jueves, 11 de junio de 2026

LA PLAZA MAYOR DE SALAMANCA

 

LA PLAZA MAYOR DE SALAMANCA

 


Introducción

Salamanca, "la Reina del Tormes", esta de gala. Se celebra las fiestas patronales de la ciudad bajo el patronazgo de San Juan de la Cruz. Este artículo lo dedicamos a su Plaza Mayor el "nuevo ágora" de los salmantinos, que muy bien podría denominarse Plaza de la Concordia por lo que tanto se invirtió el santo patrono. La Plaza representa el corazón de la ciudad bajo el latido de armonizar tantos aspectos, históricos, espirituales, culturales, políticos, lúdicos y festivos donde encuentran representación todas las capas y estamentos sociales, gremios, cofradías. Supuso un largo proceso de un organismo vivo que mantiene su vitalidad hasta el día de hoy.

La plaza Mayor de Salamanca puede considerarse una de las más bellas de todas las plazas españolas y una verdadera joya del barroco castellano. Por sus grandes dimensiones, belleza y armonía fue considerada la más grande de España. Tiene como precedente a las plazas de Madrid y Valladolid. El arquitecto Fernando Chueca Goitia, (catedrático de Historia del arte en la ETSAM), la considera la más hermosa , la más bella y florida culminación de las plazas españolas por su armonía y equilibrio.

Junto a las catedrales y la universidad la Plaza Mayor se convierte en el "corazón de la ciudad" donde se vertebra el foco cultural y social de la urbe. Cual punto de encuentro conforma y converge el tejido urbano de la ciudad toda ella monumental. Todo parece girar en torno a la Plaza como los que dan vuelta a la noria. El poeta López Alonso describe el paseo giratorio de los mozos y las mozas: “dos largas filas en direcciones contrarias de un lado los estudiantes, del otro las damas para facilitar el encuentro”.

Fue un largo y laborioso trabajo por expropiar y reordenar los espacios colindantes. Hubo que expropiar y arreglar un tejido fragmentado de casas y placitas, el corrillo de la Yerba, la plaza del Peso, del Ángel y del Mercado.

Tuvo su antecedente en el azogue o zoco viejo a las afueras de la puerta del Sol en la primitiva muralla (cerca nueva). La que se dominaba plaza o corral de San Martín (plaza del Corrillo). Según fue creciendo la ciudad con la repoblación del S. XII paso a constituirse en el nuevo centro neurálgico de la vida social y cultural de la ciudad. Con el tiempo, pasó a convertirse en el centro comercial y cívico de la de la ciudad.

Los trabajos previos se debieron al corregidor don Rodrigo Caballero y Llanes. Fue construida entre los años 1729 y 1756, en estilo barroco. El diseño es del arquitecto Alberto Churriguera, quien también realizó los pabellones Real y de San Martín. Fue terminada por el arquitecto Andrés García Quiñones. Tras los trabajos de Churriguera y Quiñones, la construcción fue continuada por otros, llevando a cabo pocas modificaciones respecto al proyecto inicial. A comienzos del siglo XIX sufrió diversas remodelaciones urbanísticas, hasta que poco a poco, a mediados del siglo XX, fue desprovista de sus jardines, quiosco de música central y urinarios públicos para quedar diáfana.

La plaza se concibe "un gran salón de fiesta" abierto al público para la celebración de grandes festejos (lidiar toros, jugar cañas, actos de graduación de los doctorados de la Universidad). La plaza ha sido y sigue siendo protagonista de grandes acontecimientos de toda índole, lúdicos, sociales, culturales. En la misma plaza acuden varios reyes, el primero el Rey Felipe V para su inauguración, el último el rey Alfonso XIII antes del golpe de la República en 1922 dentro del Centenario de la Canonización de Santa Teresa. Los discursos desde el balcón del Ayuntamiento de la plaza de Miguel de Unamuno conmovieron la ciudad. En la plaza hubo acontecimientos religiosos, políticos,  militares (el alzamiento nacional con las tropas de Franco y al final de la guerra). En ella trascurre durante el año las fiestas patronales (fuegos artificiales), la celebración del fin de año en Navidad, las procesiones de Semana Santa, la Feria del libro, etc. La gama de eventos supone un gran elenco desde corridas de toros a partidas de ajedrez viviente, grandes conciertos y recitales. Desde el balcón del Ayuntamiento hablaron personalidades como reyes, literatos, Unamuno, Franco, etc. La misma fachada del Ayuntamiento se pensó para homenajear a santos políticos, intelectuales y artífices de la riqueza artística y cultural de la ciudad.

 




  1. Historia de la Plaza

La constitución de la ciudad se fue estructurando según diferentes centros. El primer centro era el religioso, en el denominado "seto de las Catedrales", estas representaban el lugar central. En el renacimiento el centro de la ciudad pasó a configurarse en torno a la "Universidad", Salamanca en el siglo de oro (S. XVI) se convirtió en "escuela y cuna del saber". En el Barroco se produjo un cambio de configuración. La Plaza Mayor pasaría a convertirse en el nuevo corazón de la ciudad. 

La historia de la plaza Mayor de Salamanca está inmersa en múltiples sucesos. En su larga historia de dos siglos y medio, la plaza ha sido testigo de los acontecimientos culturales, políticos, civiles, festivos y religiosos más importantes de la ciudad. Esta superficie urbana ubicada en el centro histórico de la ciudad sufre varias transformaciones. La construcción de la plaza tal como está actualmente se demoró a lo largo de un periodo cercano al cuarto de siglo, desde el año 1729 al 1756, ocupando una parte de la muy espaciosa plaza medieval llamada Plaza de San Martín, en la que había mercado diario. 

La idea de su construcción proviene del empeño del corregidor andaluz Rodrigo Caballero que a la edad de sesenta años logra convencer al Ayuntamiento de la necesidad de una plaza más armónica y acorde con las corrientes urbanísticas de la época. La construcción llevó varias décadas, durante este periodo el Ayuntamiento tuvo que pleitear con los propietarios de las casas de los pabellones.





 

1.1 Antecedentes

La repoblación de la ciudad en los albores de la Edad Media se lleva a cabo con numerosos pobladores traídos de diferentes partes. La organización dentro del recinto antiguo se lleva a cabo según las diferentes etnias, naturas, lugares de procedencia. Cada uno de los grupos de los nuevos pobladores se instaló en una zona diferente de la ciudad. Dentro de la Antigua Muralla que fue reconstruida en la parte oriental se situaron los Francos que compartían el espacio con la sede episcopal y el centro comercial denominado Azogue Viejo. En la parte occidental se asentaron los Serranos unidos al poder político y militar representado por la residencia del representante real y el posterior alcázar al que se adosó la judería. Los restantes grupos Toreses, Castellanos, Bregancianos, Portogaleses, Gallegos se situaron extramuros en una superficie que posteriormente quedara encerrad por la Cerca Nueva. Los mozárabes quedaron fuera del recinto amurallado junto al río, entre la Peña Celestina y el monasterio de la Vega.

La organización interior de la ciudad se articuló a través de las parroquias que congregaban los distintos barrios de los linajes de los repobladores. Los Francos y serranos procedían de las serranías de Urbión, la Demanda y Covaleda, entre las actuales provincias de Burgos, Soria y la Rioja. Los castellanos, portugueses, mozárabes  de las poblaciones hispano romanas o hispano godas que huyeron del dominio musulmán. Los toresanos, judíos y gallegos fundaron sus respectivas Iglesias y parroquias. De todos los grupos repobladores el más importante era el de los serranos, también llamados los guerreros-pastores, dedicados exclusivamente al cuidado de sus ganados y a la guerra.

La primitiva plaza nació de forma natural en una campa en la que se comerciaba, junto a la antigua Puerta del Sol de la muralla salmantina y, por encontrarse allí la iglesia de San Martín, fue conocida desde el siglo XV como plaza de San Martín. Esta plaza era mucho más grande que la actual plaza Mayor, (casi cuatro veces más), se extendía no solamente por la actual plaza, sino un entramado irregular y ecléctico que comprendía la plaza de los Caborneros (hoy la plaza del Mercado), la de San Martín (hoy la plaza del Corrillo) y la del Poeta Iglesias, en la cual se realizaban simultáneamente todas las funciones de una plaza.

Era punto de convergencia de las rutas de Zamora y Toro. Los viajeros y mercaderes que entraban en la plaza medieval se encontraban con una multitud de espectáculos y costumbres locales. Además de las funciones propios del mercado, las celebraciones universitarias y religiosas, los jolgorios y motines estudiantiles y las festividades y tratos agrarios, por allí serpenteaban las procesiones estudiantiles (doctores y rectores), procesiones eclesiales como la del Corpus Christi, el carnaval de cabezudos, gigantes y gigantillas, los juegos de cañas, la lidia de toros. La nueva configuración de la ciudad renacentista y barroca pedía un nuevo tipo de plaza más acorde con las exigencias de la nueva época.

 


1.2 En torno de la puerta de la Ciudad Vieja (cerca vieja)

Hubo antecedentes urbanísticos que explican el emplazamiento de la actual Plaza Mayor. No se dispone de mucha información acerca del núcleo primitivo de la ciudad de Salamanca, aunque si se sabe que esta área que se encontraba en la loma central que se ubica entre el arroyo de la Palma (actual vaguada de la Palma) y el arroyo de San Pablo.

Hubo intentos fallidos de repoblar la zona por parte de Ramiro II de León. La muralla primitiva, que surge para defensa de la población contra las aceifas de Almanzor, circunvalaba la loma y se encontraba a espaldas de la iglesia Mayor de Santa María de la Sede abriéndose una plazuela que hacía las funciones de zoco: llamada el Azogue Viejo. Este zoco era el centro comercial y artesanal durante la Edad Media salmantina. En una puerta de la cerca, en el siglo XII cobró protagonismo durante un breve periodo como centro comercial de la incipiente ciudad, una nueva plaza: el "Azogue Nuevo" (hacia donde ahora está la Clerecía).

La ciudad iba ampliando sus zonas comerciales, desplazando su centro hacia las rutas de las más ciudades más importantes de la época: Zamora y Toro. Estas vías salían de la antigua cerca por una llamada puerta del Sol (puerta de oriente) junto a la Iglesia extramuros de San Martín y fuera de esta puerta nació una plaza, en la que confluían varias calles importantes de la ciudad.

A esta plaza se trasladó el mercado inundando la zona y las calles adyacentes lentamente durante la Baja Edad Media. Este espacio abierto se denominó Plaza de San Martín, que fue considerada como la plaza más grande de la cristiandad, desde el siglo XV hasta el siglo XVIII. La actual plaza Mayor de Salamanca, surgirá en una parte de la vasta e irregular explanada que se denominaba Plaza de San Martín llamada así (por contener la Iglesia de San Martín) o Plaza de la Yerba (por ser terreno baldío de nadie, donde no crecía la yerba).

 


1.3 La Plaza de San Martín

La Plaza de San Martín a finales del siglo XIV y comienzos del XV, era la zona comercial más importante de Salamanca. En este espacio desembocaban cuatro caminos y calles principales: la calle del Concejo (que era la salida hacia Zamora), la calle de Herreros (que daba salida hacia Toro), la calle de la Rúa (que introducía dentro del recinto amurallado del barrio antiguo), y la calle de Alabarderos (que proporcionaba su salida a la Puerta de San Pablo).

En el mercado de la Plaza de San Martín inicialmente se vendían hortalizasaceitecarnesfrutaspescados, etc. Cada uno de los productos tenía asignado un lugar para su comercialización en la plaza, previamente estipulado. Algunos de los gremios establecidos en la época daban nombres a algunas calles y posiciones. Por ejemplo: la línea de carboneros (en la actualidad la plaza del mercado y del poeta Iglesias), la línea de carniceros (actual Pabellón Real), la de lenceros que se encontraba cerca de la parroquia de San Martín. Esta situación privilegiada de comercios se encontró así definida hasta mediados del siglo XVII. 

La disposición especializada de los vendedores de la Plaza de San Martín hizo que poco a poco se dividiera en diversos sectores. Los mercaderes de la plaza tenían allí, no solo sus puestos, sino también las viviendas. Estos mercados poco a poco se iban extendiendo por la ciudad con la llegada de los estudiantes a los diversos colegios y los que asistían a clases de la Universidad.

La importancia de la plaza se ve reflejada en el traslado del Concejo de la ciudad desde la plaza del Azogue Nuevo (que estaba más o menos donde ahora está la Clerecía) a la Plaza de San Martín en el siglo XV. Lugar este de la Casa Consistorial donde el reloj marcaba oficialmente las horas de la ciudad. Estos movimientos dan muestra de que la plaza de San Martín era la Plaza Mayor de Salamanca a finales del siglo XV, comienzos del XVI. El emplazamiento de la Casa Consistorial no variará desde entonces, permaneciendo en la cabecera de la Plaza.

El empedrado de la plaza, así como el de muchas calles que desembocan en la Plaza, se hace por orden del príncipe Juan (primogénito de los Reyes Católicos) en febrero de 1497 (el siguiente empedrado se realiza en 1607). Hasta mediados del siglo XV, la ciudad de Salamanca contó con la celebración de dos ferias francas, a la que los ganaderos y agricultores de la provincia llevaban y comerciaban con sus mercancías. Una era la feria de Don Guiral, celebrada entre el 7 de febrero y el 14 de marzo, la otra la de San Juan de junio que se celebraba entre el 10 de mayo y el 13 de junio. Los mercados semanales se celebraban los jueves.

Por las descripciones literarias de los viajeros que recorrían España en los siglos XV y XVI, se saben características arquitectónicas de esta plaza. Del francés y cartógrafo A. Jouvin se conoce que era una de las más espaciosas de España. Describiendo la existencia de la iglesia de San Martín en el medio de la plaza y del Ayuntamiento. Otro viajero europeo, que describe la plaza, es el nuncio extraordinario de Clemente VIICamilo Borghese, ante Felipe II. De la misma forma por el viajero bohemio León de Rosmithal, en 1466, se sabe la existencia de ejecuciones públicas o ahorcamiento de malhechores, así como de otras actividades como corridas de toros (celebradas el día de Santiago) y los juegos de cañas. El mismo Hernán Cortés en sus Cartas de relación al emperador Carlos V compara la plaza de la ciudad de Tenochtitlan ubicada en mitad de una laguna salada con la Plaza de Salamanca por su tamaño (segunda y tercera cartas). También Bernal Díaz del Castillo compara el tamaño de la plaza de Tlatelolco con la salmantina.

De la misma forma, la vertiente lúdica de la Plaza de San Martín, es descrita por el sevillano Pedro de Medina en 1548. Demostrando que la Plaza era ya lugar de reunión y punto de celebración de actos solemnes. Esta nueva función de la plaza, más allá de su función mercantil, dio lugar a la necesidad de un espacio de convocatoria y celebración. La necesidad de tener balcones para poder contemplar los festejos de la Plaza dieron lugar a la aparición de mesones como el Mesón de los Toros (propiedad de los monjes del Monasterio de Moreruela en Zamora), y el Mesón de la Solana (propiedad en el siglo XVII de Antonio de Paz y Estrada). La centralidad de la plaza la convierte en protagonista urbana.

