LA FIGURA DE MARIA EN LA CATEDRAL DE
SALAMANCA
Introducción
Estamos finalizando el mes de mayo, mes mariano y con este
trabajo queremos centrarnos en la figura de María para ver su relevancia en tantas
iglesias de la Diócesis como en la Catedral.
La Catedral tiene su origen en la repoblación durante el
reinado de Alfonso VI consolidada la reconquista tras siglos de dominación
árabe. Con Raimundo de Borgoña se lleva a cabo la restauración de la Diócesis (antes
vinculada a Mérida), será el lugar donde el obispo Don Jeronimus Perigueux
asienta el templo donde tendrá su Sede (cátedra). Se levantó una cerca-muralla
con nueve puertas y se ubicó en la puerta sur al lado del río con la función de
fortificar la urbe (La Fortis). Tendrá como nombre Catedral de Santa María de
la Sede. Su construcción se prolonga durante los S. XII-XIII y pasa a ser la
iglesia mayor y madre de la diócesis. En el S. XVII la Catedral se queda
pequeña y se piensa en levantar una nueva Catedral. Debido a la belleza arquitectónica
de la antigua se decidió levantar la nueva sin derribar la anterior para que de
esta manera se mantuviera el culto mientras su ejecución. De ahí que el complejo
Catedralicio pasó a salvaguardar la Catedral vieja y a levantar una nueva. No
debe hablarse propiamente de dos catedrales sino que el complejo catedralicio contiene
una sola Catedral formada por varios recintos. Las antiguas dependencias no
cayeron en desuso sino rehabilitadas para nuevas funciones. La Catedral
nueva de Salamanca se dedica a este misterio de la Asunción de la
Vírgen, "que es dogma de fe reciente, desde 1950, aprobado por el
papa Pío XII".
En la Catedral de Salamanca existen numerosas
representaciones de los misterios marianos y muy especialmente del
misterio de la Asunción de la Virgen. Entre las distintas imágenes en la
Catedral destaca la imagen de la Asunción que preside el presbiterio, tallada
por el escultor Esteban de Rueda, del que también existe otra imagen en
Salamanca que se encuentra en la iglesia de la Clerecía.
Salamanca ha sido una ciudad mariana por excelencia. Fue
grande el tesón del pueblo charro por defender la Inmaculada Concepción. De
hecho se anticiparon a la promulgación del dogma en 1857. Fueron muchos los
testigos mártires que dierons sus vidas por profesar la fe en medio de los
detractores. Dos hechos dan muestra de ello. El desagravio a la escultura
mutilada del parteluz que fue enormemente sentido y el cuadro de María
inmaculada rasgado en su tela a la altura del cuello que se guarda en la
capilla del Desagravio de la misma Catedral.
Aunque el programa iconográfico lo podríamos extender a todo
el complejo catedralicio incluyendo la Catedral Vieja, para no hacerlo
demasiado extenso vamos a circunscribir el trabajo y lo vamos a centrar en la
Catedral Nueva. Toda Ia Catedral Nueva es su epopeya grandiosa. Desde el mainel
de Ia Portada Principal, donde está Ia bella Anunciación fechada en 1660, pasando
por Ia excelsa cúpula grandiosa con su alto relieve de Ia Asunción hasta Ia Asunción
de Gregorio Hernández en el Altar Mayor en el cuadro frontal de su ochavado
tímpano, donde los ángeles Ia circundan, constituye toda una peregrinación de
fe. Dice el Cronista sobre Ia inauguración en 1733, Calamón de Ia Mata, “no
están solo suspensos en el aire, sino que suspenden con su aire, a los que les
miran” ; y esto se debe a la ponderación de Ia belleza del grupo escultórico,
todos son artísticos loores en Ia Catedral a Ia que es su Titular y Patrona.
Diríamos que el programa iconográfico de la Catedral
aunque tiene toda una compleja gestación responde a una intención que el templo
exprese el misterio que contiene. El interior del espacio responde a lo que el
misterio encierra. De ahí que toda la obra de la salvación y de la Iglesia que
tiene como roca y fundamento a Cristo vincua visiblemente a la Trinidad con la
figura de Santa María y con la comunidad eclesial. La jerarquización del Padre
en los cielos bendiciendo su obra, el Hijo con la ofrenda de sus dones
eucarísticos, el Espíritu Santo como l tercera divina persona que hace posible
la Encarnación y la presencia de Cristo en la Iglesia. La relevancia de maría
Madre de Cristo y Madre de la Iglesia es a su vez figura de la Iglesia. Los apóstoles
representan la autoridad apostólica.
BIBLIOGRAFÍ A
CAMÓN AZNAR, J. Guía artística de Salamanca , Salamanca,
1953
JOSE ARTERO, Mariología artística Salmatina, Panorama
mariano, Salmantincensis 1954
DANIEL SANCHEZ Y SANCHEZ, La Catedral Nueva de
Salamanca, 1993
RENE JESUS PAYO HERNAN Y VALENTIN BERRIOCHOA SANCHEZ
MORNO, La Catedral de Salamanca, 2012
1.
Breve repaso de la Mariología artística
Salmantina
Salamanca, Ia ciudad de oro, Ia universitaria y teologal, Ia
enriquecida con una monumentalidad fulgurante y profusa, es una ciudad
capitalmente mariana, concepcionista, asuncionista. En el panorama de Ia ciudad
podemos resaltar tres monumentos marianos determinan y embellecen su
silueta.
La Catedral Nueva, el Real Colegio del Espíritu Santo (la
Clerecía), Ia Cúpula de Ia Purísima: tres colosales edificaciones tan
artísticas como marianas.
- Las Catedrales,
complejo catedralicio.
Están ambas dedicadas a la Virgen, Ia Vieja a Santa María Ia
Mayor (siglos XII y XIII) y Ia Nueva a Ntra. Señora de Ia Asunción. En 1513 se
puso la primera piedra y la catedral nueva se inicia en 1560 se traslada el
Santísimo de la catedral vieja a la nueva. En 1733 se se bendice lo construido
y se realiza la consagración y dedicación definitiva del templo.
Es Ia Catedral Vieja relicario de Ia Patrona de
Salamanca y su tierra, Ia Virgen de Ia Vega, estupenda imagen, obra
capital de Ia orfebrería del medievo; toda ella está poblada, en capillas,
imágenes, retablos, sepulcros, museo, de riquísima iconografía mariana; y
tiene, síntesis de mariología, el famoso retablo de Nicolás Florentino, Nicola
Dello, con toda Ia vida evangélica de Jesús y de María, desde el Nacimiento de
Ia Virgen, hasta el Juicio Final de su maravilloso fresco, donde María
intercede por sus hijos.
La Catedral Nueva (s. XVI-XVIII) constituye un
grandioso poema a Nuestra Señora, desde las heráldicas azucenas asuncionistas,
que coronan Ia inscripción del comienzo de las obras, a las altas cumbres de
torres y cúpulas con emblemas marianos. Las fachadas espléndidas, cuajadas de
magníficos relieves con episodios donde Ia Virgen María aparece en escenas
evangélicas; el interior rebosante de altares, rejerías, pinturas, esculturas,
orfebrería, ornamentaciones de subido valor artístico; y su Capilla Mayor con
Ia Asunción de Gregorio Hernández; Ia Cúpula soberbia, que en un gigante
octógono canta en ocho grandes relieves de piedra policromada. Los ocho
capitales episodios de Ia Virgen, desde su Natividad bendita, hasta su
Coronación celestial entre Ia barroca multitud de bandadas de espíritus
angélicos, todo celebra las grandezas de María.
