sábado, 18 de abril de 2026

EL HOMBRE RELIGIOSO

 

EL HOMBRE RELIGIOSO

(LA RELIGION Y RELIGIOSIDAD

EN NUESTRO MUNDO POSTMODERNO)

 

 


Introducción

Estamos en tiempo pascual a espera del Espíritu en Pentecostés y el Espíritu sopla donde quiere (Jn 3, 8). Se precisa oír su voz, su rumor para dejarnos guiar. El Papa León (siguiendo el camino de los papas predecesores) inicia su tercer viaje apostólico para visitar Argelia y otros tres países africanos. Iniciara su peregrinación visitando la Gran Mezquita de Argel y expresa su deseo de encontrarse con los hermanos de esas amadas naciones. En el último Angelus volvió a alzar su voz contra la guerra tratando de promover la paz y fomentar el diálogo para buscar soluciones al clima de crispación y disenso que vivimos. “Demasiada gente está sufriendo, demasiados inocentes son asesinados y alguien debe alzar su voz y decir que hay un camino mejor”

Este artículo intenta profundizar en la dimensión espiritual del hombre y rescatar la dimensión religiosa como algo inherente a cada persona. En nuestra época el género humano ha de buscar los vínculos que existen entre los diversos pueblos y las diversas religiones para potenciar todo aquello que es común a los hombres y nos conduce a la mutua solidaridad. Todos los pueblos formamos una sola comunidad y familia humana (Papa Francisco, Fratelli tutti). Todos tenemos un mismo origen y fundamento y un mismo destino. Dios quiso habitar en esta tierra y su designio de salvación se extiende a todos. Los hombres esperan de las diversas religiones la respuesta a los interrogantes y enigmas más profundos. ¿qué es el hombre? ¿cuál es el sentido y el fin de nuestra vida?

Las religiones no pueden ser causa de enfrentamientos, divisiones y guerras (como por desgracia ha sucedido en el pasado). Hoy más que nunca se hace necesario el respeto y diálogo entre las distintas religiones. El Espíritu sopla donde quiere y no se ha de rechazar nada de lo que en las distintas religiones hay de santo y verdadero. Hemos de reconocer, valorar, respetar y promover aquellos valores y bienes espirituales morales y socioculturales que en ellas existen. No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternamente con todos. (Vaticano II, Declaración Nostra Aetate)

Desde la antigüedad se constata una percepción de una fuerza misteriosa, La suma divinidad que se haya presente en los acontecimientos de la vida humana. Esta percepción penetra toda su vida de un profundo sentido religioso.

La pérdida de este nexo fundamental y trascendente, el denominado eclipse de dios, lleva al eclipse del hombre (Juan Pablo II, Evangelium Vitae, 21). La raíz de la crisis que estamos viviendo hunde sus raíces en la pérdida de esta dimensión trascendente. No cabe duda que este eclipse de Dios está relacionado con la profunda crisis que estamos viviendo. Estamos en un mundo que experimenta grandes cambios, cambios profundos vinculados a una revolución global a un nuevo orden global. El papa Francisco recuerda que “no estamos viviendo simplemente una época de cambios, sino que estamos asistiendo a un cambio de época, un giro histórico” (Francisco, Evangelii Gadium 52).

La dimensión religiosa tiene que ver con la cosmovisión, el paradigma de la visión del hombre y de lo humano. En actualidad asistimos no sólo a una variación del tema humano o antropológico sino una alteración de algo más profundo que conlleva la pérdida de sentido. Vivimos una crisis de fe que conlleva una crisis de humanidad fruto de una antropología contemporánea desprovista de trascendencia. Se habla de una antropología fluida como si el hombre no solo dejase de ser el centro, sino que no contase más. El materialismo, convierte nuestra realidad cultural y social en una anticultura del bienestar, del consumo y del mercado, que inclina a ver a las personas como productores o consumidores. Es la cultura del hacer y del tener frente a la cultura del ser.

Pesa el agobio del desencanto, las promesas incumplidas, los sueños rotos. Pesa también la falta de un horizonte claro para nuestros hijos. Angustia sentir que es cada vez más difícil poner el pan en la mesa, cuidar la salud, imaginar un futuro para los jóvenes. Se suman el miedo a salir a la calle, la violencia y la agresión generalizada. Se hace sentir cada vez más la pérdida de los valores que sostenían la vida familiar y social.

El eclipse de Dios al que asistimos conlleva el eclipse del hombre. La pérdida de valores de fe llevan al hombre a una perdida de sentido. La causa primera y fundamental del desajuste que vivimos proviene de la desvinculación causada en su raíz espiritual por la ausencia de Dios (o la organización de la vida como si Dios no existiera). Sin Dios y sin verdad, el ser humano no es nada previamente dado, sino lo que cada uno decide ser libremente. No tiene naturaleza ni esencia. Somos espíritu encarnado y no podemos renunciar a esta dimensión espiritual.

Sentimos la necesidad de volver a recuperar la dimensión religiosa, una cosmovisión totalizante que nos ayude a interpretar todo lo humano. La cultura dominante que vivimos del materialismo, individualismo, hedonismo tiene de base una propuesta antropológica materialista, individualista y estéril, que hace juego con las claves de fondo del sistema económico. Hemos de salir del individualismo y narcisismo reinante para recuperar el valor de la persona y su dimensión trascendente y comunitaria. La concepción de la persona (individuo autosuficiente e independiente) da pie a una multiplicidad de modelos, todos equivalentes. Son un punto crítico y significativo de la desvinculación que surge al prescindir de quien es Creador y Padre.

Estamos asistiendo a un globalismo secularista que lleva consigo toda una imposición de un pensamiento global que parece remitirse solo a las necesidades básicas. Como características señalaríamos: La imposición de supuestos derechos con toda una clonación de agendas legislativas, imposiciones relativas a la educación, a la ideología de género, a la globalización, etc). 

Vivimos la cultura de la cancelación con la supresión del diálogo y la posibilidad de conciliar posturas diferentes. Vivimos bajo la ilusión de la cultura de lo provisorio, fruto del emotivismo. La persona suele quedarse en los estadios primarios de la vida emocional, sin llegar a establecer una comunidad interpersonal. Como por ósmosis se extiende la idea de que la realidad del amor nada tiene que ver con la verdad, difundiéndose la concepción de que el amor constituye una experiencia que pertenece al mundo de los sentimientos volubles y no a la verdad.

Necesitamos vencer el mal, el odio, la indiferencia con el bien, la solidaridad y la paz. Necesitamos promover una cultura del diálogo y del encuentro, trabajar juntos codo a codo por el bien común, vencer el mal en la caridad, en la educación y en la promoción de la dignidad humana. Hermanos distintos, como los dedos de una mano, todos diversos, pero todos con la misma dignidad. Para construir un futuro digno del hombre es necesario trabajar juntos, superar las divisiones, derribar los muros y cultivar el sueño de la unidad. Necesitamos acogernos, reconocernos próximos y no extraños, caminar juntos, ser todos hermanos.

Este artículo trata de profundizar en la necesidad de recuperar la dimensión religiosa del hombre y de establecer puentes de diálogo y respeto entre las distintas religiones.


Bibliografía básica de referencia:

Odo Casel. Teología de los misterios
Mircea Eliade. Tratado de Historia de las Religiones
Erich Fromm, Budismo zen y psicoanálisis
Kavier Zubiri, el hombre y Dios
Teilhard de Chardin, el proceso evolutivo y el orden cósmico
A. Berry, la máquina superinteligente
 

Artículos del blog relacionados: 

La gran parodia humana, 06, 01, 23
El gran desafío, 09, 06, 23
Sed de unidad y de paz, 02, 03, 22
 

 


  1. El ser religioso impreso en el hombre

El cambio ontológico que se da en los seres homínidos distanciándose del resto de los animales se da en el momento en que el hombre levanta su cabeza (Homo erectus) y se dirige hacia lo alto mostrando su dimensión transcendente. Sólo el hombre es capaz de preguntarse por el sentido de su existencia (así llega al conocimiento de sí mismo como sujeto de su experiencia). La capacidad de actuar de acuerdo con la propia conciencia depende del grado en que el hombre trasciende los límites de su propia naturaleza animal-racional y se abre a su ser espiritual.

La etimología de religión viene del latín re-ligare, religar, vincular expresa la función religiosa e integradora básica. Religar en su totalidad mediante actos rituales, creencias, normas, valoraciones morales la vida del individuo en su dimensión trascendente, cósmica, psíquica, social.

La dimensión religiosa da una cosmovisión, comprensión del mundo y de las cosas donde se relaciona lo divino (desconocido) y lo humano (conocido). Configura una mentalidad cuyo desarrollo progresivo está estrechamente relacionado con el propio desarrollo social y cultural y con los diversos aspectos de una colectividad (formas políticas, modos de producción económica, etc)

En la raíz de la crisis de humanidad y de toda desvinculación entre nosotros está en desvincularnos con Dios. El hombre creado por Dios es un ser relacional que busca a Dios (Karl Rahner; capax Dei). El hombre fue creado para conocer, amar y servir a Dios su Creador (San Ignacio: principio y fundamento). Dios creó al hombre con esta capacidad de trascenderse, capaz de relacionarse con él, de entrar en comunión con él (imago Dei). Dios creó al hombre para vivir en esta comunión con él y con los hermanos. Dios creó al hombre y la mujer y lo puso como centro y culminación de todo lo creado. Todo cuanto existe en la tierra lo puso Dios a disposición del hombre. El Dios de la vida creó al hombre como ser viviente para tener una vida plena y feliz. La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios (Vaticano II, constitución Gadium et spes, 19). 

Las grandes tradiciones religiosas del mundo no aparecen solo como el residuo de épocas antiguas y de culturas premodernas superadas por la historia. Las distintas formas de pertenencia religiosa inciden de un modo nuevo en la constitución de la identidad personal, en la interpretación de los vínculos sociales y en la búsqueda del bien común.

El derecho a la libertad religiosa tiene sus raíces en la dignidad de la persona humana como ser espiritual, relacional y abierto a lo trascendente. Por lo tanto, no es un derecho reservado sólo a los creyentes, sino a todos, porque es la síntesis y la cumbre de los demás derechos fundamentales. (Vaticano II, declaración Dignitatis Humanae)

El Papa Ratzinger habla de un "laicismo positivo", que es el principio que promueve la cooperación entre las esferas política y religiosa en la debida distinción de sus respectivas tareas (justa autonomía). En este sentido, la dimensión no sólo individual sino también comunitaria de la religión favorece la construcción del bien común, más allá de cualquier tentación de hegemonía.

La dimensión religiosa ha sido y es una dimensión fundamental de la persona, a la vez que uno de los elementos fundamentales en la configuración de los grupos humanos y de las sociedades en el tiempo y en el mundo de hoy. Además de constituir un conjunto de creencias, preceptos y ritos para los fieles que las practican, las religiones adquieren una dimensión cultural por su influencia en el mundo del pensamiento y del arte, por las raíces religiosas de muchas estructuras, costumbres y usos sociales actuales, así como por influir en los códigos de conducta individual y colectiva derivados de sus respectivas concepciones del hombre y del mundo.

Esta perspectiva dota al fenómeno religioso de un papel relevante en el conocimiento de las sociedades a lo largo del tiempo y de su pervivencia en elementos de la cultura presente. Ahora bien, en el mundo actual se asiste, más que en otras épocas, a un pluralismo que afecta también a las creencias. Simultáneamente se da una progresiva secularización de la sociedad y un incremento del pluralismo religioso. De este modo, la realidad contemporánea incluye una gran variedad de creencias religiosas y no religiosas y un no menor pluralismo religioso que muestra, además, cambios en el papel e importancia de las distintas religiones.

 


  1. La dimensión religiosa inherente a la persona

La base religiosa de la persona viene de la experiencia de separatidad y la necesidad resultante de superar la angustia de la separatidad por medio de la experiencia de la unión. La forma religiosa del amor a Dios es, desde el punto de vista psicológico surge de la necesidad de superar la separatidad y lograr la unión con Dios.

En todas las religiones teístas, sean politeístas o monoteístas, Dios representa el valor supremo, el bien más deseable. Por lo tanto, el significado específico de Dios depende de cuál sea el bien más deseable para una determinada persona.

Lo más destacable del ser religioso es que se trata de una dimensión inherente al hombre. El ser religioso es propio y exclusivamente humano. El ser religioso se presenta en sus diversas fases y niveles similitudes en todos los pueblos independientemente de los componentes geográficos, étnicos o culturales. La dimensión religiosa por encima de las diferentes razas, lenguas y culturas presenta rasgos y elementos comunes a todas las épocas y a todos los pueblos.

El fenómeno religioso forma parte de un proceso evolutivo con diversos grados de desarrollo. Se pasa de un animismo (creencia en espíritus) a un totemismo (animismo jerarquizado), a un politeísmo (creencia y culto a determinados dioses) y a un monoteismo (culto a un solo dios).

El ser religioso comporta un descubrimiento o autoconciencia ética, una objetivación y separación entre lo propiamente religioso (conocimiento de dios) con lo ético y moral (modo de sentir y de obrar), con lo psicológico (autoconocimiento antropológico) y con el conocimiento científico (conocimiento del mundo). El ser religioso constituye lo común, el fondo mismo de todas las formas y manifestaciones de distinto índole ya sean culturales y artísticas.

No existe estrictamente una ética verdadera o falsa sino un modo común de sentir lo divino en lo humano. Si podemos hablar de religiones con más contenido ético que otras. El hombre camina hacia una religiosidad cada vez más humana y humanista.



 

  1. La comprensión del concepto de Dios

La comprensión del concepto de Dios debe comenzar con un análisis de la estructura caracterológica de la persona que adora a Dios. Hasta donde tenemos conocimiento, el desarrollo de la raza humana puede caracterizarse como la emergencia del hombre de la naturaleza, de la madre, de los lazos de la sangre y el suelo. En el comienzo de la historia humana, el hombre, si bien expulsado de la unidad original con la naturaleza, se aferra todavía a esos lazos primarios. Encuentra seguridad regresando o aferrándose a esos vínculos primitivos.

Podemos analizar cómo se da esa evolución del hombre en cuanto su dimensión religiosa. Al igual que puede distinguirse en el hombre distintas etapas evolutivas, de la misma forma lo podemos considerar en cuanto a su dimensión religiosa. La vida se vive en proceso al igual que el nacimiento. El nacer no es un acto sino un proceso. Vivir es nacer a cada instante. La muerte se produce cuando ese nacimiento se detiene. El hombre se vive en constante nacimiento, proceso de transformación, y el fin de la vida es nacer plenamente, llegar a vivir plenamente. La evolución del hombre pasa por despegarse de la fijación en la madre y el padre hasta adquirir la plena independencia.

Podemos volver ahora a un importante paralelo entre el amor a los padres y el amor a Dios. Al comienzo, el niño está ligado a la madre como «fuente de toda existencia». Se siente desvalido y necesita el amor omnímodo de la madre. Luego se vuelca hacia el padre como nuevo centro de sus afectos, siendo el padre un principio rector del pensamiento y la acción; en esa etapa, lo impulsa la necesidad de conquistar el elogio del padre, y de evitar su disconformidad. En la etapa de la plena madurez, se ha liberado de las personas de la madre y del padre como poderes protector e imperativo; ha establecido en sí mismo los principios materno y paterno. Se ha convertido en su propio padre y madre; es padre y madre.

En la historia de la raza humana podemos observar cierto paralelismo entre el desarrollo de la persona y la comprensión de Dios. El desarrollo aparece como la desamparada relación con una Diosa madre, a través de la obediencia a un Dios paternal, hasta una etapa madura en la que Dios deja de ser un poder exterior, en la que el hombre ha incorporado en sí mismo los principios de amor y justicia, en la que se ha hecho uno con Dios y, eventualmente, a un punto en que sólo habla de Dios en un sentido poético y simbólico.

De tales consideraciones se deduce que el amor a Dios no puede separarse del amor a los padres. Si una persona no emerge de la relación incestuosa con la madre, el clan, la nación, si mantiene su dependencia infantil de un padre que castiga y recompensa, o de cualquier otra autoridad, no puede desarrollar un amor maduro a Dios; su religión es, entonces, la que corresponde a la primera fase religiosa, en la que se experimentaba a Dios como a una madre protectora o un padre que castiga y recompensa. 

En la experiencia religiosa de comprensión de Dios podemos distinguir diversas etapas.

En la primera etapa el hombre es todavía un niño en el seno bajo el regazo, fijado al pecho de su madre, El hombre interior sigue los pasos de personas buenas y piadosas.

En la segunda etapa el hombre no sigue ya ciegamente el ejemplo de la gente buena, persigue con ardor la instrucción sólida, el consejo divino, la sabiduría santa. Vuelve la espalda al hombre y busca el rostro de Dios. Abandona el regazo materno y sonríe a su Padre celestial. El hombre se siente ligado a la autoridad del padre. Siente la necesidad de una autoridad que lo elogie o castigue.

En la tercera etapa el hombre se aleja más y más de su madre, se separa cada vez más de su pecho. Rehúye la preocupación y rechaza el temor. Aunque podría con impunidad tratar a todos con rudeza, no encontraría satisfacción en esto, pues en su amor a Dios lo ha comprometido con él y con él se ocupa de hacer el bien. Dios lo ha establecido tan firmemente en la alegría, en la santidad.

En la cuarta etapa el hombre crece cada vez más y se arraiga en el amor, en Dios. El hombre está siempre dispuesto a aceptar cualquier lucha, cualquier prueba, adversidad o sufrimiento y hacerlo de buena voluntad. El hombre entra en la superación gradual del narcisismo (sentido de omniscencia y omnipotencia) y siente necesidad de tomar conciencia de sí. Se da la diferenciación sujeto-objeto (diferencia entre yo y lo que no es yo)

En la quinta etapa se despierta propiamente el sentido religioso y el hombre está en paz y goza la plenitud de la sabiduría. Trata de responder a la pregunta del porqué de la existencia (transcender su propia naturaleza).

En la sexta etapa el hombre es deformado y transformado por la naturaleza eterna de Dios. El hombre, negándose así mismo y buscando la voluntad de Dios, llega a la perfección y, olvidando las cosas pasajeras es arrastrado, transportado a la imagen de Dios y se convierte en hijo de Dios. Siguiendo la voluntad de Dios el hombre se hace obediente y sumiso y deja de tomar sus decisiones por sí mismo y se abandona en un Padre omnisciente y omnipotente que sabe lo que es bueno para él.

En la séptima etapa el hombre se acerca al descanso y la felicidad eterna. El fin del hombre interior y nuevo es la vida eterna.

 


  1. Las etapas evolutivas de emergencia de la experiencia religiosa

Todo hombre posee una fundamental e inalienable disposición religiosa. La experiencia religiosa podríamos decir que es unificante e integradora. Es el elemento estructural y originario que unifica toda la persona. La experiencia de creer en Dios es la que da respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana. Dios es aquel último e inefable misterio que envuelve toda nuestra existencia. Todo hombre durante su existencia no deja de preguntarse por el sentido de su vida y del sentido del mundo que le rodea. La dimensión religiosa pertenece a su estructura antropológica más profunda. En el hombre se da una triple relación consigo mismo, con el mundo, con Dios. Es la relación fundamental con Dios la que define al hombre como un ser frente al mundo, frente a los demás, frente así mismo. La relación con Dios como totalizante las radicaliza todas.

La experiencia religiosa el hombre la vive en proceso y viene a convertirse en un signo destacado de esa dimensión vertical que constituye el núcleo de la realidad humana. Todas las religiones son expresiones vivenciales de la trascendencia propia del hombre. Vamos a tratar de profundizar un poco más en las distintas etapas evolutivas.

Una primera etapa. El hombre se siente ligado a la tierra como el niño al útero de su madre. El hombre se siente identificado todavía con el mundo de los animales y de los árboles, y trata de lograr la unidad formando parte del reino natural. Muchas religiones primitivas son manifestaciones de esa etapa evolutiva. Un animal se transforma en un tótem; se utilizan máscaras de animales en los actos religiosos o en la guerra; se adora a un animal como dios.

En una etapa posterior de evolución, cuando la habilidad humana se ha desarrollado hasta alcanzar la del artesano o el artista, cuando el hombre no depende ya exclusivamente de los dones de la naturaleza, la fruta que encuentra y el animal que mata, el hombre transforma el producto de su propia mano en un dios. Es ésa la etapa de la adoración de ídolos hechos de arcilla, plata u oro. El hombre proyecta sus poderes y habilidades propios en las cosas que hace, y así, a distancia, adora sus proezas, sus posesiones.

