LA PLAZA MAYOR DE SALAMANCA
Introducción
Salamanca, "la Reina del Tormes", esta de gala. Se celebra las
fiestas patronales de la ciudad bajo el patronazgo de San Juan de la Cruz. Este
artículo lo dedicamos a su Plaza Mayor el "nuevo ágora" de los salmantinos, que muy bien podría denominarse Plaza de
la Concordia por lo que tanto se invirtió el santo patrono. La Plaza representa
el corazón de la ciudad bajo el latido de armonizar tantos aspectos, históricos,
espirituales, culturales, políticos, lúdicos y festivos donde encuentran representación
todas las capas y estamentos sociales, gremios, cofradías. Supuso un largo
proceso de un organismo vivo que mantiene su vitalidad hasta el día de hoy.
La plaza Mayor de Salamanca puede considerarse una
de las más bellas de todas las plazas españolas y una verdadera joya del
barroco castellano. Por sus grandes dimensiones, belleza y armonía fue
considerada la más grande de España. Tiene como precedente a las plazas de
Madrid y Valladolid. El arquitecto Fernando Chueca Goitia, (catedrático de
Historia del arte en la ETSAM), la considera la más hermosa , la más bella y
florida culminación de las plazas españolas por su armonía y equilibrio.
Junto a las catedrales y la universidad la Plaza Mayor se
convierte en el "corazón de la ciudad" donde se vertebra el foco cultural y
social de la urbe. Cual punto de encuentro conforma y converge el tejido urbano
de la ciudad toda ella monumental. Todo parece girar en torno a la Plaza como
los que dan vuelta a la noria. El poeta López Alonso describe el paseo
giratorio de los mozos y las mozas: “dos largas filas en direcciones contrarias
de un lado los estudiantes, del otro las damas para facilitar el encuentro”.
Fue un largo y laborioso trabajo por expropiar y reordenar
los espacios colindantes. Hubo que expropiar y arreglar un tejido fragmentado
de casas y placitas, el corrillo de la Yerba, la plaza del Peso, del Ángel y
del Mercado.
Tuvo su antecedente en el azogue o zoco viejo a las afueras
de la puerta del Sol en la primitiva muralla (cerca nueva). La que se dominaba
plaza o corral de San Martín (plaza del Corrillo). Según fue creciendo la
ciudad con la repoblación del S. XII paso a constituirse en el nuevo centro
neurálgico de la vida social y cultural de la ciudad. Con el tiempo, pasó a convertirse
en el centro comercial y cívico de la de la ciudad.
Los trabajos previos se debieron al corregidor don Rodrigo
Caballero y Llanes. Fue construida entre los años 1729 y 1756, en estilo barroco.
El diseño es del arquitecto Alberto Churriguera, quien también realizó los
pabellones Real y de San Martín. Fue terminada por el arquitecto Andrés García
Quiñones. Tras los trabajos de Churriguera y Quiñones, la construcción fue
continuada por otros, llevando a cabo pocas modificaciones respecto al proyecto
inicial. A comienzos del siglo XIX sufrió diversas
remodelaciones urbanísticas, hasta que poco a poco, a mediados
del siglo XX, fue desprovista de sus jardines, quiosco de música
central y urinarios públicos para quedar diáfana.
La plaza se concibe "un gran salón de fiesta" abierto al
público para la celebración de grandes festejos (lidiar toros, jugar cañas, actos
de graduación de los doctorados de la Universidad). La plaza ha sido y sigue siendo protagonista de grandes acontecimientos de toda índole, lúdicos, sociales, culturales. En la misma plaza acuden varios reyes, el primero el
Rey Felipe V para su inauguración, el último el rey Alfonso XIII antes del
golpe de la República en 1922 dentro del Centenario de la Canonización de Santa
Teresa. Los discursos desde el balcón del Ayuntamiento de la plaza de Miguel de
Unamuno conmovieron la ciudad. En la plaza hubo acontecimientos religiosos, políticos, militares (el alzamiento
nacional con las tropas de Franco y al final de la guerra). En ella trascurre
durante el año las fiestas patronales (fuegos artificiales), la celebración del
fin de año en Navidad, las procesiones de Semana Santa, la Feria del libro, etc.
La gama de eventos supone un gran elenco desde corridas de toros a partidas de
ajedrez viviente, grandes conciertos y recitales. Desde el balcón del
Ayuntamiento hablaron personalidades como reyes, literatos, Unamuno, Franco, etc.
La misma fachada del Ayuntamiento se pensó para homenajear a santos políticos, intelectuales y artífices
de la riqueza artística y cultural de la ciudad.
- Historia de la Plaza
La constitución de la ciudad se fue estructurando según diferentes centros. El primer centro era el religioso, en el denominado "seto de las Catedrales", estas representaban el lugar central. En el renacimiento el centro de la ciudad pasó a configurarse en torno a la "Universidad", Salamanca en el siglo de oro (S. XVI) se convirtió en "escuela y cuna del saber". En el Barroco se produjo un cambio de configuración. La Plaza Mayor pasaría a convertirse en el nuevo corazón de la ciudad.
La historia
de la plaza Mayor de Salamanca está
inmersa en múltiples sucesos. En su larga historia de dos siglos y medio, la
plaza ha sido testigo de los acontecimientos culturales, políticos, civiles,
festivos y religiosos más importantes de la ciudad. Esta superficie urbana
ubicada en el centro histórico de la ciudad sufre varias transformaciones. La
construcción de la plaza tal como está actualmente se demoró
a lo largo de un periodo cercano al cuarto de siglo, desde el año 1729 al 1756,
ocupando una parte de la muy espaciosa plaza medieval llamada
Plaza de San Martín, en la que había mercado diario.
La idea de su construcción proviene del empeño del corregidor andaluz Rodrigo Caballero que a la edad de sesenta años
logra convencer al Ayuntamiento de
la necesidad de una plaza más armónica y
acorde con las corrientes urbanísticas de
la época. La construcción llevó varias décadas, durante este periodo el
Ayuntamiento tuvo que pleitear con los propietarios de las casas de los
pabellones.
1.1 Antecedentes
La primitiva plaza nació de forma natural en una campa en la
que se comerciaba, junto a la antigua Puerta del Sol de la muralla salmantina
y, por encontrarse allí la iglesia de San Martín, fue conocida desde
el siglo XV como plaza de San Martín. Esta
plaza era mucho más grande que la actual plaza Mayor, (casi cuatro veces más),
se extendía no solamente por la actual plaza, sino un entramado irregular y
ecléctico que comprendía la plaza de los Caborneros (hoy la plaza del Mercado), la de San Martín (hoy la plaza del Corrillo) y la del Poeta Iglesias, en la
cual se realizaban simultáneamente todas las funciones de una plaza.
Era punto de convergencia de las rutas de Zamora y Toro. Los
viajeros y mercaderes que entraban en la plaza medieval se encontraban con una
multitud de espectáculos y costumbres locales. Además de las funciones propios
del mercado, las celebraciones universitarias y religiosas, los jolgorios y
motines estudiantiles y las festividades y tratos agrarios, por allí
serpenteaban las procesiones estudiantiles (doctores y rectores), procesiones
eclesiales como la del Corpus Christi, el carnaval de cabezudos, gigantes y
gigantillas, los juegos de cañas, la lidia de toros. La nueva configuración de
la ciudad renacentista y barroca pedía un nuevo tipo de plaza más acorde con
las exigencias de la nueva época.
1.2 En torno de la puerta de
la Ciudad Vieja (cerca vieja)
Hubo antecedentes urbanísticos que explican el emplazamiento
de la actual Plaza Mayor. No se dispone de mucha información acerca del
núcleo primitivo de la ciudad de Salamanca, aunque si se sabe que esta área que
se encontraba en la loma central que se ubica entre el arroyo de la Palma
(actual vaguada de la Palma) y el arroyo de San Pablo.
Hubo intentos fallidos de repoblar la zona por parte
de Ramiro II de León. La muralla primitiva, que surge para defensa de la
población contra las aceifas de Almanzor,
circunvalaba la loma y se encontraba a espaldas de la iglesia Mayor de Santa María de la Sede abriéndose
una plazuela que hacía las funciones de zoco: llamada el Azogue Viejo. Este
zoco era el centro comercial y artesanal durante la Edad Media salmantina. En
una puerta de la cerca, en el siglo XII cobró protagonismo
durante un breve periodo como centro comercial de la incipiente ciudad, una
nueva plaza: el "Azogue Nuevo" (hacia donde ahora está la Clerecía).
La ciudad iba ampliando sus zonas comerciales, desplazando
su centro hacia las rutas de las más ciudades más importantes de la
época: Zamora y Toro. Estas vías salían de la antigua
cerca por una llamada puerta del Sol (puerta de
oriente) junto a la Iglesia extramuros de San Martín y
fuera de esta puerta nació una plaza, en la que confluían varias calles
importantes de la ciudad.
A esta plaza se trasladó el mercado inundando
la zona y las calles adyacentes lentamente durante la Baja Edad Media. Este espacio abierto se
denominó Plaza de San Martín, que fue considerada como la plaza
más grande de la cristiandad, desde el siglo XV hasta
el siglo XVIII. La actual plaza Mayor de Salamanca, surgirá en
una parte de la vasta e irregular explanada que se denominaba Plaza de San
Martín llamada así (por contener la Iglesia
de San Martín) o Plaza de la Yerba (por ser terreno baldío de
nadie, donde no crecía la yerba).
1.3 La Plaza de San Martín
La Plaza de San Martín a finales
del siglo XIV y comienzos del XV, era la zona comercial más
importante de Salamanca. En este espacio desembocaban cuatro caminos y
calles principales: la calle del Concejo (que era la salida
hacia Zamora), la calle de Herreros (que daba salida hacia
Toro), la calle de la Rúa (que introducía dentro del recinto
amurallado del barrio antiguo), y la calle de Alabarderos (que
proporcionaba su salida a la Puerta de San Pablo).
En el mercado de la Plaza de San Martín inicialmente
se vendían hortalizas, aceite, carnes, frutas, pescados, etc. Cada uno de los productos tenía
asignado un lugar para su comercialización en la plaza, previamente estipulado.
Algunos de los gremios establecidos en la época daban
nombres a algunas calles y posiciones. Por ejemplo: la línea de carboneros
(en la actualidad la plaza del mercado y
del poeta Iglesias), la línea de carniceros (actual Pabellón Real), la de
lenceros que se encontraba cerca de la parroquia de San Martín. Esta situación
privilegiada de comercios se encontró así definida hasta mediados
del siglo XVII.
La disposición especializada de los vendedores de la Plaza
de San Martín hizo que poco a poco se dividiera en diversos
sectores. Los mercaderes de la plaza tenían allí, no solo sus puestos,
sino también las viviendas. Estos mercados poco a poco se iban extendiendo por
la ciudad con la llegada de los estudiantes a los diversos colegios y los que
asistían a clases de la Universidad.
La
importancia de la plaza se ve reflejada en el traslado del Concejo de la ciudad
desde la plaza del Azogue Nuevo (que estaba más o menos donde ahora está la
Clerecía) a la Plaza de San Martín en el siglo XV. Lugar este de
la Casa Consistorial donde el reloj marcaba oficialmente las horas de
la ciudad. Estos movimientos dan muestra de que la plaza de San Martín era
la Plaza
Mayor de Salamanca a finales
del siglo XV, comienzos del XVI. El
emplazamiento de la Casa
Consistorial no variará desde entonces,
permaneciendo en la cabecera de la Plaza.
El empedrado de la plaza, así como el de
muchas calles que desembocan en la Plaza, se hace por orden del príncipe Juan (primogénito de los Reyes Católicos) en febrero de 1497 (el siguiente
empedrado se realiza en 1607). Hasta mediados del siglo XV, la
ciudad de Salamanca contó con la celebración de dos ferias
francas, a la que los ganaderos y agricultores de
la provincia llevaban y comerciaban con sus mercancías. Una era la feria
de Don Guiral, celebrada entre el 7 de febrero y el 14 de marzo, la
otra la de San Juan de junio que se celebraba entre el 10 de
mayo y el 13 de junio. Los mercados semanales se celebraban los jueves.
Por las descripciones literarias de los viajeros que recorrían España en
los siglos XV y XVI, se saben características arquitectónicas de
esta plaza. Del francés y cartógrafo A. Jouvin se
conoce que era una de las más espaciosas de España. Describiendo la
existencia de la iglesia de San Martín en el medio de la plaza y del
Ayuntamiento. Otro viajero europeo, que describe la plaza, es el nuncio
extraordinario de Clemente VII, Camilo Borghese, ante Felipe II. De la misma forma por el viajero bohemio León
de Rosmithal, en 1466, se sabe la existencia de ejecuciones
públicas o ahorcamiento de malhechores, así como de otras actividades
como corridas de toros (celebradas el día de Santiago) y los juegos
de cañas. El mismo Hernán Cortés en
sus Cartas de relación al emperador Carlos V compara la plaza de la ciudad de Tenochtitlan ubicada en mitad de una
laguna salada con la Plaza de Salamanca por su tamaño (segunda y tercera
cartas). También Bernal
Díaz del Castillo compara el tamaño de la plaza de Tlatelolco con la salmantina.
De la misma
forma, la vertiente lúdica de la Plaza de San Martín, es descrita por el
sevillano Pedro de Medina en 1548. Demostrando que la
Plaza era ya lugar de reunión y punto de celebración de actos solemnes. Esta
nueva función de la plaza, más allá de su función mercantil, dio lugar a la
necesidad de un espacio de convocatoria y celebración. La necesidad de
tener balcones para poder contemplar los festejos de
la Plaza dieron lugar a la aparición de mesones como
el Mesón de los Toros (propiedad de los monjes del Monasterio de Moreruela en
Zamora), y el Mesón de la Solana (propiedad en
el siglo XVII de Antonio de Paz y Estrada). La centralidad
de la plaza la convierte en protagonista urbana.
Se sabe cómo era la disposición arquitectónica de la plaza
de San Martín en fechas anteriores a la construcción de la Plaza, debido a la
existencia de planos realizados con el diseño de la planta, y firmados
por Manuel de Larra Churriguera en 1741. En
el ala del lado de mediodía, denominado de San Martín, se encontraba el
comercio de frutas y hortalizas, así como el de carnes y pescados. Los puestos
de estos productos se encontraban muy regulados por el Ayuntamiento: tanto en
número como en la calidad de la mercancía que se encontraba a la venta.
Las casas de esta zona hacían un perfil de media
luna situando a la iglesia de San Martín en
frente de las mismas. Debido a su disposición y estructura se denominaba isla
de cajones firmes. Las casas que había en esta zona eran copropiedad del
Ayuntamiento de Salamanca y de la parroquia de San Martín. Uno de los bloques
de casas desembocaba en una plazuela denominada corrillo
de la Yerba.
El lado oriental tenía una torre desde la que un reloj
proporcionaba la hora a los transeúntes que frecuentaban la plaza, se
encontraba abierta con innumerables puestos elaborados de madera. A sus
espaldas se encontraban los puestos de carbón y la lonja.
El lado de poniente, denominado de Petrineros, formaba una línea recta
interrumpida por la calle del Prior y del Concejo (cercano
al entonces mesón de los Toros). Se componía de la zona más noble,
y muchas de las casas pertenecían a las instituciones oficiales, algunos
ejemplos como el Cabildo de la Catedral, la casa de la Clerecía de San Marcos, la Casa de la Universidad,
Casa de la Encomienda de San Juan de Barbalos, el Palacio del Conde de Grajal.