- La Clerecía
En el antiguo Real Colegio del Espíritu Santo (La Clerecía),
que los Reyes Don Felipe III y Dña Margarita de Austria edificaron para Ia
Compañía de Jesús; en aquel edificio de los más bellos y grandiosos de Ia
arquitectura barroca (Camón Aznar); sobre el patio, «una de las creaciones
barrocas más acabadas de todos los países» (Schubert); «coronando el imafronte
de aquella fachada concebida con grandiosidad, llena de potencia y majestad»
(García Boiza).
Entre las gemelas torres, «de las más bellas que creó el
barroco» (Gómez Moreno), está Ia grandiosa imagen de Ia Inmaculada Reina
Coronada, entre los Reyes Coronados. Bajo ella el alto relieve con Ia
Pentecostés, Ia Reina de los Apóstoles. Frente a ella Ia divulgadísima Casa de
las Conchas, entona el Ave María, forjada con los hierros de sus bellísimas
rejas.
Dentro, como en Iglesia Jesuítica y sede de las
Congregaciones marianas, el colosal retablo prechurrigueresco, obra de
Cristóbal de Honrato que en Io universal tiene otra espléndida Pentecostés, y
en Io jesuítico Ia Aparición de Ia Virgen dictando a San Ignacio los Ejercicios
espirituales; y en otros altares Ia hermosa Visitación de García de Quiñones,
Ia aparición de Ia Virgen a San Estanislao de Kostka de Alberto Churriguera, el
de Ia Purísima (muy feamente retocado) de Sardina el Viejo, el Calvario con Ntra.
Sra. de Ia Luz de Joaquín Churriguera y otras obras de no tan subido valor
artístico. Hoy, además de Ia Compañía de Jesús, ocupan el gigante ediflcio el
Seminario Mayor y Ia Pontificia Universidad Eclesiástica, donde florece Ia
devoción y Ia teología mariana entre evocaciones artísticas y literarias.
- La Purísima
El tercer gran monumento mariano salmanticense es el
Convento de Agustinas Recoletas y Parroquia de Ia Purísima que levantó el Conde
de Monterrey D. Manuel de Zúñiga y Fonseca, Virrey de Nápoles para colocar en
su retablo mayor Ia Purísima de Ribera «la más bella pintura mariana del mundo»
según el gran catedrático y crítico Gómez Moreno o «la mejor pintura mariana
de su siglo» (Tormo) y que lleva gallarda Ia flrma: “Jusepe de Ribera,
español uaiencíano Fecit” 1635. Toda Ia Iglesia y Convento es un emporio de
arte mariano. En el mismo retablo de ricos mármoles taraceados se encuentra Ia
Dolorosa del mismo Ribera, que se atribuyó a Carlos Dolci, en Ia nave mayor el
Calvario del Bassano, Ia Anunciación de Lafranco, San José, San Joaquín y Santa
Ana del mismo Lafranco; Ia Crucifixión de Guido Reni en el Coro; las Dolorosas
espléndidas, una de talla, otra en pintura, retratos de las hijas, religiosas
en este convento, del gran navegante D. Blas de Lezo; el pintoresco nacimiento
napolitano del s. XVII con los preciosos damascos del traje de Ia Virgen; y
hasta en Ia portada del Convento Ia gran La Inmaculada, que en piedra copia Ia
estupenda pintura del interior.
Había que añadir, para completar Ia silueta monumental
mariana de Ia ciudad, Ia Universidad Civil en cuya Capilla está el lienzo
central representando Ia Jura de los Doctores de defender el Misterio de Ia
Inmaculada Concepción, obra de Cacianiga, según Camón o de Plácido Constancio,
según García Boiza; y en cuyo Museo y otras salas hay bellas Purísimas y no
pocos asuntos marianos. Pero de Ia Universidad hay tema especial en otro lugar
de Ia revista.
- Hagamos un breve
recorrido de otras obras marianas de valor artístico en Salamanca.
Podemos señalar como principales Ia Parroquia de
Sti.-Spiritus, que además de su Pentecostés titular, ostenta el suntuoso
retablo con temas marianos; Ia vieja Parroquia de San Benito con Ia
lindísima portada de Ia Anunciación de fines del siglo XV; el estupendo retablo
de Alonso Berruguete en el Colegio del Arzobispo con varias tablas y grupos
escultóricos marianos; el Convento de las Úrsulas dedicado a Ia
Anunciación, que tiene entre otras una bellísima de Diego de Siloé en el
sepulcro del Patriarca Fonseca ; Ia Vera Cruz, que además de Ia patética
Dolorosa de Felipe del Corral, tiene Ia Purísima de Juan de Juni, ante Ia que
se organizaron los primeros Caballeros de Ia Inmaculada ; el Convento de Ia
Madre de Dios con su estatua en piedra del s. XV de Ia portada y su cuadro
de Ia escuela madrileña con Ia Translación de Ia Santa Casa de Loreto; San
Millán con su buena Asunción del XVI; Ia de Ia Orden Tercera, hoy
Capuchinos, con el fresco del ciclo artístico de Bayeu, en el que Ia Virgen La
Imaculada se aparece a San Francisco y recuerda las apologías concepcionistas
del Bto. Duns Scoto; el Carmen de Abajo con un grandioso grupo escultórico de
Ia Virgen del Carmen ofreciendo el escapulario a S. Simón Stok; Santa María
de los Caballeros con hermoso retablo de asuntos marianos, y no pocos más,
aun descontando Io que carece de interés artístico. En Santa María de Ia
Vega, hay una interpretación moderna de Ia Virgen de Ia Vega, del taller de
Granda Buylla, muy hermosa y otras tallas actuales del laureado escultor Angel
García, que acaba de fallecer. Pobre es el Museo Provincial, pero aun en él se
apuntan el mutilado relieve de Carmona en mármol de Carrara, que describe Ia
aparición de Ia Virgen y San Bernardo a Sto. Toribio de Mogrovejo en el Colegio
de San Salvador de Oviedo; una Anunciación del siglo XVI de escuela castellana;
una buena taUa de tipo flamenco de principios del XVI; Ia Deposición de Cristo,
magnífico cuadro de Morales; Ia grande Inmaculada del napolitano Andrea Vaccaro
y otras pinturas de interés artístico y mariano. Y, finalmente, en este
recorrido sumario no puede omitirse el glorioso Convento de San Esteban de
los Padres Dominicos, que en un espléndido templo, en Ia Sacristía y en
Capillas del Noviciado guarda varias imágenes de Ia Santísima Virgen. Así Ia
del Rosario del XVI con su retablo de Joaquín Churriguera y las tallas de San
Joaquín y Santa Ana de Ia escuela de Juan de Juni, los frescos de Villamor y
Palomino, a los que después aludiremos, las Asunciones bellísimas de Ia
Sacristía y Estudiantado, Ia Anunciación en piedra en los pilares del Templo,
Ia Virgen de Ia silla priorial de Ia escuela de Rubens y otra en el altar del
coro del s. XVIIl. Enfrente está el Convento de Dominicas, las Dueñas,
con bellas imágenes del XV al XVIII.
Hemos querido indicar solamente Io más escogido del arte
mariano salmantino, sin agotar Ia materia, ni sistematizar las obras: solo
intentamos dar una impresión de Ia riqueza que en este tema Ia noble y sabia y
artística ciudad atesora.
- Evolución y desarrollo
del dogma.