Se sabe cómo era la disposición arquitectónica de la plaza de San Martín en fechas anteriores a la construcción de la Plaza, debido a la existencia de planos realizados con el diseño de la planta, y firmados por Manuel de Larra Churriguera en 1741. En el ala del lado de mediodía, denominado de San Martín, se encontraba el comercio de frutas y hortalizas, así como el de carnes y pescados. Los puestos de estos productos se encontraban muy regulados por el Ayuntamiento: tanto en número como en la calidad de la mercancía que se encontraba a la venta.

Las casas de esta zona hacían un perfil de media luna situando a la iglesia de San Martín en frente de las mismas. Debido a su disposición y estructura se denominaba isla de cajones firmes. Las casas que había en esta zona eran copropiedad del Ayuntamiento de Salamanca y de la parroquia de San Martín. Uno de los bloques de casas desembocaba en una plazuela denominada corrillo de la Yerba.

El lado oriental tenía una torre desde la que un reloj proporcionaba la hora a los transeúntes que frecuentaban la plaza, se encontraba abierta con innumerables puestos elaborados de madera. A sus espaldas se encontraban los puestos de carbón y la lonja. El lado de poniente, denominado de Petrineros, formaba una línea recta interrumpida por la calle del Prior y del Concejo (cercano al entonces mesón de los Toros). Se componía de la zona más noble, y muchas de las casas pertenecían a las instituciones oficiales, algunos ejemplos como el Cabildo de la Catedral, la casa de la Clerecía de San Marcos, la Casa de la Universidad, Casa de la Encomienda de San Juan de Barbalos, el Palacio del Conde de Grajal.

La construcción de la nueva Plaza encontraría una mayor resistencia litigante, precisamente en este Pabellón de Petrineros. La construcción supondría un desembolso de dinero, así como un cambio de proporciones en los solares e inmuebles existentes. Existía un fuerte desnivel entre el lado de poniente Petrineros y el lado de oriente. El lado septentrional de la plaza (frente al de San Martín) se encontraban las casas consistoriales. Este lado de Petrineros, correspondiente a la vieja plaza medieval era el único que tenía soportales.

 


1.4 Una nueva concepción de la plaza

Entre los S. XI y XIII la fisonomía de las ciudades cambio radicalmente. La concepción feudal hacía que la población en su mayoría fueran campesinos subyugados a los feudos de los señores de la nobleza. La organización territorial se subdividía en provincias en torno a ciudades. Las ciudades quedaban a merced de los grandes principados bien de la Iglesia o de príncipes de la nobleza (burgos). Cada obispo administraba una provincia desde su cátedra. Con el cambio a la monarquía y fusión de reinos la clase media y el poder del pueblo empezó a adquirir fuerza y protagonismo (fueros, concejos y otros elementos comunales, gremios y cofradías). Además del poder eclesiástico empezaron otros centros como la Universidad a tomar relevancia.

Además de las Iglesias y Palacios aparecieron nuevos centros y elementos de carácter más público y relevantes para la ciudad. La ciudad fue configurándose con distintos estamentos por mercaderes, artesanos, estudiantes de distintas procedencias, con distintas dependencias públicas, escuelas de distintos oficios, colegios menores y mayores, hospitales, etc.

La centralidad y el poder se traslada en la nueva concepción de la ciudad. El centro medieval lo constituía la plaza o atrio de la Catedral donde se reunía la gente después de los oficios litúrgicos y se celebraban los autos, teatro sacro o celebraciones. El centro de la ciudad renacentista pasa a ser la plaza del Ayuntamiento o Señoría. Allí tenían lugar las reuniones de los vecinos, las asambleas, los juicios y reclamaciones. Se pasa de la concepción medieval de la plaza como lonja de mercado y comercio (Zoque) a la concepción renacentista de la plaza como centro cultural (Señoría).

El S. XVIII bajo el reinado de Felipe V (con célula real de 1707) se inicia un cambio de siglo, un cambio de gusto, un cambio de época. La familia Churriguera va a dejar la impronta del barroco florido de afiligranada riqueza en la ciudad de Salamanca. La familia Churriguera va a dejar la impronta de un “estilo familiar” elevando su apellido a categoría estética, el “churrigueresco”. José Benito de Churriguera sería el innovador del barroquismo castellano. Nacido en Madrid en 1665 se trasladó a Salamanca con su hermano Joaquín en 1692. En Salamanca realiza diversas obras, la fachada del Colegio de Calatrava, el gran retablo de la iglesia de San Esteban. Joaquín Benito Churriguera es nombrado en 1714 maestro mayor de la fábrica de la Catedral Nueva. Joaquín, su hermano, se dedica a la culminación de la obra con la Cúpula de la Catedral Nueva. Alberto, sobrino de José Benito, le sustituye en los trabajos tras su muerte en 1724 donde también colabora su cuñado José de Larra. También colabora su hijo Manuel de Larra Churriguera.

Alberto, será nombrado maestro de la fábrica de la Catedral Nueva quien la enriqueció con los estípites de su arquitectura, la mixtilínea molduración de cornisas, la riqueza formal de los retablos y entablamentos. Alberto es quien va a recibir el encargo del nuevo proyecto de la Plaza Mayor en 1729. Sería quien realizaría los primeros pabellones de la Plaza Mayor.

La Plaza Mayor pasa a constituir el nuevo centro vital de la ciudad. El centro cívico social, lugar principal de reunión. Lo colectivo y lo individual se funden en ese espacio de referencia escenario de todos los eventos más significativos de la Ciudad. Es el espacio abierto más importante de toda la Ciudad histórica y sin embargo no es un museo sino un “auténtico salón recibidor” en el que confluyen todos los caminos y la vida de la Ciudad. Supone el prototipo y culminación de las plazas mayores castellanas. Como la denomina Unamuno “el atrio de la ciudad” sin otra bóveda que la del Cielo. Esta pasaría a ser donde se centralizarían no solo actividades comerciales sino públicas, administrativas, y de toda clase de espectáculos tanto religiosos como profanos.

 


1.5 Necesidad de una «Nueva Plaza»

Otras ciudades españolas ya disponían de Plazas Mayores "regulares" en los albores del siglo XVII, y resultaba necesario que Salamanca, que alcanzaba unos quince mil habitantes, dispusiera igualmente de una plaza más regular que la desigual y extensa plaza de San Martín. Existen peticiones expuestas formalmente al Consistorio a comienzos del siglo XVIII solicitando la renovación del espacio de la Plaza de San Martín. Un ejemplo es la realizada en 1720 debida al Corregidor Jerónimo de Blancas y Perafán de Ribera (según directrices del Consejo de Castilla). Estas peticiones, anteriores a la formulada por Rodrigo y Llanes, no prosperaron debido principalmente a la falta de rigor en su formulación, siendo temido el desembolso económico. El Consistorio temía que la ciudad quedara finalmente empeñada debido a un fallo en el coste de su ejecución, y por esta razón exigía su realización con detalle económico. Rodrigo de Llanes fue el detonante final de la necesidad de la construcción de la Nueva Plaza, su actividad administrativa le llevó a activar anteriormente la construcción de un Hospicio (el edificio que ahora es el Archivo General de la Guerra Civil Española), una fábrica de anascotes (fábrica de paños de lana).

Quien promueve la nueva obra no es otro que el rey Felipe V. La exposición del proyecto de la Nueva Plaza se haría el 9 de julio de 1728 ante el consistorio, fue clave para convencer al Ayuntamiento. Apelaba el regidor Rodrigo ante el Consistorio que las necesidades para su construcción eran tres: la primera era el ornato, la segunda la utilidad pública y el bien común, la tercera la relacionaba con la mejora del comercio en la ciudad. Reunido el consistorio el 28 de junio, el administrador declaró la existencia de fondos para el comienzo de las obras, de esta forma se ordenó el comienzo de las mismas. En esta reunión se nombró como comisarios diputados de la obra a Juan Barrientos y Solís, a Francisco Honorato y San MiguelJuan Gutiérrez, y a José del Castillo y Larrazábal (conde de Francos). El resto del año 1728 se consumió en los trámites administrativos de los diputados ante el Consejo de Castilla y obtener finalmente la aprobación real. La idea era construir una Nueva Plaza lo más cuadrada posible. Este cambio resultaba ser el "definitivo" ya intentado anteriormente a lo largo de los siglos XVI y XVII, sufriendo diversas variantes que consistían en cambios en la organización espacial con el objeto de mejorar el aspecto público y lograr despejar las calles.

Las peticiones, por parte de los comisarios del Consistorio, al Consejo de Castilla siguieron sus etapas administrativas habituales. El 17 de octubre de 1728 solicitó el Consejo de Castilla al Consistorio un informe detallado y explicativo del tipo de obra que se iba a realizar. El informe debería incluir cuantía de dinero, tiempo empleado para su construcción y los rendimientos económicos que produciría. El Consistorio respondió que el gasto de ejecución sería de 726 000 reales (247 000 reales en posesión de la ciudad y 480 000 reales recaudables desglosados por año), el tiempo empleado en la construcción de la plaza estimado era de seis años. Con ello el erario real quería evitar costes futuros debido a la construcción de la Plaza, derivados de la imposibilidad de que la ciudad no los pudiera costear. La provisión real de Felipe V se firma en Madrid el 12 de enero de 1729. La provisión real, aunque concedía licencia para la construcción de dos lienzos de la plaza, se negaba a conceder ayuda económica real, condonar u ofrecer moratoria en caso de impagos. Siendo la construcción de la Plaza una labor de la ciudad y de sus habitantes.

Rodrigo de Llanes el 25 de agosto de 1729 acude al maestro mayor de la Catedral Nueva de SalamancaAlberto Churriguera y le solicita un estudio inicial. Desde el 12 de enero, se pregonó la obra por las calles de Salamanca durante un plazo de dos semanas, no habiendo constructor que se hiciese cargo de la obra bajo el presupuesto anunciado. Rodrigo Caballero con el objeto de facilitar y aclarar el proceso de contrata, redactó un minucioso reglamento por el cual deberían iniciarse las obras.

Los planos iniciales de Alberto Churriguera no se conservan en la actualidad, y a pesar de suponer su existencia se desconoce su paradero. Pero si se dispone de un diseño en planta firmado por su sobrino Manuel de Larra Churriguera, y datado en el año 1741. En este plano se describe la situación de la plaza durante su construcción, y deja clara la intención inicial de Plaza que tenía Alberto. Las distancias en este plano se indican en pies castellanos, y reflejan una plaza ligeramente más grande de tamaño que la actual. La causa de la reducción, serán los litigios que aparecerían durante la construcción en los años venideros.

Alberto Churriguera antes de construir el Pabellón Real redacta once condiciones mediante las cuales deben construirse los dos primeros lienzos de la Plaza. Estas condiciones afectan al cimentado, sótanos, bodegas, paredes maestras y fachadas. Estas condiciones fueron aprobadas por el Consejo de Castilla y ejecutadas en la construcción de toda la Plaza: es decir de los cuatro lienzos. La nómina de Churriguera, por su trabajo de diseño y vigilancia, alcanza unos trescientos ducados anuales.

El coste de los dos primeros lienzos (el denominado Pabellón Real y el de San Martín), se estimaba en unos 66 000 ducados. El orden de ejecución estaba justificado desde un punto de vista económico, el Pabellón Real (que ocupaba espacio abierto de la Plaza de San Martín) sería provechoso para el ayuntamiento debido a los contratos de arrendamiento de las casas posteriormente construidas; lo mismo ocurre en el Pabellón de San Martín (en régimen de copropiedad con la parroquia). La realización de estos dos pabellones supondrá ingresos periódicos al Ayuntamiento. No sería así en el Pabellón de Petrineros, edificado sobre un conjunto de parcelas en propiedad de particulares, así como en gran parte del Consistorial. Se empezó por lo tanto por los lienzos más rentables económicamente a la ciudad, así como los que potencialmente serían menos conflictivos.

 


  1. El nuevo proyecto

Como dijimos, la idea de su construcción proviene del empeño administrativo del corregidor andaluz Rodrigo Caballero, que a la edad de sesenta años logró convencer al ayuntamiento de la necesidad de una plaza más armónica y acorde con las corrientes urbanísticas de la época.

En 1724 se segregó de la plaza primitiva y se comenzó a construir una plaza al estilo de la Plaza Mayor de Madrid, por el arquitecto Alberto de Churriguera, trasladándose a ella el Ayuntamiento (las casas consistoriales) lo que le dio el rango de Plaza Mayor.

Cuando Alberto de Churriguera falleció, terminó la obra Andrés García de Quiñones (1755). Desde el punto de vista estético, la plaza de Salamanca mejora claramente su modelo, no solamente por el material empleado (piedra franca de Villamayor con su color dorado característico), sino por sus proporciones, mucho más armoniosas y por ser completamente cerrada.

Hay que tener en cuenta, que por entonces la de Madrid tenía dos plantas más y no estaba del todo cerrada: tras sufrir un incendio en 1790. Pedro de Ribera fue el maestro mayor que la inició. Más de tres décadas después de terminada la de Salamanca, fue reconstruida por Juan de Villanueva, y fue remodelada suprimiendo los mencionados dos pisos (lo que mejoró sus proporciones) y cerrando las esquinas con arcos para la entrada de las calles, al modo de la de Salamanca.

 


2.1 Las medidas

La plaza Mayor de Salamanca no es un cuadrado perfecto (es un cuadrilátero irregular, un trapezoide) y ninguna de sus fachadas mide lo mismo. Aproximadamente, la fachada del ayuntamiento mide 82,60 m, la fachada oriental (Pabellón Real) 80,60 m, la fachada oeste mide 81,60 m y el lado de San Martín mide 75,69 m. Haciendo un cálculo aproximado, la plaza tiene una superficie de unos 6400 m² sin contar los soportales. En total la plaza tiene 88 arcos de medio punto con medallones en los que se representan personajes importantes en sus albanegas.

Cuando a Miguel de Unamuno, que hacía su tertulia diaria en el Café Novelty de la Plaza, refiriéndose a la misma, le preguntaban si era un cuadrado perfecto o no, él afirmaba: “Es un cuadrilátero. Irregular, pero asombrosamente armónico”.

La edificación tiene tres pisos (más planta baja) de altura salvo en el pabellón Consistorial, que tiene dos por ser de mayores dimensiones (más el pórtico de la planta baja).

 


2.2 Los materiales

No se emplearon en la primera fase de la obra materiales nobles excesivamente costosos, de esta forma se evita el mármol, el alabastro. Solo se contrataron seis piezas de mármol en 1752 para el tallaje de los escudos de la ciudad, así como el real. Todos ellos dispuestos en el Pabellón del Consistorio. Tampoco se emplearon en las áreas visibles materiales modestos como puede ser ladrillo visto, estuco.