En una etapa ulterior, el hombre da a sus dioses la forma de seres humanos. Parece que eso sólo puede ocurrir cuando el hombre se ha tornado más consciente de sí mismo, y cuando ha descubierto al hombre como la «cosa» más elevada y digna en el mundo. En esa fase de adoración de un dios antropomórfico, encontramos una evolución de dos dimensiones. Una se refiere a la naturaleza femenina o masculina de los dioses, la otra al grado de madurez alcanzada por el hombre, grado que determina la naturaleza de sus dioses y la naturaleza de su amor a ellos.

A través de los símbolos, cultos, ritos utilizados en las religiones los contenidos más inconscientes llegan a manifestarse en la vida consciente. Estos contenidos son objetivados dentro de un marco sociocultural. Aunque la experiencia originaria es una en todas las religiones sus interpretaciones y sus formas de expresión cultural e histórica varían y llegan a tipificarse.

 


  1. La historia de las religiones,

La historia de las religiones concibe el estudio de las creencias religiosas, y más concretamente de las religiones organizadas, como un elemento de la civilización. Su estudio trata de acercar al conocimiento de las principales religiones y de sus manifestaciones en relación con otras realidades sociales y culturales, así como a la comprensión de la influencia que cada religión ha tenido en el pensamiento, la cultura y la vida social en las distintas épocas y espacios.

Este conocimiento de las características fundamentales de las grandes religiones enmarca la expresión religiosa en su realidad histórica concreta, con sus proyecciones positivas y negativas, tanto en la configuración de las sociedades en las que surgen y se desarrollan como en las relaciones entre los pueblos. También aborda las claves culturales que configuran las manifestaciones de la religión y los condicionamientos religiosos que han influido en los hechos políticos, sociales y culturales de cada civilización.

Partimos del pluralismo religioso existente en nuestro mundo, desde el conocimiento de los rasgos relevantes de las principales religiones y su presencia en el tiempo y en las sociedades actuales. Se debe respetar la libertad de las conciencias y la libertad religiosa como elementos esenciales de un sistema de convivencia.

Asimismo, se ha de desarrollar actitudes de tolerancia hacia las personas con creencias o sin ellas, en el respeto de los derechos reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Se trata, en suma, de proporcionar un mejor conocimiento de la realidad del mundo en que se vive, a la vez que se favorece la convivencia en la actual sociedad pluralista.

El núcleo fundamental lo constituye la caracterización de las principales religiones y el reflejo de las mismas en las manifestaciones artísticas y en el modo de vida. La importancia de algunas religiones históricas concretas en la configuración de nuestra cultura y en la caracterización del mundo actual exige profundizar en las grandes religiones monoteístas y, en particular, en aquéllas que se encuentran en la base de la mayoría de las manifestaciones artísticas y culturales del mundo occidental.

Por otra parte el estudio de las religiones se debe abordar desde un análisis que ayude a la comprensión de la influencia que han tenido y tienen en la vida social, la interrelación entre las ideas religiosas y el pensamiento científico, la posición de la religión en la justificación o el rechazo al orden social establecido y sus relaciones con el poder en diferentes momentos históricos y en la actualidad.

Una constatación fundamental no es solo de lo originario y fundante del hecho religioso, sino que la vida religiosa constituye un fenómeno universal en todas las religiones.

 


  1. África cuna de las religiones

En África, según el pensamiento de muchos antropólogos, comenzó la vida humana. África lejos de ser un continente por descubrir es un continente revelador. Nos descubre las más profundas raíces orígenes de la humanidad. En África se esconden las más antiguas creencias, culturas y civilizaciones. En esta sagrada tierra la historia de salvación tuvo sus inicios. En ella se esconde una concepción de la vida, una sabiduría, un modo de vivir, de ser y de estar que es un verdadero tesoro y legado para toda la humanidad. Se trata de una forma de entender y vivir la vida y de relacionarse uno consigo mismo, con los demás y con el Creador verdaderamente armoniosa. 

Los pueblos africanos desde los tuaregs del desierto hasta las tribus de las selvas y los pastores nómadas (Badawi significa en árabe nómada), se han desplazado por este vasto continente sin prestar atención a las fronteras nacionales lo que ha dado origen a ciertos rasgos culturales y espirituales similares.

Son muchos los pueblos de diversas etnias que conviven en el continente africano. Constituye un crisol de tribus y etnias dentro de un vasto territorio. Entre estos pobladores había beduinos, bereberes, ndebeles, zulúes, fueron pueblos nómadas que poco a poco se fueron sedentarizando. Se organizaban por clanes familiares patrilineales, emparentados por línea paterna y liderados por un jefe (Cheikh). Pasaron de ser cazadores, a ser pastores a ser agricultores. Su forma de vida estaba íntimamente unida al ecosistema del desierto.

Vamos a tomar como botón de muestra el pueblo masai. En general eran pastores seminómadas que vivían cercanos a zonas fértiles de los lagos. Uno de los enclaves más importantes fue Kenia en la zona que va del sureste del lago Victoria a las faldas del Kilimanjaro. Allí vivían un pueblo antaño cuestionado los masai, pueblo de origen nilótico. Según hipótesis construidas a partir de la tradición oral y de las investigaciones antropológicas y paleontológicas los masai emigraron entre los siglos XIV y XV desde el norte muy probablemente desde la región del Valle del Nilo (actual Sudán) al noroeste del lago Turkana hacia el gran Valle del Rif.

Los masai eran un pueblo cohesionado cuya imparable expansión guardaba relación con la necesidad de alimentar a sus rebaños en constante crecimiento la unidad social de los masáis era el kraal o familia extensa de tipo polígamo. El laibon era la figura más importante de la comunidad masái que tenía funciones diferentes por lo que era frecuentemente que cada kraal tenga su laibon. El laibon era un tipo de curandero o de chamán dedicado a curar las enfermedades y asegurar la fidelidad de las esposas practicaba la profecía y garantizaba el éxito de la guerra rezaba para pedir la lluvia y evitar la enfermedad y se responsabilizaba de todos los asuntos que afectan a la tribu. Cuando los masi celebraban cualquiera de sus ritos se ponían trajes de piel y se hacían trenzar la cabellera con espectaculares peinados. En la sociedad masái tanto hombres como mujeres deben someterse a unos ritos de iniciación como paso de la vida adulta a la madurez.

Diríamos que la tradición de los pueblos africanos como pueblos primitivos son como “los niños” que enseñan al hombre “adulto” moderno lo que fue en su origen y ha olvidado. El hombre moderno se ha llenado de cosas en su afán consumista y materialista y se ha olvidado de su ser trascendente y espiritual connatural en el hombre africano. El hombre africano en un ser constitutivamente y profundamente religioso. África nos lleva así al origen, al hombre originario. 

Antes de que fueran creados los montes y los océanos la mente creadora de la Divina Unidad formó la tierra y todo cuanto contiene El origen de la tierra se remonta a 4-3 millones de años. 

Los primeros pobladores de la tierra concibieron que la tierra no era una masa informe sin vida. El Espíritu del Creador dio a la tierra el aliento de vida, de tal manera que no hay hombre sin espíritu. El espíritu da sentido a la vida y a la existencia, da al hombre una sed de vida imperecedera. La vida pasa fugazmente como una vigilia nocturna y el hombre medita sobre su destino y su fin. 

Pese a la brevedad de la vida el hombre ansía prolongar y perpetuar su existencia para que no pase como el viento sin dejar rastro. La vida se encuentra inmersa en este misterio divino y quien lo contempla se llena de estupor a la luz de esta presencia y acción divina.

 


6.1  El alborear de los orígenes

La primera evidencia de homínidos que se encontró fue en Afar, Etiopía. Los primeros homínidos de nuestra tierra se remontan a los restos del denominado Austrolopithecus afarensis que vivió hace 4 y 3,2 millones de años. Estos restos parecen ser los antepasados del Austrolopithecus africanus que vivió alrededor de 3 y 2 millones de años a. C. Sus restos fosilizados se encontraron en el valle del Rift y en las cuevas de caliza de África meridional en la región denominada de los lagos, entre el lago Victoria y el lago Turcana en lo que hoy corresponde a Kenia. Un cráneo hallado en Yago, la actual Chad, indica que las poblaciones más antiguas se extendieron al norte de las zonas tropicales. 

A medio camino entre la sabana y el desierto, hogar ancestral de una de las etnias más enigmáticas del África negra, la región de Turkana, en los linderos de Kenia, Etiopía y Sudán del Sur, tiene en su lejanía y difícil acceso, el mayor de sus atractivos.

Según Samuel Telekey y Rolf Gloor "Aquí es donde todo empezó, la cuna de la humanidad”. Entre las diversas estructuras de concreto y metal que se extienden por escarpados de piedra volcánica protegen del sol y del viento se encuentra el área de hallazgos paleontológicos más extensa e importante de Kenia. Turkana, reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad desde 1997, por su valía ecológica, cultural y paleontológica.            

En África encontramos el alborear de las primeras civilizaciones como confluyente de las migraciones nómadas de Asia y Oriente Medio. Estas se extendieron a lo largo de los cuatro grandes ríos, Amarillo, Indo, Tigris y Éufrates y el Nilo, civilizaciones que emergieron quizás de forma independiente y que se relacionaron por sus movimientos migratorios. Entre las tribus nómadas destacan las que tuvieron su asentamiento a lo largo del extenso río Nilo. Allí se desarrolló todo un pueblo cazador y recolector que dio origen a una civilización cada vez más fructífera.

Al término del último periodo glaciar, hace alrededor de 10.000 años a. C. los habitantes del valle del Nilo eran cazadores y recolectores. Debido a las condiciones mucho más templadas del periodo post glaciar, las poblaciones crecieron. Alrededor del 5.200 a. C. se dio una agricultura productiva basada en el légamo fértil que ofrecía la crecida anual del Nilo. Este ciclo anual de inundación se mantuvo como el fundamento de la prosperidad agrícola de Egipto. 

 


6.1.1 Los nubistas y kushistas

Desde el 3.000 a.C. se sucedieron en distintos periodos distintas dinastías. En el alto Egipto junto al desierto de Nubia se desarrolló la dinastía Nubia con el reinado de Amenemhet en el 2.000 a. C. que llegaba desde Asuán hasta Dashur y que tuvo como base el reino de Nubia. A esta dinastía le sucedió el reinado Tebano. En Nubia se dieron grandes yacimientos de oro. En el siglo X a. C. en el territorio de Kush al sur de Asuán se extendió un reino de raíces negro africanas, independiente de los reinos faraónicos egipcios cuyos habitantes habían emigrado desde Wadi Howar, en el actual estado de Darfur, Sudán. 

El imperio Kushita rivalizó con el faraónico por el dominio del valle del Nilo y se extendió unos 600 Km hacia al sur hasta lo que hoy es Jartum. En el S. VIII a. C. una familia Kushita se hizo con el poder de la capital egipcia, Tebas, dando lugar a una dinastía de faraones negros que reinó desde el 747 al 656 a. C. Luego los Kushitas abandonaron Egipto y se retiraron hacia el norte de Sudán. 

 


6.1.2 Los meroítas

Allí establecieron un reino que tendría como capital Napata y luego Méroe. Los meroítas aprovecharon la existencia de minas de hierro y desarrollaron técnicas de fundición. En el S. III a. C. este reino de meroítas empezaron a desarrollar una civilización negro africana totalmente independiente de la faraónica que tuvo un gran florecimiento y actividad cultural hasta el S. I extendiendo los intercambios culturales con Egipto y Arabia.

En África se aprende a vivir la vida en el entorno natural de manera perspicaz y elocuente no tratando de controlarla ni dominarla sino de recibirla como don sagrado y vivirla en unidad, en comunión conforme a la Divina Unidad, al Ser Supremo y Creador de todas las cosas. Su Tradición y su historia dan sentido a su presente y orientan su futuro. Así sin casi proponerlo de partida esta peregrinación a África iba a ser descubrir las raíce de la vida y el misterio que la rodea.

 


6.1.3 Los imperios Axum, Funj, Karem, Maia

En el S. I extendiéndose desde Alejandría se difundió el cristianismo con los famosos padres del desierto. A lo largo del Nilo se extendió hasta el alto Nilo el rito Copto muy fuerte durante los cinco primeros siglos. Después del S. VI se sucedieron distintos imperios, el Axum y el Funj. Los reyes de Axum se convirtieron al cristianismo y florecieron durante más de 500 años. Así cobró fuerza una civilización cristiana de rito copto hasta la dominación árabe un el S. VI.

Los Funj tuvieron fuerte influencia del Islam. Centrado en el lago del Chad nació el poderoso reino de Bornú que incorporó el antiguo reino Karem. Los reyes Karnusis de Bornú conocidos como Maia fueron una de las dinastías más longevas de la historia que duraron hasta el S. XIX.


 

6.1.3 El reino Mali

El período entre 900 y 1500 presenció el crecimiento de reinos en gran parte de la región septentrional consolidándose por lazos comerciales con el África del Subsahara y el Mediterráneo. Los contactos transaharianos se incrementó en el S. VIII con los mercaderes musulmanes. Durante la edad media surgieron poderosos reinos. Fue el apogeo de los reinos de Sudán occidental y central. Uno de los más famosos es el reino Malí que dominó África occidental desde la curva del río Níger hasta la costa atlántica. En África, al sur del Sahara los pueblos bantúes construyeron enormes centros monumentales que se desarrollaron en tornos a ricas reservas de oro. Los bantúes aunque por su florecimiento cultural podían tener la categoría de civilización, carecían de ciudades y no conocían la escritura. En torno a Akan y sus yacimientos de oro surgieron estados poderosos. Se sabe de ciudades mercado como Bono Manso y Begho.

Los reinos africanos pronto se encontraron bajo la influencia de los portugueses y españoles en su expansión colonial. Ghana fue el primero de los estados de áfrica occidental por estar estratégicamente situado entre los yacimientos de oro del suroeste y los consumidores de África del norte. Se desarrolla también un gran asentamiento en la fértil tierra del delta del Níger. De allí surgió en torno a un centro comercial el primer centro urbano al sur del Sahara, Jenne jeno. En Nigeria el reino meridional más importante fue Benín.


 

6.1.4 El reino de Benin

El reino de Benin fue fundado alrededor del S. XII donde reinaba el oba, el monarca político y religioso. Benín adquirió su preponderancia en la alta edad media. Su florecimiento le vino precisamente por el comercio de esclavos, primero con los reinos de la sábana hacia el norte y luego con los europeos a través de la costa. A partir de los viajes de los nuevos conquistadores europeos empezaron a generarse las nuevas formas de esclavitud y trasmigraciones por la venta de esclavos sobre todo en las zonas costeras.

 


6.2   La base la religión tradicional africana. Los ritos.

La religión en tradicional en África tiene un carácter muy diverso. Las religiones étnicas africanas se caracterizan por su variedad. Se denominan genéricamente como RTA (religiones tradicionales africanas). La mayor parte del continente estaría bajo esta denominación. Sin embargo esta RTA convive con otras religiones. El Islam tiene una presencia dominante en el norte, y destacada en el Sáhara, el Sahel, África Occidental y África Oriental. El cristianismo monofisita, aunque más antiguo que el Islam, quedó confinado a Etiopía.

Tanto Islam como el cristianismo se encuentran en África con sincretismos más o menos sectarizados como el kimbanguismo, que persisten y se reproducen gracias a la fortaleza implícita de los conceptos de las religiones tradicionales. 

La cultura de los ritos no es racional pero tampoco es un anti pensamiento. Se trata de una cultura de apertura a otra dimensión. A los ritos sólo se accede desde un lenguaje simbólico, sacramental que responde a un modo de pensar mítico. Este modo de pensar tiene sus arquetipos como de los ejemplares.

Los rituales africanos son muy variados, los principales buscan dar culto a los antepasados, librarse de la brujería o poner de relieve la soberanía de los reyes y gobernantes. Perduran, principalmente los ritos de cazadores-recolectores. Divinizan el bosque y agradecen a los que imaginan sus pobladores sobrenaturales, el alimento y su ayuda. Al vivir en grupos muy poco numerosos y nómadas no tienen santuarios ni poderosos especialistas religiosos. También perduran los ritos de pastores. El ganado es divino y los rituales principales buscan propiciar la fertilidad de los animales y preservar su salud. Tienen un papel predominante los ritos de agricultores. Forman agrupaciones más numerosas, tienen dioses de las cosechas pero también divinidades supremas.

Las religiones tradicionales africanas fomentan el culto a los antepasados. En algunos pueblos, se pone a un recién nacido el nombre de un antepasado para que de esta manera éste siga viviendo en el cuerpo del nuevo descendiente. Pero un antepasado, que seguirá viviendo junto a su familia para su protección, puede desaparecer o convertirse en un ser dañino para la familia, si es olvidado y se le deja de venerar.

A los antepasados se les atribuye cualidades corporales y espirituales. Así, por ejemplo, son invisibles pero puede circunstancialmente pueden hacerse visibles; tienen la capacidad de entrar y poseer a los humanos y animales salvajes; capacidad de consumir comida o bebidas, por lo que se les ofrece esto en los ritos. Gracias a su condición sobrehumana y su proximidad al Creador, los antepasados son considerados a menudo como mediadores entre el Ser Supremo y los parientes vivos. 

La inmensa mayoría de pueblos creen en la existencia de un Dios Creador que gobierna sobre todos los poderes divinos y humanos. Pero en general este es un dios lejano, en la naturaleza existen otras fuerzas espirituales encarnadas en diferentes deidades que están cerca de los humanos y que les pueden resultar beneficiosos o malignos. Estas fuerzas pueden estar presentes en los bosques, en los montes, en los ríos, en determinados animales, árboles o plantas.

Las religiones étnicas africanas se caracterizan por su variedad. Aún con diversidad de creencias se dan diversidad de etnias. Vamos tan solo a resaltar algunas más representativas. 

Entre los grupos más representativos se dan: Akan, Thlaping, Rolong, Kwena, Kgatia, Kgalagadi, Twana, Hurutshe, Gwaketse, Ngwato, Tlowka y Malete. La sociedad está compuesta por los hombres, las mujeres, los niños y el “badimo”, que son los antepasados que tienen poderes. En su religión, el “modimo” es el gran Dios o el “gran espíritu”, mientras que el “badimo” son considerados agentes del “modimo”.

El pueblo Akan cree que el universo fue creado por un Ser Supremo a quien también conocen como Creador, Dios, Infinito, Gran Diseñador. También creen que la creatividad humana influye positiva o negativamente sobre el Universo, el cual se desarrolla a través de los que ya han muerto, los que viven y los que nacerán. 

El Ser Supremo es indestructible, y para crear la “kra”, alma humana, pone una parte de su propia alma. Es por ello que cuando un Akan muere, su alma se reencarna en alguna persona que tenga el mismo nombre que el difunto tuvo en vida. Creen que el universo fue creado por un Ser Supremo a quien también conocen como Creador, Dios, Infinito, Gran Diseñador, etc. 

La creencia en Dios como Ser Supremo es la base de la religión africana. Dios como Ser Supremo es la cabeza de todos. Los mitos hablan de un ser superior o supremo que hace existir y sostiene todas las cosas. Es diferente del mundo. Los hombres no tienen relación directa con él, aunque hablan de él. El Ser Supremo es lejano por ser trascendente y inaccesible y a la vez familiar para ellos porque interviene en sus vidas y en su historia, pero su intervención la hace a través de sus intermediarios. Los principales intermediarios son los espíritus y los ancestros. Vienen a ser mensajeros del Ser Supremo. De esta forma Dios habla y actúa en la vida de los hombres. No hay sacrificios directos a Dios sino a través de los intermediarios.

Los espíritus o Gyn son seres invisibles, A través de la creencia en los espíritus como mensajeros, hacen cercano a Dios y su intervención entre los humanos. A diferencia del Ser Supremo si pueden aparecerse a alguien. Son como los seres humanos, tienen forma humana. Habitan en lugares privilegiados y también pueden habitar de forma excepcional en una casa o en una persona. Los espíritus en general pueden ser buenos o malos de ahí que la relación con ellos es peligrosa. La gente les tiene mucho respeto y evitan tratar con ellos ni buscarlos. Cuando los espíritus entran en una persona se va al Adivino para reconciliar al hombre con el espíritu. 

Los ancestros son muertos que han cumplido todo lo que necesitaban para el paso a la vida del más allá. Han tenido hijos, han vivido de acuerdo a las normas de la Tradición, han tenido buena muerte con los consiguientes ritos funerarios. Hay diversas categorías de ancestros. Los inmediatos son los padres y los abuelos. Los lejanos son los tatarabuelos. Los míticos y los epónimos son los fundadores del clan.