Es singular que en esta Ciudad, cuyo Ayuntamiento hizo voto
de defender Ia pía sentencia en Ia Iglesia de Ntra. Sra. de Ia Vega el 6 de
mayo de 1618, y en Ia que estudió y enseñó el gran Doctor Eximio, P. Francisco
Suárez, S. J., capitán de los hispanos teólogos concepcionistas, hay
sorprendentes obras de arte que jalonan momentos de Ia evolución del dogma.
1. En el Paraninfo de Ia Universidad Eclesiástica, en el
testero principal, se representa Ia Sesión V del Concilio de Trento, cuando,
desde su tribuna, un teólogo del Concilio, que se quería que fuese el
sapientísimo P. Lainez, S. J., defiende Ia adición, que se aprobó, de que en Ia
universalidad del pecado original no era Ia mente del Concilio incluir a Ia
Virgen Santísima. Si aquel teólogo no fué el gran Lainez, allí cerca está el
retrato del P. Suárez y en él Ia visión de Ia Inmaculada ; y en el testero de
enfrente el otro gran medio punto donde, acaudillados por San Ignacio y
amparados por María están, pluma en ristre, los Jesuítas que hasta el XVIII más
sabia y píamente escribieron sobre Ia La Inmaculada.
2. En Ia Capilla Universitaria está el lienzo central del
altar mayor con el juramento concepcionista de los Doctores, de que habla el
trabajo del Dr. Florencio Marcos, que se publica en este mismo tomo.
3. Insistiendo en Ia petición de Ia declaración dogmática
aparece en Ia grisalla de Ia Cátedra de Francisco Victoria el Rey Felipe III
portador ante el Papa y su corte cardenalicia, mientras en largo cortejo de
claustrales va ñrmando en el album que un obispo les ofrece. Un dístico en el
ángulo derecho del cuadro, explica Ia pintura: “Sunimus, ut intactam Reginam
labe Sacerdos Cernat, Rex cupiens et schola vota promit”.
4. La Inmaculada del Spagnoletto y las gentiles estatuas de
los Condes de Monterrey, D. Manuel de Fonseca y Zúfiiga y Dña Leonor de Guzmán,
hermana del Conde-Duque de Olivares, mármoles que con retórico empaque cinceló
Juliano Finelli, celebran el triunfo romano del Conde, que siendo Virrey de
Nápoles, fué de embajador extraordinario a Ia Corte papal y logró de S. S. Alejandro
VII Ia bula Sollicitudo omnium ecclesiarum, en Ia que imponía silencio
en cátedras y pulpitos a Ia sentencia maculista.
5. Y es apoteosis de Inmaculada el coronamiento de Ia
fachada, que antes citamos, del Real Colegio del Espiritu Santo. Un detalle
curioso es el de Ia Inmaculada del Desagravio en Ia Catedral Nueva. Centra un
agraciado dosel, que los ángeles sostienen, el retablo de Churriguera con sus
pompas de pámpanos en columnas salomónicas, un maltrecho cuadrito de Ia
Inmaculada. Falcón Io explica: «Una pequeña imagen de Ia Purísima, pintada en
lienzo, que estuvo mucho tiempo en Ia calle de Ia Nevería, y vino al lugar que
ahora ocupa, a causa de Ia profanación que sufrió. Un descreído injurió a Ia
Virgen abriéndola de una cuchillada Ia garganta; y Ia tradición piadosa reflere
que el agresor sufrió en castigo Ia muerte instantánea y el cuadro no ha
consentido que se Ia cerrase Ia herida, aunque se ha intentado más de una vez
componerle». Y así está hoy. La Natividad de Ia Virgen es Ia primera tabla del
políptico del Florentino en el ábside mayor de Ia Catedral Vieja; pintura
parlera con mil donosos detalles folklóricos; y también con fluida pincelada y
suave colorido adorna un medio punto de Ia antesacristía otra Natividad.
- Programa
histórico-teológico siguiendo
Ahora, siguiendo un programa
histórico y teológico mariano presentaremos las realizaciones
artísticas con las que Salamanca ha ilustrado Ia vida, privilegios e
intercesión de María Santísima. Y sea Ia primera y más espléndida de todas, que
encabeza Ia portada de este estudio, Ia Predestinación
de Ia Virgen. Que así puede considerarse Ia Inmaculada de Ribera y que
está idealizada como el “Ab initio et ante saecula creata sum”, es
decir, el Padre Eterno con gesto creador lanza a María como Ia obra más pura y
bella, como el ideal de Ia belleza, con su cortejo de ángeles y querubines que
llevan los símbolos de sus grandezas o Ia contemplan enamorados. Para su venida
al mundo Dios también Ia predestinó una brillante Genealogía de reyes, principes
y profetas. Es Ia que germinó de Ia raíz de José, como Io expuso el tablero
frontal del órgano, que se llamó de Salinas, porque Io tocó el gran
catedrático, tratadista y organista, a cuyos sones se quiere unir Ia tradición
de que Fr. Luis de León compuso Ia obra celebérrima: “El aire se serena Y
viste de hermosura y luz no usada Salinas, cuando suena La música extrenada Por
vuestra sabia mano gobernada”.
Inmediatos en esta genealogía fueron ya los Padres de Ia
Virgen, San Joaquín y Santa Ana. El, además del hermoso grupo escultórico del
XVIl estofado en ricos oros y matices de Ia Capilla de Lourdes en Ia Catedral
Nueva, tiene esta sorprendente pintura mural de Ia Capilla de San Martín que en
1262 pintó y firmó Antón Sánchez de Segovia. ElIa, en Ia tempestuosa y cariñosa
Santa Ana de Juan de Juni en el trascoro de Ia Catedral Nueva, obra capital del
barroco español.
Tratemos ahora de recorrer los distintos misterios en
relación con la Virgen María:
De Ia Inmaculada Concepción
pudiéramos multiplicar las imágenes en talla y en pintura, después de Ia
suprema del Spagnoletto que ya citamos. Recordaremos a título histórico Ia
estatua de Felipe de Borgoña (1505) que se halla en Ia Sala del Cielo de
Salamanca en las Escuelas Menores de Universidad y que el Profesor Lainez
Alcalá quiere que sea Ia primera escultura concepcionista sobre Ia luna y Ia
serpiente, que dió el modelo tradicional.
A título exegético puede citarse Ia graciosa y amable
pintura del Maratti en Ia Capilla de San Clemente de Ia
Catedral Nueva, que presenta a Ia Virgen con el Niño Dios en brazos; El
blande Ia Cruz que remata en lanza, cuya punta huella Ia cabeza de Ia
serpiente: es Ia interpretación del texto hebreo : «él quebrantará» : triunfa
con Ia Virgen que Io tiene estrechamente unido a su regazo maternal.
Citaríamos Ia preciosa Inmaculada de San Julián con Ia firma
de Antolínez; Ia de Ia ante-sacristía de Ia Catedral
Nueva; Ia de Ia Sala Capitular del Cabildo, hoy en Ia Rectoral de Ia
Universidad Eclesiástica.
De Ia Presentación de Ia Virgen niña
en el Templo, quizá Ia mejor expresión salmantina sea el hermoso
altorelieve del ochavo de Ia Cúpula de Ia Catedral Nueva con su arquitectura
clásica, su Pontífice majestuoso, Ia Nifia encantadora, que sube Ia gradería
del templo, y hasta el mendigo estupendamente modelado, que a Ia entrada del
templo pordiosea.
