ORAR CON LOS SALMOS
SAL 1: ESCUCHAME
Dichoso el
hombre que se acoge a él. Aunque crezcan sus años seguirá dando fruto.
Aunque pase por tramos oscuros tengo a donde acudir. Aunque en tramos de la vida se oscurezca el camino, tus palabras son como lámpara en el sendero. Cuando me siento confuso y turbado solo tú puedes dar sosiego a mi corazón y luz a mis pasos.
Tu Señor el médico y la medicina. Del árbol de la vida (la cruz) pende también mi medicina (tu corazón traspasado). Te doy gracias, Señor por escucharnos y ofrecernos tu salvación. Sáname, cúrame, purifícame, confórtame.
Del árbol de la vida (manzano) levantado en el Monte Santo nos viene el torrente de gracia. De tu corazón traspasado brota la fuente de la vida. Limpia con tu Sangre mi corazón manchado, sana mi corazón herido. Una sola gota bastará para quitar todos los pecados del mundo.
Alma de Cristo,
santifícame; Cuerpo de Cristo sálvame; sangre de Cristo embriágame; agua del
costado de Cristo lávame; pasión de Cristo confórtame: dentro de tus llagas
escóndeme y no permitas que me separe de tí.
SAL 2:
HABLAME
Tu eres mi
Hijo, pídeme y reinarás conmigo
El Dios ha hablado desde el cielo ante su Hijo entronizado en la Cruz. (entronizado y levantado en tu Monte Santo.) El que reía en los cielos se sonríe frente a los que traman su fracaso. Cuando sea levantado atraeré a todos hacia mí.
En mi fragmentada existencia, hundido ante mi propia miseria y mi fracaso, cuando mis enemigos se burlan de mí, oigo tus palabras. No temas eres mi Hijo. Esa palabra tuya basta para sanarme, levantarme de la postración, de la humillación. Quiero Señor abrirte mi corazón para que entres hasta las poquedades y profundidades de mi alma. Tu mirada disipa mis temores, me levanta y llena de vigor.
De nuevo te engendro hoy. El amor hace nuevas todas las cosas. Me engendraste y diste a luz en la Cruz. Tu vida me dio la vida y hoy me la renuevas. Quiero sentirme hijo, reconocer que me das cada día tu vida y amor y me lo renuevas a cada instante. Con amor eterno te he amado y he reservado gracia para tí.
Gracias mi Señor por tu fidelidad y tu amor providente que me sostiene cada día y en cada tramo de mi existencia. Que no me quede hundido en mi fracaso sino que levante mis manos y mi corazón hacia tí. Renuévame, recréame, crea en mi un corazón puro y un espíritu firme.
SAL 3: MIRAME
A ti grito Señor, levántame, Señor de ti viene la salvación… el me escucha desde su monte santo
Tú mi Dios, mi rey y salvador, mi escudo, mi refugio, mi protector. No es la espada ni el arco quien nos da la victoria sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu rostro. Tengo delante de mi la deshonra y la vergüenza me cubre la cara. (mira que soy morena) Me siento desfallecer y mi aliento se hunde en el polvo. No me escondas tu rostro. Levántame de mi postración.
Reconozco mi pecado, soy un miserable, pobre, ciego y desnudo. Señor que vea, que te vea, no me escondas tu rostro. Cubre con tu mano mi desnudez y cura mi ceguera, unta mis ojos con tu colirio y derrama como ungüento suave tu misericordia. San Juan de la Cruz dice “¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado!” como el toque del Verbo que soplando su espíritu nos da su misma forma y figura. Cuando tú me mirabas tu gracia en mí tus ojos imprimían.
Cuando uno
grita al Señor él lo escucha. Aunque uno sufra muchos males, de todos los libra
el Señor. Rompiste la tiniebla al despertar la aurora y derramaste tu
bendición. Me miraste y mantienes en alto mi cabeza.
SAL 4: CONFORTAME
Tú mi Dios y
defensor, en el aprieto me diste anchura. Nos alimentas con flor de harina. Has
puesto en mi corazón más alegría que si abundara en trigo y en vino.
Cuando atardece y la noche se echa encima, cuando la vida parece acercarse al ocaso, cuando aprieta el cansancio y nuestra alma parece desfallecer, cuando nuestros ojos se cierran envueltos en tinieblas en la oscuridad de la noche, sales como peregrino a nuestro encuentro compadecido de nuestra debilidad. Ábreme y déjame entrar.
Gracias por no dejarnos huérfanos, por no dejarnos hundir en la incredulidad, en nuestro pecado. Tu amor es más grande que nuestra incredulidad y pecado. Nos cuesta que nos mires y que veas nuestra desnudez y nos pides, no te cierres, abre tu corazón deja que entre a sanar tu incredulidad.
Tu me dices no temas presentarte tal cual eres. A penas una rendija me basta para entrar, una gotita de fe. Deja que te muestre lo que vales para mí. Yo he saldado tu deuda, vales el precio de mi sangre. Esta es la medicina capaz de curar y confortar tu alma herida. Siéntate a mi mesa y comparte conmigo el pan. Tomad y comed y sacareis aguas con gozo de la fuente de la salvación.
Gracias por compartir nuestra mesa humilde por darnos a comer tu cuerpo y a beber tu sangre, por tu presentarte cercano, amigo compañero de camino. Que tu presencia vaya alejando la oscuridad que pesa sobre el alma.
SAL 5: ENTRAR EN TU PRESENCIA
Por la mañana a ti te suplico, expongo mi causa y me quedo aguardando. Por tu gran bondad entraré en tu casa con toda reverencia y me postraré ante tu presencia, Señor alláname el camino y guíame hacia ti.
Mi alma ansía contemplarte y permanecer en tu presencia, ansía tu mirada. Tu que habitas en lo alto te has dignado bajar hasta mi para hacer tu morada en nosotros. Quiero que mi primer aliento sea de agradecimiento: ¿Qué es hombre para que te acuerdes de él?
Soy como un ciego que va por la vida sin ver, sin verte, sin contemplarte, sin reconocerte. Están mis ojos cansados de ver tanta luz y no poder ver. Mis ojos mis pobres ojos los hiciste para verte y están cansados de llorar. Cambia mi ausencia en presencia, tu sola presencia nos basta.
Nos cuesta el
permanecer en silencio, aguardando. Permanecer en la adoración y contemplación
amorosa. Es a través del amor y la adoración que entramos en esta presencia que
nos habita y nos abraza. Por tu gran bondad protégeme, defiéndeme y guíame.
Muéstrame el camino y alláname el camino que he de seguir, para que no ande
solo y extraviado, sino que dirija mis pasos hacia tí.
SAL 6: VUELVETE NO ME ESCONDAS TU ROSTRO
Misericordia
Señor que desfallezco… estoy agotado de gemir y de noche lloro sobre el lecho…
vuélvete, sálvame...que estoy abatido y avergonzado. El Señor ha escuchado mi
súplica.
Estoy agotado de gemir, de noche lloro en el lecho. Mis ojos envejecen por tantas contradicciones. Sufro en la oscuridad de la noche porque me he portado mal contigo, escudriñé el mal, me olvidé de ti y me oculté de tu presencia.
Me siento como Pedro en lo hondo del abismo., no puedo encajar mi desplante, cómo pude apartarme de ti, darte la espalda y obrar como si no existieras. Me fui alejando de ti hasta quedarme fuera mientras tú me esperabas dentro. Busque consuelo e hice la maldad que aborreces.
Desde lo hondo
clamé vuélvete, sálvame por tu misericordia. Cura Señor mis huesos dislocados
que desfallezco y estoy agotado de gemir. El Señor ha escuchado mi oración y no
me abandonó en las sombras de la muerte. Quién como tú Señor, Dios nuestro, que
elevado en tu trono glorioso te abajaste para mirar la tierra, para salvar mi
alma de la muerte.
SAL 7: A TI ME ACOJO
Señor, Dios mío, a ti me acojo, líbrame de los que me asedian y sálvame. Levántate, álzate, acude a defenderme porque tú eres un Juez justo y misericordioso.
Reconozco Señor mi impiedad, nadie es inocente frente a ti. Caiga en manos del señor y no en la de los hombres que respiran violencia. Señor desde mi postración acudo a ti porque se que eres un juez justo y misericordioso. Lento a la cólera y rico en piedad.
Tú te inclinas ante mi miseria ante mi situación radical de indignidad y pobreza. Levántame, álzame no me dejes sucumbir en la fosa preso de la desesperación. Te inclinas hacia mí. No me proteges desde fuera sino desde dentro, haciendo tuyo mi dolor.
No hay mal que por bien no venga. Tu permites situaciones que nos dejan vulnerables, al desnudo, completamente indefensos, para que desde lo hondo acudamos a ti y experimentemos tu salvación. Nos invitas a vivir abandonándonos en tu mirada. Saber encajar y padecer mi debilidad desde ti, contigo para ahondar no solo en la herida sino en tu inmenso amor. Anda, no te vivas postrada, incorpórate con el poder de mi Espíritu para pasar de la autoafirmación y la autosuficiencia a vivir bajo la dependencia amorosa.
No es preciso hurgar y desmenuzar la herida para sanarla de raíz. Me robaste el corazón con una sola de tus miradas. No retires de mi tus ojos pues son los que me enamoran. Tu nos ofreces tu mirada benevolente de amor y misericordia que nos haga más consciente de la herida más profunda de mi corazón desgarrado. Solo tu presencia puede sanarlo y restaurarlo. La dificultad esta llamada a convertirse en oportunidad. Superada una crisis podemos descubrir de modo más profundo el verdadero rostro de Dios.
SAL
8: ABRAZAME
Qué admirable es tu amor por el hombre. Ensalzaste tu majestad al crearnos y mucho más al redimirnos y santificarnos. Tú el Creador te abajaste y te sometiste a tu pequeña creatura, y la coronaste de gloria y dignidad. Por eso has sacado de la boca de los pequeños un canto de alabanza.
Qué admirable tu inmenso amor por el hombre para que mereciera ser rescatado con el precio de tu sangre. Somos obra de tus manos, hechura tuya somos. Por nosotros te hiciste hombre y asumiste nuestra humanidad para hacernos partícipes de tu divinidad. Dios se ha hecho hombre para que el hombre pueda llegar a ser Dios, Dios se ha hecho portador de la carne para que el hombre pueda llegar a ser portador del espíritu.
Tu, cuidas de nosotros, cubres nuestra desnudez y nos revistes de gloria y dignidad. Entre todos los seres que has creado nos diste tu aliento y derramaste tu amor para hacer en nosotros resplandecer tu imagen. Ver a Dios hecho creatura, hecho mortal, ver en tan humilde portal tan celestial hermosura.
Se de mi
pequeñez y tu grandeza. No solo llevo tu huella y tu firma tatuada en mi carne
sino tu presencia haciéndome capaz de conocerte, reconocerte amarte y alabarte
con todo el coro de tu creación. Has sacado de los niños de pecho un canto de
alabanza. En ese átomo de polvo que somos has hecho resplandecer tu obra
maravillosa. Mas grandiosas que las estrellas del cielo brillando en la noche y
la puesta de sol en el mar son tus caricias. Quiero alabarte y sentir tu
presencia que me rodea y me abraza en todo y a través de todo.
SAL 9: LEVÁNTATE SEÑOR Y DATE PRISA EN SOCORRERME
Libérame
Señor que me oprimen. Tu escuchaste mi voz y defendiste mi causa. Me levantaste
del umbral de la muerte.
El que pasó por la tierra bendiciendo y haciendo el bien, Jesús, fue condenado injustamente. Pagó como chivo expiatorio cargando sobre sí el pecado de todos. Jesús permaneció callado ante las acusaciones. ¿a quién queréis que ponga en libertad? ¿Qué queréis que haga con Jesús? Todos se confabularon para poner en libertad al culpable y acabar con el inocente.
Y nosotros ¿de qué lado nos ponemos? Tan malo es matar como dejar morir. Es fácil sumarnos a la fila de los malhechores. Es fácil lavarnos las manos y no implicarnos ¿Quién saldrá en defensa del inocente, del pobre, del afligido?
Asistimos a una cultura de muerte. Crece la maldad como un espiral que se propaga por toda la tierra. La soberbia del impío oprime al pobre. El malvado y arrogante se gloría de la ambición. El codicioso blasfema y desprecia al Señor. Su boca está llena de maldiciones, de engaños y de fraudes. Su lengua encubre la maldad y la opresión.
El mal se empieza a combatir desde dentro. Siento en mí la marea de las pasiones que me oprimen y a ti acudo pidiendo auxilio. Señor libérame que me oprimen. Libérame de la ambición, de la envidia, del ansia de poder. Libérame de la esclavitud de mis impulsos y la temeridad de mis juicios. Aparta de mí el deseo de dominar, de imponerme sobre los otros, buscando mi prestigio y salvaguardar la imagen.
Tú nos muestras
que el mal no tiene la última palabra, que se vence el mal con el bien. Los
enemigos acabarán en su propia ruina. Los detractores quedarán hundidos en la
fosa que hicieron en la red y la trampa que tendieron. No permitirás que el
malvado triunfe. Se enredó el malvado en sus propias acciones mientras que el
que confía en Señor no quedará defraudado.
SAL 10:
LOS QUE ACTUAN CON BONDAD VERÁN MI ROSTRO
Tu Señor no desatiendes los deseos de los humildes, tú ves sus penas y sus trabajos, escuchas su lamento, les prestas oído y los animas y defiendes de sus enemigos.
¿Qué es el hombre cuando se olvida de Dios? Quedamos presos de nuestros instintos más bajos y nos comportamos peor que los animales. Quedamos ciegos por la maldad. El hombre en su presunción cae en la soberbia y la prepotencia. Dice para sí: No hay Dios que me pida cuentas. Se gloría en sí mismo, en su ambición. Desprecia a Dios y desprecia al prójimo y con violencia actúa frente al pobre e indefenso.
Llenos de arrogancia nos creemos dioses y señores de la tierra para hacer nuestro antojo. la boca respira maldición y el corazón trama el engaño. Piensa que Dios no lo ve que se tapa la cara para no enterarse. Pero Dios que está por encima de todo y de todos, ve la pena y aflicción del pobre desprotegido. Sale a socorrer al hombre, a defender al huérfano y afligido. Mejor es fiarse de Dios que caer en manos de los malvados. Aunque nos veamos rodeados de maldad y nos envuelvan las redes de la muerte. Dios nos anima a perseverar en medio de la lucha a no bajar los brazos diciendo nada puede cambiar.
SAL 11:
DEJAME VER TU ROSTRO
El
Señor reclinado en su trono, sus ojos están observando, sus pupilas examinan a
los hombres.
Cuando fallan los cimientos del hombre ¿A quién acudiremos? Tu como rey pacífico permaneces reclinado en tu trono de misericordia (encumbrado en la cruz) prodigando paz a los que a ti se acogen.
Los buenos verán tu rostro. Tus ojos permanecen abiertos a los más pobres e indefensos. Tus pupilas remanso de paz, como palomas entre balsameras. Mientras los malvados tensan el arco y ajustan la saeta a la cuerda, tu Señor permaneces firme a nuestro lado.
Déjame ver tu
rostro y descansar bajo tu mirada. Tu mirada es dulce y encantador tu rostro.
Te veo a mi lado escuchando el gemido del pobre, con tus brazos extendidos,
tendiendo la mano al indigente.
SAL 12:
NO APARTES DE MI TU MIRADA
Fija tu
mirada en Cristo, el amor fiel y verdadero. Tu nos guiarás con palabras de
verdad. Nos guardaras y librarás del engaño, nos librarás de los malvados que
merodean para chupar como sanguijuelas sangre humana.
Cuantas palabras falsas y promesas incumplidas. En el mundo de hoy el hombre se debate en el juego del engaño. Hablan con labios mentirosos y parece que se hubiera perdido, la cordura, la sensatez, la sinceridad, la lealtad. Se rompen los compromisos y se intenta comprar aliados levantando bandos y reyertas. Se dan palabras que amenazan, palabras que seducen y engañan.
También nosotros nos preguntamos ¿En quién confiar y depositar nuestra esperanza? Fija tu mirada en Cristo, el amor fiel y verdadero. Tu Señor eres el Dios fiel que cumple sus promesas. Solo tú tienes palabras de verdad, palabras de vida.
Las palabras del Señor son auténticas como la plata refinada limpia de ganga. En tu boca no hay falsedad ni engaño. Sólo tu amor es más fuerte que todo y subsiste de edad en edad. Os daré palabras de sabiduría a las que no podrá hacer frente ningún adversario vuestro.
Tu palabra
reluce como la claridad del sol disipando las tinieblas del error. La verdad no
se impone a la fuerza sino por sí misma. Una verdad desarmada y desarmante. El
mundo está necesitado de la luz de tu verdad. Tu luz nos hace ver el resplandor
de tu verdad y el señorío de tu amor.