Para la fachada se empleó la piedra arenisca proveniente de las canteras de Villamayor (denominada también piedra franca), que gracias a las manchas ferruginosas torna su color en un rojizo característico (que oscila entre el blanco-amarillento y el pardo-rojizo). También es el material empleado fundamentalmente en la mayor parte del Patrimonio Histórico Arquitectónico de Salamanca y sus alrededores.

En las cuatro primeras hiladas de los machones de los soportales se empleó piedra franca, procedente de las canteras de la Pinilla (junto a Carbajosa de la Sagrada). La pizarra empleada en la construcción, como soporte de balcones y de relleno de juntas para el encaje de entre piedras provenía de las canteras de Mozárbez. Las techumbres de los soportales se realizarían mediante el empleo de vigas de pino y bovedillas de yeso. Las paredes maestras de las casas que dan a la Plaza serían de mampostería, mientras que por el contrario los tabiques interiores, de ladrillo y los forjados, de yeso.

 






2.3. La construcción

Las fechas de inicio de las obras difieren, según el autor consultado, y según qué considere como evento de "comenzar". Hay autores que consideran el allanado inicial de la plaza como comienzo, otros como el acto administrativo. Había un fuerte desnivel desde Petrineros hasta la plaza de carboneros, y el trabajo de allanado requería el transporte de mucho material.

El rey Felipe V firma la real cédula de comienzo de las obras en 1707, pero no tuvo efectividad hasta más adelante. Otros autores reconocen que el permiso real no fue concedido hasta 1710, siendo 1720 la fecha de inicio de los trabajos. El cronista salmantino Villar y Macías indica el 10 de mayo de 1729, siendo esa la fecha más aceptada. La idea de la Plaza Mayor proviene de Rodrigo Caballero y Llanescorregidor que tomó posesión del cargo en noviembre de 1726.

La construcción se realiza en tres fases bien diferenciadas. Las obras comenzaron el 10 de mayo del año 1729. Alberto Churriguera recibe el encargo a la edad de cincuenta y tres años y comienza su labor con el apoyo del corregidor Rodrigo Caballero. En la primera fase se diseñan y construyen primero el Pabellón Real y posteriormente el de San Martín. Cabe destacar que durante su periodo de construcción se fueron acabando otros edificios notables de la ciudad, como lo es: la Catedral Nueva y La Clerecía.

 


2.4 Los constructores

El aparejador a cargo de las obras, elegido por ser hombre de confianza de Alberto Churriguera, fue Felipe Fernández (apodado «cabeza redonda»). Felipe se llevó consigo algunos de los colaboradores más fieles de la obra de la Catedral Nueva. Se sabe poco de este aparejador, excepto que murió antes de 1750. El segundo aparejador es Francisco Pérez de Estrada (figura en el Catastro de Ensenada con edad de cincuenta años, luego comenzó la obra a la edad de veinte y seis).

Las cuadrillas se dividían en grupos jerarquizados. Los principales grupos eran tres: canteros que trabajaban la piedra, los albañiles y los carpinteros. Entre los canteros que trabajaban la piedra, se encontraban: los asentadores, los labrantes encargados de hacer las piedras a escuadra, y los fijadores. Entre los albañiles se distinguían los oficiales de albañilería, encabezando cuadrillas de a ocho. En el gremio de los carpinteros se distinguían los aserraderos. Muchos de los canteros y albañiles habían trabajado a las órdenes de Alberto Churriguera en el coro y trascoro de la Catedral Nueva.

Entre los escultores a cargo de las obras de embellecimiento, cabe destacar al vallisoletano Alejandro Carnicero que se instala en la ciudad de Salamanca y colabora con José de Larra (cuñado de A. Churriguera) en las tallas del coro de la Catedral Nueva. Esculpió la mayor parte de los medallones de reyes españoles del Pabellón Real en la primera fase constructiva. Recorriendo los reinados desde Alfonso XI hasta Felipe el hermoso y Juana la loca y otras dos de las enjutas del Arco de San Fernando. Se suponen también de este autor los medallones del Pabellón de San Martín, finalizado en 1735 (fecha en la que el artista residía en Salamanca). Estos medallones se hicieron policromados y dorados, algunos de ellos conservan restos de esta labor. No se sabe con certeza que se le encargara la talla del gran medallón de San Fernando con su espada de hierro, bajo el dosel, pero hay autores que le atribuyen su realización. 

Las fuentes gráficas que empleó Alejandro Carnicero en su realización proceden de una serie de treinta láminas de retratos de reyes españoles (esta serie va desde Ataulfo hasta Carlos II) que data de 1685. Estas ilustraciones se reprodujeron posteriormente en 1729 en la "Historia de España" de Juan de Mariana, justo en el año de comienzo de las obras de la Plaza. Es muy posible que Carnicero trabajara con las reproducciones de Juan de Mariana y no con la edición romana, costosísima, de 1685.

Junto a los escultores se encontraban los tallistas, encargados de obras menores de ornamentación de arcos y balcones. Algunos de ellos realizaron los ornamentos de los Arcos Mayores de San Pablo, San Martín y San Fernando (en especial la hojarasca que aparece rodeando la lápida). Serán responsables de tallar los escudos reales y de la ciudad que se encuentran en la parte trasera del Pabellón Real (mirando a la actual Plaza del Mercado). Algunos de los tallistas mencionados son Manuel de Valladolid (desde febrero de 1732) y su ayudante Roque del Moral.

Entre la nómina de los carpinteros aparece como destacado: Bartolomé de Coca. Perteneciente a una estirpe de carpinteros salmantinos vinculados a las obras del Ayuntamiento. Su hijo José de Coca permanecerá en la obra de la Plaza durante la segunda fase de la misma. La labor de Bartolomé era la de seleccionar, tasar, medir la madera destinada a los andamiajes (carpintería de armar). Los oficios de aserradores eran los encargados de cortar y asentar las vigas y tablones. Otros carpinteros se encargaban de las puertas y ventanas, se solían encontrar bajo contratas especiales (carpintería de taller). Similares contrataciones ocurrieron con las obras de herrería y de cerrajería. Las labores y tareas de estos últimos iban desde la composición y mantenimiento de las herramientas empleadas por canteros y carpinteros, hasta la de proporcionar clavazón, cerraduras y demás instrumentos bajo demanda de la obra. Dentro de las labores de cerrajería se encuentra la especialidad de elaboración de balaustradas de los balcones de hierro.

Las jornadas de trabajo duraban de sol a sol, durante todos los meses del año. En los meses de verano los días eran largos y esto producía una larga jornada, mientras que en invierno eran más cortos. A pesar de ello, los salarios se mantenían inalterables. La paga a los trabajadores en concepto de salario era, de media, ligeramente más alta que la demanda y esto compensaba la variabilidad de las horas de trabajo a lo largo de los meses del año. Los jornales se pagaban puntualmente cada domingo por la mañana. Las modalidades de pago eran: el pago de jornales completos (de sol a sol), medias jornadas o fracciones inferiores de las mismas, siendo días laborables todos los días del año excepto domingos y fiestas. Las jornadas se reducían a veces por mal tiempo. La cantidad de días laborables quedaba reducida a tres cuartas partes del año. Había extras como el convite a los trabajadores en ciertas fechas señaladas, como el 10 de mayo. En estas fiestas se solía invitar a todos los trabajadores de la construcción a un banquete que consistía en vinoaceitunas y queso.

 


2.5 La figura relevante de Alberto de Churriguera

Alberto de Churriguera es un verdadero maestro del barroco español. Se le encomendaron varios trabajos en Salamanca. Fue maestro mayor de las obras de la Catedral Nueva. Comienza la construcción de la Plaza Mayor en 1729 arrancando con pórtico del llamado Pabellón Real. En este presidido por las efigies de los monarcas reinantes Felipe V e Isabel de Farnesio se elabora el ala de soportales y dos hileras de balcones como modelo a desarrollar para toda la gran plaza. Recurre al “tipo de arco triunfal”. La presidencia de la monarquía que se consolida en los medallones y el escudo real coronado que la preside con “la flor de lis” dan esa impronta de realeza en la concepción inicial.

Alberto Churriguera elabora un proyecto original tratando de organizar con proporciones comedidas y gran equilibrio de todos sus elementos un espacio cerrado con accesos regulados de las vías que allí confluían, la calle de la Rúa y San Pablo y las calles de Zamora y de Toro. Quizás los precedentes más cercanos a la obra lo constituyan las plazas de Madrid y Valladolid de donde toma la característica simetría dominante en las fachadas.

Alberto Churriguera resuelve con diligencia los problemas de desniveles con un muro cierre aligerado y con la apertura de balcones de escaso vuelo y galería arqueada en la planta baja. La solución proyectada es del todo original. Alberto Churriguera da un toque propio, distinto al usual, cambiando “el pórtico adintelado” típico castellano por el “pórtico arqueado” más propio del concepto de plaza real francesa. Otro aspecto singular es el uso de la sillería típica de Villamayor, el cálido colorido de una piedra dorada que contrastaba con el frío mármol gris propio de Castilla.

Recurre a las pilastras cajeadas que ascienden con desarrollo volumétrico en altura, con molduras de perfil recortado y orejeras en los vanos propias del barroco español. Utilizando una serie de recursos técnicos presenta un desarrollo de fachada en sentido vertical jugando con la luz y anchura de los huecos que disminuye gradualmente. Articula la primera y segunda planta mediante el orden gigante de pilastras.

Por motivos de desavenencias en el Concejo Municipal y pleitos con los propietarios de los solares que debían ser expropiados debe de paralizar las obras. En el extremo oeste una línea de casas pertenecientes a mayorazgos no estaban dispuestos perder terreno. Se paralizan las obras y Alberto de Churriguera tiene que abandonar la dirección de la obra. Su sobrino Manuel Lara Churriguera será quien toma el mando. Surgen problemas en cuanto a los cimientos del nuevo ayuntamiento. Finalmente se hará cargo el arquitecto Andrés García Quiñones. Se modificará la terminación eliminando las cúpulas las torres que estaban proyectadas.




 

  1. Las diferentes fases de la construcción de la Plaza

3.1 PRIMER PERIODO: La primera mitad del S. XVIII (1729-1735)

Los pabellones se construyen siguiendo tres fases constructivas bien diferenciadas a lo largo de un cuarto de siglo. La primera fase que aborda en sucesión dos pabellones: el Real (lado este) y el de San Martín (lado sur) (durante el período 1729-1735). El Pabellón Real era muy importante, porque con él se cerraba el desnivel de la plaza, haciendo su suelo plano.

El Pabellón Real fue el primero que se construyó, ya que servía como muro de contención para hacer horizontal el suelo de la nueva plaza. Esta ala muestra entre sus arcos medallones con el busto de algunos reyes de España. En las otras alas, los medallones representan a otros personajes ilustres (santos, sabios, descubridores, etc.) como Cristóbal Colón, Miguel de Cervantes, Miguel de Unamuno, Los Reyes Católicos, Felipe V, etc.

 




3.1.1 El Pabellón Real

El Pabellón Real pretendía resaltar la grandeza de la Monarquía. Fue Felipe V quien concedió el permiso para levantar una nueva reconociendo que la Plaza antigua era deficiente. La dirección de Alberto Churriguera desarrolló una obra pública a la usanza del barroco francés. La nueva plaza era concebida como un gran montaje escenográfico. Era el tránsito de una concepción rural a una concepción urbana que ofrecía mayores oportunidades para que la cultura popular se manifestara como un telón de fondo. Las obras comenzaron por el lado de la plaza de carboneros, única zona de la Plaza de San Martín abierta hasta aquella fecha. Al ser los terrenos del municipio resultaba más sencillo edificar, sin necesidad de realizar expropiaciones o cualquier otra actividad administrativa. El solar era municipal y estaba ocupado en 1692 por la "isla de los cajones firmes". Aunque la placa conmemorativa elaborada en pizarra (ubicada en el Arco de San Fernando), menciona la fecha oficial de comienzo relativa al del diez de mayo, previamente se acarrearon los materiales necesarios, y se allanó el área, comenzando estas obras administrativamente el día 9 de abril.

La placa conmemorativa hace referencia tan solo a esta fase constructiva del Pabellón Real, no incluyendo las fechas de finalización del Pabellón de San Martín:

“REYNANDO PHELIPE V EL ANIMOSO LA M.N. Y M.L. CIUDAD DE SALAMANCA EMPEZÓ ESTA OBRA A 10 DE MAYO DEL AÑO 1729, SIENDO CORREGIDOR EL SEÑOR D. RODRIGO CAVALLERO Y LLANES, YNTENDENTE GENERAL DE CASTILLA, POR SUS DIPUTADOS LOS SEÑORES D. JUAN DE BARRIENTOS Y SOLÍS, D. FRANCISCO HONORATO Y SAN MIGUEL, D. JOSEPH DEL CASTILLOCONDE DE FRANCOS, D. JUAN GUTIÉRREZ Y D. FRANCISCO DE SORIA, Y SE CONCLUYERON LAS DOCE CASAS DE ESTA LÍNEA LLAMADA PAVELLÓN REAL EL DÍA 3 DE MARZO AÑO DE 1733. SOLI DEO HONOR ET GLORIA”

A la fecha indicada en la placa de finalización del lienzo Real, a pesar de que ya se había comenzado la realización del lienzo de San Martín. El pabellón real tiene un arco mayor en su centro, denominado de San Fernando (patrono de la monarquía castellana). La ejecución se realizó desde el arco que va a parar a la Escalera del Ochavo (que desemboca en la Plazuela de la Lonja) al arco de la escalera de Pinto (Lienzo que ocupa unos 80.6 metros a pesar de que inicialmente eran 79.80 m). Es decir, la ejecución del Pabellón se hizo, de derecha a izquierda, si se mira el Arco de San Fernando desde el interior de la Plaza. Los medallones los labró el escultor Carnicero en dos fases, en la primera se esculpieron los ocho primeros desde Carlos V en la mitad derecha del pabellón, en la segunda se hicieron los once restantes terminados el 22 de marzo de 1732. La parte del Pabellón Real que da a la plaza del Mercado posee unos soportales que se denominan Portales de San Antonio, estos portales alojan a unas tiendas que se denominan covachuelas. El Pabellón Real se construyó primero para enrasar el nivel de la plaza, ya que el terreno original estaba en pendiente, de modo que el muro de contención queda dentro del pabellón, y por eso, la fachada que se orienta al Mercado posee una mayor altura a causa del desnivel resultante entre la Plaza y el Mercado.

No se había terminado el Pabellón Real cuando se comienza a cimentar el pabellón de San Martín el 2 de febrero de 1732, ese mismo día se dicen tres misas por el éxito de la construcción. Este lienzo se construye sobre el solar de unas dieciocho viviendas, propiedad del Ayuntamiento y de la vecina parroquia de San Martín. Por esta razón la construcción de este lienzo requirió un consenso entre Ayuntamiento y Parroquia, consenso vigilado por Felipe V y el Consejo de Castilla. La iglesia de San Martín quedará tapada al realizar este lienzo, no obstante, se acuerda que las casas aislen la iglesia con patios de luces. La realización de este lienzo fue rápida, en parte porque el Ayuntamiento pierde un ingreso mientras hace las obras, de modo que el arrendamiento de las nuevas casas comienza el año 1733. El proceso de arrendamiento finaliza a finales de 1734.