Los Desposorios tienen una
evocación prerrafaelista en el retablo de Nicolás Florentino y en una agradable
pintura en Ia ante-sacristía. La Virginidad perpetua de María bien se puede
admirar en Ia dulce y deliciosa virgencita del Museo Catedralicio. Viene luego
el tema encantador de Ia Anunciación.
Ya hemos recordado Ia fachada gótico-Reyes Católicos de San
Benito y Ia del alabastrino sepulcro del Patriarca Fonseca. Una docena de arte
magnífico pudieran reseñarse en Salamanca. Queremos mencionar Ia del
Florentino, tan emparentada con Ia de Fra Angélico; y Ia otra tan sutil y
expresiva de una tabla lateral del pequeño órgano de Ia Capilla Dorada.
Bellísimas son las de Ia portada del Hospital del Estudio y Ia del ingreso a Ia
Catedral Vieja, y Ia citada de las columnas del templo dominicano.
De Ia Visitación a Santa Isabel y
del Sueño de San José ya recordamos Ia de Ia Clerecía o Iglesia del Real
Colegio del Espíritu Santo y Ia del retablo de Ia Catedral Vieja.
Nacimientos los hay en grande
número. Encantadora es Ia tabla de Fernando Gallego en el Museo Catedralicio y
el relieve de Ia gran portada de Ia Catedral Nueva. Con este Nacimiento
hace juego el inmediato relieve de Ia Adoración de los
Reyes en Ia misma deslumbrante fachada. Pero solo en Ia Catedral
pudieran ofrecerse muchísimas, empezando por el restaurado cuadro que se
atribuyó antes a Memling y ahora a Gallego. Es sugestivo que los Reyes Magos
que van a adorar «al Niño con María su Madre» sea tema frecuentísimo en
pinturas y relieves de sepulcros, desde el de Ia Capilla de San Martín y el
recientemente descubierto en los Claustros de Ia Catedral —bella pintura mural
románica—, hasta las de sepulcros del XIII, XW, XV, XVI, y XVII. ¡Variadísima
colección de hermosas Epifanías! Tampoco es rara en el arte salmantino Ia Huida a Egipto: está en el Florentino y en Ia copia
del Baroccio de Ia capilla muzárabe; y —con poe-- tico descanso en el camino—
un rico cobre de Ia Sacristía Mayor. De Ia Purificación
es relieve mutildado del XV el del frontis del sepulcro del Chantre Aparicio en
Ia Catedral Vieja. Y es elegante expresión el cuadro, que pudiera ser de Van
Dyck en Ia Sacristía Mayor.
De Ia Sagrada Familia las
joyas de arte salmantinas son inenarrableí;. El cuadro, de Alonso Cano quizá,
de Ia Sacristía de Ia Catedral Nueva con Ia belleza y amor de María, su velo
vaporoso, el encanto del Niño y el tercer lugar amable y señorial de San José:
allí mismo el cobre de Rubens con el San Juanito y los ángeles juguetones: el
«estupendo cuadro de Morales con Ia Virgen, el Niño y San Juan de tipo
italianizante y alegre colorido» (Catáón), «una de las tablas más portentosas
del divino Morales, que ha realizado aquí una pintura regocijada y mimosa, en
Ia que el Niño y San Juanito se acarician y Ia Divina Madre, de rostro
bellísimo, con perflles y peletados bien característicos de Morales, nos
recuerda las más bellas Madonas italianas». En Ia Capilla del Pilar de Ia
Catedral Nueva existe un lucido alto relieve, muy polícromo de Ia Sagrada
Familia, con Ia clásica representación del Niño Jesús de Ia mano de María y
José.
El Niño con los Doctores en el
Templo, y Ia Virgen María hallándole, tiene una interpretación con un
bellísimo templo de las auroras elegantísimas del renacimiento en el políptico
tan citado de Florentino. La Divina Maternidad, fuente y raíz de todos los
privilegios marianos, se pudieran ofrecer por decenas en las amables imágenes
de María con su Divino Hijo Jesús en brazos. Vaya por delante Ia que estaba (y
suponemos que volverá a estar, ya recuperada) en el altar de San José de Ia
Catedral. Le han atribuido a Ia Roldana. Quizá sea por su belleza femenina, el
cariño con que mira su Jesús, el airoso vuelo de sus ropajes y toda su
deliciosísima silueta.
María está en el primer milagro de Jesús en las Bodas de Caná (icono del retabo del altar mayor
de la Catedral Vieja)
Madre de los hombres aparece en el
Calvario de Ia Capilla Dorada donde San Juan parece escuchar las
palabras del Crucificado a su Santísima Madre: «He aquí a tu hijo». Y en él
estábamos todos los hombres. Como este Calvario los hay numerosos: en Ia
crestería de Ia reja de Ia Capilla del Descendimiento; en varias pinturas y
cobres de Ia Sacristía.
Madre universal de Ia Iglesia
pudiera verse representada en las imágenes de ritos particulares, mozárabes,
orientales. Así en las repetidas tablas con Vírgenes bizantinas y Ia del
maravilloso retablo — a Ia manera del Berruguete— de Ia Capilla mozárabe de Ia
Catedral Vieja de Salamanca, donde, además de Ia bellísima estatua del XV que
señorea el altar, hay otros cinco asuntos marianos en relieves y pinturas todos
de alta calidad artística y de íntimo ambiente de piedad.
De Ia Virgen Madre de los
pequeñuelos es Ia estatua del Trascoro de Ia Catedral Nueva. La
atribuímos con este título, porque perteneció a una Casa de huerfanitos que
patrocinaba el Cabildo Catedral: desapareciendo el Colegio en una inundación
del Tormes, se recogió Ia Virgen en Ia Catedral : varias Comunidades Ia
reclamaban como suya; pero una pequeñuela Ia reconoció «por Ia gargantilla» y
el Cabildo aprobó el testimonio, ex ore infantium. Aún hoy, mientras giran las
procesiones claustrales por la» naves catedralicias, un Niño de Coro está
postrado ante Ia imagen, hasta que el Cabildo entona Ia antífona mariana de
tempore.
María Reina y Patrona de los Pueblos
se simboliza en Ia Virgen de Ia Vega, Patrona de Salamanca y su tierra,
preciosa joya de orfebrería del XIII, generosamente cotizada en millones de
pesetas, cuando fué llevada a Exposiciones Internacionales.
De María intercesora habla
elocuentemente Ia Virgen de Ia Verdad, Madona sedente románica, en su Capilla
de Ia Catedral Nueva. Su leyenda —figuran análogas en una Cantiga de Alfonso el
Sabio y en un Milagro de Berceo— se describe así en un lienzo curioso al margen
del retablo: «Un judio negaba cierta deuda a un cristiano, el cual, no pudiendo
probarla, pidió a esta imagen testificase Ia verdad del contrato, que pasó en
su presencia. Hízolo María bajando Ia cabeza; quedando por este milagro pagado
el cristiano y convertido el judío».
MiI piadosísimas imágenes de María
Mediadora de todas las gracias pudiéramos presentar. Mas por todas
presentamos las de Ia intercesión in hora mortis nostrae. Son muchos los
sepulcros magníficos de personalidades eclesiásticas e históricas, que tienen a
Ia Virgen tatercediendo ante el Señor o velando el sueño mortal, hasta Ia
resurrección gloriosa. En el historiado sepulcro del Deán D. Fernando Alonso,
hermano del Santo Rey, Don Fernando III, se esculpe Ia figura yacente y sobre
ella los ángeles llevando su alma al cielo en figura de una criaturita desnuda,
el clero que viene al sepelio, el Rey y los Obispos que Io presiden, Ia familia
y plañideras con Ia dulce infantina, que se mesan los cabellos y se desmayan.