SAL 13:
ATRAENOS SEÑOR Y CORREREMOS
No escondas
tu rostro que desfallezco. Da luz a mis ojos. Yo confío en tu misericordia.
Podrías ejercer tu dominio y poderío imponiéndote a la fuerza. Con un bramido hacernos desaparecer. Pero quisiste atraeros con cuerdas humanas para que volviéramos hacia ti. La paciencia de Dios es nuestra salvación. No te cansas de esperarnos. Es la atracción y no la imposición la que mueve y arrastra nuestro corazón. Da la luz de la fe a nuestros ojos ciegos y aviva la llama de tu amor.
Con palabras y gestos de amor nos seduces y nos enamoras. Haz que sepa descubrir en la espera de la noche la luz de tu resurrección. No desistamos en la espera mantengamos nuestro corazón vigilante. ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro? Haz que sepa adivinar entre las sombras tu luz. Confortadnos, reanímanos que estamos sedientos de amor. Danos caer en la cuenta de que tú, vencedor de la muerte, estas esperándonos en la otra orilla.
Dios, que desea movernos hacia él, parece esconder su rostro haciéndonos sentir su lejanía pero es para despertar la búsqueda de nuestro corazón y atraernos hacia él. Tus ojos como lámparas se apagaron dando paso a la oscuridad de la noche. La noche del sentido para despertar nuestro corazón. El Padre escondió su rostro y dejó a su Hijo dormir en la muerte pero mostró su rostro dando luz a los ojos de Cristo, alegrando nuestro corazón con la resurrección.
SAL 14:
ESPERA EN EL SEÑOR QUE VIENE
El Señor mira desde el cielo a los hijos de Adán. Ojalá venga desde Sión a salvar a su pueblo.
La tierra está henchida de maldad. Será tanta la maldad que muchos perderán la fe y dejarán enfriar el amor, pero el que se mantenga firme verá la salvación de Dios. No dudes en su venida no digas ¿cuándo cambiará nuestra suerte? ¡ojalá venga! porque está ya en medio de vosotros pero no le reconocéis.
Ante la increencia, el abandono de Dios y la proliferación de la maldad no te dejes arrastrar por la desesperación. Confía en Dios y volverás a alabarlo. Dios no ha abandonado a su pueblo ni dejado a merced de los malvados. Persevera, mantente firme y verás la salvación de Dios.
El cambiará la
suerte y el destino de los que ahora viven afligidos. El cambiará el luto en
danza y la tristeza en regocijo. El que busque a Dios con sinceridad verá el
rostro de su Dios. El Señor ha visitado a su pueblo abrid vuestro corazón y el
nos traerá la paz.
SAL 15:
LLEVANOS SEÑOR CONTIGO
¿Quién puede
entrar y habitar en tu morada, en tu monte santo? El que procede con justicia y
no hace mal con su prójimo.
¿A dónde te escondiste amado? No se puede pretender estar cerca de Dios cuando nos alejamos del hermano que tenemos al lado. Tan cerca andamos de Dios como de cerca estamos de los hermanos. Si me buscas allí me encontrarás.
Mi delicia es estar con los hijos de los hombres y tengo muchas ovejas extraviadas que vagan sin rumbo y sin sentido. Tú sales en busca de los perdidos y extraviados. En este encargo, en esta misión de amor te daré a gustar mis amores.
No te envio como asalariado sino como pastor de mis ovejas sabiendo que yo voy contigo. Mi alma se ha empleado y todo mi caudal en su servicio y ya no guardo ganado, ni ya tengo otro oficio que ya solo en amar es mi ejercicio.
Tú me dices ¿Me amas? Si me amas apacienta. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por las ovejas. Allí descubrirás mi rostro malherido. Allí cuidarás de mis ovejas, saliendo a su encuentro, curando confortando las heridas. Cargando sobre ti las mas débiles y llevándolas a reposar a mis verdes pastos.
SAL 16:
SACIAME CON LA DULZURA DE TU ROSTRO
Protégeme,
Dios mío, que me refugio en ti.
Hoy celebramos las apariciones y mensajes de la Virgen de Fátima. La Virgen llamó a los tres pastorcitos a rezar el rosario y a hacer penitencia. El fruto de la oración es la adoración, la alabanza y el amor. La oración requiere el silencio. El fruto de la oración es la fe, la fe produce el amor, el amor genera servicio y culmina en la paz. Haced oración y rogad por la conversión de los pecadores, por los que no creen, no adoran, no aman. Rogad por la paz y unidad entre los pueblos.
María de la esperanza tierna y amorosa vuele a nosotros esos tus ojos misericordiosos y muéstranos a Jesús. María nos lleva siempre a Jesús. Ruega por tus hijos desterrados en este valle de lágrimas. Nos ponemos bajo tu amparo, bajo tu manto, entre tus manos nuestras penas y dolores, nuestros males y enfermedades para recibir de tu Hijo consuelo y alivio.
Que pueda
exclamar a boca llena me ha tocado un lote hermoso y me encanta tu amistad. Tú
me enseñarás el camino de la vida y me saciaré de gozo en tu presencia.
Enamórame, enséñame a deleitarme en tu Palabra y descansar en tu amor. Pongo mi
vida en tus manos y nadie me arrebatará de tus manos.
SAL 17:
A TU SOMBRA DESCANSARE Y ME SACIARE DE TU SEMBLANTE
A
tu sombra escóndeme y me saciare de tu semblante
Mi alegría es estar con vosotros. Venid y bebed del manantial que brota de mi corazón. Gustad del don de mi amistad, saboread de estar en mi presencia y saciaos de mis amores más dulces que el vino.
Cuando caigo y vuelvo a caer, vuelvo a tu presencia, remanso de paz. Tu me acoges una y otra vez con incansable piedad. Tu disipas mis temores y al despertar me sacio de ver tu semblante.
Muestra Señor a tu siervo las maravillas de tu amor y tu misericordia. Guárdame como a las niñas de tus ojos, a tu sombra escóndeme. Escucha mis gemidos y respóndeme. Escucha mi apelación. Atiende a mis clamores. Tú que sondeas el corazón y lo visitas aún cuando es de noche.
Tu mano Señor me protege y defiende de mis adversarios
que se levantan contra mí. Al despertar de la vida mis ojos te verán y me
saciaré de contemplar tu rostro. Con mis pobres ojos te veré y me saciaré de tu
amor y compañía.
SAL 18:
MI AMADO ES MIO Y YO SOY SUYA
Me libraste del abismo profundo, porque me amabas. Tu mi Dios y salvador, confiaré y no temeré. Te alabaré y te daré gracias por siempre.
Cuando me cercaban las olas y me alcanzaban los lazos de la muerte, tu atendiste mi súplica. Mis gritos llegaron hasta tus oídos y me atendiste. Atendiste mi suplica y me socorriste.
Te inclinaste desde el cielo y bajaste. Extendiste tu mano y tu diestra me sostuvo. Me agarraste con tu mano y me salvaste de las aguas caudalosas. Me sacaste a un lugar espacioso porque me amabas.
Por eso yo te amo y te doy las gracias. Te confieso como
mi salvador, mi escudo, mi refugio, mi poderoso defensor. En el aprieto me
diste anchura tu palabra es como lampara que ilumina la oscuridad.
Alumbraste mis tinieblas y las tinieblas no me sofocaron.
Me ceñiste de valor para la lucha. Por eso confiaré y no temeré. No hay Dios
como tú Tu el único Dios, no hay salvación fuera de ti.
SAL 19: TUS PALABRAS ALEGRAN EL CORAZON
Tu promulgas tu Palabra y a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.
Dios envió su Palabra a la tierra y su Palabra corre veloz. Una luz esplendente ilumina el orbe de la tierra. Envía una orden y los hielos se derriten sopla su aliento y los seres corren de alegría. Tu Palabra sale como esposo de su alcoba contenta cada día a recorrer su camino. Asoma por un extremo del cielo y so órbita llega al otro extremo para que a todos los seres llegue su resplandor y su calor. El firmamento pregona la obra de tus manos, el día al día le pasa tu mensaje, la noche a la noche se lo susurra.
Tus palabras y mandatos son más preciosos que el oro fino, más dulces que la miel de un panal que destila. Tu Palabra resplandece e ilumina nuestro camino. Da luz a nuestros ojos y fuego y calor al corazón. Tu Palabra nos descubre los designios que rigen el orbe. Tu ley es perfecta, tu voluntad pura. Dirige el orden de las estrellas y los corazones.
Como espero la salida del sol cada mañana, así aguardo tu
Palabra. Tu Palabra es firme y estable porque lo sustenta todo. Cielo y tierra
pasarán más tus palabras permanecerán. Su mensaje es claro: Dios es amor y rige
con amor y gobierna con amor toda la tierra. Hazme amar tus mandatos y acatar
tus preceptos. Tus palabras nos dan vida y alegran el corazón. Una sola de tus
miradas, una sola de tus palabras bastarán para sanarme.
SAL
20: DEJAME ESCUCHAR TU VOZ. QUE LLEGUE HASTA TI MI SUPLICA
Unos
confían en sus carros, otros en su caballería. Nosotros invocamos el nombre del
Señor.
Te aclamarán mis labios y mi boca proclamará tu alabanza. Hoy toda la Iglesia y tu con ella intercedes a la derecha del Padre. Hoy la Iglesia quiere proclamar tu alabanza para que llegue tu mensaje a toda la tierra. Proclama un canto de alabanza, un canto de victoria, tus grandezas, tus prodigios, tu bondad, la victoria de tu Resurrección.
Yo acudo a ti, con todos los que te invocan, sabiendo que tú escucharás la voz de los débiles, atribulados, afligidos pidiendo auxilio. Vengo a tu regazo con la infinita confianza que tú escuchas nuestra voz suplicante. ¿Qué Padre desatenderá la voz de sus hijos? La invocación de tu Nombre da fuerza a tu siervo, nos levanta de la postración y nos deja ver tus caricias.
No vence el poderoso por su gran ejército. Caballos y
carros no dan la victoria. El triunfo viene de tu poder y tu gracia. Peleamos y
luchamos en el Nombre del Señor. El pobre y humilde que invoca al Señor
pidiendo auxilio no quedará desatendido. Dichoso el que invoca al Señor y le
confía todos sus afanes. El que se gloría en el Señor verá la victoria de
nuestro Dios.
SAL
21: SOLO TU PUEDES DAR LO QUE ANSIA MI CORAZÓN
El
te concedió el deseo de tu corazón.
Comienzo mi oración este día y no quieres palabras vacías salidas de los labios, tan solo quieres mi corazón. Dame, hijo mío tu corazón. No puedo decir te quiero si mi corazón está lejos de ti. Vigila tu corazón porque es del corazón de donde brota el ser de la persona. Dame, hijo mío tu corazón para que sea yo el destinatario de tu deseo. Toma mi corazón y habítalo, unifícalo porque solo viviendo de tu amor podré amar con un amor puro y verdadero. Solo el hombre de corazón bueno produce frutos buenos.
Empiezo el día aclamando tu victoria. Lucharon muerte y vida en singular batalla y muerto el que es la Vida, triunfante se levanta. Tú en la cruz venciste el pecado y la muerte. Acudiste a Dios y te levantó con su fuerza. El escuchó tu voz y te concedió el deseo de tu corazón.
Hoy nosotros proclamamos tu victoria y contamos con tu
poder. Acudimos a ti invocándote. Sal Señor a nuestro favor y ven a salvarnos.
Nos abandonamos en tus manos y te confiamos nuestro destino. Tú nos levantarás
del polvo.
Apoyados en tu poder y tu gracia no desfallecemos.
Sabemos que no desatiendes nuestra súplica y concedes lo que nuestro corazón
ansia. Nuestro corazón tiene sed de ti del Dios vivo. Cólmanos Señor con tu
presencia. Nos hiciste para ti y solo encontramos estabilidad y sosiego
reposando en ti. Solo tú sabes lo que nos conviene. Lo que tu deseas es que
reines en nuestro corazón. Yo soy para mi amado y mi amado para mí, a él tiende
todo mi deseo. Habitar en tu casa alabándote siempre.
SAL
22: SOLO TU PUEDES SANARME VEN CORRIENDO A AYUDARME
Dios
mío ven en mi auxilio, no te quedes lejos, ven corriendo a ayudarme.
Este salmo estuvo en boca de Jesús en el momento de máximo abandono, en el momento de la muerte. Pese a experimentar la ausencia de Dios haciendo suyo el pecado del mundo se abandona confiado en manos del Padre. Al escucharlo en boca de Jesús se redoblará nuestra confianza.
Jesús hace nuestra su oración intercediendo por todos los atribulados. Soy como un gusano, un objeto de desecho. Estoy como agua derramada con los huesos quebrantados. Se pueden contar todos mis huesos. Mi corazón como cera se derrite. Mi garganta está seca como una teja, mi lengua se me pega al paladar. Me acorralan y me cercan una banda de malhechores. Estoy postrado contra el polvo de la muerte.
Hoy nos animas a orar con esta confianza. Cuántas veces perdemos la fe y la confianza pensando que Dios nos ha abandonado. Confía en Dios y volverás a alabarlo. En él confiaron nuestros padres, en él confiaron y no quedaron defraudados. Con esa confianza dirigíos al Dios que nos salva. El que nos sacó del vientre de nuestra madre, desde el primer momento que vinimos al mundo pasó a tenernos en sus manos. El no nos abandonará en los momentos de tribulación.
Confía en Dios ante él se postrarán y alabarán los que
bajaron al polvo. Ellos comerán del festín hasta saciarse. Ellos lo recordarán
y anunciarán a sus hermanos. Sí, el Señor es nuestro Salvador, poderoso
defensor que cumple sus promesas. Él no ocultará su rostro ante los pobres
desgraciados y hablarán del Señor y anunciaran su Nombre a las generaciones
futuras.
SAL
23: ME ACOMPAÑARAS CON TU AMOR TODOS LOS DIAS DE MI VIDA
El
Señor es mi buen pastor. El me defiende, me conforta y sosiega. Me saca de las
cañadas oscuras y me dirige a verdes pastos, me guía, me alimenta, Su amor y su
gracia me acompañaran todos los días de mi vida.
Este salmo nos deja ver el cuidado solícito y amoroso del buen pastor que sale en busca de su oveja perdida y cuando la encuentra la carga sobre sus hombros y la lleva al redil. ¡cuánto te han costado nuestras vidas que para rescatarnos dejaste sobre el arbusto de la cruz ti vida prendida! Cuando balabas perdida deje en un árbol la vida donde me subió el amor.
Oveja perdida ven déjame llevarte sobre mis hombros.
Atráeme con tus silbos amorosos. No me dejes vagar errante tras otros compañeros
que no saben decirme lo que quiero. Adolezco, sufro y muero anhelando escuchar
tu voz y ver tu semblante.
En tu regazo me haces recostar y me conduces a las
fuentes tranquilas Sí, te llevo sobre mis hombros, más aún te doy a beber
de mi pecho herido. ¿Qué será de mayor asombro el tenerte en mis hombros o en
traerte y llevare en mi pecho? No solo eres mi pastor sino mi pasto también.
Preparas una mesa ante mí y mi copa rebosa. Preparas ante mí un festín de manjares suculentos. Me das a comer tu cuerpo y a beber tu sangre. Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de nuestra vida.
SAL
24: LE ASI Y NO LE SOLTARE
Portones
alzad los dinteles, que se abran todas las compuertas, va a entrar el rey de la
gloria.
Asombroso milagro el de tu encarnación. Todo un Dios viniendo a su creatura, todo un Dios tomando nuestra carne hasta hacerla suya. ¿Quién podrá entenderlo? Solo el amor inconmensurable de Dios puede explicarlo. El que ama busca la cercanía, la intimidad con su amado.
¿Quién soy yo para que vengas a mí? Los que temían acercarse a Dios se encuentran con que Dios se ha abajado, se ha acercado a vivir con nosotros. Llegas a mi corazón y no me fuerzas, te quedas a la puerta aguardando a que te abra. Ábreme amada mía esposa mía que estoy deseosa de tu amistad, intimida, compañía. ¡Cuán duras mis entrañas, a mi puerta cubierto de roció aguardaste! Mañana te decía par lo mismo responder mañana.
Hoy quiero abrirte de par en par las puertas de mi corazón, quitar todas las excusas, remover mis escollos, romper todos los cerrojos para que puedas entrar. Un corazón humilde y abajado tu no lo desprecias. El soberbio y arrogante no se mantiene en tu presencia. Aquel que tenía la condición divina, el inmortal, el innombrable se quiso hacer hombre y quisiste unir tu grandeza a mi pequeñez, tu misericordia a mi miseria. Fundirte en eterno abrazo y unir en tu carne dos naturalezas tan desiguales. Ver al Creador hecho creatura, ver en tan pobre portal tan celestial hermosura. ¡Quién lo viera y fuera yo!
SAL
25: VUELVE TUS OJOS MISERICORDIOSOS
A
ti levanto mis ojos Dios mío en ti confío. No quede yo defraudado.