Los ritos sólo pueden entenderse desde esta cosmovisión sacra del mundo, del hombre y de la vida. La religiosidad primitiva deja ver que todas las civilizaciones primitivas poseían esta cosmovisión sacra. Esto fue lo que dio lugar a los mitos y a los ritos. Los comportamientos rituales tienen toda una iniciación. Los mitos y los ritos responden a una formación de constelación de sacralidades. La cosmogonía africana responde de un orden establecido por la Divina Unidad que rige los seres del cielo y los de la tierra. Todo queda bajo el amparo del poder divino.

Los ritos enmarcan el tiempo en esta cosmogonía respondiendo a los ciclos de la vida. Para el pueblo africano se rigen por valores distintos al mundo occidental. Para ellos no cuenta el tiempo o lo miden de forma diferente. No hay tiempo perdido y se dan todo el tiempo del mudo para contemplar y comunicarse. La religiosidad africana nos lleva a las raíces del hombre originario que han permanecido ocultas, durante tiempos enterradas en la oscuridad. 

La religión tradicional impregna e inspira todas las esferas del pensamiento y la actividad del pueblo africano y se manifiesta en la vida cotidiana de sus gentes. Es una religiosidad tan envolvente que los africanos parecen vivir con inquietud constante y con el deseo de recibir el mensaje de los dioses.

El sincretismo es la combinación de diferentes y a veces contradictorias creencias. A menudo, se intenta fusionar las prácticas de varias escuelas de pensamiento. En la comunidad de África, el sincretismo con las creencias indígenas se practica en toda la región. Se cree que para obtener la tolerancia religiosa entre los diferentes grupos.  

Kwesi Yankah y Mbiti John argumentan que muchos pueblos africanos hoy en día tienen un patrimonio religioso "mixto" para tratar de conciliar las religiones tradicionales con religiones abrahámicas. Jesse Mugambi afirma que el cristianismo enseñado a los africanos por los misioneros, tenía miedo de sincretismo, que se llevó a cabo por el liderazgo cristiano en África, en un intento de mantener el cristianismo "puro". 

Otros opinan que el sincretismo en África puede ser exagerado, y debido a una mala interpretación de las capacidades de las poblaciones locales para formar su propia ortodoxia y, también, por la confusión sobre lo que es cultura y lo qué es la religión. Otros afirman que el sincretismo es un término difícil de alcanzar, ya que se puede aplicar para referirse a la sustitución o modificación de los elementos centrales del cristianismo o el islam con las creencias o prácticas de otro lugar. 

Las consecuencias en esta definición, de acuerdo con el misionólogo Keith Ferdinando, son un compromiso grave de la integridad de la religión. Sin embargo, las comunidades en África tienen muchas de las prácticas comunes que se encuentran también en las religiones abrahámicas, por lo que estas tradiciones no entran en la categoría de algunas definiciones de sincretismo. 


 

6.3  Paso de las religiones animistas a teístas, matriarcales a las patriarcales

Hablemos en primer término del paso desde las religiones animistas a las religiones teistas. Destacamos el paso de las matriarcales a las patriarcales. De acuerdo con los notables y decisivos descubrimientos de Bachofen y Morgan a mediados del siglo pasado, y a pesar de que la mayoría de los círculos académicos rechazó esos hallazgos, no parecen existir dudas acerca de la existencia de una fase matriarcal de la religión, anterior a la patriarcal, por lo menos en muchas culturas.

En la fase matriarcal, el ser superior es la madre. Es la diosa, y así mismo la autoridad en la familia y la sociedad. Para comprender la esencia de la religión matriarcal basta recordar lo dicho sobre la esencia del amor materno. El amor de la madre es incondicional, y también es omniprotector y envolvente; como es incondicional, tampoco puede controlarse o adquirirse. Su presencia da a la persona amada una sensación de dicha; su ausencia produce un sentimiento de abandono y profunda desesperación. Puesto que la madre ama a sus hijos porque son sus hijos, y no porque sean «buenos», obedientes, o cumplan sus deseos y órdenes, el amor materno se basa en la igualdad. Todos los hombres son iguales, porque son todos hijos de una madre, porque todos son hijos de la Madre Tierra.

 


6.4 Las religiones politeistas.

La etapa siguiente de la evolución humana, la única que conocemos plenamente y a cuyo respecto no tenemos necesidad de confiar en inferencias y reconstrucciones, es la fase patriarcal. En ella, la madre pierde su posición suprema y el padre se convierte en el Ser Supremo, tanto en la religión como en la sociedad. La naturaleza del amor del padre le hace tener exigencias, establecer principios y leyes, y a que su amor al hijo dependa de la obediencia de éste a sus demandas.

Prefiere al hijo que más se le asemeja, al más obediente y capacitado para sucederle, como heredero de todas sus posesiones. (El desarrollo de la sociedad patriarcal es paralelo al de la propiedad privada.) Como consecuencia, la sociedad patriarcal es jerárquica; la igualdad de los hermanos se transforma en competencia y lucha mutua.

Sea que consideremos las culturas india, egipcia o griega, o las religiones judeo-cristiana o islámica, nos encontramos en medio de un mundo patriarcal, con dioses masculinos, sobre los que reina un dios principal, o donde todos los dioses han sido eliminados menos Uno, el Dios. Sin embargo, puesto que es imposible arrancar del corazón humano el anhelo de amor materno, no es sorprendente que la figura de la madre amante no se haya podido expulsar totalmente del panteón.

En la religión judía, los aspectos maternos de Dios vuelven a introducirse, en especial en las diversas corrientes místicas. En la religión católica, la Iglesia y la Virgen simbolizan a la Madre. Ni siquiera en el protestantismo permanece oculta.

Podemos examinar la diferencia entre los elementos matriarcales y patriarcales en la religión para mostrar que el carácter del amor a Dios que depende de la respectiva gravitación de los aspectos matriarcales y patriarcales en la religión.

El aspecto patriarcal me hace amar a Dios como a un padre; supongo que es justo y severo, que castiga y recompensa; y, evidentemente, que me elegirá como hijo favorito, tal como Dios eligió a Abraham-Israel, como Isaac eligió a Jacob, como Dios elige a su pueblo favorito.

En el aspecto matriarcal de la religión, amo a Dios como a una madre omnímoda. Tengo fe en su amor y sé que pese a cuan pobre e impotente sea, a cuanto haya pecado, me amará y no amará a ninguno de sus otros hijos más que a mí; que me ocurra lo que me ocurriere, me rescatará, me salvará, me perdonará.

Innecesario es decir que mi amor a Dios y el amor de Dios a mi son inseparables. Si Dios es un padre, me ama como a un hijo, y yo lo amo como a un padre. Si Dios es una madre, este hecho determina su amor y mi amor.

Esa diferencia entre los aspectos maternos y paternos del amor a Dios es, empero, sólo uno de los factores que determinan la naturaleza de ese amor; el otro factor es el grado de madurez alcanzado por el individuo y, por lo tanto, en su concepto de Dios y su amor a Dios.

Dado que la raza humana evolucionó desde una estructura societal centrada en la madre a una centrada en el padre, es principalmente en el desenvolvimiento de la religión patriarcal donde podemos observar el desarrollo de un amor maduro. Eso es verdad especialmente en lo que atañe a las religiones monoteístas de occidente. Vamos a tratar de diferenciar la actitud religiosa de Oriente y de Occidente.

En las religiones indias las figuras maternas han conservado buena parte de su influencia, por ejemplo, en la diosa Kali; en el budismo y en el taoísmo, el concepto de un dios, o de una diosa, carecía de significación esencial, si es que no había sido eliminado por completo. Al comienzo de esa evolución, encontramos un Dios despótico, celoso, que considera que el hombre que él ha creado es su propiedad, y que tiene derecho a hacer con él cuanto quiera.

 


6.5 Los sistemas teístas

Existe el supuesto de la realidad del reino espiritual, que trasciende al hombre, que da significado y validez a los poderes espirituales del hombre y a sus esfuerzos por alcanzar la salvación y el nacimiento interior. En un sistema no-teísta no existe un reino espiritual fuera del hombre o trascendente a él. El reino del amor, la razón y la justicia existe como una realidad únicamente porque el hombre ha podido desenvolver esos poderes en sí mismo a través del proceso de su evolución y sólo en esa medida. En tal concepción, la vida no tiene otro sentido que el que el hombre le da; el hombre está completamente solo, salvo en la medida en que ayuda a otro.

El concepto de Dios es sólo un concepto históricamente condicionado, en el que el hombre ha expresado su experiencia de sus poderes superiores, su anhelo de verdad y de unidad en determinado período histórico. Pero se manifiesta también que las consecuencias de un monoteísmo estricto y la preocupación fundamental no-teísta por la realidad espiritual son dos puntos de vista que, aunque diferentes, no se contradicen.

 


6.6 Egipto una gran y floreciente civilización

Egipto fue cuna de una de las civilizaciones más prósperas que se extendió en torno al fértil valle del Nilo con ciudades como Giza, Menfis, Tell el Almarna, Abidós, Tebas, Ramses, Karnak, Luxor y el Valle de los Reyes. Las largas fases que esta civilización desarrollo permitió desplegar un culto singular cuyo elemento central era el faraón en calidad de divinidad en la tierra. Uno de los distintivos del imperio egipcio era la gran homogeneidad con la que evolucionaron la religión y las formas de organización.

La cosmovisión egipcia residía en una idea del Estado altamente desarrollada. El faraón aunaba el poder terrenal y divino tenía gobierno y religión como Encarnación Del Dios Horus hijo de los dioses Osiris e Isis. Tras los monumentos funerarios egipcios cada nuevo regente se consideraba Horus renacido para el faraón. Los faraones como divinidades, traducían la tarea de mantener en su reino el orden cósmico Maat deseado e instaurado por los dioses. A su muerte el faraón regresaba con Osiris riguroso juez supremo del Tribunal de los muertos. Todo esto dio pie a un prolijo culto funerario. Los ritos se asentaban en los mitos divinos. Para la deificación del difunto se invocaba el ejemplo de Osiris que fue asesinado por su hermano Seth y resucitó así como el del Sol que muere cada noche y de mañana vuelve de nuevo al mundo.

Las tumbas faraónicas eran por tanto lugares sagrados con rango equiparable al de los templos dedicados a las deidades. Estás, según la región, podrían ser seres muy diversos con forma de personas, animales o plantas. Aunque había algunas con difusión estatal, lo que les confería rango de divinidades supremas, ocasionalmente, podían fundirse con dioses locales. Los mitos vinculados a los dioses hacen referencia sobre todo al proceso de surgimiento del mundo y a los fenómenos naturales que ellos tutelaban. Según la creencia egipcia, en las aguas primordiales se alzó una montaña primigenia dónde creció un huevo. De él nació el Sol, que fue adorado bajo diversos nombres. De su saliva, (autofecundando su mano femenina), creó la primera pareja de dioses Shu y Tefnet, aire y humedad quienes a su vez engendraron a Nut y Geb, cielo y tierra de cuya unión nacieron Set y Neftis, así como Isis y Osiris.

Isis era la diosa de la fertilidad y la maternidad siempre estará junto Hator, diosa del amor e hija del Dios Sol Ra. Según la leyenda Hator se había retirado a la templada África huyendo de las inclemencias de un invierno. Por encargo de su padre el mensajero divino Thot consiguió convencerla con esfuerzo de que regresara al hogar. En Filae volvió a pisar suelo egipcio lo que se celebró con grandes fiestas sacrificiales.

Toda relación de los humanos con el mundo de los dioses pasaba a través del monarca. Los sacrificios se practicaban en su nombre y las oraciones hacían referencia a él. Los mortales tenían que reconocer el maat, el orden cósmico establecido por los dioses, y vivir en consecuencia. Una buena conducta en este sentido reportaba gratificación ya en la tierra, pero era aún mucho más importante de cara a la vida tras la muerte, que en Egipto se consideraba la prolongación de la existencia terrenal. De ahí que se intentase preservar el cuerpo mediante el embalsamamiento y que las tumbas reales se construyesen como duplicados de los palacios. Los faraones se hicieron erigir pirámides gigantescas que los acercaban al cielo.


 

7.       Oriente. Las religiones orientales

Una de las grandes civilizaciones surge en Caldea (Mesopotamia) en torno al Tigris y al Éufrates con poblaciones como Ur, Uruk, Nippur, Babilonia, Assur, Nínive. En Mesopotamia (en griego tierra entre Ríos) surgieron sociedades culturalmente avanzadas en torno a la misma época que en Egipto. Una serie de pueblos e imperios se fueron tomando el relevo hegemónico por ello los centros de poder se fueron desplazando una y otra vez y las regiones evolucionaron de forma dispar. Con todo es posible distinguir un fundamento espiritual común este fue establecido por los sumerios los primeros que crearon un estado poderoso en el antiguo estuario de los ríos Tigris y Éufrates.

Como todos los universos religiosos primitivos, el sumerio estuvo poblado por una diversidad de dioses representados antropomórficamente tenían su origen en el océano primigenio personificado en Nammu de él surgieron las cuatro divinidades supremas adscritas a los cuatro elementos a los que los sumerios atribuían la composición de todas las cosas. An más tarde Anu Dios del cielo que reina en lo más alto; Enlil, Dios del aire y la tempestad; Enki Dios responsable de la humildad y de la y la diosa de la tierra Ki. Por medio de sus palabras fue creado todo lo demás incluidos otros dioses como la diosa del grano Ninlil, esposa de Enlil y sustentadora o el Dios lunar Nanna, que con la diosa del amor Inann(a después Istar) y el Dios solar Utu, conformaba la tríada divina celeste.

El Oriente constituye una fuerte antigua tradición espiritual. Tanto en el brahmanismo como en el budismo y el taoísmo, la finalidad fundamental de la religión no es la creencia correcta, sino la acción correcta. Lo mismo ocurre en la religión judía.


 

7.1 El Hinduismo, el Taoismo y el Budismo.

India representa una relativa uniformidad religiosa, a pesar de ser un país tan vasto, las minorías islámica cristiana y budista no tienen un peso significativo aunque a menudo entran en conflicto prevalece el hinduismo la más antigua de todas las religiones del mundo.

El hinduismo es la religión propia de la India, la más ancestral. Ha sido y sigue siendo en la actualidad el gran rival del resto de confesiones del subcontinente. Su culto multicolor y la abundancia de divinidades hindúes casan bien con el temperamento y el estilo de vida de las gentes de este país. Puede afirmarse que el hinduismo como tal no existe porque carece de uniformidad y cada región lo expresa de un modo totalmente distinto. Los hindúes ni siquiera comparten la multitud de deidades que tienen aunque con tanto surtido tampoco es de extrañar las causas de todo ello se remontan muy atrás en la historia.

En el s. VI a. C. se introdujo en la India, merced al influjo espiritual de los Upanischad, una nueva experiencia religiosa. La misma perspectiva tan vigorosamente terrena de la literatura Ring Veda hacía ver la experiencia de lo ilusorio del mundo y del vacío de la existencia. Su ideal no era sino la absorción del yo individual en el yo universal o Atma Brama. Muchos abandonaron el mundo y se fueron a vivir como monjes. Al principio se organizaron los Bahiskshu (mendigos o ascetas de vida errante), más tarde llegaron a reunirse en grandes monasterios (ashrams). En los monasterios ashramos se cultivo la oración y la vida fraterna en comunidad.


 

7.2 El hinduismo

El término hinduismo proviene del nombre que los persas dieron al río Indo el cual abastece de cinco grandes afluentes con los que forma una barrera natural en la parte oeste del subcontinente indio. Junto a este río surgió una primera civilización que recibió el nombre de la ciudad de Harappa y que, protegida por el río, prosperó durante más de 1000 años hasta que tuvo que abrirse a influjos extranjeros. Fue a causa de estos que la antigua cultura dravídica y la religión indias evolucionaron hacia el hinduismo. Los arios indogermánicos que en el segundo milenio a. C. avanzaron desde el interior de Asia trajeron consigo una mentalidad bélica que al mezclarse con las creencias del largo arraigo acuñaron el diversifica sistema espiritual que ha conseguido mantener unidos con el paso del tiempo a los 1000 millones de personas testa fragmentada sociedad.

El hinduismo no es una confesión religiosa homogénea sino una cosmovisión en la que tienen cabida tanto el politeísmo y las creencias ancestrales sobre demonios como la idea de que toda pluralidad se basa en una deidad impersonal única. Como ninguna de esas múltiples ramificaciones se da en estado puro, sino siempre en combinación con las demás, la tolerancia ha devenido una característica de esta religión que es literalmente todo corazón. Por ello no puede hablarse de una uniformidad de pensamiento hindú sino de un pluralismo religioso.

Algunos pilares resultan válidos para los 800 millones de hindúes. Primero está la doctrina de la casta en la que nace cada persona. Estas capas o estratos socialmente cerradas de la sociedad reflejan la concepción jerarquizada de un Orden Mundial que sitúa a los dioses por encima de una humanidad dividida en distintos rangos y a esta por encima de los animales, las plantas y finalmente la naturaleza material inerte, que no queda exenta del alma. En el ámbito social, sin embargo, este pilar se desmorona por la influencia de los valores occidentales y por las aportaciones de las comunidades hindúes que viven en países desarrollados. El concepto de casta se aplica solo a la vida temporal del alma. El alma sería como el mensajero químico que permeabiliza las esferas. El segundo pilar es la creencia en la transmigración del alma. El eterno ciclo de las distintas vidas al que está sometido el individuo.

El modo en que se produce cada Renacimiento (reencarnación) depende del karma que cada cual haya acumulado a través de sus actos y omisiones en las vidas anteriores. El creyente aprende a concebir toda esta causalidad cósmica a través de las tradiciones (smriti) comunes a todos los hindúes Qué están recogidos en los textos sagrados, sobre todo en los antiguos vedas (conocimiento), pero también en textos posteriores como los puranas (mitad del primer milenio a. C.) y la epopeya Mahabharata que se escribió 1000 años después y que incluye entre sus páginas la instructiva obra Bhagavad Gita (canto del señor)

Destaca también la importancia de las peregrinaciones a los lugares sagrados pasando por la fe en los dioses principales y en el poder purificador de los ritos sagrados. Todos los templos son santuarios y muchos parajes naturales remarcables como cumbres, grutas, manantiales que son considerados como también sagrados.

Entre los dioses comúnmente invocados se cuentan principalmente Brahma, el Dios creador, cuya relevancia en la vida religiosa diaria es más bien insignificante. Vishnu el preservador y el destructivo. Shiva, el benevolente, este último destruye lo malvado y las circunstancias dañinas a fin de crear espacio para lo nuevo es decir puede considerarse que su destrucción es fructuosa. Vishnu Shiva y otros dioses entre ellos también sus respectivas parejas pueden adoptar apariencia humana avatar (encarnación terrestre) Vishnu por ejemplo como el héroe Rama o como Krishna (el oscuro). En los citados escritos sagrados y epopeyas se loan todas sus obras.

El pensamiento brahmánico se preocupaba por la relación entre la multiplicidad (de los fenómenos) y la unidad (Brahma). Pero la filosofía paradójica no debe confundirse en la India ni en la China con un punto de vista dualista. La armonía (unidad) consiste en la posición conflictual que la constituye.

El pensamiento brahmánico desde el principio giró alrededor de la paradoja de los antagonismos simultáneos, y no obstante identidad de las fuerzas y formas manifiestas del mundo fenoménico. El poder esencial en el Universo y en el hombre trasciende tanto la esfera conceptual como la sensible. No es, por lo tanto, ni esto ni aquello no hay antagonismo entre real e irreal, en esta realización estrictamente nodualista. En su búsqueda de la unidad más allá de la multiplicidad, los pensadores brahmánicos llegaron a la conclusión de que el par de opuestos que se percibe no refleja la naturaleza de las cosas, sino la de la mente percipiente. La oposición es una categoría de la mente humana, no un elemento de la realidad.

El pensamiento brahmánico conlleva un trascenderse a si mismo para alcanzar la verdadera realidad. En el Rig Veda, el principio se expresa en la siguiente forma: Yo soy los dos, la fuerza vital y el material vital, los dos a la vez. La consecuencia extrema de la idea de que el pensamiento sólo puede percibir en contradicciones aparece en forma aún más drástica en la teoría vedanta, que postula que el pensamiento es sólo un más sutil horizonte de ignorancia, en realidad, el más sutil de todos los engañosos recursos de maya.