María Rodeada de los Apóstoles,
es figura central Ia Virgen en su trono: en Io alto, Ia amígdala que emarca al
Pantocrator. Una ilustración, por todas, sea Ia del sepulcro del Protonotario
Apostólico, Arcediano, Dr. Francisco Sánchez de Palenzuela: sobre su rica
estatua yacente, mandó poner Ia Virgen «pintada por San Lucas», que de Roma se
trajo.
A Ia misma entrada de Ia Catedral por Ia puerta de Ramos hay
dos sepulcros con imágenes y plegarias marianas elegantísimas. El del Dr. Diego
de Neyla, consejero y amigo del discutido y hoy vindicado historiador de Indias
y humanista egregio, Gtoés de Sepúlveda: murió en 1577 dejando un clásico
epitafio del que copiamos algunos dísticos dignos de Ovidio: “O spes laeta
piis, afflictis dulce iuvamen, Praesidium moestis inclyta Virgo reis. Tu mihi
perfugium, Tu fidum semper asylum, Ad Te confugio, Tu mihi, Diva fave”. Un
lindo cuadrito italianizante se muestra sobre los cincelados versos. Enfrente
está el sepulcro de D. Roque de Verga con buenas, pinturas murales; y en el
centro una La Inmaculada de muy mediana pintura, sustituye a Ia más hermosa que
robaron. También con latinidad algo más barroca, pero elegante, describe e
invoca a Ia Santísima Virgen, en disticos como estos: “Hospes, miraris
bustis adstare Parentem, cui Deus in gremio sarcina grata fuit... Virgo mihi manes Vergae latura Tonanti
Colligit; aethereis inserit Illa choris”.
La Virgen Corredentora se
muestra sobre todo en las escenas de Ia Pasión y Muerte de su Bendito Hijo,
Jesucristo. Con El estuvo en el sacrificio del Monte Calvario, Sacerdotisa de
Ia Nueva Ley. Así Ia vemos en este emocionante tímpano de Ia sepultura
gótica-mudéjar del Chantre Aparicio, muerto en 1287.
Es grandemente expresivo y de una estilización muy gótica el grupo de las tres Marías. La
Virgen Reparadora en el Descendimiento de Juan de Juni en un relieve que
según Camón Aznar «puede contarse como una de las obras maestras de Ia
escultura española», tiene también su excelsa expresión artística en el Sepelio
del Tiziano de su Capilla en Ia Catedral Nueva. La
Virgen Consoladora puede muy bien considerarse en Ia Piedad de Luis
Salvador Carmona, de acento y belleza miguelangélica.
La Virgen Reina de tos Mártires,
cumpliendo el adimpleo de San Pablo y con sus dolores completando Ia pasión de
Jesucristo en su aplicación particular, se exalta en Ia patética y emocionante
Dolorosa de Felipe del Corral en su Capilla de Ia Vera Cruz.
La Soledad del afamado
escultor Benlliure es devotísima advocación como Consola,dora de los afligidos.
Singular expresión de Ia Virgen Triunfadora con Cristo es Ia gran pintura de
Navarrete el Mudo, pintor escurialense, en Ia que el Seftor Resucitado presenta
a Ia Virgen, de luto tocada, el botín de su victoria, que eran los que, en el
limbo de los Padres, esperaban su santo advenimiento.
La Virgen Reina de los Apóstoles
ya apareció en las alusiones que hicimos sobre las obras de arte que
representan Ia Pentecostés. La Virgen Reina de tos
Vírgenes se puede contemplar en el friso marmóreo del sepulcro del
Arzobispo D. Diego de Anaya en su Capilla de los Claustros de Ia Catedral
Vieja: allí están, formando con María su corte virginal, Santa Inés, Santa
Águeda, Santa Bárbara, Santa Lucía, Santa Catalina...
Queremos advertir también, por su gracia amable y por
recordar las leyendas asuncionistas de Santo Tomás y de Ia Virgen de Ia Correa,
esa encantadora Asunción de Dello de Niccola, el maravilloso florentino de
Salamanca. Se ha proclamado recientemente Ia Realeza de Ia Virgen María. Desde
los sepulcros del s. XIII y los marfiles del XIV y las tablas florentinas del
XV, Ia Virgen siendo coronada por el Eterno Padre o reinando in vestitu
deaurato a Ia diestra del Hijo divino en el empíreo, es asunto de preciosas
joyas artísticas de Salamanca.
Reinando en el cielo y Ia tierra o
asistiendo al triunfo de Ia Eucaristía sobre los monstruos de pecados, y
herejías, en Ia carroza triunfal con todo el cortejo de Ia Iglesia triunfante
aparece Ia Virgen en el grandioso fresco de Palomino, que llena el Coro de los
PP. Dominicos de San Esteban. Coronándote el Eterno Padre, aun aparece en los
marfiles que restan de Ia Virgen abridera en el Museo Catedralicio
Y esta proclamación y Coronación de
Ia Reina del Universo tiene un apoteosis entre nubes de ángeles y pompas
imperiales en el gran relieve de Ia Cúpula de Ia Catedral. El tema de Ia
Mariología artística de Salamanca, queda bien ilustrado, pero aún no agotado,
ni en los temas, ni en el arte de esta Salamanca tan mariana, tan
Concepcionista y tan Asuncionista, que brinda a Ia Virgen los esplendores de su
gigante riqueza artística.
- Recorrido en la
Catedral Nueva
El Obispo Diego de Deza, fraile de los Dominicos de San
Esteban, confesor de los reyes y tutor del Príncipe Juan y catedrático de prima
de Teología en la Universidad y valedor de Cristóbal Colón, de gran prestigio
ante los Reyes Católicos intercede en favor del Cabildo y consigue que se
comiencen las obras después de superar diversos litigios sobre el
emplazamiento. Alfonso Rodriguez y Antón Egas ambos maestros de cantería se
disponen a iniciar los trabajos bajo la supervisión de Juan Gil de Hontañón en
1947
La obra de la fábrica de la Catedral empieza por los pies colocando
la primera piedra en 1513 con la bendición del obispo Bobadilla. La dirección
de la obra pasa por distintos maestros, Juan de Álava y Rodrigo Gil de Hontañón
hijo de Juan Gil en 1538. Obra de este es la portada principal.
El retablo del Perdón recoge
una síntesis, Anunciación, nacimiento, María junto a la Cruz en el Calvario
La fachada principal o de poniente manifiesta la exquisitez
del plateresco español. Su alto relieve
constituye un verdadero encaje o tapiz de piedra. Cobijadas por tres arcos
angrelados a manera de guardapolvos, se organizan mediante grandes arcos
conopiales y múltiples arquivoltas desplegándose en ellas todo el esplendor del
gótico final conforme a la estética hispanoflamenca.
Se divide en tres cuerpos. El inferior, el central y el
superior. El diseño general corresponde a Juan Gil de Hontañón. En las labores
escultóricas participaron diferentes artistas sobresaliendo por su calidad Juan
de Gante.
Infinidad de repisas, doseletes, figurillas, escudos,
medallones, etc. Recubren los tres cuerpos. En el cuerpo central prolifera la
riqueza escultórica decorativa. La ornamentación de la fachada no se completará
hasta 1661En el cuerpo inferior las dos puertas de entrada separadas por un
parteluz. Las estatuas de los Apóstoles y la Virgen del parteluz son debidas al
cincel de Juan Rodríguez, de la escuela vallisoletana de Gregorio Hernández.