Es probablemente la oración de un anciano que al final de sus años bajo el peso de los años y de sus pecados se siente solo, desconsolado, afligido. Ha perdido todas las fuerzas, todos los apoyos y seguridades y acude al Señor al final de sus días como único refugio mendigando su amor para no perder la esperanza que le dará lo que ansía su corazón. Cuando fallan los cimientos del orbe más evidente se hace la roca de nuestra salvación.
Tengo puestos mis ojos en el Señor, mírame y ten piedad de mí que estoy solo y afligido. Mira mi aflicción y mi pena y perdona todos mis pecados. Mira cuántos son los enemigos que me asaltan sin piedad. Guarda mi vida y líbrame, no quede yo defraudado. Se que los que confían en ti no quedan desilusionados.
Recuerda Señor que tu ternura y misericordia son eternas. Acuérdate de mí por tu misericordia y tu bondad. Sácame de la fosa del fondo de mi aflicción, levántame de la fosa de mi pecado. Ensancha mi corazón oprimido y dame consuelo que esto desconsolado. Enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas para que viva en paz y feliz.
SAL
26: SEÑOR QUE TE VEA. DEJAME VER TU ROSTRO
Señor
sálvame, ten misericordia de mí.
Señor deseo tener acceso a tu presencia y contemplar tu rostro pero a veces me vivo solo se me oscurece la fe y endurece el corazón. Te busco a ciegas y vivo acosado y acusado por mis pecados. ¿Quién puede entrar ante tu presencia cuando uno se ve pobre, mendigo, ciego, pecador?
Vivo como desterrado fuera de tu presencia y esquivo tu mirada. Reconozco mi debilidad y mi flaqueza. Reconozco mi pecado y deploro el buscar afecto y consuelo fuera de ti. Busco agradarte y a la vez reconozco mis pasos fuera de tu camino. Señor sondea mi corazón y da luz a mis ojos. Descubro que hay rincones oscuros en mi conciencia, pero en el fondo amo la verdad y deseo agradarte. Dame a conocer tu mirada que ve el fondo de bondad que hay en lo íntimo de mi ser que es la impronta de tu imagen empañada por la culpa. Dame tu luz para iluminar esos rincones oscuros que oscurecen la mirada y endurecen el corazón. Dame tu luz para seguir tu camino y no me pierda en la oscuridad. Señor que pueda ver, que pueda verte.
SAL
27: TU ROSTRO BUSCARE; NO ME ESCONDAS TU ROSTRO
Una
sola cosa busco habitar en tu casa y gozar de tu dulzura contemplando tu
rostro.
Tu rostro he de buscar, no me escondas tu rostro. Espero gozar de la dulzura del Señor. Aunque a veces me asalte la tormenta y me sienta perdido y desconcertado, oigo en mi corazón una voz susurrando: se valiente, ten ánimo, espera en el Señor. Aunque pase por valles tenebrosos mi corazón no tiembla. El señor es la defensa de mi vida ¿Quién me hará temblar?
Aunque me falten todos los apoyos, aunque mi padre y mi
madre me abandonaran, el Señor me recogerá y protegerá. El me levantará la
cabeza y me alzará sobre la roca. El es mi luz y mi salvación el faro que me
guía al puerto seguro.
En los momentos de desolación y sequedad buscamos un apoyo, un libro, una meditación, pero no encontramos alivio, nadie puede suplir tu ausencia, sanar mi herida, ni decirme ni darme lo que quiero, solo tu figura. Solo Dios puede sanar y colmar mi sed de amor.
El amor es probado, ten buen ánimo. Si de veras amamos al
Señor debemos amarlo incluso en la oscuridad y las tinieblas. Confía en Dios
que volverás a alabarlo, después del combate viene la paz. Cuando parezca que
de ti me alejo has de saber que te tengo en mis brazos más fuertemente
abrazado.
SAL
28: SU VOZ RESUENA EN MEDIO DE LA TORMENTA
La
voz del Señores potente, resuena en medio de la tormenta y retuerce los robles,
descuaja los cedros del Líbano y descorteza las selvas.
Es la voz poderosa de la verdad que silenciosamente habla, da sosiego al corazón, paz al alma liberándola de los miedos y esclavitudes. Dios tiene la última palabra sobre el poder del mal y de la muerte.
Cuando las fuerzas del mal parecen aliarse, confabularse y apoderarse de la tierra. Cuando las tinieblas cubren el alma de oscuridad me acojo y me postro ante tu presencia. Tú reinas sobre el cielo y la tierra, te sientas por encima del agua y das fuerza a tus siervos.
Tú retuerces el corazón altivo, descuajas el corazón presuntuoso y arrogante, derribas a los poderosos de sus trinos, enalteces a los humildes, da paz y sosiego a los corazones abatidos.
Tu eres la fuerza y escudo para los que a ti se acogen.
Tu eres la luz sin ocaso. Tu estas presente en la oscuridad de la noche y en el
esplendor del día. Tu eres el Señor del día y de la noche.
SAL
29: A TI ACUDI Y TU ME SANASTE
A
tí llamé y tú me sanaste, me sacaste del abismo y me hiciste revivir cuando
bajaba a la fosa.
Al atardecer de la vida nos visita el llanto pero esperamos al amaneces de la vida. Por la mañana nos espera el júbilo. Cambias nuestro luto en danzas, nos desataste el sayal de la penitencia y nos revestiste con traje de gala y de triunfo.
¿Quién es esta que sube del desierto? ¿Quién es esta alma que en el desierto del mundo, privada de todo deleite sube y crece? Es el alma que persevera en la oración y mortificación de los sentidos y que se somete a la prueba del dolor para ser purificada de toda impureza.
¿Quién es esta que sube del desierto que avanza como la
aurora naciente? El alma que permanece fiel en las pruebas verá la salvación de
Dios. Espera que sople el día y declinen las sombras. La constancia en el amor
sale victoriosa en todo.
Los verdaderos amigos se prueban en la dificultad. No se
amedrantan, no se detienen no se quedan hundidos en el fracaso, se levantan y
corren sin detenerse y pararse en la carrera. Quien se para y afloja en vez de
rehacerse se amilanan.
SAL
30: A TI ACUDI Y TU ME SANASTE
Sed
fuertes y valientes de corazón los que esperáis en el Señor.
Vivo en medio de altibajos y de sentimientos encontrados, a merced de mis sentimientos. Mi amor es inconstante necesita ser purificado. Cuando viene la noche del sentido todo se llena de oscuridad. Cuanto más busco a Dios más parece ocultarse, todo se llena de dolor, tormento y oscuridad. Caigo en el aparente abandono, tristeza y soledad. Allí donde encontraba gozo y delicia ahora siento vacío y desolación.
Oigo una voz que susurra en la oscuridad, no temas, confía en Dios. Todo aquel que me busca con sinceridad, si persevera le hallará. En esta noche del sentido, en estos aprietos y desamparos el alma será purificada. Aunque sientas angustia de muerte, te sientas como un muerto, tus ojos se consuman de dolor tu garganta consumida en el llanto, decaiga tu vigor y tus huesos quebrantados se consuman, confía en el Señor.
Dios es fiel y no nos abandona en medio de la noche. Mi amor de tu lado no se apartará. El te acompaña en medio de tu dolor purificándolo de toda imperfección. Todo está en mis manos, tu alegrías y dolores, tus logros e imperfecciones. Tu sabes mis fuerzas y mis límites y me amas y quieres lo mejor para mí. Serena y aquieta todos mis temores, todas mis preocupaciones.
Que ganes toda mi confianza para poder decirte todo está
en ti, todo en tus manos pongo mi vida, sabiendo que nada escapa de tus manos.
En tus manos todos mis afanes, todos mis azares.
SAL
31: ME MOSTRASTE TU ROSTRO DE MISERICORDIA
Dichoso
aquel que confiesa su pecado y es absuelto de toda culpa. Confesaré al Señor mi
culpa. Tu eres el Dios de la misericordia y el perdón.
Señor que te conozca y que me conozca. Para conocerme y aceptarme tal como soy con mis luces y mis sombras dame sinceridad de corazón. No soy todo sombra aunque reconozco mi pecado no soy todo y solo pecado pero necesito limpiar lo que me impide aflorar lo profundo del ser.
Para acabar con todas mis sombras, para reconocerlas y aceptarlas dame la gracia de ser transparente. No tener nada que esconder, nada que disimular, aparecer ante ti dejando que tu luz entre en los rincones lúgubres de mi ser.
Cuando trato de acallar la conciencia aumenta en mí la tristeza y el desasosiego. Mis esfuerzos por olvidarme solo consiguen turbarme y apesadumbrarme más. Es como una herida abierta que necesita ser curada y cauterizada.
Detestas el pecado, pero amas al pecador. Un corazón
contrito y humillado tu no lo desprecias. La confesión del pecado es fuente de
liberación. Mientras callaba se consumían mis huesos. Mi vigor se había
convertido en fruto seco y amargo. Por eso me abrí ante ti, no te encubrí mi
delito, lo manifesté ante ti, acepté mi responsabilidad, me confesé y me
dejaste sentir tu favor. No me ocultaste tu rostro, sino que me mostraste tu
rostro benevolente y misericordioso. Brotó de mí un canto de liberación. Tu mi
Señor perdonaste mi culpa y mi pecado.
SAL 34: DIOS MIO VEN EN MI AUXILIO, DATE PRISA EN
SOCORRERME
Levántate y ven en mi auxilio. Levántate, no te quedes a distancia. Señor defiende mi causa y mi boca proclamará tu alabanza. También nosotros somos invitados a vivir con esta confianza en manos de Dios haciendo nuestra la oración de Jesús: Padre me pongo en tus manos.
Señor confío en ti. A ti te expongo mi causa y me quedo aguardando, sabiendo que no quedaré defraudado. Tú que lo ves no te quedes callado, no te alejes de mí, defiende mi causa. Enfréntate con los que luchan contra mí. Empuña la lanza y sal en mi socorro. Tú que libras al humilde del poderoso.
Yo que estoy orando sin cesar, que ando triste y
cabizbajo, ven en mi auxilio. Aunque me sienta turbado y amenazado sé que
llegará el día de la victoria definitiva. Nos animan las palabras de Cristo:
Tened confianza, yo he vencido al mundo.
Por eso, aunque todo parezca perdido, confiaré y no
temeré. Las aguas caudalosas no nos anegarán, las redes del abismo no nos
atraparán. Mi lengua anunciará tu fidelidad, te daré gracias en la gran
asamblea.
SAL 35: QUE INAPRECIABLE ES TU MISERICORDIA
Cristo es la morada de Dios y el asilo del hombre. En la
Cruz de su corazón traspasado nos abrió una fuente inagotable y nos dio a beber
del torrente de sus delicias. Uno de los soldados le abrió el costado con un
lanza y al punto brotó de él sangre y agua (Jn 19, 34). Por las fatigas de
su alma hemos visto la luz. Venid y comed este es mi cuerpo, venid y bebed esta
es mi sangre. En el está la fuente de la vida.
Jesús dijo: si alguien tiene sed que venga a mí y beba
(Jn 7,37). Ahora sabemos donde se encuentra la fuente de la vida y el
torrente de luz. Que bien se yo la fuente que mana y corre.
Me llevo al umbral del templo y el agua bajaba de
debajo del lado derecho. Era un torrente que no se puede atravesar y me dijo
por donde quiera que pase el torrente todo ser que en él se mueva vivirá.
Porque allí donde penetra esta agua lo sanea todo y la vida prospera (Ez
47, 1-9). El que beba del agua que yo le de no volverá a tener sed, el agua que
yo le de se convertirá en su interior en un manantial capaz de dar vida eterna.
Quiero vivir, quiero que la centella de la vida encienda
todo lo que hago. Mi alma tiene sed de ti como tierra seca, sedienta de agua.
¿A dónde iremos, solo tu tienes palabras de vida eterna? En ti esta la fuente
de la vida y tus palabras nos hacen ver la luz.
El Señor baja a nuestras zonas oscuras para iluminarlas.
En un mundo de oscuridad, de duda y de incertidumbre tu eres el rayo
resplandeciente, el cándido amanecer de cada mañana. Que la luz de tu Espíritu
ilumine nuestros corazones y fortalezca nuestras voluntades,
De tu corazón herido nos das a beber la medicina, del
torrente de tu misericordia. Del fondo de nuestra alma nos das a beber de la
fuente de la vida. Déjame beber de tu costado, de la fuente, del agua que sacia
mi sed. Tu socorres a hombres y animales. Los hombres se acogen a la sombra de
tus alas y se nutren de lo sabroso de tu casa. Déjame sentir tu frescura, tu
pureza y tu fuerza.
Que inapreciable es tu misericordia, llega hasta el
cielo, tu fidelidad hasta las nubes. Tus sentencias son como el océano inmenso.
En ti esta la fuente de la vida y tu luz nos hace ver la luz. El que me sigue
no caminará a oscuras.
SAL 36: CONFIA EN EL SEÑOR Y ESPERA EN EL
Jesús encarna las bienaventuranzas, la carta magna. Las
bienaventuranzas son el autorretrato de Jesús, el corazón de Jesús y del
evangelio, su ADN, su carta magna. No se trata de un código moral sino una
forma de vivir, de concebirse frente a Dios y frente a los hombres.
Felices los
pobres, Jesús encarna el corazón pobre que pone la confianza en Dios.
Felices los
que tienen hambre y sed, no se agostarán en tiempos de hambre.
Felices los
pacíficos, los que perdonan porque heredaran el reino.
Felices los
perseguidos y excluidos porque el señor los libra y los protege.
Felices los
mansos y sufridos porque esperan en el Señor.
Felices los
limpios de corazón porque llevan en el corazón la ley del Señor.
Encomienda al Señor tus afanes, confía en él y él actuará. Sea el Señor tu delicia y el te dará lo que ansía tu corazón. No te exasperes por las intrigas del hombre. Contempla la creación como la tierra sabe esperar para que de el fruto a su tiempo. La tierra aguarda la lluvia, los campos que germine la cosecha. No se salva el hombre por mucha fuerza, Dios es el que salva, Dios es el que actúa. Hemos de saber confiar, saber esperar espera en Dios que volverás a alabarlo.
Dios quiso salvar el mundo o desde el poder sino desde la
pobreza, desde la humildad, abajándose. La perfección no se consigue a base de
esfuerzos y méritos. No por mucho afanarse se logra salvarse, imponiéndose sino
sometiéndose. Dios baja hasta lo profundo de nuestra bajeza para levantarnos,
no nos salva imponiéndose desde arriba sino emprendiendo un camino de bajada
abajándose y humillándose haciéndose semejante a nosotros para abrazarnos y
levantarnos.
El caminito de empobrecimiento es una senda estrecha que
nos da miedo, pero es desde el fondo del dolor y la angustia donde brota
nuestro grito de súplica. A veces es necesario bajar a lo más hondo para que el
grito de nuestra oración toque el corazón de Dios. Cuesta el reconocimiento de
nuestra debilidad y vulnerabilidad, de nuestro pecado. Dios valora esta
humildad de corazón. Cuando nosotros pensamos que todo está perdido y nos
sentimos solos y abandonados Dios sale al encuentro del quien se siente perdido
humildad de corazón.
SAL 36: EN TI SEÑOR ESPERO, NO ME ABANDONES
Cristo cargó con nuestro pecado, se hizo solidario con nuestros sufrimientos e hizo suyo todo nuestro dolor. No hay parte ilesa en mi carne, no tienen descanso mis huesos. Mis culpas sobrepasan mi cabeza, son un peso superior a mis fuerzas. Mis llagas supuran y tengo las espaldas ardiendo. Voy encorvado y encogido, todo el día camino sombrío. No hay parte ilesa en mi carne, estoy agotado y deshecho del todo. Me falta la luz de mis ojos. Soy como un sordo que no oye, un mudo que no abre la boca.
Cristo cargó con nuestras dolencias y fue molido por nuestros pecados. Fue herido de muerte y soportó el castigo que nos trae la paz. En sus heridas fuimos sanados. Pero espero y confió en ti. Todas mis ansias las puso en ti. Imploró a su Dios: No me abandones, no te quedes lejos. Dios escuchó su plegaría y le libro de sus angustias.
También nosotros experimentamos la turbación. Todo el día caminamos sombríos y nos sentimos encorvados y encogidos. Hemos perdido el valor y nos encontramos destrozados. Pero en medio de mi angustia acudo al Señor y me acojo a él sabiendo que no quedaré defraudado.
Acuérdate por tu misericordia. Se me echan encima todas mis
culpas. Me cercan desgracias sin cuento. Yo soy pobre y desgraciado pero el
Señor se cuida de mí. No me cierres tus entrañas.
El se inclinó y escucho mi grito. Me levantó de la fosa
fatal, de la charca fangosa. El afianzó mis pies sobre la roca, aseguró mis
pasos y me sacó a espacio abierto. Me puso en la boca un cántico nuevo. He
proclamado tu salvación ante la gran asamblea.