Los maestros de la lógica paradójica afirman que el hombre puede percibir la realidad sólo en contradicciones, y que su pensamiento es incapaz de captar la realidad unidad esencial, lo Uno mismo. Ello trajo como consecuencia que no se aspira como finalidad última a descubrir la respuesta en el pensamiento.

Este sólo nos dice que no puede darnos la última respuesta. El mundo del pensamiento permanece envuelto en la paradoja. La única forma como puede captarse el mundo en su esencia reside, no en el pensamiento, sino en el acto, en la experiencia de unidad.

La lógica paradójica llega así a la conclusión de que el amor a Dios no es el conocimiento de Dios mediante el pensamiento, ni el pensamiento del propio amor a Dios, sino el acto de experimentar la unidad con Dios.

Por lo tanto, lo más importante es la forma correcta de vivir. Toda la vida, cada acción, banal o importante, se dedica al conocimiento de Dios, pero no a un conocimiento por medio del pensamiento correcto, sino de la acción correcta.

En el hinduismo los hombres investigan el misterio divino y lo expresan mediante la inagotable fecundidad de los mitos. Se busca la liberación de las angustias de nuestra condición humana ya sea mediante las modalidades de la vida ascética, ya sea a través de profunda meditación, ya sea buscando refugio en Dios con amor y confianza.

La literatura Ring Veda no era, en el fondo, sino la experiencia de lo ilusorio del mundo y del vacío de la existencia. Su ideal no era sino la absorción del yo individual en el yo universal o Atma Brahma. De ahí que muchos abandonasen el mundo y viviesen en vida celibataria buscando esa interiorización radical.

El Olimpo hindú vendría a ser representado por el Himalaya, la morada de los dioses. Por él transcurre el Char Dham (las cuatro moradas), una ruta de peregrinación que une el punto más septentrional del subcontinente con Yamunotri, Gangotri, Kedernath y Badrinath. En Yamunotri nace Yamuna, río a la par que diosa. Su manantial marca el punto más occidental de la ruta. En el templo de Yamunotri los peregrinos realizan con los sacerdotes la puja frente a una estatua de mármol negro de la diosa y reciben la bendición (prasada) en forma de arroz. El santuario se halla a mitad del manantial, a 3235 metros de altitud, y los últimos 7 kilómetros del camino solo pueden recorrerse a pie. A dos días más de marcha, los devotos caminantes llegan a Gangotri cerca del lugar donde nace el Bhagirathi (el manantial más importante del Ganges). Los devotos caminantes son guiados hasta Cachemira y con ello al techo del mundo. Allí el cielo y la tierra se unen como en ningún otro lugar.

 


7.3 El Budismo

El budismo, al igual que el resto de las religiones del mundo, no existe solo en una forma pura su edificio doctrinal se ha desarrollado de manera distinta en el transcurso de los milenios y se nos presenta en 3 corrientes principales y muchas interpretaciones y prácticas diferentes.

El budismo, según sus varias formas, reconoce la suficiencia radical de este mundo mutable y enseña el camino por el que los hombres, con un espíritu devoto y confiado, pueden adquirir ya sea el estado de perfecta liberación, ya sea la suprema liberación, por sus propios esfuerzos y apoyados en un auxilio superior.

La doctrina del despierto o iluminado (Siddharta Gautama) según la concepción del término “buda” era en sentido estricto atea, es decir, sin Dios ni dioses. El hecho de que esto haya cambiado se debe a la imponente figura del fundador y a la sabiduría aparentemente sobrenatural de sus palabras.

La relevancia del Buda histórico se debe más bien a sus seguidores. Ellos tendieron a deificarlo así como a venerar algún que otro dios pese a que posiblemente ningún maestro religioso ha escrito tan pequeño su yo como Buda. Este hubiera preferido eliminarse completamente de su doctrina sin embargo su personalidad, debido de ejercer una atracción tan intensa, que todas sus recomendaciones para que se prescindiera de él como persona cayeron en oídos sordos. Una conversación que Buda mantuvo poco antes de su muerte con Ananda, su primo y compañero más íntimo, documenta ese desinterés por sí mismo. La indicación que dio Buda a Ananda fue la de no buscar otro refugio que dhamma, no perder el tiempo rindiendo homenaje a los escritos si no trabajas con esmero y esfuerzo por vuestro bienestar espiritual.

La doctrina Siddharta Gautama no busca la salvación en el cielo o en un más allá más o menos colorista sino que proclama posibles la iluminación y la salvación en el aquí y el ahora espléndidas imágenes y estatuas doradas de Buda sumido en la meditación dan cuenta de esta promesa.

Pese a esta recomendación se fomentó un aluvión descomunal de imágenes que pretenden inmortalizar a Buda en el mundo. A estas imágenes y estatuas se les dio un cariz espiritual y se situaron en marcos suntuosos en forma de templos engalanados que a su vez se convirtieron en santuarios. A medida que el budismo se iba extendiendo estos templos fueron adquiriendo formas más ricas y ostentosas convirtiéndose a sí mismo en metas de peregrinación.

Por otro lado, el árbol de la doctrina budista pronto se ramificó. La forma más rigurosa y cercana a la original de budismo Theravada (doctrina de los antiguos) llamado también hinayana (pequeño vehículo) se bifurcaron. El más liberal mahayana gran vehículo y el lamaísmo de influencia hinduista llamado también baja rayana vehículo de diamante todos ellos modelaron moldeados por las culturas en las que se impusieron.

No es posible pormenorizar en detalle las enseñanzas de las cuatro nobles verdades  (el óctuple noble sendero) hacia la iluminación. Basta con decir que su observancia exige tan gran esfuerzo que solo los elegidos, o sea, los ascetas (sramanas) y monjes o monjas (sadhus) son capaces de lograrlo con éxito. Por eso, el propio Buda fundó una comunidad (sangha), integrada al principio por ascetas mendicantes, que solo mucho más tarde buscaron el camino de la perfección espiritual en entidades comunitarias. los monjes son apoyados por la población que participa así de sus méritos espirituales y mejora su karma, que es en definitiva el único modo de aumentar las posibilidades de un renacimiento más elevado e incluso de una definitiva extinción del culo de los renacimientos (samsara). Los monasterios, son por tanto, lugares santos para los budistas.

Buda marca el camino hacia el Nirvana para los seguidores de Buda. La meta principal del budista es romper el círculo del sufrimiento eterno de los renacimientos samsara. Si lo logra ingresan en el Nirvana sobre el que se dice del mismo modo que la llama que pasa al descanso rozada por el viento, deja de verse así, hace también el sabio liberado de nombre y forma al descanso.

Buda marca así el camino de la iluminación entre los polos que constituyen el nacimiento y la muerte. Existen otras dos estaciones que hicieron de Siddharta Gautama el Buda. Su encuentro con el sufrimiento de la miseria y la muerte lo convencieron de que los bienes terrenales no aportaban sentido al ser sino que conducían al apego Upadama al mundo y por tanto significaban sufrimiento (dukkha).

El budismo es esencialmente monacal orientado hacia la meditación y transfiguración. En el budismo Hinayana (del pequeño vehículo) el monasterio desempeña un papel central con su vida de meditación, de comunidad y de su trabajo asistencial a la población. Rituales y oficios divinos a Buda alternan con vigilias de oración y con rigurosa disciplina (carácter penitencial para resarcirse de las culpas).

 

7.4 Los mitos, ritos, símbolos sagrados

Los mitos están presentes en cada una de las religiones pero especialmente en el hinduismo. En el hinduismo los mitos son muy relevantes. A través de ellos se investiga el misterio de lo divino y lo expresan con inagotable fecundidad. Los mitos corresponderían a esa etapa inicial de las creencias donde se trata de explicar el origen sagrado a través de una historia sagrada que se vincula con lo absoluto y divino. Se sale de un discurso científico y se opera a través de símbolos. Arquetipos y estructuras narrativas ligadas al inconsciente colectivo para así dar sentido a la existencia humana. Su narración forma parte de rituales religiosos. Sus personajes suelen ser dioses, héroes semidivinos o fuerzas de la naturaleza personificados. Estos seres representan el bien y el mal, el caos y el desorden, la fertilidad, la guerra, la muerte, etc.

El hombre trataba de dar sentido a las cuestiones existenciales a través de mitos. Los pueblos tratan de expresar sus raíces fundacionales. Son relatos simbólicos donde se explica el origen de las civilizaciones a través de narraciones transmitidas oralmente. Así existen mitos para explicar la fundación sagrada de Egipto, de Babilonia, de Atenas, de Roma, del imperio Mali, Maya o azteca.

 


7.5 El taoísmo. La filosofía de Lao-tsé y el pensamiento Taoista

El taoísmo o daoismo tiene su origen como filosofía hacia el S. VI a.C. y se consolida como religión organizada en S. II d.C. Es una religión no teísta. Pasa de un no teísmo a un transteismo y politeísmo. Las deidades principales son los tres puros y los ocho inmortales. Según la mitología china los ocho inmortales existieron terrenalmente durante las dinastías Tang o Song. El taoísmo se centra en vivir en armonía con el Tao, camino. Un ejemplo característico del pensamiento paradójico taoísta es el siguiente: La gravedad es la raíz de la liviandad; la quietud es la rectora del movimiento. El Tao en su curso regular no hace nada y, por lo tanto, no hay nada que no haga. Mis palabras son muy fáciles de conocer y muy fáciles de practicar; pero no hay nadie en el mundo capaz de conocerlas y practicarlas.

En el pensamiento taoísta, así como en el pensamiento indio, el nivel más alto al que puede conducirnos el pensamiento es conocer lo que no conocemos: Conocer y, no obstante (pensar) que no conocemos es el más alto logro; no conocer y sin embargo pensar) que conocemos es una enfermedad. Que el Dios supremo no pueda nombrarse no es sino una consecuencia de esa filosofía.

La realidad final, “lo Uno fundamental”, no puede encerrarse en palabras o en pensamientos. Como dice el filosofo Lao-Tsé, el Tao que puede ser hallado, no es el Tao permanente y estable. El nombre que puede nombrarse no es el nombre permanente y estable. O, en una formulación distinta: Lo miramos y no lo vemos, y lo llamamos el “Ecuable'” Lo escuchamos y no lo oímos, y lo llamamos el “Inaudible'” Tratamos de captarlo, y no logramos hacerlo, y lo nombramos el “Sutil”. Con estas tres cualidades no puede ser sujeto de descripción; y por eso las fundimos y obtenemos “El Uno”. Y aun otra formulación de la misma idea: El que conoce el Tao no necesita hablar sobre él; el que está (siempre dispuesto a) hablar sobre él no lo conoce.

El Zen es una escuela del budismo Mahayana, originada en China. La palabra china channa que proviene de la palabra sánscrita dhyana que significa meditación. La doctrina del Zen se desarrolló principalmente en Japón y China. Desestima el mero conocimiento intelectual y favorece el prajña, la comprensión directa a través de la práctica espiritual. Enfatiza la meditación sentada (zazen) y la experiencia personal directa sobre el estudio de escrituras como el pensamiento madhyamaka, la enseñanza huayan y la literatura prajñaparamita. Busca alcanzar el despertar espiritual (iluminación) viviendo plenamente el momento presente, cultivando la calma, la simplicidad y el desapego en la vida diaria.

El confucianismo es otra de las religiones no teístas. Fue la ética practica moral dominante en China. Toma su nombre del filósofo y pensador Confucio. Enfatiza la moralidad, el respeto jerárquico, la piedad filial y la armonía social sobre el individualismo. Se basa en la aceptación de un orden cósmico eterno y autoridades eternas, tales como dios (el emperador en todos los ámbitos de la vida). Los individuos subordinados han de someterse incondicionalmente a las autoridades, pero la nobleza y la autoridad no se adquieren por nacimiento sino a través de la integridad moral. Tienen la creencia de que el ser humano es inherentemente bueno y puede perfeccionarse mediante la educación y el cumplimiento de los ritos. Como ejemplo esta la llamada campana de Confucio utilizada como símbolo basado en las Anacletas de Confucio donde se dice: “el cielo instruirá al maestro como una campana para despertar a todos al Camino”


 

7.6 El judaísmo

El judaísmo es una de las religiones monoteístas más antiguas basada en la creencia en un único Dios Yahve. Los cristianos reconocen que los comienzos de su fe se encuentra en los patriarcas, Moisés, en los profetas conforme al misterio salvífico de Dios. la revelación del Antiguo Testamento es preparación del Nuevo. Dios se dignó establecer la Antigua Alianza como prefiguración de la Nueva. Los cristianos reconocen a los judíos como sus hermanos de sangre con un patrimonio común, a ellos pertenecen la adopción, la alianza, la ley, el culto y las promesas.

El pueblo semita fue un pueblo fundamentalmente creyente en el Dios Yahvé. El pueblo judío era un pueblo imbuido en Dios, invadido por Dios, poseído por Dios. Dios había irrumpido en su historia trasformando una historia profana en una historia sagrada. Era Dios quien guiaba y daba sentido a la historia. No tenían una convicción y certidumbre más fuerte que Dios el rescatador de su sinsentido, el liberador de sus esclavitudes y era el creador de todo cuanto existe. La religión judía asignaba especial importancia (particularmente desde el comienzo de la era cristiana) a la forma correcta de vivir.

El pueblo semita, vivía en una cosmovisión y un universo penetrado por el espíritu divino (la omnipresencia divina del espíritu), divinizado, sacralizado. El mundo sagrado era, por lo tanto, el prototipo de la existencia humana y debido a que era más rico, más fuerte y más duradero que cualquier otra cosa en la tierra, la gente quería desesperadamente participar en él.

 


7.6.1 El Shema

La oración judía por su trascurrir a lo largo de todas las horas con su súplica incesante pretendía santificar todo el universo. Su intercesión pretendía reforzar la acción de Dios sobre el mundo y tratar de dirigir esa acción sobre las realidades humanas. La bendición era algo más que la petición, remarcaba el papel central que Dios tenía en toda la vida y en todas las cosas. El judío llenaba materialmente el día de bendiciones, no podía respirar sin bendecir. Había una bendición para apenas abrir los ojos, una segunda para el gesto de estirarse, una tercera para el momento de ponerse de pie, una cuarta para el primer paso que se daba, varias para cada uno de los vestidos que se ponía, otra para ponerse las sandalias, una para cubrirse la cabeza, otra para el momento de lavarse. Incluso aunque parezca mentira y hoy nos diera risa una oración para el momento de hacer las necesidades corporales. Cuando se sentaba a comer tenía plegarias para antes de la comida, para bendecir el pan, el vino, los cereales, la fruta, para después de concluida la comida. Tenía una oración para cuando olía un perfume, para cuando recibía una buena noticia, para cuando encontraba a un amigo, para cuando se sentía ante cualquier necesidad, para cuando se restablecía o se curaba.


 

7.6.2 La cosmogonía hebrea

La mitología hebrea se distingue de la mitología mesopotámica. Mientras que esta es politeísta la narración del Génesis afirma el monoteísmo y no el politeísmo. Para el judaísmo se va más allá de una mitología, si bien se usa de una base mitológica se trata de una confesión de fe: “En el principio Dios creó los cielos y la tierra” (Gn 1) Dentro de antiguo testamento utiliza esa base mitológica para explicar los orígenes de la creación, esa fase religiosa en la que Dios crea al hombre en el jardín del Eden y arroja al hombre del paraíso después de comer del árbol del saber queriéndose convertir en Dios mismo; Noé; es la fase en la que Dios le exige a Abraham que mate a su único y amado hijo Isaac, para probar su amor por El con un acto de total obediencia. Pero al mismo tiempo comienza una nueva etapa; Dios hace un pacto con Noé, por el cual le promete no volver a destruir jamás la raza humana, un pacto en el cual él mismo se compromete.

No sólo está atado por sus promesas, sino por su propio principio de justicia, y sobre esa base Dios debe someterse al pedido de Abraham de no destruir Sodoma si en ella hay por lo menos diez hombres justos. Pero la evolución va más allá de transformar a Dios, de la figura de un despótico jefe de tribu en un padre amante, en un padre que está sometido al principio que él mismo ha postulado; tiende a que Dios deje de ser la figura de un padre y se convierta en el símbolo de sus principios, los de justicia, verdad y amor. Dios es verdad, Dios es justicia. En ese desarrollo, Dios deja de ser una persona, un hombre, un padre; se convierte en el símbolo del principio de unidad subyacente a la multiplicidad de los fenómenos, de la visión de la flor que crecerá de la semilla espiritual que alberga el hombre en su interior. Dios no puede tener un nombre. Un nombre siempre denota una cosa, o una persona, algo finito. Dios es eterno el que es el que era y el que existirá porque es eterno e inmortal. Dios es Dios y no hombre.


 

7.6. 3 La revelación del Dios de Abraham como preparación de la revelación del Dios de Jesucristo

El judaísmo va a ser el mundo religioso que serviría de base para el cristianismo. Las religiones monoteistas (las tres religiones del libro) se diferencian sustancialmente de los cultos prehistóricos y de los universos politeístas de las grandes culturas del mundo antiguo y la antigüedad clásica. El cristianismo reconoce que los comienzos de su fe y de su elección se encuentran en los Patriarcas, en Moisés y en los profetas como origen de su historia de salvación. Los cristianos son hijos de Abraham y la salvación está místicamente prefigurada en la salida del pueblo elegido de la tierra de esclavitud. La Antigua Alianza será prefiguración de la Nueva que llevará a su cumplimiento Cristo.

 


7.6. 4 La teofanía de la zarza ardiente

El incidente más notable de ese cambio es el relato bíblico de la revelación de Dios a Moisés. Cuando Moisés le dice que los hebreos no creerán que Dios lo ha enviado, a menos que pueda decirles el nombre de Dios, ¿cómo podrían los adoradores de ídolos comprender un Dios sin nombre, puesto que la esencia misma de un ídolo es tener un nombre?

Dios hace una concesión. Dice a Moisés que su nombre es «Yo soy el que soy». «Yo soy el que seré es mi nombre.» El «yo soy el que seré» significa que Dios no es finito, que no es una persona, un «ser». La traducción más adecuada de la frase sería: dile que «mi nombre es sin nombre». La prohibición de hacer imágenes de Dios, de pronunciar su nombre en vano, y eventualmente, de pronunciar su nombre en absoluto, apunta a la misma finalidad, la de liberar al hombre de la idea de que Dios es un padre, una persona. En el desarrollo teológico ulterior, la idea se transforma en el principio de que ni siquiera deben darse a Dios atributos positivos. Decir que Dios es sabio, poderoso, bueno, implica nuevamente que es una persona; todo lo que puedo hacer es decir lo que Dios no es, enumerar sus atributos negativos, postular que no es limitado, que no es malo, que no es injusto. Cuanto más sé lo que Dios no es, mayor es mi conocimiento de Dios (Cf. El concepto de Maimónides de los atributos negativos de Dios en la Guía de los Perplejos.).

Si seguimos la maduración de la idea monoteísta en sus consecuencias ulteriores sólo llegaremos a una conclusión: no mencionar para nada el nombre de Dios, no hablar acerca de Dios. Dios se convierte entonces en lo que es potencialmente en la teología monoteísta, el Uno sin nombre, un balbuceo inexpresable, que se refiere a la unidad subyacente al universo fenoménico, la fuente de toda existencia; Dios se torna verdad, amor, justicia. Dios es yo, en la medida en que soy humano.

El judaísmo está marcado por el desarrollo de una doctrina monoteísta que venera un Dios creador personal y eterno el monoteísmo judío se diferencia de todos los cultos a las divinidades anteriores se basa en la creencia de un Dios personal. Dios que se había rebelado a los primeros padres Abraham Isaac Jacob manifiesta su impronta personal Moisés: “yo soy el señor tu Dios que te hice salir de Egipto de un lugar en esclavitud no tendrás otros dioses del antes de mí” (Ex 20,1).


 

7.6. 5 Las teofanías en el monte santo

Otro rasgo del judaísmo fue el principio la de un culto ambulante. En principio como pueblo nómada no poseía lugares sagrados o templos permanentes ni santuarios de peregrinación. Luego poco a poco fue convirtiéndose en un pueblo sedentario que crece en torno a la ciudad santa y el templo de Jerusalén. Se trataba de un pueblo de pastores convertidos en místicos (Profetas) que terminarían por establecer un reino (de reyes y sacerdotes en torno al Templo de Jerusalén, como ciudad santa. El monte Moriah pasa a ser el lugar primordial lugar dónde se reveló Dios a Abraham con el sacrificio de su hijo Isaac se convertiría en el lugar donde levantaron el templo como lugar central del culto judío.