7.1
La imagen de la Anunciación de María en
el parteluz del pórtico
La Virgen del Parteluz tiene una historia particular,
reflejo del ambiente salmantino. Fue obra de Juan Rodriguez. En el pedestal
tenemos grabada la fecha de su ejecución 1660. El Cabildo quiso reflejar en una
misma escultura los dos misterios marianos, la Concepción Inmaculada y la
gloriosa Asunción. Por esta razón encargó al artista que un ángel a cada lado
llevara una cartela donde se aludiera a estos misterios. El de la derecha
sostiene esta inscripción “Assumpta est Maria in coelum”. Que proclama
la Asunción. El ángel de la izquierda está manco porue le serraron el brazo y
arrancado la cartela que sostenía (Junto a los entusiastas que juraban defender
el dogma estaban los opositores). El hecho de que la imagen lleve la luna a sus
pies es simbólica referencia a su Concepción Inmaculada.
7.2
La Imagen de María en el Nacimiento y la
Adoración
El cuerpo central contiene dos altorelieves, el del
Nacimiento y el de la Adoración. En los altorelieves trabajaron el maestro Rodriguez,
Juan Gil, Antonio de Molina, Gil de Ronza y Domingo Vildaña. Los relieves sobre
la doble puerta marcan la verticalidad y el sentido ascendente hacia el cuerpo
superior.
7.3
La
Imagen de María en el Calvario
La portada del Perdón sufrió diversos contratiempos. los
trabajos se interrumpieron y se reiniciaron para completarla con los relieves
del Calvario a mediados del S. XVII. El
cuerpo superior representa el Calvario. El altorelieve es obra de Juan de Gante.
Las figuras son muy expresivas y naturalistas. Profusión de la decoración
propia ya del barroco. Las dos figuras de los apóstoles Pedro y Pablo flanquean
el Calvario.
- El trascoro
Los muros exteriores del coro están decorados al estilo
barroco. El trascoro frontal manifiesta una gran sutileza y exquisitez. Se
divide en tres cuerpos. El central es un altar con reja. Los laterales son
hornacinas con estatuas. En el centro se halla un arco y dentro del mismo dos
columnas que escoltan una hornacina donde se nos muestra una imagen de Nuestra
Señora con el Niño en sus brazos. Perteneció al Colegio de Niñas Huérfanas de
la Concepción, llego a la Catedral al ser destruido por una riada en 1626. La
imagen fue recogida junto al puente romano y llevada devotamente a la Catedral.
Se le conoce como “Madre de los pequeñuelos”.
- La cúpula
El crucero y su precioso remate de la cúpula es obra de
Alberto Churriguera. Los relieves de la cúpula constituyen una verdadera joya. En
la construcción del cimborrio de la Catedral Nueva intervinieron tanto Alberto
Churriguera como su hermano Joaquín Benito. En la decoración con los relieves
de la vida de la Virgen también intervino José de Larra cuñado de los hermanos
Churriguera. Joaquín Benito inició también la obra nueva del coro sobre la
estructura de Rodrigo Gil de Hontañon. A él se debe el diseño de la sillería
nueva.
El espléndido cimborrio tiene la función de elevarnos al
cielo. La Cruz es el camino que nos lleva hacia el cielo. En el corazón de la
Cruz trazada por la planta se eleva la mirada y el corazón hacia el misterio
sublime que nos abre a lo trascendente. En el cimborrio se proclaman los misterios
principales de la vida de la Virgen, en un compendio de ocho escenas donde se
resume toda la mariología. Estos relieves preceden, como prefiguración de la misma,
a la iglesia triunfante (reflejada en las esculturas que en el primitivo
cimborrio jalonaban las ventanas). El conjunto estaba rematado por una bóveda
que culminaba la figura del Espíritu Santo.
- La imagen del retablo
del altar Mayor
Alberto Churriguera también se ocupa del monumental retablo
para la capilla mayor. Este hubo que desmontarse debido a las duras críticas y
controversias con el Cabildo. Tan solo quedan las ocho estatuas que representan
a los santos Padres de las iglesias latina y griega, junto con los ángeles y la
estatua de la Religión.
La estructura centralizada del tabernáculo se alzaba en el
epicentro de la cabecera, utilizando el espacio del entorno como escenografía
en la que potenciar el efecto total. Los Santos Padres de la Iglesia de Oriente
y de Occidente alababan con su doctrina el Santísimo Sacramento. El misterio de
la Asunción al que estaba dedicado la Catedral servía de remate en la que
brilla esclarecida la Religión Católica a la que se someten todos los poderes
de este mundo. (aparece con la corona imperial, tiara y cetro).
El centro es ocupado por la imagen de la Asunción de Nuestra
Señora. La Virgen se presenta suspendida en el aire en una estatua realizada
por Esteban de Rueda, rodeada de cuatro ángeles en actitud de ascender. Por
encima de la cabeza de Nuestra Señora dos ángeles portan una corona.
En cuanto a la imagen que preside el altar mayor "En
esta imagen vemos a la Virgen vestida de color rojo, que representa su ámbito
terrenal, y revestida de un manto azul, de su parte celestial, por tanto,
digamos que la parte más divina reviste a la parte más humana de la
Virgen", detalla este historiador del Arte Camón Aznar. “Esta
capilla mayor presenta un bello aspecto de gran emoción y sencillez”. Asimismo,
apunta la moda propia de las vestimentas femeninas en el siglo XVII y
posteriores, con una especie de greca en la parte inferior.
La Virgen está rodeada de seis ángeles, aunque según remarca Raúl
Benito, "probablemente hubiera otros dos que completan este
conjunto". Según describe, la talla tiene bastante hieratismo, "la
Virgen está siendo asunta a los cielos y son los ángeles los que reflejan el
movimiento".
Ella se encuentra con bastante hieratismo, "con
muy poco movimiento, y las manos separadas", y su rostro señala
que la Virgen se encuentra en una etapa avanzada de la edad, "no
es anciana, pero sí que aparece una belleza femenina bastante madura, no es una
niña pequeña como suele ser en otras representaciones".
Acompañando a ambos lados del tabernáculo se encuentran las
urnas de plata con los restos de San Juan de Sahagún (patrono de la ciudad) y
Tomás de Villanueva.
Otra de las representaciones que aparecen en la
Catedral de Salamanca del misterio de la Asunción está en la penúltima
tabla del retablo de la Catedral vieja, del siglo XV, pintada por los
hermanos Delli. "Se trata de una novedad iconográfica,
en la que la Virgen le está dejando el cinturón a santo Tomás, quien también
dudó de la resurrección de Cristo, y dijo a sus compañeros apóstoles que tenía
que meter la mano en la herida del costado para creerse que era Jesús", detalla Benito.
Santo Tomás tampoco estuvo presente en el momento en el que los apóstoles
vieron como la Virgen fue asunta a los cielos, "y dudó de ese
momento, por tanto, la Virgen le baja del cielo el cinturón, para que vea que
ha sido asunta a los cielos".
Este gesto de María se repite por
diferentes artistas, y así se refleja en uno de los retablos que se conservan
las salas Capitulares de la Catedral, "en el que aparece de nuevo
ese mismo detalle iconográfico, y se ve como la Virgen le da el cinturón a
santo Tomás".
Restauración de la imagen de la Inmaculada
Esta talla, que representa la Concepción Inmaculada de la
Virgen María, es obra de un escultor, anónimo del siglo XVII, seguidor de
Gregorio Fernández puesto que responde formalmente a las características de la
iconografía impuesta por él.