La construcción de la nueva Plaza encontraría una mayor
resistencia litigante, precisamente en este Pabellón de Petrineros. La
construcción supondría un desembolso de dinero, así como un cambio de
proporciones en los solares e inmuebles existentes. Existía un fuerte desnivel
entre el lado de poniente Petrineros y el lado de oriente. El lado
septentrional de la plaza (frente al de San Martín) se encontraban las casas
consistoriales. Este lado de Petrineros, correspondiente a la vieja plaza
medieval era el único que tenía soportales.
1.4 Una nueva concepción de la
plaza
Entre los S. XI y XIII la fisonomía de las ciudades cambio
radicalmente. La concepción feudal hacía que la población en su mayoría fueran campesinos
subyugados a los feudos de los señores de la nobleza. La organización
territorial se subdividía en provincias en torno a ciudades. Las ciudades
quedaban a merced de los grandes principados bien de la Iglesia o de príncipes
de la nobleza (burgos). Cada obispo administraba una provincia desde su
cátedra. Con el cambio a la monarquía y fusión de reinos la clase media y el
poder del pueblo empezó a adquirir fuerza y protagonismo (fueros, concejos y
otros elementos comunales, gremios y cofradías). Además del poder eclesiástico
empezaron otros centros como la Universidad a tomar relevancia.
Además de las Iglesias y Palacios aparecieron nuevos centros
y elementos de carácter más público y relevantes para la ciudad. La ciudad fue
configurándose con distintos estamentos por mercaderes, artesanos, estudiantes
de distintas procedencias, con distintas dependencias públicas, escuelas de
distintos oficios, colegios menores y mayores, hospitales, etc.
La centralidad y el poder se traslada en la nueva concepción
de la ciudad. El centro medieval lo constituía la plaza o atrio de la Catedral
donde se reunía la gente después de los oficios litúrgicos y se celebraban los
autos, teatro sacro o celebraciones. El centro de la ciudad renacentista pasa a
ser la plaza del Ayuntamiento o Señoría. Allí tenían lugar las reuniones de los
vecinos, las asambleas, los juicios y reclamaciones. Se pasa de la concepción
medieval de la plaza como lonja de mercado y comercio (Zoque) a la concepción
renacentista de la plaza como centro cultural (Señoría).
El S. XVIII bajo el reinado de Felipe V (con célula real de
1707) se inicia un cambio de siglo, un cambio de gusto, un cambio de época. La
familia Churriguera va a dejar la impronta del barroco florido de
afiligranada riqueza en la ciudad de Salamanca. La familia Churriguera va a
dejar la impronta de un “estilo familiar” elevando su apellido a
categoría estética, el “churrigueresco”. José Benito de Churriguera
sería el innovador del barroquismo castellano. Nacido en Madrid en 1665 se
trasladó a Salamanca con su hermano Joaquín en 1692. En Salamanca realiza
diversas obras, la fachada del Colegio de Calatrava, el gran retablo de la
iglesia de San Esteban. Joaquín Benito Churriguera es nombrado en 1714 maestro
mayor de la fábrica de la Catedral Nueva. Joaquín, su hermano, se dedica a la
culminación de la obra con la Cúpula de la Catedral Nueva. Alberto, sobrino de
José Benito, le sustituye en los trabajos tras su muerte en 1724 donde también
colabora su cuñado José de Larra. También colabora su hijo Manuel de Larra
Churriguera.
Alberto, será nombrado maestro de la fábrica de la Catedral
Nueva quien la enriqueció con los estípites de su arquitectura, la mixtilínea
molduración de cornisas, la riqueza formal de los retablos y entablamentos.
Alberto es quien va a recibir el encargo del nuevo proyecto de la Plaza Mayor
en 1729. Sería quien realizaría los primeros pabellones de la Plaza Mayor.
La Plaza Mayor pasa a constituir el nuevo centro vital de la
ciudad. El centro cívico social, lugar principal de reunión. Lo colectivo y lo
individual se funden en ese espacio de referencia escenario de todos los
eventos más significativos de la Ciudad. Es el espacio abierto más importante
de toda la Ciudad histórica y sin embargo no es un museo sino un “auténtico
salón recibidor” en el que confluyen todos los caminos y la vida de la Ciudad.
Supone el prototipo y culminación de las plazas mayores castellanas. Como la
denomina Unamuno “el atrio de la ciudad” sin otra bóveda que la del Cielo. Esta
pasaría a ser donde se centralizarían no solo actividades comerciales sino
públicas, administrativas, y de toda clase de espectáculos tanto religiosos
como profanos.
1.5 Necesidad de una «Nueva
Plaza»
Otras ciudades españolas ya disponían de Plazas Mayores
"regulares" en los albores del siglo XVII, y resultaba
necesario que Salamanca, que alcanzaba unos quince mil habitantes, dispusiera
igualmente de una plaza más regular que la desigual y extensa plaza de San
Martín. Existen peticiones expuestas formalmente al Consistorio a comienzos del siglo XVIII solicitando
la renovación del espacio de la Plaza de San Martín. Un ejemplo es la realizada
en 1720 debida al Corregidor Jerónimo de Blancas y Perafán de Ribera (según
directrices del Consejo de Castilla). Estas peticiones,
anteriores a la formulada por Rodrigo y Llanes, no prosperaron debido
principalmente a la falta de rigor en su formulación, siendo temido el
desembolso económico. El Consistorio temía que la ciudad quedara finalmente
empeñada debido a un fallo en el coste de su ejecución, y por esta razón exigía
su realización con detalle económico. Rodrigo de Llanes fue el detonante final
de la necesidad de la construcción de la Nueva Plaza, su actividad
administrativa le llevó a activar anteriormente la construcción de un Hospicio (el
edificio que ahora es el Archivo General de la Guerra Civil
Española), una fábrica de anascotes (fábrica de paños
de lana).
Quien promueve la nueva obra no es otro que el rey Felipe V.
La exposición del proyecto de la Nueva Plaza se haría el 9 de julio de 1728
ante el consistorio, fue clave para convencer al Ayuntamiento. Apelaba el
regidor Rodrigo ante el Consistorio que las necesidades para su construcción
eran tres: la primera era el ornato, la segunda la utilidad pública y el bien
común, la tercera la relacionaba con la mejora del comercio en la ciudad.
Reunido el consistorio el 28 de junio, el administrador declaró la existencia
de fondos para el comienzo de las obras, de esta forma se ordenó el comienzo de
las mismas. En esta reunión se nombró como comisarios diputados de la obra
a Juan Barrientos y Solís, a Francisco Honorato y San
Miguel, Juan Gutiérrez, y a José
del Castillo y Larrazábal (conde
de Francos). El resto del año 1728 se consumió en los
trámites administrativos de los diputados ante el Consejo de Castilla y obtener finalmente la
aprobación real. La idea era construir una Nueva Plaza lo más cuadrada posible. Este cambio resultaba
ser el "definitivo" ya intentado anteriormente a lo largo de los
siglos XVI y XVII, sufriendo diversas variantes que consistían
en cambios en la organización espacial con el objeto de mejorar el aspecto
público y lograr despejar las calles.
Las peticiones, por parte de los comisarios del Consistorio,
al Consejo de Castilla siguieron sus etapas administrativas habituales. El 17
de octubre de 1728 solicitó el Consejo de Castilla al Consistorio un informe
detallado y explicativo del tipo de obra que se iba a realizar. El informe
debería incluir cuantía de dinero, tiempo empleado para su construcción y los rendimientos económicos que produciría. El
Consistorio respondió que el gasto de ejecución sería de 726 000 reales (247 000 reales en posesión de la
ciudad y 480 000 reales recaudables desglosados
por año), el tiempo empleado en la construcción de la plaza estimado era de
seis años. Con ello el erario real quería
evitar costes futuros debido a la construcción de la Plaza, derivados de la
imposibilidad de que la ciudad no los pudiera costear. La provisión real de Felipe V se firma en Madrid el
12 de enero de 1729. La provisión real, aunque concedía licencia para la
construcción de dos lienzos de
la plaza, se negaba a conceder ayuda económica real, condonar u ofrecer
moratoria en caso de impagos. Siendo la construcción de la Plaza una labor de
la ciudad y de sus habitantes.
Rodrigo de Llanes el 25 de agosto de 1729 acude al maestro
mayor de la Catedral
Nueva de Salamanca: Alberto
Churriguera y le solicita un estudio inicial.
Desde el 12 de enero, se pregonó la obra por las calles de
Salamanca durante un plazo de dos semanas, no habiendo constructor que se
hiciese cargo de la obra bajo el presupuesto anunciado. Rodrigo Caballero con
el objeto de facilitar y aclarar el proceso de contrata, redactó un minucioso
reglamento por el cual deberían iniciarse las obras.
Los planos iniciales de Alberto Churriguera no se conservan
en la actualidad, y a pesar de suponer su existencia se desconoce su paradero.
Pero si se dispone de un diseño en planta firmado por su sobrino Manuel de Larra Churriguera, y datado en el año 1741.
En este plano se describe la situación de la plaza durante su construcción, y
deja clara la intención inicial de Plaza que tenía Alberto. Las distancias
en este plano se indican en pies
castellanos, y reflejan una plaza ligeramente más
grande de tamaño que la actual. La causa de la reducción, serán los litigios que
aparecerían durante la construcción en los años venideros.
Alberto Churriguera antes de construir el Pabellón Real
redacta once condiciones mediante las cuales deben construirse los dos primeros
lienzos de la Plaza. Estas condiciones afectan al cimentado, sótanos, bodegas,
paredes maestras y fachadas. Estas condiciones fueron aprobadas por el Consejo
de Castilla y ejecutadas en la construcción de toda la Plaza: es decir de los
cuatro lienzos. La nómina de Churriguera, por su trabajo de diseño y
vigilancia, alcanza unos trescientos ducados anuales.
El coste de los dos primeros lienzos (el denominado Pabellón
Real y el de San Martín), se estimaba en unos 66 000 ducados.
El orden de ejecución estaba justificado desde un punto de vista económico, el
Pabellón Real (que ocupaba espacio abierto de la Plaza de San Martín)
sería provechoso para el ayuntamiento debido a los contratos
de arrendamiento de las casas posteriormente
construidas; lo mismo ocurre en el Pabellón de San Martín (en régimen de
copropiedad con la parroquia). La realización de estos dos pabellones supondrá ingresos periódicos al Ayuntamiento. No
sería así en el Pabellón de Petrineros, edificado sobre un conjunto de parcelas
en propiedad de particulares, así como en gran parte del Consistorial. Se
empezó por lo tanto por los lienzos más rentables económicamente a la ciudad,
así como los que potencialmente serían menos conflictivos.
- El nuevo proyecto
Como dijimos, la idea de su construcción proviene del empeño
administrativo del corregidor andaluz Rodrigo Caballero,
que a la edad de sesenta años logró convencer al ayuntamiento de la necesidad de una
plaza más armónica y acorde con las corrientes urbanísticas de la época.
En 1724 se segregó de la plaza primitiva y se comenzó a
construir una plaza al estilo de la Plaza Mayor de Madrid, por el arquitecto Alberto de Churriguera, trasladándose a ella
el Ayuntamiento (las casas consistoriales) lo que le dio el rango de Plaza
Mayor.
Cuando Alberto de Churriguera falleció, terminó la
obra Andrés García de Quiñones (1755). Desde el punto
de vista estético, la plaza de Salamanca mejora claramente su modelo, no
solamente por el material empleado (piedra
franca de Villamayor con
su color dorado característico), sino por sus proporciones, mucho más
armoniosas y por ser completamente cerrada.
Hay que tener en cuenta, que por entonces la de Madrid tenía
dos plantas más y no estaba del todo cerrada: tras sufrir un incendio en 1790.
Pedro de Ribera fue el maestro mayor que la inició. Más de tres décadas después
de terminada la de Salamanca, fue reconstruida por Juan
de Villanueva, y fue remodelada suprimiendo los
mencionados dos pisos (lo que mejoró sus proporciones) y cerrando las esquinas
con arcos para la entrada de las calles, al modo de la de Salamanca.
2.1 Las medidas
La plaza Mayor de Salamanca no es un cuadrado perfecto (es
un cuadrilátero irregular, un trapezoide) y ninguna de sus fachadas mide lo
mismo. Aproximadamente, la fachada del ayuntamiento mide 82,60 m, la fachada
oriental (Pabellón Real) 80,60 m, la fachada oeste mide 81,60 m y el
lado de San Martín mide 75,69 m. Haciendo un cálculo aproximado, la plaza
tiene una superficie de unos 6400 m² sin contar los soportales. En total
la plaza tiene 88 arcos de medio punto con medallones en los que se representan
personajes importantes en sus albanegas.
Cuando a Miguel de Unamuno, que hacía su tertulia diaria en
el Café Novelty de la Plaza, refiriéndose a la
misma, le preguntaban si era un cuadrado perfecto o no, él afirmaba: “Es un
cuadrilátero. Irregular, pero asombrosamente armónico”.
La edificación tiene tres pisos (más planta baja) de altura
salvo en el pabellón Consistorial, que tiene dos por ser de mayores dimensiones
(más el pórtico de la planta baja).
2.2 Los materiales
No se emplearon en la primera fase de la obra materiales
nobles excesivamente costosos, de esta forma se evita el mármol,
el alabastro. Solo se contrataron seis piezas de mármol en 1752 para el tallaje de los escudos de
la ciudad, así como el real. Todos ellos dispuestos en el Pabellón del
Consistorio. Tampoco se emplearon en las áreas visibles materiales modestos
como puede ser ladrillo visto, estuco.
Para la
fachada se empleó la piedra arenisca proveniente
de las canteras de Villamayor (denominada
también piedra franca), que gracias a las manchas ferruginosas torna su color en un rojizo
característico (que oscila entre el blanco-amarillento y el
pardo-rojizo). También es el material empleado fundamentalmente en la
mayor parte del Patrimonio Histórico Arquitectónico de Salamanca y sus
alrededores.
En las cuatro primeras hiladas de los machones de
los soportales se empleó piedra franca, procedente de las canteras de la
Pinilla (junto a Carbajosa
de la Sagrada). La pizarra empleada
en la construcción, como soporte de balcones y de relleno de juntas para el
encaje de entre piedras provenía de las canteras de Mozárbez.
Las techumbres de los soportales se
realizarían mediante el empleo de vigas de pino y bovedillas de
yeso. Las paredes maestras de las casas que dan a la Plaza serían de mampostería, mientras que por el contrario los
tabiques interiores, de ladrillo y los forjados, de yeso.
2.3. La construcción
Las fechas de inicio de las obras difieren, según el autor
consultado, y según qué considere como evento de "comenzar". Hay
autores que consideran el allanado inicial de la plaza como comienzo, otros
como el acto administrativo. Había un fuerte desnivel desde Petrineros hasta la
plaza de carboneros, y el trabajo de allanado requería el transporte de mucho
material.