 

3.1. 2 El Pabellón de San Martín

El Pabellón de San Martín se realizará en dos años. El arco mayor de San Martín, que desemboca en la Plaza del Corrillo de la Yerba, se realiza en el año 1735. El otro arco mayor del Pabellón de San Martín: el Arco de San Pablo, aparece desplazado hacia uno de sus extremos. En el ángulo que forman ambos pabellones se abre una salida que salva su desnivel con la Lonja mediante una escalerilla ochavada (en la actualidad restaurada, a pesar de que mantiene el nombre). La disimetría se hizo para mantener el trazado primitivo de las calles medievales que desembocan en la Plaza. Se labraron en los medallones de este lienzo una serie de efigies correspondientes a conquistadores españoles, así como militares, es por esta razón por la que el ala de San Martín a veces se denomina popularmente como Cuartel General.

 

 




3.2 SEGUNDO PERIODO: Quince años de interrupción por litigios (1735-1750)

El segundo período comprende quince años de interrupción de la obra (durante el período: 1735-1750) debido a los litigios habidos por el Ayuntamiento con los dueños de las casas, que era necesario expropiar para la construcción del Pabellón de Petrineros (lado oeste) y del Consistorial (lado norte).

Tras la construcción del primer pabellón Real las obras continuaron de forma ininterrumpida por el pabellón sur, aledaño a la iglesia de San Martín sobre solares de titularidad municipal y parroquial. Los problemas surgieron al tratar de continuar las obras para completar los pabellones de poniente (Petrineros: artesanos de piel) y el pabellón norte o consistorial. Se entablaron farragosos pleitos al derribar las casas y mansiones señoriales de la Clerecía, de la Universidad y de del Cabildo. Sobre todo resulto grande el litigio al derribar la mansión del conde de Grajal. Alberto Churriguera no pudo ver la resolución al morir en 1750. Tuvieron que transcurrir más de15 años para poder reanudarse las obras.

El Consistorio se reúne el 27 de agosto de 1733 para estudiar como completar los lados restantes. Se menciona la construcción de la Casa Consistorial y se describen los recursos económicos para su realización. El otro paño, el de Pretineros, se extiende desde la esquina que forma el Arco de San Martín hasta la entrada de la calle del Concejo. En la época anterior de la Plaza de San Martín se establecieron los vendedores y manufacturas del cuero (de ahí el nombre de Pretineros). Ante la solicitud de construcción de estos dos lienzos al Consejo de Castilla, este acaba poniendo trabas solicitando el consentimiento de todos los propietarios. Para realizar la construcción de acuerdo con los planos de Churriguera era necesario que cada vecino sufragase los gastos de construcción, cediendo terreno a la plaza si fuera necesario, con el objeto de alinear e igualar fachadas. en caso de que no fuese así se debería vender el solar y los edificios al Ayuntamiento.

Entre los dueños y habitantes de la isla de pretineros se encontraba: el Cabildo de la Catedral, la Real Clerecía de San Marcos que posee las casas sobre la calle Tutor (sobre la dovela del arco mayor de la calle Tutor puede verse el León de San Marcos), el Colegio Mayor de San Bartolomé, la Cofradía de los Caballeros Veinticuatro, las casas edificadas por el Ayuntamiento y en las que vivía el Comendador Bartolomé Cabeza de Vaca, la casa de la Universidad, la casa de la Encomienda de la Orden de San Juan, el palacio del conde de Grajal ya en la esquina final. Detrás del palacio condal, mediante acceso de una calle se encontraba el Mesón del Toro en propiedad de los monjes del Monasterio de Moreruela de Zamora. De una forma u otra todos los dueños se avinieron, bien a ceder mediante venta (siempre con derecho a balcón), bien a sufragar los gastos de construcción. Todos excepto los monjes del Mesón del Toro que alegaron mantener el acceso a su Mesón, no cortando la calle. Siendo de todos ellos el más obstinado Don Manuel José Osorio y Enríquez de Guzmán conde de Grajal. El conde mediante su agente Pedro de Rueda Osorio alegaba que se revisara el proyecto debido a que su palacio era de mejor traza que lo previsto, y si se 'alineaba' su fachada se causaba un gran daño a su imagen. Las alegaciones causaron el efecto deseado por el conde, y en el otoño de 1738 se paralizaron las obras por orden del Consejo de Castilla.

La mención del puente se debe a que la parte meridional del puente romano, fue destruida por la riada acaecida en San Policarpo (en la noche del 25-26 de enero de 1626) y todavía no estaba reparado en estas fechas. El Claustro de San Vicente pertenecía a un monasterio de Monjes Benitos que mostraba parte de su edificación sin acabar, este Monasterio acabó desapareciendo en pleno siglo XIX. Del fuerte, la mención se refiere al de San Cayetano.

El maestro mayor, Alberto de Churriguera decide acabar sus trabajos en la Catedral en octubre de 1738, y debido al parón de la obra de la Plaza abandona la ciudad de Salamanca para irse primero a Madrid y luego vivir en Orgaz (Toledo), y allí trabajar en un encargo para la construcción de la Iglesia de Santo Tomás Apóstol. Es sustituido a cargo de las obras por su sobrino Manuel de Larra Churriguera. La substitución, siendo oficial en las obras de la Catedral, sin embargo, no lo es en las de la Plaza.

Durante este periodo el corregidor García Ramírez de Arellano cesa en su cargo, siendo substituido por Juan de Hourlier. Los litigios fueron siguiéndose en diversos terrenos administrativos de Castilla, llegando hasta el máximo organismo de Justicia del Consejo de Gobierno. Finalmente, este falla a favor de la ciudad el 21 de octubre de 1741. En el fallo se conmina a Manuel José Osorio para que venda el palacio a la ciudad. El 25 llega la real cédula a Salamanca, y se lee públicamente en el Consistorio con gran algarabía. Las obras del Consistorio comienzan de inmediato. La torre del palacio Grajal comienza a derribarse el 15 de junio de 1753.

 




3.3  LA FASE DE REINICIO (1750-1756)

Las obras continúan lentamente en el Pabellón Consistorial, así como en el ala de Pretineros hasta que el 27 de junio de 1742 el corregidor Juan de Hourlier manda paralizar las obras debido a las quejas de dos vecinos: Juan de Basanta y el dueño del Mesón de la Solana (este mesón aparece en el comienzo de la obra titulada La vida de Lazarillo de Tormes). Apenas florecían los machones de la futura Casa Consistorial cuando se comienza una nueva ronda de litigios con los vecinos del Pabellón Consistorial.

Se alega que, de acuerdo con los planes de Alberto Churriguera el Pabellón Consistorial invade literalmente sus casas, mermando su tamaño en una cantidad considerable. El municipio mandó llamar a Manuel de Larra y Churriguera para que se presentara a defender las acusaciones y estando en el Monasterio de Montserrat excusó su presencia enviando a su aparejador.

El pleito seguía su curso cuando en 1743 aparece Andrés García de Quiñones Maestro del Colegio Real de Compañía de Jesús presentando una alternativa al proyecto ejecutado por el consistorio siguiendo las directrices de A. Churriguera. El 12 de noviembre se convocó a ambos arquitectos Quiñones y Larra Churriguera para examinar ambos proyectos. En el examen del proyecto participó el arquitecto Juan García Berruguilla, que el 23 de enero de 1744 examina los cimientos del ala Consistorial, y examina los proyectos. El dictamen es comunicado en público el 2 de marzo de 1744 indicando que el proyecto de García de Quiñones (con algunas modificaciones) es más estable.

El proyecto de García de Quiñones además aliviaba las quejas de la mayoría de los vecinos. El Municipio salmantino cambió de opinión y aceptó finalmente el nuevo plan propuesto. Juan de Basanta, el único litigante fue convencido al intercambiarle sus terrenos, por otros equivalentes en el lienzo de San Martín propiedad del Municipio. Este lienzo mide en la actualidad 81.60 metros mientras que en el diseño de Churriguera sumaba 86.80 m, la reducción se debe al ajuste entre los litigios. De la misma forma el Pabellón Consistorial que alcanza 82.6 metros en la actualidad, sufrió una merma de 2 metros sobre los planes. El 9 de julio de 1746, en plena construcción del Pabellón de San Martín, muere Felipe V que es sucedido por su hijo menor Fernando VI que reinará desde 1746 hasta 1759 durante el resto de fase constructiva de la Plaza.

 




3.3.1 El Pabellón Consistorial y el de Petrineros (1750-1756)

Durante el litigio de los años anteriores, el corregidor Marqués de Arellano, el 19 de junio de 1738 recibe permiso para comenzar la casa consistorial. No obstante, sufre diversas interrupciones a lo largo de 1742, y posteriormente en 1748. Durante casi quince años estuvo el Pabellón sin construirse debido a los litigios del Municipio de Salamanca con los diversos propietarios de las casas adyacentes. El último litigio con el sobrino de Churriguera, el Municipio decidió encargar una maqueta en madera del Consistorio, este modelo seguía el proyecto de Berruguilla. La maqueta fue realizada por José González Bordado en 1747 (depositada en el Museo Provincial de Salamanca). En esta maqueta arquitectónica puede advertirse un par de torres a ambos lados de la espadaña que nunca llegaron a construirse.

En 1750 se comienzan las obras de los dos lienzos restantes. La acometida se hizo por diversos sitios al mismo tiempo. Se sabe de la finalización de algunas casas por los documentos, por ejemplo: las casas de la Real Clerecía estaban listas el 13 de mayo de 1752, la casa de la Universidad el junio de 1754, la casa de Grajal que ocupa nueve balcones el 29 de abril de 1754. El sistema de financiación era mixto: casas privadas y ayuntamiento costeaban los gastos de las dos aceras. Se mantuvo, no obstante, la reglamentación y ordenamiento anteriormente establecidos por Rodrigo Caballero. 

Andrés García de Quiñones fue nombrado Maestro Mayor de obra, con la aprobación del Consejo de Castilla. De todas formas no era el único Maestro Mayor ya que la Universidad, la Clerecía de San Marcos y el Cabildo asistían con sus propios arquitectos a la obra, entre ellos fue contratado Manuel de Larra y Churriguera (casa de la Universidad en Petrineros y dos del Consistorial).

La armonización de los diferentes criterios fue complicada durante este tercer periodo. Durante esta etapa figuraron como aparejadores el hijo del Maestro Mayor: Jerónimo García de Quiñones y Manuel Antonio Salgado. El 1 de junio de 1751 se comienzan las obras en la casa del Consistorio. En 1752 el tallista Antonio Moreno ya esculpía los escudos, capiteles, florones y demás tallas. El 5 de febrero se finalizaban en el balcón consistorial las figuras de los dos mancebos que sostienen los atributos de justicia, ambos tallados por Gregorio Carnicero (hijo del tallista Alejandro Carnicero). El resto de escudos y blasones de las casas y organismos públicos de este Pabellón no tuvo tallistas de renombre. Para realizar los balcones se hizo un contrato especial con herreros. El 29 de abril de 1755 se acabó de construir la última casa que cerraba la Plaza en el Arco de Toro y la escalerilla de Pinto que engarza el Pabellón Consistorial con el Real. Con ello se puede concluir que, descontados los años de pleitos que hubo entremedias, la plaza se hizo en un periodo de tiempo neto de diez años.

La dirección del proyecto paso a Andrés García Quiñones. La idea era flanquear el pabellón Consistorial por dos torres. Al final no llegaron a construirse por guardar armonía y el equilibrio del conjunto tratando de guardar las proporciones entre la planta y la escala de las fachadas. Los pabellones, aunque no perfectamente regulares (no responde a un cuadrilátero perfecto sino un trapezoide irregular), guardan esta armonía en la grata disposición de sus espacios, siendo el lado mayor el pabellón del Ayuntamiento y el menor el de San Martín. Tampoco los arcos son todos iguales (la mayoría son de medio punto y cinco son carpaneles). Hubo también que salvar el desnivel del suelo con aumento de un nivel más bajo con soportales en el sótano al que se accede por escaleras. Lo único sobresaliente del pabellón del Ayuntamiento es que se hace uso de una escala mayor (orden gigante) y se corona el centro con una espadaña con las campanas y el reloj.

 




3.3.2 La finalización de los cuatro pabellones

La tercera fase de construcción de la casa consistorial y su fachada (1750-1756) estuvo a cargo del arquitecto gallego Juan García Berruguilla. Se completó el cierre de la plaza el 29 de abril de 1755. La casa consistorial quedó arquitectónicamente incompleta, siendo construida posteriormente la espadaña de su fachada un siglo después (en 1852).

También estaba prevista la construcción de dos torres en la casa consistorial, pero estas nunca se construyeron: el arquitecto Andrés García de Quiñones no se atrevió a realizarlas por considerar que la obra en la que debían apoyarse no reunía las condiciones para resistir el peso, pero se conserva la maqueta de 1745. El proyecto de las torres se utilizó por su autor para concluir las torres de La Clerecía.

 






              3.4 El remate de la plaza con la espadaña del Ayuntamiento

La espadaña de la Casa Consistorial (Ayuntamiento), se erigió casi un siglo después, concretamente en 1852 con el proyecto del arquitecto municipal Tomás Cafranga. Existe un grabado de 1840 donde se puede observar la falta de espadaña en la casa consistorial. La Plaza Mayor de Salamanca aparece en el semanario Pintoresco Español del 17 de mayo de 1840. Aunque el grabado no parece representar nuestra ágora de forma muy realista, al menos permite percatarse, de que sobre la Plaza de esos años no se había levantado la espadaña. 

 


3.5 El periodo tras su cierre

El suelo inicial de la Plaza, tras su cierre y finalización (el 29 de abril de 1755), estaba compuesto de finos guijarros (enchinarrada, según mencionan algunos autores). El corregidor de Salamanca Joaquín de Saura y Sarabia realizó reformas en el casco urbano de la ciudad y empedró el recinto alumbrándolo con candiles de aceite colocados en el centro, concretamente el Jueves Santo (8 de abril) de 1784. Se construyó un sumidero en el centro de la plaza, con el objeto de aliviar el agua de las lluvias. Sin embargo, hasta el año 1806 no se enlosaron, por primera vez, los soportales. La Plaza, debido a su forma perimetral cuasi-cuadrada, se emplea varias veces al año como local taurino en el que se celebran corridas. Los toros solían entrar por la Puerta de San Fernando, que debido a esta nueva funcionalidad cobra el nombre popular de Puerta de los toros. En el arco que mira a la Plaza del Mercado se labra la cabeza de un toro, ubicado en la dovela superior del mismo. A comienzos del siglo XIX se empleaba el área de la plaza como lugar de ejecución pública, de esta forma en 1810 se procedió a la ejecución por sentencia de catorce bandidos.

 


3.6 El resultado de la nueva Plaza Mayor

La construcción de la Plaza acaba encajonando la Iglesia de San Martín entre diversas casas, y poco puede verse de su estructura desde la calle. La iglesia es, en la actualidad, el único edificio superviviente de la "Antigua Plaza". La Plaza se convierte en el siglo XVIII en lugar de celebración de "fiestas barrocas". Los balcones se arriendan frecuentemente a privados para mejor disfrute de la visión de corridas de toros.

La plaza seguía conservando el carácter mercantil. En ella se llevaba a cabo cotidianamente el trueque y la venta de todo tipo de género. Los carniceros y fruteros en el Pabellón Real, los carboneros en la Plaza del Poeta Iglesias y los lenceros, cero, se situaba cerca de San Martín. A lo largo del tiempo se van levantando nuevos negocios, carnicerías, farmacia, etc.

Muchos fueron los eventos que contribuyeron al deterioro del espacio caótico. La guerra de la sucesión con el cambio de los Austrias a los borbones, la guerra de la Independencia con la invasión francesa, sequías, plagas, hambrunas. El terremoto de Lisboa en 1755. La población desciende de 25.000 habitantes en el S. XVI a 15.000 en el S. XVIII.

 




3.7  El periodo del siglo XIX

La espadaña del Pabellón Consistorial, realizado por el arquitecto salmantino Tomás Cafranga, fue el último remate de la Plaza en 1852. Casi cien años tras su cierre como Plaza. Se pueden ver sobre ella cuatro figuras alegóricas de las virtudes cardinales (que no se han de confundir con la representación de la agricultura, industria, comercio y astronomía que aparecen a un nivel inferior).

La evidencia de la ausencia de la espadaña en la fachada del Ayuntamiento se refleja en algunos grabados. Aunque estaba proyectada en la maqueta de Andrés García de Quiñones, no fue hasta 2 de enero de 1852 cuando se decidió su construcción para colocar el reloj de la ciudad. Tomás Francisco de Cafranga, arquitecto provincial, fue el encargado de su construcción y para ello reformó el proyecto inicial eliminando dos torres previstas y reduciendo la ornamentación.

En la balaustrada, en lugar de pináculos como en el resto de la Plaza, se instalaron cuatro estatuas de Isidoro Celaya representando a la agricultura, el comercio, la industria y la geografía. Además de cuatro figuras sedentes, que probablemente representan las cuatro Virtudes Cardinales, y de una corona real de hierro, de la que hoy solo queda la base, se colocaron tres campanas fundidas por Salvador Raurell y un reloj tipo Morez.

En el espacio limitado por los noventa arcos que tiene la plaza (doce de ellos mayores) se producían las celebraciones y reivindicaciones sociopolíticas de la ciudad, habitaban cerca de 53 casas y daban a su espacio 477 balcones. La Plaza Mayor fue evolucionando a lo largo del siglo XIX, y de sus funciones cotidianas hacen mención algunos documentos de la época. Se celebran en ella corridas de toros, logrando acomodar aforos de entre unos 16.000 a 20.000 espectadores. Estas fiestas se denominaban "Fiestas reales" o con la denominación más popular de toros y cañas. Los autores literarios de este siglo hacen referencias a su belleza, iniciando así su leyenda popular en la cultura salmantina. La revuelta del dos de mayo de 1808 en Madrid hizo que una algarabía de estudiantes salmantinos picaran el medallón de Godoy en la Plaza, derrocado tras el Motín de Aranjuez. En junio de 1812 las tropas del Duque de Wellington se instalan cerca de la ciudad y combaten contra las tropas napoleónicas destacadas en el Fuerte de San Cayetano, desde allí se dirigen disparos de artillería que caen en la plaza causando algunos muertos (24 y 25 de junio de 1812). Una vez liberada la ciudad se acordó que este general británico tuviese un nuevo medallón ubicado en las enjutas en la Plaza.

En el Arco de San Fernando se produce un asesinato que deja un cartel que con el tiempo se convertirá en leyenda. En el año 1843 acoge los primeros coches diligencia a Madrid. A mediados del siglo XIX se añade la espadaña de la casa consistorial. En 1844 se reciben las primeras noticias de deterioro de la Plaza: los machones de algunos arcos muestran un deterioro considerable. En 1849 se traslada el reloj de San Martín a la fachada de la casa consistorial. Con la incipiente técnica de la fotografía, el fotógrafo Charles Clifford retrata la plaza por primera vez en el periodo que va desde 1853 a 1860. El fotógrafo francés Juan Poujade tras su triunfo en la Exposición Universal de París de 1878 viaja a la ciudad de Salamanca en ferrocarril y plasma en sus fotografías, no solo la arquitectura, incluida la Plaza, sino muchas escenas costumbristas que han llegado hasta nuestros días.

En 1884 se colocan farolas de gas en el jardín y en los arcos de los soportales, proporcionando una de las imágenes características de la Plaza. En el año 1868, durante la revolución llamada "La Gloriosa", se derriban los bustos de Carlos IV y de María Luisa de Parma en el Pabellón Real. En 1869 se instalaron cuatro urinarios públicos, uno en cada esquina de la plaza, denominados columnas urinarias. Se plantan jardines públicos en su espacio, así como árboles (unas veintisiete acacias formando un bosque) en el centro de la plaza. Estas plantaciones se anunciaron como un símbolo de modernidad urbanística. 

La zona ajardinada se rodeaba de los asientos canapés instalados en 1872, cuyas aperturas se encontraban flanqueadas con los jarrones fundidos por Maculet. En la glorieta central, también rodeada de asientos canapé, se hallaba la fuente de base circular, que sustituyó en 1875 a otra de base octogonal que había sido instalada en 1869. La fuente tenía en su centro un detalle de hierro fundido que se conoció popularmente como "El Manojo" y que dio nombre a la fuente e incluso al templete de madera que fue colocado sobre ella en 1889. Este último fue sustituido por otro de hierro construido por Moneo e hijo en 1893. La fuente permaneció bajo del templete hasta que este fue trasladado a la Alamedilla en 1898. La vuelta del templete a la Plaza en 1906 supuso la desaparición definitiva de esta fuente y del templete provisional de madera que había sido construido a su lado en 1901 y que, con mucha sorna, la ciudad conocía como "El Patíbulo". Cuatro torretas metálicas habían sustituido en 1890 a los postes de madera que sostenían las lámparas eléctricas colocadas por la "Electricista Salmantina" el año anterior. También en 1889 se rodearon con una verja metálica lo urinarios de chapa instalados en las esquinas del jardín en 1884.

Para su iluminación se colocan algunas farolas de petróleo y se levanta una diminuta fuente octogonal con una farola en el medio y sobre un pedestal decorado con cabezas de niños.

Todas estas mejoras tecnológicas y de ornato estaban inspiradas en los avances en el mobiliario urbano incorporado en capitales españolas como Madrid y Barcelona. Estas novedades generaron un clima de protesta que alegaba una precaria solución a los problemas de higiene en la ciudad. Los aguadores eran un gremio habitual en la plaza, se decide instalar una fuente que traslada agua del Tormes a la Plaza. Poco a poco, durante este siglo, la plaza cobra protagonismo como espacio de celebraciones y actos políticos.

Un bando de 1888 ordena unificar los toldos y cortinas haciendo eliminar igualmente los anuncios en las columnas de los soportales. En 1889 la iluminación eléctrica ya se ha instalado en la plaza, numerosas referencias periodísticas se hacen eco del efecto nocturno que hace dicha iluminación. Al finalizar el siglo la Plaza necesita una reforma, su aspecto era reclamado por más de un autor de la época. Cabe destacar el movimiento que tuvo el templete octagonal instalado por primera vez en el año 1893 en el centro de la Plaza realizado por el constructor salmantino Anselmo Pérez Moneo, este templete se traslada finalmente en 1898 a La Alamedilla y en 1906 regresa de nuevo a la Plaza Mayor donde se mantuvo hasta 1930 (fecha en la que se retiró definitivamente un templete portátil, que se construyó en madera durante el periodo de su ausencia, al que los salmantinos apodaron como el patíbulo.)

 






3.8  La entrada en el siglo XX

En la celebración del aniversario se instauró una estatua con Churriguera y José del Castillo "III Conde de Francos" que se levanta en la Plaza de la Lonja.

En 1904 con motivo de la visita de Alfonso XIII se ilumina la plaza durante dos días mediante bombillas eléctricas. Haciendo gala del estilo de la puerta del Sol de Madrid y de sus numerosos cafés de tertulia, la Plaza Mayor de Salamanca estrena en mayo del año 1905 el Café Novelty, siendo propietarios los hermanos Vicente y Federico García Martín. Este café ubicado en una esquina del Pabellón Consistorial (junto a la desembocadura de la calle de Toro) se convertiría con los años en una institución característica de la plaza (hoy en día se encuentra una estatua del ilustre literato Gonzalo Torrente Ballester miembro de la generación del 36). El Mercado Central de Abastos construido en la Plaza vecina se inaugura el 15 de abril de 1909.

En 1920 el Ayuntamiento de Salamanca procede al adoquinado de la mayor parte de la ciudad con el objeto de mejorar el tráfico rodado que se va incrementando poco a poco. En 1922 se acaba el adoquinado de la plaza Mayor, y a finales del decenio más de una veintena de calles del centro.

Cuando llega el 14 de abril de 1931, al proclamarse la Segunda República Española, Unamuno al regresar de su destierro, se halla en el balcón del Ayuntamiento de Salamanca desde donde se dirige a la multitud que llena la Plaza Mayor. Este mismo año escribe un artículo periodístico en «El Sol» dedicado a la que denomina: su Plaza Mayor. La Plaza será escenario de manifestaciones y movilizaciones políticas de diversos géneros en fechas posteriores.

Tras el golpe de Estado la guarnición de Salamanca se levanta en armas el 19 de julio de 1936, y a media mañana fija en la Plaza un bando de guerra firmado por el General Saliquet. El alzamiento devino en Guerra Civil, los urinarios públicos ubicados en la Plaza pronto se convierten en refugios antiaéreos. Cabe destacar que el traslado del Cuartel General de las tropas sublevadas a Salamanca hace que la ciudad sea importante durante los primeros meses del Movimiento Nacional; el centro político del bando rebelde se instala en el Gran Hotel de Salamanca (cercano a la Plaza que fue inaugurado el 12 de octubre de 1930).

En el año 1954 se pavimenta la plaza, tal como está ahora, se mejora el alumbrado de la parte central y se añaden las farolas fernandinas de los soportales que posteriormente harán la decoración típica de la Plaza. Se suprime la zona ajardinada y de recreo, pavimentándose con losas de granito. En los años 70 se suprime el tráfico rodado por la plaza, haciendo de ella un espacio peatonal. Algunos de los medallones se completan como el del dominico Francisco de Vitoria que en 1974 es esculpido por Jacinto Bustos Vasallo. Aparece en España el nuevo fenómeno del turismo y las calles se llenan de personas que viajan a la ciudad para verla y admirarla, entre todo ello se encuentra la Plaza. El 9 de diciembre de 1988 la Unesco declara a Salamanca como "ciudad Patrimonio de la Humanidad".

 


5         Las distintas transformaciónes. La eliminación del mobiliario urbano para tratar de volver a recuperar su estado original.

Desde sus inicios, el espacio de la Plaza Mayor había sido concebido limpio y despejado para permitir la celebración de actos y espectáculos públicos. Este propósito solo fue alterado con la colocación en su centro de una farola-candil de aceite inaugurada en 1784. La entrada de la modernidad introduce nuevas costumbres modernas. La Plaza pasa a ser el centro de la ciudad, sede municipal con la Casa Consistorial (Ayuntamiento) y enclave cultural y comercial de primera magnitud. Poco a poco las novedades importadas (templete, fuentes, estaciones sanitarias (aseos, farolas y lámparas) transformaron los jardines en un escenario caótico marcado por la ostentación pública.

A partir de 1870, la Plaza Mayor fue dotada de arbolado (acacias), lo que en aquel momento representaba el embellecimiento y regeneración de una ciudad que carecía prácticamente de espacios verdes. La estructura y apariencia de ese inicial “bosquecillo” fue cambiando con el tiempo hasta convertirse en jardines según los gustos imperantes. 

En 1910, el arbolado había disminuido considerablemente y en su lugar se habían instalado parterres con flores y plantas arbustivas. Destacaba la línea de canapés, bancos de piedra corridos con respaldo de hierro fabricados por Moneo e hijos, instalados en 1872 y hoy colocados en la plaza de la Libertad y en la de Colón, en cuyos extremos sobre columnas de granito estaban colocados los jarrones de hierro que fundió Maculet y que fueron instalados ese mismo año.

En la glorieta central, también rodeada de canapés y diseñada en 1881, se izaba el templete que tras haber sido retirado y trasladado a la Alamedilla en 1898 había vuelto a ser colocado allí en 1906. Completaba el equipamiento urbano los urinarios de chapa instalados en 1884, rodeados de una verja de hierro en 1889 y que se mantuvieron hasta 1911 cuando fueron sustituidos. Fueron expulsados de la Plaza por razones higiénicas en 1916.

Por aquellos años continuaba la tendencia a minimizar los jardines de la Plaza Mayor que en sus inicios había llegado a ser un pequeño bosque.

La evolución de la plaza, tras su construcción, pasó por diversas épocas de transformación en su mobiliario. Se diseñaron e hicieron para su adorno jardines en su centro, farolas, quioscos. Hubo tráfico rodado que, finalmente, fue suprimido en los años setenta.

 


5.1 La primera gran transformación de 1921

Fueron muchos los que reaccionaron atacando el ornamento monumental y buscando una purificación. La estructura del jardín derivaba de la gran transformación de 1921 cuando fueron retirados los canapés exteriores y la calzada, adoquinada en ese año, fue separada de las aceras y de la zona central de jardines por un bordillo.

Habían desaparecido todos los árboles, incluso las palmeras chinas, plantadas en 1917, fueron retiradas en 1930. Los parterres de geranios y rosales rodeados de setos de boj, con unos pequeños estanques circulares en su interior que fueron transformados en macizos de flores en 1935, constituían fundamentalmente el jardín que rodeaba la glorieta central, circundada aún por asientos canapés, pero carente del templete que había sido retirado definitivamente en 1930. La iluminación la proporcionaban ocho farolas que habían sido colocadas en 1928.

En 1954 culmina el lento y no planificado proceso de eliminación de elementos centrales y mobiliario urbano de la Plaza Mayor. A partir de entonces quedaría prácticamente exenta de ornamentos. El mismo Unamuno (elegido concejal del Ayuntamiento) reclamaba que la Plaza recuperara el nuevo clasicismo que la vio nacer y fuera un espacio protegido y sosegado donde los hombres elevaban el paseo cotidiano a la categoría de rito litúrgico.

Los machones se recalzan posteriormente en las labores de restauración de los años 1927-1928 con piedra de granito, más resistente a la erosión humana e impermeable ante la absorción de agua del terreno. Las obras de pavimentación comenzaron el 25 de enero y debían de estar terminadas el 1 de mayo y estar listas para la visita que realizaría Franco el 6 de mayo de 1954, al que se le iba a conceder un Doctorado Honoris Causa durante los actos de Clausura del VII Centenario de la Universidad.

La Plaza Mayor fue pavimentada en tiempos del alcalde Carlos Gutiérrez de Ceballos, cuando en el pleno del 11 de enero de 1954 se aprobó el proyecto de urbanización del arquitecto Lorenzo González Iglesias y del Ingeniero Antonio Paradinas Laporta. En la memoria del proyecto se alude a razones como la necesidad de eliminar todo adorno que pudiera distraer la atención del conjunto arquitectónico de la Plaza. 

El suelo de losas cuadradas de granito gris quedó en un solo nivel sin aceras ni bordillos, solo se contemplaban la colocación de 14 mojones o guardacantones que sirvieran de apoyo a la señalización vertical y separación de zonas y cuatro farolas de fundición con cuatro brazos. Estas farolas cuyo depósito legal es de 1958, lo que nos hace pensar, con la posibilidad de equivocarnos, en que la imagen reproducida sea del propio año 1954 y anterior a la colocación de dichas farolas que finalmente fueron instaladas en número de ocho, aunque solo quedaban siete cuando fueron sustituidas en 1962 dentro del proyecto denominado "iluminación turística en la ciudad de Salamanca". 

La recepción definitiva de las obras de pavimentación tuvo lugar, con bastante más retraso del previsto, el 16 de junio de 1955. La Plaza continuaba siendo el gran patio vecinal de la ciudad, lugar donde entregarse al paseo o la conversación. Paseo que una vez fue en doble círculo y en giro contrario para cada sexo y que había cedido su rigor ante el empuje de la mujer que poco a poco trataba de alcanzar una situación social a la par con el hombre.

La Plaza aún conservaba el carácter de centro comercial de la ciudad y contaba con cinco joyerías, dos zapaterías, tres pañerías, una librería, once tiendas de artículos diversos, cuatro confiterías, dos estancos y cuatro cafeterías: Novelty, los Escudos, Altamira y Las Torres. Una enumeración muy distinta a la que generaría la situación actual. Hoy el ejercicio comercial ha derivado por otros derroteros y la Plaza, casi monopolizada por negocios hosteleros y de servicios, parece destinada más a la atención de foráneos que de propios.

Un hermoso artículo que partiendo de la visión del escritor ruso Ilya Erenburg, definió la Plaza con tres palabras, "gira, zumba y canta", describía una Plaza romántica, aún decimonónica, un tanto trasnochada y a punto de desaparecer. Las imágenes de Pato, también hermosas, ofrecían por el contrario la visión de una plaza dinámica, joven, moderna y de futuro.

El domingo 17 de agosto de 2014 publicó La Gaceta un artículo de José María Hernández Pérez, como siempre muy documentado, sobre los organilleros salmantinos. Nos habla de la familia Apruzzese venida desde Italia y pronto trasladada a Madrid de la mano de Tomás Bretón, de los Giolotti también italianos que explotaron empresarialmente el negocio del organillo, a los que sucedieron las empresas de Jitibán y de Doyagüe, amén de algunos otros organilleros independientes que amenizaron durante años las fiestas populares, bautizos, bodas, serenatas, y otros eventos de Salamanca. En 1910 el plantel de organilleros salmantinos lo componían Agustín Ceballos, Francisco Alonso, Manuel Martín, Francisco Tato, Isidro Marcos y T. Martín. En enero dirigieron sus quejas al Ayuntamiento por el aumento en 5 pesetas del que venían pagando por cilindro, a 25 pesetas. En Sesión de 26 de enero el Ayuntamiento se declaró incompetente para resolver este asunto alegando que fue un impuesto votado por la Junta Municipal de Asociados.

La ampliación de la ciudad en el siglo XX, mantiene ese carácter de espacio central de la plaza, en el urbanismo de Salamanca. Se celebra en 1979 el 250 aniversario del inicio de su construcción. Aparecen personajes como Remigio González ('Adares') un poeta callejero que se establece en los años ochenta en la Plaza del Corrillo durante diez años. En 1983 el arquitecto Antonio Fernández Alba es encargado de renovar la fachada del Ayuntamiento. Esta operación fue continuada después por una renovación general y restauración que se financió por la Dirección General de Patrimonio y la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León. El arquitecto Pío García Escudero elaboró un Plan Director para la Plaza Mayor en abril de 1992 (Propuesta de un programa global de rehabilitación del conjunto de la Plaza Mayor de Salamanca). En 1998 el escultor salmantino Venancio Blanco esculpe la efigie de los Reyes actuales (Juan Carlos y doña Sofía) en un medallón del consistorio.

En 1935, la plaza es declarada Monumento Nacional, por ser la plaza Mayor «más decorada, proporcionada y armónica de todas las de su época» (Fernando Chueca). La Plaza fue declarada monumento histórico-artístico de carácter nacional el 21 de diciembre de 1973, publicándose en el Boletín Oficial del Estado el 23 de enero de 1974. En el centro de la plaza aparece una placa celebrando su XX aniversario como Patrimonio de la Humanidad.

Hasta mediados del siglo XX la plaza tenía un jardín central, con bancos, árboles, arriates de flor y un quiosco de música en su centro. Una calle adoquinada lo contorneaba. Hacia 1953, el pavimento adquirió su aspecto actual, con baldosas de granito gris y marcas de granito rosa. Los granitos proceden de las canteras de Carbellino (municipio de Zamora).

En la actualidad, la plaza Mayor es el centro de la vida de la ciudad y un punto de encuentro habitual de los habitantes. En ella se encuentran innumerables bares y terrazas, además de la cafetería más antigua de la ciudad, el centenario café Novelty, que al estilo del café Gijón en Madrid, ha sido punto de encuentro habitual de los literatos y artistas de la ciudad, desde su inauguración en 1905.

Con motivo del festejo del 250° aniversario de la plaza se diseñó el programa cultural denominado "Salamanca 2005. Plaza Mayor de Europa", con actividades musicales y escénicas destinadas a todos los públicos.

 


5.2 La segunda gran transformación

La restauración continuó hasta el año 2001. En el firme de la Plaza Mayor aparecen una estrella jacobea (verano de 2005) así como una placa conmemorativa de Salamanca 2002, Ciudad Europea de la Cultura. Se emitieron cuatro sellos en junio de 2002, durante la XL Exfilna, junto a un matasellos y una medalla conmemorativa. Con motivo de la celebración del 250 aniversario de la finalización de la Plaza, se pretende completar el programa iconográfico con la talla de nueve medallones más en el Pabellón Consistorial: Carlos IV, Fernando VIIIsabelAmadeo de Saboya, una figura alegórica de la 1.ª República, de Alfonso XIIAlfonso XIII, un medallón alegórico de la 2.ª República y Juan de Borbón.

En 1999 se restaura la Policromía en los medallones del pabellón Real y de San Martín, el arquitecto Alberto López Asenjo se encarga de dirigir la obra. Se pone pan de oro en la orla circular que enmarca la figura, mientras que el fondo es azul claro.

 


6         Las plazas aledañas

Tras su ejecución y fin de las obras, el 29 de abril de 1755, la "Antigua" plaza de San Martín se escindió en tres espacios separados: la "Nueva Plaza Mayor", la del Mercado (antes denominada del Carbón) y la del Poeta Iglesias (antes de la Lonja).

 




6.1  La plaza del Corrillo

Respondía a la antigua Plaza de San Martín. Su nombre respondía por estar adosada a la antigua Iglesia románica de San Martín de Tours del S. XII (donde se veneran las reliquias de los primeros mártires durante el imperio romano S. VII: San Arcadio, San Probo, San Pascario, San Eutiquio y el niño Paulino).

Como ya dijimos su aspecto fue variando con el paso de los siglos. En principio asociada al Azogue Viejo era de enormes proporciones (era considerada la plaza hispana más grande de la cristiandad). En el S. XVI se construyó el atrio a manera de Gil de Hontañón. Después de finalizar la obra en 1852 la Plaza de San Martín quedó reducida a la mínima expresión.

El centro de la actividad mercantil de Salamanca anterior a la Plaza Mayor se remonta al S. XIII en la conocida plaza del Corrillo. Ya en el S. XII a las afueras de la muralla antigua en la puerta del Sol de donde discurría la Vía de la Plata hacia Zamora se daba como lugar de zoco, mercado, centro de la actividad mercantil donde reencontraba propiamente el mercado de la ciudad. Tras la repoblación el zoco también llamado Azogue Viejo se constituye como la plaza de San Martín alrededor de la iglesia románica que lleva su nombre. Se consolida la plaza como espacio comercial y mercantil y centro de la ciudad. Era en esta plaza donde se celebraban espectáculos públicos tanto religiosos como profanos. Se cuenta que en centro de la plaza de San Martín existía un “rollo” junto al que se fijaba un tablado en el que se marcaban las flechas con las corridas de toros durante las ferias de septiembre.

La plaza de San Martín sería la génesis de la posterior Plaza Mayor. Construida en el lugar neurálgico de la ciudad, era zona concurrida y popular en el medievo y fue centro comercial y religioso de la ciudad hasta que cayó en desuso en la alta edad media al ser tierra de nadie durante los Bandos. Poco a poco se fue desmembrando en distintas plazas, la de la Lonja, del Peso, de las Carnicerías, del aceite etc. Edificios de gran importancia se fueron estableciendo en sus alrededores como la Lonja y el Concejo.

En la actualidad es la pequeña plaza anexa a la Plaza Mayor a la que sirve de antesala. A la izquierda está la iglesia románica de San Martín y a la derecha una serie de casas con soportales formados por columnas de piedra terminadas en zapatas que representan las divinidades romanas correspondientes a los días de la semana: La luna para el lunes, Marte para el martes, Mercurio para el miércoles, Júpiter para el jueves, Venus para el Viernes, Saturno para el sábado y el Sol como día del Domingo. Antiguamente esta plaza del mercado estaba situada en la puerta del Sol de salida de la muralla antigua romana hacia la continuación de la Vía de la Plata pasando por Ocelo Duriju Oclodorum (Zamora), hasta Astúrica Augusta (Astorga). En la plaza del Corrillo se levanta una escultura al poeta Remigio González cuyo autor es Agustín Casillas.

 


6.2 La plaza del Mercado Central de Abastos

En un principio la Plaza Mayor acoge la antigua distribución de comerciantes por oficios y mercancías. En el Pabellón Real se vendía carne y fruta, en de San Martín carbón y lienzo, en de Petrineros repujados del cuero y en el del Ayuntamiento trigo y lino. Más tarde se vio la necesidad de diferenciar el carácter propio de la Plaza como centro cívico cultural y neurálgico de la ciudad de lo que era el carácter propio del mercado. Debido a esto se emprendió a primeros del S. XX (1909) el nuevo Mercado Central de Abastos. la Plaza del Mercado correspondía al gran número de espacio que ocupaban el llamado Azogue Viejo del mercado, el mercado de la Lonja, el mercado del Peso, de las Carnicerías, del Aceite, etc. El Mercado de Abastos (1899–1909), situado en la antigua Plaza de la Verdura o plaza del Carbón. Construido en hierro es una de las obras que junto al puente de hierro nos dejó el arquitecto matemático e ingeniero Joaquín de Vargas y Aguirre.

El mercado se ubica en los orígenes del siglo XII y XIII en la plaza llamada Azogue Viejo junto a la Catedral Vieja de Salamanca. Al cabo del tiempo el mercado se traslada a la plaza que se encontraba en torno a iglesia de San Martín en medio de la "plaza de San Martín" (previa a la actual Plaza Mayor) que era una plaza de grandes dimensiones. Durante el periodo que va desde el año 1729 al 1756 se produjo la construcción de la plaza tal como está actualmente.

Al principio la componían diferentes espacios bajo el sobrenombre de Plaza de la Lonja. En 1830 el Ayuntamiento cambia el nombre como plaza del poeta Iglesias por incluir la casa donde murió el poeta salmantino en 1791(aún se conserva una placa en ese lugar). La Plaza de la Lonja constituía un amplio, viejo y destartalado espacio que albergaba distintos edificios, el caserón que albergó el antiguo Ayuntamiento, el Palacio de Justicia, la cárcel. Más tarde en el solar de la Casa de la Lonja se construyó el Gran Hotel (hoy también desaparecido). En la plaza de la Lonja (plaza del poeta Iglesias) se erigió en 2011, con objeto del aniversario, una escultura de los arquitectos Alberto Churriguera y Rodrigo Caballero elaborada por el escultor Fernando Mayoral.

El Mercado Central de Salamanca (denominado oficialmente como Mercado Central de Abastos de Salamanca) es un mercado de abastos en la ciudad de Salamanca. Se encuentra ubicado en el centro de la plaza del Mercado adyacente a la Plaza Mayor (por los Portales de San Antonio). El Ayuntamiento de Salamanca encargó un proyecto para la distribución de alimentos en la ciudad desde el siglo XVIII, quedando relegado a un espacio adyacente convertido en la Plaza del Mercado (en la denominada Plaza de Verdura). El Ayuntamiento convocó un concurso y fue elegido el proyecto diseñado por el arquitecto jerezano Joaquín de Vargas y Aguirre (autor también de la Casa Lis para Miguel Lis, exponente del art nouveau, art decó). El proyecto seguía las directrices de los grandes mercados parisinos conocidos como las “Halles” que se levantaron en el centro de la capital francesa. Aunque el proyecto data de 1898, la obra se inaugura en 1909. Su ejecución tuvo que salvar dificultades económicas que retrasaron la obra.

El mercado Central ha sufrido desde su construcción varias rehabilitaciones durante del siglo XX, la primera fue en el año 1993 de forma parcial. La segunda fue en 2001. La estructura se realiza en pilares y vigas metálicas (la llamada arquitectura de Hierro, incluye el puente nuevo de hierro de Enrique Estevan construido por el ingeniero Saturnino Zufiaurre discípulo de Eiffel entre 1902 y 1913 y el de Pradillo para el ferrocarril iniciado en 1891 y remodelado en1933). La última rehabilitación en 2019 incluyó la instalación de vidrieras art decó como exponente del modernismo. El mercado Central fue declarado monumento histórico artístico.

 

7         El nuevo orden estilístico

La Plaza Mayor se distancia del barroco escurialense herreriano (Plaza de Madrid o Valladolid) para adquirir una impronta propia que se denominaría barroco churrigueresco. Es la familia de los Churriguera los que lo impulsan.

La arquitectura barroca española nace como respuesta estéticamente audaz a los cambios culturales de la época tratando de convertir los espacios (tanto civiles como religiosos) en escenarios de experiencia, emoción y triunfo de la fe. Las esculturas que coronan la espadaña del Ayuntamiento evocan las 4 virtudes cardinales: (Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza).

La ciudad quería proyectar su gloria y su orden y se valía de la monumentalidad de la Plaza para articular el poder y la fe, la espiritualidad y el saber, la ciencia y el arte. El resultado fue una expresión lúcida de la fe donde cada elemento ornamentado acompaña la experiencia de la liturgia y la vida cívica y universitaria. (Como exponente de esta función la Plaza se desarrollaban autos sacramentales). A su vez la Plaza se abría a lo profano con actos lúdicos y celebrativos.

El barroco trae nuevos elementos arquitectónicos de forma que pasa a toda una concepción de una escenografía teatral (función estética) de carácter urbano. Se pierde la barrera de lo público y privado, lo sagrado y lo profano, el exterior y el interior. El uso de la perspectiva marca un nuevo orden de proporciones (ilusiones ópticas). Lo importante es el impacto visual para generar la ilusión de efecto de infinitud apelando a los sentidos y a la emoción del espectador.

Elementos estructurales heredados del clasicismo. Destaca el empleo de los arcos y las columnas. Ordenes mayores y menores (propios del manierismo) en los diferentes pisos, arcos mayores y menores para resaltar la importancia. Todo conjugado armónicamente contribuye a la sensación de espacios monumentales para abrumar al espectador.

Exuberancia decorativa. La piedra de Villamayor tallada proporciona toda una gama de colores (ocres, dorada y anaranjada al atardecer). Profusión de hojarasca, guirnaldas, molduras, escudos, medallones. La iconografía de los medallones es utilizada como elemento propagandístico.

Dinamismo de las fachadas con una sensación de movimiento continuo. El uso de los soportales da sentido de movimiento giratorio (noria). Se busca un lenguaje armonioso y dinámico que genere belleza y armonice la funcionalidad con la simbología del poder divino y real (unión del orden, la exuberancia y la funcionalidad).

Juegos de luz y de sombra creando contrastes dramáticos para jugar con la luz solar permitiendo dar teatralidad a los espacios. Se buscaba un efecto de plenitud lumínica que transforma el espacio es una experiencia sensorial.

Despliegue de la iconografía. El programa iconográfico intenta simbólicamente representar la autoridad de la Iglesia. El poder de la Monarquía y la relevancia del saber, la ciencia y el arte.


 

8         El programa iconográfico de la Plaza

La iconografía se utiliza como instrumento de propaganda. La plaza se concibe como el marco para hacer relucir el rico patrimonio espiritual y cultural de la ciudad. La ciudad se concibe abierta a toda la nación y a todo el mundo.

En el contexto de la contrarreforma se pretende resaltar el poder de la Iglesia (la fe), la Universidad (la ciencia y el saber), la realeza como garante de la unidad de la nación. Se trataba de convertir la arquitectura en una herramienta de persuasión espiritual y de afirmación de la identidad católica en un periodo de grandes cambios políticos y culturales. Se trataba e inspirar la fe, el arte, la estética y la devoción. Se trataba de armonizar y reflejar las diferentes tradiciones histórico, culturales, espirituales del pasado como en un concierto sinfónico y armónico en una composición unificada y grandiosa.

Este programa posee una historia que va unida al desarrollo urbanístico de la plaza a lo largo de los años que van desde su construcción en el siglo XVIII. Una de las iconografías más evidentes es la que se puede ver alrededor de la misma, en los medallones ubicados en las enjutas de los ochenta y ocho arcos. Pero puede observarse igualmente escudos de armas en los soportales de los arcos mayores, en los balcones y demás elementos arquitectónicos.

Rodrigo Caballero colabora con Alberto Churriguera en la concepción del programa iconográfico de la plaza que se plasma en sus medallones. Aunque guarda el sabor del neoclásico, sin embargo, la Plaza inaugura una nueva concepción barroca. Se pasa del pórtico adintelado al pórtico arqueado (arco de triunfo). Se suprimen los torreones laterales y se busca una unidad más armónica.

La Plaza Mayor de Salamanca es el más claro ejemplo del estilo barroco churrigueresco. La Plaza resulta ser uno de los centros más prestigiosos de la ciudad, ya desde los inicios de su construcción, un espacio público, un nudo de comunicaciones y lugar de paso, de reivindicación política y social, un mercado y espacio lúdico donde se han celebrado corridas de toros y fiestas barrocas así como festejos populares.

El diseño de la Plaza se asigna, en su primera etapa, al arquitecto madrileño Alberto de Churriguera (encargado de diseñar y dirigir la obra de los dos primeros lienzos), y el Concejo de la ciudad financia completamente la obra.

La Plaza se construye siguiendo el modelo de otras plazas de ciudades españolas como la Plaza Mayor de Madrid (1617-1621), la del Ochavo de Valladolid (1561), la del Cuadrado de Córdoba (1683). Se edifican los pabellones siguiendo tres fases de obra bien diferenciadas a lo largo de un cuarto de siglo. Vamos a desarrollar el programa iconográfico a partir de los medallones de los pabellones.

La primera fase aborda sucesivamente dos pabellones: El Real y el de San Martín (durante el periodo: 1729-1735), sigue un periodo de quince años de interrupción de la obra debido a los litigios habidos entre los dueños de las casas y del Ayuntamiento en la construcción del Pabellón de Petrineros (guarnicioneros) y del Consistorial (durante el periodo: 1735-1750).

En la segunda fase se construye la casa consistorial y su fachada (1750-1756) a cargo del arquitecto Juan García Berruguilla y, por otro lado, se completa el cierre de la Plaza. Finalmente, la casa consistorial que quedó arquitectónicamente incompleta, se completó con la espadaña de su fachada un siglo después (en 1852).  

La ciudad con un rico patrimonio espiritual pasó a ser por la prestigiosa Universidad ciudad el saber y de la cultura y adquirió cada vez más una mayor relevancia y preponderancia. En 1877 se engalana para recibir a Alfonso XII para la inauguración del primer ferrocarril. En esta misma plaza acuden varios reyes, el primero el Rey Felipe V para su inauguración, el último el rey Alfonso XIII antes del golpe de la República en 1922 dentro del Centenario de la Canonización de Santa Teresa. Dos discursos en la plaza de Miguel de Unamuno conmueven la ciudad. En su regreso del exilio en 1930 recibido ante el clamor del pueblo y nombrado alcalde presidente honorífico de la Ciudad y lo que fue su despedida en su jubilación a los 70 años en 1934 poco antes de estallar la guerra civil. En la plaza hubo acto militar en el alzamiento nacional con las tropas de Franco y al final de la guerra.

 


6.1 Desarrollo del programa iconográfico

Los primeros pabellones en construirse, el Real y de San Martín, permitieron que fueran tallados por el escultor vallisoletano Alejandro Carnicero, que desde 1730 a 1733 se dedicó a la labor. Las cartas mostradas por Rodrigo Caballero y el duque de Medina Sidonia aportan como conclusiones que, Rodrigo Caballero fue el autor del programa iconográfico de la plaza. 

El primero debería ser dedicado a la monarquía española y para ello se inspiró de una serie de grabados. El segundo, dedicado a dieciocho de los grandes capitanes españoles, estaría encabezado por Santiago apodado Matamoros (nunca llegó a realizarse) y se diseñó gracias a las efigies proporcionadas por Rodrigo Caballero. Alonso Pérez de Guzmán le proporciona a Rodrigo Caballero la lista de los dieciocho personajes militares a incluir en denominado "Cuartel General". Rodrigo echa de menos la figura de Juan Pacheco (marqués de Villena) y lo incluye finalmente en el programa iconográfico. El tercer lienzo está dedicado a los sabios y el cuarto a los santos. Estos dos lienzos ya no siguen el rigor de los anteriores, y alguna figura fue esculpida pero sin seguir la regla. En el lado de petrineros las figuras de Cervantes y de santa Teresa talladas en 1973 y la de Francisco de Vitoria en 1974. Una de las causas de esta falta de criterio en los dos últimos lienzos puede encontrarse en la destitución de Rodrigo Caballero, la otra causa será el periodo de parada que sufrió la construcción de la plaza durante los años 1735-1750. De todo el programa solo se realizó según el proyecto la mitad: la que corresponde a los Pabellones Reales y la de San Martín.

La talla en el resto de los lienzos, se van realizando poco a poco siguiendo dictados diversos. A finales del XVIII se hizo un medallón de Godoy (en el lienzo de Petrineros junto a la salida hacia la plaza del Corrillo), que fue picado a su caída (todavía se puede ver que es más delgado que los que quedan por tallar). En 1813 se añade en el lienzo de Petrineros al duque de Wellington por su activa lucha en la liberación de la ciudad ante las tropas francesas de Napoleón.

El programa iconográfico de los medallones se mantiene inconcluso. En la actualidad se siguen labrando algunos medallones que quedaron vacíos con figuras de personajes que quedaron vinculados a la historia de la ciudad. En 1936 estando en plena Guerra Civil y habiendo trasladado el Cuartel General de las tropas sublevadas, Francisco Franco se hace tallar una efigie en el comienzo del Pabellón Real (la talla fue realizada por el escultor Miguel Huerta).

En 1967, la ciudad decidió ir completando los medallones vacíos y desde entonces ha prevalecido el criterio de encargárselos a artistas salmantinos y dedicárselos a personajes ilustres vinculados de alguna manera a la ciudad. De esta forma en 1975 el Consistorio decide incluir un medallón de su Arco Mayor a Rodrigo Caballero y Llanes y fue tallado por Enrique Orejudo. Posteriormente se hizo el medallón de Juan Vázquez de Coronado en 1967 (realizado por Damián Villar). El ayuntamiento encarga a Venancio Blanco los medallones del Rey Juan Carlos y la Reina Sofía.

El programa iconográfico de la plaza Mayor de Salamanca consiste en un conjunto de iconos, también llamados medallones, ubicados en diferentes partes de la plaza Mayor. Este programa posee una historia que va unida al desarrollo de la plaza. Una de las iconografías más evidentes es la que se puede ver alrededor de la misma, en los medallones ubicados en las enjutas de los ochenta y ocho arcos. Pero puede observarse igualmente escudos de armas en los soportales de los arcos mayores, en los balcones y demás elementos arquitectónicos. Además de las armas de la ciudad, siendo estas las que más veces se repiten en el programa.

La plaza consiste en cuatro pabellones que se fueron construyendo de forma progresiva durante el periodo que va desde el año 1729 al 1756. Se sabe que el corregidor andaluz Rodrigo Caballero que a su edad de sesenta años diseña los medallones de los dos primeros Pabellones (Real y de San Martín). La evolución histórica de los medallones va desde el pabellón real, pasando por el de San Martín, el de Petrineros y finalmente el Consistorial. Los dos primeros muestran un programa iconográfico relativamente homogéneo en sus personajes, quizás debido a la existencia de patrocinadores y realizadores activos (el corregidor de Salamanca Rodrigo Caballero y Llanes y el tallador Alejandro Carnicero). Los otros dos restantes no han logrado ser homogéneos por haber sido realizados posteriormente ya sin la tutela de un autor.

 






6.2 Programa iconográfico del Pabellón Real

Los medallones del Pabellón Real, de derecha a izquierda, vistos desde el interior de la plaza (es decir hacia el portal de San Fernando) son los que se muestran en la tabla siguiente. En el programa originario de la plaza diseñado por Rodrigo Caballero y Llanes todos ellos corresponden a reyes. Posteriormente se añadieron efigies como la de Francisco Franco (en 1937). Los medallones correspondientes al Pabellón Real y de San Martín fueron realizados por Alejandro Carnicero (se inspiró en algunos grabados).

La iconografía utilizada responde a la historia de Salamanca Lo más sobresaliente de los medallones del Pabellón Real son las efigies de los reyes. El primer busto que se colocó fue Alfonso XI que precisamente nació en Salamanca. El último medallón es el de Fernando VI. Felipe V, por su relevancia en la supervisión de la Plaza, ocupa un lugar privilegiado apareciendo tres veces. Entre los medallones aparecen la Reina Isabel la Católica y su hija Juana la Loca con sus respectivos maridos. Entre otros reyes y reinas Isabel de Farnesio.

Medallones del Pabellón Real: Alfonso XI de Castilla, Pedro I de Castilla, Enrique II de Castilla, Juan I de Castilla, Enrique III de Castilla, Juan II de Castilla, Enrique IV de Castilla, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, Juana I de Castilla, Felipe I de Castilla, Carlos I de España, Felipe II, Felipe III, Felipe IV, Carlos II. Felipe V, Luis I, Felipe V, Fernando VI.

 


6.3 Programa iconográfico del Pabellón de San Martín

Los medallones del Pabellón de San Martín son efigies correspondientes guerreros, descubridores, conquistadores españoles, así como militares. Entre ellos Bernardo de Carpio, Fernán Gonzalez, Rodrigo de Ponce, Cristóbal Colón, Hernán Cortés. Falta en esta sección el medallón nº16 correspondiente a Sánchez Dávila posterior a Rodrigo Dávila. Debido al carácter privado eclesiástico de este pabellón se conservan en los balcones del primer piso los escudos del Cabildo Catedralicio, la Real Clerecía de San Marcos, el Colegio de San Bartolomé, los Caballeros Veinticuatro, la Encomienda de San Juan o la Universidad.

Medallones del Pabellón San Martín: Bernardo del Carpio, Fernán González, García Fernández, Rodrigo Diaz de Vivar, Pelayo, Alonso Pérez de Guzmán, Juan Pacheco, Rodrigo Ponce de León, Rodrigo Téllez Girón, Gonzalo Fernández de Córdoba, Cristóbal Colón, Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Fernando Álvarez de Toledo, Rodrigo Dávila. Antonio de Leyra, Diego López de Haro, Alonso de Aragón, Alonso de Aguilar.

 






6. 4 Programa iconográfico del Pabellón de Petrineros

Los medallones del Pabellón de Petrineros son los de estructura iconográfica más heterogénea. Son varios los autores de sus medallones, Agustín Casillas, Garciliano Montero, Jacinto Bustos, José Luis Pinto Benito, Oscar Alvariño. Fernando Mayoral, Enrique Orejudo.

Medallones del Pabellón de Petrineros: Manuel Godoy. Miguel de Cervantes, Santa Teresa de Jesús, Francisco de Vitoria, San Juan de Sahagún, Miguel de Unamuno, Antonio Nebrija, Fray Luis de León, Duque de Wellington, Julián Sanchez, Tomás Bretón, Don Juan de Borbón.

 







6.5 Programa iconográfico del Pabellón Consistorial o del Ayuntamiento

Este Pabellón tenía en el balcón central del primer piso donde vemos dos hornacinas vacías, en ellas figuraban los bustos del rey Carlos IV y su esposa María Luisa, ambas obras del escultor José Álvarez. Los bustos desaparecieron durante la Revolución de 1868. Posteriormente se colocaron los bustos de Alfonso XII y su madre Isabel II que nuevamente desaparecieron en 1931 durante la Segunda República.

En el año 2005, con motivo de las celebraciones del 250 aniversario de la construcción de la Plaza Mayor de Salamanca, se procedió a esculpir nueve nuevos medallones en las enjutas de este Pabellón. Las efigies elegidas eran de reyes y corresponden a Carlos IVFernando VIIIsabel IIAmadeo I de SaboyaAlfonso XIIAlfonso XIII, don Juan de Borbón y dos alegorías de la 1ª República y 2ª República españolas respectivamente. Juan Vázquez de Coronado en 1967 (realizado por Damián Villar). El programa iconográfico está incompleto, aún quedan espacio para nuevos medallones.

Los autores de los medallones del Pabellón Consistorial son varios, algunos de los que intervinieron en el Pabellón de los Petrineros y otros, Damián Villar, Oscar Alvariño, Miguel Angel Rojo, J. Pergón, Enrique Orejudo, Fernando Mayoral, Venancio Blanco.

Medallones del Pabellón Consistorial: Juan Vázquez Coronado, Alegoría de la Primera República, de la Segunda República. Amadeo I de Saboya, Juan Maldonado y Ordoñez de Villaquirán, Rodrigo Caballero. Alberto Churriguera, Juan Carlos I y Sofía, Carlos III, Alfonso XIII, AlfonsoXII, Isabel II. Fernando VII, Carlos IV.

El Medallón con la efigie de Rodrigo Caballero y Llanes en la enjuta de la izquierda en el "Pabellón Consistorial" de la Plaza Mayor de Salamanca. Homenaje a su labor iniciadora de la plaza y tallada en 1975 por Enrique Orejudo.

En las enjutas de los ochenta y ocho arcos de la Plaza se fue dejando un espacio para colocar un medallón en el que se incluiría el busto de un personaje importante en la historia de España. Esta idea es muy original en la época, siendo muy pocas las plazas que incluyen este programa entre sus paredes. En la actualidad hay una parte de los medallones tallados, y otro sin realizar. Estos medallones inicialmente se diseñaron por Rodrigo Caballero, para que representaran las series de efigies de los Reyes de España en el Pabellón Real, mientras que en el de San Martín se incluyeran conquistadores y militares españoles y en el de Petrineros fuese una serie de sabios españoles y de los santos más relevantes en el Pabellón Consistorial. Este plan iconográfico inicial se fue confundiendo poco a poco, de tal forma que, por ejemplo, se puede ver en la actualidad Reyes españoles en el pabellón Consistorial, y militares en el Real. Cabe destacar que Felipe V aparece representado tres veces, una por autorizar la construcción de la plaza en el arco central del pabellón real y las otras dos por cada uno de sus reinados.

 


6.6 Programa iconográfico de la espadaña

La finalización de la Plaza se lleva a cabo por el arquitecto García Quiñones. Adopta la solución más sobria y elegante. Aunque en principio proyecta dos torres una a cada lado de la Casa Consistorial (Las torres que pueden verse en la maqueta de José González Bordado) no llegaron nunca a construirse para lograr una solución más armónica. La espadaña del Ayuntamiento, obra de Tomás Cafranga, es resuelta con un orden mayor para darle más relieve a este y mantener así los tres pisos del resto de pabellones. Se finaliza en 1852 poco antes de cumplirse el centenario de la Plaza Mayor iniciada en 1728.

Su iconografía trata de coronar el majestuoso escenario de la Plaza. Al principio se piensa en que el centro de la espadaña este rematado por la imagen del Apóstol Santiago (presidiría el Solio de los Santos el patrono de España) pero finalmente se apostó por otras figuras, obra de Isidoro Celaya, que simbolizaran otro tipo de realidades relacionadas con la cosmopolita idiosincrasia salmantina.

En esta espadaña, cuando hay toros, se fija una bandera conocida con el nombre de la Mariseca (por haberse llamado así un albañil que al irla a fijar cayó y murió). También se utilizó la figura de un toro que se mantenía en el tiempo de la feria taurina,

Para tratar de esclarecer el programa iconográfico de la espadaña es valiosa la interpretación que realizó Modesto Falcón en su guía "Salamanca artística y monumental" (1867) en la que se describían como estatuas de la espadaña, la Agricultura, la Industria, la Ciencia y la Astronomía. Esta interpretación fue seguida por la mayoría de autores de fines del siglo XIX y de prácticamente todo el siglo XX. Podemos leer esta descripción en trabajos como "la Reina del Tormes"(1884) de Fernando Araujo o en "Salamanca en la mano: noticias histórico-descriptivas acerca de la ciudad y sus monumentos, usos y costumbres"(1930) de Enrique Esperabé de Arteaga.

Posteriormente se amplía o mejor se sustituye la interpretación de Ciencia por la de Comercio y así lo leemos en el libro sobre la Plaza Mayor de Guzmán Gombau (1955) y sobre todo en el libro de Rodríguez G. de Ceballos de 1977.

Las cuatro figuras alegóricas identificadas con la Agricultura, el Comercio, la Industria y la Astronomía (todas ellas en lugar de obeliscos), fueron talladas por un profesor de dibujo de la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy llamado Isidoro Celaya. Se erigió la espadaña y en sus tres huecos se dispusieron las campanas fundidas por Salvador Raurell (las campanas tenían por nombres: romanasatinaybentulaesquilonada). Se puso a sus pies la esfera de un reloj tipo Morez. Sobre la cúspide de la espadaña aparecen cuatro matronas que representan a las cuatro virtudes cardinalesPrudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza.

Las últimas investigaciones y la aparición de la correspondencia entre el escultor Isidoro Celaya y el Ayuntamiento tratan de esclarecer la iconografía verdadera (si es que esta existe). Del libro "250 Años de la Plaza" (2005), trabajo en tres volúmenes dirigido por Alberto Estella y coordinado por Conrad Kent, tomamos los siguientes párrafos: "La correspondencia de este profesor de San Eloy con el Ayuntamiento nos descubre cuáles fueron en realidad los temas iconográficos elegidos por el autor para las estatuas, cuestión en la que aquél le dejó total libertad. En 8 de junio había terminado la primera, que representaba a la Arquitectura, identificable por el libro y la escuadra que porta en sus manos”. Antes de que la comisión se pronunciase sobre ella, a final de mes había concluido la segunda, muy similar a la anterior en la posición de los brazos, vestido, etc., pero con un cincel y un mazo, porque quería representar a la Escultura. Aunque la comisión dio el visto bueno para que continuase el trabajo, también le advirtió que pusiese esfuerzo para conseguir mayor perfección en las restantes, y que acelerase la ejecución para que la obra no sufriese retraso. Sobre su significado primero se admitió la que representaba a la Geografía, que podemos identificar fácilmente porque apoya su mano izquierda sobre un globo terráqueo, pero solamente después de oír la opinión del arquitecto se aceptó la alegoría de la Agricultura. Otros quieren ver en las figuras otras interpretaciones alegóricas como La Música y la Poesía.

Según Cafranga la estatua representaba la diosa Ceres y estaba «personificada debidamente y según requiere la historia pagana», porque tenía «la hoz en la mano derecha y espigas en la izquierda», inconveniente de todas ellas era el ser de «piedra franca o de arena». Según este libro la interpretación sería: Arquitectura, Escultura, Geografía y Agricultura.

Los trabajos posteriores como la tesis doctoral convertida en libro de Enrique García Catalán, "Urbanismo de Salamanca del siglo XIX" de enero de 2015, asumen ya esta lista. Sin embargo, en trabajos como el libro de Antonio Seseña Arévalo, historia de la Plaza Mayor de Salamanca en Planos (2005) las enumera como Agricultura, Comercio, Industria y Geografía.

Resumiendo la iconografía que encierra las cuatro figuras alegóricas de su espadaña bien desde una versión mitológica, la diosa Deméter o Ceres (de la agricultura, cosechas y fertilidad), la diosa Atenea (de la justicia y sabiduría), la diosa Hestia (del arte y la arquitectura), la diosa Afrodita del amor y la belleza; bien identificadas como matronas, las cuatro virtudes cardinales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza, bien identificadas con las artes, Escultura, Arquitectura, Ingeniería y Astronomía; o bien haciendo referencia con los distintos estamentos sociales: la Agricultura, el Comercio, la Industria y la Geografía, son exponentes de la pluralidad de aspectos armónicamente recogidos en el pueblo salmantino.

 


A MANERA DE CONCLUSION

La literatura española posee numerosas alusiones a la Plaza Mayor de Salamanca y de su entorno, donde se encuentran descripciones destacadas. A la entrada a la Plaza Mayor por la plaza del Corrillo en la parte izquierda del arco se recoge una inscripción de Cervantes. “Advierte, hija mía, que estás en Salamanca, que es llamada de todo el mundo madre de las ciencias, archivo de las habilidades, tesorera de los buenos ingenios y que de ordinario cursan en ella y habitan unos doce mil estudiantes, gente moza, antojadiza, arrojada, libre, aficionada, discreta y de buen humor”.

Vamos a tratar de resumir el valor y rico patrimonio que encierra la Plaza mayor

Un canto sinfónico a la unidad

La Plaza Mayor va a convertirse en un “canto sinfónico” a la unidad sobre aquella dualidad extremada sobre lo celeste y lo terrestre, lo sagrado y lo profano. Símbolo y expresión de como armonizar todas las dualidades posibles a las que nos enfrentamos. ¿Cuándo lograremos vivir los humanos en la armonía de la unidad?  La Plaza se convierte en “claustro” para la ciudad donde quien accede a ella se ve inmerso en esa sensación órfica de contemplar el mundo con serenidad desde el misterioso hogar del pecho (como dice Unamuno “del corazón en las honduras guardo tu alma robusta. Cuando yo me muera guarda, dorada Salamanca mía, tú mi recuerdo”). Un canto sublime que nos eleva a la bóveda del cielo, donde los tapices pétreos de sus fachadas se convierten en piedras vivas de oro, que parecen llamear en los atardeceres del otoño y nos introducen en el tiempo de lo eterno, de lo que no muere, en el más allá de lo que vemos (como dice Fray Luis de León “es el amor, la unidad y la concordia lo que une los hilos del tapiz de nuestra historia, la virtud que recompone el rompecabezas de la vida y da orientación y sentido al laberinto de nuestra existencia”)

El logro de una síntesis armónica

Sin duda, uno de los grandes problemas en el hombre es dar con la integración y unificación interior en todas las esferas de la vida comunitaria, tanto a nivel eclesial, social o familiar y encontrar la forma de cómo establecer la unidad en las diferencias. El gran escenario de la existencia humana adquiere los rasgos de drama entre la búsqueda de unidad en la experiencia dramática de tantas divisiones que hunden sus raíces en la propia división interior. Para discernir el horizonte de lo variable y de lo eterno y permanente pide al hombre situarse en “el centro de su misterio” y no renunciar a esta comunión que le es propia.

La ciudad de Salamanca se levantó en una tierra que era tierra de muchos para sin perder su identidad pasar a ser “tierra de todos, para todos y abierta al mundo”. Las ciudades, las naciones, los continentes se levantaron como procesos de unificación de pueblos distintos mediante alianzas y pactos que salvaguardasen la unidad y la paz. Salamanca pasó por invasiones, saqueos, rivalidades y luchas de bandos. En la cabecera del arco que daba entrada a la Casa de la Concordia donde se firma el pacto de los Bandos se lee: “Ira odium generat, concordia nutrit amorem”. (la ira fecunda el odio, la Concordia hace fuerte el amor).

Especialmente los quince años de espera donde las obras se paralizaron por los litigios que surgieron movió los corazones a interceder a Dios porque se pudieran acabar las obras. El corregidor García Ramírez de Arellano cesa en su cargo y Alberto Churriguera fallece y la situación quedó en espera durante cerca de quince años, dando lugar al dicho popular en aquella época: “Salamanca tiene fuerte, media plaza, medio puente, medio claustro de San Vicente”.(anónimo)

La unidad hace la fortaleza

La Plaza Mayor es ejemplo de una obra que es fruto de la colaboración de todos los estamentos de la ciudad (Consistorio, Cabildo, Universidad) de todos los distintos oficios y trabajadores (arquitectos, aparejadores, escultores, canteros, albañilescarpinteros, cerrajeros etc) y de la profunda armonía de sus distintos elementos en medio de la diversidad.

Detrás de la Plaza hay un entramado de maestros, artesanos y talleres que trabajaron de forma armónica y coordinada. Canteros, yeseros, decoradores, tracistas, estilistas. La sinergia entre la arquitectura y las artes decorativas convertían los espacios en escenarios con un mismo lenguaje ornamental dentro de una misma identidad estilística. Figuras humanas, pináculos, candelabros, elementos vegetales, todo entrecruzado en armónico escorzo. Un baile de faunos y un cónclave de plegarias, la angustia de la locura y las zozobras de la inquietud. La verticalidad de las chimeneas, las cresterías y torreones, las balaustradas forman un laberinto de filigranas en un tapiz pétreo donde los canteros tallaron el latido de la ciudad.

La plaza pasa a ser “el corazón de la ciudad” (su salón de estar y el lugar de encuentro privilegiado). El profesor Ceballos, gran estudioso del ágora afirma que los salmantinos hicieron que la Plaza pasar a ser “el corazón donde late el pulso de la ciudad”, el lugar de la convivencia y del encuentro cotidiano y el sitio donde celebrar las alegrías de sus fiestas. La Plaza se convierte en el ágora de los ciudadanos, lugar de encuentro y celebración, lugar del diálogo, la amistad, la convivencia, la fiesta.

La Plaza Mayor ha sido durante dos siglos y medio “el centro vivo y el corazón de la ciudad” al que fluyen todas las arterias. Fue lugar de administración de Justicia, Consistorio, escenario y teatro natural de actos sacros y culturales, autos sacramentales, semanas santas, salón de conciertos, coso taurino, punto de encuentro, lugar de recreación, de alterne y de paseo.

Una nueva concepción de ciudad cosmopolita abierta al mundo.

En el siglo XVIII tuvo un importante renacimiento económico y cultural, que propició la terminación de la Catedral Nueva, cuyas obras habían estado paradas durante casi un siglo. La construcción de su imponente Plaza Mayor barroca en 1729 por decisión de Felipe V permitió rehacer muchos de los edificios monumentales dañados por el terremoto de Lisboa de 1755. La plaza fue proyectada para homenajear la llegada del Rey Felipe V. Su aspecto regio y señorial uniforme y homogéneo constituye una pieza inigualable del urbanismo barroco ilustrado de la época. 

En el aspecto cultural, también se notó el influjo de la Ilustración de los Borbones en la Universidad en el último tercio del siglo. El Renacimiento tiene especial interés en volver a los órdenes clásicos griegos. El Renacimiento es el arte de la humanitas y del humanismo. Su centro neurálgico va a ser la Universidad. A partir del S. XVIII domina el estilo barroco con formas recargadas. Su centro neurálgico va a ser la Plaza Mayor.

La plaza ha sido testigo de todo el acontecer político, militar, socio-económico y religioso de trascendencia no solo provincial y comarcal sino nacional. La Plaza se convierte en el centro intercultural abierto a toda España y a la humanidad desde el descubrimiento del nuevo mundo. La plaza pasa a ser la exaltación de las glorias nacionales y sus medallones incluyen, reyes, guerreros, descubridores, sabios y santos. Incluye a Cristóbal Colón, Santa Teresa Francisco Vitoria, Nebrija lo que da cuenta de una ciudad cosmopolita abierta al mundo. La plaza fue una empresa difícil y confiada también a Dios. Supuso la colaboración de todos (cada particular tuvo que costear las obras de su casa) el Ayuntamiento costeó misas implorando el feliz término de las obras.