La Virgen se presenta en su tierna juventud, con el rostro
sereno, la mirada elevada y las manos en posición orante con los pulgares
cruzados. Pelo tendido y colocado en mechones por la espalda y los hombros.
Viste túnica blanca y manto azul ricamente guarnecidos de motivos florales y
pedrería. Cada uno de los medallones que orlan el manto presentan una tipología
de decoración diferente, mostrando así un parangón con los vestidos de moda en
las damas ricas de la corte de la época en que se talla la imagen. Todo el
conjunto textil está marcado por unos amplios y acartonados pliegues (detalle
este, muy propio y repetido en las imágenes del mencionado escultor gallego).
Entre esos pliegues geométricos, destaca el gran nudo de la parte posterior de
la imagen, que recoge el vuelo del manto, un recurso muy característico y
extendido en la escultura barroca mariana.
La Virgen está de pie sobre tres cabezas de querubines
alados y una media luna, iconografía basada en el pasaje del Apocalipsis de San
Juan: “Una mujer vestida de Sol, la luna por pedestal, coronada por doce
estrellas”.
La iconografía presenta el Misterio de que María es
concebida sin mancha de Pecado Original. Presenta formas y ropajes de adulta,
pero rostro de niña, enfatizando así su pureza y virginalidad.
No será hasta 1854 que la Iglesia proclame como dogma la
Concepción Inmaculada de Nuestra Señora, pero vemos cómo diferentes autores
varios siglos antes, están dando respuesta formal a una idea que los fieles
mantenían devocionalmente.
El retablo del trascoro
La traza del trascoro se debe a Alberto Churriguera. En el
frontis central por el que se accede a la Catedral está el retablo que contiene
la figura de la Virgen y también las figuras de Santa Ana y Juan el Bautista. La
talla de la Virgen procede de la denominada Casa de niños huérfanos de ahí su
advocación de Madre de los pequeñitos. Las tallas de Santa Ana enseñando a leer
a la Virgen y lde San Juan Bautista son atribuidas a Juan de Juni. La escenografía
recoge las tres hornacinas y las figuras de los apóstoles Pedro y Pablo y la
gloria de los querubines sirviendo de base a la coronación del Espíritu Santo.
Una rica peineta con resplandores y rayos rodea al Padre eterno bendiciendo.
- Las imágenes en el
traspeto de la Catedral
11.1
La imagen de nuestra Señora de la Soledad
La Imagen de Ntra Sra de la Soledad es conocida también como
Virgen de los devotos zapateros. Su nombre se debe a que los devotos, la
mayoría zapateros, la trasladaron desde la capilla de la desaparecida parroquia
de San Román en solemne procesión a la Catedral. A ella se dedicó la Hermandad
de la Soledad y desde entonces paso a formar parte en la procesión del Santo
Entierro. El culto a la Virgen de la Soledad iniciado por los zapateros en el
S. XVII florece a principios del S. XX bajo el apoyo del obispo P. Cámara. La
antigua imagen muy deteriorada se sustituyó por otra obra de Benlliure. Desde
1966 la imagen luce un latgo manto de terciopelo negro bordado en plata por las
RR. Adoratrices.
"Cierto que supuesto que este misterio de la Soledad
de la Virgen parece que quiere decir cosa de viudez, que si se pudiese vestir
como viuda, de la manera que yo ando, que me holgaría porque tuviese yo parte
en esto, y pudiese servir a Nuestra Señora con un vestido y tocas como estas
mías" Doña María de la Cueva y Álvarez de Toledo
Es una imagen de vestir, realizada en 1941 por el valenciano
Mariano Benlliure. Representa la Soledad de una madre, cuando su hijo ha
muerto. Se trata de una Virgen joven, con cara de inmensa tristeza, llorando.
Sus lágrimas son brillantes que donó uno de los cofrades en el año 1960. La
miras y ves una mujer de hoy, no es la típica Virgen que estamos acostumbrados
a ver. A pesar de su corta historia, en Salamanca se tiene mucha devoción a la
Soledad, posiblemente porque vemos una virgen muy cercana.
Su traje es negro, bordado en plata, más tarde se compraría
el manto con el que sale en la procesión, con las mismas características que el
traje.
Parece ser que la primera imagen que realizó Benlliure no
gustó mucho a los cofrades por la dureza de sus facciones y le pidieron que
hiciera otra mejor. Ésta sí gustó, tanto, que le nombraron hermano honorífico
de la cofradía. El treinta de marzo de 1985 robaron todo el ajuar de la Virgen,
incluyendo la corona. Aunque se ha ido rehaciendo con numerosas donaciones,
lamentablemente no se ha recuperado el ajuar original.
Sale en procesión el Viernes Santo a las doce de la noche.
Es portada en andas, bajo palio de ocho varales, los laterales son de plata
repujada.
Varias veces al año cambia el traje. El sábado de gloria,
cambia el negro bordado en plata, por uno blanco, representando la alegría de
la Virgen porque su hijo ha resucitado. Llama mucho la atención, ya que parece
una novia colocada en el retablo. Puedes verla así vestida pinchando aquí y aquí.
Durante el mes de noviembre, que es el mes de los difuntos
suele estar vestida de negro. En otros momentos lleva un manto en
tonos azules, o un velo blanco... En Cuaresma también puede estar vestida de
hebrea.
Hoy nos parece natural verlas así vestidas, de luto, sin
embargo, muchos no saben que la tradición se inicia a mediados del siglo XVI,
cuando doña María de las Cuevas, condesa viuda de Ureña, dona uno de sus trajes
de luto para vestir la imagen de la Soledad que había realizado Gaspar
Becerra.
11.2
La
imagen de la Piedad de Carmona
La capilla del Santísimo Sacramento guarda la imagen de la piedad
obra de Salvador Carmona. Lo que fue un lugar prácticamente abandonado utizado como
trastero pasó a ser uno de los espacios más venerado y privilegiado de la
Catedral. Esta capilla fue fundada por el racionero don Juan Manuel García
Serrano. El maestro de obras Sagarbinaga utilizando elementos procedentes del
desmonte del tabernáculo de Churriguera compuso un retablo de tipo clasicista. Dispuso
sobre el altar dos plintos donde apean sendas columnas que sujetan un
entablamento clásico sobre el que se eleva un frontón singular. Sobre las
columnas ubica dos ángeles niños con las Arma Christi y el Padre Eterno.
Sobre los muros laterales de la capilla aparecen dos lienzos
imitando texturas de un tapiz. Ambos reflejan dos instantes de la Pasión: el
Juicio ante Pilato (firmados por M. de la Fuente), y la llegada al Calvario
firmado por José Echenagusia Errazquín.
La piedad de Luis Salvador Carmona es una escultura tipo
miguelangelesca de noble factura, de patetismo reposado y severo. La riqueza
expresiva y serena del rostro de la madre, unida ala belleza del cuerpo inerte
del Redentor hacen de la escultura una joya del arte del S. XVIII.
A la entrada se le puso una reja con la inscripción tomada
del libro de la Lamentaciones: “O vos omnes qui transistis per viam
attendite el videte si est dolor similis sicut dolor meus”.
- El cuadro de la
aparición del Resucitado a María
La Capilla de la Madre de Dios contiene un rico patrimonio
iconográfico mariano.El cuadro obra de Navarrete, apodado “El mudo” se
encuentra en la Capilla dedicada a la Madre de Dios. Conocida como del “Santo
Sudario” o del Presidente (de la Gran Cancillería). Esta capilla está dirigida
a la Madre de Dios. Aparece una imposta: “Ave Sanctissima Maria, mater Dei:
Regina Coeli, Porta paradipsi, domina mundi. Tu singularis puraes virgo. Tu
concepta sine peccato”. Dos lienzos adornan el altar.