El rey Felipe V firma la real
cédula de comienzo de las obras en 1707, pero no tuvo
efectividad hasta más adelante. Otros autores reconocen que el permiso real no
fue concedido hasta 1710, siendo 1720 la fecha de inicio de los trabajos. El
cronista salmantino Villar
y Macías indica el 10 de mayo de 1729, siendo esa la
fecha más aceptada. La idea de la Plaza Mayor proviene de Rodrigo Caballero y Llanes, corregidor que
tomó posesión del cargo en noviembre de 1726.
La construcción se realiza en tres fases bien diferenciadas.
Las obras comenzaron el 10 de mayo del año 1729. Alberto Churriguera
recibe el encargo a la edad de cincuenta y tres años y comienza su labor con el
apoyo del corregidor Rodrigo Caballero. En la primera fase se diseñan y
construyen primero el Pabellón Real y posteriormente el de San Martín. Cabe
destacar que durante su periodo de construcción se fueron acabando otros
edificios notables de la ciudad, como lo es: la Catedral
Nueva y La
Clerecía.
2.4 Los constructores
El aparejador a cargo de las obras, elegido
por ser hombre de confianza de Alberto Churriguera, fue Felipe
Fernández (apodado «cabeza redonda»). Felipe se llevó consigo algunos
de los colaboradores más fieles de la obra de la Catedral
Nueva. Se sabe poco de este aparejador, excepto que murió
antes de 1750. El segundo aparejador es Francisco Pérez de Estrada (figura
en el Catastro de Ensenada con edad de
cincuenta años, luego comenzó la obra a la edad de veinte y seis).
Las cuadrillas se dividían en grupos jerarquizados. Los
principales grupos eran tres: canteros que trabajaban la piedra, los albañiles y los carpinteros. Entre los canteros que
trabajaban la piedra, se encontraban: los asentadores, los labrantes encargados
de hacer las piedras a escuadra, y los fijadores. Entre los albañiles
se distinguían los oficiales de albañilería, encabezando cuadrillas de a ocho.
En el gremio de los carpinteros se distinguían los aserraderos. Muchos de los
canteros y albañiles habían trabajado a las órdenes de Alberto Churriguera en el coro y trascoro de la Catedral Nueva.
Entre los escultores a cargo de las obras de
embellecimiento, cabe destacar al vallisoletano Alejandro Carnicero que se instala en la ciudad
de Salamanca y colabora con José
de Larra (cuñado de A. Churriguera) en las tallas del
coro de la Catedral Nueva. Esculpió la mayor parte de los medallones de reyes
españoles del Pabellón Real en la primera fase constructiva. Recorriendo
los reinados desde Alfonso
XI hasta Felipe
el hermoso y Juana
la loca y otras dos de las enjutas del Arco
de San Fernando. Se suponen también de este autor los medallones del
Pabellón de San Martín, finalizado en 1735 (fecha en la que el artista residía
en Salamanca). Estos medallones se hicieron policromados y dorados, algunos de
ellos conservan restos de esta labor. No se sabe con certeza que se le
encargara la talla del gran medallón de San
Fernando con su espada de
hierro, bajo el dosel, pero hay autores que le atribuyen su
realización.
Las fuentes
gráficas que empleó Alejandro Carnicero en su realización proceden de una serie
de treinta láminas de retratos de reyes españoles (esta serie va desde Ataulfo hasta Carlos
II) que data de 1685. Estas ilustraciones se
reprodujeron posteriormente en 1729 en la "Historia de España"
de Juan de Mariana, justo en el año de comienzo
de las obras de la Plaza. Es muy posible que Carnicero trabajara con las
reproducciones de Juan de Mariana y no con la edición romana, costosísima, de
1685.
Junto a los escultores se encontraban los tallistas,
encargados de obras menores de ornamentación de arcos y balcones. Algunos de
ellos realizaron los ornamentos de los Arcos Mayores de San Pablo, San Martín y
San Fernando (en especial la hojarasca que aparece rodeando la
lápida). Serán responsables de tallar los escudos reales y de la ciudad que se
encuentran en la parte trasera del Pabellón Real (mirando a la actual Plaza del
Mercado). Algunos de los tallistas mencionados son Manuel de Valladolid (desde
febrero de 1732) y su ayudante Roque del Moral.
Entre la nómina de los carpinteros aparece como
destacado: Bartolomé de Coca. Perteneciente a una estirpe de
carpinteros salmantinos vinculados a las obras del Ayuntamiento. Su hijo José
de Coca permanecerá en la obra de la Plaza durante la segunda fase de
la misma. La labor de Bartolomé era la de seleccionar, tasar, medir la madera
destinada a los andamiajes (carpintería de armar). Los
oficios de aserradores eran los encargados de cortar y asentar las vigas y
tablones. Otros carpinteros se encargaban de las puertas y ventanas, se solían
encontrar bajo contratas especiales (carpintería de taller). Similares
contrataciones ocurrieron con las obras de herrería y
de cerrajería.
Las labores y tareas de estos últimos iban desde la composición y mantenimiento
de las herramientas empleadas por canteros y carpinteros, hasta la de
proporcionar clavazón, cerraduras y demás instrumentos bajo demanda de la obra.
Dentro de las labores de cerrajería se encuentra la especialidad de elaboración
de balaustradas de
los balcones de hierro.
Las jornadas de trabajo duraban de sol a sol, durante todos
los meses del año. En los meses de verano los días eran largos y esto producía
una larga jornada, mientras que en invierno eran más cortos. A pesar de ello,
los salarios se mantenían inalterables. La paga a los trabajadores en
concepto de salario era, de media, ligeramente más alta que la demanda y esto
compensaba la variabilidad de las horas de trabajo a lo largo de los meses del
año. Los jornales se pagaban puntualmente cada domingo por la mañana. Las
modalidades de pago eran: el pago de jornales completos (de sol a
sol), medias jornadas o fracciones inferiores de las mismas,
siendo días laborables todos los días del año
excepto domingos y fiestas. Las jornadas se reducían a veces por mal tiempo. La
cantidad de días laborables quedaba reducida a tres cuartas partes del año.
Había extras como el convite a los trabajadores en ciertas fechas señaladas,
como el 10 de mayo. En estas fiestas se solía invitar a todos los trabajadores
de la construcción a un banquete que consistía en vino, aceitunas y queso.
2.5 La figura relevante de
Alberto de Churriguera
Alberto de Churriguera es un verdadero maestro del barroco
español. Se le encomendaron varios trabajos en Salamanca. Fue maestro mayor de
las obras de la Catedral Nueva. Comienza la construcción de la Plaza Mayor en
1729 arrancando con pórtico del llamado Pabellón Real. En este presidido por
las efigies de los monarcas reinantes Felipe V e Isabel de Farnesio se elabora
el ala de soportales y dos hileras de balcones como modelo a desarrollar para
toda la gran plaza. Recurre al “tipo de arco triunfal”. La presidencia de la
monarquía que se consolida en los medallones y el escudo real coronado que la
preside con “la flor de lis” dan esa impronta de realeza en la concepción
inicial.
Alberto Churriguera elabora un proyecto original tratando de
organizar con proporciones comedidas y gran equilibrio de todos sus elementos
un espacio cerrado con accesos regulados de las vías que allí confluían, la
calle de la Rúa y San Pablo y las calles de Zamora y de Toro. Quizás los
precedentes más cercanos a la obra lo constituyan las plazas de Madrid y
Valladolid de donde toma la característica simetría dominante en las fachadas.
Alberto Churriguera resuelve con diligencia los problemas de
desniveles con un muro cierre aligerado y con la apertura de balcones de escaso
vuelo y galería arqueada en la planta baja. La solución proyectada es del todo
original. Alberto Churriguera da un toque propio, distinto al usual, cambiando “el
pórtico adintelado” típico castellano por el “pórtico arqueado” más
propio del concepto de plaza real francesa. Otro aspecto singular es el uso de
la sillería típica de Villamayor, el cálido colorido de una piedra dorada que
contrastaba con el frío mármol gris propio de Castilla.
Recurre a las pilastras cajeadas que ascienden con
desarrollo volumétrico en altura, con molduras de perfil recortado y orejeras
en los vanos propias del barroco español. Utilizando una serie de recursos
técnicos presenta un desarrollo de fachada en sentido vertical jugando con la
luz y anchura de los huecos que disminuye gradualmente. Articula la primera y
segunda planta mediante el orden gigante de pilastras.
Por motivos de desavenencias en el Concejo Municipal y
pleitos con los propietarios de los solares que debían ser expropiados debe de
paralizar las obras. En el extremo oeste una línea de casas pertenecientes a
mayorazgos no estaban dispuestos perder terreno. Se paralizan las obras y
Alberto de Churriguera tiene que abandonar la dirección de la obra. Su sobrino
Manuel Lara Churriguera será quien toma el mando. Surgen problemas en cuanto a
los cimientos del nuevo ayuntamiento. Finalmente se hará cargo el arquitecto
Andrés García Quiñones. Se modificará la terminación eliminando las cúpulas las
torres que estaban proyectadas.
- Las diferentes fases de
la construcción de la Plaza
3.1 PRIMER PERIODO: La primera
mitad del S. XVIII (1729-1735)
Los pabellones se construyen siguiendo tres fases
constructivas bien diferenciadas a lo largo de un cuarto de siglo. La primera
fase que aborda en sucesión dos pabellones: el Real (lado este) y el de San
Martín (lado sur) (durante el período 1729-1735). El Pabellón Real era muy importante,
porque con él se cerraba el desnivel de la plaza, haciendo su suelo plano.
El Pabellón Real fue el primero que se construyó, ya que
servía como muro de contención para hacer horizontal el suelo de la nueva
plaza. Esta ala muestra entre sus arcos medallones con el busto de algunos
reyes de España. En las otras alas, los medallones representan a otros
personajes ilustres (santos, sabios, descubridores, etc.) como Cristóbal Colón,
Miguel de Cervantes, Miguel de Unamuno, Los Reyes Católicos, Felipe V, etc.
3.1.1 El
Pabellón Real
El Pabellón Real pretendía resaltar la grandeza de la
Monarquía. Fue Felipe V quien concedió el permiso para levantar una nueva
reconociendo que la Plaza antigua era deficiente. La dirección de Alberto
Churriguera desarrolló una obra pública a la usanza del barroco francés. La
nueva plaza era concebida como un gran montaje escenográfico. Era el tránsito
de una concepción rural a una concepción urbana que ofrecía mayores
oportunidades para que la cultura popular se manifestara como un telón de
fondo. Las obras comenzaron por el lado de la plaza de carboneros, única zona
de la Plaza de San Martín abierta hasta aquella fecha. Al ser los terrenos del
municipio resultaba más sencillo edificar, sin necesidad de realizar
expropiaciones o cualquier otra actividad administrativa. El solar era
municipal y estaba ocupado en 1692 por la "isla de los cajones
firmes". Aunque la placa conmemorativa elaborada en pizarra (ubicada
en el Arco de San Fernando), menciona la fecha oficial de comienzo relativa al
del diez de mayo, previamente se acarrearon los materiales necesarios, y se
allanó el área, comenzando estas obras administrativamente el día 9 de abril.
La placa conmemorativa hace referencia tan solo a esta fase
constructiva del Pabellón Real, no incluyendo las fechas de finalización del
Pabellón de San Martín:
“REYNANDO PHELIPE V EL ANIMOSO LA M.N. Y M.L. CIUDAD DE
SALAMANCA EMPEZÓ ESTA OBRA A 10 DE MAYO DEL AÑO 1729, SIENDO CORREGIDOR EL
SEÑOR D. RODRIGO CAVALLERO Y LLANES,
YNTENDENTE GENERAL DE CASTILLA, POR SUS DIPUTADOS LOS SEÑORES D. JUAN DE
BARRIENTOS Y SOLÍS, D. FRANCISCO HONORATO Y SAN MIGUEL, D. JOSEPH
DEL CASTILLO, CONDE
DE FRANCOS, D. JUAN GUTIÉRREZ Y D. FRANCISCO DE SORIA,
Y SE CONCLUYERON LAS DOCE CASAS DE ESTA LÍNEA LLAMADA PAVELLÓN REAL EL DÍA 3 DE
MARZO AÑO DE 1733. SOLI DEO HONOR ET GLORIA”
A la fecha indicada en la placa de finalización del lienzo
Real, a pesar de que ya se había comenzado la realización del lienzo de San
Martín. El pabellón real tiene un arco mayor en su centro, denominado de San
Fernando (patrono de la monarquía castellana). La ejecución se realizó desde el
arco que va a parar a la Escalera del Ochavo (que desemboca en
la Plazuela de la Lonja) al arco de la escalera de Pinto (Lienzo
que ocupa unos 80.6 metros a pesar de que inicialmente eran 79.80 m). Es decir,
la ejecución del Pabellón se hizo, de derecha a izquierda, si se mira el Arco
de San Fernando desde el interior de la Plaza. Los medallones los labró el
escultor Carnicero en dos fases, en la primera se esculpieron los
ocho primeros desde Carlos V en la mitad derecha del pabellón, en la segunda se
hicieron los once restantes terminados el 22 de marzo de 1732. La parte del
Pabellón Real que da a la plaza del Mercado posee unos soportales que se
denominan Portales de San Antonio, estos portales alojan a unas
tiendas que se denominan covachuelas. El Pabellón Real se construyó
primero para enrasar el nivel de la plaza, ya que el terreno original estaba en
pendiente, de modo que el muro de contención queda dentro del pabellón, y por
eso, la fachada que se orienta al Mercado posee una mayor altura a causa del
desnivel resultante entre la Plaza y el Mercado.
No se había terminado el Pabellón Real cuando se comienza
a cimentar el pabellón de San Martín el 2 de febrero de 1732, ese
mismo día se dicen tres misas por el éxito de la construcción. Este lienzo se
construye sobre el solar de unas dieciocho viviendas, propiedad del
Ayuntamiento y de la vecina parroquia de San Martín. Por esta razón la
construcción de este lienzo requirió un consenso entre Ayuntamiento y
Parroquia, consenso vigilado por Felipe V y el Consejo de Castilla. La iglesia
de San Martín quedará tapada al realizar este lienzo, no obstante, se acuerda
que las casas aislen la iglesia con patios de luces. La realización de
este lienzo fue rápida, en parte porque el Ayuntamiento pierde un ingreso
mientras hace las obras, de modo que el arrendamiento de las nuevas casas
comienza el año 1733. El proceso de arrendamiento finaliza a finales de 1734.
3.1. 2 El
Pabellón de San Martín
El Pabellón de San Martín se realizará en dos años. El arco
mayor de San Martín, que desemboca en la Plaza del Corrillo de la Yerba,
se realiza en el año 1735. El otro arco mayor del Pabellón de San Martín: el
Arco de San Pablo, aparece desplazado hacia uno de sus extremos. En el ángulo
que forman ambos pabellones se abre una salida que salva su desnivel con la
Lonja mediante una escalerilla ochavada (en la actualidad restaurada, a pesar
de que mantiene el nombre). La disimetría se hizo para mantener el trazado
primitivo de las calles medievales que desembocan en la Plaza. Se labraron en
los medallones de este lienzo una serie de efigies correspondientes a conquistadores
españoles, así como militares, es por esta razón por la que el ala de San Martín a veces se denomina
popularmente como Cuartel General.
3.2 SEGUNDO PERIODO: Quince
años de interrupción por litigios (1735-1750)
El segundo período comprende quince años de interrupción de
la obra (durante el período: 1735-1750) debido a los litigios habidos
por el Ayuntamiento con los dueños de las casas, que era necesario expropiar
para la construcción del Pabellón de Petrineros (lado oeste) y del Consistorial
(lado norte).