SAL 37: LAMENTO DE UN ENFERMO
Jesús en su Pasión se siente acusado, abrumado, angustiado, abandonado. El abandono final es el comienzo de la confianza total. Lo describiríamos como el sanador herido. Su herida se hizo cada vez más profunda. Su corazón ardía por dentro. Cuando es acusado se mantiene en silencio. Humillado no abrió la boca, se humilló sin decir nada. Abrumado por una profunda tristeza se abandona en las manos del Padre: Me encuentro profundamente turbado, mi alma está llena de tristeza. Padre si es posible líbrame de esta hora de amargura, pero no se haga ni voluntad sino la tuya.
Se ofrece como Cordero llevado al matadero haciéndose solidario con nuestros pecados. Despreciable y desecho de los hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias y con todo eran nuestros sufrimientos las que él llevaba, nuestros dolores los que soportaba.
No hay parte ilesa en mi carne. Las persecuciones que él
padecerá con gran paciencia se convertirán en camino de salvación. Han clavado
mi carne y me devuelven mal por bien. Jesús hace de su Cuerpo roto un camino de
salud y liberación.
Miro alrededor y todo es confusión, miro hacia el interior y caigo preso de desolación. Mi herida, mi dolor y mi sufrimiento me hace solidario con los que sufren. La compasión nace cuando descubrimos en el centro de nuestra existencia humana que Dios es Dios y el hombre es hombre. En mi soledad acudo a Dios, Señor en ti confío, no quedaré defraudado. Me doy cuenta de mi finitud y de mi nada, mis días son nada ante ti. Nada de lo humano te resulta extraño.
A veces hacemos todo lo posible para evitar la soledad y
nos sentimos atrapados por falsos dioses. Los ídolos nos prometen satisfacción
inmediata pero no encuentro alivio. Te expongo mis heridas, mi alienación, mi
soledad, mi aislamiento. Me llamas no solo a exponer ante tí mis propias
heridas sino a convertirlas en fuente de curación.
SAL 38: FUERTES EN NUESTRA DEBILIDAD
Jesús previene a sus discípulos no estéis inquietos ni
angustiados. llorareis y gemiréis mientras que los del mundo se alegrarán, pero
vuestra tristeza se convertirá en alegría. Cuando una mujer va a dar a luz se
siente angustiada porque ha llegado la hora, pero cuando el niño ha nacido su
alegría la hace olvidar el sufrimiento pasado. El que quiera ganar la vida la perderá,
pero quien la pierda por mí la ganara.
Jesús adopta el rol del servidor y se concibe como el
servidor de todos. El que quiera ser el primero ha de hacerse el servidor. Pide
que sus seguidores sigan su ejemplo. No es más el siervo que su amo. Os he dado
ejemplo para que vosotros hagáis lo que hago con vosotros. Jesús quiso entrar
en los límites de nuestra condición humana de modo que pudiéramos acceder lo
infinito en lo finito. El sume íntegramente nuestra naturaleza para redimirla y
transformarla.
Jesús nos salva desde nuestra fragilidad haciéndose
vulnerable. Hemos de reconocer nuestra pequeñez, nuestra mortalidad. Señor
hazme saber mi fin, cuál es la medida de mis días, para que sepa yo cuan frágil
soy, el hombre no dura más que un soplo, pasa como pura sombra. Pero reviste
nuestra mortalidad de inmortalidad.
Sal 38
La herida de nuestra soledad es profunda y sometida a la
incomprensión. Pero el dolor puede dar paso a la confianza. El penoso
reconocimiento de la soledad es un hecho fundamental de nuestra existencia. La
soledad nos hace descubrir una sed interior que solo Dios puede colmar. Ninguna
expresión de cariño, ningún abrazo íntimo será capaz de satisfacer nuestro
deseo de vernos aliviados de nuestra soledad
Soledad y capacidad de relación se implican mutuamente.
Un conocimiento profundo de nuestra interioridad y fragilidad permite convertir
nuestra debilidad en fuente de curación, nuestras prisiones en lugar de
liberación interior. No hemos de disimular o tratar de ocultar nuestra
debilidad. Tan solo si yo mismo estoy liberado puedo atender a los demás.
Hemos de hacernos próximos y solidarios de los que
sufren. La hospitalidad es la virtud que nos permite romper la estrechez de
nuestros miedos y abrir nuestra casa al extraño. Es preciso que el que hospeda
se sienta en el hogar en su propia casa. La hospitalidad es la habilidad de
atender al huésped, lo que implica estar libre y desenredado de nuestras
preocupaciones.
SAL 39 : HACED ESTO EN MEMORIA MIA
Cristo aceptando plenamente el plan del Padre realiza el
gran sacrificio. Jesús durante su vida mortal tuvo la voluntad del Padre en su
horizonte y en su corazón. Cumplir la voluntad del Padre era su alimento y
sustento. Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis: Yo no puedo hacer nada
por mi cuenta. Juzgo y hago conforme el Padre me ha dicho.
Cristo inaugura un sacerdocio nuevo. Tenemos un Sumo
Sacerdote que penetró en el Santuario. Habiendo ofrecido ruegos y súplicas aun
siendo Hijo como era se hizo en todo obediente. Penetró en el Santuario una vez
para siempre ofreciendo no la sangre de machos cabríos sino su propia sangre
consiguiendo así una redención eterna. Por eso es mediador de una Nueva
Alianza: Esta es la sangre de la Nueva Alianza a fin de quitar el pecado de
muchos.
Contemplando a Cristo el hombre aprende el sentido del propio sacrificio que es la entrega total de la vida al Padre. Tu no quieres ofrendas ni sacrificios entonces yo digo: Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad. Este es el verdadero culto. Convertirse con Cristo en ofrenda permanente para la salvación de los hombres. Ser ofrenda con Cristo no compete al hacer sino al ser. Ser eucaristía. Supone vivir orientados hacia él de forma que llegue a ser él el centro más íntimo de toda nuestra vida. Celebrar la eucaristía es hacer realidad su muerte y la victoria de su amor.
En la medida que nos entregamos nos encontramos con
nosotros mismos. Señor tómame como soy y hazme como tu quieres que sea. En la
ofrenda eucarística ofrecemos no solo nuestra pobreza sino aquello que solo el
Señor de toda vida puede dar. Oremos
para que esta ofrenda la de Jesús y nuestra vida sea para el mundo pan de vida
y bebida de salvación.
SAL 40: DICHOSO EL QUE SOCORRE AL DESVALIDO
Jesús se muestra cercano a los pobres y pecadores. Amigo
de pecadores escucha el grito del huérfano y de la viuda. No se escandaliza de
comer con ellos, muestra a todos misericordia compasión y ternura. Se pone a la
fila de los pecadores.
Jesús sufrió en su carne el desprecio y el rechazo. Se abaja hasta el último lugar, considerado como un malhechor, hasta morir con la muerte más ignominiosa. Padece un mal sin remedio. Se acostó en el lecho de la cruz para no levantarse. Acudió al Señor que le mantuvo en el lecho del dolor.
Jesús se identifica con el Siervo Sufriente. Es ultrajado
y no abre la boca, las persecuciones que sufre con gran paciencia serán
escándalo para los espectadores. Indefenso se entregó a la muerte y fue contado
entre los rebeldes: Mis enemigos se reúnen a murmurar contra mí. Los que
pasaban al pie de la Cruz le insultaban y se burlaban meneando la cabeza: Ha
puesto su confianza en Dios, que le salve ahora librándole de la muerte.
Dios socorre al pobre e indefenso. Dios viene en ayuda de su siervo y encumbra a los humildes. No aparta sus ojos del pobre y escucha su dolor. Ante la aflicción y el lecho de dolor mantiene su presencia.
El sufrimiento y la incomprensión no podemos evitarlo.
Hemos de afrontar la crisis como cambio y crecimiento. La superación de la
crisis no se logra con escapismos o evasiones mediante el activismo sino vía la
interiorización y purificación liberadora.
Hemos de reconocer la ruptura y la herida como lugar de su presencia. Hemos de saber mirar nuestra ruptura con cariño. Si no podemos evitar el rechazo, el oprobio y la humillación podemos vivirlo bajo el signo del perdón, la reconciliación, la bendición.
Hemos de aceptar el desafío de permanecer y saber esperar. Podemos poner nuestra ruptura al amparo de la bendición de Dios. Dejar que Dios abrace nuestra ruptura y llevarla bajo el resplandor de su luz.
Dios nos hará descubrir su presencia como el amigo con
quien compartimos el pan. El pan del dolor se transformará en bendición. Lo
mismo que el pan necesita ser partido para ser ofrecido así pasa con nuestra
vida convertida en pan partido para vida del mundo.
SAL 41: ESPERA EN DIOS QUE VOLVERAS A ALABARLO
Jesús transita la noche del dolor: Mi alma está envuelta
en tristeza. Estoy solo, afligido, voy andando sombrío en la oscuridad. Desde
la oscuridad se abre a la presencia de Dios. Primero turbado: ¿Porqué me
olvidas? Luego confiado: Tu me defensor defiende mi causa. Envía tu luz y tu
verdad. Mi boca proclamará tu alabanza.
Jesús como hombre vive el desamparo. Antes de subir a la
luz de tu presencia se abaja hasta el fondo de nuestra nada para ser abandonado
por todos. Pero en medio de la oscuridad confiesa Dios como el Señor de la
vida: mi roca y mi baluarte. Jesús mismo nos previene: No se turbe vuestro
corazón. Creed en Dios, confiar en Dios.
Jesús se nos da como pan partido: Mis lágrimas son mi pan, noche y día. Jesús nos invita a compartir nuestro dolor como pan partido. Este es mi Cuerpo ofrecido para vida del mundo. Unir nuestra pobre ofrenda a la suya para pasar a ser con él pan partido y compartido para vida del mundo.
En el momento culminante de su vida Jesús se ofrece como
sacrificio que anticipa el sacrificio de la Cruz. Jesús nos ha dejado el
memorial de su presencia en este supremo acto de amor que el Padre hace perenne
y glorioso con la Resurrección.
También nosotros necesitamos transitar la noche del dolor con la esperanza del nuevo amanecer de tu Resurrección. Hay toda una progresión, la intercesión, la súplica confiada, la alabanza. Del recuerdo en medio de lágrimas a la espera y confianza en Dios que no defrauda. Se de quién me he fiado.
Después de gozar de tu intimidad al verme privado de ella siento en el fondo del corazón una profunda nostalgia. Se mezcla la turbación con la aridez. Me siento solo seco agostado buscado La fuente que mana y corre aunque es de noche. Recuerdo los tiempos antiguos. Acudiré confiado al Dios de mi vida.
Conozco mi condición y no pido escabullirme de la prueba
del dolor y del sufrimiento sino tenga la serenidad y la fuerza de mantenerme
firme y avanzar con confianza. Lo que pido es que en medio de las pruebas y
sufrimientos la luz de tu verdad brille disipando toda tiniebla. Quiero
encontrarte en mi noche, en la pobreza de mi ser y la aridez de mi alma.
Sostenme en la fe, anhelo encontrarte y la vehemencia de este anhelo tu guiarás
mis pasos.
SAL 42: NOS LIBRASTE PORQUE NOS AMABAS
Jesús se hizo pecado por nosotros. Jesús comparte carne y sangre con nosotros. Por haber sido puesto a prueba y haber soportado el sufrimiento puede ayudar a los que somos probados. Por eso Jesús pasó por las mismas pruebas que nosotros Jesús sufre el desamparo y la aparente ausencia de Dios. Esta kenosis nos deja ver que para levantarnos del pecado fue preciso despojarse de su condición divina y hacerse en todo semejante a nosotros.
El Hijo siente el vacío de la aparente ausencia de Dios. La certeza de su presencia da paso a la súplica en medio de la angustia. Dios le hizo pecado por nosotros experimentando este sufrimiento que causa la ruptura con Dios: la separación, el rechazo del Padre. Levántate no nos rechaces, no escondas tu rostro olvidándote de nosotros: No nos retires tu rostro ni te olvides de nosotros.
Por este acto de abandono hizo la mayor obra de su vida,
realizó la obra de nuestra redención. Por este acto de abandono todo nuestro
dolor es asumido y transformado, nuestro abandono es superado.
También nosotros estamos llamados a transformar nuestro dolor en ofrenda de amor. Hemos de valorar nuestros sufrimientos uniéndolos al dolor de Cristo en la Cruz. Completo en mi cuerpo lo que falta a las tribulaciones de Cristo en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia. Todo lo podemos unir a Jesús crucificado que se orece en la eucaristía para salvación del mundo.
Cuando experimentamos el aparente vacío y ausencia de
Dios es el mejor momento para vivir como ofrenda de amor. Cada lugar donde un
hombre sufre es un lugar para vivir y celebrar la eucaristía. Lo que cuenta no
es el tamaño y cantidad de nuestras acciones sino vivir cada momento como una
ofrenda de amor. Convertir nuestra vida en eucaristía, pan partido para el
mundo.
SAL 43: NO DEJES QUE SE ENDUREZCA EL CORAZON
Jesús se levanta como voz sin los sin voz y testigo de
esperanza. Jesús no se salvó así mismo huyendo de la prueba. Se mantuvo firme
en medio del tormento. Se dejó crucificar, ultrajar sin responder con venganza
venciendo el mal con el bien. El Se enfrentó la prueba hasta el derramamiento
de su sangre. Mirad a qué precio fuisteis salvados.
Jesús respondió al mal con el ofrecimiento de su vida transformando la tribulación en un canto de victoria: Aleluya. Llorareis y gemiréis mientras el mundo se alegrará. Vuestra tristeza se tornará en alegría. En medio de la noche se oscurecerá el sol y la luna perderá su brillo. Os perseguirán a causa mía. Cobrad aliento y levantar vuestra cabeza porque vuestra liberación ya está cerca. Será tanto la maldad que el amor de muchos se enfriará.
No dejéis que nada ni nadie os robe la esperanza.
Vosotros habéis de ser mis testigos. Que vuestra fe no sucumba en medio de la
prueba. Recordad que si el mundo os odia primero me odió a mí. Como me
persiguieron a mí también os perseguirán a vosotros. En el mundo tendréis
sufrimiento, pero ánimo yo he vencido al mundo.
Nos llamas a ser testigos de fe y esperanza en un mundo
sin fe y sin esperanza. Vivimos en un mundo que le ha dado la espalda a Dios.
La Iglesia ha dejado de ser una Iglesia de multitudes y grandezas ha pasado a
ser una Iglesia de minorías. Es una Iglesia incomprendida y perseguida: Nos has
hecho el escarnio de nuestros vecinos.
No es Dios el causante de nuestras desgracias, no es Dios el que se ha alejado de nosotros. Somos nosotros los que nos hemos alejado de Dios. Hemos levantado ídolos incapaces de salvar Hemos puesto el corazón en esperanzas fugaces que frustran nuestros anhelos y nos dejan sin consuelo.
No dejéis que la tribulación, la oposición, la contradicción y el infortunio enfríen el amor y endurezcan el corazón. Jesús nos ha prometido su Espíritu que no nos dejará huérfanos. Cuando en la noche se meta el sol y parezca que no hay solución él nos guiará con la paciencia de su amor.
Recordemos a nuestros antepasados que dieron testimonio
de su fe con el derramamiento de su sangre. Estamos llamados a ser mártires y
testigos de esperanza en medio de la prueba y la tribulación. Hemos de confiar
que la última palabra la tiene Dios. Cielos y tierra pasarán pero mis palabras
no pasarán.
SAL 44: NOSOTROS HEMOS CONOCIDO Y CREIDO EN EL AMOR
Jesús vivió y murió por amor y nosotros hemos conocido y
creído en el amor. Cristo vivió y murió dando gloria a Dios. Quiero hacer
memorable tu nombre por generaciones para que tu pueblo te reconozca y te alabe
por siempre jamás.
Jesús no vivió buscando su propia gloria sino la gloria del Padre. Yo no busco honores que puedan dar los hombres. Si yo me alabara a mí mismo mi alabanza carecería de valor. Yo no hago lo que quiero sino la voluntad del que me envió.
Nadie vio la gloria y el rostro de nuestro Dios. Su único
Hijo nos lo ha dado a conocer. Por medio de Cristo hemos conocido el amor que
Dios nos tiene y hemos creído en él. También nosotros estamos llamados a
irradiar su gloria permaneciendo asiduos en la alabanza.
No hemos de perder el sentido de la adoración y la alabanza. El asombro el reconocimiento de la hermosura: Canto de Aleluya alegraos en el Señor. El poder y la gloria es de nuestro Dios. Santo eres Señor, fuente de toda santidad. Alegrémonos y ensalcemos su grandeza. A nuestro Dios la alabanza, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor el poder y la fuerza.
¡Qué Dios es tan bueno como nuestro Dios! Hermoso eres amado mío, fuente de mi vida y esperanza, anhelo de mi corazón. Este salmo es el epitalamio real, el canto nupcial del desposorio de Cristo con su Iglesia. Prendado está el Rey de su amada. Prendada esta la amada por su Rey. A él la gloria y la alabanza. La iglesia proclama la grandeza de su Dios: Me brota del corazón un poema bello, recito mis versos a un gran Rey y soberano de todas las cosas.
La oración de la Iglesia es hija de la alabanza. Nosotros
nos unimos a esta alabanza continua y permanente. Estos son los que le rinden
culto de día y de noche. Sus servidores le darán culto y contemplarán su gloria
y su grandeza. La Iglesia permanece en oración y la alabanza ante el trono de
Dios y del Cordero. En unión con Cristo y todo su Cuerpo que es la Iglesia
permanecemos en oración incesante ante el trono de Dios. El aleluya es el fruto
de la alabanza que se canta asiduamente ante el trono de Dios.
SAL 45: RENDIOS Y RECONOCED QUE YO SOY DIOS Y
NO HAY OTRO
Jesús nos da a conocer la fuente de todo consuelo. El que tenga sed que venga a mí, de sus entrañas brotarán ríos de agua viva esto lo decía refiriéndose al don de su Espíritu. El que beba del agua que yo le dé descubrirá en su interior una fuente que salta hasta la vida eterna. El será quien os conduzca y os guie a las corrientes de vida. El tomará de lo mío y os lo dará a conocer. El que escucha mis palabras será amado por mi Padre y vendremos a él y haremos morada en él.
En él nos movemos existimos y somos. Si el Señor está con nosotros ¿quién contra nosotros? El pecado más grave del pueblo de Dios es la idolatría. Hemos cambiado la gloria de Dios por la gloria humana, la vanagloria dando culto a otros dioses. Ídolos de hechura humana incapaces de salvar.
Ídolo es todo aquello que ocupa el lugar de Dios. Los
ídolos embotan nuestra mente y endurecen el corazón. Ídolos pueden ser el
reconocimiento, la búsqueda del éxito, la vanagloria, la búsqueda de riquezas,
el empoderamiento por medio de la sabiduría, la ciencia, el confort.
Confesad a Dios como vuestro refugio y vuestra roca.
Rendíos y reconoced que yo soy Dios. No deis que vuestro corazón a falsos
dioses que dejarán frustrado vuestro corazón. Reconoced que solo en Dios
descansa tu alma y sacia los anhelos del corazón.
Jesús es nuestra roca inamovible y baluarte; mi defensa y mi puerto seguro. Aunque tiemble la tierra, aunque sean muchas las olas que nos amenacen nada podrán contra la barca de Jesús. Yo me río de todo lo que es temible, la confiscación, el destierro, la muerte; en todo saldremos victoriosos si ponemos nuestra confianza en él. La ira de los poderosos no pesa más que una tela de araña.
SAL 46: DIOS SOBERANO REINA SOBRE LAS NACIONES
La fiesta de la Ascensión nos evoca el triunfo de nuestro Rey. El Siervo Sufriente después de abajarse es levantado y colocado como Cabeza de todo el pueblo santo. El evangelio nos narra como Jesús los llevó fuera de la ciudad al Monte Santo y allí los bendijo y fue llevado al cielo. El Padre todo lo ha puesto bajo el dominio de Cristo, plenitud del que llena el universo.
El Señor es elevado de la tierra al cielo, asciende entre
cantos de vítores y aclamaciones y se sienta sobre su trono sagrado: pueblos
todos batid palmas y y tocad para nuestro Rey.
Los apóstoles como príncipes del pueblo se reúnen. Desde allí el Señor afirma su dominio y es aclamado por todos los pueblos tantos judíos como gentiles como signo de su Reino definitivo. Los discípulos durante diez días esperan en oración la promesa del Espíritu.
Subió a los cielos el que previamente había bajado a lo
profundo de la tierra. El que bajó fue elevado a lo más alto de los cielos con
el fin de abarcar el universo entero. Al subir a los cielos nos abrió las
puertas de los cielos a los que transitamos en esta tierra. Somos ciudadanos
del cielo a fin de que no pongamos el corazón en los bienes pasajeros sino en los
eternos: busquen y aspiren a las cosas del cielo y no las de la tierra. Dios
nos ha destinado a vivir con Cristo y cuando aparezca glorioso también nosotros
entraremos a participar de su gloria eterna.
Mientras esperamos la Iglesia es reunida en asamblea.
Unos alaban y cantan otros proclaman y anuncian. La Iglesia orante alzando los
brazos se mantiene en la alabanza continua. La Iglesia militante se mantiene
alzando su voz como trompetas
Se exhorta a que no cesemos en la oración intercesión
continua, a no bajar los brazos. La Iglesia militante somos urgidos a anunciar
a Cristo tocando con maestría el canto nuevo del amor. Que nuestra vida se vea
avalada por el testimonio. Pongamos todo el empeño en estrechad los vínculos
del amor y la unidad. Todos con un solo corazón formando un solo pueblo. La
fraternidad universal será el signo y distintivo de la presencia de Dios entre
nosotros.
SAL 47: SOMOS LA MORADA DE DIOS Y TEMPLO DEL
ESPIRITU
Cristo inaugura un nuevo templo, la nueva presencia de Dios entre los hombres. El templo de Jerusalén situado en Sión, el monte santo, era propiamente la "Shekhinah". La palabra hebrea que se refiere a la presencia divina o la gloria de Dios, especialmente en el contexto del Templo de Jerusalén y su manifestación entre los israelitas. La palabra deriva del verbo hebreo "shachan" que significa "morar" o "residir". Es grande la presencia de Dios en su templo, en su morada santa, altura hermosa, vértice del cielo, alegría de toda la tierra.
Cristo denuncia el culto vacío y pide un cambio interior,
el culto del corazón. Habéis convertido el templo de Dios en un lugar de comerciantes,
en una cueva de ladrones. Cristo inaugura un nuevo templo. Dios se hizo hombre
y puso su morada entre nosotros. Este templo será destruido y yo lo levantare
en tres días. Se refería al santuario de su Cuerpo.
Después de su resurrección, inaugura un nuevo templo y un
nuevo culto. Sus servidores darán culto al Cordero de día y de noche y el Señor
será su luz perpetua. En la nueva Jerusalén no ví templo alguno. El Señor
soberano de todo ofrece su Cuerpo como cordero inmolado. No vi lámparas, la
ciudad la ilumina la gloria de Dios. Del centro salía una fuente de agua viva
que manaba del Cordero.
En el monte Calvario se alzará sobre la cruz, el nuevo templo. Cristo resucitado con el don de su Espíritu nos abre a la nueva manifestación de su presencia entre los hombres. Este nuevo no es levantado con piedras sino con piedras vivas. El templo de Jerusalén se levantaba sobre la roca del sacrificio de Abraham en el monte Moriah. El nuevo templo está cimentado sobre la Roca que es Cristo.
Cristo con el don de su Espíritu nos abre a un nuevo
templo y un nuevo culto. Vi la nueva Jerusalén que bajaba del cielo junto a
Dios. El nuevo templo pasa a ser su Cuerpo construido con piedras vivas.
Nosotros siendo muchos estamos injertados en Cristo para formar un solo Cuerpo.
El nuevo templo pasa a ser la Iglesia y cada creyente. El
santuario de Dios es sagrado y vosotros sois este santuario. Vosotros sois
templos del Espíritu. El nos guiará hasta la nueva Jerusalén escatológica.
Presentaos a vosotros mismos como ofrenda viva. Ese ha de
ser vuestro auténtico culto. Vivid conforme las exigencias del Espíritu y no os
dejéis llevar por las desordenadas apetencias de la carne.
Que la Iglesia sea lugar de encuentro con Dios, donde su pueblo celebra la liturgia de oración y de alabanza. Amaos de corazón viviendo como hermanos. Sed humildes de corazón no presumáis de suficiencia sino considerad a los otros como superiores. Sed prontos para el servicio. Solidarizaos con las necesidades de los otros. Que la esperanza os mantenga alegres en las dificultades. Bendecid y no maldigáis. Vivid en plena armonía unos con los otros.
SAL 48: DIOS ME SALVA Y ME LLEVA CONSIGO
Jesús responde a nuestra sed más profunda de una vida plena y verdadera. Jesús es la vida verdadera, en él está la vida. Separados de él no tenemos vida. El que cree en el Hijo tiene vida eterna. El Hijo es la fuente de la vida. El es el camino la verdad y la vida, Nadie va a el Padre sino por él.
El es la luz de los hombres, el que me sigue no caminará
en la oscuridad. El nos instruye en sus caminos para que marchemos por sus
sendas. Nadie puede salvarse por sí mismo.es Jesús quien nos salva dando su
vida para que nosotros tengamos vida.
Es tan caro el precio de nuestra vida. Cristo Jesús ofreciéndose así mismo rescata nuestra vida del abismo. Para salvarnos vino a compartir nuestra condición humana hasta la muerte.
El hombre está llamado a una vida plena. Sin embargo,
vivimos en tensión y en lucha de dos polaridades, la vida y la muerte, la luz y
la sombra, la gracia y el pecado. ¿quién colmará los deseos de nuestro corazón?
Tu presencia desvela el secreto más hondo de nuestra
vida. Nos hiciste para ti y nuestro corazón no descansará hasta reposar en ti.
No fuimos destinados al fracaso ni a la muerte. El me saca de las garras del
abismo y me lleva consigo.
Dichoso el camino de los confiados, no quedaran
defraudados. Su tesoro es el Señor por eso no se agotara y perdurar para
siempre. No en cambio los que confían en su poder y sabiduría porque no
necesitan de Dios. El hombre rico que se vanagloria en la opulencia se llevará
su tesoro a la tumba.
Al que sigue mis caminos le haré ver mi salvación. En cambio el que persiste en el mal camino acabará en la fosa. Jesús previene la actitud farisaica del que actuar con doblez de corazón. Ay de vosotros que sois como sepulcros hermosos por fuera pero llenos de inmundicia primero os hacéis pasar por justos delante de la gente pero vuestro corazón está lleno de hipocresía.
Enseñan una cosa pero no hacen lo que enseñan. Todo lo
hacen para que la gente los alaben y admiren. Les gusta ocupar los primeros
puestos y llamarse maestros. Estúpidos y ciegos.
No ha de ser así entre vosotros. El que quiera ser el primero que tome el último lugar. No hagáis nada por egoísmo o vanagloria. Sed humildes y considerad que los demás son mejores que vosotros.
Ofrece a Dios el culto de alabanza, la humilde confesión
de nuestros pecados y el propósito de cumplir sus votos. Confesar el pecado es
el sacrificio que me honra. Invócame el día del peligro y él te librará. Dios
nos invita a convertirnos. El malvado no quedará impone y la maldad se volverá
contra el propio pecador.
Lo que le agrada al Señor es el corazón humilde y
arrepentido. Que no haya doblez en tu corazón. Comportaos como servidores de
Dios soportándoos mutuamente con amor. Ahí está la presencia del Espíritu en
nosotros, nuestro amor sin doblez.
No ambicionéis grandezas sino poneos al nivel de los
humildes y no presumáis de suficiencia. Bendecid y no maldigáis. Solidarizados
con las necesidades de los otros.
SAL 50: EL MISERERE: SEÑOR TEN MISERICORDIA DE
MI
Señor no nos ocultes tu rostro. Jesús nos revela el verdadero rostro de Dios: la misericordia. Jesús no vino a condenar sino a salvar. No se muestra acusando sino perdonando. Vino a salvar a los pecadores. No vino a llamar a los justos sino a los pecadores. Se ofreció en rescate por nuestros pecados. Jesús ofreciéndose en la cruz se ofrece en recate de nosotros pecadores. Padre no les tengas en cuenta su pecado, perdónalos.
Señor crea en mi un corazón puro, rocíame con tu espíritu y quedaré limpio. La nueva creación la lleva con el perdón y la efusión de su Espíritu de amor que nos hace capaz de amar y de perdonar. Pide a los suyos que perdonen. Amad a vuestros y perdonad a los que os odian. Bendecid no maldigáis. Ser bondadosos y misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso y de este modo seréis hijos de vuestro Padre del cielo.
Reconozco Señor mi pecado, pero sobre todo reconozco tu infinito amor, tu misericordia y tu perdón. Esta es la doble confesión. Ante mi confesión de pecador Dios se nos muestra como el Dios que siempre perdona. El pecado por una parte nos hace descubrir nuestra condición humana. En la culpa nací, pecador me concibió mi madre.
El pecado por otra parte solo se reconoce a partir del amor con que somos amados. Contra ti, contra ti solo peque. No correspondí a tu amor. He despreciado tu amor. He traicionado tu amistad. Pero aunque nosotros te abandonemos tú no nos abandonas. No te cansas de acogernos y perdonarnos. Un corazón quebrantado y humillado tu no lo desprecias.
SAL 51: ME FIO Y CONFIO EN SU MISERICORDIA
Cristo aparece como el olivo, el árbol de la vida. En el árbol de la Cruz, de donde pende Cristo, se nos da la Vida. Jesús promete el don de su Espíritu. Inclinando la cabeza entregó el Espíritu. Del árbol de la Cruz sale el torrente de vida. Jesús nos promete el que viene a mí no pasará hambre ni tendrá sed jamás. Del muro del templo brotará un manantial. Un río de agua de vida, reluciente como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. A un lado y a otro del río, hay un árbol de vida que da doce frutos, cada mes su fruto.
Jesús nos da su
Espíritu, la corriente de Vida que mana sin cesar de Dios, una inmensa
corriente, un río de vida y amor que crea y mantiene la vida de todas las
criaturas derramándose en ellas.
Esta corriente
fecunda continuamente al mundo. Nos crea, nos envuelve, nos recrea, nos cura,
nos fecunda. El mundo vive en ella y por ella. Nosotros también vivimos en esta
corriente: en El vivimos, nos movemos y existimos. Es el río que nos lleva. En
ese río de vida y amor navegamos junto a todos los seres, sustentados,
llevados, rodeados, penetrados del Amor y la Vida que es Dios. Viviré a la
sombra del olivo plantado al borde del torrente que nos da la vida.
Nuestra tarea consiste en insertarnos en esa corriente de Vida, dejarnos invadir y llevar por ella. Vivir desde ella y en ella. Prolongar y propagar su acción creadora, sanadora, restauradora, liberadora. Potenciar la fecundidad, hacer que crezca la vida por donde nosotros pasamos. Porque somos como el árbol plantado junto a la corriente, da fruto hasta en su vejez.
Yo confiaré en el Señor en su gran bondad y misericordia. Seré como verde olivo plantado en la casa del Señor. Le daré gracias por siempre y proclamaré su Nombre delante de los fieles. Da fuerza a tu siervo y líbralo de las garras del enemigo. El que rehúsa el mal y rechaza el soborno habitará en la casa del Señor, tendrá su alcázar en un picacho rocoso con abasto de pan y provisión de agua.
Plantado junto a la corriente da fruto en su sazón, no se
marchitan sus hojas y cuanto emprende tiene buen fin. En cambio el camino de
los malvados acaba mal. El que se engría en su opulencia, confía en sus
riquezas y se jacta en su sabiduría quedará desolado y baldío. Será como paja
que se lleva el viento.
Señor que dominas todo, oye el clamor de los desamparados y líbranos del poder de los malvados. No dejes que siga la senda de los perversos. No tengas envidia de los malos. Confía en el Señor. Los justos heredarán la tierra. El justo será como árbol de olivo que prosperará dando fruto. Aceite que sanará las heridas.
SAL 52: EL SEÑOR CAMBIARA NUESTRA SUERTE
Jesús viene a salvarnos y rescatarnos de la muerte: He
venido a salvar a mi pueblo de suerte que los que vagan ciegos en las sombras
de la muerte vuelvan al buen camino.
A pesar de tantos signos el hombre no quiso reconocer a
Dios y se obstino en el mal camino. Se oscurecieron sus ojos y endurecieron el
corazón.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el Dios que viene de lo alto. Vino como luz que resplandece en las tinieblas y las tinieblas no la sofocaron. Alos que le reconocieron y le acogieron les dio el poder hacerse hijos de Dios.
Vivimos en un mundo ateo que le ha dado la espalda a
Dios. Dice el necio para sí: no hay Dios. Prefirieron la mentira a la verdad.
Todos se extraviaron igualmente obstinados.
Se han corrompido cometiendo execraciones. Vagaron
extraviados a merced de su mente pervertida hasta rebosar de injusticia,
impiedad, codicia y maldad. Prefirieron adorar a los ídolos en lugar de su
Creador.
Dios observa desde el cielo para ver si hay alguno
sensato. A pesar de nuestra terquedad Dios no quiso olvidar ni abandonar lo que
había creado. Aunque el hombre rechaza a Dios, Dios no rechaza al hombre. La
paciencia de Dios es nuestra salvación.
Ojalá se rasguen los cielos para que destile su amor como
rocío que empape la tierra. Ojalá venga el Señor a cambiar la suerte de su
pueblo. Este es el misterio de la infinita piedad de nuestro Dios. Dios
persiste en reclamar su atención y llega hasta el colmo de salir al encuentro
del hombre.
Dios se revela como nuestro salvador y defensor que viene
en ayuda de nuestra flaqueza. Ojalá el hombre reconozca y confiese la bondad de
nuestro Dios. De ti viene la salvación y la bendición sobre tu pueblo.
SAL 53: EL SEÑOR ESCUCHA MI VOZ SUPLICANTE
Jesús vive de cara y en presencia del Padre y permanece
en la oración y la alabanza: Yo no estoy solo el Padre esta conmigo y yo con el
Padre. El Hijo vive para el Padre. El Hijo no quiere hacer nada por su cuenta.
Yo no hablo por mi cuenta. El Padre es el que me dice lo que debo hablar y
enseñar. Lo que ve hacer al Padre es lo que hace el Hijo. El hijo todo lo que
hace es para dar gloria al Padre.
Sobre todo en la hora de la prueba se fía y se confía en
las manos del Padre. aunque unos insolentes se alcen contra mí y hombres
violentos me persigan a muerte, veré la derrota de mis enemigos y la victoria
de nuestro Dios.
Jesús permanece en actitud suplicante frente al Padre. El Padre atiende mi súplica. El es mi auxilio y escudo. El sostiene mi vida ¿A quién he de temer? Jesús se adhiere a la voluntad del Padre y vence el temor y la duda a través de la fe y la confianza.
Jesús nos enseña a vivir de cara a Dios permaneciendo en
la oración y la alabanza. Cada día empezamos la oración de la mañana con esta
invocación inicial: Dios mío ven en mi auxilio, Señor date prisa en
socorrernos. Por la mañana invocaré tu Nombre y tu escucharás mi voz.
Comenzamos el día pidiendo que los primeros impulsos de la mente, los labios y corazón estén dirigidos a Dios: ábreme Señor los labios y mi boca proclamará tu alabanza. Es la primera hora del día, el despertar de la aurora. Esta primera hora nos evoca la Resurrección del Señor. Nos abrimos a recibir la luz del Sol para recibir la Luz que ilumina nuestros pasos, para orientarnos con esperanza hacia la Luz que no conoce ocaso. Pedimos que esa Luz retorne a nosotros para iluminar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte.
Nuestra suplica se hace adhesión para venciendo nuestros
miedos ofrecerle al Señor un sacrificio de alabanza. Entonaré un canto de
alabanza en acción de gracias. Te ofreceré mi vida como ofrenda agradable a ti
para gloria de tu Nombre que es bueno. Tu bondad me acompañara cada jornada
para santificarla haciendo lo que a ti te agrada.
SAL 54: ENCOMIENDO A DIOS MI VIDA EL SEÑOR ME SOSTIENE
Jesús en su Pasión nos enseña a vivir en manos del Padre.
Jesús pasa por la turbación y la desolación desde el abandono confiado. Señor
escucha mi voz suplicante, respóndeme que no quede confundido.
Me turba los gritos de los malvados me salta el temor y
el terror. Estoy solo, afligido. Se retuercen mis huesos y me sobrecoge un
pavor mortal. Me cubren las tinieblas y me cubre el espanto. Jesús lleno de
angustia y postrado por tierra oraba incesante al Padre.
El evangelio nos hace ver la crudeza de ese pavor mortal.
Le caía el sudor al suelo en forma de grandes gotas de sangre. En esta
situación de angustia piensa en la huida como remedio. Si pudiera emigraría
lejos y escaparía como una paloma. Padre si es posible que pase esta hora de
angustia y amargura. Pero que no se haga mi querer sino el tuyo.
Tu eres mi auxilio mi amigo y confidente. No me abandones
en la prueba. Mira a tu Siervo que confía en ti, a quien me une una dulce
intimidad. Oigo en mi corazón confía en El encomienda a El tus afanes, pues no
permitirá que caiga en la desesperación. Confía en Dios y no quedarás
defraudado.
Dios no le priva del dolor y el sufrimiento de la prueba. Es probado en la fe por nosotros para que nosotros no desfallezcamos. Nos promete su auxilio. Jesús asume el dolor y la soledad solidario con nosotros dándonos ejemplo de perseverancia.
También nosotros pasamos por esta hora de turbación y de
prueba. Jesús nos invita a permanecer en oración sobre todo en los momentos de
agitación, turbación, desolación. Por la mañana, al mediodía, por la tarde alzo
mi voz. Jesús nos pide no abandonar la oración y la súplica. Señor escucha mi
voz suplicante. No te cierres a mi súplica.
Estamos llamados a saber vivir la soledad como espacio de
oración y de escucha como lugar para el encuentro con Dios. Lugar para hacer
experiencia de un Dios cercano al que nos une una dulce intimidad. Señor no
estés lejos. No es la huida lo que salva sino la oración incesante la que llega
hasta Dios. La victoria de Cristo vino a través de su obediencia filial. La
desobediencia y la rebeldía hubiera sido la derrota.
Es a través del abandono confiado como Dios nos salva. Jesús nos enseña a vivir en el abandono confiado. Siendo Hijo aprendió en la escuela del dolor lo que cuesta obedecer para darnos ejemplo. Esta es la lección magistral de Jesús en su Getsemaní, en su Pasión, en la cátedra de la Cruz. Confía en Dios, espera en Dios. El escuchará la voz suplicante, El nos rescatará de la fosa fatal. Espera en Dios que volverás a alabarlo.
SAL 55: EN DIOS CONFIO Y NO TEMO
Jesús en la Pasión deja manifiesto que sufre no solo por fuera sino por dentro. Vive un combate interior entre la luz y las tinieblas, entre la huida y la aceptación, la desesperación y la confianza. La raíz del pecado es la desobediencia.Jesús siente como sus enemigos se confabulan para matarle. Me acechan, me atacan, me oprimen, me hieren.
¿Cómo vence la hora de la prueba? Tres veces se repite todo el día. El acoso es incesante. Tres veces se repite en Dios confío y no temo. En Getsemaní Jesús por tres veces se dirige al Padre en oración: Padre si es posible que pase de mi este cáliz de amargura. Padre todo es posible para ti. Padre que no se haga lo que yo quiero sino lo que tú quieras.
Jesús ora con insistencia, hasta el punto de no tener fuerzas de pararse y tener que orar postrado por tierra. No cesa hasta adherirse a la voluntad del Padre. Levantaos, vámonos, ha llegado la hora.
Jesús personifica la oración del justo y nos enseña a
perseverar en la oración hasta adherirnos a la voluntad del Padre. en esa
situación desesperada no desespera, aunque se siente abrumado no es derribado,
aunque se siente atemorizado el temor no le paraliza.
Ora hasta reavivar su confianza en Dios. En Dios confío y no temo. ¿Qué podrán hacerme los simples mortales? Pide a Dios que haga suyo su lamento y recoja sus lágrimas en un odre. Yo mantendré las promesas que hice porque tu libraste mi vida del que me causaba y acosaba día y noche. Como fruto de esta adhesión se reaviva la confianza. Caminaré en tu presencia todos los días de mi vida.
SAL 56: A TU SOMBRA ME COBIJO MIENTRAS PASA LA CALAMIDAD
Jesús vive en manos del Padre. la primera y última
palabra del evangelio en boca de Jesús es Padre. No sabías que me debo a las
cosas de mi Padre. En tus manos Padre encomiendo mi vida. Tu eres un Padre para
mí y yo tu hijo amado. Estoy en tus manos me tienes en tu pensamiento y tu
corazón. Tu Señor me conoces y me amas. Tu riges todo con sabiduría y poder. Tu
me estrechas por detrás y por delante y me cubres con tu palma.
Jesús nos ha dado a conocer al Padre. No tengáis miedo a
los que pueden matar el cuerpo. Como llama a cada estrella por su nombre y
conoce a los pajarillos del campo vosotros valéis más que los pájaros y no se
pierde ni un solo cabello sin su consentimiento. Por mucho que os preocupéis
¿podéis añadir una sola hora a vuestra vida? El Padre sabe dar a cada tiempo lo
que necesitáis.
Mi corazón está firme te daré gracias ante los pueblos por tu bondad que es más grande que los cielos, tu fidelidad que alcanza las nubes. Ni la tiniebla es oscura para ti y la noche es clara como el día. El salmista encuentra protección cobijado en manos de Dios. Me refugio a la sombra de tus alas mientras pasa la calamidad. Tu conoces hasta el fondo de mi alma, no desconoces cada uno de mis huesos.
Aunque hayan tendido una red a mis pasos para que
sucumbiera y cavado ya la fosa confiaré en el Señor. Aunque se cierna la noche
tenebrosa aguardaré en tu misericordia. Despertaré a la aurora invocando al
Dios altísimo. Misericordia, Dios mío, misericordia. Desde el cielo me enviará
su salvación, enviará su gracia y su lealtad.
En mi debilidad tú me haces fuerte, en mi fragilidad tu me haces firme. Elévate sobre el cielo, muestra tu poder y ven a salvarnos. Tu enviarás tu gracia y mantendrás tu fidelidad de generación en generación. Cada día amaneceré invocando tu nombre evocando tu Resurrección aguardando y esperando la salvación, confiando en el Dios que me ama y que hace tanto por mí. Proclamaré tu bondad que es más grande que los cielos, tu fidelidad que alcanza las nubes.
SAL 57: DIOS RESTABLECIO LA JUSTICIA RESUCITANDO A SU HIJO
Jesús se abandona en el Padre y deja que sea él quien
dictamine y tenga la última palabra. Dios quiso salvar al mundo dándose a
conocer por medio de Jesucristo. La vida eterna es que reconozcan al Dios de
Jesucristo como el Dios verdadero. La condena está en el que rechaza a Cristo y
su mensaje.
No he venido a condenar al mundo sino a salvarlo. No seré
yo el que condene sino el hombre que no acepte mi mensaje, mi propio mensaje le
condenará al no haber creído.
Jesús nos ha revelado el auténtico rostro de Dios. Dios
es misericordioso y quiso poner un límite al mal con su misericordia. No hemos
de tomar la justicia por nuestra mano. No recurráis a la violencia sino venced
el mal con el bien. Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen.
Ser misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso.
El mensaje del evangelio nos revela el corazón de Dios. El remedio contra el mal es el perdón. En medio de un mundo lacerado por el odio y la maldad, sed misericordiosos. Perdonar para que todos encuentren la misericordia de Dios.
El hombre es libre de reconocerlo o de rechazarlo. El
pecado es apartarnos de Dios. Vosotros que seguís vuestro propio albedrío y os
levantáis como jueces inicuos para someter a los hombres según vuestro provecho
y beneficio seréis como las babosas que se arrastran por el suelo. Seréis como
la paja que se lleva el viento, como flor que se marchita, como hierba
pisoteada.
El mal entró por la desobediencia. No dejéis corromper
vuestro corazón, porque del corazón corrompido brota la injusticia. Los que
planeáis delitos seducidos por la serpiente serán exterminados de la tierra.
Dios se alzará como protector de los pobres y oprimidos que heredarán la
tierra.
Practicad la justicia defendiendo a los pobres y
oprimidos. Felices los que buscáis extender mi reino trabajando por la paz
denunciando la injusticia como lo hicieron los profetas. Alegraos cuando seáis
perseguidos por ser justos y buenos porque os espera una gran recompensa.
SAL 58: QUE TU FAVOR SE ADELANTE OH DIOS
Por la mañana aclamare tu misericordia y por la tarde cantare tu fuerza. Este salmo personifica la oración del pobre y afligido que encarna Jesús. Padre Señor del cielo y de la tierra. Te doy gracias porque has querido revelar los secretos del reino y de tu corazón a los pobres y pequeños
Este es mi siervo a quien he elegido, yo le amo y él es
toda mi alegría. No estéis preocupados que vais a comer o beber para poder
vivir. Vosotros buscad su reino y todo lo bueno que hay en él. No os inquietéis
por el día de mañana, cada día tiene bastante con su propio afán.
Jesús se encuentra en medio del dolor y la aflicción pero
permanece en la oración y la súplica. Mira que estoy acechado y me acosan los
poderosos. Alza su voz: líbrame, protégeme, sálvame. Confiesa tu eres mi
alcázar, mi refugio, mi escudo.
Señor sal a mi encuentro, que tu favor se adelante cada
día. Despierta y ven a mi encuentro. Por la mañana es el tiempo de la gracia.
Antes de que salga el sol empieza la jornada en oración y la termina por la
tarde aclamando tu misericordia.
Jesús nos enseña a hacer de la oración nuestra forma de vivir, nuestra vida cotidiana. Jesús busca a Dios como el aire para respirar. Me levantaré cada mañana buscando tu favor y terminaré el día proclamando tu misericordia.
El salmo nos previene de la autosuficiencia, viven sin
tener presente a Dios y les mueve la soberbia insolente. Sueltan la lengua como
puñales. Dan vueltas buscando satisfacer su vientre. Van gruñendo hasta
hartarse. Vagan ladrando como perros salvajes. Profieren mentiras y
maldiciones. Quedarán prendidos en su arrogancia.
Despierta tu poder y ven a salvarme. Parece que Dios
duerme pero a pesar de todo confía plenamente en el Señor. También nosotros
necesitamos abrir nuestro corazón a Dios cuando nos vemos asediados. Necesito
un lugar donde sentirme seguro. Tu mi alcázar me comunicas tu fuerza y me
libras de los temores que me asaltan. Por la mañana invocaré tu nombre y por la
tarde proclamaré tu misericordia.
SAL 59: DIOS HABLO DESDE SU MORADA
Ante un mundo roto y dividido pedimos el Espíritu que
venga en ayuda de nuestra flaqueza. La ayuda del hombre es inútil si tú no
habitas en ella. Renueva, repara las grietas de la Iglesia. Auxílianos,
restáuranos, guíanos con Dios haremos proezas.
Llorareis y gemiréis porque seréis odiados e
incomprendidos. Más no estéis angustiados ni tengáis miedo. No os dejaré
huérfanos. Os enviaré mi Espíritu que os guiará. En el mundo tendréis
sufrimientos pero ánimo yo he vencido al mundo.
Jesús es el ungido por Dios, portador del Espíritu. El Espíritu esta sobre mí. El me ha enviado a sanar los corazones destrozados y vendar sus heridas. Jesús fue elevado al cielo y habló desde su morada. Como el Padre me envió así yo os envio. Jesús pide por los suyos. Padre protégelos del maligno. No te pido que los saques del mundo sino que los defiendas del maligno.
Cuando todo se desmorona y parece derrumbarse tu nos
prometes tu auxilio. Con Dios realizaremos proezas. El derrotará a nuestro
adversario. No temáis yo he vencido al mundo. El Señor se eleva sobre todos los
pueblos y desde allí se abaja para mirar la tierra. No, yo no olvido a los
hombres, comienza vuestra tarea. Este es el tiempo del nacimiento de la
Iglesia, es el tiempo de la misión de proclamar su grandeza. Con el Espíritu
haremos proezas.
Frente al ateísmo y el secularismo no nos quitas del
mundo, nos quieres cercanos a los hombres nuestros hermanos. Frente un mundo
dividido por las discordias, nos quieres en el mundo como fermento de paz y
unidad. Testigos de fe y esperanza en un mundo desalentado y desorientado.
El Señor reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de
Israel. No podemos quedarnos encerrados en nuestro torreón. Hemos de derribar
los muros que hemos levantado. Parece que no hay lugar para ti en nuestras
ciudades y sin embargo tú estás aguardando en cada corazón.
Dios habló desde su morada. ¿Quién me conducirá hasta mi morada en Sión? Triunfante ocuparé Siquem. Tu nos envías a nuestras ciudades para hacerte presente en medio de las realidades que viven. El Espíritu nos ha ungido y enviado, nos ha sido para prolongar la misión del Hijo. Para levantar del polvo as desvalido, para alzar de la basura al pobre, para anunciar la Buena Noticia a los pobres, para levantar testigos en las plazas.
SAL 60: VIVIRÉ EN PRESENCIA DEL SEÑOR
Jesús nos prometió el Espíritu y nos lo dio como lluvia temprana que empapa la tierra. Ahora sois mi morada. Yo habitaré siempre en mi morada. Yo cuidaré de vosotros para que nadie se pierda. Podrás vivir al amparo de mis alas.
No he sido elevado al cielo para olvidarme de la tierra,
no os dejaré huérfanos mi Padre y yo vendremos para hacer morada en vosotros.
Yo habitaré siempre entre vosotros. Mi corazón estará abierto día y noche para
atender vuestros ruegos.
Os revestiré de gloria y de poder y os sentaré como príncipes para reinar sobre la tierra. La gobernareis y cuidareis de ella con amor. Mi gracia y fidelidad te harán guardia. Yo iré cumpliendo mis promesas día tras día. Yo seré vuestro amparo, baluarte, refugio, el bastión que os proteja del enemigo.