 


  1. América. Religiones indígenas originarias

Son diversas las tradiciones espirituales indígenas que se dan cita en el continente americano. Se caracterizan por su conexión profunda con la naturaleza, (la espiritualidad ligada a la tierra, veneran la Pachamanal o Madre Tierra, los animales, los ciclos natrales), el chamanismo y el politeísmo, sin textos sagrados rígidos (las tradiciones y los mitos se transmiten oralmente). Su teología puede ser monoteísta, politeísta, henoteista, animista y síntesis sincretistas que incluyen creencias teístas, deístas, panteístas de múltiples dioses, espíritus y fuerzas vitales.

En cierto modo las civilizaciones indígenas de América presentan muchas similitudes con la antigua civilización egipcia por desarrollarse a partir de la unificación de focos agrícolas originariamente dispersos. Elaboraron un conocimiento científico con bases en astronomía, matemática, geometría, agricultura. Subsistía una religiosidad y espiritualidad síntesis de religiones populares

Se habla de la teoría de migraciones procedentes de Asia (origen paleosiberiano) que entraron en el vasto continente a través del estrecho de Bering y de migraciones paleopolinesias procedentes de las islas del pacífico. Según la tradición los amerindios descienden de pueblos cazadores recolectores de origen siberiano. Durante la última glaciación Würm los dos continentes se separaron pero estaban originariamente unidos. La región denominada Beringia establa poblada por antiguas culturas que pertenecían a los distintos continentes teniendo un lenguaje y tradiciones en común (los inuits).

Pueden hablarse de distintos centros de distintas civilizaciones, mexicana, mesoamericana, colombiana, andina. Destacan la religión andina, los aztecas, los incas, los mayas. Los aztecas de lengua nahuati conocían el uso de metales y se establecieron en la meseta mexicana. los mayas se establecieron en Yucatán poseían calendarios astronómicos muy precisos. Los aymaras y los incas de lengua quechua se establecieron en la región andina. Los mapuches se establecieron en los Andes


 

8.1 Los kogis

Propios del área colombiana denominada Tairona que agrupa distintas comunidades. Su cosmogonía es propio de la creencia de que antes del amanecer solo había mar, la madre de todas las cosas, y el agua, que también era río, lago y estanque pero solo en aluna, esto es, en espíritu. A ese universo inicial se le fueron añadiendo otros mundos superpuestos hasta completar nueve, en cuyo momento todas las cosas, seres y los animales que pueblan el mundo, y que solo eran aluna, pasaron de la potencia al acto para dar origen al mundo tal y como lo conocemos.


 

8.2 Los aztecas

Los aztecas o mexicas fueron una civilización poderosa (imperio tenochca) que dominó el centro de México (Mesoamérica). Se trataba de una confederación compleja multiétnica (nahuas y otras tribus). Existió durante el posclásico tardío y fundaron su capital en Tenochtitlán sobre el lago Texoco. Su religión era la religión mexica con sus propias creencias y divinidades. Huitzilopochtli era el más importante de sus divinidades asociado con el sol. En su mitología ordena la fundación de la capital de México.

 


8.3 Los mayas

La cultura maya se asentó en la meseta mexicana en la península de Yucatán, Chiapas, Tabasco, Guatemala, Belice, honduras y El Salvador. Tenían complejos conocimientos astronómicos, sistema de numeración, descubrimientos científicos, avances en matemáticas, escritura jeroglífica, arquitectura. Son conocidas las pirámides de Tikal y Chichén Itza. Eran politeístas (panteón de deidades positivas y negativas) con una visión del mundo dividida entre el cielo, la tierra y el inframundo.

 


8.4 Los amayras

Pueblo milenario dedicado al pastoreo y la agricultura. Formaban una confederación de pueblos, qullas, lupagas, qanchis, carangas, lucanas, chocorvos, chichas, etc. La cultura aymara se enriqueció con los incas. Se establecieron en Bolivia, Perú, Chile, Argentina. Hablaban distintos dialectos derivados del amayra (el Kawaki, el jaqaru, etc). Entre todos destaca el quechua. Fue objeto de una reconversión agraria y una reestructuración social. Tiene una estructura patriarcal con mezcla de creencias y prácticas aborígenes.


 

8.5 Los incas

Fue la civilización mas extenso que floreció en los Andes, Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina, Colombia. Es conocida la ciudad monumental de Picchu Picchu y Cusco en el Perú. El nombre de imperio incaico Tahuantinsuyo significa las cuatro regiones. La fe en el Tahuantinsuyo se manifestaba en cada aspecto de la vida. Aunque eran politeitas evolucionaron en la creencia de una fuerza vital que animaba toda la tierra (kamaquin), hasta concebir un dios creador abstracto, eterno, omnipotente, omnipresente y omnisciente (huiracocha). Los seres vivos y muertos incluso cerros, lagunas tenían kamaqin (alma). Incorporaron deidades locales y héroes de los ayllus. Los incas explicaban con sus mitos el origen de los grupos étnicos plantas y animales.

 


8.6 Los mapuches

Su nombre significa gente de la tierra (mapu: tierra, che: gente), también es llamado araucano por poblar la región de Arauco y las llanuras pampeanas y patagónicas. Es un pueblo indígena con fuerte carácter comunitario con una cosmovisión ligada a la naturaleza, la figura chamánica de la machi y la ruka como vivienda. Hablaban la lengua mapuche incluyendo varios grupos. Su sistema económico tradicional esta basado en la caza y la horticultura que dio paso a una sociedad agrícola y ganadera.

La cosmovisión mapuche integra su dimensión religiosa. El ánima del ser humano vive en íntimo contacto con la naturaleza. Antes que todo existe el Pu-Am, un ánima universal que permea todo lo viviente. Esta ánima universal permea todo lo viviente. De ella se desprende el Am de cada hombre que acompaña su cuerpo hasta la muerte. Cuando el hombre muere, su Am se convierte en Pillü que resiste a alejarse del cuerpo. Para salvarse el hombre tiene que viajar a Ngil chenmaiwe donde se convertirá en alwe (bajo esta forma el ánima puede regresar con sus descendientes).

Por lo tanto no hay una separación entre el espíritu divino y los seres humanos. El ser humano ha de recorrer todo un camino para alcanzar el conocimiento de su propio ser y de su rol, su propio filew (destino).

 


  1. Europa. La cuna de occidente

La mayoría de las sociedades y culturas nacen al abrigo de creencias religiosas. Las gentes experimentaban lo sagrado. El mundo sagrado era parte de la existencia humana. La experiencia religiosa daba sentido a las vidas que vivían.

A la sombra de culturas ancestrales nacieron las dos principales culturas de la antigüedad la griega y la romana compartían concepciones religiosas similares ya que desde sus inicios puesto que al igual que en otras muchas sociedades jóvenes se trataba de corrientes religiosas naturales con el tiempo sus vínculos llegarían a estrecharse todavía más. Con el tiempo se perdió la visión de conjunto de aquel mundo de dioses que no dejaban de crecer. Para los griegos y romanos las fuerzas celestiales formaban parte del mismo mundo que ellos habitaban solo que los dioses poseían mayores capacidades y aunque también nacían nunca morían

 


9.1 La cultura y la filosofía griega  

Los griegos se figuraban la vida de las deidades a imagen de la sociedad humana con conflictos y luchas amores y amistades traición y cooperación los dioses exigían a los hombres su entrega incondicional en forma de ofrendas procesiones danzas de culto y fiestas por todo lo alto en recintos sagrados o templos construidos ex profeso ellos significaba que quien no participaba en tales actos recibía la cólera divina y no solo en su persona sino en su familia e incluso en todo su linaje.

 


9.1.2 El Olimpo. El panteón griego.

El Olimpo era la residencia de los dioses hasta finales de la antigüedad. El Mundo de los dioses griegos fue tal como lo describió Homero. Por el cielo de los griegos correteaban dioses de primera y segunda fila múltiples demonios naturales ninfas y héroes que ordenados por jerarquías formaban un todo multicolor. De aquel sinfín de deidades surgió con el tiempo un círculo de 12 figuras para las que los griegos se imaginaron una sede el Olimpo que con su casi 3000 m es la montaña más alta del país. Allí reinaba Zeus el padre de todos los dioses aunque ya en tercera generación y es que del caos primigenio la primera pareja divina que surgió fue la de Gea (tierra) y Urano (cielo). A esta le siguieron los titanes Rea y Cronos (tiempo) y el hijo de Urano quien derrocó a su padre en un acto de rebeldía para evitar que le ocurriera algo parecido. Cronos devoró a todos sus hijos pero se olvidó del menor Zeus que su madre Rea había mantenido oculto y que en el acto derrotó a su padre. Así fue como Zeus y su familia acabaron imponiéndose y pronto formaron el colectivo de los 12 Olímpicos a los que se atribuye una larga lista de dioses menores y semidioses, todos ellos contaban con santuarios y fiestas propias en las ciudades estado (polis griegas) a las cuales se sumaban los múltiples lugares de culto locales y sus respectivos actos.

Los atenienses empezaron a proyectar el mayor templo para su máximo Dios ya en el s. VI a. C. un gigantesco santuario situado al este de la acrópolis que se consagró al Zeus olímpico y recibió el nombre de Olimpia. Sin embargo, como empezó a construirse bajo el mandato del tirano Pisístrato, sus sucesores pronto fue visto como una reliquia de tiempos ingratos y fue saqueado y usado como cantera para construir otros edificios erigidos en la colina del Limpión de 108 m de largo por 48 de ancho. El Partenon cuenta con 16 columnas corintias en su día circundaban al edificio en doble hilera a los lados y en triple fila en los frentes. Se sabe muy poco acerca de la decoración interior solo que el espacio estaba dominado por una majestuosa y colosal estatua dorada de Zeus.

Al noroeste de la acrópolis, en una suave colina, se erige sobre la ciudad el templo consagrado a Atenea y efectos Dios de la forja el edificio se conoce con el nombre de Teseion ya que durante un tiempo se pensó que albergaba la tumba del mítico héroe Teseo aunque es mucho más pequeño que el de Zeus

El Eleusinión junto al templo de la diosa Atenea Nike y Propileos. Del oeste de Atenas partía la Vía Sacra hacia Eleusis población situada en la costa norte del Golfo Sarónico a unos 20 km de la acrópolis. Aquí el culto principal era a Deméter la diosa de la fertilidad y la buena cosecha. Hasta Eleusis llegaban gentes de lugares remotos atraídas por los misterios que allí se representaba sobre el mito de Deméter según el cual está habría ido en busca de su hija Perséfone raptada por Hades Dios del inframundo. En otoño los fieles recorrían la citada vía entre Atenas y Eleusis en procesión bailando y danzando con gritos de júbilo. Aquí es donde tenían lugar los verdaderos misterios se celebraban de noche en el recinto sagrado dentro de una sala iluminada con antorchas a la que solo podían acceder los “myste”, los iniciados. Cualquier griego incluso un esclavo podía acceder al rango de iniciado siempre y cuándo jurará que no revelaría a nadie lo que allí viera. En esencia lo que se hacía era representar la búsqueda de Deméter y el reencuentro con su hija los griegos creían que Eleusis era el acceso al inframundo.

El panteón griego recogía gran número de dioses: Según la mitología clásica, tras el derrocamiento de los Titanes el nuevo panteón de dioses y diosas fue confirmado. Entre los principales dioses griegos estaban los olímpicos, residiendo sobre el Olimpo bajo la égida de Zeus. Destacaban además Zeus, Poseidón, Hades, Apolo, Atenea, Artemisa, Afrodita, Ares, Dioniso, Hestia, Hermes, Hefesto y  Hera. 

Cuando se aludía a estos dioses en la poesía, la oración o los cultos, se hacía mediante una combinación de su nombre y epítetos, que los identificaban por estas distinciones del resto de sus propias manifestaciones. Alternativamente el epíteto puede identificar un aspecto particular o local del dios.

La mayoría de los dioses están relacionados con aspectos humanos y específicos de la vida (se incluyen mayormente el zodiaco occidental). Por ejemplo, Afrodita era la diosa del amor y la belleza, mientras Ares era el dios de la guerra, Hades el de los muertos y Atenea la diosa de la sabiduría y la estrategia. Algunas deidades como Apolo (dios de la música) y Dioniso (dios del vino), revelaban personalidades más complejas y funciones varias, mientras Hestia significa literalmente ‘hogar’.

Sorprende la cantidad de dioses. Llamaban la atención los dioses revestidos de poder Hércules, Zeus etc. Otros cautivaban por el hechizo del amor Venus, Afrodita.

 


9.1.3 La mitología griega

Con los griegos se rompe el orden sagrado del cosmos. Nace un nuevo paradigma, la visión monoteísta de los semitas se ve amenazada con el Zoroastrismo. El Zoroastro introduce una deidad malvada (el druj) que compite con otras deidades. Esta deidad malvada encarnaba el espíritu hostil, la mentira y era el epítome del mal. Aparece la figura del superhombre (Saoshyant) con parte de dios y parte de hombre.

Los griegos no creían en el Dios Yahvé creador y benevolente. Eran politeístas y no tenían un orden divino o dios supremo (no tenían un principio interno crucial y axial que regía la vida) asentado como principio. Los dioses empezaron a luchar por su hegemonía los unos contra los otros. Los griegos, como los otros pueblos, trataron de explicar la realidad a través de los mitos. Los dioses del Olimpo luchan entre ellos y se desarrolla la figura de los superhéroes, titanes y guerreros poderosos (Ulises).

La mitología griega es el conjunto de mitos y leyendas pertenecientes a la cultura de la Antigua Grecia, que tratan de sus dioses y héroes, la naturaleza del mundo, los orígenes y el significado de sus propios cultos y prácticas rituales. Formaban parte de la religión de la Antigua Grecia, que tenía como objeto de culto básicamente a los dioses olímpicos (dioses del Olimpo). Los investigadores modernos recurren a los mitos y los estudian en un intento por arrojar luz sobre las instituciones religiosas y políticas de la antigua Grecia y su civilización, así como para entender mejor la naturaleza de la propia creación de los mitos.

Los mitos griegos intentan explicar los orígenes del mundo y detallan las vidas y aventuras de una amplia variedad de dioses, héroes y otras criaturas mitológicas. Estos relatos fueron originalmente difundidos en una tradición poética oral, si bien actualmente los mitos se conocen principalmente gracias a la literatura griega.

Las fuentes literarias más antiguas conocidas, los poemas épicos de la Ilíada y la Odisea, se centran en los sucesos en torno a la guerra de Troya. Dos poemas del casi contemporáneo de Homero, Hesíodo, la Teogonía y los Trabajos y días, contienen mitos o relatos sobre la génesis del mundo, la sucesión de gobernantes divinos y épocas humanas y el origen de las tragedias humanas y las costumbres sacrificiales.

También se conservaron mitos en los himnos homéricos, en fragmentos de poesía épica del ciclo troyano, en poemas líricos, en las obras de los dramaturgos del siglo v a. C. en escritos de los investigadores y poetas del período helenístico y en textos de la época del Imperio romano de autores como Plutarco y Pausanias.

Hesíodo, un posible contemporáneo de Homero, ofrece en su Teogonía (Origen de los dioses) el relato más completo de los primeros mitos griegos, tratando de la creación del mundo, el origen de los dioses, los Titanes y los Gigantes, incluyendo elaboradas genealogías, relatos populares y mitos etiológicos.

La cosmología órfica intenta llenar el abismo entre un Caos vacío y el mundo visible con un relato distinto, según el cual al principio de todo estaban Caos, la noche (Nix) y Erebos. Nix habría puesto un huevo, del que surgió Eros, que en otros relatos es denominado Fanes, Protogonos (el primer nacido) y conocido además como Metis y Erikapaios o Erikepaios), pero se trata del mismo padre (o madre, dado que en algunas versiones se lo describe como hermafrodita) de una gran cantidad de generaciones de dioses. De hecho, la fuente más antigua que se conserva, la comedia Las aves de Aristófanes, solo habla de Eros (no de Fanes) para referirse al nacido del huevo originario de Nix. Nix (Noche) es también mencionada como primer principio por muchos poetas y filósofos griegos. 

Homero organiza a los dioses a la manera en que se haría con un clan humano, Hesíodo presenta una cosmogonía de entidades primigenias que solo luego se van enlazando genealógicamente. Para encontrar una genealogía completa y propia hay que recurrir a la Teogonía de Hesíodo, que es tanto una cosmogonía como una teogonía, y puede considerarse la tradición mitológica griega más fundamental, punto de partida para los desarrollos posteriores.

El siguiente estadio en el desarrollo del universo comienza cuando Caos y Gea generan nuevos seres sin contacto con pareja masculina. Parémonos a describir un poco la generación de estos dioses según el género de entonces poesía épica (Teogonía) y la mitología griega.

 


9.1.4 La filosofía griega del siglo de oro

La filosofía griega por medio de los grandes pensadores (Platón, Aristóteles) volvieron a repensar y reformular el concepto de la vida, sus valores para favorecer una sociedad más humana y más digna. El platonismo y el aristotelismo fundó las bases del pensamiento del mundo moderno.

El siglo de oro de Grecia dio luz a las formas y a las instituciones que durante siglos se han mantenido a lo largo de los tiempos y constituido la base de nuestra democracia. Etimológicamente viene de demos (pueblo) y Kratos (poder), el poder del pueblo. Se pretendía que la convivencia social estuviera regida por los valores de libertad e igualdad para todos. El ágora, la polis, la política, los políticos aparecen como personajes que ya en el pasado tratan de gobernar y de dirigir el destino de los pueblos.

Sócrates implantó el arte de la dialéctica y fundó la Academia. Un diálogo riguroso para exponer las creencias y obtener la verdad. Entendió que su misión era llevar a sus compañeros atenienses a la verdad y a una mejor comprensión de sí mismos. Él creía en Dios. El conocimiento era inseparable de la virtud. El coraje, la justicia, la piedad y la amistad no son ficciones vacías. La verdadera filosofía es aprender a vivir. El deseo, de liberación, sólo será posible a través de una gran transformación interior. El cultivo del alma era la tarea humana más importante, mucho más crucial que el logro del éxito mundano. El alma está dañada por acciones equivocadas. No debemos tomar represalias o hacer mal por mal a nadie, cualquiera que sea el mal que hayamos sufrido de él. Platón y más tarde Aristóteles reclamarían más tarde la capacidad de razonar bien y de orientar la conducta de los hombres en torno al bien común.

Sabemos que no es oro todo lo que reluce. También aparecieron quienes denunciaron los abusos de poder. Después del siglo de Pericles, los sofistas difundían argumentos falaces que mostraban el absurdo lógico del sentido común. Fue el origen de la duda sistemática del relativismo, el subjetivismo y el escepticismo. Es imposible formular ninguna verdad. Promueven una duda sistemática y la inutilidad del lenguaje. No había autoridad trascendente ni Dios supremo. Afirmaban que el hombre era libre e independiente y que tomaba el control de su propia vida.

Los cínicos eran los que desengañados de la vida terminaban viviendo al margen de la sociedad. Los cínicos fueron famosos por sus excentricidades, de las cuales cuenta muchas Diógenes Laercio, y por la composición de numerosas sátiras o diatribas contra la corrupción de las costumbres y los vicios de la sociedad griega de su tiempo, practicando una actitud muchas veces irreverente, la llamada anaideia. Ciertos aspectos de la moral cínica influyeron en el estoicismo, pero, si bien la actitud de los cínicos es crítica respecto a los males de la sociedad, la de los estoicos es de acción mediante la virtud Reinterpretaron la doctrina socrática considerando que la civilización y su forma de vida eran un mal y que la felicidad venía dada siguiendo una vida simple y acorde con la naturaleza. El hombre llevaba ya en sí mismo los elementos para ser feliz y conquistar su autonomía; era de hecho el verdadero bien.

 


9.2 El mundo romano. La cultura romana

Roma incorporó muy pronto las influencias griegas tan pronto como Grecia y Asia Menor entraron a formar parte del imperio romano tuvo lugar una mayor fusión de las divinidades o mejor dicho una renovada helenización de la religión romana que en cualquier caso ya tenía una base griega.

Resulta imposible enumerar todos los lugares de culto del imperio romano. Los santuarios más importantes fueron edificados según el modelo griego los romanos transformaban todo lo foráneo para adaptarlo a su estilo de vida más sencillo y austero y práctico.

Los romanos veneraban a los máximos dioses de los griegos. Los suyos no tenían la majestuosidad de sus compañeros del Olimpo. Si bien conocían los mitos de las aventuras eróticas de las grandes deidades y sus disputas no las incluían en el culto porque este lo centraban en cuidar el vínculo con lo divino y pedir ayuda para sobrellevar el día a día.

No es de extrañar que se formara también un grupo muy variados desde deidades menores que no procedían del culto griego pero gozaban de cierta autoridad Jano guardaba el umbral de la vivienda y mantenía alejados a los demonios y enemigos ; Términus protegía las fronteras y la propiedad; los Lares cuidaban de los viajeros las familias y los campos; los Penates protegían las provisiones.

A todo esto, se sumaba un cúmulo de todos los antepasados ya que estos eran quienes determinaban el rango social de una familia. Con su actitud para simbolizar el vínculo eterno en los entierros se incluían imágenes de los antepasados con los que iba a reunirse el difunto. Según la creencia romana los dioses manifestaban su voluntad a través de múltiples señales y para interpretarla se requería los conocimientos de un sacerdote.

 


9.2.1 El monte Capitolino

Los romanos heredan el panteón griego y levantan el panteón romano, cambiando la nomenclatura de los dioses. El lugar de culto más importante se hallaba en el Capitolio, monte capitolino, la colina más pequeña y más significativa de las 7 que había en Roma. Ir al templo era el monte que tenía el templo consagrado a Júpiter el santuario del Dios supremo que había engullido varios centros de culto anteriores. Allí se veneraba asimismo a Juno y Minerva por lo que pasó a dominarse la triada capitolina y el espacio interior se debió en 3 las dos celdas exteriores se dedicaron a las diosas y la del medio a Júpiter. El Capitolio albergaba además otros lugares sagrados entre los que se encontraba el templo de Juno, consagrado a esta diosa.

Los romanos tenían costumbre cuando conquistan un pueblo asumían sus dioses, cambiándoles de nombre eso sí y asegurar ese modo su protección.

 


9.2.3 El Panteón romano

El panteón era un templo circular capaz de aparcar la gran variedad de dioses romanos respondía al deseo de contar con un santuario general central que agrupará a todas las deidades al que tuviese acceso la familia del emperador romano fue el emperador Adriano quién lo transformó después de un incendio en un templo circular con cúpula y pronaos cuyas estatuas de dioses de edificados lucían en hornacinas

Entre los principales dioses del panteón romano destacamos doce:

Júpiter, el dios del cielo era el principal dios romano. Tenía correlación con el dios griego Zeus.

Plutón, dios del inframundo, los romanos creían que el inframundo era el lugar al que se iba después de la muerte. Era el hermano de Júpiter y Neptuno

Juno, la reina de los dioses. Tenía correlación con la diosa griega Hera. Era la esposa de Júpiter y por tanto Reina de los cielos, así como el parto y la fertilidad

Minerva, diosa de la sabiduría. Era el equivalente al dios griego Atenea más conocida como la diosa de la guerra. También era la diosa del comercio y la educación. Cuentan los mitos que surgió de la cabeza de Júpiter.

Apolo, dios del sol y de la música. Era hijo de Júpiter. Mantuvo su nombre griego y también se le conoce como Febo. Según la mitología Apolo tenía muchos trabajos y responsabilidades, ya que era el dios del tiro con arco. La música, la danza, la curación, la enfermedad. Así como el sol y la luz

Diana diosa de la caza. En la versión griega correspondería a Artemisa. Era la diosa de los animales salvajes, la caza, la luna, la castidad, el parto. Era la hermana gemela de Apolo.

Ceres, diosa de la agricultura y del amor familiar. Era el equivalente a la diosa griega Deméter. Era la diosa del grano y la agricultura y se le atribuía enseñar a los humanos a cultivar, conservar y preparar el cultivo. Se pensaba que era la responsable de la fertilidad de la tierra y por eso desempeñaba un papel muy activo en la vida cotidiana. También estuvo asociad con la maternidad y el amor maternal debido a su estrecha relación con su hija Proserpina (Perséfone), la esposa de Hades. Los romanos creían que las estaciones se debían a que Deméter se ponía de luto durante la mitad del año cuando Proserpina estaba en el inframundo con su marido durante los mese de invierno y celebraba su regreso haciendo fértil la tierra durante el verano.

Neptuno, dios de los mares. Es el equivalente al dios griego Poseidón. En el arte a menudo se le representa con un tridente y un delfín.

Marte, el dios de la guerra. Era en la versión griega Ares. Estaba como segundo al mando de Júpiter. Según la mitología fue considerado como el padre de Rómulo y Remo, los míticos gemelos creadores de Roma.

Mercurio que sería en versión griega Hermes, el dios de la traducción y de la interpretación. Era considerado uno de los dioses más inteligentes del Olimpo y fue un mensajero para ellos. También gobernó sobre la riqueza, la buena fortuna y el comercio.

Venus la diosa del amor y la belleza. Era la versión griega de Afrodita la diosa del amor y la fertilidad. Según la mitología Venus nació de la espuma del mar. Es por eso que en el arte se la representa surgiendo de las olas.

Saturno, dios del tiempo. Fue el primer rey de los dioses y también era conocido como el dios del tiempo. En el arte se le representa con una guadaña, herramienta que se utilizaba para cortar cultivos. Según la mitología cuando Saturno murió, el mundo se dividió entre sus hijos, Neptuno, Plutón y Júpiter. 

Jupiter, Rey de los dioses; hijo de Saturno, hermano de Neptuno, Plutón y Juno (y también su marido). Se trata del rey de los dioses y protector de Roma: el más poderoso de entre todos los dioses del panteón romano. Era considerado como el equivalente romano del dios griego Zeus. Controlaba el clima y las fuerzas de la naturaleza y era conocido por enviar rayos para advertir a los ciudadanos de Roma.

Los romanos adoraban también a muchos dioses. Esto se debe a que creían que todo, desde los ríos hasta los árboles, las vacas y los cultivos, tenían un espíritu guardián que los vigilaba. A cada dios se le podía asignar uno o más trabajos. Algunos de estos trabajos podrían ser muy importantes, como asegurarse de que saliera el sol todos los días o que los cultivos crecieran en los campos.

La gente de Roma rezaba a sus dioses al menos una vez al día, el dios al que rezaban dependería de lo que quisieran o necesitaran. A medida que Roma se expandió y sus ciudadanos entraron en contacto con otras civilizaciones que adoraban a otros dioses, adoptaron más y más. Si estas personas tenían éxito, el dios al que adoraban debía haber influido en su éxito, por lo que los romanos adoptaban dioses de otras religiones. Sin embargo, cambiaron sus nombres para representar a nombres romanos y también aspectos de su personalidad. A los romanos les gustaban especialmente muchos de los dioses griegos, tanto que adoptaron muchos de ellos en su propia religión, combinándolos con los dioses etruscos más antiguos que los romanos adoraban. Los romanos se tomaban muy en serio el culto a sus dioses y les dedicaban gran parte de su tiempo. Además de la adoración, también se hacían sacrificios a los dioses. Casi todo lo que le sucedía a un ciudadano romano, bueno o malo, estaba relacionado con su culto a los dioses, o en algunos casos, la falta de él.

Los romanos junto con los griegos constituirían los padres fundadores del mundo clásico que ha perdurado hasta ahora. Recogiendo el legado de la civilización griega construyeron las base del derecho romano, y de instituciones de tanto calado como el senado. Los senadores elegidos por el pueblo trataron de hacer frente a los abusos de poder del emperador que se creía omnipotente para decidir el destino del imperio. En pleno apogeo del imperio romano nace Cristo, el ungido de Dios.

Sorprende la aversión del pueblo romano frente al cristianismo que dejo de asumir su Dios se revela quitándolo de en medio. Después de la caída de Jerusalén y el comienzo de las persecuciones cristianas los romanos trataran de borrar todo vestigio cristiano levantando templos paganos en los lugares santos.

 


  1. El cristianismo 

La novedad del cristianismo supone un salto cualitativo. No debemos perder la categoría de misterio. El misterio de la Encarnación nos abre a un Dios que se hace hombre. Dios toma nombre en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

El cristianismo va a dar un giro a la historia (la gran transformación). El cristianismo irrumpe dentro del judaísmo como una secta. Va a cambiar el escenario de la humanidad, desaparece una era antigua y comienza una era nueva. Jesús aparece como el mesías esperado, el ungido, el christos. Jesús aparece no para fundar una nueva religión sino anunciando un nuevo tiempo, el Reino de Dios que Dios prometía a los que seguían su camino. Jesús se propone así mismo como el camino y modelo a seguir por sus seguidores.

El cristianismo aparece no como una nueva religión sino como una novedad de vida para los que seguían su camino. El cristianismo se esparce como fuego imparable y contribuye en ello la conversión de Constantino como el primer emperador cristiano. La Iglesia al quedar unida al Estado, experimenta la lucha de poderes. Esto va a convertirse en una arma de doble filo. Con la expansión se va a producir también una mitigación y degradación. El cristianismo se convierte en la religión del estado y ello va a conducir a una crisis con la caída y el colapso del imperio y necesidad de renovación. La Iglesia se va a ver sometida a grandes transformaciones (entre luces y sombras). Los santos padres tratan de volver a los orígenes y de volver a la radicalidad de la fe.

Lo que inicialmente no nace como religión se convertiría en la religión del estado romano con el emperador Constantino. En lo originario del cristianismo más que vincularse a lugares y templos sagrados era el vínculo personal con una persona, Jesús de Nazaret. El único papel que jugaban los lugares en la vida de los primeros cristianos era el de que 2 o 3 precisaban de un espacio donde poder reunirse y fundar lo que confirmaba la fe en él crucificado la comunidad en su símbolo en los 3 primeros siglos después de Cristo los cristianos salieron más bien poco en busca de escenarios inspiradores fue una iglesia de mártires en la clandestinidad luego poco a poco desplegó su actividad misionera y puso los fundamentos de lo que más tarde evolucionaria hacia una desbordante cultura peregrina y con los más variados ritos de peregrinación.


 

10.1 Jerusalén y Tierra Santa

En el año 326, 2 años después de que Constantino, se convirtiera en soberano de todo el imperio Elena emprendió una ardua misión. En nombre de su hijo Constantino Elena optó por la labor propagandística de la fe cristiana. En el 326 Elena partió hacia Palestina, su deseo era expresar su religiosidad allí siguiendo las huellas de Jesús y mandando construir iglesias por orden de Constantino en los lugares santos más relevantes. Así fue como recuperó el lugar del nacimiento de Jesús en Belén y el lugar de su ejecución y sepultura, su tumba en Jerusalén, y otros sitios santificados por él. Siguiendo las órdenes del emperador mandó eliminar todo lo que pareciera pagano y encargó edificar iglesias cristianas. Surgen así las peregrinaciones a Tierra Santa para que los cristianos pudieran acceder a los lugares Santos qué constituyeron los momentos cruciales de la vida de Jesús. Así fundaron muchas iglesias en el Santo sepulcro en el Monte de los Olivos, en Nazaret, en Belén, en el Tabor, en Cana, etc.

Tras el impulso misionero de San Pablo y sus viajes a tierra de gentiles la fe cristiana fue extendiéndose por poblaciones de la cuenca mediterránea como Tesalónica, Corintio donde florecieron comunidades cristianas. Roma se convirtió pronto en punto neurálgico donde se veneraban las tumbas de Pedro, Pablo y primeros mártires. El cristianismo desde Roma se fue extendiendo por gran parte oriental del imperio romano hasta llegar a Asia Menor, Grecia, los Balcanes, Italia, España, Galia y Britania.

 


10.2 El desarrollo del monaquismo

La Iglesia de los primeros siglos estará profundamente marcada por la experiencia cenobítica (los padres del desierto). Se difundió el cristianismo monacal a través de cenobios en Etiopía, Egipto, Siria a través de comunidades coptas, maronitas, de armenios etc. Los lugares del monte Athos y Meterron, Tebas, Alejandría y el desierto de Nitria se convirtieron en grandes centros de espiritualidad.

Macario, Evagrio, San Antonio (padre de los anacoretas del desierto), San Pacomio, los Padres del desierto, San Basilio, San Gregorio Nacianceno son impulsadores del monaquismo.

El monaquismo surge como un intento de volver a las fuentes de espiritualidad evitando la relajación de la vida cristiana acomodada a la forma pagana del imperio. El monaquismo surge como sucedáneo del martirio y como una incompatibilidad entre el cristianismo y el mundo pagano. Diríamos que es el principio de la vida religiosa como camino de perfección según la enseñanza y modelo de Jesús consejos evangélicos).

En su forma inicial ya era presente en otras religiones, hinduismo, budismo, esenios. En el cristianismo supuso un gran impulso que luego derivaría en la reforma de San Benito (inicio del monacato). En el prólogo de su Regla dice San Benito: “Quien quiera que seas, renuncia a satisfacer tus propios deseos para militar para el Señor, Cristo y toma las potentísimas y espléndidas armas de los consejos evangélicos”

En el S. IX el Islamismo conoció un importante florecimiento de la vida religiosa en la Tebaida, Siria, Arabia y Egipto.

 


  1. El Islam

La doctrina del profeta Mahoma formulada por escrito en el Corán se expandió en Arabia con una dinámica inaudita penetró hasta Palestina y Siria y avanzó por el norte de África hasta la costa atlántica. En solo unas décadas el Islam había conquistado todos los países de la costa sur y oriental del mar Mediterráneo.

Como todas las religiones con un fundador los lugares relevantes en su vida la del profeta Mahoma se convirtieron en los principales destinos de peregrinación de sus fieles sin embargo (a diferencia de Buda o Cristo que no se pronunciaron sobre las peregrinaciones o lo hicieron en contra) Mahoma incluyó un peregrinaje (hach, haij) entre las 5 obligaciones fundamentales de la fe todo creyente debía visitar por lo menos una vez en su vida los lugares Santos de la Meca.

 


11.1 Los 5 pilares (arkan) que sustentan la religión del Islam

El testimonio de fe (shahadi) el deber primordial le siguen la oración (salat) 5 veces al día, la observancia del ayuno (saum) en el mes del Ramadán y la peregrinación a la Meca (hach) y la ayuda a los pobres mediante la caridad (zacat). El profeta indicó expresamente a sus seguidores qué estás prácticas no debían convertirse en obligaciones externas como una especie de rutina sino que las deberían llevar a cabo de todo corazón y con fe profunda.

 


11.2 La peregrinación a la meca, santuario principal

La idea original de reunir a los peregrinos en la cava para la oración pronto se reveló ilusoria debido a los aumento vertiginoso de fieles (solo los musulmanes podían entrar en el santuario). La peregrinación tenía como motivo central la adhesión a la fe y la conversión del corazón. Entregarse completamente, sin reservas, en manos de Alá.

El hach es el mayor acontecimiento espiritual para todos los musulmanes quién es en sus oraciones siempre se dirigen tanto interior como físicamente hacia la Meca meta de su peregrinaje y una especie de ombligo del mundo con el que no han de cortar el cordón vivificado que los une. Las razones de que Mahoma tuviese que peregrinar al lugar de su nacimiento y la revelación se remontan al cambio de era (622), cuando tuvo que ir a la Meca. Esta unidad fue consecuencia de su rechazo radical del politeísmo tradicional y su doctrina de un Dios único y eterno al que exige obediencia y su coordinación incondicional a su voluntad.

 


  1. El sistema religioso occidental en decadencia

El iluminismo del modernismo, el siglo llamado de las luces, lejos de contribuir al verdadero progreso de los pueblos, contribuyó a sembrar más sombras de oscuridad. El hombre quedó como hechizado ante el poder de la ciencia y de la técnica y perdió el rumbo de la historia.

El amor a Dios es esencialmente lo mismo que la fe en Dios, en su existencia, en su justicia, en su amor. El amor a Dios es la experiencia fundamental que tiene ese poder catalizador y unificador.

En las religiones orientales y en el misticismo, el amor a Dios es una intensa experiencia afectiva de unidad, inseparablemente ligada a la expresión de ese amor en cada acto de la vida. La formulación más radical de esa meta pertenece a Meister Eckhart: “Si, por lo tanto, me transformo en Dios y El me hace uno consigo mismo, entonces, por el Dios viviente, no hay distinción alguna entre nosotros... Alguna gente cree que va a ver a Dios, que va a ver a Dios como si él estuviera allí, y ellos aquí, pero eso no ha de ocurrir. Dios y yo somos uno. Al conocer a Dios, lo tomo en mí mismo. Al amar a Dios, lo penetro”.

El iluminismo desencadena un declive de la dimensión religiosa en la sociedad occidental, lo que ha venido a denominarse secularismo, con el reclamo de una autonomía individual sobre la fe y se margina la religión de la esfera pública (separación Iglesia y Estado). Se da un verdadero cambio de paradigma. Se reformula la visión del hombre y su relación con lo divino. Se pasa a una idea de un Dios natural (deismo), un ser superior que no interviene en los asuntos humanos. Se da un giro antropológico donde el ser humano se vuelve el centro de todo. Se produce un eclipsamiento de Dios por la ciencia y tecnología. Podríamos hablar de una crisis de la conciencia religiosa derivada de la perdida de la dimensión espiritual. En ciertos contextos se fomenta una actitud anticlerical defendiendo el agnosticismo o el ateísmo.

 


  1. 1 la crítica de la razón

Después de una cosmovisión teocéntrica de la Edad Media se pasa a una cosmovisión humanista movida por la razón. El humanismo desplaza a Dios del centro y pone al hombre. Se pasa del hombre mítico al hombre científico. El hombre mítico interpretaba el mundo como jerarquía de entes dentro de un orden presidido y coronado por el Ente Supremo y Eterno, Dios. El hombre científico se mueve por un conocimiento cada vez más detallado y más cierto. Todo es objetividad, todo se hace objeto del saber humano. El saber confiere al hombre seguridad. Saber es poder y poder es someterlo todo a los modelos humanos. A través del saber el hombre quiere controlarlo todo.

Tal concepción del saber (el saber considerado como certeza es sinónimo de verdad) lo objetiva todo. A Dios se le hace objeto del saber teológico, al hombre mismo objeto de una múltiple investigación científica, el mundo objeto principal de las diversas ciencias empíricas.

La ciencia y la técnica son una forma de situarse el hombre en el mundo y el mundo en el hombre. Decíamos al principio que la dimensión espiritual era el principio unificador de todas las relaciones con Dios, con los hombres, con el mundo, consigo mismo. La cosmovisión técnico científica se concibe como obra humana, no admite ninguna fuerza numinosa o misteriosa.

Dios aparece como un fenómeno más del mundo o como un objeto más de análisis y de ciencia. Un Dios de esa naturaleza sería un ídolo, no el Dios del misterio. El Dios del misterio está en el mundo pero olvidado, opacado, silenciado.


 

13.2 La gran crisis del iluminismo. Origen del ateísmo moderno

Entran en escena y aparecen los llamados tres jinetes del apocalipsis: Marx, Nietzsche y Freud.

Los tres jinetes del apocalipsis del mundo moderno no hacen referencia a la obra de Cheterston. Originariamente desde un sentido bíblico los jinetes del Apocalipsis eran cuatro y representaban la guerra, el hambre, la peste y la muerte. Representan las tragedias que dan fin a la humanidad.

Los Jinetes del Apocalipsis son los cuatro caballeros que se describen en la primera parte del capítulo sexto del Apocalipsis. El capítulo sexto habla de un pergamino en la mano derecha de Dios que está sellado con siete sellos, en ese escenario Jesús abre los primeros cuatro sellos de los siete, liberando a estos jinetes que montan en cuatro caballos blanco, bermejo, negro y amarillo. Según la exégesis representan y son alegorías de la conquista o la gloria (Zelo), la guerra (Ares), el hambre (Limos) y la muerte (Moros/Tánatos), respectivamente, aunque solo a este último se le designa por este nombre.

Los tres jinetes modernos del Apocalipsis son llamados filósofos de la sospecha. Tratemos de ver lo que les caracteriza. Los tres, Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud, expresan, cada uno a su manera, la crisis de la filosofía de la modernidad; los tres muestran un espíritu crítico hacia la sociedad del momento y cuestionan los valores de su época. Esta actitud y este pensamiento podría reunirlos como parte de un mismo “movimiento”, que nunca fue tal, al que puso nombre el filósofo francés Paul Ricoeur. Ricoeur une a Marx, Nietzsche y Freud bajo un paraguas común: los filósofos de la sospecha o los maestros de la sospecha. Ricoeur encuentra que los tres ponen bajo la lupa las deficiencias de la noción de sujeto y de persona, que había sido la base sobre la que se había elaborado la filosofía moderna.

Marx, Nietzsche y Freud sospechan de los valores que las sociedades europeas han aceptado como válidos provenientes de la Ilustración, el movimiento cultural e intelectual que se desarrolló en el siglo XVIII. Sospechan de la libertad del hombre, que se ve limitada por el Estado, la religión u otros valores. Sospechan que la sociedad occidental está sustentada sobre un error: la creencia ciega en la razón, en el progreso y en la preeminencia de un sujeto libre de la subjetividad. Sospechan y cuestionan el racionalismo que impera en la época e intentan liberar al hombre de la conciencia falsa que le ha sido impuesta.

Marx, Nietzsche y Freud sospechan y critican en un aspecto diferente y con un argumento distinto, guiado cada uno por su pensamiento. Y una vez que detectan el problema, cada uno de ellos propone un camino para solucionarlo. Los tres señalan que, tras la noción clásica de sujeto, se esconden unos elementos que lo condicionan. Esto les permite pensar, sospechar, que el hecho de crear una filosofía sobre esta noción es una falacia. Y es más, que la misma noción de conciencia también es otra falacia. Dicho de una forma, los tres pensadores afirman que el sujeto no se construye a sí mismo, sino que es resultado de condicionantes históricos, sociales, morales y psíquicos.

 


13.2.1 Marx

Para Marx, la conciencia del individuo se falsea por intereses económicos y como solución propone acabar con la ideologización; Nietzsche culpa de esta falsa conciencia al resentimiento de la debilidad y apuesta por la restauración del nuevo hombre; Freud ve la causa en las represiones del inconsciente y establece una terapia para abrirle la puerta y darles rienda suelta. Los tres afirman que la persona no se construye así misma, sino que es el resultado de condicionantes históricos, sociales, morales, psíquicos.

Karl Marx detecta el problema descubriendo que la ideología es en realidad una falsa conciencia enmascarada por el materialismo y los intereses económicos. La sociedad del siglo XIX vive unas circunstancias desastrosas que hay que cambiar con urgencia. Es la falsa conciencia social, política y económica. Los ideales ilustrados han calado hondo en las élites europeas, que los utilizan para establecer políticas liberales en lo económico que reducen la intervención del Estado. La Revolución industrial consolida el capitalismo como sistema de producción, y sus consecuencias son terribles: el hacinamiento en las ciudades de miles de trabajadores con empleos realizados en condiciones infrahumanas, jornadas larguísimas cobrando sueldos míseros. La explotación masiva del ser humano por el ser humano.

Marx advierte del error de pensar que el motor del cambio son las ideas; el motor del cambio es la economía. La ideología y la filosofía corresponden a la clase dominante, que gracias a ellas se mantiene en su posición de privilegio. Hay que cambiar este mundo injusto para crear un mundo nuevo de seres libres e iguales. Hay que conseguir la igualdad social donde no existan las clases ni el Estado.

Para Marx, la organización social del S. XIX había provocado la explotación del ser humano por el ser humano. Dios ha sido el opio del pueblo.

 


13.2.2 Nietzsche

Nietzsche habla de la necesidad de cambiar los falsos valores que han dominado en la sociedad occidental a lo largo de la historia, una moralidad que nace a partir de un resentimiento contra la vida. Nietzsche critica la falsa conciencia moral. La moral está llevando al ser humano a la decadencia. Sus valores son decadentes. La moral cristiana de la época en Occidente convierte a los ciudadanos en esclavos de ellos mismos. El bien y el mal presididos por dios. La alienación religiosa. Es una moral de esclavos basada en el sacrificio y el dolor que los poderosos la utilizan para dominar a los oprimidos. La solución llegará con el hombre del futuro, un Superhombre poderoso, seguro de sí mismo, independiente, individualista y que vivirá en libertad. Nietzsche propone el desarrollo del Superhombre, seguro, independiente y libre.

 


13.2.3 Freud

Freud propone la liberación mediante la liberación del inconsciente. Freud critica la falsa conciencia racional. Establece la relación entre ser humano y razón y dice que la mayor parte de la psique humana es irracional y se basa en pulsiones inconscientes que desconocemos pero que controlan y gobiernan nuestra vida y nuestra conducta. Para el padre del psicoanálisis, las motivaciones humanas son irracionales y están causadas por el inconsciente. El ser humano vive en lucha interior entre las fuerzas del eros y del tanatos, la lucha constante entre sus instintos, los impulsos destructores y el impulso del placer. Freud habla del Principio de placer y el Principio de realidad. El primero busca lo placentero y huye de lo que no lo es, pero la realidad se impone socioculturalmente. Freud se refiere a las pulsiones debidas a la represión del inconsciente, esto es, la parte de la mente de la que no tenemos conciencia, pero que muestra signos de su presencia de diversas formas. Un inconsciente que domina y rige los actos de la conciencia. La solución que propone: una vía de escape para defendernos, la terapia psicoanalítica, que permitirá liberar nuestro inconsciente para que así podamos vivir en paz con los demás.

 


14. La gran decadencia. La muerte de Dios conlleva la muerte del hombre

Además de la crítica a la falsa conciencia que detectó Paul Ricouer, los tres pensadores coinciden en su ateísmo, convencidos de la idea de que Dios es un pretexto creado para engañar a la gente, una herramienta inventada para alejarla de la razón y de la realidad.

Marx dice: “La religión es el opio del pueblo. Es el espíritu de un mundo que carece de espíritu”. La religión pasa a ser un analgésico. Cuando las necesidades espirituales no están cubiertas, la sociedad busca evadirse a otro mundo imaginario en el que se le prometa una vida mejor. Y eso es para Marx la religión.

Según Nietzsche, las religiones influyen sobre los hombres débiles. “Dios ha muerto”. Y su muerte permite desarrollar un hombre nuevo, superior, que crea sus propios valores morales, necesarios, pero sin Dios.

Para Freud, la religión es una neurosis cercana a veces a la locura, una amenaza para la libertad, la verdad y la felicidad; “La religión es una neurosis obsesiva universal de la humanidad”.

En lo que toca a la corriente principal del pensamiento occidental, cabe afirmar lo contrario. Puesto que se esperaba encontrar la verdad fundamental en el pensamiento correcto, se otorga especial importancia al pensar, aunque también se valoraba la acción correcta. En la evolución religiosa tal actitud condujo a la formación de dogmas, a interminables argumentos acerca de los principios dogmáticos, y a la intolerancia frente al “no creyente” o hereje. Más aún, llevó a considerar la «fe en Dios» como la principal finalidad de la actitud religiosa. Naturalmente, eso no significa que no existiese también el concepto de que se debía vivir correctamente. Pero, no obstante, la persona que creía en Dios, aunque no viviera a Dios, sentíase superior a los que vivían a Dios, pero no “creían” en él.

El énfasis puesto en el pensamiento posee asimismo otra consecuencia de importancia histórica. La idea de que se podía encontrar la verdad por medio del pensamiento llevó no sólo al dogma, sino también a la ciencia. En la ciencia el pensamiento correcto es todo lo que cuenta, tanto en el sentido de la honestidad intelectual como en el de su aplicación a la práctica -esto es, a la técnica-.

En resumen, la lógica paradójica llevó a la tolerancia y a un esfuerzo hacia la autotransformación. La consideración aristotélica condujo al dogma y a la ciencia, a la Iglesia al descubrimiento de la energía atómica.

 


  1. El fenómeno de la secularización

La realidad histórica ha desmentido a los teóricos de la secularización en varios de sus más importantes supuestos. El proceso de secularización resultó mucho más complejo, multidimensional y dista de ser lineal, aun cuando no puede negarse su contribución para comprender los procesos de modernización gestados en el seno de la cultura occidental.

El caso de Estados Unidos es paradigmático: el país más moderno y poderoso del siglo XXI según todas las estadísticas e indicadores, sigue siendo una sociedad sumamente religiosa. El caso europeo, que es el que se acerca más al modelo secularizador, se muestra actualmente más como excepción.

Sobre todo en las últimas décadas los medios de comunicación y la academia han dado cuenta de la multiplicidad y vitalidad de nuevos movimientos religiosos; de la presencia de elementos tradicionales de carácter religioso y nacionalista en conflictos contemporáneos; de la proliferación de bienes simbólicos de carácter sagrado para la curación del cuerpo y la salvación de las almas; de la diversidad de agentes o instituciones gestoras de lo sagrado; del papel protagónico de líderes religiosos en la política mundial empezando por el Papa Juan Pablo II en su largo pontificado y el del Ayatolla Jomeini en la revolución islámica en Irán.

Las identidades colectivas organizadas alrededor de ejes primordiales, ya sean religiosos o étnicos, devienen núcleos de articulación grupal y se expresan también en movimientos sociales que persiguen su lugar en el espacio público y no son efectos marginales de procesos políticos y económicos estructurales que desaparecerían con la modernización.

 


  1. Del homo sapiens al homo ciberneticus

El hombre ha tratado de dar respuesta a los enigmas, dar una respuesta científica al origen de nuestra existencia (teorías evolucionistas, el “Bing bang”, etc) nuestra existencia ha dejado de ser el mayor de los misterios.

Sin reduccionismos de remitirse al azar, los seres vivos son demasiados complejos y están demasiado bellamente diseñados para haber surgido gratuitamente (como dice Galileo Galilei la mente creadora que diseño el orden del universo no fue un orden casual o fortuito sino que responde a una mente creadora que impuso un orden maravilloso).

Mas sin embargo el hombre no responde solo a cuestiones meramente físicas o biológicas. El prodigioso ajuste de las constantes cosmológicas que han permitido la génesis de la vida y la conciencia reflexiva del hombre (Homo sapiens) no ha podido deberse a meras mutaciones. En la génesis de las especies hay que hablar de saltos cualitativos en donde cabe hablarse de una transformación radical.

El hombre ha buscado una comprensión a los enigmas más profundos y no siempre la ciencia puede responder a todo. hoy en día se abre un debata ante el uso de la inteligencia artificial y el hombre cibernético. La compleja trama fisio-biológica, psíquico racional y espiritual no es el resultado de la combinación de meros mecanismos neuronales.

La apuesta de la cibernética y la inteligencia artificial constata que el ser humano difiere cualitativamente del hombre cibernético-robot-máquina. El hombre es más que una máquina pensante rígida regida por algoritmos, procedimiento de una secuencia de operaciones aptas para resolver problemas. Un ordenador digital-cerebro-máquina dotado de memoria unidad ejecutiva y control.

La máquina no puede ser un sujeto protagonista de sus acciones con subjetividad y autoreflexión. El hombre cibernético no tiene conciencia, autoconciencia capaz de actuar con responsabilidad frente a sus actuaciones (con capacidad de elección y decisión) regido por una dimensión ética y moral. La excesiva confianza en la ciencia y la técnica puede tener catastróficas consecuencias. las máquinas inteligentes diseñadas por hombres pueden volverse contra el hombre. Pueden tomar el control de todo hasta terminar adueñándose de todo. dictarán e impondrán las leyes por las que el hombre debe regirse. (El hombre en lugar de servirse de la máquina puede llegar a quedar esclavo de la misma máquina).


 

17. Un nuevo despertar

En la sociedad contemporánea la religión ha ido pasando por todas las fases, desde la más antigua y primitiva hasta la más elevada. La palabra “Dios” denota el jefe de tribu tanto como la “Nada absoluta”. En igual forma, cada individuo conserva en sí mismo, en su inconsciente, como lo ha demostrado Freud, todas las etapas desde la del infante desvalido en adelante. La cuestión es hasta qué punto ha crecido. Una cosa es segura: la naturaleza de su amor a Dios corresponde a la naturaleza de su amor al hombre, y, además, la verdadera cualidad de su amor a Dios y al hombre es con frecuencia inconsciente encubierta y racionalizada por una idea más madura de lo que su amor es. El amor al hombre, además, si bien directamente arraigado en sus relaciones con su familia, está determinado en última instancia, por la estructura de la sociedad en que vive. Si la estructura social es de sumisión a la autoridad (autoridad manifiesta o autoridad anónima de la opinión pública y del mercado), su concepto de Dios será infantil y estará muy alejado del concepto maduro, cuyas semillas se encuentran en la historia de la religión monoteísta.

 



17.1 El retorno de lo sagrado

Muchos hablan de un reencantamiento del mundo, del regreso de Dios, del retorno de la religión en las sociedades contemporáneas; otros sostienen que la religiosidad no se ha ido y regresado, sino que reviste modalidades complejas y diversas según los tiempos, los espacios, los estratos sociales; y todavía hay, los menos, quienes aún sostienen la tesis de la secularización como camino inexorable hacia el fin de la religión.

La religiosidad, sus instituciones o nuevas manifestaciones asumen una mayor visibilidad, ocupan espacios públicos y mediáticos; sus manifestaciones se pluralizan y se diversifican cada vez más. El rol del Estado y sus relaciones con las instituciones confesionales tradicionales o con nuevas denominaciones religiosas necesariamente se replantea en un contexto de cambio continuo.

Hoy no solamente se da una multiplicación de nuevos movimientos religiosos, indicadores de raíces emocionales que se creían desaparecidas, sino que las mismas tradiciones religiosas históricas y las instituciones que las regulan parecen movilizar las creencias con fines de afirmación identitaria colectiva. La racionalidad científica pierde terreno frente a la emotividad en la que se creyó ver durante mucho tiempo el fondo primitivo de la religión; la racionalidad política parece a su vez insuficiente para canalizar los temores y las pasiones avivadas por la creciente competencia de grupos sociales y sociedades en el espacio global.

Los acontecimientos mundiales recientes desde el triunfo de la revolución islámica en Irán, el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York, las guerras en Afganistán y en Irak, la larga confrontación entre israelitas y palestinos, los enfrentamientos entre católicos y protestantes en Irlanda del Norte, la guerra en Yugoslavia serían evidencias empíricas incuestionables sobre lo anterior.

No se niega la importancia de otros factores de índole política, económica, social y cultural además del religioso, pero sin la adecuada comprensión de esta dimensión confesional no se entienden los conflictos. Conflictos que muestran las grandes barreras culturales, religiosas, ideológicas y filosóficas que separan a Occidente de otras culturas, así como la resistencia de éstas a la expansión de valores que consideran ajenos.

Ello nos lleva al abordaje de otro punto central: la expansión del Islam, religión de 1300 millones de fieles con una tasa de crecimiento superior a la de los fieles católicos y también con una presencia universal.

Algunos han convertido al Islam en un fantasma amenazador que recorre al mundo y hablan sin fundamentos del choque de civilizaciones. El Islam es tan complejo y plural como puede serlo el catolicismo. Esta religión es víctima al igual que otras de la fuerza creciente de los fundamentalismos que afecta a todas las religiones.

El caso del fundamentalismo islámico es más grave por su relación con el terrorismo, el llamado islamismo radical que se plantea como fin acabar con Occidente como enemigo del mundo árabe y se legitima por su selección arbitraria de elementos religiosos del Corán. El fundamentalismo cristiano norteamericano representa también una amenaza en la potencia número uno, pero menor por la democracia. De Bush a Obama.

El catolicismo y el judaísmo tampoco escapan a estas tendencias. En otro nivel se observa también un resurgimiento de la religión en los países del ex mundo socialista donde los Estados apoyaron proyectos secularizadores radicales. Las migraciones de musulmanes norafricanos o asiáticos han generado conflictos religiosos y étnicos en Italia, Francia, España y los países escandinavos, entre otros.

Discriminaciones y racismo reaparecen con fuerza en sociedades modernas y secularizadas y en conflictos tribales postcoloniales. Los casos de sectas o familias autodestructivas, las responsabilidades de las iglesias frente a las redes del narcotráfico (productores y consumidores), los abusos sexuales y de autoridad de ministros de culto y otros, exigen la elaboración de nuevas propuestas jurídicas y políticas, así como de estrategias y tácticas de abordaje que involucran a las instituciones confesionales.

 


18.2 La recuperación del sentido del misterio. El misterio fascinante

La experiencia del misterio nos aboca al ámbito de lo teofánico, al ámbito de lo sagrado. Ese ámbito nos sobresalta como presencia que se nos revela y nos atrapa (mysterium fascinans) como mysterium tremendum que nos produce desconcierto y estremecimiento. Ese más allá del límite incita al hombre a un ambiguo acceso a lo inaccesible y divino.

La inteligencia del hombre la hace cuestionarse e ir más allá de lo fenoménico. La comprensión fenomenológica nos abre a una cuestión trascendental más allá de una descripción fenoménica. La cuestión de Dios surge implícita de la cuestión del hombre y su búsqueda de sentido. La estructura de su dimensión religiosa la lleva el hombre impresa en su estructura que condiciona toda su existencia humana. El hombre está constitutivamente abierto al transcendente. El hombre no es el que lleva la cuestión del sentido de su vida sino que es llevado por ella. El hombre es interpelado por la cuestión de Dios. No es tanto que el hombre busca a Dios sino que es Dios quien lo busca y viene al encuentro del hombre. La respuesta última a la cuestión del sentido de la vida el hombre no la encuentra dentro de lo intramundano sino que el hombre debe poner la cuestión trascendente. Como dice San Agustín en el libro IV de las Confesiones: “me volví ante el gran enigma de mi mismo y preguntaba a mi alma por qué estaba triste, por qué me perturbaba tanto”. Su situación de desesperanza permanecerá en su vida hasta que no haya encontrado al Dios, quien se convertiría en el fundamento de su esperanza (spes mea)

Necesitamos redescubrir esa dimensión mistérica de asombro ante el misterio. El tema de la presencia de Cristo en los misterios reviste un interés excepcional cuando es interpretado a la luz de la teología de los misterios del benedictino alemán Odo Casel. No es este el momento de emprender una exposición de su pensamiento. Aquí me voy a limitar a ofrecer algunos apuntes de interés para una comprensión elemental de su doctrina.

Odo Casel utiliza con profusión la palabra misterio. En realidad en esa expresión se concentra buena parte de su pensamiento. Incluso hasta el mismo cristianismo es entendido por él como un misterio. En ese sentido lo define como «una acción de Dios, como la realización de un plan eterno en una acción que procede de la eternidad de Dios, se realiza en el tiempo y en el espacio, y tiene su término en el mismo Dios eterno». De ahí se deduce que «uno se hace cristiano cuando se une a la persona de Cristo y participa de su obra redentora; cuando ha vivido con Cristo y como Cristo su obra de liberación; cuando ha muerto y resucitado con Cristo de manera mística, pero real».

La experiencia última del hombre es la experiencia del Misterio. Nadie puede apagar las trascendencia que revela su semblante. Pese a la condición pecadora, en la persona humana palpita un fondo misterioso, un más allá que constituye la permanente día fanía de Dios en el mundo. De ahí deriva la inalienable sacralidad de la persona humana, su venerabilidad y dignidad. De ahí deriva esa misma identidad entre el amor de Dios y el amor al prójimo.

Dios está en incesante comunicación y autodonación histórica a través, fundamentalmente, de cada persona, amando a cada persona estamos amando a Dios. Dios no es algo intrínseco a él ni se revela solamente en situaciones privilegiadas sino que está siempre presente en la trama de toda la existencia. Las dimensiones todas de la vida, positivas o negativas, son para Dios invitaciones a situarse ante él.

 


18.3 Las nuevas teofanías, signos, formas bajo las que Dios se revela

La experiencia de Dios va más allá de visiones, audiciones o arrobos místicos (todo eso queda en la zona de las vivencias subjetivas). Dios no es visible ni audible ni accesible solamente en la experiencia mística (dejaría de ser algo constitutivo a todo hombre y entonces sería el privilegio de unos iniciados).

Las teofanías son la manifestación visible de la presencia de Dios en el mundo. Son experiencias sensibles pero sobrenaturales de lo sagrado, de lo divino, en el Antiguo testamento Dios aparece en forma de fuego, nube, truenos o aparaciones de personajes con forma humana.

Dios se manifiestó a Abraham en la encina de Mambre bajo la forma de tres visitantes (Gn 18). Moisés percibe la Presencia de Dios en el monte santo bajo la zarza ardiente (Ex 3). Dios desciende en el Horeb en medio de truenos y relámpagos.

La Encarnación es la teofanía final y culminante de Jesucristo donde Dios se manifiesta plenamente en carne humana, durante la vida de Jesús asistimos a diversas teofanías, el bautismo, Caná, la Transfiguración en el monte Tabor. La muerte de Jesús en el monte calvario esta narrada en Mateo como un verdadera teofanía que termina con la confesión del centurión. Verdaderamente este es el Hijo de Dios.

Los signos son acciones donde Cristo manifiesta su poder divino. Juan describe los milagros como signo (narra siete signos en su evangelio). Los signos son descritos para que creáis y creyendo alcancéis la vida eterna. Muchos signos o señales milagrosas hizo Jesús. Estos fueron escritos para que creáis en el Hijo de Dios y por esta fe tengáis la vida que sol él puede comunicar (Jn 20.31)

Hoy podemos hablar de nuevas teofanías que hagan recuperar el sentido religioso y sagrado de la existencia humana.

 


18. 4 La montaña es saber conjugar la inmanencia con la identificación

La montaña más que un lugar físico es sabor de transparencia e identidad. La  experiencia de Dios bajo el impacto del encuentro. La palabra misma se transfigura y adquiere densidad acerca de Dios. Dios nos habla personalmente a través de sus palabras. Nos revela su identidad y la nuestra (lo que somos para él). Llenamos así nuestra vida de un sentido radical. En la experiencia de Dios nos damos cuenta de la insuficiencia de todas las imágenes. Dios está más allá de todo nombre y de todo concepto. Aunque nuestro acceso a Dios solo es posible a través de imágenes o representaciones, estas son andamios y no la construcción.

¿Quién es Tao? Preguntó un discípulo al maestro Zen. Este respondió: es la mente ordinaria de cada uno, y ¿qué es la mente ordinaria de cada uno? Volvió a replicar el discípulo, a lo que el maestro respondió: cuando estamos fatigados, dormimos, cuando tenemos sed bebemos, hambre comemos. Para quien percibe la presencia de Dios, dios está en todas las cosas, todo es manifestación del don de Dios. esta simplicidad conduce o lo reconduce todo a su unidad en Dios. quien experimenta el misterio de Dios no pregunta ya, vive simplemente la trasparencia de todas las cosas y celebra el adviento de Dios en cada situación.

 


18.5 El misterio de Dios en su intimidad 

Este es el primer sentido de la palabra misterio. Hace referencia al misterio insondable de Dios, del Santo, del Inaccesible, a quien ningún hombre puede acercarse sin morir. Este Dios insondable ha proyectado desde la eternidad un plan salvador para el hombre; pero este proyecto sigue siendo un misterio no abierto al mundo profano, sino que está oculto a su mirada y sólo se descubre a la luz de la fe de sus fieles y elegidos.

 

18.5 Cristo, epifanía de Dios y misterio personal. 

El plan salvador de Dios sobre el hombre se revela y se realiza en Cristo. En él y a través de él la acción salvadora de Dios, proyectada desde los siglos, irrumpe en la historia, se encarna en el tiempo y en el espacio; se hace visible y accesible para todos los hombres. En este sentido decimos, siguiendo el pensamiento de Pablo, tal como aparece sobre todo en las cartas pastorales, que Cristo se constituye en el misterio personal; en la revelación (epifanía) y presencia del proyecto salvador de Dios.

En Cristo la religión no es un buscar a Dios a tientas (Act 17, 27) sino una respuesta de fe al Dios que se revela, respuesta en la que el hombre habla a Dios como a su Creador y Padre. es la respuesta hecha posible por aquel hombre único en que Dios habla a cada hombre y cada hombre es capacitado para responder a Dios,

Jesucristo es el nuevo comienzo de todo. todo en El converge, es acogido y restituido al Creador de quien procede. Cristo es el cumplimiento del anhelo de todas las religiones del mundo y, por ello mismo, es su culminación. Todo retorna a Dios su principio. Jesucristo es la recapitulación de todo. (Juan Pablo II, Tertio Milenio Adveniente, 6)

 


18.6 Los misterios de Cristo. 

En realidad hay que hablar del misterio de Cristo, uno e indivisible, en el que se condensa la totalidad de su vida. Es el misterio pascual por el que Cristo entrega la totalidad de su vida en la cruz y la recupera glorioso en la resurrección. Pero ese misterio único se fracciona en el conjunto de sucesivos actos salvadores que, comenzando en su nacimiento y en los eventos de su infancia, pasan por la aventura de su vida pública, pasión, muerte y sepultura, para culminar finalmente en la gloria de la resurrección, ascensión a los cielos y coronación a la derecha del Padre. En este caso hablamos de los misterios de Cristo.

Cristo es luz que ilumina las tinieblas y debeos de permanecer firmes aún en medio de la oscuridad. La oración de Jesús en Getsemaní y en el Calvario se convierte en paradigma de permanecer abiertos a Dios en un mundo donde no habla Dios. como es posible que Jesús clame al Padre Dios mío porqué me has abandonado.

El hombre grita a Dios con poderoso clamor y lágrimas y da testimonio de participar en su filiación po obra del Espíritu Santo. El Espíritu Santo hace que el hombre participe de la vida íntima de Dios. en esto consiste la verdadera religión en permanecer en la intimidad con Dios que se inicia con la Encanación del Hijo de Dios. El Espíritu Santo, que sondea las profundidades de Dios nos introduce a nosotros en estas profundidades en virtud del sacrificio de Cristo. (Juan Pablo II, Tertio Milenio Adveniente, 8)

 


18.7 El misterio del culto divino. 

Cuando hablamos del misterio del culto, en el lenguaje caseliano, nos referimos a la presencia continuada y permanente del misterio salvador, desvelado y realizado en Cristo, primero, y después en la Iglesia y en las celebraciones cultuales de la Iglesia.

El misterio del culto no es otra cosa que el mismo Cristo, encarnado e histórico, que prosigue su acción liberadora en el tiempo y en el espacio; y así, en virtud del ritual, aquello que tuvo lugar en la historia se hace realidad en el presente para la humanidad entera de todos los tiempos. En este sentido, el misterio del culto es el mismo misterio de Cristo continuado en el tiempo, pero bajo otra modalidad. La esencia es la misma; lo que difiere es el modo de estar presente. A los teólogos de Maria-Laach les gusta citar aquellas significativas palabras de san Ambrosio de Milán: «Te hallo y te siento vivo en tus misterios».

El hombre religioso ha querido expresar su creencia a través de ritos, gestos, cosas para conferir un carácter sacral a las mismas cosas (en si no sagradas) convirtiendo esas mismas cosas en expresión y símbolo de la actitud interior sacral y religiosa del hombre. Hasta ahora la religión se expresó preferentemente por medio de signos sacrales. Hoy debemos abrirnos a expresar nuestra religiosidad a través también de signos de la secularización. Hoy nos sentimos interpelados a revestirnos de formas seculares tratando de servir también a través de las mismas a Dios y al prójimo.

 


19. La religiosidad en nuestro mundo postmoderno

La mentalidad contemporánea ha perdido la capacidad de asombro ante el misterio de la existencia de la vida humana. La mentalidad cientifista en la que vivimos excluye la opción teísta o religiosa. La confesión de ateo se cubre con un discreto agnosticismo sólidamente instalado en una confortable finitud de lo efímero. Somos finitos luego solo podemos conocer lo finito, luego solo existe lo finito. Sólo existe la la verdad científica constatable delo demostrable empíricamente. El conocimiento científico y el positivismo cientifista rehusa el diálogo sobre la religión. El discurso teológico religioso tacha de irracional la idea de Dios. la crítica frente a la religión la sitúa como irrelevante. Las repercusiones sociales de la religión han sido nefastas. “Desde que se institucionalizó la religión se ha preocupado más del poder y la política que del bien y del mal”. Los contenidos doctrinales de la religión resultan incompatibles con las teorías del conocimiento científico. Ciencia y religión han quedado intrínsecamente incompatibles y antagónicas. Las creencias religiosas, al basarse en una revelación infalible e inmutable son mayoritariamente irracionales. Los cultos religiosos son cultos de la sin razón, lesivos para la racionalidad crítica.

El desarrollo científico y tecnológico de las últimas tres décadas ha dado lugar a un gran salto cuantitativo y cualitativo que ha revolucionado campos como la genética y la informática, dando nuevas dimensiones al espacio, al tiempo y a la vida misma. La globalización entendida no sólo en términos económicos, sino políticos, sociales y culturales, contextualiza el momento histórico.

La velocidad del cambio y su potencialidad para enfrentarnos a nuevos retos derivados del calentamiento de la tierra o de epidemias de nuevos virus es inédita. Vivimos a nivel mundial en una sociedad donde el riesgo y la incertidumbre asumen infinidad de rostros. El legado del siglo XX, si por una parte puede presumir logros significativos para un mundo que ha triplicado su población, por otro lado no puede ocultarlos con saldos negativos.

Entre ellos las promesas incumplidas de la modernidad y su utopía de progreso indefinido, tanto en el modelo capitalista como en el del socialismo real o comunista que fracasa como alternativa. Las guerras y las revoluciones a lo largo del mundo durante ese siglo han dejado una sensación que combina escepticismo y pesimismo.

La crisis de los paradigmas, el descrédito de los metarrelatos y la insuficiencia de las categorías explicativas conocidas, han sido algunos de sus resultados, lo que ha tenido consecuencias en cuanto al fenómeno religioso. La religión ,en sus múltiples definiciones, es una parte integral de la historia y de la cultura de las sociedades humanas.

De acuerdo con Otto Maduro, la religión es “una realidad que lejos de estar fuera de las luchas sociales, los procesos políticos y las transformaciones culturales, se halla, por el contrario, profundamente inmersa en esa dinámica de la sociedad y atravesada por ella de parte a parte”. Durante muchos años el proceso de modernización puso énfasis en la racionalidad como eje central y definitorio del conocimiento y la acción de los individuos en su camino a la libertad, el progreso y la felicidad. En consecuencia, desde esa perspectiva la religión habría de recorrer el inexorable camino de la secularización que la llevaría a su marginación, debilitamiento y extinción.

Pero incluso en la secularización estamos llamados a percibir la acción de Dios. Dios esta incluso bajo la sospecha o la negación. En el mundo secular donde lo único sacro creacional que existe es el hombre lejos de ser atacado debe ser reconocido como persona, con la dignidad fundamental que habla de ser hecho a imagen de Dios. si en lugar de ser objeto manipulable pasa a ser respetado y venerado afirmamos su ser creatural a imagen y semejanza de Dios. estamos llamados a descubrir aún en los signos de la secularización los vestigios de Dios.


 

20. El Dios inversus. Las presencias y las ausencias

A Dios lo han invocado todas las religiones como el Inefable, el que se revela y se esconde a la vez. Dios está en la aparente contradicción la Palabra con la que se expresa la No Palabra. No sin razón decía el sabio “Nombrar al Tao es nombrar la no cosa…Tao es un nombre que significa: sin definir. El Tao está más allá de las palabras, ni se agota con el silencio. Donde no existen las palabras, ni el silencio, allí es aprendido el Tao”.

No es a priori como se llega a saber quien es el Dios verdadero sino asumiendo los desafíos de descubrir las propias ausencias, donde Dios se esconde. El Padre De Lubac decía: “si falto al amor o a la justicia me alejo infaliblemente de Vos. Para creer en Vos, debo creer en el amor y la justicia”. El Dios que así se revela es el Deus inversus. Surge por contraste. Cuanto mayores sean las tinieblas, mayor será el resplandor de la Luz. Esta luz nos interpela, no nos autoriza a permanecer inactivos frente a las injusticias que claman al cielo.

El sistema capitalista presenta a Dios como el Ser Supremo que establece las clases naturales entre los que siempre se darán ricos y pobres. Proclama un Dios que prescribe guardar el orden establecido. La situación se torna aún más trágica para la fe cuando se pretende justificar el sistema de opresión e injusticia, toda una carga de dominación inhumana. En la noción de Dios se proyecta una falsa imagen creada por una ideología de dominación.

Experimentamos la ausencia de Dios entre quienes teniendo a Dios en los labios y venerándolo en los templos, desatienden a encontrarlo en los hermanos más vulnerables. Se nombra a Dios y se le venera oficial y públicamente. La fe en Dios está aún demasiado aferrada al modelo de religiosidad pagana. En el paganismo los dioses quieren ser servidos por los hombres. Dios quiere ser servido en los demás.

Todavía contraponemos la dimensión vertical y horizontal. Dios quiere ser reconocido en su día fanía histórica. Solo quien se entrega en cuerpo y alma al servicio del prójimo comienza a percibir la dimensión que trasciende al prójimo y a uno mismo. Ahí se verifica la verdadera trascendencia y el más ortodoxo verticalismo, ahí se revela el gran misterio llamado Dios.

Pero ni siquiera el mundo es la última instancia ya que este viene siempre remitido y sostenido por Alguien que se alumbra dentro de él, pero que no es él. Dios es el sentido que penetra toda la existencia, por ordinaria y vulgar que parezca. De ahí que se pueda experimentar a Dios siempre y en toda situación cuando se desciende hasta la raíz de la vida, donde se nos muestra su apertura y capacidad de acogida del Trascendente.

Dios está aún en medio de la aparente contradicción de lo sacro y lo profano. Tanto lo sacro o divino como lo profano o secular caen bajo la acción de Dios constituyendo formas distintas y no antagónicas sino complementarias. La fe y la religión pueden y deben realizarse en el ámbito sacral como en el ámbito de lo secular y profano. En ambas esferas puede el hombre llegar a contactar con Dios. la secularización no se opone a la religión o a la fe. Se trata de una forma diferente de vivir la fe y la relación con Dios.

La experiencia de su bondad aún en medio de la fragilidad y vulnerabilidad de la experiencia humana es también objeto de la revelación de Dios. esa bondad fundamental se presenta pues como experiencia de su sentido radical. pese a todas las negatividades humanas, frustraciones, inseguridades, infidelidades, el sentido triunfa sobre el absurdo, la convicción del orden fundamental del mundo sobre la desilusión, la luz sobre las sombras. ¿No experimentamos de continuo nuestras propias limitaciones? En el fondo de nuestras acciones palpita siempre un ansia insuperable. Una radical soledad nos hiere el corazón. Cuando sentimos y sufrimos la limitación nos hallamos en el horizonte abierto al infinito. La experiencia de nuestra limitación, de nuestra fragilidad nos convoca hacia la experiencia de lo ilimitado, de la apertura total del absoluto.

Es la experiencia que San Juan de la Cruz recoge de su noche oscura relatada en su obra subida al Monte Carmelo: para acceder a la luz el hombre debe estar dispuesto a caminar por la angosta senda que conduce a la vida, ir por donde no sabe, ni entiende, guiado por la fe. Es precisamente en este espacio donde se torna significativo el lenguaje de lo divino y del misterio.

 




Conclusión

Sófocles en la tragedia Antígona dice que el hombre con su ingenio no sabe encontrar el modo de salir de las situaciones difíciles y experimenta turbación, angustia desesperación. Ante el misterio de la muerte el hombre se siente desconcertado totalmente impotente y carente de recursos. Unamuno en su Antología poética expresa esta tragedia y dramatismo existencial. “En mi angustia suprema grito con Michelet mi yo que me arrebata mi yo. Grito en la esperanza en Dios, emerge el ardiente deseo que haya un Dios que garantice la eternidad de la conciencia suprema, lo que nos lleve a creer en él. Llevamos a Dios dentro como objeto de lo que esperamos. Esa esperanza supone cierto conocimiento racional, pero no basta. Sin la esperanza de una supervivencia imperecedera nuestra vida en el mundo carece de sentido, se hunde en la nada. La esperanza es el anhelo insuprimible de eternidad, un querer vivir para siempre que solamente Dios puede garantizar. Dios es la sustancia de lo que esperamos. Llevamos a Dios como fundamento de una esperanza que no puede morir”.

El eclipse de Dios lleva al hombre a la crisis de sentido. El hombre al cuestionarse sobre el misterio de la vida y la muerte se sitúa de frente al misterio más absoluto. El hombre está frente así mismo como cuestión que le lleva a esa inquietud radical que conlleva a cuestionar el sentido de su existencia.

La experiencia de no haber venido por mí mismo al mundo sino de haber sido traído y arrojado a la existencia como ser desvalido y necesitado de Otro, constata la percepción de que mi existencia tiene su origen y su fin fuera de mí. Mi existencia no está sostenida y fundada en mi mismo, esa percepción nos remite a un fundamento que está mas allá de mi propia existencia.

El enigma de la muerte hace de nuestra vida enigma que nos interpela ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy? Y después qué ¿para qué vivir?

El por qué y el para qué últimos de la vida constituyen al hombre como radicalmente cuestionado. El hombre no puede contentarse con vivir por vivir, un mero sobrevivir sin un por qué y para qué.

El eclipse de Dios, la ausencia de Dios en un mundo moderno vaciado de espíritu conlleva el eclipse del hombre y la humanidad. Un hombre truncado desesperanzado. El marxismo heredero de Hegel, adolece de ser expresión de la incoherente construcción inmanentista. Si no hay leyes objetivas y eternamente válidas, si la teoría desarma el hábitat de la persona y todo no ha sido más que retórica, la persona no es literalmente nada. La persona es lo que la colectividad le deja ser o, mejor aún, quiere que sea. 

Las grandes exigencias que impone nuestro mundo desenfrenado nos orienta hacia una elite superdotada, un modelo de superhombres al que solo unos pocos acceden, donde se marcan estándares que crean cada vez una raza exigua desigual regida por unas elites de poder donde se unos pocos se reparten lo que les pertenece a todos, donde las diferencias entre pobres y ricos se agranda y donde tantas personas frustradas, marginadas, se sienten relegadas y excluidas; los descartados. 

Pesa el agobio del desencanto, las promesas incumplidas, los sueños rotos. Pesa también la falta de un horizonte claro. Crece la angustia al sentir que es cada vez más difícil salir para adelante con la falta de recursos y de trabajo, con tantos jóvenes en paro, tantos viven encerrados y enclaustrados en la prisión del vacío y sin sentido donde todo es oscuridad y la luz del sol parece no pode entrar. Hemos levantado barreras y muros que nos aíslan y dividen los unos de los otros. La incertidumbre el miedo y la angustia hacen mella en las personas más vulnerables (tantos quedan mentalmente afectados presos de la depresión o atentando contra el suicidio de sus propias vidas).

Se hace de noche, a oscuridad y la tiniebla parece cubrir la tierra, se entra en el caos y la increencia. Las bases e instituciones que parecían perdurar desde el pasado pierden vigencia y credibilidad las instituciones. La gente desengañada de la política y de los políticos. La democracia liberal esta también en crisis. Se propone una política del bienestar y del bien vivir en lugar del bien común y crece la desigualdad, crecen las diferencias. entramos en repliegues y cierres que nos aíslan los unos de los otros. Se levantan cada vez más muros que nos dividen. entramos en una espiral de odio, violencia y guerra que parece expandirse por toda la tierra. El caos amenaza de norte a sur y de este a oeste. entramos en una crisis humanitaria donde se violan los derechos inalienables de la persona y donde sentimos la falta de solidaridad y fraternidad. 

La trágica y absurda parodia en la que vivimos parece llevarnos a un callejón sin salida. La raíz de esta crisis no es otra que una crisis profunda de fe. El hombre sin Dios se pierde y cae en la desesperación y el sin sentido.

Nuestro mundo está necesitado de salvación y Dios sigue contando con el hombre para que esta liberación se lleve a cabo. Como dijera Irineo y san Agustín quién te creó sin ti no te salvará sin ti. El mundo y la cultura occidental se levantó bajo los cimientos de una cosmovisión cristiana que se impuso sobre la mentalidad pagana de la mitología griega. Se ha perdido esta cosmovisión cristiana y se ha vuelto a una cosmovisión pagana. La crisis profunda que vivimos tiene como raíces la pérdida de la fe. Esta es la raíz de todos los desequilibrios que experimenta el hombre.

Nos creíamos titanes con el poder de los dioses y nos vimos incapaces de sostener nuestras propias vidas. Nos creímos capaces de transformar el mundo con la ciencia y con la técnica, con nuestras propias armas y fuerzas y nos vemos víctimas del mal uso del poder y progreso que hemos creado. Sigue la escalada de violencia y no somos capaces de superar los grandes errores del pasado. Las guerras mundiales, los holocaustos de Auschwitz o Treblinka, las masacres de Ruanda, las luchas fratricidas de Bosnia y Croata, la guerra de Ucrania, la espiral de violencia y los ataque terroristas de Oriente próximo nos hablan del gran desequilibrio mundial, son las oscuras epifanías de la pérdida de la fe y del sentido, que trae consigo la perdida de sagrada inviolabilidad del ser humano.

La celebración de la Resurrección en este tiempo de Pascua nos conduce a poner nuestra mirada en Cristo Resucitado. Cristo irrumpe con palabras de aliento, no tengáis miedo, la paz este con vosotros (En palabras de nuestro papa León “una paz desarmada y desarmante”). Dios no está muerto, camina a nuestro lado en los entresijos de la historia. No nos cansemos de trabajar por la paz y la unidad (es compromiso común para todas las religiones). Nacer nuevamente de lo alto es signo de la presencia y actuación de Dios en nuestro mundo.