Tras la construcción del primer pabellón Real las obras
continuaron de forma ininterrumpida por el pabellón sur, aledaño a la iglesia
de San Martín sobre solares de titularidad municipal y parroquial. Los
problemas surgieron al tratar de continuar las obras para completar los
pabellones de poniente (Petrineros: artesanos de piel) y el pabellón norte o
consistorial. Se entablaron farragosos pleitos al derribar las casas y
mansiones señoriales de la Clerecía, de la Universidad y de del Cabildo. Sobre
todo resulto grande el litigio al derribar la mansión del conde de Grajal.
Alberto Churriguera no pudo ver la resolución al morir en 1750. Tuvieron que
transcurrir más de15 años para poder reanudarse las obras.
El Consistorio se reúne el 27 de agosto de 1733 para
estudiar como completar los lados restantes. Se menciona la construcción de la
Casa Consistorial y se describen los recursos económicos para su realización.
El otro paño, el de Pretineros, se extiende desde la esquina que forma el Arco
de San Martín hasta la entrada de la calle del Concejo. En
la época anterior de la Plaza de San Martín se establecieron
los vendedores y manufacturas del cuero (de ahí el nombre de Pretineros).
Ante la solicitud de construcción de estos dos lienzos al Consejo de Castilla,
este acaba poniendo trabas solicitando el consentimiento de todos los
propietarios. Para realizar la construcción de acuerdo con los planos de
Churriguera era necesario que cada vecino sufragase los gastos de construcción,
cediendo terreno a la plaza si fuera necesario, con el objeto de alinear e
igualar fachadas. en caso de que no fuese así se debería vender el solar y los
edificios al Ayuntamiento.
Entre los dueños y habitantes de la isla de pretineros se
encontraba: el Cabildo de la Catedral, la Real Clerecía de San Marcos que
posee las casas sobre la calle Tutor (sobre la dovela del arco
mayor de la calle Tutor puede verse el León de San Marcos), el Colegio
Mayor de San Bartolomé, la Cofradía de los Caballeros Veinticuatro, las
casas edificadas por el Ayuntamiento y en las que vivía el Comendador Bartolomé
Cabeza de Vaca, la casa de la Universidad, la casa de la
Encomienda de la Orden de San Juan, el palacio del conde de Grajal ya en la
esquina final. Detrás del palacio condal, mediante acceso de una calle se
encontraba el Mesón del Toro en propiedad de los monjes
del Monasterio
de Moreruela de Zamora. De una forma u otra todos los
dueños se avinieron, bien a ceder mediante venta (siempre con derecho a
balcón), bien a sufragar los gastos de construcción. Todos excepto los monjes
del Mesón del Toro que alegaron mantener el acceso a su Mesón,
no cortando la calle. Siendo de todos ellos el más obstinado Don Manuel
José Osorio y Enríquez de Guzmán conde de Grajal. El conde mediante su
agente Pedro de Rueda Osorio alegaba que se revisara el
proyecto debido a que su palacio era de mejor traza que lo previsto, y si se
'alineaba' su fachada se causaba un gran daño a su imagen. Las alegaciones
causaron el efecto deseado por el conde, y en el otoño de 1738 se paralizaron
las obras por orden del Consejo de Castilla.
La mención del puente se debe a que la parte meridional
del puente romano, fue destruida por la riada acaecida en San
Policarpo (en la noche del 25-26 de enero de 1626) y todavía no estaba
reparado en estas fechas. El Claustro de San Vicente pertenecía a un
monasterio de Monjes Benitos que mostraba parte de su edificación sin acabar,
este Monasterio acabó desapareciendo en pleno siglo XIX. Del fuerte,
la mención se refiere al de San Cayetano.
El maestro mayor, Alberto de Churriguera decide
acabar sus trabajos en la Catedral en octubre de 1738, y debido al parón de la
obra de la Plaza abandona la ciudad de Salamanca para irse primero a Madrid y
luego vivir en Orgaz (Toledo), y allí trabajar en un encargo para la
construcción de la Iglesia de Santo Tomás Apóstol. Es sustituido a
cargo de las obras por su sobrino Manuel de Larra Churriguera. La
substitución, siendo oficial en las obras de la Catedral, sin embargo, no lo es
en las de la Plaza.
Durante este periodo el corregidor García Ramírez de
Arellano cesa en su cargo, siendo substituido por Juan de Hourlier.
Los litigios fueron siguiéndose en diversos terrenos administrativos de Castilla,
llegando hasta el máximo organismo de Justicia del Consejo de Gobierno. Finalmente,
este falla a favor de la ciudad el 21 de octubre de 1741. En el fallo se
conmina a Manuel José Osorio para que venda el palacio a la ciudad. El 25 llega
la real cédula a Salamanca, y se lee públicamente en el Consistorio con gran
algarabía. Las obras del Consistorio comienzan de inmediato. La torre del
palacio Grajal comienza a derribarse el 15 de junio de 1753.
3.3 LA
FASE DE REINICIO (1750-1756)
Las obras continúan lentamente en el Pabellón Consistorial,
así como en el ala de Pretineros hasta que el 27 de junio de 1742 el corregidor
Juan de Hourlier manda paralizar las obras debido a las quejas de dos vecinos:
Juan de Basanta y el dueño del Mesón de la Solana (este mesón aparece en el
comienzo de la obra titulada La vida de Lazarillo de Tormes). Apenas
florecían los machones de la futura Casa Consistorial cuando se comienza una
nueva ronda de litigios con los vecinos del Pabellón Consistorial.
Se alega que, de acuerdo con los planes de Alberto
Churriguera el Pabellón Consistorial invade literalmente sus casas, mermando su
tamaño en una cantidad considerable. El municipio mandó llamar a Manuel de
Larra y Churriguera para que se presentara a defender las acusaciones y estando
en el Monasterio de Montserrat excusó su presencia enviando a su
aparejador.
El pleito seguía su curso cuando en 1743 aparece Andrés
García de Quiñones Maestro del Colegio Real de Compañía de Jesús presentando
una alternativa al proyecto ejecutado por el consistorio siguiendo las
directrices de A. Churriguera. El 12 de noviembre se convocó a ambos
arquitectos Quiñones y Larra Churriguera para examinar ambos proyectos. En el
examen del proyecto participó el arquitecto Juan García Berruguilla, que
el 23 de enero de 1744 examina los cimientos del ala Consistorial, y examina
los proyectos. El dictamen es comunicado en público el 2 de marzo de 1744
indicando que el proyecto de García de Quiñones (con algunas modificaciones) es
más estable.
El proyecto de García de Quiñones además aliviaba las quejas
de la mayoría de los vecinos. El Municipio salmantino cambió de opinión y
aceptó finalmente el nuevo plan propuesto. Juan de Basanta, el
único litigante fue convencido al intercambiarle sus terrenos, por otros
equivalentes en el lienzo de San Martín propiedad del Municipio. Este lienzo
mide en la actualidad 81.60 metros mientras que en el diseño de Churriguera
sumaba 86.80 m, la reducción se debe al ajuste entre los litigios. De la misma
forma el Pabellón Consistorial que alcanza 82.6 metros en la actualidad, sufrió
una merma de 2 metros sobre los planes. El 9 de julio de 1746, en plena
construcción del Pabellón de San Martín, muere Felipe V que es sucedido por su
hijo menor Fernando VI que reinará desde 1746 hasta 1759 durante el
resto de fase constructiva de la Plaza.
3.3.1 El Pabellón Consistorial
y el de Petrineros (1750-1756)
Durante el litigio de los años anteriores, el corregidor
Marqués de Arellano, el 19 de junio de 1738 recibe permiso para comenzar la
casa consistorial. No obstante, sufre diversas interrupciones a lo largo de
1742, y posteriormente en 1748. Durante casi quince años estuvo el Pabellón sin
construirse debido a los litigios del Municipio de Salamanca con los diversos
propietarios de las casas adyacentes. El último litigio con el sobrino de
Churriguera, el Municipio decidió encargar una maqueta en madera del Consistorio, este modelo
seguía el proyecto de Berruguilla. La maqueta fue realizada por José
González Bordado en 1747 (depositada en el Museo Provincial de
Salamanca). En esta maqueta arquitectónica puede advertirse un par de torres a
ambos lados de la espadaña que nunca llegaron a construirse.
En 1750 se comienzan las obras de los dos lienzos restantes.
La acometida se hizo por diversos sitios al mismo tiempo. Se sabe de la
finalización de algunas casas por los documentos, por ejemplo: las casas de la
Real Clerecía estaban listas el 13 de mayo de 1752, la casa de la Universidad
el junio de 1754, la casa de Grajal que ocupa nueve balcones el 29 de abril de
1754. El sistema de financiación era mixto: casas privadas y ayuntamiento
costeaban los gastos de las dos aceras. Se mantuvo, no obstante, la reglamentación
y ordenamiento anteriormente establecidos por Rodrigo Caballero.
Andrés García de Quiñones fue nombrado Maestro Mayor de
obra, con la aprobación del Consejo de Castilla. De todas formas no era el
único Maestro Mayor ya que la Universidad, la Clerecía de San Marcos y el
Cabildo asistían con sus propios arquitectos a la obra, entre ellos fue
contratado Manuel de Larra y Churriguera (casa de la Universidad en Petrineros
y dos del Consistorial).
La armonización de los diferentes criterios fue complicada
durante este tercer periodo. Durante esta etapa figuraron como aparejadores el
hijo del Maestro Mayor: Jerónimo García de Quiñones y Manuel Antonio
Salgado. El 1 de junio de 1751 se comienzan las obras en la casa del
Consistorio. En 1752 el tallista Antonio Moreno ya esculpía los
escudos, capiteles, florones y demás tallas. El 5 de febrero se finalizaban en
el balcón consistorial las figuras de los dos mancebos que sostienen los
atributos de justicia, ambos tallados por Gregorio Carnicero (hijo
del tallista Alejandro Carnicero). El resto de escudos y blasones de las casas
y organismos públicos de este Pabellón no tuvo tallistas de renombre. Para
realizar los balcones se hizo un contrato especial con herreros. El 29 de abril
de 1755 se acabó de construir la última casa que cerraba la Plaza en el Arco de
Toro y la escalerilla de Pinto que engarza el Pabellón Consistorial con el
Real. Con ello se puede concluir que, descontados los años de pleitos que hubo
entremedias, la plaza se hizo en un periodo de tiempo neto de diez años.
La dirección del proyecto paso a Andrés García Quiñones. La
idea era flanquear el pabellón Consistorial por dos torres. Al final no
llegaron a construirse por guardar armonía y el equilibrio del conjunto
tratando de guardar las proporciones entre la planta y la escala de las
fachadas. Los pabellones, aunque no perfectamente regulares (no responde a un
cuadrilátero perfecto sino un trapezoide irregular), guardan esta armonía en la
grata disposición de sus espacios, siendo el lado mayor el pabellón del Ayuntamiento
y el menor el de San Martín. Tampoco los arcos son todos iguales (la mayoría
son de medio punto y cinco son carpaneles). Hubo también que salvar el desnivel
del suelo con aumento de un nivel más bajo con soportales en el sótano al que
se accede por escaleras. Lo único sobresaliente del pabellón del Ayuntamiento
es que se hace uso de una escala mayor (orden gigante) y se corona el centro
con una espadaña con las campanas y el reloj.
3.3.2 La finalización de los
cuatro pabellones
La tercera fase de construcción de la casa consistorial y su
fachada (1750-1756) estuvo a cargo del arquitecto gallego Juan García Berruguilla. Se completó el cierre de la
plaza el 29 de abril de 1755. La casa consistorial quedó arquitectónicamente
incompleta, siendo construida posteriormente la espadaña de su fachada un siglo después (en
1852).
También estaba prevista la construcción de dos torres en la
casa consistorial, pero estas nunca se construyeron: el arquitecto Andrés García de Quiñones no se atrevió a
realizarlas por considerar que la obra en la que debían apoyarse no reunía las
condiciones para resistir el peso, pero se conserva la maqueta de 1745. El
proyecto de las torres se utilizó por su autor para concluir las torres de La Clerecía.
3.4 El remate de la plaza con la
espadaña del Ayuntamiento
La espadaña de la Casa Consistorial (Ayuntamiento), se
erigió casi un siglo después, concretamente en 1852 con el proyecto del
arquitecto municipal Tomás Cafranga. Existe un grabado de 1840 donde se
puede observar la falta de espadaña en la casa consistorial. La Plaza Mayor de
Salamanca aparece en el semanario Pintoresco Español del 17 de mayo de 1840.
Aunque el grabado no parece representar nuestra ágora de forma muy realista, al
menos permite percatarse, de que sobre la Plaza de esos años no se había levantado
la espadaña.
3.5 El periodo tras su cierre
El suelo inicial de la Plaza, tras su cierre y finalización
(el 29 de abril de 1755), estaba compuesto de finos guijarros (enchinarrada,
según mencionan algunos autores). El corregidor de Salamanca Joaquín de
Saura y Sarabia realizó reformas en el casco urbano de la ciudad y empedró
el recinto alumbrándolo con candiles de aceite colocados en el
centro, concretamente el Jueves Santo (8 de abril) de 1784. Se
construyó un sumidero en el centro de la plaza, con el objeto de aliviar el
agua de las lluvias. Sin embargo, hasta el año 1806 no se enlosaron, por
primera vez, los soportales. La Plaza, debido a su forma perimetral cuasi-cuadrada,
se emplea varias veces al año como local taurino en el que se celebran
corridas. Los toros solían entrar por la Puerta de San
Fernando, que debido a esta nueva funcionalidad cobra el nombre popular
de Puerta de los toros. En el arco que mira a la Plaza del Mercado
se labra la cabeza de un toro, ubicado en la dovela superior del
mismo. A comienzos del siglo XIX se empleaba el área de la plaza
como lugar de ejecución pública, de esta forma en 1810 se procedió a la
ejecución por sentencia de catorce bandidos.
3.6 El resultado de la nueva Plaza
Mayor
La construcción de la Plaza acaba encajonando la Iglesia de
San Martín entre diversas casas, y poco puede verse de su estructura desde la
calle. La iglesia es, en la actualidad, el único edificio superviviente de la
"Antigua Plaza". La Plaza se convierte en
el siglo XVIII en lugar de celebración de "fiestas
barrocas". Los balcones se arriendan frecuentemente a privados para mejor
disfrute de la visión de corridas de toros.
La plaza seguía conservando el carácter mercantil. En ella
se llevaba a cabo cotidianamente el trueque y la venta de todo tipo de género.
Los carniceros y fruteros en el Pabellón Real, los carboneros en la Plaza del
Poeta Iglesias y los lenceros, cero, se situaba cerca de San Martín. A lo largo
del tiempo se van levantando nuevos negocios, carnicerías, farmacia, etc.
Muchos fueron los eventos que contribuyeron al deterioro del
espacio caótico. La guerra de la sucesión con el cambio de los Austrias a los
borbones, la guerra de la Independencia con la invasión francesa, sequías,
plagas, hambrunas. El terremoto de Lisboa en 1755. La población desciende de 25.000
habitantes en el S. XVI a 15.000 en el S. XVIII.
3.7 El
periodo del siglo XIX
La espadaña del Pabellón Consistorial, realizado por el
arquitecto salmantino Tomás Cafranga, fue el último remate de la Plaza en
1852. Casi cien años tras su cierre como Plaza. Se pueden ver sobre ella cuatro
figuras alegóricas de las virtudes cardinales (que no se han de confundir con
la representación de la agricultura, industria, comercio y astronomía que
aparecen a un nivel inferior).
La evidencia de la ausencia de la espadaña en la fachada del
Ayuntamiento se refleja en algunos grabados. Aunque estaba proyectada en la
maqueta de Andrés García de Quiñones, no fue hasta 2 de enero de 1852 cuando se
decidió su construcción para colocar el reloj de la ciudad. Tomás Francisco de
Cafranga, arquitecto provincial, fue el encargado de su construcción y para
ello reformó el proyecto inicial eliminando dos torres previstas y reduciendo
la ornamentación.
En la balaustrada, en lugar de pináculos como en el resto de
la Plaza, se instalaron cuatro estatuas de Isidoro Celaya representando a la
agricultura, el comercio, la industria y la geografía. Además de cuatro figuras
sedentes, que probablemente representan las cuatro Virtudes Cardinales, y de
una corona real de hierro, de la que hoy solo queda la base, se colocaron tres
campanas fundidas por Salvador Raurell y un reloj tipo Morez.
En el espacio limitado por los noventa arcos que tiene la
plaza (doce de ellos mayores) se producían las celebraciones y reivindicaciones
sociopolíticas de la ciudad, habitaban cerca de 53 casas y daban a su espacio
477 balcones. La Plaza Mayor fue evolucionando a lo largo
del siglo XIX, y de sus funciones cotidianas hacen mención algunos
documentos de la época. Se celebran en ella corridas de toros, logrando
acomodar aforos de entre unos 16.000 a 20.000 espectadores. Estas fiestas
se denominaban "Fiestas reales" o con la denominación más popular
de toros y cañas. Los autores literarios de este siglo hacen
referencias a su belleza, iniciando así su leyenda popular en la cultura
salmantina. La revuelta del dos de mayo de 1808 en Madrid hizo
que una algarabía de estudiantes salmantinos picaran el medallón de Godoy en
la Plaza, derrocado tras el Motín de Aranjuez. En junio de 1812 las
tropas del Duque de Wellington se instalan cerca de la ciudad y
combaten contra las tropas napoleónicas destacadas en el Fuerte
de San Cayetano, desde allí se dirigen disparos de artillería que caen en
la plaza causando algunos muertos (24 y 25 de junio de 1812). Una vez liberada
la ciudad se acordó que este general británico tuviese un nuevo medallón
ubicado en las enjutas en la Plaza.
En el Arco de San Fernando se produce un asesinato que deja
un cartel que con el tiempo se convertirá en leyenda. En el año 1843 acoge
los primeros coches diligencia a Madrid. A mediados
del siglo XIX se añade la espadaña de la casa
consistorial. En 1844 se reciben las primeras noticias de deterioro de la
Plaza: los machones de algunos arcos muestran un deterioro considerable. En
1849 se traslada el reloj de San Martín a la fachada de la casa consistorial.
Con la incipiente técnica de la fotografía, el fotógrafo Charles Clifford retrata
la plaza por primera vez en el periodo que va desde 1853 a 1860. El fotógrafo
francés Juan Poujade tras su triunfo en la Exposición Universal
de París de 1878 viaja a la ciudad de Salamanca en ferrocarril y plasma en
sus fotografías, no solo la arquitectura, incluida la Plaza, sino muchas
escenas costumbristas que han llegado hasta nuestros días.
En 1884 se colocan farolas de gas en el jardín y en los
arcos de los soportales, proporcionando una de las imágenes características de
la Plaza. En el año 1868, durante la revolución llamada "La Gloriosa",
se derriban los bustos de Carlos IV y de María Luisa de Parma en
el Pabellón Real. En 1869 se instalaron cuatro urinarios públicos, uno en cada
esquina de la plaza, denominados columnas urinarias. Se
plantan jardines públicos en su espacio, así como árboles (unas
veintisiete acacias formando un bosque) en el centro de la plaza.
Estas plantaciones se anunciaron como un símbolo de modernidad
urbanística.
La zona ajardinada se rodeaba de los asientos canapés
instalados en 1872, cuyas aperturas se encontraban flanqueadas con los jarrones
fundidos por Maculet. En la glorieta central, también rodeada de asientos
canapé, se hallaba la fuente de base circular, que sustituyó en 1875 a otra de
base octogonal que había sido instalada en 1869. La fuente tenía en su centro
un detalle de hierro fundido que se conoció popularmente como "El
Manojo" y que dio nombre a la fuente e incluso al templete de madera que
fue colocado sobre ella en 1889. Este último fue sustituido por otro de hierro
construido por Moneo e hijo en 1893. La fuente permaneció bajo del templete
hasta que este fue trasladado a la Alamedilla en 1898. La vuelta del templete a
la Plaza en 1906 supuso la desaparición definitiva de esta fuente y del
templete provisional de madera que había sido construido a su lado en 1901 y
que, con mucha sorna, la ciudad conocía como "El Patíbulo". Cuatro
torretas metálicas habían sustituido en 1890 a los postes de madera que
sostenían las lámparas eléctricas colocadas por la "Electricista
Salmantina" el año anterior. También en 1889 se rodearon con una verja
metálica lo urinarios de chapa instalados en las esquinas del jardín en 1884.
Para su iluminación se colocan algunas farolas de petróleo y
se levanta una diminuta fuente octogonal con una farola en el medio y sobre un
pedestal decorado con cabezas de niños.
Todas estas mejoras tecnológicas y de ornato estaban
inspiradas en los avances en el mobiliario urbano incorporado en capitales
españolas como Madrid y Barcelona. Estas novedades generaron un
clima de protesta que alegaba una precaria solución a los problemas de higiene
en la ciudad. Los aguadores eran un gremio habitual en la plaza, se
decide instalar una fuente que traslada agua del Tormes a la Plaza.
Poco a poco, durante este siglo, la plaza cobra protagonismo como espacio de
celebraciones y actos políticos.
Un bando de 1888 ordena unificar los toldos y cortinas haciendo
eliminar igualmente los anuncios en las columnas de los soportales. En 1889 la
iluminación eléctrica ya se ha instalado en la plaza, numerosas referencias
periodísticas se hacen eco del efecto nocturno que hace dicha
iluminación. Al finalizar el siglo la Plaza necesita una reforma, su
aspecto era reclamado por más de un autor de la época. Cabe destacar el
movimiento que tuvo el templete octagonal instalado por primera vez
en el año 1893 en el centro de la Plaza realizado por el constructor salmantino
Anselmo Pérez Moneo, este templete se traslada finalmente en 1898 a La
Alamedilla y en 1906 regresa de nuevo a la Plaza Mayor donde se mantuvo
hasta 1930 (fecha en la que se retiró definitivamente un templete portátil, que
se construyó en madera durante el periodo de su ausencia, al que los
salmantinos apodaron como el patíbulo.)
3.8 La
entrada en el siglo XX
En la celebración del aniversario se instauró una estatua
con Churriguera y José del Castillo "III Conde de Francos" que se
levanta en la Plaza de la Lonja.
En 1904 con motivo de la visita de Alfonso XIII se ilumina
la plaza durante dos días mediante bombillas eléctricas. Haciendo
gala del estilo de la puerta del Sol de Madrid y de sus numerosos
cafés de tertulia, la Plaza Mayor de Salamanca estrena en mayo del año 1905
el Café Novelty, siendo propietarios los hermanos Vicente y Federico
García Martín. Este café ubicado en una esquina del Pabellón Consistorial
(junto a la desembocadura de la calle de Toro) se convertiría con
los años en una institución característica de la plaza (hoy en día se encuentra
una estatua del ilustre literato Gonzalo Torrente Ballester miembro de la
generación del 36). El Mercado Central de Abastos construido en
la Plaza vecina se inaugura el 15 de abril de 1909.
En 1920 el Ayuntamiento de Salamanca procede al adoquinado
de la mayor parte de la ciudad con el objeto de mejorar el tráfico rodado que
se va incrementando poco a poco. En 1922 se acaba el adoquinado de la plaza
Mayor, y a finales del decenio más de una veintena de calles del centro.
Cuando llega el 14 de abril de 1931, al proclamarse la Segunda
República Española, Unamuno al regresar de su destierro, se halla en el balcón
del Ayuntamiento de Salamanca desde donde se dirige a la multitud que llena la
Plaza Mayor. Este mismo año escribe un artículo periodístico en «El Sol»
dedicado a la que denomina: su Plaza Mayor. La Plaza será
escenario de manifestaciones y movilizaciones políticas de diversos géneros en
fechas posteriores.
Tras el golpe de Estado la guarnición de Salamanca
se levanta en armas el 19 de julio de 1936, y a media mañana fija en la Plaza
un bando de guerra firmado por el General Saliquet. El
alzamiento devino en Guerra Civil, los urinarios públicos ubicados en la
Plaza pronto se convierten en refugios antiaéreos. Cabe destacar que el
traslado del Cuartel General de las tropas sublevadas a Salamanca hace que la
ciudad sea importante durante los primeros meses del Movimiento Nacional;
el centro político del bando rebelde se instala en el Gran Hotel de
Salamanca (cercano a la Plaza que fue inaugurado el 12 de octubre de
1930).
En el año 1954 se pavimenta la plaza, tal como está ahora,
se mejora el alumbrado de la parte central y se añaden las farolas fernandinas
de los soportales que posteriormente harán la decoración típica de la Plaza. Se
suprime la zona ajardinada y de recreo, pavimentándose con losas de granito. En
los años 70 se suprime el tráfico rodado por la plaza, haciendo de ella un
espacio peatonal. Algunos de los medallones se completan como el del
dominico Francisco de Vitoria que en 1974 es esculpido por Jacinto
Bustos Vasallo. Aparece en España el nuevo fenómeno del turismo y las
calles se llenan de personas que viajan a la ciudad para verla y admirarla,
entre todo ello se encuentra la Plaza. El 9 de diciembre de 1988 la Unesco declara
a Salamanca como "ciudad Patrimonio de la Humanidad".
5
Las distintas transformaciónes. La
eliminación del mobiliario urbano para tratar de volver a recuperar su estado
original.
Desde sus inicios, el espacio de la Plaza Mayor había sido
concebido limpio y despejado para permitir la celebración de actos y
espectáculos públicos. Este propósito solo fue alterado con la colocación en su
centro de una farola-candil de aceite inaugurada en 1784. La entrada de la
modernidad introduce nuevas costumbres modernas. La Plaza pasa a ser el centro
de la ciudad, sede municipal con la Casa Consistorial (Ayuntamiento) y enclave
cultural y comercial de primera magnitud. Poco a poco las novedades importadas
(templete, fuentes, estaciones sanitarias (aseos, farolas y lámparas)
transformaron los jardines en un escenario caótico marcado por la ostentación
pública.
A partir de 1870, la Plaza Mayor fue dotada de arbolado
(acacias), lo que en aquel momento representaba el embellecimiento y
regeneración de una ciudad que carecía prácticamente de espacios verdes. La
estructura y apariencia de ese inicial “bosquecillo” fue cambiando con el
tiempo hasta convertirse en jardines según los gustos imperantes.
En 1910, el arbolado había disminuido considerablemente y en
su lugar se habían instalado parterres con flores y plantas arbustivas.
Destacaba la línea de canapés, bancos de piedra corridos con respaldo de hierro
fabricados por Moneo e hijos, instalados en 1872 y hoy colocados en la plaza de
la Libertad y en la de Colón, en cuyos extremos sobre columnas de granito
estaban colocados los jarrones de hierro que fundió Maculet y que fueron
instalados ese mismo año.
En la glorieta central, también rodeada de canapés y
diseñada en 1881, se izaba el templete que tras haber sido retirado y
trasladado a la Alamedilla en 1898 había vuelto a ser colocado allí en 1906.
Completaba el equipamiento urbano los urinarios de chapa instalados en 1884,
rodeados de una verja de hierro en 1889 y que se mantuvieron hasta 1911 cuando
fueron sustituidos. Fueron expulsados de la Plaza por razones higiénicas
en 1916.
Por aquellos años continuaba la tendencia a minimizar los
jardines de la Plaza Mayor que en sus inicios había llegado a ser un pequeño
bosque.
La evolución de la plaza, tras su construcción, pasó por
diversas épocas de transformación en su mobiliario. Se diseñaron e hicieron
para su adorno jardines en su centro, farolas, quioscos. Hubo tráfico rodado
que, finalmente, fue suprimido en los años setenta.
5.1 La primera gran
transformación de 1921
Fueron muchos los que reaccionaron atacando el ornamento
monumental y buscando una purificación. La estructura del jardín derivaba de la
gran transformación de 1921 cuando fueron retirados los canapés exteriores
y la calzada, adoquinada en ese año, fue separada de las aceras y de la zona
central de jardines por un bordillo.
Habían desaparecido todos los árboles, incluso las palmeras
chinas, plantadas en 1917, fueron retiradas en 1930. Los parterres de geranios
y rosales rodeados de setos de boj, con unos pequeños estanques circulares en
su interior que fueron transformados en macizos de flores en 1935, constituían
fundamentalmente el jardín que rodeaba la glorieta central, circundada aún por
asientos canapés, pero carente del templete que había sido retirado
definitivamente en 1930. La iluminación la proporcionaban ocho farolas que
habían sido colocadas en 1928.
En 1954 culmina el lento y no planificado proceso de
eliminación de elementos centrales y mobiliario urbano de la Plaza Mayor. A
partir de entonces quedaría prácticamente exenta de ornamentos. El mismo
Unamuno (elegido concejal del Ayuntamiento) reclamaba que la Plaza recuperara
el nuevo clasicismo que la vio nacer y fuera un espacio protegido y sosegado
donde los hombres elevaban el paseo cotidiano a la categoría de rito litúrgico.
Los machones se recalzan
posteriormente en las labores de restauración de los años 1927-1928 con piedra
de granito, más resistente a la erosión humana e
impermeable ante la absorción de agua del terreno. Las obras de
pavimentación comenzaron el 25 de enero y debían de estar terminadas el 1 de
mayo y estar listas para la visita que realizaría Franco el 6 de mayo de 1954,
al que se le iba a conceder un Doctorado Honoris Causa durante los actos de
Clausura del VII Centenario de la Universidad.
La Plaza Mayor fue pavimentada en tiempos del alcalde Carlos
Gutiérrez de Ceballos, cuando en el pleno del 11 de enero de 1954 se aprobó el
proyecto de urbanización del arquitecto Lorenzo González Iglesias y del
Ingeniero Antonio Paradinas Laporta. En la memoria del proyecto se alude a
razones como la necesidad de eliminar todo adorno que pudiera distraer la
atención del conjunto arquitectónico de la Plaza.
El suelo de losas cuadradas de granito gris quedó en un solo
nivel sin aceras ni bordillos, solo se contemplaban la colocación de 14 mojones
o guardacantones que sirvieran de apoyo a la señalización vertical y separación
de zonas y cuatro farolas de fundición con cuatro brazos. Estas farolas cuyo
depósito legal es de 1958, lo que nos hace pensar, con la posibilidad de
equivocarnos, en que la imagen reproducida sea del propio año 1954 y anterior a
la colocación de dichas farolas que finalmente fueron instaladas en número de
ocho, aunque solo quedaban siete cuando fueron sustituidas en 1962 dentro del
proyecto denominado "iluminación turística en la ciudad de
Salamanca".
La recepción definitiva de las obras de pavimentación tuvo
lugar, con bastante más retraso del previsto, el 16 de junio de 1955. La Plaza
continuaba siendo el gran patio vecinal de la ciudad, lugar donde entregarse al
paseo o la conversación. Paseo que una vez fue en doble círculo y en giro
contrario para cada sexo y que había cedido su rigor ante el empuje de la mujer
que poco a poco trataba de alcanzar una situación social a la par con el
hombre.
La Plaza aún conservaba el carácter de centro comercial de
la ciudad y contaba con cinco joyerías, dos zapaterías, tres pañerías, una
librería, once tiendas de artículos diversos, cuatro confiterías, dos estancos
y cuatro cafeterías: Novelty, los Escudos, Altamira y Las Torres. Una
enumeración muy distinta a la que generaría la situación actual. Hoy el
ejercicio comercial ha derivado por otros derroteros y la Plaza, casi
monopolizada por negocios hosteleros y de servicios, parece destinada más a la
atención de foráneos que de propios.
Un hermoso artículo que partiendo de la visión del escritor
ruso Ilya Erenburg, definió la Plaza con tres palabras, "gira, zumba y
canta", describía una Plaza romántica, aún decimonónica, un tanto
trasnochada y a punto de desaparecer. Las imágenes de Pato, también hermosas,
ofrecían por el contrario la visión de una plaza dinámica, joven, moderna y de
futuro.
El domingo 17 de agosto de 2014 publicó La Gaceta un
artículo de José María Hernández Pérez, como siempre muy documentado, sobre los
organilleros salmantinos. Nos habla de la familia Apruzzese venida desde Italia
y pronto trasladada a Madrid de la mano de Tomás Bretón, de los Giolotti
también italianos que explotaron empresarialmente el negocio del organillo, a
los que sucedieron las empresas de Jitibán y de Doyagüe, amén de algunos otros
organilleros independientes que amenizaron durante años las fiestas populares,
bautizos, bodas, serenatas, y otros eventos de Salamanca. En 1910 el plantel de
organilleros salmantinos lo componían Agustín Ceballos, Francisco Alonso,
Manuel Martín, Francisco Tato, Isidro Marcos y T. Martín. En enero dirigieron
sus quejas al Ayuntamiento por el aumento en 5 pesetas del que venían pagando
por cilindro, a 25 pesetas. En Sesión de 26 de enero el Ayuntamiento se declaró
incompetente para resolver este asunto alegando que fue un impuesto votado por
la Junta Municipal de Asociados.
La ampliación de la ciudad en el siglo XX,
mantiene ese carácter de espacio central de la plaza, en el urbanismo de
Salamanca. Se celebra en 1979 el 250 aniversario del inicio de su
construcción. Aparecen personajes como Remigio González ('Adares')
un poeta callejero que se establece en los años ochenta en la Plaza del
Corrillo durante diez años. En 1983 el arquitecto Antonio Fernández
Alba es encargado de renovar la fachada del Ayuntamiento. Esta operación
fue continuada después por una renovación general y restauración que se
financió por la Dirección General de Patrimonio y la Consejería de Cultura de
la Junta de Castilla y León. El arquitecto Pío García Escudero elaboró un Plan
Director para la Plaza Mayor en abril de 1992 (Propuesta de un
programa global de rehabilitación del conjunto de la Plaza Mayor de Salamanca).
En 1998 el escultor salmantino Venancio Blanco esculpe la efigie de
los Reyes actuales (Juan Carlos y doña Sofía) en un medallón del consistorio.
En 1935, la plaza es declarada Monumento Nacional,
por ser la plaza Mayor «más decorada, proporcionada y armónica de todas las de
su época» (Fernando Chueca). La Plaza fue declarada monumento
histórico-artístico de carácter nacional el 21 de diciembre de 1973,
publicándose en el Boletín Oficial del Estado el 23 de enero
de 1974. En el centro de la plaza aparece una placa celebrando su XX
aniversario como Patrimonio de la Humanidad.
Hasta mediados del siglo XX la plaza tenía un
jardín central, con bancos, árboles, arriates de flor y un quiosco de música en
su centro. Una calle adoquinada lo contorneaba. Hacia 1953, el pavimento
adquirió su aspecto actual, con baldosas de granito gris y marcas de granito
rosa. Los granitos proceden de las canteras de Carbellino (municipio
de Zamora).
En la actualidad, la plaza Mayor es el centro de la vida de
la ciudad y un punto de encuentro habitual de los habitantes. En ella se
encuentran innumerables bares y terrazas, además de la cafetería más antigua de
la ciudad, el centenario café Novelty, que al estilo del café Gijón en
Madrid, ha sido punto de encuentro habitual de los literatos y artistas de la
ciudad, desde su inauguración en 1905.
Con motivo del festejo del 250° aniversario de la plaza
se diseñó el programa cultural denominado "Salamanca 2005. Plaza Mayor
de Europa", con actividades musicales y escénicas destinadas a todos
los públicos.
5.2 La segunda gran
transformación
La restauración continuó hasta el año 2001. En el firme de
la Plaza Mayor aparecen una estrella jacobea (verano de 2005) así como una
placa conmemorativa de Salamanca 2002, Ciudad Europea de la Cultura. Se
emitieron cuatro sellos en junio de 2002, durante la XL Exfilna, junto a
un matasellos y una medalla conmemorativa. Con motivo de la celebración del 250
aniversario de la finalización de la Plaza, se pretende completar el programa
iconográfico con la talla de nueve medallones más en el Pabellón
Consistorial: Carlos IV, Fernando VII, Isabel, Amadeo de Saboya, una figura alegórica de la 1.ª República, de Alfonso XII, Alfonso
XIII, un medallón alegórico de la 2.ª República y Juan
de Borbón.
En 1999 se restaura la Policromía en los medallones del
pabellón Real y de San Martín, el arquitecto Alberto López Asenjo se
encarga de dirigir la obra. Se pone pan de oro en la orla circular
que enmarca la figura, mientras que el fondo es azul claro.
6
Las plazas aledañas
Tras su ejecución y fin de las obras, el 29 de abril de
1755, la "Antigua" plaza de San Martín se escindió en tres espacios
separados: la "Nueva Plaza Mayor", la del Mercado (antes denominada
del Carbón) y la del Poeta Iglesias (antes de la Lonja).
6.1 La
plaza del Corrillo
Respondía a la antigua Plaza de San Martín. Su nombre
respondía por estar adosada a la antigua Iglesia románica de San Martín de
Tours del S. XII (donde se veneran las reliquias de los primeros mártires
durante el imperio romano S. VII: San Arcadio, San Probo, San Pascario, San
Eutiquio y el niño Paulino).
Como ya dijimos su aspecto fue variando con el paso de los
siglos. En principio asociada al Azogue Viejo era de enormes proporciones (era
considerada la plaza hispana más grande de la cristiandad). En el S. XVI se
construyó el atrio a manera de Gil de Hontañón. Después de finalizar la obra en
1852 la Plaza de San Martín quedó reducida a la mínima expresión.
El centro de la actividad mercantil de Salamanca anterior a
la Plaza Mayor se remonta al S. XIII en la conocida plaza del Corrillo. Ya en
el S. XII a las afueras de la muralla antigua en la puerta del Sol de donde
discurría la Vía de la Plata hacia Zamora se daba como lugar de zoco, mercado,
centro de la actividad mercantil donde reencontraba propiamente el mercado de
la ciudad. Tras la repoblación el zoco también llamado Azogue Viejo se
constituye como la plaza de San Martín alrededor de la iglesia románica que
lleva su nombre. Se consolida la plaza como espacio comercial y mercantil y
centro de la ciudad. Era en esta plaza donde se celebraban espectáculos
públicos tanto religiosos como profanos. Se cuenta que en centro de la plaza de
San Martín existía un “rollo” junto al que se fijaba un tablado en el que se
marcaban las flechas con las corridas de toros durante las ferias de
septiembre.
La plaza de San Martín sería la génesis de la posterior
Plaza Mayor. Construida en el lugar neurálgico de la ciudad, era zona
concurrida y popular en el medievo y fue centro comercial y religioso de la
ciudad hasta que cayó en desuso en la alta edad media al ser tierra de nadie
durante los Bandos. Poco a poco se fue desmembrando en distintas plazas, la de
la Lonja, del Peso, de las Carnicerías, del aceite etc. Edificios de gran
importancia se fueron estableciendo en sus alrededores como la Lonja y el
Concejo.
En la actualidad es la pequeña plaza anexa a la Plaza Mayor
a la que sirve de antesala. A la izquierda está la
iglesia románica de San Martín y a la derecha una serie de
casas con soportales formados por columnas de piedra terminadas en zapatas que
representan las divinidades romanas correspondientes a los días de la semana:
La luna para el lunes, Marte para el martes, Mercurio para el miércoles,
Júpiter para el jueves, Venus para el Viernes, Saturno para el sábado y el Sol
como día del Domingo. Antiguamente esta plaza del mercado estaba situada en la
puerta del Sol de salida de la muralla antigua romana hacia la continuación de
la Vía de la Plata pasando por Ocelo Duriju Oclodorum (Zamora), hasta Astúrica
Augusta (Astorga). En la plaza del Corrillo se levanta una escultura al poeta
Remigio González cuyo autor es Agustín Casillas.
6.2 La plaza del Mercado Central
de Abastos
En un principio la Plaza Mayor acoge la antigua distribución
de comerciantes por oficios y mercancías. En el Pabellón Real se vendía carne y
fruta, en de San Martín carbón y lienzo, en de Petrineros repujados del cuero y
en el del Ayuntamiento trigo y lino. Más tarde se vio la necesidad de
diferenciar el carácter propio de la Plaza como centro cívico cultural y
neurálgico de la ciudad de lo que era el carácter propio del mercado. Debido a
esto se emprendió a primeros del S. XX (1909) el nuevo Mercado Central de
Abastos. la
Plaza del Mercado correspondía al gran número de espacio que ocupaban el
llamado Azogue Viejo del mercado, el mercado de la Lonja, el mercado del Peso,
de las Carnicerías, del Aceite, etc. El Mercado de
Abastos (1899–1909), situado en la antigua Plaza de la Verdura o plaza del
Carbón. Construido en hierro es una de las obras que junto al puente de hierro
nos dejó el arquitecto matemático e ingeniero Joaquín de Vargas y Aguirre.
El mercado se ubica en los orígenes
del siglo XII y XIII en la plaza llamada Azogue Viejo
junto a la Catedral Vieja de Salamanca. Al cabo del tiempo el mercado se
traslada a la plaza que se encontraba en torno a iglesia de San Martín en
medio de la "plaza de San Martín" (previa a la actual Plaza Mayor)
que era una plaza de grandes dimensiones. Durante el periodo que va desde el
año 1729 al 1756 se produjo la construcción de la plaza tal como está
actualmente.
Al principio la componían diferentes espacios bajo el
sobrenombre de Plaza de la Lonja. En 1830 el Ayuntamiento cambia el nombre como
plaza del poeta Iglesias por incluir la casa donde murió el poeta salmantino en
1791(aún se conserva una placa en ese lugar). La Plaza de la Lonja constituía
un amplio, viejo y destartalado espacio que albergaba distintos edificios, el
caserón que albergó el antiguo Ayuntamiento, el Palacio de Justicia, la cárcel.
Más tarde en el solar de la Casa de la Lonja se construyó el Gran Hotel (hoy
también desaparecido). En la plaza de la Lonja (plaza del poeta Iglesias) se
erigió en 2011, con objeto del aniversario, una escultura de los arquitectos
Alberto Churriguera y Rodrigo Caballero elaborada por el escultor Fernando
Mayoral.
El Mercado Central de Salamanca (denominado
oficialmente como Mercado Central de Abastos de Salamanca) es un mercado
de abastos en la ciudad de Salamanca. Se encuentra ubicado en el centro de
la plaza del Mercado adyacente a la Plaza Mayor (por los Portales de
San Antonio). El Ayuntamiento de Salamanca encargó un proyecto
para la distribución de alimentos en la ciudad desde el siglo XVIII,
quedando relegado a un espacio adyacente convertido en la Plaza del
Mercado (en la denominada Plaza de Verdura). El Ayuntamiento
convocó un concurso y fue elegido el proyecto diseñado por el arquitecto
jerezano Joaquín de Vargas y Aguirre (autor también de la Casa
Lis para Miguel Lis, exponente del art nouveau, art decó). El
proyecto seguía las directrices de los grandes mercados parisinos conocidos
como las “Halles” que se levantaron en el centro de la capital francesa.
Aunque el proyecto data de 1898, la obra se inaugura en 1909. Su ejecución tuvo
que salvar dificultades económicas que retrasaron la obra.
El mercado Central ha sufrido desde su construcción varias
rehabilitaciones durante del siglo XX, la primera fue en el año 1993
de forma parcial. La segunda fue en 2001. La estructura se realiza en pilares y
vigas metálicas (la llamada arquitectura de Hierro, incluye el puente nuevo
de hierro de Enrique Estevan construido por el ingeniero Saturnino Zufiaurre
discípulo de Eiffel entre 1902 y 1913 y el de Pradillo para el ferrocarril
iniciado en 1891 y remodelado en1933). La última rehabilitación en 2019 incluyó
la instalación de vidrieras art decó como exponente del modernismo.
El mercado Central fue declarado monumento histórico artístico.
7
El nuevo orden estilístico
La Plaza Mayor se distancia del barroco escurialense
herreriano (Plaza de Madrid o Valladolid) para adquirir una impronta propia que
se denominaría barroco churrigueresco. Es la familia de los Churriguera los que
lo impulsan.
La arquitectura barroca española nace como respuesta
estéticamente audaz a los cambios culturales de la época tratando de convertir
los espacios (tanto civiles como religiosos) en escenarios de experiencia,
emoción y triunfo de la fe. Las esculturas que coronan la espadaña del
Ayuntamiento evocan las 4 virtudes cardinales: (Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza).
La ciudad quería proyectar su gloria y su orden y se valía
de la monumentalidad de la Plaza para articular el poder y la fe, la
espiritualidad y el saber, la ciencia y el arte. El resultado fue una expresión
lúcida de la fe donde cada elemento ornamentado acompaña la experiencia de la
liturgia y la vida cívica y universitaria. (Como exponente de esta función la
Plaza se desarrollaban autos sacramentales). A su vez la Plaza se abría a lo
profano con actos lúdicos y celebrativos.
El barroco trae nuevos elementos arquitectónicos de
forma que pasa a toda una concepción de una escenografía teatral (función
estética) de carácter urbano. Se pierde la barrera de lo público y privado, lo
sagrado y lo profano, el exterior y el interior. El uso de la perspectiva marca
un nuevo orden de proporciones (ilusiones ópticas). Lo importante es el impacto
visual para generar la ilusión de efecto de infinitud apelando a los sentidos y
a la emoción del espectador.
Elementos estructurales heredados del clasicismo.
Destaca el empleo de los arcos y las columnas. Ordenes mayores y menores
(propios del manierismo) en los diferentes pisos, arcos mayores y menores para
resaltar la importancia. Todo conjugado armónicamente contribuye a la sensación
de espacios monumentales para abrumar al espectador.
Exuberancia decorativa. La piedra de Villamayor
tallada proporciona toda una gama de colores (ocres, dorada y anaranjada al
atardecer). Profusión de hojarasca, guirnaldas, molduras, escudos, medallones.
La iconografía de los medallones es utilizada como elemento propagandístico.
Dinamismo de las fachadas con una sensación de
movimiento continuo. El uso de los soportales da sentido de movimiento
giratorio (noria). Se busca un lenguaje armonioso y dinámico que genere belleza
y armonice la funcionalidad con la simbología del poder divino y real (unión
del orden, la exuberancia y la funcionalidad).
Juegos de luz y de sombra creando contrastes
dramáticos para jugar con la luz solar permitiendo dar teatralidad a los
espacios. Se buscaba un efecto de plenitud lumínica que transforma el espacio
es una experiencia sensorial.
Despliegue de la iconografía. El programa
iconográfico intenta simbólicamente representar la autoridad de la Iglesia. El
poder de la Monarquía y la relevancia del saber, la ciencia y el arte.
8
El programa iconográfico de la Plaza
La iconografía se utiliza como instrumento de propaganda. La
plaza se concibe como el marco para hacer relucir el rico patrimonio espiritual
y cultural de la ciudad. La ciudad se concibe abierta a toda la nación y a todo
el mundo.
En el contexto de la contrarreforma se pretende resaltar el
poder de la Iglesia (la fe), la Universidad (la ciencia y el saber), la realeza
como garante de la unidad de la nación. Se trataba de convertir la arquitectura
en una herramienta de persuasión espiritual y de afirmación de la identidad
católica en un periodo de grandes cambios políticos y culturales. Se trataba e
inspirar la fe, el arte, la estética y la devoción. Se trataba de armonizar y
reflejar las diferentes tradiciones histórico, culturales, espirituales del
pasado como en un concierto sinfónico y armónico en una composición unificada y
grandiosa.
Este programa posee una historia que va unida al
desarrollo urbanístico de la plaza a lo largo de los años que van desde su
construcción en el siglo XVIII. Una de las iconografías más
evidentes es la que se puede ver alrededor de la misma, en los medallones
ubicados en las enjutas de los ochenta y ocho arcos. Pero puede
observarse igualmente escudos de armas en los soportales de los arcos mayores,
en los balcones y demás elementos arquitectónicos.
Rodrigo Caballero colabora con Alberto Churriguera en la
concepción del programa iconográfico de la plaza que se plasma en sus
medallones. Aunque guarda el sabor del neoclásico, sin embargo, la Plaza
inaugura una nueva concepción barroca. Se pasa del pórtico adintelado al pórtico
arqueado (arco de triunfo). Se suprimen los torreones laterales y se busca una
unidad más armónica.
La Plaza Mayor de Salamanca es el más claro ejemplo del
estilo barroco churrigueresco. La Plaza resulta ser uno de los centros más
prestigiosos de la ciudad, ya desde los inicios de su construcción, un espacio
público, un nudo de comunicaciones y lugar de paso, de reivindicación política
y social, un mercado y espacio lúdico donde se han celebrado corridas de
toros y fiestas barrocas así como festejos populares.
El diseño de la Plaza se asigna, en su primera etapa, al
arquitecto madrileño Alberto de Churriguera (encargado de diseñar y
dirigir la obra de los dos primeros lienzos), y el Concejo de la
ciudad financia completamente la obra.
La Plaza se construye siguiendo el modelo de otras plazas de
ciudades españolas como la Plaza Mayor de Madrid (1617-1621),
la del Ochavo de Valladolid (1561), la del Cuadrado de Córdoba (1683).
Se edifican los pabellones siguiendo tres fases de obra bien diferenciadas a lo
largo de un cuarto de siglo. Vamos a desarrollar el programa iconográfico a
partir de los medallones de los pabellones.
La primera fase aborda sucesivamente dos pabellones: El Real
y el de San Martín (durante el periodo: 1729-1735), sigue un periodo de quince
años de interrupción de la obra debido a los litigios habidos entre
los dueños de las casas y del Ayuntamiento en la construcción del Pabellón de
Petrineros (guarnicioneros) y del Consistorial (durante el periodo: 1735-1750).
En la segunda fase se construye la casa consistorial y su
fachada (1750-1756) a cargo del arquitecto Juan García Berruguilla y,
por otro lado, se completa el cierre de la Plaza. Finalmente, la casa
consistorial que quedó arquitectónicamente incompleta, se completó con la espadaña de
su fachada un siglo después (en 1852).
La ciudad con un rico patrimonio espiritual pasó a ser por
la prestigiosa Universidad ciudad el saber y de la cultura y adquirió cada vez
más una mayor relevancia y preponderancia. En 1877 se engalana para recibir a
Alfonso XII para la inauguración del primer ferrocarril. En esta misma plaza acuden varios
reyes, el primero el Rey Felipe V para su inauguración, el último el rey
Alfonso XIII antes del golpe de la República en 1922 dentro del Centenario de
la Canonización de Santa Teresa. Dos discursos en la plaza de Miguel de Unamuno
conmueven la ciudad. En su regreso del exilio en 1930 recibido ante el clamor
del pueblo y nombrado alcalde presidente honorífico de la Ciudad y lo que fue
su despedida en su jubilación a los 70 años en 1934 poco antes de estallar la
guerra civil. En la plaza hubo acto militar en el alzamiento nacional con las
tropas de Franco y al final de la guerra.
6.1 Desarrollo del programa
iconográfico
Los primeros pabellones en construirse, el Real y de San
Martín, permitieron que fueran tallados por el escultor vallisoletano Alejandro
Carnicero, que desde 1730 a 1733 se dedicó a la labor. Las cartas mostradas por
Rodrigo Caballero y el duque de Medina Sidonia aportan como
conclusiones que, Rodrigo Caballero fue el autor del programa iconográfico de
la plaza.
El primero debería ser dedicado a la monarquía española y
para ello se inspiró de una serie de grabados. El segundo, dedicado a dieciocho
de los grandes capitanes españoles, estaría encabezado por Santiago apodado
Matamoros (nunca llegó a realizarse) y se diseñó gracias a las efigies
proporcionadas por Rodrigo Caballero. Alonso Pérez de Guzmán le
proporciona a Rodrigo Caballero la lista de los dieciocho personajes militares
a incluir en denominado "Cuartel General". Rodrigo echa de menos la
figura de Juan Pacheco (marqués de Villena) y lo incluye finalmente
en el programa iconográfico. El tercer lienzo está dedicado a los sabios y el
cuarto a los santos. Estos dos lienzos ya no siguen el rigor de los anteriores,
y alguna figura fue esculpida pero sin seguir la regla. En el lado de petrineros
las figuras de Cervantes y de santa Teresa talladas en 1973 y la
de Francisco de Vitoria en 1974. Una de las causas de esta falta de
criterio en los dos últimos lienzos puede encontrarse en la destitución de
Rodrigo Caballero, la otra causa será el periodo de parada que sufrió la
construcción de la plaza durante los años 1735-1750. De todo el programa solo
se realizó según el proyecto la mitad: la que corresponde a los Pabellones
Reales y la de San Martín.
La talla en el resto de los lienzos, se van realizando poco
a poco siguiendo dictados diversos. A finales del XVIII se hizo un medallón de
Godoy (en el lienzo de Petrineros junto a la salida hacia la plaza del
Corrillo), que fue picado a su caída (todavía se puede ver que es más delgado
que los que quedan por tallar). En 1813 se añade en el lienzo de Petrineros al
duque de Wellington por su activa lucha en la liberación de la ciudad ante las tropas
francesas de Napoleón.
El programa iconográfico de los medallones se mantiene
inconcluso. En la actualidad se siguen labrando algunos medallones que quedaron
vacíos con figuras de personajes que quedaron vinculados a la historia de la
ciudad. En 1936 estando en plena Guerra Civil y habiendo trasladado
el Cuartel General de las tropas sublevadas, Francisco Franco se hace
tallar una efigie en el comienzo del Pabellón Real (la talla fue realizada por
el escultor Miguel Huerta).
En 1967, la ciudad decidió ir completando los medallones
vacíos y desde entonces ha prevalecido el criterio de encargárselos a artistas
salmantinos y dedicárselos a personajes ilustres vinculados de alguna manera a
la ciudad. De esta forma en 1975 el Consistorio decide incluir un medallón de
su Arco Mayor a Rodrigo Caballero y Llanes y fue tallado por Enrique
Orejudo. Posteriormente se hizo el medallón de Juan Vázquez de Coronado en
1967 (realizado por Damián Villar). El ayuntamiento encarga a Venancio
Blanco los medallones del Rey Juan Carlos y la Reina Sofía.
El programa iconográfico de la plaza Mayor de
Salamanca consiste en un conjunto de iconos, también llamados medallones,
ubicados en diferentes partes de la plaza Mayor. Este programa posee
una historia que va unida al desarrollo de la plaza. Una de las
iconografías más evidentes es la que se puede ver alrededor de la misma, en los
medallones ubicados en las enjutas de los ochenta y ocho arcos. Pero
puede observarse igualmente escudos de armas en los soportales de los arcos
mayores, en los balcones y demás elementos arquitectónicos. Además de las armas
de la ciudad, siendo estas las que más veces se repiten en el programa.
La plaza consiste en cuatro pabellones que se
fueron construyendo de forma progresiva durante el periodo que va desde el año
1729 al 1756. Se sabe que el corregidor andaluz Rodrigo
Caballero que a su edad de sesenta años diseña los medallones de los dos
primeros Pabellones (Real y de San Martín). La evolución histórica de los
medallones va desde el pabellón real, pasando por el de San Martín, el de
Petrineros y finalmente el Consistorial. Los dos primeros muestran un programa
iconográfico relativamente homogéneo en sus personajes, quizás debido a la
existencia de patrocinadores y realizadores activos (el corregidor de
Salamanca Rodrigo Caballero y Llanes y el tallador Alejandro
Carnicero). Los otros dos restantes no han logrado ser homogéneos por haber
sido realizados posteriormente ya sin la tutela de un autor.
6.2 Programa iconográfico del Pabellón
Real
Los medallones del Pabellón Real, de derecha a izquierda,
vistos desde el interior de la plaza (es decir hacia el portal de San Fernando)
son los que se muestran en la tabla siguiente. En el programa originario de la
plaza diseñado por Rodrigo Caballero y Llanes todos ellos corresponden a reyes.
Posteriormente se añadieron efigies como la de Francisco Franco (en 1937). Los
medallones correspondientes al Pabellón Real y de San Martín fueron realizados
por Alejandro Carnicero (se inspiró en algunos grabados).
La iconografía utilizada responde a la historia de Salamanca
Lo más sobresaliente de los medallones del Pabellón Real son las efigies de los
reyes. El primer busto que se colocó fue Alfonso XI que precisamente nació en
Salamanca. El último medallón es el de Fernando VI. Felipe V, por su relevancia
en la supervisión de la Plaza, ocupa un lugar privilegiado apareciendo tres
veces. Entre los medallones aparecen la Reina Isabel la Católica y su hija
Juana la Loca con sus respectivos maridos. Entre otros reyes y reinas Isabel de
Farnesio.
Medallones del Pabellón Real: Alfonso XI de Castilla,
Pedro I de Castilla, Enrique II de Castilla, Juan I de Castilla, Enrique III de
Castilla, Juan II de Castilla, Enrique IV de Castilla, Isabel I de Castilla y
Fernando II de Aragón, Juana I de Castilla, Felipe I de Castilla, Carlos I de
España, Felipe II, Felipe III, Felipe IV, Carlos II. Felipe V, Luis I, Felipe
V, Fernando VI.
6.3 Programa iconográfico del Pabellón
de San Martín
Los medallones del Pabellón de San Martín son efigies
correspondientes guerreros, descubridores, conquistadores españoles, así
como militares. Entre ellos Bernardo de Carpio, Fernán Gonzalez, Rodrigo
de Ponce, Cristóbal Colón, Hernán Cortés. Falta en esta sección el medallón
nº16 correspondiente a Sánchez Dávila posterior a Rodrigo Dávila. Debido al
carácter privado eclesiástico de este pabellón se conservan en los balcones del
primer piso los escudos del Cabildo Catedralicio, la Real Clerecía de San
Marcos, el Colegio de San Bartolomé, los Caballeros Veinticuatro, la Encomienda
de San Juan o la Universidad.
Medallones del Pabellón San Martín: Bernardo del
Carpio, Fernán González, García Fernández, Rodrigo Diaz de Vivar, Pelayo,
Alonso Pérez de Guzmán, Juan Pacheco, Rodrigo Ponce de León, Rodrigo Téllez
Girón, Gonzalo Fernández de Córdoba, Cristóbal Colón, Hernán Cortés, Francisco
Pizarro, Fernando Álvarez de Toledo, Rodrigo Dávila. Antonio de Leyra, Diego López
de Haro, Alonso de Aragón, Alonso de Aguilar.
6. 4 Programa iconográfico del
Pabellón de Petrineros
Los medallones del Pabellón de Petrineros son los de
estructura iconográfica más heterogénea. Son varios los autores de sus
medallones, Agustín Casillas, Garciliano Montero, Jacinto Bustos, José Luis
Pinto Benito, Oscar Alvariño. Fernando Mayoral, Enrique Orejudo.
Medallones del Pabellón de Petrineros: Manuel Godoy.
Miguel de Cervantes, Santa Teresa de Jesús, Francisco de Vitoria, San Juan de
Sahagún, Miguel de Unamuno, Antonio Nebrija, Fray Luis de León, Duque de
Wellington, Julián Sanchez, Tomás Bretón, Don Juan de Borbón.
6.5 Programa iconográfico del Pabellón
Consistorial o del Ayuntamiento
Este Pabellón tenía en el balcón central del primer piso
donde vemos dos hornacinas vacías, en ellas figuraban los bustos del rey Carlos
IV y su esposa María Luisa, ambas obras del escultor José Álvarez. Los
bustos desaparecieron durante la Revolución de 1868. Posteriormente se
colocaron los bustos de Alfonso XII y su madre Isabel II que
nuevamente desaparecieron en 1931 durante la Segunda República.
En el año 2005, con motivo de las celebraciones del 250
aniversario de la construcción de la Plaza Mayor de Salamanca, se procedió a
esculpir nueve nuevos medallones en las enjutas de este Pabellón. Las efigies
elegidas eran de reyes y corresponden a Carlos IV, Fernando VII, Isabel
II, Amadeo
I de Saboya, Alfonso
XII, Alfonso
XIII, don Juan
de Borbón y dos alegorías de la 1ª República y 2ª República españolas respectivamente.
Juan Vázquez de Coronado en 1967 (realizado por Damián Villar). El programa
iconográfico está incompleto, aún quedan espacio para nuevos medallones.
Los autores de los medallones del Pabellón Consistorial son
varios, algunos de los que intervinieron en el Pabellón de los Petrineros y
otros, Damián Villar, Oscar Alvariño, Miguel Angel Rojo, J. Pergón, Enrique
Orejudo, Fernando Mayoral, Venancio Blanco.
Medallones del Pabellón Consistorial: Juan Vázquez
Coronado, Alegoría de la Primera República, de la Segunda República. Amadeo I
de Saboya, Juan Maldonado y Ordoñez de Villaquirán, Rodrigo Caballero. Alberto
Churriguera, Juan Carlos I y Sofía, Carlos III, Alfonso XIII, AlfonsoXII,
Isabel II. Fernando VII, Carlos IV.
El Medallón con la efigie de Rodrigo Caballero y
Llanes en la enjuta de la izquierda en el "Pabellón
Consistorial" de la Plaza Mayor de Salamanca. Homenaje a su labor
iniciadora de la plaza y tallada en 1975 por Enrique Orejudo.
En las enjutas de los ochenta y ocho arcos de la
Plaza se fue dejando un espacio para colocar un medallón en el que se
incluiría el busto de un personaje importante en la historia de España. Esta idea es muy original en la
época, siendo muy pocas las plazas que incluyen este programa entre sus
paredes. En la actualidad hay una parte de los medallones tallados, y otro sin
realizar. Estos medallones inicialmente se diseñaron por Rodrigo
Caballero, para que representaran las series de efigies de los Reyes de
España en el Pabellón Real, mientras que en el de San Martín se incluyeran
conquistadores y militares españoles y en el de Petrineros fuese una serie de
sabios españoles y de los santos más relevantes en el Pabellón
Consistorial. Este plan iconográfico inicial se fue confundiendo poco a
poco, de tal forma que, por ejemplo, se puede ver en la actualidad Reyes
españoles en el pabellón Consistorial, y militares en el Real. Cabe
destacar que Felipe V aparece representado tres veces, una por autorizar la
construcción de la plaza en el arco central del pabellón real y las otras dos
por cada uno de sus reinados.
6.6 Programa iconográfico de
la espadaña
La finalización de la Plaza se lleva a cabo por el
arquitecto García Quiñones. Adopta la solución más sobria y elegante. Aunque en
principio proyecta dos torres una a cada lado de la Casa Consistorial (Las
torres que pueden verse en la maqueta de José González Bordado) no llegaron
nunca a construirse para lograr una solución más armónica. La espadaña del
Ayuntamiento, obra de Tomás Cafranga, es resuelta con un orden mayor para darle
más relieve a este y mantener así los tres pisos del resto de pabellones. Se
finaliza en 1852 poco antes de cumplirse el centenario de la Plaza Mayor
iniciada en 1728.
Su iconografía trata de coronar el majestuoso escenario de
la Plaza. Al principio se piensa en que el centro de la espadaña este rematado
por la imagen del Apóstol Santiago (presidiría el Solio de los Santos el
patrono de España) pero finalmente se apostó por otras figuras, obra de Isidoro
Celaya, que simbolizaran otro tipo de realidades relacionadas con la
cosmopolita idiosincrasia salmantina.
En esta espadaña, cuando hay toros, se fija una bandera
conocida con el nombre de la Mariseca (por haberse llamado así un albañil que
al irla a fijar cayó y murió). También se utilizó la figura de un toro que se
mantenía en el tiempo de la feria taurina,
Para tratar de esclarecer el programa iconográfico de la
espadaña es valiosa la interpretación que realizó Modesto Falcón en su guía
"Salamanca artística y monumental" (1867) en la que se describían
como estatuas de la espadaña, la Agricultura, la Industria, la Ciencia y la
Astronomía. Esta interpretación fue seguida por la mayoría de autores de
fines del siglo XIX y de prácticamente todo el siglo XX. Podemos leer esta
descripción en trabajos como "la Reina del Tormes"(1884) de Fernando
Araujo o en "Salamanca en la mano: noticias histórico-descriptivas acerca
de la ciudad y sus monumentos, usos y costumbres"(1930) de Enrique
Esperabé de Arteaga.
Posteriormente se amplía o mejor se sustituye la
interpretación de Ciencia por la de Comercio y así lo leemos en el libro sobre
la Plaza Mayor de Guzmán Gombau (1955) y sobre todo en el libro de Rodríguez G.
de Ceballos de 1977.
Las cuatro figuras alegóricas identificadas con la
Agricultura, el Comercio, la Industria y la Astronomía (todas ellas en
lugar de obeliscos), fueron talladas por un profesor de dibujo de la Escuela
de Nobles y Bellas Artes de San Eloy llamado Isidoro Celaya.
Se erigió la espadaña y en sus tres huecos se dispusieron las campanas fundidas
por Salvador Raurell (las campanas tenían por nombres: romana, satinay, bentula, esquilonada).
Se puso a sus pies la esfera de un reloj tipo Morez. Sobre la cúspide de la espadaña
aparecen cuatro matronas que representan a las cuatro virtudes
cardinales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza.
Las últimas investigaciones y la aparición de la
correspondencia entre el escultor Isidoro Celaya y el Ayuntamiento tratan de
esclarecer la iconografía verdadera (si es que esta existe). Del libro
"250 Años de la Plaza" (2005), trabajo en tres volúmenes dirigido por
Alberto Estella y coordinado por Conrad Kent, tomamos los siguientes párrafos: "La
correspondencia de este profesor de San Eloy con el Ayuntamiento nos descubre
cuáles fueron en realidad los temas iconográficos elegidos por el autor para
las estatuas, cuestión en la que aquél le dejó total libertad. En 8 de junio
había terminado la primera, que representaba a la Arquitectura,
identificable por el libro y la escuadra que porta en sus manos”. Antes de que
la comisión se pronunciase sobre ella, a final de mes había concluido la
segunda, muy similar a la anterior en la posición de los brazos, vestido, etc.,
pero con un cincel y un mazo, porque quería representar a la Escultura.
Aunque la comisión dio el visto bueno para que continuase el trabajo, también
le advirtió que pusiese esfuerzo para conseguir mayor perfección en las
restantes, y que acelerase la ejecución para que la obra no sufriese retraso. Sobre
su significado primero se admitió la que representaba a la Geografía,
que podemos identificar fácilmente porque apoya su mano izquierda sobre un
globo terráqueo, pero solamente después de oír la opinión del arquitecto se
aceptó la alegoría de la Agricultura. Otros quieren ver en las figuras
otras interpretaciones alegóricas como La Música y la Poesía.
Según Cafranga la estatua representaba la diosa Ceres y
estaba «personificada debidamente y según requiere la historia pagana», porque
tenía «la hoz en la mano derecha y espigas en la izquierda», inconveniente de
todas ellas era el ser de «piedra franca o de arena». Según este libro la
interpretación sería: Arquitectura, Escultura, Geografía y Agricultura.
Los trabajos posteriores como la tesis doctoral convertida en libro de Enrique
García Catalán, "Urbanismo de Salamanca del siglo XIX" de enero de
2015, asumen ya esta lista. Sin embargo, en trabajos como el libro de
Antonio Seseña Arévalo, historia de la Plaza Mayor de Salamanca en Planos
(2005) las enumera como Agricultura, Comercio, Industria y Geografía.
Resumiendo la iconografía que encierra las cuatro
figuras alegóricas de su espadaña bien desde una versión
mitológica, la diosa Deméter o Ceres (de la agricultura, cosechas y
fertilidad), la diosa Atenea (de la justicia y sabiduría), la diosa Hestia (del
arte y la arquitectura), la diosa Afrodita del amor y la belleza; bien identificadas
como matronas, las cuatro virtudes cardinales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza,
bien identificadas con las artes, Escultura, Arquitectura, Ingeniería y Astronomía;
o bien haciendo referencia con los distintos estamentos sociales: la
Agricultura, el Comercio, la Industria y la Geografía, son exponentes de la
pluralidad de aspectos armónicamente recogidos en el pueblo salmantino.
A MANERA DE CONCLUSION
La literatura española posee numerosas alusiones a
la Plaza Mayor de Salamanca y de su entorno, donde se encuentran descripciones
destacadas. A la entrada a la Plaza Mayor por la plaza del Corrillo en la
parte izquierda del arco se recoge una inscripción de Cervantes. “Advierte,
hija mía, que estás en Salamanca, que es llamada de todo el mundo madre de las
ciencias, archivo de las habilidades, tesorera de los buenos ingenios y que de
ordinario cursan en ella y habitan unos doce mil estudiantes, gente moza, antojadiza,
arrojada, libre, aficionada, discreta y de buen humor”.
Vamos a tratar de resumir el valor y rico patrimonio que
encierra la Plaza mayor
Un canto sinfónico a la unidad
La Plaza Mayor va a convertirse en un “canto sinfónico” a la
unidad sobre aquella dualidad extremada sobre lo celeste y lo terrestre, lo
sagrado y lo profano. Símbolo y expresión de como armonizar todas las
dualidades posibles a las que nos enfrentamos. ¿Cuándo lograremos vivir los
humanos en la armonía de la unidad? La
Plaza se convierte en “claustro” para la ciudad donde quien accede a ella se ve
inmerso en esa sensación órfica de contemplar el mundo con serenidad desde el
misterioso hogar del pecho (como dice Unamuno “del corazón en las honduras
guardo tu alma robusta. Cuando yo me muera guarda, dorada Salamanca mía, tú mi
recuerdo”). Un canto sublime que nos eleva a la bóveda del cielo, donde los
tapices pétreos de sus fachadas se convierten en piedras vivas de oro, que
parecen llamear en los atardeceres del otoño y nos introducen en el tiempo de
lo eterno, de lo que no muere, en el más allá de lo que vemos (como dice Fray
Luis de León “es el amor, la unidad y la concordia lo que une los hilos del
tapiz de nuestra historia, la virtud que recompone el rompecabezas de la vida y
da orientación y sentido al laberinto de nuestra existencia”)
El logro de una síntesis armónica
Sin duda, uno de los grandes problemas en el hombre es dar
con la integración y unificación interior en todas las esferas de la vida
comunitaria, tanto a nivel eclesial, social o familiar y encontrar la forma de
cómo establecer la unidad en las diferencias. El gran escenario de la
existencia humana adquiere los rasgos de drama entre la búsqueda de unidad en
la experiencia dramática de tantas divisiones que hunden sus raíces en la
propia división interior. Para discernir el horizonte de lo variable y de lo eterno
y permanente pide al hombre situarse en “el centro de su misterio” y no
renunciar a esta comunión que le es propia.
La ciudad de Salamanca se levantó en una tierra que era
tierra de muchos para sin perder su identidad pasar a ser “tierra de todos,
para todos y abierta al mundo”. Las ciudades, las naciones, los continentes se
levantaron como procesos de unificación de pueblos distintos mediante alianzas
y pactos que salvaguardasen la unidad y la paz. Salamanca pasó por invasiones,
saqueos, rivalidades y luchas de bandos. En la cabecera del arco que daba
entrada a la Casa de la Concordia donde se firma el pacto de los Bandos se
lee: “Ira odium generat, concordia nutrit amorem”. (la ira
fecunda el odio, la Concordia hace fuerte el amor).
Especialmente los quince años de espera donde las obras se
paralizaron por los litigios que surgieron movió los corazones a interceder a
Dios porque se pudieran acabar las obras. El corregidor García Ramírez de
Arellano cesa en su cargo y Alberto Churriguera fallece y la situación
quedó en espera durante cerca de quince años, dando lugar al dicho popular en
aquella época: “Salamanca tiene fuerte, media plaza, medio puente, medio
claustro de San Vicente”.(anónimo)
La unidad hace la fortaleza
La Plaza Mayor es ejemplo de una obra que es fruto de la
colaboración de todos los estamentos de la ciudad (Consistorio, Cabildo,
Universidad) de todos los distintos oficios y trabajadores (arquitectos,
aparejadores, escultores, canteros,
albañiles, carpinteros,
cerrajeros etc) y de la profunda armonía de sus distintos elementos en
medio de la diversidad.
Detrás de la Plaza hay un entramado de maestros, artesanos y
talleres que trabajaron de forma armónica y coordinada. Canteros, yeseros,
decoradores, tracistas, estilistas. La sinergia entre la arquitectura y las
artes decorativas convertían los espacios en escenarios con un mismo lenguaje
ornamental dentro de una misma identidad estilística. Figuras humanas,
pináculos, candelabros, elementos vegetales, todo entrecruzado en armónico
escorzo. Un baile de faunos y un cónclave de plegarias, la angustia de la locura
y las zozobras de la inquietud. La verticalidad de las chimeneas, las
cresterías y torreones, las balaustradas forman un laberinto de filigranas en
un tapiz pétreo donde los canteros tallaron el latido de la ciudad.
La plaza pasa a ser “el corazón de la ciudad” (su
salón de estar y el lugar de encuentro privilegiado). El profesor Ceballos,
gran estudioso del ágora afirma que los salmantinos hicieron que la Plaza pasar
a ser “el corazón donde late el pulso de la ciudad”, el lugar de la convivencia
y del encuentro cotidiano y el sitio donde celebrar las alegrías de sus
fiestas. La Plaza se convierte en el ágora de los ciudadanos, lugar de
encuentro y celebración, lugar del diálogo, la amistad, la convivencia, la
fiesta.
La Plaza Mayor ha sido durante dos siglos y medio “el centro
vivo y el corazón de la ciudad” al que fluyen todas las arterias. Fue lugar de
administración de Justicia, Consistorio, escenario y teatro natural de actos
sacros y culturales, autos sacramentales, semanas santas, salón de conciertos,
coso taurino, punto de encuentro, lugar de recreación, de alterne y de paseo.
Una nueva concepción de ciudad cosmopolita abierta al
mundo.
En el siglo XVIII tuvo un importante renacimiento
económico y cultural, que propició la terminación de la Catedral Nueva,
cuyas obras habían estado paradas durante casi un siglo. La construcción de su
imponente Plaza Mayor barroca en 1729 por decisión de
Felipe V permitió rehacer muchos de los edificios monumentales dañados por
el terremoto de Lisboa de 1755. La plaza fue proyectada para homenajear
la llegada del Rey Felipe V. Su aspecto regio y señorial uniforme y homogéneo
constituye una pieza inigualable del urbanismo barroco ilustrado de la
época.
En el aspecto cultural, también se notó el influjo de la
Ilustración de los Borbones en la Universidad en el último tercio del
siglo. El Renacimiento tiene especial
interés en volver a los órdenes clásicos griegos. El Renacimiento es el arte de
la humanitas y del humanismo. Su centro neurálgico va a ser la
Universidad. A partir del S. XVIII domina el estilo barroco con formas
recargadas. Su centro neurálgico va a ser la Plaza Mayor.
La plaza ha sido testigo de todo el acontecer político,
militar, socio-económico y religioso de trascendencia no solo provincial y
comarcal sino nacional. La Plaza se convierte en el centro intercultural
abierto a toda España y a la humanidad desde el descubrimiento del nuevo mundo.
La plaza pasa a ser la exaltación de las glorias nacionales y sus medallones
incluyen, reyes, guerreros, descubridores, sabios y santos. Incluye a Cristóbal
Colón, Santa Teresa Francisco Vitoria, Nebrija lo que da cuenta de una ciudad
cosmopolita abierta al mundo. La plaza fue una empresa difícil y confiada
también a Dios. Supuso la colaboración de todos (cada particular tuvo que
costear las obras de su casa) el Ayuntamiento costeó misas implorando el feliz
término de las obras.
































