El hombre se afanó por levantar una morada digna para el
Señor. Dios mismo quiso levantar su morada entre los hombres. En Cristo puso su
morada para que su presencia llenara la tierra. somos familia de Dios. Somos
ciudadanos del cielo nuestra verdadera patria. A los que veneran mi nombre y
atienden mis preceptos tu les darás una morada eterna.
Como dijo Dios a David: no hay quien pueda contener mi presencia, ni en lo alto de los cielos ni abajo sobre la tierra. Desde el día en que saqué de Egipto a mi pueblo no habité en ningún templo. No serás tú quien edifique una Casa en mi nombre. Será un descendiente tuyo quien la edifique. Yo moraré entre los hombres en un lugar sin puertas ni barreras de día y de noche. Yo estaré en tu Siervo, que tus ojos estén abiertos ante él día y noche escuchando la oración que tu Servidor te dirige en este lugar.
SAL 61: DESAHOGAD ANTE EL VUESTRO CORAZON
En Cristo Dios estableció su morada y nosotros podemos descansar en Dios porque él está con nosotros. Descansa en Dios alma mía y desahogad ante él vuestro corazón. Dadle todo vuestro corazón Pueblo suyo confiad en él. No confiéis en creaturas que son apariencia y pesan lo que un soplo. El ser humano es débil y efímero. Sin embargo, el amor de Dios es estable y firme. Aunque estamos juntos siempre hay una sombra de división, una sombra, una fisura, una herida, una sed que nadie puede saciar.
Cristo habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo. Les he dado a conocer tu amor y se lo seguiré dando a conocer para que el amor con que tu me has amado este en ellos y yo mismo en ellos. El Espíritu es el amor que une al Padre y al Hijo en unidad perfecta. Este amor ha sido derramado en nuestros corazones para que nosotros podamos amar de forma gratuita e incondicional. Nosotros no sabemos ni podemos amar como conviene pero el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad y flaqueza.
Nos hiciste para ti Señor y nuestro corazón no reposará
hasta descansar en tí. El corazón tiene que desahogarse y entregarse a Dios,
solo él es la fuente, que saciará nuestra sed que curará nuestra herida. El
Espíritu nos hace capaces de amar sin condiciones a todas las personas. A veces
tenemos el corazón herido, partido, abatido y no sabemos a quién acudir. Tu
corazón permanece siempre abierto. Sentimos la tristeza, el desengaño, la
frustración, el cansancio, el desánimo. No os hagáis falsas ilusiones. Nadie ni
nada de este mundo podrá colmar nuestras expectativas. No confíes en seres de
barro imperfectos, limitados. Desahogad en Dios vuestro corazón.
La vida se nos va cuando perdemos el amor y nos quedamos apagados. Sentimos nostalgia de amor. A pesar de la desilusión que experimentamos por fuera mira a tu interior. En nuestro interior esta la fuente que calmará nuestra sed. Solo el amor de Dios es firme y verdadero. El verdadero amor conlleva un querer más hondo, una decisión del corazón que involucre toda la existencia. En medio de un conflicto no resuelto, y aunque muchos sentimientos confusos den vueltas por el corazón. Hemos de mantener viva la decisión de amar aunque a veces cueste y suponga dolor.
SAL 62: MI ALMA TIENE SED DE TU AMOR
Jesús no busca en nosotros sino una respuesta a su amor. Por ti madrugo a ti me dirijo cada día. Todo mi ser tiene sed de ti. Tu amor vale más que la vida. Me saciaré con manjares sustanciosos hasta vivir de ti i para ti. Toda mi vida está unida a ti. Te alabaran mis labios y mi boca proclamara tu alabanza. Buscad sin descanso el amor. Vivid en el amor. Somos de Cristo. Le pertenecemos a Cristo. Padre Santo haz que vivan unidos a mí. Aquí estoy yo con los mios, los que Dios me ha dado. Jesús insiste en permanecer unidos a la fuente. Permaneced unidos a mí como yo lo estoy a vosotros. Separados de mí no podéis hacer nada. Como el Padre me ama a mí así yo os amo a vosotros.
Mi vida tiene ansia de ti. Sin ti nada soy. Soy como
tierra reseca agostada sin agua. Nuestro mundo roto y dividido solo se renovará
desde corazones renovados necesitamos de una revolución, la que nos impulsa el
amor. Tantas veces vivimos presos en nuestras prisiones, encerrados en nosotros
mismos, presos de muros y de máscaras por miedo a revelarnos tal cual somos, a
no ser valorados. Todos vamos buscando amor, reconocimiento, afirmación. La
peor enfermedad es la pérdida del amor. Podemos hacer nuestra la secuencia de
Pentecostés: Ven Espíritu de Amor, fuente del mayor consuelo, amable huésped
del alma, calienta nuestra frialdad, brisa en horas de bochorno, paz en las
horas de duelo. Entra en lo más hondo del alma, lava nuestras inmundicias,
fecunda nuestros desiertos, cura nuestras heridas, doblega nuestra soberbia,
luz que penetra las almas, endereza nuestras sendas llena los corazones y
enciende en ellos el fuego de tu amor. Entra y siéntete conmigo como en tu
casa.
SAL 63: ESCONDEME QUE ME REFUGIO EN TI
Cristo encarna el Siervo sufriente. El inocente injustamente acusado y tratado como criminal, cargó con nuestros delitos. Prenden a Jesús. Afilan sus lenguas como espadas, calculan como esconder trampas, inventan maldades porque su corazón se ha pervertido. Herido y traspasado de amor supo extirpar de raíz el mal y el veneno de muerte venciendo el mal con el bien.
Cristo escogió el camino de la humillación. En ese acto
supremo de humillación y de obediencia hasta la muerte nos salva. La raíz del
mal proviene del orgullo y la prepotencia. Cristo venció el orgullo en suprema
obediencia a la voluntad de Dios.
En esa humillación Jesús pone toda su confianza en Dios. Cristo busca en Dios su refugio. Protégeme escóndeme. Dios responde con la resurrección del justo que se alegra por la acción de Dios. Dios liberó a su pueblo de la opresión del poderoso gigante Goliat con el pequeño y pobre David. Dios nos pide sus armas una honda de amor y las pobrecillas de la simplicidad y la humildad. Jesús fue el nuevo David cuya armadura fue una toalla, un cántaro de agua y una jofaina para lavarnos los pies.
Los malhechores en su impunidad se atreven a actuar contra Dios. Inventan maldades y ocultan sus invenciones ¿Quién lo descubrirá? El hombre moderno se cree fuerte en su inteligencia y su poder hasta desafiar al propio Dios. Es la tentación del origen. Tomad el alimento del árbol de la ciencia y seréis como dioses. Pretendiendo ser como dios sin Dios. Jesús adopta el camino contrario de la humildad, de vivir frente a Dios y para Dios.
Jesús nos invita a vivir de cara a Dios, no buscando
nuestra defensa. Aceptar y amar nuestra fragilidad. Nuestra pobreza y
fragilidad será motivo de la intervención de Dios. Nuestras heridas
trasfiguradas resplandecerán con la luz gloriosa de su Resurrección. La
auténtica renovación se dará no con el uso del poder y la fuerza sino de la
aceptación de la paradoja evangélica. Se hizo el más pobre de los pobres para
solidarizarse con todos los marginados y explotados. Los pobres serán los
sujetos privilegiados de la acción de Dios. Dios escogió lo débil del mundo
para manifestar su poder. La nueva evangelización se dará a través de corazones
pobres y desarmados. Corazones heridos por la locura de amor de Cristo. Hombres
con un corazón traspasado y misericordioso como el de Cristo. Aparecerá pobre,
frágil, vulnerable a los ojos del mundo pero puesta para desarmar el hombre del
orgullo y de la prepotencia en que se ha colocado. En su debilidad se
manifestará la fuerza y el poder de Dios.
SAL 64: TU CUIDAS LA TIERRA Y NOS DAS A COMER
EL PAN DEL CIELO
Después de Pentecostés celebramos la fiesta del Corpus Christi. La iglesia vive de la eucaristía. No podemos vivir sin la Eucaristía La Eucaristía hace a la Iglesia y la Iglesia nos invita a la eucaristía como fuente y cúlmen del amor de Cristo. Se nos da para vivir con él, de él y como él. La participación en su Cuerpo no hace otra cosa que transformarnos en lo que tomamos. La eucaristía nos hace uno en Cristo, un solo cuerpo con él.
Jesús se declara como el pan de vida que da vida al mundo. El pan de vida ha bajado del cielo para que quien lo coma no muera sino tenga vida eterna. Mi Padre es el que os da el verdadero pan del cielo, el que da la vida al mundo.
El que viene a mi jamás tendrá hambre. El pan que yo voy a dar es mi carne. La doy para que el mundo tenga vida. Mi carne es verdadera comida. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna. El que come mi carne vivirá gracias a mí. Vivirá en mí y yo en él. Tu nos das tu pan para que nos saciemos de tus dones sagrados. Dichosos vosotros que os acercáis a comer el pan de vida. Me saciaré con la participación en tu banquete de amor. La Eucaristía es el banquete del amor donde Jesús se nos da como alimento. Cada lugar donde se sufre es un lugar para celebrar la eucaristía. Que buen obra hace el amor que el alma transforma en sí. El que me come vivirá en mí y yo en él. En él nos movemos existimos y somos.
El reino de los cielos es semejante al grano de trigo que
cae en tierra y muere. Para que la tierra de fruto riegas los surcos, igualas
los terrones, tu llovizna los deja mullidos, preparas los trigales. En la era
preparas el grano que es triturado en el molino. Con la harina preparas el pan
para ser servido en la mesa.
De igual manera preparas los corazones en el surco de la humillación como pan partido para ser ofrecido en tu altar. El pan bendecido con la efusión de tu Espíritu pasa a ser el pan vivo de tu carne que da la vida al mundo. El hombre no solo tiene hambre de pan sino de amor, justicia, paz, fraternidad. Tú el autor de todo lo creado que afianzas los montes con tu poder, que reprimes el estruendo del mar, quisiste salvar el hombre sin poder haciéndote pobre, pan partido. Tú cuidas de la tierra y la enriqueces sin medida coronándola con tus bienes. La eucaristía es principio y fuente de la comunión. Jesús nos enseña a pasar a ser pan partido, vivir para los demás. Como granos de trigo que se dejan moler por las exigencias de la comunión y signo de esperanza para nuestra humanidad rota y dividida.
SAL 65: VENID A VED LA OBRA DE DIOS
Jesús encarna un nuevo sacerdocio de una nueva alianza y nos invita a prolongar su sacerdocio en el mundo. El es el mediador que intercede al Padre por nosotros. El nos auxilia en cada momento. Él es el sumo sacerdote capaz de compadecerse de nuestras debilidades porque el mismo cargó con ellas.
El nos amó y se entregó por nosotros cuando éramos
pecadores. El nos ha devuelto la vida y no dejó que desfalleciéramos faltos de
ánimo en medio de la prueba., Fuimos puestos a prueba pasando por el fuego de
la humillación y no dejó que sucumbiéramos. Nos purifico en el horno de la
humillación como se refina la plata.
Hizo salir de nosotros un cántico nuevo de alabanza y de acción de gracias. Entrar con la alabanza a entonar este cántico de las criaturas , cántico de alabanza y reconocimiento de la gran obra del Señor que responde a su designio de amor. Señor heme aquí para hacer tu voluntad. Te ofreceré un sacrificio agradable a tus ojos, mi vida como ofrenda de amor para unirla a la tuya y pasar a ser contigo una misma ofrenda. Bendito sea Dios que no rechazó nuestra súplica, ni retiró su favor.
También nosotros hemos sido llamados para prolongar su
sacerdocio entre los hombres, nuestros hermanos. A los que llamó los purifico,
capacitó y santificó para ser ministros de esta nueva alianza. Jesús pidió al
Padre por nosotros. Ruego por ellos, este es mi más ardiente deseo que los que
tu me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria. Ellos en mí
y yo en ellos.
Jesús nos quiere entrañablemente unidos a él para no ser dispensadores o funcionarios meros administradores burócratas sumergidos en ritos y rituales vacíos sino prolongadores y transmisores de su gracia y de su misericordia movidos por el corazón de Cristo.
Sacerdotes con el corazón y entraña de Cristo, que se hizo pobre por amor y se abajo a lavarnos los pies y besar nuestras heridas. Sacerdotes que tengan el corazón traspasado de Cristo, herido de amor. Seremos testigos de la gracia que nos hace fuertes desde la debilidad. No podemos vivir el sacerdocio desde el pedestal de superioridad buscando progresar en la carrera eclesiástica como líder, burócrata y organizador controlándolo todo, como funcionarios de ritos, rituales y prácticas vacías. Bajemos de nuestros pedestales y el afán de protagonismo con deseos de poder y dominio. Que se postre ante ti la tierra entera. No quieres sacrificios de víctimas cebadas, carneros, bueyes o cabras. Cristo ha puesto fin a los antiguos ritos e inaugurando un nuevo sacerdocio. Me preparaste un cuerpo y te lo ofrezco. Aquí estoy yo para hacer tu voluntad. Sacerdotes con entraña y corazón de Cristo, con olor a oveja, que tengan a Cristo en sus corazones y que hablen al corazón. No se puede hablar a los corazones, tocar y sanar los corazones si no estamos arraigados en Cristo desde su humildad mansedumbre y simplicidad de corazón. Dios quiso elegir lo que es débil para confundir a los fuertes. Sacerdotes misericordiosos y compasivos para los que se sienten excluidos, marginados, extraviados.
SAL 66: QUE TE ALABEN LOS PUEBLOS QUE TODOS TE ALABEN
Jesús nos ha constituido un pueblo de reyes con un
sacerdocio real. Este pueblo sacerdotal ofrece a Dios un sacrificio y cántico
de alabanza viviendo como hijos y hermanos con toda la creación. Somos objeto
de la bendición de Dios.
Muéstrate Señor e Ilumina tu rostro sobre nosotros para que nosotros podamos reflejar tu rostro a nuestros hermanos. Señor bendice a tu pueblo, que el Señor tenga piedad y nos bendiga. Tu que riges los pueblos con rectitud y gobiernas toda la tierra, bendice a tu pueble para que te alabe y te bendiga por tus grades obras. Que toda la tierra conozca tus caminos y todos los pueblos tu salvación. Cantar un cántico nuevo, el canto nuevo del amor de la nueva alianza, cantadlo no con la boca sino con el corazón. Bendecid y no maldigáis, bendice el que haced el bien y es reflejo de la bondad de Dios. Sacerdotes del Señor bendecid al Señor. Bendecid, decid bien y no maldigáis. Hemos de relejar el rostro afable y benévolo de Dios siendo afables y benévolos con nuestros hermanos. Cantad con alegría, tocad en su honor. Esta es su alegría vernos que nos amamos.
Bendito sea Dios que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones. Recibid de Dios su bendición y su amor para que podamos bendecir y amar a los hermanos cantad una aclamación que abarque la tierra entera que Dios nos bendiga, que lo reconozcan y lo amen todos los hombres de esta tierra hasta los confines del orbe. De esta bendición surge la proclamación. Es la invitación a todos los hombres de la tierra a venid a ver la gran obra, la grandeza de su amor que tiene su culmen y vértice en la gran manifestación del poderío de su amor. Que se postren ante él todos los seres de la tierra. alegrémonos con Dios que con el poderío de su amor quiso atraer a todos hacia sí. El es el Dios de la vida porque no nos abandonó en las sombras de muerte sino que nos libró y nos ha devuelto la vida. El que ha sido salvado quiere bendecir, quiere aclamar, quiere convocar a todos. Venid y os contaré lo que ha hecho conmigo. Dios respondió a mi oración cuando me sentía solo y abatido, al borde de la muerte. Dios me escuchó y atendió mi voz suplicante. Bendito sea Dios, que te alaben los pueblos, que todos te alaben.
SAL 67: CANTAD UN CANTICO NUEVO
El culto a Dios es un culto de alabanza y acción de
gracias. Cantad y tocad para nuestro Dios, hacedlo con maestría. El culto del testamento
nuevo de Jesús es un cántico nuevo. En este cántico estamos llamados
y congregados como hijos y pueblo suyo todos los habitantes de la tierra Dios
se nos revela como el Padre de huérfanos, protector de viudas. El libera de la
opresión a los oprimidos y cautivos. El prepara una casa a los desvalidos Aliviaste
la tierra extenuada y derramaste en tu heredad tu gracia como una lluvia
copiosa y los llenaste de tus bendiciones. Él soporta y lleva nuestras cargas y
les da fuerzas para que no desfallezcan por el camino. Prepara una fiesta, un
banquete les da el pan del cielo y la copa rebosa de bendición. El guía a su
pueblo en medio del desierto hasta introducirles en la tierra prometida.
Reconoced las obras que hace el Señor. Los pobres se alegran y gozan en la presencia de Dios rebosando de alegría. Este salmo canta la obra del Señor que habita en medio de su pueblo. Como cántico nuevo, los renacidos en Cristo, somos invitados a cantar no solo con la lengua y los labios sino con el corazón, con toda la vida. Disponte para cantar el cántico nuevo. Es un canto bello porque es armonioso en armonía con toda la creación. Se canta en coro de voces diferentes barítonos, sopranos, contralto, tenor, bajo y tonos distintos bajos y altos, en toda la gama de tesituras y timbres como son las diferentes lenguas y culturas de los hombres de esta tierra. Se alaba a Dios con una vida santa, concorde a su voluntad. Canta bien quien ama, solo el amor nuevo que es derramado en nuestros corazones es capaz de conjugar hombres de distintas razas en unidad y fraternidad. No dejemos de cantar, alabar, servir, amar a Dios con nuestra vida. Mantengamos una buena conducta, abajándonos con los humildes, sobrellevándonos y soportándonos con amor pues todos somos hermanos.
SAL 68: CANTO DE PEREGRINACION
Este salmo de peregrinación puede aplicarse a Cristo Buen Pastor que camina con su pueblo. Jesús encarna este salmo en la entrada a Jerusalén y en el introito del santo en la oración eucarística. Es un canto de alabanza en el que participa la Jerusalén celeste, la Iglesia triunfante del cielo y la Iglesia militante que nos encontramos en peregrinación al cielo. Cantad a Dios y alabadle. Gloria Dios en el cielo y paz a los hombres que habitan en la tierra. Reconoced al Hijo de Dios que viene en la humildad de su Siervo, en nombre del Señor, a salvarnos. Preciosa imagen de la Iglesia sinodal en camino. Los primeros son los últimos y pequeños, al frente marchan los cantores con sus voces como los ángeles y los últimos los tocadores de arpas con sonidos mas graves. Él proclama y lanza su voz poderosa, la que cumple los mandatos del Señor. El da aliento y fuerza al pueblo para que no sucumba por el camino.
El salmo evoca el éxodo la peregrinación por el desierto hacia
la tierra prometida. Utiliza preciosas y evocadoras imágenes: Salías al frente
del desierto para defender al pueblo de los enemigos. Bendito sea el Señor que
sale cada día a nuestro encuentro para preparar la peregrinación. El lleva
nuestras cargas nos abre las aguas nos trae desde el fondo de los abismos. Como
caminó con su pueblo por el desierto sigue caminando con nosotros. Camino no
solo por delante aligerando el paso sino tendiendo su mano para que nadie se
quede fuera. Manos tendidas para los pobres, huérfanos, viudas, desvalidos y
cautivos. Camina con nosotros habiéndonos preparado una morada eterna. Cristo
sube hasta el Monte Santo (Calvario), vértice de la peregrinación y puerta
hacia el cielo. Como se levantaba el arca en el desierto hoy levantamos la cruz
del Señor, donde se ofreció para alcanzar el perdón de nuestras ofensas y para
defendernos de todo mal, que huyan los enemigos. Los humildes le dan gracias y
se acogen a él.
Despliega tu poderío Señor y no dejes que las fuerzas del
mal se alíen contra nosotros. Contigo a nuestro lado caminaremos seguros hasta
la morada eterna que nos has preparado.
SAL 69: CONTEMLADLO LOS HUMILDES Y VIVIRA VUESTRO CORAZON
Dios quiso salvar el mundo mediante la entrega de su
propio hijo. Este salmo evoca la petición de Jesús el pobre de Yahvé en la cima
del Monte Santo.
Ante la contemplación de su muerte en oración esta María su madre, el discípulo amado y las mujeres santas que acompañaron a Jesús hasta el final. En su soledad Jesús suplica al Padre y se convierte en el modelo de nuestra oración. Juan remarca que sucedió tal como se anunciaba en las escrituras para que contemplando tan grande ofrenda de amor encontremos fuerza para perseverar en medio de las dificultades: Mirarán al que crucificaron.
El Hijo tomo sobre sí nuestros delitos y se entregó a la muerte por nuestros pecados. Me llega el agua al cuello, me hundo en un cieno profundo, he bajado hasta la hondura desde la fosa de muerte. Soy como un extraño para mis hermanos, la afrenta me destroza el corazón y desfallezco. Espero compasión y no la encuentro, para calmar mi sed me dieron vinagre. Se me nublan los ojos de llorar, estoy agotado de gemir y tengo ronca mi garganta. La vergüenza cubre mi rostro. Desde lo hondo acudo a ti mi Dios. Por tu gran amor escúchame. A tí no se te oculta mi dolor y mi desgracia. Soy u pobre malherido. Ante ti mis llagas, mis heridas, quedan al descubierto. Por tu gran compasión vuélvete hacia mi y ten compasión de mí. Si es tu voluntad rescata mi alma de los que ansían matarme. Se que los que esperan en ti no quedan defraudados.
Jesús, el Siervo doliente y sufriente se identifica con
nosotros para que nadie se sienta no entendido. Se identifica con los pobres y
afligidos que quedan hundidos en la fosa de la muerte y del sinsentido en
tantos crucificados víctimas del odio y la guerra. Miradlo los humildes,
Contemplad al Señor y revivirá vuestro corazón.
Su grito de auxilio y su oración quiere compartirlo con
nosotros ¡Que tremenda paradoja! Un dios que asumiendo nuestra impotencia nos
pide auxilio. Tu que ves mi afrenta y mi dolor no te quedes lejos, respóndeme. No
le demos a beber el vinagre de nuestra indiferencia sino atrevernos a
corresponder con nuestro amor y compasión, lo que puede aliviar su sed, calmar
su sed de amor. Cuántos los que se quedan lejos y al margen. Por no mirarle ni
contemplarle quedamos ciegos ante el misterio que se nos presenta. Dios quiso
revelarse en Cristo y revelarnos en Cristo, en el crucificado de amor, aquel
que viene a salvarnos no por fuera sino desde dentro.
El que residía en lo alto de los cielos revestido de su
gloria, se despojo de su manto de gloria y se anonadó hasta quedar al desnudo
inclinado sobre nuestras heridas para besarlas con su misericordia. Dios se
humilló, se hizo pobre y pequeño y nos invita a ser pobres y pequeños.
Contempladlo y se alegrará vuestro corazón y quedareis radiantes.
SAL 70: ALEGRAOS CONMIGO TODOS LOS QUE LE
BUSCAIS
Dios es el Señor de todos. A todos creó con amor y por todos se entregó. El mundo parece dividirse entre los que lo acogen y los que lo rechazan. ¿Su gran amor, a quién se manifestó? Dios se manifestó a todos para que todos creyeran en él y encontraran en él la luz y la vida. Pero el hombre es libre para acogerlo o rechazarlo. Que se acercan a él encontrarán la salvación. Los que se alejan la desesperación. Somos invitados y convocados como pueblo de la vida a bendecid al Señor y proclamad el poderío de su amor. Alégrense conmigo todos los que lo buscáis, no cerréis ni endurezcáis vuestro corazón. Los que abren su corazón encontrarán sosiego y compasión. Dichoso aquel que lo toma como su maestro y consejero. Los que le rechazan, os que traman su daño se retiran avergonzados. Su vida queda reseca y cubierta de oscuridad. El hombre no es capaz de salvarse por sí mismo. Cuando nos apartamos de Dios y damos nuestro corazón a otros dioses cesa el canto, no somos capaces ni de orar ni de amar.
¡Qué triste vivir como si Dios no existiera! Como un pájaro que le quitas el cielo o un pez que sacas de su hábitat marino. Uno se siente asfixiado sin aire para respirar. Dios quiso venir a salvarnos y dichoso aquel que le acoge. Se alegrará su corazón, se llenará de luz y de vida, su vida resplandecerá, reverdecerá. Dios quiso hacerse hombre para poder encontrar en el hombre un ser que reconociese y correspondiese a su amor. Pero no puede forzarnos u obligarnos a amarle. Dios se hizo hombre para hablarnos desde el corazón, Dios está con nosotros, pero precisa que el hombre se vuelva hacia él, queramos vivir con él. Por su parte espera que le abramos el corazón. déjame curarte para que puedas verter el oleo de mi misericordia en los corazones rotos y desgarrados. Alegraos conmigo todos los que le buscáis. Encontrareis su corazón abierto y lleno de piedad y ternura para los que le buscan.
SAL 71: NO ME ABANDONES, SANAME POR TU AMOR QUE ESTOY HERIDO DE AMOR
En la Cruz el Señor cerró sus ojos y nos abrió y entregó
su corazón. La oscuridad cubría la tierra y un soldado le abrió su costado
comuna lanza. De su costado brotó sangre y agua. El rostro más bello entre los
hombres fue crucificado y despojado de toda gloria y dignidad. Dios ocultó para
si su belleza. No había en él hermosura, nada atrayente que pudiéramos estimar.
Cuando el Hijo amado cerró sus ojos, el Padre ocultó su rostro. Dejó a su
propio hijo dormir en la oscuridad de la noche hasta despertarlos al tercer
día. Sus ojos se volvieron a abrir en la mañana de Resurrección. Ningunos ojos
tan abiertos, tan resplandecientes irradiando amor y misericordia. Desde
entonces su claridad será jamás oscurecida. Esta fuente de amor que mana y
corre esta escondida y no sabemos la medida (San Juan de la Cruz)
Señor déjame ver tu rostro, mírame y quedaré radiante. Abre los ojos de mi corazón para poder contemplarte. Mis ojos mis pobres ojos los hiciste para ver , no solo para llorar. Oh belleza tan hermosa, tan antigua y tan nueva (San Agustín). Jesús es el Pastor hermoso que nos acompaña toda nuestra vida (Carlo María Martini).
Mis ojos se apagaron en la oscuridad de la noche. Cuando
damos la espalda a Dios nos quedamos en la oscuridad. La verdad y la belleza
del hombre es negada donde quiera que se manifieste el odio y la maldad.
Cuántas veces nos dejamos seducir por el canto de las
sirenas y quedamos desnorteados, perdiendo el rumbo de nuestra vida y el anhelo
de nuestro corazón. Jesús es ese Pastor hermoso porque hermoso es su amor que
no nos abandona en la oscuridad de la noche. En el tiempo de la vejez, cuando
las fuerzas menguan y la belleza exterior se desmorona no nos abandona. Señor
no me abandones, sáname por tu amor que estoy herido de amor. Cuando se
oscurece la luz y es de noche, el misterio de Dios queda escondido. En la Cruz
el Hijo de Dios escondió su divinidad, en la Eucaristía escondió también la
humanidad. Pero por la fe sabemos y creemos que está. Dichosos los que creen,
te adoran y te aman.
No vemos sus llagas y heridas pero vemos las nuestras. Al
médico herido de amor que carga nuestras heridas le imploramos Oh buen Jesús
por tu sangre derramada límpiame, sáname confórtame (San Ignacio de Loyola).
Cuánto más hombre se haga el hombre, ser necesitado de amor, el hombre mas
experimentará la necesidad de adorar (Teilhard de Cardin) rindamos todo nuestro
ser adorando y admirando su misterio de amor, ofrezcamos todo lo que somos y
tenemos al que se hizo hombre y prójimo por amor (solo el merece ser adorado y
amado por lo que es).
SAL 72: CUANDO ME FALLAN LAS FUERZAS NO ME ABANDONES
Jesús intercede por Pedro en el momento de la prueba,
cuando va a ser cribado y molido como el grano de trigo. Simón vas a ser
cribado y zarandeado como trigo en la criba. Animo, he rogado por ti, para que
no te falte la fe. Cuando vuelvas en ti, ayuda a tus hermanos a permanecer
firmes. En la prueba del dolor es dónde se prueban los verdaderos amigos. En
esos momentos Jesús le tiende su mano a Pedro. No se conocía así mismo. Se creía
seguro de sí mismo, incapaz de dar la espalda a Jesús. Por ti estoy dispuesto a
dar la vida más sin embargo se va a sentir probado, infirme (enfermo) quedando
al desnudo en su propia debilidad. Recuerda los tiempos pasados como desde mi
juventud yo te instruía y te protegía. Desde el seno materno tu me sostenías y
eras mi fuerte refugio. Pude pasar por muchos y graves peligros.
Ahora en tu vejez y enfermedad cuando te van faltando las fuerzas no te abandonaré Por mi parte yo seguiré esperando y redoblaré mi esperanza y mi confianza en ti, porque fuiste mi auxilio.
Jesús en la cruz mendiga nuestro corazón, se asfixia y
espera de amigos que calmen su sed. Que contradicción que el que es la fuente
mendigue amor tocando las puertas de nuestro corazón. Jesús nos invita a escuchar el susurro de su
corazón herido. No me abandones, sálvame por tu amor. Nosotros podemos calmar
la sed de Jesús en tantos crucificados de hoy. Cuando vuelvas porque yo te haga
volver confirma a tus hermanos, fortalece la fe de los más débiles, vulnerables
y afligidos.
Jesús se queda solo, note quedes a distancia, no me
abandones. Acude al Padre como su confidente. Se nos da como ejemplo de aquel
que intercede ante Dios como el único que puede salvarle. Me sostuviste y de
nuevo me consolaras.
Tu me levantarás de mi postración y me harás subir de lo
hondo de la tierra. De nuevo me darás vida cuando pierda el aliento. Yo te
ensalzaré y te daré gracias, mi lengua y mis labios te aclamarán porque fuiste
mi amparo y mi auxilio.
Nosotros somos testigos. Nosotros hemos sido levantados
de la fosa y librados del poder del pecado y de la muerte. Nuestra confianza y
amor a Jesús calma su sed. Pide que nosotros sus amigos no le abandonemos. No
te quedes a distancia, date prisa en socorrerme.
Jesús nos promete su auxilio. Cada día te alcanzará mi
gracia. Yo me levantaré sostenido en tu amor y misericordia para proclamar tus
proezas. Cada día recitaré tu auxilio y mi boca proclamara tu alabanza.
SAL 73: HARE DERRAMAR MI AMOR SOBRE LA TIERRA RESECA Y EXTENUADA
Este salmo tiene una fuerte connotación eucarística. Hace alusión en prefiguración de la Eucaristía. Cristo se entrega por nosotros y nosotros nos alimentamos de él hasta la victoria final
Como el pueblo israelita en su éxodo por el desierto fue
curado, levantado y fortalecido de la mordedura de la serpiente mirando el
estandarte de la Cruz y alimentado con el mana del cielo y el agua que manaba
de la roca, así nosotros somos sanados y fortalecidos en nuestra travesía por
la Eucaristía para que no desfallezcamos por el camino.
Este mi Cuerpo entregado como alimento y mi sangre que os
purifica de vuestros pecados. Yo derramare mi gracia como lluvia fecunda que
empape esta tierra extenuada.
Yo fecundaré los corazones con el rocío de mi Espíritu para que florezca la unidad, la justicia y la paz en esta tierra dividida por el odio y las guerras. Yo de nuevo enviare la lluvia para que fecunde los campos y broten las espigas. Para alimentar a mi pueblo extenuado, para saciar y salvar la vida de los pobres.
No hemos sido salvados con oro y plata, valemos la sangre
preciosa de Cristo. Hemos sido revestidos de Cristo, hemos pasado a ser
miembros de su cuerpo para que fructifiquemos en la construcción de un mundo
nuevo, como semillas del reino nuevo de Dios.
Contamos con su auxilio y su amor. Su amor es eterno.
Somos fortalecido con su presencia en nosotros y entre nosotros. Se nos pide
que reconozcamos su presencia en nosotros pobres y necesitados, en los más
pobres y vulnerables.
No podemos quedarnos hundidos y abatidos. La victoria del
Cordero perdura por siempre y para siempre. Su bendición de generación en
generación. El nos levanta del polvo y nos abre los ojos y el corazón a un
futuro glorioso ilimitado en el tiempo y el espacio que llega hasta los
confines de la tierra y el final de los tiempos.
Este el Pan que ha bajado del cielo que contiene en sí todo deleite. Solo Dios es adorable y digno de ser adorado. Que se postren ante él y lo reconozcan los pequeños y grandes, que todos ofrezcan sus vidas como don por el gran don recibido.
SAL 74: PARA MI LA VIDA ES CRISTO
Tomando las palabras del salmista: meditaba sobre mi destino y me resultaba muy difícil hasta que entré en el misterio de Dios y comprendí lo que Dios ha preparado y destinado. Para mi lo bueno es estar junto a Dios y hacer de él mi refugio, ¿no te tengo a ti en el cielo? Entonces no me importa lo que me pueda ocurrir en esta tierra.
Como dice el apóstol Pablo, vivo en la fe del Hijo de
Dios que me amó y se entregó por mí. Para mí la vida es cristo y la muerte una
ganancia, nada vale la pena en comparación con el bien supremo que consiste en
conocer a Cristo. