sábado, 30 de mayo de 2026

LA FIGURA DE MARIA EN LA CATEDRAL DE SALAMANCA

 

LA FIGURA DE MARIA EN LA CATEDRAL DE SALAMANCA

Introducción

Estamos finalizando el mes de mayo, mes mariano y con este trabajo queremos centrarnos en la figura de María para ver su relevancia en tantas iglesias de la Diócesis como en la Catedral.

La Catedral tiene su origen en la repoblación durante el reinado de Alfonso VI consolidada la reconquista tras siglos de dominación árabe. Con Raimundo de Borgoña se lleva a cabo la restauración de la Diócesis (antes vinculada a Mérida), será el lugar donde el obispo Don Jeronimus Perigueux asienta el templo donde tendrá su Sede (cátedra). Se levantó una cerca-muralla con nueve puertas y se ubicó en la puerta sur al lado del río con la función de fortificar la urbe (La Fortis). Tendrá como nombre Catedral de Santa María de la Sede. Su construcción se prolonga durante los S. XII-XIII y pasa a ser la iglesia mayor y madre de la diócesis. En el S. XVII la Catedral se queda pequeña y se piensa en levantar una nueva Catedral. Debido a la belleza arquitectónica de la antigua se decidió levantar la nueva sin derribar la anterior para que de esta manera se mantuviera el culto mientras su ejecución. De ahí que el complejo Catedralicio pasó a salvaguardar la Catedral vieja y a levantar una nueva. No debe hablarse propiamente de dos catedrales sino que el complejo catedralicio contiene una sola Catedral formada por varios recintos. Las antiguas dependencias no cayeron en desuso sino rehabilitadas para nuevas funciones. La Catedral nueva de Salamanca se dedica a este misterio de la Asunción de la Vírgen, "que es dogma de fe reciente, desde 1950, aprobado por el papa Pío XII".

En la Catedral de Salamanca existen numerosas representaciones de los misterios marianos y muy especialmente del misterio de la Asunción de la Virgen. Entre las distintas imágenes en la Catedral destaca la imagen de la Asunción que preside el presbiterio, tallada por el escultor Esteban de Rueda, del que también existe otra imagen en Salamanca que se encuentra en la iglesia de la Clerecía.

Salamanca ha sido una ciudad mariana por excelencia. Fue grande el tesón del pueblo charro por defender la Inmaculada Concepción. De hecho se anticiparon a la promulgación del dogma en 1857. Fueron muchos los testigos mártires que dierons sus vidas por profesar la fe en medio de los detractores. Dos hechos dan muestra de ello. El desagravio a la escultura mutilada del parteluz que fue enormemente sentido y el cuadro de María inmaculada rasgado en su tela a la altura del cuello que se guarda en la capilla del Desagravio de la misma Catedral.

Aunque el programa iconográfico lo podríamos extender a todo el complejo catedralicio incluyendo la Catedral Vieja, para no hacerlo demasiado extenso vamos a circunscribir el trabajo y lo vamos a centrar en la Catedral Nueva. Toda Ia Catedral Nueva es su epopeya grandiosa. Desde el mainel de Ia Portada Principal, donde está Ia bella Anunciación fechada en 1660, pasando por Ia excelsa cúpula grandiosa con su alto relieve de Ia Asunción hasta Ia Asunción de Gregorio Hernández en el Altar Mayor en el cuadro frontal de su ochavado tímpano, donde los ángeles Ia circundan, constituye toda una peregrinación de fe. Dice el Cronista sobre Ia inauguración en 1733, Calamón de Ia Mata, “no están solo suspensos en el aire, sino que suspenden con su aire, a los que les miran” ; y esto se debe a la ponderación de Ia belleza del grupo escultórico, todos son artísticos loores en Ia Catedral a Ia que es su Titular y Patrona.

Diríamos que el programa iconográfico de la Catedral aunque tiene toda una compleja gestación responde a una intención que el templo exprese el misterio que contiene. El interior del espacio responde a lo que el misterio encierra. De ahí que toda la obra de la salvación y de la Iglesia que tiene como roca y fundamento a Cristo vincua visiblemente a la Trinidad con la figura de Santa María y con la comunidad eclesial. La jerarquización del Padre en los cielos bendiciendo su obra, el Hijo con la ofrenda de sus dones eucarísticos, el Espíritu Santo como l tercera divina persona que hace posible la Encarnación y la presencia de Cristo en la Iglesia. La relevancia de maría Madre de Cristo y Madre de la Iglesia es a su vez figura de la Iglesia. Los apóstoles representan la autoridad apostólica.

 

 

BIBLIOGRAFÍ A

CAMÓN AZNAR, J. Guía artística de Salamanca , Salamanca, 1953

JOSE ARTERO, Mariología artística Salmatina, Panorama mariano, Salmantincensis 1954

DANIEL SANCHEZ Y SANCHEZ, La Catedral Nueva de Salamanca, 1993

RENE JESUS PAYO HERNAN Y VALENTIN BERRIOCHOA SANCHEZ MORNO, La Catedral de Salamanca, 2012

 

 

 

1.       Breve repaso de la Mariología artística Salmantina

Salamanca, Ia ciudad de oro, Ia universitaria y teologal, Ia enriquecida con una monumentalidad fulgurante y profusa, es una ciudad capitalmente mariana, concepcionista, asuncionista. En el panorama de Ia ciudad podemos resaltar tres monumentos marianos determinan y embellecen su silueta.

La Catedral Nueva, el Real Colegio del Espíritu Santo (la Clerecía), Ia Cúpula de Ia Purísima: tres colosales edificaciones tan artísticas como marianas.

  1. Las Catedrales, complejo catedralicio.

Están ambas dedicadas a la Virgen, Ia Vieja a Santa María Ia Mayor (siglos XII y XIII) y Ia Nueva a Ntra. Señora de Ia Asunción. En 1513 se puso la primera piedra y la catedral nueva se inicia en 1560 se traslada el Santísimo de la catedral vieja a la nueva. En 1733 se se bendice lo construido y se realiza la consagración y dedicación definitiva del templo.

Es Ia Catedral Vieja relicario de Ia Patrona de Salamanca y su tierra, Ia Virgen de Ia Vega, estupenda imagen, obra capital de Ia orfebrería del medievo; toda ella está poblada, en capillas, imágenes, retablos, sepulcros, museo, de riquísima iconografía mariana; y tiene, síntesis de mariología, el famoso retablo de Nicolás Florentino, Nicola Dello, con toda Ia vida evangélica de Jesús y de María, desde el Nacimiento de Ia Virgen, hasta el Juicio Final de su maravilloso fresco, donde María intercede por sus hijos.

La Catedral Nueva (s. XVI-XVIII) constituye un grandioso poema a Nuestra Señora, desde las heráldicas azucenas asuncionistas, que coronan Ia inscripción del comienzo de las obras, a las altas cumbres de torres y cúpulas con emblemas marianos. Las fachadas espléndidas, cuajadas de magníficos relieves con episodios donde Ia Virgen María aparece en escenas evangélicas; el interior rebosante de altares, rejerías, pinturas, esculturas, orfebrería, ornamentaciones de subido valor artístico; y su Capilla Mayor con Ia Asunción de Gregorio Hernández; Ia Cúpula soberbia, que en un gigante octógono canta en ocho grandes relieves de piedra policromada. Los ocho capitales episodios de Ia Virgen, desde su Natividad bendita, hasta su Coronación celestial entre Ia barroca multitud de bandadas de espíritus angélicos, todo celebra las grandezas de María.

 

  1. La Clerecía

En el antiguo Real Colegio del Espíritu Santo (La Clerecía), que los Reyes Don Felipe III y Dña Margarita de Austria edificaron para Ia Compañía de Jesús; en aquel edificio de los más bellos y grandiosos de Ia arquitectura barroca (Camón Aznar); sobre el patio, «una de las creaciones barrocas más acabadas de todos los países» (Schubert); «coronando el imafronte de aquella fachada concebida con grandiosidad, llena de potencia y majestad» (García Boiza).

Entre las gemelas torres, «de las más bellas que creó el barroco» (Gómez Moreno), está Ia grandiosa imagen de Ia Inmaculada Reina Coronada, entre los Reyes Coronados. Bajo ella el alto relieve con Ia Pentecostés, Ia Reina de los Apóstoles. Frente a ella Ia divulgadísima Casa de las Conchas, entona el Ave María, forjada con los hierros de sus bellísimas rejas.

Dentro, como en Iglesia Jesuítica y sede de las Congregaciones marianas, el colosal retablo prechurrigueresco, obra de Cristóbal de Honrato que en Io universal tiene otra espléndida Pentecostés, y en Io jesuítico Ia Aparición de Ia Virgen dictando a San Ignacio los Ejercicios espirituales; y en otros altares Ia hermosa Visitación de García de Quiñones, Ia aparición de Ia Virgen a San Estanislao de Kostka de Alberto Churriguera, el de Ia Purísima (muy feamente retocado) de Sardina el Viejo, el Calvario con Ntra. Sra. de Ia Luz de Joaquín Churriguera y otras obras de no tan subido valor artístico. Hoy, además de Ia Compañía de Jesús, ocupan el gigante ediflcio el Seminario Mayor y Ia Pontificia Universidad Eclesiástica, donde florece Ia devoción y Ia teología mariana entre evocaciones artísticas y literarias.

 

  1. La Purísima

El tercer gran monumento mariano salmanticense es el Convento de Agustinas Recoletas y Parroquia de Ia Purísima que levantó el Conde de Monterrey D. Manuel de Zúñiga y Fonseca, Virrey de Nápoles para colocar en su retablo mayor Ia Purísima de Ribera «la más bella pintura mariana del mundo» según el gran catedrático y crítico Gómez Moreno o «la mejor pintura mariana de su siglo» (Tormo) y que lleva gallarda Ia flrma: “Jusepe de Ribera, español uaiencíano Fecit” 1635. Toda Ia Iglesia y Convento es un emporio de arte mariano. En el mismo retablo de ricos mármoles taraceados se encuentra Ia Dolorosa del mismo Ribera, que se atribuyó a Carlos Dolci, en Ia nave mayor el Calvario del Bassano, Ia Anunciación de Lafranco, San José, San Joaquín y Santa Ana del mismo Lafranco; Ia Crucifixión de Guido Reni en el Coro; las Dolorosas espléndidas, una de talla, otra en pintura, retratos de las hijas, religiosas en este convento, del gran navegante D. Blas de Lezo; el pintoresco nacimiento napolitano del s. XVII con los preciosos damascos del traje de Ia Virgen; y hasta en Ia portada del Convento Ia gran La Inmaculada, que en piedra copia Ia estupenda pintura del interior.

Había que añadir, para completar Ia silueta monumental mariana de Ia ciudad, Ia Universidad Civil en cuya Capilla está el lienzo central representando Ia Jura de los Doctores de defender el Misterio de Ia Inmaculada Concepción, obra de Cacianiga, según Camón o de Plácido Constancio, según García Boiza; y en cuyo Museo y otras salas hay bellas Purísimas y no pocos asuntos marianos. Pero de Ia Universidad hay tema especial en otro lugar de Ia revista.

 

  1. Hagamos un breve recorrido de otras obras marianas de valor artístico en Salamanca.

Podemos señalar como principales Ia Parroquia de Sti.-Spiritus, que además de su Pentecostés titular, ostenta el suntuoso retablo con temas marianos; Ia vieja Parroquia de San Benito con Ia lindísima portada de Ia Anunciación de fines del siglo XV; el estupendo retablo de Alonso Berruguete en el Colegio del Arzobispo con varias tablas y grupos escultóricos marianos; el Convento de las Úrsulas dedicado a Ia Anunciación, que tiene entre otras una bellísima de Diego de Siloé en el sepulcro del Patriarca Fonseca ; Ia Vera Cruz, que además de Ia patética Dolorosa de Felipe del Corral, tiene Ia Purísima de Juan de Juni, ante Ia que se organizaron los primeros Caballeros de Ia Inmaculada ; el Convento de Ia Madre de Dios con su estatua en piedra del s. XV de Ia portada y su cuadro de Ia escuela madrileña con Ia Translación de Ia Santa Casa de Loreto; San Millán con su buena Asunción del XVI; Ia de Ia Orden Tercera, hoy Capuchinos, con el fresco del ciclo artístico de Bayeu, en el que Ia Virgen La Imaculada se aparece a San Francisco y recuerda las apologías concepcionistas del Bto. Duns Scoto; el Carmen de Abajo con un grandioso grupo escultórico de Ia Virgen del Carmen ofreciendo el escapulario a S. Simón Stok; Santa María de los Caballeros con hermoso retablo de asuntos marianos, y no pocos más, aun descontando Io que carece de interés artístico. En Santa María de Ia Vega, hay una interpretación moderna de Ia Virgen de Ia Vega, del taller de Granda Buylla, muy hermosa y otras tallas actuales del laureado escultor Angel García, que acaba de fallecer. Pobre es el Museo Provincial, pero aun en él se apuntan el mutilado relieve de Carmona en mármol de Carrara, que describe Ia aparición de Ia Virgen y San Bernardo a Sto. Toribio de Mogrovejo en el Colegio de San Salvador de Oviedo; una Anunciación del siglo XVI de escuela castellana; una buena taUa de tipo flamenco de principios del XVI; Ia Deposición de Cristo, magnífico cuadro de Morales; Ia grande Inmaculada del napolitano Andrea Vaccaro y otras pinturas de interés artístico y mariano. Y, finalmente, en este recorrido sumario no puede omitirse el glorioso Convento de San Esteban de los Padres Dominicos, que en un espléndido templo, en Ia Sacristía y en Capillas del Noviciado guarda varias imágenes de Ia Santísima Virgen. Así Ia del Rosario del XVI con su retablo de Joaquín Churriguera y las tallas de San Joaquín y Santa Ana de Ia escuela de Juan de Juni, los frescos de Villamor y Palomino, a los que después aludiremos, las Asunciones bellísimas de Ia Sacristía y Estudiantado, Ia Anunciación en piedra en los pilares del Templo, Ia Virgen de Ia silla priorial de Ia escuela de Rubens y otra en el altar del coro del s. XVIIl. Enfrente está el Convento de Dominicas, las Dueñas, con bellas imágenes del XV al XVIII.

Hemos querido indicar solamente Io más escogido del arte mariano salmantino, sin agotar Ia materia, ni sistematizar las obras: solo intentamos dar una impresión de Ia riqueza que en este tema Ia noble y sabia y artística ciudad atesora.

 

  1. Evolución y desarrollo del dogma.

Es singular que en esta Ciudad, cuyo Ayuntamiento hizo voto de defender Ia pía sentencia en Ia Iglesia de Ntra. Sra. de Ia Vega el 6 de mayo de 1618, y en Ia que estudió y enseñó el gran Doctor Eximio, P. Francisco Suárez, S. J., capitán de los hispanos teólogos concepcionistas, hay sorprendentes obras de arte que jalonan momentos de Ia evolución del dogma.

1. En el Paraninfo de Ia Universidad Eclesiástica, en el testero principal, se representa Ia Sesión V del Concilio de Trento, cuando, desde su tribuna, un teólogo del Concilio, que se quería que fuese el sapientísimo P. Lainez, S. J., defiende Ia adición, que se aprobó, de que en Ia universalidad del pecado original no era Ia mente del Concilio incluir a Ia Virgen Santísima. Si aquel teólogo no fué el gran Lainez, allí cerca está el retrato del P. Suárez y en él Ia visión de Ia Inmaculada ; y en el testero de enfrente el otro gran medio punto donde, acaudillados por San Ignacio y amparados por María están, pluma en ristre, los Jesuítas que hasta el XVIII más sabia y píamente escribieron sobre Ia La Inmaculada.

2. En Ia Capilla Universitaria está el lienzo central del altar mayor con el juramento concepcionista de los Doctores, de que habla el trabajo del Dr. Florencio Marcos, que se publica en este mismo tomo.

3. Insistiendo en Ia petición de Ia declaración dogmática aparece en Ia grisalla de Ia Cátedra de Francisco Victoria el Rey Felipe III portador ante el Papa y su corte cardenalicia, mientras en largo cortejo de claustrales va ñrmando en el album que un obispo les ofrece. Un dístico en el ángulo derecho del cuadro, explica Ia pintura: “Sunimus, ut intactam Reginam labe Sacerdos Cernat, Rex cupiens et schola vota promit”.

4. La Inmaculada del Spagnoletto y las gentiles estatuas de los Condes de Monterrey, D. Manuel de Fonseca y Zúfiiga y Dña Leonor de Guzmán, hermana del Conde-Duque de Olivares, mármoles que con retórico empaque cinceló Juliano Finelli, celebran el triunfo romano del Conde, que siendo Virrey de Nápoles, fué de embajador extraordinario a Ia Corte papal y logró de S. S. Alejandro VII Ia bula Sollicitudo omnium ecclesiarum, en Ia que imponía silencio en cátedras y pulpitos a Ia sentencia maculista.

5. Y es apoteosis de Inmaculada el coronamiento de Ia fachada, que antes citamos, del Real Colegio del Espiritu Santo. Un detalle curioso es el de Ia Inmaculada del Desagravio en Ia Catedral Nueva. Centra un agraciado dosel, que los ángeles sostienen, el retablo de Churriguera con sus pompas de pámpanos en columnas salomónicas, un maltrecho cuadrito de Ia Inmaculada. Falcón Io explica: «Una pequeña imagen de Ia Purísima, pintada en lienzo, que estuvo mucho tiempo en Ia calle de Ia Nevería, y vino al lugar que ahora ocupa, a causa de Ia profanación que sufrió. Un descreído injurió a Ia Virgen abriéndola de una cuchillada Ia garganta; y Ia tradición piadosa reflere que el agresor sufrió en castigo Ia muerte instantánea y el cuadro no ha consentido que se Ia cerrase Ia herida, aunque se ha intentado más de una vez componerle». Y así está hoy. La Natividad de Ia Virgen es Ia primera tabla del políptico del Florentino en el ábside mayor de Ia Catedral Vieja; pintura parlera con mil donosos detalles folklóricos; y también con fluida pincelada y suave colorido adorna un medio punto de Ia antesacristía otra Natividad.

 

  1. Programa histórico-teológico siguiendo

Ahora, siguiendo un programa histórico y teológico mariano presentaremos las realizaciones artísticas con las que Salamanca ha ilustrado Ia vida, privilegios e intercesión de María Santísima. Y sea Ia primera y más espléndida de todas, que encabeza Ia portada de este estudio, Ia Predestinación de Ia Virgen. Que así puede considerarse Ia Inmaculada de Ribera y que está idealizada como el “Ab initio et ante saecula creata sum”, es decir, el Padre Eterno con gesto creador lanza a María como Ia obra más pura y bella, como el ideal de Ia belleza, con su cortejo de ángeles y querubines que llevan los símbolos de sus grandezas o Ia contemplan enamorados. Para su venida al mundo Dios también Ia predestinó una brillante Genealogía de reyes, principes y profetas. Es Ia que germinó de Ia raíz de José, como Io expuso el tablero frontal del órgano, que se llamó de Salinas, porque Io tocó el gran catedrático, tratadista y organista, a cuyos sones se quiere unir Ia tradición de que Fr. Luis de León compuso Ia obra celebérrima: “El aire se serena Y viste de hermosura y luz no usada Salinas, cuando suena La música extrenada Por vuestra sabia mano gobernada”.

Inmediatos en esta genealogía fueron ya los Padres de Ia Virgen, San Joaquín y Santa Ana. El, además del hermoso grupo escultórico del XVIl estofado en ricos oros y matices de Ia Capilla de Lourdes en Ia Catedral Nueva, tiene esta sorprendente pintura mural de Ia Capilla de San Martín que en 1262 pintó y firmó Antón Sánchez de Segovia. ElIa, en Ia tempestuosa y cariñosa Santa Ana de Juan de Juni en el trascoro de Ia Catedral Nueva, obra capital del barroco español.

Tratemos ahora de recorrer los distintos misterios en relación con la Virgen María:

De Ia Inmaculada Concepción pudiéramos multiplicar las imágenes en talla y en pintura, después de Ia suprema del Spagnoletto que ya citamos. Recordaremos a título histórico Ia estatua de Felipe de Borgoña (1505) que se halla en Ia Sala del Cielo de Salamanca en las Escuelas Menores de Universidad y que el Profesor Lainez Alcalá quiere que sea Ia primera escultura concepcionista sobre Ia luna y Ia serpiente, que dió el modelo tradicional.

A título exegético puede citarse Ia graciosa y amable pintura del Maratti en Ia Capilla de San Clemente de Ia Catedral Nueva, que presenta a Ia Virgen con el Niño Dios en brazos; El blande Ia Cruz que remata en lanza, cuya punta huella Ia cabeza de Ia serpiente: es Ia interpretación del texto hebreo : «él quebrantará» : triunfa con Ia Virgen que Io tiene estrechamente unido a su regazo maternal.

Citaríamos Ia preciosa Inmaculada de San Julián con Ia firma de Antolínez; Ia de Ia ante-sacristía de Ia Catedral Nueva; Ia de Ia Sala Capitular del Cabildo, hoy en Ia Rectoral de Ia Universidad Eclesiástica. 

De Ia Presentación de Ia Virgen niña en el Templo, quizá Ia mejor expresión salmantina sea el hermoso altorelieve del ochavo de Ia Cúpula de Ia Catedral Nueva con su arquitectura clásica, su Pontífice majestuoso, Ia Nifia encantadora, que sube Ia gradería del templo, y hasta el mendigo estupendamente modelado, que a Ia entrada del templo pordiosea.

Los Desposorios tienen una evocación prerrafaelista en el retablo de Nicolás Florentino y en una agradable pintura en Ia ante-sacristía. La Virginidad perpetua de María bien se puede admirar en Ia dulce y deliciosa virgencita del Museo Catedralicio. Viene luego el tema encantador de Ia Anunciación.

Ya hemos recordado Ia fachada gótico-Reyes Católicos de San Benito y Ia del alabastrino sepulcro del Patriarca Fonseca. Una docena de arte magnífico pudieran reseñarse en Salamanca. Queremos mencionar Ia del Florentino, tan emparentada con Ia de Fra Angélico; y Ia otra tan sutil y expresiva de una tabla lateral del pequeño órgano de Ia Capilla Dorada. Bellísimas son las de Ia portada del Hospital del Estudio y Ia del ingreso a Ia Catedral Vieja, y Ia citada de las columnas del templo dominicano.

De Ia Visitación a Santa Isabel y del Sueño de San José ya recordamos Ia de Ia Clerecía o Iglesia del Real Colegio del Espíritu Santo y Ia del retablo de Ia Catedral Vieja.

Nacimientos los hay en grande número. Encantadora es Ia tabla de Fernando Gallego en el Museo Catedralicio y el relieve de Ia gran portada de Ia Catedral Nueva. Con este Nacimiento hace juego el inmediato relieve de Ia Adoración de los Reyes en Ia misma deslumbrante fachada. Pero solo en Ia Catedral pudieran ofrecerse muchísimas, empezando por el restaurado cuadro que se atribuyó antes a Memling y ahora a Gallego. Es sugestivo que los Reyes Magos que van a adorar «al Niño con María su Madre» sea tema frecuentísimo en pinturas y relieves de sepulcros, desde el de Ia Capilla de San Martín y el recientemente descubierto en los Claustros de Ia Catedral —bella pintura mural románica—, hasta las de sepulcros del XIII, XW, XV, XVI, y XVII. ¡Variadísima colección de hermosas Epifanías! Tampoco es rara en el arte salmantino Ia Huida a Egipto: está en el Florentino y en Ia copia del Baroccio de Ia capilla muzárabe; y —con poe-- tico descanso en el camino— un rico cobre de Ia Sacristía Mayor. De Ia Purificación es relieve mutildado del XV el del frontis del sepulcro del Chantre Aparicio en Ia Catedral Vieja. Y es elegante expresión el cuadro, que pudiera ser de Van Dyck en Ia Sacristía Mayor.

De Ia Sagrada Familia las joyas de arte salmantinas son inenarrableí;. El cuadro, de Alonso Cano quizá, de Ia Sacristía de Ia Catedral Nueva con Ia belleza y amor de María, su velo vaporoso, el encanto del Niño y el tercer lugar amable y señorial de San José: allí mismo el cobre de Rubens con el San Juanito y los ángeles juguetones: el «estupendo cuadro de Morales con Ia Virgen, el Niño y San Juan de tipo italianizante y alegre colorido» (Catáón), «una de las tablas más portentosas del divino Morales, que ha realizado aquí una pintura regocijada y mimosa, en Ia que el Niño y San Juanito se acarician y Ia Divina Madre, de rostro bellísimo, con perflles y peletados bien característicos de Morales, nos recuerda las más bellas Madonas italianas». En Ia Capilla del Pilar de Ia Catedral Nueva existe un lucido alto relieve, muy polícromo de Ia Sagrada Familia, con Ia clásica representación del Niño Jesús de Ia mano de María y José.

El Niño con los Doctores en el Templo, y Ia Virgen María hallándole, tiene una interpretación con un bellísimo templo de las auroras elegantísimas del renacimiento en el políptico tan citado de Florentino. La Divina Maternidad, fuente y raíz de todos los privilegios marianos, se pudieran ofrecer por decenas en las amables imágenes de María con su Divino Hijo Jesús en brazos. Vaya por delante Ia que estaba (y suponemos que volverá a estar, ya recuperada) en el altar de San José de Ia Catedral. Le han atribuido a Ia Roldana. Quizá sea por su belleza femenina, el cariño con que mira su Jesús, el airoso vuelo de sus ropajes y toda su deliciosísima silueta.

María está en el primer milagro de Jesús en las Bodas de Caná (icono del retabo del altar mayor de la Catedral Vieja)

Madre de los hombres aparece en el Calvario de Ia Capilla Dorada donde San Juan parece escuchar las palabras del Crucificado a su Santísima Madre: «He aquí a tu hijo». Y en él estábamos todos los hombres. Como este Calvario los hay numerosos: en Ia crestería de Ia reja de Ia Capilla del Descendimiento; en varias pinturas y cobres de Ia Sacristía.

Madre universal de Ia Iglesia pudiera verse representada en las imágenes de ritos particulares, mozárabes, orientales. Así en las repetidas tablas con Vírgenes bizantinas y Ia del maravilloso retablo — a Ia manera del Berruguete— de Ia Capilla mozárabe de Ia Catedral Vieja de Salamanca, donde, además de Ia bellísima estatua del XV que señorea el altar, hay otros cinco asuntos marianos en relieves y pinturas todos de alta calidad artística y de íntimo ambiente de piedad.

De Ia Virgen Madre de los pequeñuelos es Ia estatua del Trascoro de Ia Catedral Nueva. La atribuímos con este título, porque perteneció a una Casa de huerfanitos que patrocinaba el Cabildo Catedral: desapareciendo el Colegio en una inundación del Tormes, se recogió Ia Virgen en Ia Catedral : varias Comunidades Ia reclamaban como suya; pero una pequeñuela Ia reconoció «por Ia gargantilla» y el Cabildo aprobó el testimonio, ex ore infantium. Aún hoy, mientras giran las procesiones claustrales por la» naves catedralicias, un Niño de Coro está postrado ante Ia imagen, hasta que el Cabildo entona Ia antífona mariana de tempore.

María Reina y Patrona de los Pueblos se simboliza en Ia Virgen de Ia Vega, Patrona de Salamanca y su tierra, preciosa joya de orfebrería del XIII, generosamente cotizada en millones de pesetas, cuando fué llevada a Exposiciones Internacionales.

De María intercesora habla elocuentemente Ia Virgen de Ia Verdad, Madona sedente románica, en su Capilla de Ia Catedral Nueva. Su leyenda —figuran análogas en una Cantiga de Alfonso el Sabio y en un Milagro de Berceo— se describe así en un lienzo curioso al margen del retablo: «Un judio negaba cierta deuda a un cristiano, el cual, no pudiendo probarla, pidió a esta imagen testificase Ia verdad del contrato, que pasó en su presencia. Hízolo María bajando Ia cabeza; quedando por este milagro pagado el cristiano y convertido el judío».

MiI piadosísimas imágenes de María Mediadora de todas las gracias pudiéramos presentar. Mas por todas presentamos las de Ia intercesión in hora mortis nostrae. Son muchos los sepulcros magníficos de personalidades eclesiásticas e históricas, que tienen a Ia Virgen tatercediendo ante el Señor o velando el sueño mortal, hasta Ia resurrección gloriosa. En el historiado sepulcro del Deán D. Fernando Alonso, hermano del Santo Rey, Don Fernando III, se esculpe Ia figura yacente y sobre ella los ángeles llevando su alma al cielo en figura de una criaturita desnuda, el clero que viene al sepelio, el Rey y los Obispos que Io presiden, Ia familia y plañideras con Ia dulce infantina, que se mesan los cabellos y se desmayan.

María Rodeada de los Apóstoles, es figura central Ia Virgen en su trono: en Io alto, Ia amígdala que emarca al Pantocrator. Una ilustración, por todas, sea Ia del sepulcro del Protonotario Apostólico, Arcediano, Dr. Francisco Sánchez de Palenzuela: sobre su rica estatua yacente, mandó poner Ia Virgen «pintada por San Lucas», que de Roma se trajo.

A Ia misma entrada de Ia Catedral por Ia puerta de Ramos hay dos sepulcros con imágenes y plegarias marianas elegantísimas. El del Dr. Diego de Neyla, consejero y amigo del discutido y hoy vindicado historiador de Indias y humanista egregio, Gtoés de Sepúlveda: murió en 1577 dejando un clásico epitafio del que copiamos algunos dísticos dignos de Ovidio: “O spes laeta piis, afflictis dulce iuvamen, Praesidium moestis inclyta Virgo reis. Tu mihi perfugium, Tu fidum semper asylum, Ad Te confugio, Tu mihi, Diva fave”. Un lindo cuadrito italianizante se muestra sobre los cincelados versos. Enfrente está el sepulcro de D. Roque de Verga con buenas, pinturas murales; y en el centro una La Inmaculada de muy mediana pintura, sustituye a Ia más hermosa que robaron. También con latinidad algo más barroca, pero elegante, describe e invoca a Ia Santísima Virgen, en disticos como estos: “Hospes, miraris bustis adstare Parentem, cui Deus in gremio sarcina grata fuit... Virgo mihi manes Vergae latura Tonanti Colligit; aethereis inserit Illa choris”.

La Virgen Corredentora se muestra sobre todo en las escenas de Ia Pasión y Muerte de su Bendito Hijo, Jesucristo. Con El estuvo en el sacrificio del Monte Calvario, Sacerdotisa de Ia Nueva Ley. Así Ia vemos en este emocionante tímpano de Ia sepultura gótica-mudéjar del Chantre Aparicio, muerto en 1287.

Es grandemente expresivo y de una estilización muy gótica el grupo de las tres Marías. La Virgen Reparadora en el Descendimiento de Juan de Juni en un relieve que según Camón Aznar «puede contarse como una de las obras maestras de Ia escultura española», tiene también su excelsa expresión artística en el Sepelio del Tiziano de su Capilla en Ia Catedral Nueva. La Virgen Consoladora puede muy bien considerarse en Ia Piedad de Luis Salvador Carmona, de acento y belleza miguelangélica.

La Virgen Reina de tos Mártires, cumpliendo el adimpleo de San Pablo y con sus dolores completando Ia pasión de Jesucristo en su aplicación particular, se exalta en Ia patética y emocionante Dolorosa de Felipe del Corral en su Capilla de Ia Vera Cruz.

La Soledad del afamado escultor Benlliure es devotísima advocación como Consola,dora de los afligidos. Singular expresión de Ia Virgen Triunfadora con Cristo es Ia gran pintura de Navarrete el Mudo, pintor escurialense, en Ia que el Seftor Resucitado presenta a Ia Virgen, de luto tocada, el botín de su victoria, que eran los que, en el limbo de los Padres, esperaban su santo advenimiento.

La Virgen Reina de los Apóstoles ya apareció en las alusiones que hicimos sobre las obras de arte que representan Ia Pentecostés. La Virgen Reina de tos Vírgenes se puede contemplar en el friso marmóreo del sepulcro del Arzobispo D. Diego de Anaya en su Capilla de los Claustros de Ia Catedral Vieja: allí están, formando con María su corte virginal, Santa Inés, Santa Águeda, Santa Bárbara, Santa Lucía, Santa Catalina...

Queremos advertir también, por su gracia amable y por recordar las leyendas asuncionistas de Santo Tomás y de Ia Virgen de Ia Correa, esa encantadora Asunción de Dello de Niccola, el maravilloso florentino de Salamanca. Se ha proclamado recientemente Ia Realeza de Ia Virgen María. Desde los sepulcros del s. XIII y los marfiles del XIV y las tablas florentinas del XV, Ia Virgen siendo coronada por el Eterno Padre o reinando in vestitu deaurato a Ia diestra del Hijo divino en el empíreo, es asunto de preciosas joyas artísticas de Salamanca.

Reinando en el cielo y Ia tierra o asistiendo al triunfo de Ia Eucaristía sobre los monstruos de pecados, y herejías, en Ia carroza triunfal con todo el cortejo de Ia Iglesia triunfante aparece Ia Virgen en el grandioso fresco de Palomino, que llena el Coro de los PP. Dominicos de San Esteban. Coronándote el Eterno Padre, aun aparece en los marfiles que restan de Ia Virgen abridera en el Museo Catedralicio

Y esta proclamación y Coronación de Ia Reina del Universo tiene un apoteosis entre nubes de ángeles y pompas imperiales en el gran relieve de Ia Cúpula de Ia Catedral. El tema de Ia Mariología artística de Salamanca, queda bien ilustrado, pero aún no agotado, ni en los temas, ni en el arte de esta Salamanca tan mariana, tan Concepcionista y tan Asuncionista, que brinda a Ia Virgen los esplendores de su gigante riqueza artística.

 




  1. Recorrido en la Catedral Nueva

El Obispo Diego de Deza, fraile de los Dominicos de San Esteban, confesor de los reyes y tutor del Príncipe Juan y catedrático de prima de Teología en la Universidad y valedor de Cristóbal Colón, de gran prestigio ante los Reyes Católicos intercede en favor del Cabildo y consigue que se comiencen las obras después de superar diversos litigios sobre el emplazamiento. Alfonso Rodriguez y Antón Egas ambos maestros de cantería se disponen a iniciar los trabajos bajo la supervisión de Juan Gil de Hontañón en 1947

La obra de la fábrica de la Catedral empieza por los pies colocando la primera piedra en 1513 con la bendición del obispo Bobadilla. La dirección de la obra pasa por distintos maestros, Juan de Álava y Rodrigo Gil de Hontañón hijo de Juan Gil en 1538. Obra de este es la portada principal.

 

El retablo del Perdón recoge una síntesis, Anunciación, nacimiento, María junto a la Cruz en el Calvario

La fachada principal o de poniente manifiesta la exquisitez del plateresco español.  Su alto relieve constituye un verdadero encaje o tapiz de piedra. Cobijadas por tres arcos angrelados a manera de guardapolvos, se organizan mediante grandes arcos conopiales y múltiples arquivoltas desplegándose en ellas todo el esplendor del gótico final conforme a la estética hispanoflamenca.

Se divide en tres cuerpos. El inferior, el central y el superior. El diseño general corresponde a Juan Gil de Hontañón. En las labores escultóricas participaron diferentes artistas sobresaliendo por su calidad Juan de Gante.

Infinidad de repisas, doseletes, figurillas, escudos, medallones, etc. Recubren los tres cuerpos. En el cuerpo central prolifera la riqueza escultórica decorativa. La ornamentación de la fachada no se completará hasta 1661En el cuerpo inferior las dos puertas de entrada separadas por un parteluz. Las estatuas de los Apóstoles y la Virgen del parteluz son debidas al cincel de Juan Rodríguez, de la escuela vallisoletana de Gregorio Hernández.

 

7.1  La imagen de la Anunciación de María en el parteluz del pórtico

La Virgen del Parteluz tiene una historia particular, reflejo del ambiente salmantino. Fue obra de Juan Rodriguez. En el pedestal tenemos grabada la fecha de su ejecución 1660. El Cabildo quiso reflejar en una misma escultura los dos misterios marianos, la Concepción Inmaculada y la gloriosa Asunción. Por esta razón encargó al artista que un ángel a cada lado llevara una cartela donde se aludiera a estos misterios. El de la derecha sostiene esta inscripción “Assumpta est Maria in coelum”. Que proclama la Asunción. El ángel de la izquierda está manco porue le serraron el brazo y arrancado la cartela que sostenía (Junto a los entusiastas que juraban defender el dogma estaban los opositores). El hecho de que la imagen lleve la luna a sus pies es simbólica referencia a su Concepción Inmaculada.

 

7.2  La Imagen de María en el Nacimiento y la Adoración

El cuerpo central contiene dos altorelieves, el del Nacimiento y el de la Adoración. En los altorelieves trabajaron el maestro Rodriguez, Juan Gil, Antonio de Molina, Gil de Ronza y Domingo Vildaña. Los relieves sobre la doble puerta marcan la verticalidad y el sentido ascendente hacia el cuerpo superior.

 

7.3   La Imagen de María en el Calvario

La portada del Perdón sufrió diversos contratiempos. los trabajos se interrumpieron y se reiniciaron para completarla con los relieves del Calvario a mediados del S. XVII.  El cuerpo superior representa el Calvario. El altorelieve es obra de Juan de Gante. Las figuras son muy expresivas y naturalistas. Profusión de la decoración propia ya del barroco. Las dos figuras de los apóstoles Pedro y Pablo flanquean el Calvario.

 

  1. El trascoro

Los muros exteriores del coro están decorados al estilo barroco. El trascoro frontal manifiesta una gran sutileza y exquisitez. Se divide en tres cuerpos. El central es un altar con reja. Los laterales son hornacinas con estatuas. En el centro se halla un arco y dentro del mismo dos columnas que escoltan una hornacina donde se nos muestra una imagen de Nuestra Señora con el Niño en sus brazos. Perteneció al Colegio de Niñas Huérfanas de la Concepción, llego a la Catedral al ser destruido por una riada en 1626. La imagen fue recogida junto al puente romano y llevada devotamente a la Catedral. Se le conoce como “Madre de los pequeñuelos”.

 

  1. La cúpula

El crucero y su precioso remate de la cúpula es obra de Alberto Churriguera. Los relieves de la cúpula constituyen una verdadera joya. En la construcción del cimborrio de la Catedral Nueva intervinieron tanto Alberto Churriguera como su hermano Joaquín Benito. En la decoración con los relieves de la vida de la Virgen también intervino José de Larra cuñado de los hermanos Churriguera. Joaquín Benito inició también la obra nueva del coro sobre la estructura de Rodrigo Gil de Hontañon. A él se debe el diseño de la sillería nueva.

El espléndido cimborrio tiene la función de elevarnos al cielo. La Cruz es el camino que nos lleva hacia el cielo. En el corazón de la Cruz trazada por la planta se eleva la mirada y el corazón hacia el misterio sublime que nos abre a lo trascendente. En el cimborrio se proclaman los misterios principales de la vida de la Virgen, en un compendio de ocho escenas donde se resume toda la mariología. Estos relieves preceden, como prefiguración de la misma, a la iglesia triunfante (reflejada en las esculturas que en el primitivo cimborrio jalonaban las ventanas). El conjunto estaba rematado por una bóveda que culminaba la figura del Espíritu Santo.

 

  1. La imagen del retablo del altar Mayor

Alberto Churriguera también se ocupa del monumental retablo para la capilla mayor. Este hubo que desmontarse debido a las duras críticas y controversias con el Cabildo. Tan solo quedan las ocho estatuas que representan a los santos Padres de las iglesias latina y griega, junto con los ángeles y la estatua de la Religión.

La estructura centralizada del tabernáculo se alzaba en el epicentro de la cabecera, utilizando el espacio del entorno como escenografía en la que potenciar el efecto total. Los Santos Padres de la Iglesia de Oriente y de Occidente alababan con su doctrina el Santísimo Sacramento. El misterio de la Asunción al que estaba dedicado la Catedral servía de remate en la que brilla esclarecida la Religión Católica a la que se someten todos los poderes de este mundo. (aparece con la corona imperial, tiara y cetro).

El centro es ocupado por la imagen de la Asunción de Nuestra Señora. La Virgen se presenta suspendida en el aire en una estatua realizada por Esteban de Rueda, rodeada de cuatro ángeles en actitud de ascender. Por encima de la cabeza de Nuestra Señora dos ángeles portan una corona.

En cuanto a la imagen que preside el altar mayor "En esta imagen vemos a la Virgen vestida de color rojo, que representa su ámbito terrenal, y revestida de un manto azul, de su parte celestial, por tanto, digamos que la parte más divina reviste a la parte más humana de la Virgen", detalla este historiador del Arte Camón Aznar. “Esta capilla mayor presenta un bello aspecto de gran emoción y sencillez”. Asimismo, apunta la moda propia de las vestimentas femeninas en el siglo XVII y posteriores, con una especie de greca en la parte inferior.

La Virgen está rodeada de seis ángeles, aunque según remarca Raúl Benito, "probablemente hubiera otros dos que completan este conjunto". Según describe, la talla tiene bastante hieratismo, "la Virgen está siendo asunta a los cielos y son los ángeles los que reflejan el movimiento".

Ella se encuentra con bastante hieratismo, "con muy poco movimiento, y las manos separadas", y su rostro señala que la Virgen se encuentra en una etapa avanzada de la edad, "no es anciana, pero sí que aparece una belleza femenina bastante madura, no es una niña pequeña como suele ser en otras representaciones". 

Acompañando a ambos lados del tabernáculo se encuentran las urnas de plata con los restos de San Juan de Sahagún (patrono de la ciudad) y Tomás de Villanueva.

 Otra de las representaciones que aparecen en la Catedral de Salamanca del misterio de la Asunción está en la penúltima tabla del retablo de la Catedral vieja, del siglo XV, pintada por los hermanos Delli"Se trata de una novedad iconográfica, en la que la Virgen le está dejando el cinturón a santo Tomás, quien también dudó de la resurrección de Cristo, y dijo a sus compañeros apóstoles que tenía que meter la mano en la herida del costado para creerse que era Jesús", detalla Benito.
Santo Tomás tampoco estuvo presente en el momento en el que los apóstoles vieron como la Virgen fue asunta a los cielos, "y dudó de ese momento, por tanto, la Virgen le baja del cielo el cinturón, para que vea que ha sido asunta a los cielos".

Este gesto de María se repite por diferentes artistas, y así se refleja en uno de los retablos que se conservan las salas Capitulares de la Catedral, "en el que aparece de nuevo ese mismo detalle iconográfico, y se ve como la Virgen le da el cinturón a santo Tomás".

 

 

Restauración de la imagen de la Inmaculada

 

Esta talla, que representa la Concepción Inmaculada de la Virgen María, es obra de un escultor, anónimo del siglo XVII, seguidor de Gregorio Fernández puesto que responde formalmente a las características de la iconografía impuesta por él.

La Virgen se presenta en su tierna juventud, con el rostro sereno, la mirada elevada y las manos en posición orante con los pulgares cruzados. Pelo tendido y colocado en mechones por la espalda y los hombros. Viste túnica blanca y manto azul ricamente guarnecidos de motivos florales y pedrería. Cada uno de los medallones que orlan el manto presentan una tipología de decoración diferente, mostrando así un parangón con los vestidos de moda en las damas ricas de la corte de la época en que se talla la imagen. Todo el conjunto textil está marcado por unos amplios y acartonados pliegues (detalle este, muy propio y repetido en las imágenes del mencionado escultor gallego). Entre esos pliegues geométricos, destaca el gran nudo de la parte posterior de la imagen, que recoge el vuelo del manto, un recurso muy característico y extendido en la escultura barroca mariana. 

La Virgen está de pie sobre tres cabezas de querubines alados y una media luna, iconografía basada en el pasaje del Apocalipsis de San Juan: “Una mujer vestida de Sol, la luna por pedestal, coronada por doce estrellas”.

La iconografía presenta el Misterio de que María es concebida sin mancha de Pecado Original. Presenta formas y ropajes de adulta, pero rostro de niña, enfatizando así su pureza y virginalidad.

No será hasta 1854 que la Iglesia proclame como dogma la Concepción Inmaculada de Nuestra Señora, pero vemos cómo diferentes autores varios siglos antes, están dando respuesta formal a una idea que los fieles mantenían devocionalmente. 

 

El retablo del trascoro

La traza del trascoro se debe a Alberto Churriguera. En el frontis central por el que se accede a la Catedral está el retablo que contiene la figura de la Virgen y también las figuras de Santa Ana y Juan el Bautista. La talla de la Virgen procede de la denominada Casa de niños huérfanos de ahí su advocación de Madre de los pequeñitos. Las tallas de Santa Ana enseñando a leer a la Virgen y lde San Juan Bautista son atribuidas a Juan de Juni. La escenografía recoge las tres hornacinas y las figuras de los apóstoles Pedro y Pablo y la gloria de los querubines sirviendo de base a la coronación del Espíritu Santo. Una rica peineta con resplandores y rayos rodea al Padre eterno bendiciendo.


  1. Las imágenes en el traspeto de la Catedral

 

11.1                        La imagen de nuestra Señora de la Soledad

La Imagen de Ntra Sra de la Soledad es conocida también como Virgen de los devotos zapateros. Su nombre se debe a que los devotos, la mayoría zapateros, la trasladaron desde la capilla de la desaparecida parroquia de San Román en solemne procesión a la Catedral. A ella se dedicó la Hermandad de la Soledad y desde entonces paso a formar parte en la procesión del Santo Entierro. El culto a la Virgen de la Soledad iniciado por los zapateros en el S. XVII florece a principios del S. XX bajo el apoyo del obispo P. Cámara. La antigua imagen muy deteriorada se sustituyó por otra obra de Benlliure. Desde 1966 la imagen luce un latgo manto de terciopelo negro bordado en plata por las RR. Adoratrices.

"Cierto que supuesto que este misterio de la Soledad de la Virgen parece que quiere decir cosa de viudez, que si se pudiese vestir como viuda, de la manera que yo ando, que me holgaría porque tuviese yo parte en esto, y pudiese servir a Nuestra Señora con un vestido y tocas como estas mías" Doña María de la Cueva y Álvarez de Toledo

Es una imagen de vestir, realizada en 1941 por el valenciano Mariano Benlliure. Representa la Soledad de una madre, cuando su hijo ha muerto. Se trata de una Virgen joven, con cara de inmensa tristeza, llorando. Sus lágrimas son brillantes que donó uno de los cofrades en el año 1960. La miras y ves una mujer de hoy, no es la típica Virgen que estamos acostumbrados a ver. A pesar de su corta historia, en Salamanca se tiene mucha devoción a la Soledad, posiblemente porque vemos una virgen muy cercana.

Su traje es negro, bordado en plata, más tarde se compraría el manto con el que sale en la procesión, con las mismas características que el traje.

Parece ser que la primera imagen que realizó Benlliure no gustó mucho a los cofrades por la dureza de sus facciones y le pidieron que hiciera otra mejor. Ésta sí gustó, tanto, que le nombraron hermano honorífico de la cofradía. El treinta de marzo de 1985 robaron todo el ajuar de la Virgen, incluyendo la corona. Aunque se ha ido rehaciendo con numerosas donaciones, lamentablemente no se ha recuperado el ajuar original.

Sale en procesión el Viernes Santo a las doce de la noche. Es portada en andas, bajo palio de ocho varales, los laterales son de plata repujada. 

Varias veces al año cambia el traje. El sábado de gloria, cambia el negro bordado en plata, por uno blanco, representando la alegría de la Virgen porque su hijo ha resucitado. Llama mucho la atención, ya que parece una novia colocada en el retablo. Puedes verla así vestida pinchando aquí y aquí.

Durante el mes de noviembre, que es el mes de los difuntos suele estar vestida de negro. En otros momentos lleva un manto en tonos azules, o un velo blanco... En Cuaresma también puede estar vestida de hebrea.

Hoy nos parece natural verlas así vestidas, de luto, sin embargo, muchos no saben que la tradición se inicia a mediados del siglo XVI, cuando doña María de las Cuevas, condesa viuda de Ureña, dona uno de sus trajes de luto para vestir la imagen de la Soledad que había realizado Gaspar Becerra. 

 

11.2                         La imagen de la Piedad de Carmona

La capilla del Santísimo Sacramento guarda la imagen de la piedad obra de Salvador Carmona. Lo que fue un lugar prácticamente abandonado utizado como trastero pasó a ser uno de los espacios más venerado y privilegiado de la Catedral. Esta capilla fue fundada por el racionero don Juan Manuel García Serrano. El maestro de obras Sagarbinaga utilizando elementos procedentes del desmonte del tabernáculo de Churriguera compuso un retablo de tipo clasicista. Dispuso sobre el altar dos plintos donde apean sendas columnas que sujetan un entablamento clásico sobre el que se eleva un frontón singular. Sobre las columnas ubica dos ángeles niños con las Arma Christi y el Padre Eterno.

Sobre los muros laterales de la capilla aparecen dos lienzos imitando texturas de un tapiz. Ambos reflejan dos instantes de la Pasión: el Juicio ante Pilato (firmados por M. de la Fuente), y la llegada al Calvario firmado por José Echenagusia Errazquín.

La piedad de Luis Salvador Carmona es una escultura tipo miguelangelesca de noble factura, de patetismo reposado y severo. La riqueza expresiva y serena del rostro de la madre, unida ala belleza del cuerpo inerte del Redentor hacen de la escultura una joya del arte del S. XVIII.

A la entrada se le puso una reja con la inscripción tomada del libro de la Lamentaciones: “O vos omnes qui transistis per viam attendite el videte si est dolor similis sicut dolor meus”.

 

  1. El cuadro de la aparición del Resucitado a María

La Capilla de la Madre de Dios contiene un rico patrimonio iconográfico mariano.El cuadro obra de Navarrete, apodado “El mudo” se encuentra en la Capilla dedicada a la Madre de Dios. Conocida como del “Santo Sudario” o del Presidente (de la Gran Cancillería). Esta capilla está dirigida a la Madre de Dios. Aparece una imposta: “Ave Sanctissima Maria, mater Dei: Regina Coeli, Porta paradipsi, domina mundi. Tu singularis puraes virgo. Tu concepta sine peccato”. Dos lienzos adornan el altar.

El inferior representa el Santo Entierro del cuerpo muerto de Cristo. Es un retablo copia del original pintado por Tiziano que se conserva en el museo del Prado, aunque procede de la iglesia vieja de El Escorial. Esta composición tizianesca alcanzó un notable éxito en la pintura española. Quizás el copista de esta obra fuera Juan Fernandez Navarrtete, denominado “el mudo” a quien se atribuye igualmente el cuadro superior del retablo.

El cuadro superior representa a Cristo Resucitado, acompañado de Adán y Eva, dando el gozo a su Madre Santísima. Es curioso que este pasaje no tiene fundamento bíblico pues no se recoge en ninguno de los evangelios pero sin duda quedo en la memoria de los primeros cristianos y guardado y venerado en la Tradicción.

La capilla contiene la graciosa estatua de la Madre de Dios obra de la Roldana. Es una bella imagen sedente de la Virgen con el Niño.


Conclusión:

La iconografía mariana de la Catedral es toda una peregrinación. Itinerario espiritual que nos lleva a Jesús y con él al Padre.

María figura de la Iglesia: Lo que se dice de María se dice de la Iglesia y de cada uno de los creyentes. El concilio Vaticano II, después de haber proclamado a María «miembro muy eminente», «prototipo» y «modelo» de la Iglesia, afirma: «La Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, la honra como a madre amantísima con sentimientos de piedad filial»

Madre de la Iglesia y Madre nuestra. María ejerce su maternidad con respecto a la comunidad de creyentes no sólo orando para obtener a la Iglesia los dones del Espíritu Santo, necesarios para su formación y su futuro, sino también educando a los discípulos del Señor en la comunión constante con Dios.

Puerta de la Encarnación y de la salvación. En su vientre el Hijo de Dios se hizo carne, tomó semejanza humana. María primer tabernáculo.

El tema de María nueva Eva, asociada a Jesús, el nuevo Adán, en su obra salvadora, tema al que el Papa hace referencia tres veces a lo largo de su gran documento mariano. Si junto al primer Adán existió una figura de mujer, Eva, que cooperó en la obra de nuestra ruina en cuanto que, tras un diálogo con el demonio, su desobediencia trajo ruina y muerte al mundo, existe una figura señera de mujer que, en la plenitud de los tiempos, dialogó con el ángel Gabriel, y obedeciendo a Dios trajo al mundo al Salvador y, con Él, la salvación.

Comparando a la primera con la

Asociada al misterio Pascual. En el Calvario María, uniéndose al sacrificio de su Hijo, ofrece a la obra de la salvación su contribución materna, que asume la forma de un parto doloroso, el parto de la nueva humanidad.

Al dirigirse a María con las palabras «Mujer, ahí tienes a tu hijo», el Crucificado proclama su maternidad no sólo con respecto al apóstol Juan, sino también con respecto a todo discípulo. El mismo Evangelista, afirmando que Jesús debía morir «para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos» (Jn 11,52), indica en el nacimiento de la Iglesia el fruto del sacrificio redentor, al que María está maternalmente asociada. María es madre de la humanidad en el orden de la gracia. El concilio Vaticano II destaca este papel de María, vinculándolo a su cooperación en la redención de Cristo.

Asociada al misterio eucarístico. María mujer eucarística. Mirándola a ella conocemos la fuerza trasformadora que tiene la Eucaristía.

María intercesora. «Con su amor de madre cuida de los hermanos de su Hijo que todavía peregrinan y viven entre angustias y peligros hasta que lleguen a la patria feliz. Por eso la s Los cristianos invocan a María como «Auxiliadora», reconociendo su amor materno, que ve las necesidades de sus hijos y está dispuesto a intervenir en su ayuda, sobre todo cuando está en juego la salvación eterna.

La convicción de que María está cerca de cuantos sufren o se hallan en situaciones de peligro grave, ha llevado a los fieles a invocarla como «Socorro». La misma confiada certeza se expresa en la más antigua oración mariana con las palabras: «Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos siempre de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita»

La Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora» (Lumen gentium, 62).

Estos apelativos, sugeridos por la fe del pueblo cristiano, ayudan a comprender mejor la naturaleza de la intervención de la Madre del Señor en la vida de la Iglesia y de cada uno de los fieles.

El título de «Abogada» se remonta a san Ireneo. Tratando de la desobediencia de Eva y de la obediencia de María, afirma que en el momento de la Anunciación «la Virgen María se convierte en Abogada» de Eva.

María icono de la contemplación cristiana. Fijar los ojos en el rostro de Cristo, descubrir su misterio en el camino ordinario y doloroso de su humanidad, hasta percibir su fulgor divino manifestado definitivamente en el Resucitado glorificado a la derecha del Padre, es la tarea de todos los discípulos de Cristo; por lo tanto, es también la nuestra. Contemplando este rostro nos disponemos a acoger el misterio de la vida trinitaria, para experimentar de nuevo el amor del Padre y gozar de la alegría del Espíritu Santo. Se realiza así también en nosotros la palabra de san Pablo: «Reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más: así es como actúa el Señor, que es Espíritu» (2 Co 3, 18).

María modelo de contemplación. La contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece de un modo especial. Ha sido en su vientre donde se ha formado, tomando también de Ella una semejanza humana que evoca una intimidad espiritual ciertamente más grande aún. Nadie se ha dedicado con la asiduidad de María a la contemplación del rostro de Cristo.

Los misterios del rosario. Recitar el Rosario, en efecto, es en realidad contemplar con María el rostro de Cristo. Los misterios de Cristo contemplados con la Madre. 

Los ojos de su corazón se concentran de algún modo en Él ya en la Anunciación, cuando lo concibe por obra del Espíritu Santo; en los meses sucesivos empieza a sentir su presencia y a imaginar sus rasgos. Cuando por fin lo da a luz en Belén, sus ojos se vuelven también tiernamente sobre el rostro del Hijo, cuando lo «envolvió en pañales y le acostó en un pesebre» (Lc 2, 7).

Desde entonces su mirada, siempre llena de adoración y asombro, no se apartará jamás de Él. Será a veces una mirada interrogadora, como en el episodio de su extravío en el templo: « Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? » (Lc 2, 48); será en todo caso una mirada penetrante, capaz de leer en lo íntimo de Jesús, hasta percibir sus sentimientos escondidos y presentir sus decisiones, como en Caná (cf. Jn 2, 5); otras veces será una mirada dolorida, sobre todo bajo la cruz, donde todavía será, en cierto sentido, la mirada de la 'parturienta', ya que María no se limitará a compartir la pasión y la muerte del Unigénito, sino que acogerá al nuevo hijo en el discípulo predilecto confiado a Ella (cf. Jn 19, 26-27); en la mañana de Pascua será una mirada radiante por la alegría de la resurrección y, por fin, una mirada ardorosa por la efusión del Espíritu en el día de Pentecostés (cf. Hch 1, 14).

 

 

 

 

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