apocalipsis eran cuatro y representaban la
guerra, el hambre, la peste y la muerte. Representan las tragedias que dan fin
a la humanidad.
Los Jinetes del Apocalipsis son los cuatro
caballeros que se describen en la primera parte del capítulo sexto
del Apocalipsis. El capítulo sexto
habla de un pergamino en
la mano derecha de Dios que
está sellado con siete sellos, en ese escenario Jesús abre
los primeros cuatro sellos de los siete, liberando a estos jinetes que montan
en cuatro caballos blanco, bermejo, negro y amarillo.
Según la exégesis representan y son alegorías de
la conquista o la gloria (Zelo), la guerra (Ares), el hambre (Limos) y la muerte (Moros/Tánatos),
respectivamente, aunque solo a este último se le designa por este nombre.
Los tres jinetes modernos del Apocalipsis son
llamados filósofos de la sospecha. Tratemos de ver lo que les
caracteriza. Los tres, Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud,
expresan, cada uno a su manera, la crisis de la filosofía de la
modernidad; los tres muestran un espíritu crítico hacia la sociedad
del momento y cuestionan los valores de su época. Esta actitud y este
pensamiento podría reunirlos como parte de un mismo “movimiento”, que nunca fue
tal, al que puso nombre el filósofo francés Paul Ricoeur. Ricoeur une
a Marx, Nietzsche y Freud bajo un paraguas común: los filósofos de la
sospecha o los maestros de la sospecha. Ricoeur encuentra que los tres
ponen bajo la lupa las deficiencias de la noción de sujeto y de persona, que había
sido la base sobre la que se había elaborado la filosofía moderna.
Marx, Nietzsche y Freud sospechan de los valores
que las sociedades europeas han aceptado como válidos provenientes de la
Ilustración, el movimiento cultural e intelectual que se desarrolló en el
siglo XVIII. Sospechan de la libertad del hombre, que se ve limitada por el
Estado, la religión u otros valores. Sospechan que la sociedad occidental está
sustentada sobre un error: la creencia ciega en la razón, en el progreso y
en la preeminencia de un sujeto libre de la subjetividad. Sospechan y
cuestionan el racionalismo que impera en la época e intentan liberar al hombre
de la conciencia falsa que le ha sido impuesta.
Marx, Nietzsche y Freud sospechan y critican en un aspecto
diferente y con un argumento distinto, guiado cada uno por su
pensamiento. Y una vez que detectan el problema, cada uno de ellos propone
un camino para solucionarlo. Los tres señalan que, tras la noción clásica de
sujeto, se esconden unos elementos que lo condicionan. Esto les permite pensar,
sospechar, que el hecho de crear una filosofía sobre esta noción
es una falacia. Y es más, que la misma noción de conciencia también
es otra falacia. Dicho de una forma, los tres pensadores afirman que el sujeto
no se construye a sí mismo, sino que es resultado de condicionantes históricos,
sociales, morales y psíquicos.
13.2.1 Marx
Para Marx, la conciencia del individuo se falsea por
intereses económicos y como solución propone acabar con la ideologización;
Nietzsche culpa de esta falsa conciencia al resentimiento de la debilidad y
apuesta por la restauración del nuevo hombre; Freud ve la causa en las
represiones del inconsciente y establece una terapia para abrirle la puerta y
darles rienda suelta. Los tres afirman que la persona no se construye así
misma, sino que es el resultado de condicionantes históricos, sociales, morales,
psíquicos.
Karl Marx detecta el problema descubriendo que la ideología
es en realidad una falsa conciencia enmascarada por el materialismo y los
intereses económicos. La sociedad del siglo XIX vive unas circunstancias
desastrosas que hay que cambiar con urgencia. Es la falsa conciencia social,
política y económica. Los ideales ilustrados han calado hondo en las élites
europeas, que los utilizan para establecer políticas liberales en lo económico
que reducen la intervención del Estado. La Revolución industrial consolida el
capitalismo como sistema de producción, y sus consecuencias son terribles: el
hacinamiento en las ciudades de miles de trabajadores con empleos realizados en
condiciones infrahumanas, jornadas larguísimas cobrando sueldos míseros. La
explotación masiva del ser humano por el ser humano.
Marx advierte del error de pensar que el motor del cambio
son las ideas; el motor del cambio es la economía. La ideología y la filosofía
corresponden a la clase dominante, que gracias a ellas se mantiene en su
posición de privilegio. Hay que cambiar este mundo injusto para crear un mundo
nuevo de seres libres e iguales. Hay que conseguir la igualdad social donde no
existan las clases ni el Estado.
Para Marx, la organización social del S. XIX había provocado
la explotación del ser humano por el ser humano. Dios ha sido el opio del
pueblo.
13.2.2 Nietzsche
Nietzsche habla de la necesidad de cambiar los falsos
valores que han dominado en la sociedad occidental a lo largo de la
historia, una moralidad que nace a partir de un resentimiento contra la
vida. Nietzsche critica la falsa conciencia moral. La moral está llevando
al ser humano a la decadencia. Sus valores son decadentes. La moral cristiana
de la época en Occidente convierte a los ciudadanos en esclavos de ellos
mismos. El bien y el mal presididos por dios. La alienación religiosa. Es una
moral de esclavos basada en el sacrificio y el dolor que los poderosos la
utilizan para dominar a los oprimidos. La solución llegará con el hombre del
futuro, un Superhombre poderoso, seguro de sí mismo, independiente,
individualista y que vivirá en libertad. Nietzsche propone el
desarrollo del Superhombre, seguro, independiente y libre.
13.2.3 Freud
Freud propone la liberación mediante la liberación del
inconsciente. Freud critica la falsa conciencia racional. Establece
la relación entre ser humano y razón y dice que la mayor parte de la psique
humana es irracional y se basa en pulsiones inconscientes que desconocemos pero
que controlan y gobiernan nuestra vida y nuestra conducta. Para el padre del
psicoanálisis, las motivaciones humanas son irracionales y están causadas por
el inconsciente. El ser humano vive en lucha interior entre las fuerzas
del eros y del tanatos, la lucha constante entre
sus instintos, los impulsos destructores y el impulso del placer. Freud habla
del Principio de placer y el Principio de realidad.
El primero busca lo placentero y huye de lo que no lo es, pero la realidad se
impone socioculturalmente. Freud se refiere a las pulsiones debidas a la
represión del inconsciente, esto es, la parte de la mente de la que no tenemos
conciencia, pero que muestra signos de su presencia de diversas formas. Un
inconsciente que domina y rige los actos de la conciencia. La solución que
propone: una vía de escape para defendernos, la terapia psicoanalítica, que
permitirá liberar nuestro inconsciente para que así podamos vivir en paz con
los demás.
14. La gran decadencia. La
muerte de Dios conlleva la muerte del hombre
Además de la crítica a la falsa conciencia que detectó Paul
Ricouer, los tres pensadores coinciden en su ateísmo, convencidos de la
idea de que Dios es un pretexto creado para engañar a la gente, una herramienta
inventada para alejarla de la razón y de la realidad.
Marx dice: “La religión es el opio del pueblo. Es el
espíritu de un mundo que carece de espíritu”. La religión pasa a ser un
analgésico. Cuando las necesidades espirituales no están cubiertas, la
sociedad busca evadirse a otro mundo imaginario en el que se le prometa una
vida mejor. Y eso es para Marx la religión.
Según Nietzsche, las religiones influyen sobre
los hombres débiles. “Dios ha muerto”. Y su muerte permite
desarrollar un hombre nuevo, superior, que crea sus propios valores morales,
necesarios, pero sin Dios.
Para Freud, la religión es una neurosis cercana a veces a la
locura, una amenaza para la libertad, la verdad y la felicidad; “La religión es
una neurosis obsesiva universal de la humanidad”.
En lo que toca a la corriente principal del pensamiento
occidental, cabe afirmar lo contrario. Puesto que se esperaba encontrar la
verdad fundamental en el pensamiento correcto, se otorga especial importancia
al pensar, aunque también se valoraba la acción correcta. En la evolución
religiosa tal actitud condujo a la formación de dogmas, a interminables
argumentos acerca de los principios dogmáticos, y a la intolerancia frente al “no
creyente” o hereje. Más aún, llevó a considerar la «fe en Dios» como la principal
finalidad de la actitud religiosa. Naturalmente, eso no significa que no
existiese también el concepto de que se debía vivir correctamente. Pero, no
obstante, la persona que creía en Dios, aunque no viviera a Dios, sentíase
superior a los que vivían a Dios, pero no “creían” en él.
El énfasis puesto en el pensamiento posee asimismo otra
consecuencia de importancia histórica. La idea de que se podía encontrar la
verdad por medio del pensamiento llevó no sólo al dogma, sino también a la
ciencia. En la ciencia el pensamiento correcto es todo lo que cuenta, tanto en
el sentido de la honestidad intelectual como en el de su aplicación a la
práctica -esto es, a la técnica-.
En resumen, la lógica paradójica llevó a la tolerancia y a
un esfuerzo hacia la autotransformación. La consideración aristotélica condujo
al dogma y a la ciencia, a la Iglesia al descubrimiento de la energía atómica.
- El fenómeno de la
secularización
La realidad histórica ha desmentido a los teóricos de la
secularización en varios de sus más importantes supuestos. El proceso de
secularización resultó mucho más complejo, multidimensional y dista de ser
lineal, aun cuando no puede negarse su contribución para comprender los
procesos de modernización gestados en el seno de la cultura occidental.
El caso de Estados Unidos es paradigmático: el país más
moderno y poderoso del siglo XXI según todas las estadísticas e indicadores, sigue
siendo una sociedad sumamente religiosa. El caso europeo, que es el que se
acerca más al modelo secularizador, se muestra actualmente más como excepción.
Sobre todo en las últimas décadas los medios de comunicación
y la academia han dado cuenta de la multiplicidad y vitalidad de nuevos
movimientos religiosos; de la presencia de elementos tradicionales de carácter
religioso y nacionalista en conflictos contemporáneos; de la proliferación de
bienes simbólicos de carácter sagrado para la curación del cuerpo y la
salvación de las almas; de la diversidad de agentes o instituciones gestoras de
lo sagrado; del papel protagónico de líderes religiosos en la política mundial
empezando por el Papa Juan Pablo II en su largo pontificado y el del Ayatolla
Jomeini en la revolución islámica en Irán.
Las identidades colectivas organizadas alrededor de ejes
primordiales, ya sean religiosos o étnicos, devienen núcleos de articulación
grupal y se expresan también en movimientos sociales que persiguen su lugar en
el espacio público y no son efectos marginales de procesos políticos y
económicos estructurales que desaparecerían con la modernización.
- Del homo sapiens
al homo ciberneticus
El hombre ha tratado de dar respuesta a los enigmas, dar una
respuesta científica al origen de nuestra existencia (teorías evolucionistas,
el “Bing bang”, etc) nuestra existencia ha dejado de ser el mayor de los
misterios.
Sin reduccionismos de remitirse al azar, los seres vivos son
demasiados complejos y están demasiado bellamente diseñados para haber surgido
gratuitamente (como dice Galileo Galilei la mente creadora que diseño el orden
del universo no fue un orden casual o fortuito sino que responde a una mente
creadora que impuso un orden maravilloso).
Mas sin embargo el hombre no responde solo a cuestiones
meramente físicas o biológicas. El prodigioso ajuste de las constantes
cosmológicas que han permitido la génesis de la vida y la conciencia reflexiva
del hombre (Homo sapiens) no ha podido deberse a meras mutaciones. En la
génesis de las especies hay que hablar de saltos cualitativos en donde cabe
hablarse de una transformación radical.
El hombre ha buscado una comprensión a los enigmas más
profundos y no siempre la ciencia puede responder a todo. hoy en día se abre un
debata ante el uso de la inteligencia artificial y el hombre cibernético. La
compleja trama fisio-biológica, psíquico racional y espiritual no es el
resultado de la combinación de meros mecanismos neuronales.
La apuesta de la cibernética y la inteligencia artificial
constata que el ser humano difiere cualitativamente del hombre
cibernético-robot-máquina. El hombre es más que una máquina pensante rígida
regida por algoritmos, procedimiento de una secuencia de operaciones aptas para
resolver problemas. Un ordenador digital-cerebro-máquina dotado de memoria
unidad ejecutiva y control.
La máquina no puede ser un sujeto protagonista de sus
acciones con subjetividad y autoreflexión. El hombre cibernético no tiene
conciencia, autoconciencia capaz de actuar con responsabilidad frente a sus
actuaciones (con capacidad de elección y decisión) regido por una dimensión
ética y moral. La excesiva confianza en la ciencia y la técnica puede tener
catastróficas consecuencias. las máquinas inteligentes diseñadas por hombres
pueden volverse contra el hombre. Pueden tomar el control de todo hasta terminar
adueñándose de todo. dictarán e impondrán las leyes por las que el hombre debe
regirse. (El hombre en lugar de servirse de la máquina puede llegar a quedar
esclavo de la misma máquina).
17. Un nuevo despertar
En la sociedad contemporánea la religión ha ido pasando por
todas las fases, desde la más antigua y primitiva hasta la más elevada. La
palabra “Dios” denota el jefe de tribu tanto como la “Nada absoluta”. En igual
forma, cada individuo conserva en sí mismo, en su inconsciente, como lo ha
demostrado Freud, todas las etapas desde la del infante desvalido en adelante.
La cuestión es hasta qué punto ha crecido. Una cosa es segura: la naturaleza de
su amor a Dios corresponde a la naturaleza de su amor al hombre, y, además, la
verdadera cualidad de su amor a Dios y al hombre es con frecuencia inconsciente
encubierta y racionalizada por una idea más madura de lo que su amor es. El
amor al hombre, además, si bien directamente arraigado en sus relaciones con su
familia, está determinado en última instancia, por la estructura de la sociedad
en que vive. Si la estructura social es de sumisión a la autoridad (autoridad
manifiesta o autoridad anónima de la opinión pública y del mercado), su
concepto de Dios será infantil y estará muy alejado del concepto maduro, cuyas
semillas se encuentran en la historia de la religión monoteísta.
17.1 El retorno de lo sagrado
Muchos hablan de un reencantamiento del mundo, del
regreso de Dios, del retorno de la religión en las sociedades contemporáneas;
otros sostienen que la religiosidad no se ha ido y regresado, sino que reviste
modalidades complejas y diversas según los tiempos, los espacios, los estratos
sociales; y todavía hay, los menos, quienes aún sostienen la tesis de la secularización
como camino inexorable hacia el fin de la religión.
La religiosidad, sus instituciones o nuevas manifestaciones
asumen una mayor visibilidad, ocupan espacios públicos y mediáticos; sus
manifestaciones se pluralizan y se diversifican cada vez más. El rol del Estado
y sus relaciones con las instituciones confesionales tradicionales o con nuevas
denominaciones religiosas necesariamente se replantea en un contexto de cambio
continuo.
Hoy no solamente se da una multiplicación de nuevos
movimientos religiosos, indicadores de raíces emocionales que se creían
desaparecidas, sino que las mismas tradiciones religiosas históricas y las
instituciones que las regulan parecen movilizar las creencias con fines de
afirmación identitaria colectiva. La racionalidad científica pierde terreno
frente a la emotividad en la que se creyó ver durante mucho tiempo el fondo
primitivo de la religión; la racionalidad política parece a su vez insuficiente
para canalizar los temores y las pasiones avivadas por la creciente competencia
de grupos sociales y sociedades en el espacio global.
Los acontecimientos mundiales recientes desde el triunfo
de la revolución islámica en Irán, el ataque a las Torres Gemelas en Nueva
York, las guerras en Afganistán y en Irak, la larga confrontación entre
israelitas y palestinos, los enfrentamientos entre católicos y protestantes en
Irlanda del Norte, la guerra en Yugoslavia serían evidencias empíricas
incuestionables sobre lo anterior.
No se niega la importancia de otros factores de índole
política, económica, social y cultural además del religioso, pero sin la
adecuada comprensión de esta dimensión confesional no se entienden los
conflictos. Conflictos que muestran las grandes barreras culturales,
religiosas, ideológicas y filosóficas que separan a Occidente de otras
culturas, así como la resistencia de éstas a la expansión de valores que
consideran ajenos.
Ello nos lleva al abordaje de otro punto central: la
expansión del Islam, religión de 1300 millones de fieles con una tasa de
crecimiento superior a la de los fieles católicos y también con una presencia
universal.
Algunos han convertido al Islam en un fantasma amenazador
que recorre al mundo y hablan sin fundamentos del choque de civilizaciones. El
Islam es tan complejo y plural como puede serlo el catolicismo. Esta religión
es víctima al igual que otras de la fuerza creciente de los fundamentalismos
que afecta a todas las religiones.
El caso del fundamentalismo islámico es más grave por
su relación con el terrorismo, el llamado islamismo radical que se plantea como
fin acabar con Occidente como enemigo del mundo árabe y se legitima por su
selección arbitraria de elementos religiosos del Corán. El fundamentalismo
cristiano norteamericano representa también una amenaza en la potencia número
uno, pero menor por la democracia. De Bush a Obama.
El catolicismo y el judaísmo tampoco escapan a estas
tendencias. En otro nivel se observa también un resurgimiento de la religión en
los países del ex mundo socialista donde los Estados apoyaron proyectos
secularizadores radicales. Las migraciones de musulmanes norafricanos o asiáticos
han generado conflictos religiosos y étnicos en Italia, Francia, España y los
países escandinavos, entre otros.
Discriminaciones y racismo reaparecen con fuerza en
sociedades modernas y secularizadas y en conflictos tribales postcoloniales.
Los casos de sectas o familias autodestructivas, las responsabilidades de las
iglesias frente a las redes del narcotráfico (productores y consumidores), los
abusos sexuales y de autoridad de ministros de culto y otros, exigen la
elaboración de nuevas propuestas jurídicas y políticas, así como de estrategias
y tácticas de abordaje que involucran a las instituciones confesionales.
18.2 La recuperación del
sentido del misterio. El misterio fascinante
La experiencia del misterio nos aboca al ámbito de lo teofánico,
al ámbito de lo sagrado. Ese ámbito nos sobresalta como presencia que se nos
revela y nos atrapa (mysterium fascinans) como mysterium tremendum que
nos produce desconcierto y estremecimiento. Ese más allá del límite incita al
hombre a un ambiguo acceso a lo inaccesible y divino.
La inteligencia del hombre la hace cuestionarse e ir más
allá de lo fenoménico. La comprensión fenomenológica nos abre a una cuestión
trascendental más allá de una descripción fenoménica. La cuestión de Dios surge
implícita de la cuestión del hombre y su búsqueda de sentido. La estructura de
su dimensión religiosa la lleva el hombre impresa en su estructura que
condiciona toda su existencia humana. El hombre está constitutivamente abierto
al transcendente. El hombre no es el que lleva la cuestión del sentido de su
vida sino que es llevado por ella. El hombre es interpelado por la cuestión de
Dios. No es tanto que el hombre busca a Dios sino que es Dios quien lo busca y
viene al encuentro del hombre. La respuesta última a la cuestión del sentido de
la vida el hombre no la encuentra dentro de lo intramundano sino que el hombre
debe poner la cuestión trascendente. Como dice San Agustín en el libro IV de
las Confesiones: “me volví ante el gran enigma de mi mismo y preguntaba a mi
alma por qué estaba triste, por qué me perturbaba tanto”. Su situación de
desesperanza permanecerá en su vida hasta que no haya encontrado al Dios, quien
se convertiría en el fundamento de su esperanza (spes mea)
Necesitamos redescubrir esa dimensión mistérica de asombro
ante el misterio. El tema de la presencia de Cristo en los misterios reviste un
interés excepcional cuando es interpretado a la luz de la teología de los
misterios del benedictino alemán Odo Casel. No es este el momento de emprender
una exposición de su pensamiento. Aquí me voy a limitar a ofrecer algunos
apuntes de interés para una comprensión elemental de su doctrina.
Odo Casel utiliza con profusión la palabra misterio. En
realidad en esa expresión se concentra buena parte de su pensamiento. Incluso
hasta el mismo cristianismo es entendido por él como un misterio. En ese
sentido lo define como «una acción de Dios, como la realización de un plan
eterno en una acción que procede de la eternidad de Dios, se realiza en el
tiempo y en el espacio, y tiene su término en el mismo Dios eterno». De ahí se
deduce que «uno se hace cristiano cuando se une a la persona de Cristo y participa
de su obra redentora; cuando ha vivido con Cristo y como Cristo su obra de
liberación; cuando ha muerto y resucitado con Cristo de manera mística, pero
real».
La experiencia última del hombre es la experiencia del
Misterio. Nadie puede apagar las trascendencia que revela su semblante. Pese a
la condición pecadora, en la persona humana palpita un fondo misterioso, un más
allá que constituye la permanente día fanía de Dios en el mundo. De ahí
deriva la inalienable sacralidad de la persona humana, su venerabilidad y
dignidad. De ahí deriva esa misma identidad entre el amor de Dios y el amor al
prójimo.
Dios está en incesante comunicación y autodonación histórica
a través, fundamentalmente, de cada persona, amando a cada persona estamos
amando a Dios. Dios no es algo intrínseco a él ni se revela solamente en
situaciones privilegiadas sino que está siempre presente en la trama de toda la
existencia. Las dimensiones todas de la vida, positivas o negativas, son para
Dios invitaciones a situarse ante él.
18.3 Las nuevas teofanías,
signos, formas bajo las que Dios se revela
La experiencia de Dios va más allá de visiones, audiciones o
arrobos místicos (todo eso queda en la zona de las vivencias subjetivas). Dios
no es visible ni audible ni accesible solamente en la experiencia mística
(dejaría de ser algo constitutivo a todo hombre y entonces sería el privilegio
de unos iniciados).
Las teofanías son la manifestación visible de la presencia
de Dios en el mundo. Son experiencias sensibles pero sobrenaturales de lo
sagrado, de lo divino, en el Antiguo testamento Dios aparece en forma de fuego,
nube, truenos o aparaciones de personajes con forma humana.
Dios se manifiestó a Abraham en la encina de Mambre bajo la
forma de tres visitantes (Gn 18). Moisés percibe la Presencia de Dios en el
monte santo bajo la zarza ardiente (Ex 3). Dios desciende en el Horeb en medio
de truenos y relámpagos.
La Encarnación es la teofanía final y culminante de
Jesucristo donde Dios se manifiesta plenamente en carne humana, durante la vida
de Jesús asistimos a diversas teofanías, el bautismo, Caná, la Transfiguración
en el monte Tabor. La muerte de Jesús en el monte calvario esta narrada en
Mateo como un verdadera teofanía que termina con la confesión del centurión.
Verdaderamente este es el Hijo de Dios.
Los signos son acciones donde Cristo manifiesta su poder
divino. Juan describe los milagros como signo (narra siete signos en su
evangelio). Los signos son descritos para que creáis y creyendo alcancéis la
vida eterna. Muchos signos o señales milagrosas hizo Jesús. Estos fueron
escritos para que creáis en el Hijo de Dios y por esta fe tengáis la vida que
sol él puede comunicar (Jn 20.31)
Hoy podemos hablar de nuevas teofanías que hagan
recuperar el sentido religioso y sagrado de la existencia humana.
18. 4 La montaña es saber
conjugar la inmanencia con la identificación
La montaña más que un lugar físico es sabor de transparencia
e identidad. La experiencia de Dios bajo
el impacto del encuentro. La palabra misma se transfigura y adquiere densidad
acerca de Dios. Dios nos habla personalmente a través de sus palabras. Nos
revela su identidad y la nuestra (lo que somos para él). Llenamos así nuestra
vida de un sentido radical. En la experiencia de Dios nos damos cuenta de la
insuficiencia de todas las imágenes. Dios está más allá de todo nombre y de
todo concepto. Aunque nuestro acceso a Dios solo es posible a través de
imágenes o representaciones, estas son andamios y no la construcción.
¿Quién es Tao? Preguntó un discípulo al maestro Zen. Este
respondió: es la mente ordinaria de cada uno, y ¿qué es la mente ordinaria de
cada uno? Volvió a replicar el discípulo, a lo que el maestro respondió: cuando
estamos fatigados, dormimos, cuando tenemos sed bebemos, hambre comemos. Para
quien percibe la presencia de Dios, dios está en todas las cosas, todo es
manifestación del don de Dios. esta simplicidad conduce o lo reconduce todo a
su unidad en Dios. quien experimenta el misterio de Dios no pregunta ya, vive
simplemente la trasparencia de todas las cosas y celebra el adviento de Dios en
cada situación.
18.5 El misterio de Dios en su
intimidad
Este es el primer sentido de la palabra misterio. Hace
referencia al misterio insondable de Dios, del Santo, del Inaccesible, a quien
ningún hombre puede acercarse sin morir. Este Dios insondable ha proyectado
desde la eternidad un plan salvador para el hombre; pero este proyecto sigue
siendo un misterio no abierto al mundo profano, sino que está oculto a su
mirada y sólo se descubre a la luz de la fe de sus fieles y elegidos.
18.5 Cristo, epifanía de Dios
y misterio personal.
El plan salvador de Dios sobre el hombre se revela y se
realiza en Cristo. En él y a través de él la acción salvadora de Dios,
proyectada desde los siglos, irrumpe en la historia, se encarna en el tiempo y
en el espacio; se hace visible y accesible para todos los hombres. En este
sentido decimos, siguiendo el pensamiento de Pablo, tal como aparece sobre todo
en las cartas pastorales, que Cristo se constituye en el misterio personal; en
la revelación (epifanía) y presencia del proyecto salvador de Dios.
En Cristo la religión no es un buscar a Dios a tientas (Act
17, 27) sino una respuesta de fe al Dios que se revela, respuesta en la que el
hombre habla a Dios como a su Creador y Padre. es la respuesta hecha posible
por aquel hombre único en que Dios habla a cada hombre y cada hombre es
capacitado para responder a Dios,
Jesucristo es el nuevo comienzo de todo. todo en El
converge, es acogido y restituido al Creador de quien procede. Cristo es el
cumplimiento del anhelo de todas las religiones del mundo y, por ello mismo, es
su culminación. Todo retorna a Dios su principio. Jesucristo es la
recapitulación de todo. (Juan Pablo II, Tertio Milenio Adveniente, 6)
18.6 Los misterios de
Cristo.
En realidad hay que hablar del misterio de Cristo, uno e
indivisible, en el que se condensa la totalidad de su vida. Es el misterio
pascual por el que Cristo entrega la totalidad de su vida en la cruz y la
recupera glorioso en la resurrección. Pero ese misterio único se fracciona en
el conjunto de sucesivos actos salvadores que, comenzando en su nacimiento y en
los eventos de su infancia, pasan por la aventura de su vida pública, pasión,
muerte y sepultura, para culminar finalmente en la gloria de la resurrección,
ascensión a los cielos y coronación a la derecha del Padre. En este caso
hablamos de los misterios de Cristo.
Cristo es luz que ilumina las tinieblas y debeos de
permanecer firmes aún en medio de la oscuridad. La oración de Jesús en
Getsemaní y en el Calvario se convierte en paradigma de permanecer abiertos a
Dios en un mundo donde no habla Dios. como es posible que Jesús clame al Padre
Dios mío porqué me has abandonado.
El hombre grita a Dios con poderoso clamor y lágrimas y da
testimonio de participar en su filiación po obra del Espíritu Santo. El
Espíritu Santo hace que el hombre participe de la vida íntima de Dios. en esto
consiste la verdadera religión en permanecer en la intimidad con Dios que se
inicia con la Encanación del Hijo de Dios. El Espíritu Santo, que sondea las
profundidades de Dios nos introduce a nosotros en estas profundidades en virtud
del sacrificio de Cristo. (Juan Pablo II, Tertio Milenio Adveniente, 8)
18.7 El misterio del culto
divino.
Cuando hablamos del misterio del culto, en el lenguaje
caseliano, nos referimos a la presencia continuada y permanente del misterio
salvador, desvelado y realizado en Cristo, primero, y después en la Iglesia y
en las celebraciones cultuales de la Iglesia.
El misterio del culto no es otra cosa que el mismo Cristo,
encarnado e histórico, que prosigue su acción liberadora en el tiempo y en el
espacio; y así, en virtud del ritual, aquello que tuvo lugar en la historia se
hace realidad en el presente para la humanidad entera de todos los tiempos. En
este sentido, el misterio del culto es el mismo misterio de Cristo continuado
en el tiempo, pero bajo otra modalidad. La esencia es la misma; lo que difiere
es el modo de estar presente. A los teólogos de Maria-Laach les gusta citar
aquellas significativas palabras de san Ambrosio de Milán: «Te hallo y te
siento vivo en tus misterios».
El hombre religioso ha querido expresar su creencia a través
de ritos, gestos, cosas para conferir un carácter sacral a las mismas cosas (en
si no sagradas) convirtiendo esas mismas cosas en expresión y símbolo de la
actitud interior sacral y religiosa del hombre. Hasta ahora la religión se
expresó preferentemente por medio de signos sacrales. Hoy debemos abrirnos a
expresar nuestra religiosidad a través también de signos de la secularización.
Hoy nos sentimos interpelados a revestirnos de formas seculares tratando de
servir también a través de las mismas a Dios y al prójimo.
19. La religiosidad en nuestro mundo postmoderno
La mentalidad contemporánea ha perdido la capacidad de
asombro ante el misterio de la existencia de la vida humana. La mentalidad
cientifista en la que vivimos excluye la opción teísta o religiosa. La
confesión de ateo se cubre con un discreto agnosticismo sólidamente instalado
en una confortable finitud de lo efímero. Somos finitos luego solo podemos
conocer lo finito, luego solo existe lo finito. Sólo existe la la verdad
científica constatable delo demostrable empíricamente. El conocimiento
científico y el positivismo cientifista rehusa el diálogo sobre la religión. El
discurso teológico religioso tacha de irracional la idea de Dios. la crítica
frente a la religión la sitúa como irrelevante. Las repercusiones sociales de
la religión han sido nefastas. “Desde que se institucionalizó la religión se ha
preocupado más del poder y la política que del bien y del mal”. Los contenidos
doctrinales de la religión resultan incompatibles con las teorías del
conocimiento científico. Ciencia y religión han quedado intrínsecamente
incompatibles y antagónicas. Las creencias religiosas, al basarse en una
revelación infalible e inmutable son mayoritariamente irracionales. Los cultos
religiosos son cultos de la sin razón, lesivos para la racionalidad crítica.
El desarrollo científico y tecnológico de las últimas tres
décadas ha dado lugar a un gran salto cuantitativo y cualitativo que ha
revolucionado campos como la genética y la informática, dando nuevas
dimensiones al espacio, al tiempo y a la vida misma. La globalización entendida
no sólo en términos económicos, sino políticos, sociales y culturales,
contextualiza el momento histórico.
La velocidad del cambio y su potencialidad para enfrentarnos
a nuevos retos derivados del calentamiento de la tierra o de epidemias de
nuevos virus es inédita. Vivimos a nivel mundial en una sociedad donde el
riesgo y la incertidumbre asumen infinidad de rostros. El legado del siglo XX, si
por una parte puede presumir logros significativos para un mundo que ha
triplicado su población, por otro lado no puede ocultarlos con saldos
negativos.
Entre ellos las promesas incumplidas de la modernidad y su
utopía de progreso indefinido, tanto en el modelo capitalista como en el del
socialismo real o comunista que fracasa como alternativa. Las guerras y las
revoluciones a lo largo del mundo durante ese siglo han dejado una sensación
que combina escepticismo y pesimismo.
La crisis de los paradigmas, el descrédito de los
metarrelatos y la insuficiencia de las categorías explicativas conocidas, han
sido algunos de sus resultados, lo que ha tenido consecuencias en cuanto al
fenómeno religioso. La religión ,en sus múltiples definiciones, es una parte
integral de la historia y de la cultura de las sociedades humanas.
De acuerdo con Otto Maduro, la religión es “una realidad que
lejos de estar fuera de las luchas sociales, los procesos políticos y las
transformaciones culturales, se halla, por el contrario, profundamente inmersa
en esa dinámica de la sociedad y atravesada por ella de parte a parte”. Durante
muchos años el proceso de modernización puso énfasis en la racionalidad como
eje central y definitorio del conocimiento y la acción de los individuos en su
camino a la libertad, el progreso y la felicidad. En consecuencia, desde esa
perspectiva la religión habría de recorrer el inexorable camino de la
secularización que la llevaría a su marginación, debilitamiento y
extinción.
Pero incluso en la secularización estamos llamados a
percibir la acción de Dios. Dios esta incluso bajo la sospecha o la negación.
En el mundo secular donde lo único sacro creacional que existe es el hombre
lejos de ser atacado debe ser reconocido como persona, con la dignidad
fundamental que habla de ser hecho a imagen de Dios. si en lugar de ser objeto
manipulable pasa a ser respetado y venerado afirmamos su ser creatural a imagen
y semejanza de Dios. estamos llamados a descubrir aún en los signos de la secularización
los vestigios de Dios.
20. El Dios inversus. Las presencias y las ausencias
A Dios lo han invocado todas las religiones como el
Inefable, el que se revela y se esconde a la vez. Dios está en la aparente
contradicción la Palabra con la que se expresa la No Palabra. No sin razón
decía el sabio “Nombrar al Tao es nombrar la no cosa…Tao es un nombre que
significa: sin definir. El Tao está más allá de las palabras, ni se agota con
el silencio. Donde no existen las palabras, ni el silencio, allí es aprendido
el Tao”.
No es a priori como se llega a saber quien es el Dios
verdadero sino asumiendo los desafíos de descubrir las propias ausencias, donde
Dios se esconde. El Padre De Lubac decía: “si falto al amor o a la justicia me
alejo infaliblemente de Vos. Para creer en Vos, debo creer en el amor y la
justicia”. El Dios que así se revela es el Deus inversus. Surge por contraste.
Cuanto mayores sean las tinieblas, mayor será el resplandor de la Luz. Esta luz
nos interpela, no nos autoriza a permanecer inactivos frente a las injusticias
que claman al cielo.
El sistema capitalista presenta a Dios como el Ser Supremo
que establece las clases naturales entre los que siempre se darán ricos y
pobres. Proclama un Dios que prescribe guardar el orden establecido. La
situación se torna aún más trágica para la fe cuando se pretende justificar el
sistema de opresión e injusticia, toda una carga de dominación inhumana. En la
noción de Dios se proyecta una falsa imagen creada por una ideología de
dominación.
Experimentamos la ausencia de Dios entre quienes teniendo a
Dios en los labios y venerándolo en los templos, desatienden a encontrarlo en
los hermanos más vulnerables. Se nombra a Dios y se le venera oficial y
públicamente. La fe en Dios está aún demasiado aferrada al modelo de
religiosidad pagana. En el paganismo los dioses quieren ser servidos por los
hombres. Dios quiere ser servido en los demás.
Todavía contraponemos la dimensión vertical y horizontal.
Dios quiere ser reconocido en su día fanía histórica. Solo quien se
entrega en cuerpo y alma al servicio del prójimo comienza a percibir la
dimensión que trasciende al prójimo y a uno mismo. Ahí se verifica la verdadera
trascendencia y el más ortodoxo verticalismo, ahí se revela el gran misterio
llamado Dios.
Pero ni siquiera el mundo es la última instancia ya que este
viene siempre remitido y sostenido por Alguien que se alumbra dentro de él,
pero que no es él. Dios es el sentido que penetra toda la existencia, por
ordinaria y vulgar que parezca. De ahí que se pueda experimentar a Dios siempre
y en toda situación cuando se desciende hasta la raíz de la vida, donde se nos
muestra su apertura y capacidad de acogida del Trascendente.
Dios está aún en medio de la aparente contradicción de lo
sacro y lo profano. Tanto lo sacro o divino como lo profano o secular caen bajo
la acción de Dios constituyendo formas distintas y no antagónicas sino
complementarias. La fe y la religión pueden y deben realizarse en el ámbito
sacral como en el ámbito de lo secular y profano. En ambas esferas puede el
hombre llegar a contactar con Dios. la secularización no se opone a la religión
o a la fe. Se trata de una forma diferente de vivir la fe y la relación con
Dios.
La experiencia de su bondad aún en medio de la fragilidad y
vulnerabilidad de la experiencia humana es también objeto de la revelación de
Dios. esa bondad fundamental se presenta pues como experiencia de su sentido
radical. pese a todas las negatividades humanas, frustraciones, inseguridades,
infidelidades, el sentido triunfa sobre el absurdo, la convicción del orden
fundamental del mundo sobre la desilusión, la luz sobre las sombras. ¿No
experimentamos de continuo nuestras propias limitaciones? En el fondo de
nuestras acciones palpita siempre un ansia insuperable. Una radical soledad nos
hiere el corazón. Cuando sentimos y sufrimos la limitación nos hallamos en el
horizonte abierto al infinito. La experiencia de nuestra limitación, de nuestra
fragilidad nos convoca hacia la experiencia de lo ilimitado, de la apertura
total del absoluto.
Es la experiencia que San Juan de la Cruz recoge de su
noche oscura relatada en su obra subida al Monte Carmelo: para acceder a la
luz el hombre debe estar dispuesto a caminar por la angosta senda que conduce a
la vida, ir por donde no sabe, ni entiende, guiado por la fe. Es precisamente
en este espacio donde se torna significativo el lenguaje de lo divino y del
misterio.
Conclusión
Sófocles en la tragedia Antígona dice que el hombre con su
ingenio no sabe encontrar el modo de salir de las situaciones difíciles y
experimenta turbación, angustia desesperación. Ante el misterio de la muerte el
hombre se siente desconcertado totalmente impotente y carente de recursos.
Unamuno en su Antología poética expresa esta tragedia y dramatismo existencial.
“En mi angustia suprema grito con Michelet mi yo que me arrebata mi yo. Grito
en la esperanza en Dios, emerge el ardiente deseo que haya un Dios que
garantice la eternidad de la conciencia suprema, lo que nos lleve a creer en
él. Llevamos a Dios dentro como objeto de lo que esperamos. Esa esperanza
supone cierto conocimiento racional, pero no basta. Sin la esperanza de una
supervivencia imperecedera nuestra vida en el mundo carece de sentido, se hunde
en la nada. La esperanza es el anhelo insuprimible de eternidad, un querer
vivir para siempre que solamente Dios puede garantizar. Dios es la sustancia de
lo que esperamos. Llevamos a Dios como fundamento de una esperanza que no puede
morir”.
El eclipse de Dios lleva al hombre a la crisis de sentido.
El hombre al cuestionarse sobre el misterio de la vida y la muerte se sitúa de
frente al misterio más absoluto. El hombre está frente así mismo como cuestión
que le lleva a esa inquietud radical que conlleva a cuestionar el sentido de su
existencia.
La experiencia de no haber venido por mí mismo al mundo sino
de haber sido traído y arrojado a la existencia como ser desvalido y necesitado
de Otro, constata la percepción de que mi existencia tiene su origen y su fin
fuera de mí. Mi existencia no está sostenida y fundada en mi mismo, esa
percepción nos remite a un fundamento que está mas allá de mi propia
existencia.
El enigma de la muerte hace de nuestra vida enigma que nos interpela
¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy? Y después qué ¿para qué vivir?
El por qué y el para qué últimos de la vida constituyen al
hombre como radicalmente cuestionado. El hombre no puede contentarse con vivir
por vivir, un mero sobrevivir sin un por qué y para qué.
El eclipse de Dios, la ausencia de Dios en un mundo moderno
vaciado de espíritu conlleva el eclipse del hombre y la humanidad. Un hombre
truncado desesperanzado. El marxismo heredero de Hegel, adolece de ser
expresión de la incoherente construcción inmanentista. Si no hay leyes
objetivas y eternamente válidas, si la teoría desarma el hábitat de la persona
y todo no ha sido más que retórica, la persona no es literalmente nada. La
persona es lo que la colectividad le deja ser o, mejor aún, quiere que sea.
Las grandes exigencias que impone nuestro mundo desenfrenado
nos orienta hacia una elite superdotada, un modelo de superhombres al
que solo unos pocos acceden, donde se marcan estándares que crean cada vez una
raza exigua desigual regida por unas elites de poder donde se unos pocos se
reparten lo que les pertenece a todos, donde las diferencias entre pobres y
ricos se agranda y donde tantas personas frustradas, marginadas, se sienten
relegadas y excluidas; los descartados.
Pesa el agobio del desencanto, las promesas incumplidas, los
sueños rotos. Pesa también la falta de un horizonte claro. Crece la angustia al
sentir que es cada vez más difícil salir para adelante con la falta de recursos
y de trabajo, con tantos jóvenes en paro, tantos viven encerrados y
enclaustrados en la prisión del vacío y sin sentido donde todo es oscuridad y
la luz del sol parece no pode entrar. Hemos levantado barreras y muros que nos
aíslan y dividen los unos de los otros. La incertidumbre el miedo y la angustia
hacen mella en las personas más vulnerables (tantos quedan mentalmente
afectados presos de la depresión o atentando contra el suicidio de sus propias
vidas).
Se hace de noche, a oscuridad y la tiniebla parece cubrir la
tierra, se entra en el caos y la increencia. Las bases e instituciones que
parecían perdurar desde el pasado pierden vigencia y credibilidad las
instituciones. La gente desengañada de la política y de los políticos. La
democracia liberal esta también en crisis. Se propone una política del
bienestar y del bien vivir en lugar del bien común y crece la desigualdad,
crecen las diferencias. entramos en repliegues y cierres que nos aíslan los
unos de los otros. Se levantan cada vez más muros que nos dividen. entramos en
una espiral de odio, violencia y guerra que parece expandirse por toda la
tierra. El caos amenaza de norte a sur y de este a oeste. entramos en una
crisis humanitaria donde se violan los derechos inalienables de la persona y
donde sentimos la falta de solidaridad y fraternidad.
La trágica y absurda parodia en la que vivimos parece
llevarnos a un callejón sin salida. La raíz de esta crisis no es otra que
una crisis profunda de fe. El hombre sin Dios se pierde y cae en la
desesperación y el sin sentido.
Nuestro mundo está necesitado de salvación y Dios sigue
contando con el hombre para que esta liberación se lleve a cabo. Como dijera
Irineo y san Agustín quién te creó sin ti no te salvará sin ti. El mundo y
la cultura occidental se levantó bajo los cimientos de una cosmovisión
cristiana que se impuso sobre la mentalidad pagana de la mitología
griega. Se ha perdido esta cosmovisión cristiana y se ha vuelto a una
cosmovisión pagana. La crisis profunda que vivimos tiene como raíces la pérdida
de la fe. Esta es la raíz de todos los desequilibrios que experimenta el
hombre.
Nos creíamos titanes con el poder de los dioses
y nos vimos incapaces de sostener nuestras propias vidas. Nos creímos capaces
de transformar el mundo con la ciencia y con la técnica, con nuestras propias
armas y fuerzas y nos vemos víctimas del mal uso del poder y progreso que hemos
creado. Sigue la escalada de violencia y no somos capaces de superar los
grandes errores del pasado. Las guerras mundiales, los holocaustos de
Auschwitz o Treblinka, las masacres de Ruanda, las luchas fratricidas de Bosnia
y Croata, la guerra de Ucrania, la espiral de violencia y los ataque
terroristas de Oriente próximo nos hablan del gran desequilibrio mundial, son
las oscuras epifanías de la pérdida de la fe y del sentido, que trae
consigo la perdida de sagrada inviolabilidad del ser humano.
La celebración de la Resurrección en este tiempo de Pascua
nos conduce a poner nuestra mirada en Cristo Resucitado. Cristo irrumpe con
palabras de aliento, no tengáis miedo, la paz este con vosotros (En palabras de
nuestro papa León “una paz desarmada y desarmante”). Dios no está muerto,
camina a nuestro lado en los entresijos de la historia. No nos cansemos de
trabajar por la paz y la unidad (es compromiso común para todas las
religiones). Nacer nuevamente de lo alto es signo de la presencia y actuación
de Dios en nuestro mundo.




