El inferior representa el Santo Entierro del cuerpo muerto
de Cristo. Es un retablo copia del original pintado por Tiziano que se conserva
en el museo del Prado, aunque procede de la iglesia vieja de El Escorial. Esta
composición tizianesca alcanzó un notable éxito en la pintura española. Quizás el
copista de esta obra fuera Juan Fernandez Navarrtete, denominado “el mudo” a
quien se atribuye igualmente el cuadro superior del retablo.
El cuadro superior representa a Cristo Resucitado,
acompañado de Adán y Eva, dando el gozo a su Madre Santísima. Es curioso que
este pasaje no tiene fundamento bíblico pues no se recoge en ninguno de los
evangelios pero sin duda quedo en la memoria de los primeros cristianos y
guardado y venerado en la Tradicción.
La capilla contiene la graciosa estatua de la Madre de Dios
obra de la Roldana. Es una bella imagen sedente de la Virgen con el Niño.
Conclusión:
La iconografía mariana de la Catedral es toda una peregrinación.
Itinerario espiritual que nos lleva a Jesús y con él al Padre.
María figura de la Iglesia: Lo que se dice de María
se dice de la Iglesia y de cada uno de los creyentes. El concilio Vaticano II, después
de haber proclamado a María «miembro muy eminente», «prototipo» y «modelo» de
la Iglesia, afirma: «La Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, la
honra como a madre amantísima con sentimientos de piedad filial»
Madre de la Iglesia y Madre nuestra. María ejerce su
maternidad con respecto a la comunidad de creyentes no sólo orando para obtener
a la Iglesia los dones del Espíritu Santo, necesarios para su formación y su
futuro, sino también educando a los discípulos del Señor en la comunión
constante con Dios.
Puerta de la Encarnación y de la salvación. En su
vientre el Hijo de Dios se hizo carne, tomó semejanza humana. María primer
tabernáculo.
El tema de María nueva Eva, asociada a
Jesús, el nuevo Adán, en su obra salvadora, tema al que el Papa hace referencia
tres veces a lo largo de su gran documento mariano. Si junto al primer Adán
existió una figura de mujer, Eva, que cooperó en la obra de nuestra ruina en
cuanto que, tras un diálogo con el demonio, su desobediencia trajo ruina y
muerte al mundo, existe una figura señera de mujer que, en la plenitud de los
tiempos, dialogó con el ángel Gabriel, y obedeciendo a Dios trajo al mundo al
Salvador y, con Él, la salvación.
Comparando a la primera con la
Asociada al misterio Pascual. En el Calvario María,
uniéndose al sacrificio de su Hijo, ofrece a la obra de la salvación su
contribución materna, que asume la forma de un parto doloroso, el parto de la
nueva humanidad.
Al dirigirse a María con las palabras «Mujer, ahí tienes a
tu hijo», el Crucificado proclama su maternidad no sólo con respecto al apóstol
Juan, sino también con respecto a todo discípulo. El mismo Evangelista,
afirmando que Jesús debía morir «para reunir en uno a los hijos de Dios que
estaban dispersos» (Jn 11,52), indica en el nacimiento de la Iglesia el fruto
del sacrificio redentor, al que María está maternalmente asociada. María es
madre de la humanidad en el orden de la gracia. El concilio Vaticano II destaca
este papel de María, vinculándolo a su cooperación en la redención de Cristo.
Asociada al misterio eucarístico. María mujer
eucarística. Mirándola a ella conocemos la fuerza trasformadora que tiene la Eucaristía.
María intercesora. «Con su amor de madre cuida de los
hermanos de su Hijo que todavía peregrinan y viven entre angustias y peligros
hasta que lleguen a la patria feliz. Por eso la s Los cristianos
invocan a María como «Auxiliadora», reconociendo su amor materno, que ve las
necesidades de sus hijos y está dispuesto a intervenir en su ayuda, sobre todo
cuando está en juego la salvación eterna.
La convicción de que María está cerca de cuantos sufren o se
hallan en situaciones de peligro grave, ha llevado a los fieles a invocarla
como «Socorro». La misma confiada certeza se expresa en la más antigua oración
mariana con las palabras: «Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no
deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien,
líbranos siempre de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita»
La Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los
títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora» (Lumen gentium, 62).
Estos apelativos, sugeridos por la fe del pueblo cristiano,
ayudan a comprender mejor la naturaleza de la intervención de la Madre del
Señor en la vida de la Iglesia y de cada uno de los fieles.
El título de «Abogada» se remonta a san Ireneo. Tratando de
la desobediencia de Eva y de la obediencia de María, afirma que en el momento
de la Anunciación «la Virgen María se convierte en Abogada» de Eva.
María icono de la contemplación cristiana. Fijar
los ojos en el rostro de Cristo, descubrir su misterio en el camino ordinario y
doloroso de su humanidad, hasta percibir su fulgor divino manifestado
definitivamente en el Resucitado glorificado a la derecha del Padre, es la
tarea de todos los discípulos de Cristo; por lo tanto, es también la nuestra.
Contemplando este rostro nos disponemos a acoger el misterio de la vida
trinitaria, para experimentar de nuevo el amor del Padre y gozar de la alegría
del Espíritu Santo. Se realiza así también en nosotros la palabra de san Pablo:
«Reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en
esa misma imagen cada vez más: así es como actúa el Señor, que es Espíritu» (2
Co 3, 18).
María modelo de contemplación. La
contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable. El
rostro del Hijo le pertenece de un modo especial. Ha sido en su vientre donde
se ha formado, tomando también de Ella una semejanza humana que evoca una
intimidad espiritual ciertamente más grande aún. Nadie se ha dedicado con la
asiduidad de María a la contemplación del rostro de Cristo.
Los misterios del rosario. Recitar el Rosario, en efecto,
es en realidad contemplar con María el rostro de Cristo. Los
misterios de Cristo contemplados con la Madre.
Los ojos de su corazón se concentran de algún modo en Él ya
en la Anunciación, cuando lo concibe por obra del Espíritu Santo; en los meses
sucesivos empieza a sentir su presencia y a imaginar sus rasgos. Cuando por fin
lo da a luz en Belén, sus ojos se vuelven también tiernamente sobre el rostro
del Hijo, cuando lo «envolvió en pañales y le acostó en un pesebre» (Lc 2,
7).
Desde entonces su mirada, siempre llena de adoración y
asombro, no se apartará jamás de Él. Será a veces una mirada
interrogadora, como en el episodio de su extravío en el templo: « Hijo,
¿por qué nos has hecho esto? » (Lc 2, 48); será en todo caso una
mirada penetrante, capaz de leer en lo íntimo de Jesús, hasta percibir sus
sentimientos escondidos y presentir sus decisiones, como en Caná (cf. Jn 2,
5); otras veces será una mirada dolorida, sobre todo bajo la cruz,
donde todavía será, en cierto sentido, la mirada de la 'parturienta', ya que
María no se limitará a compartir la pasión y la muerte del Unigénito, sino que
acogerá al nuevo hijo en el discípulo predilecto confiado a Ella (cf. Jn 19,
26-27); en la mañana de Pascua será una mirada radiante por la
alegría de la resurrección y, por fin, una mirada ardorosa por
la efusión del Espíritu en el día de Pentecostés (cf. Hch 1,
14).
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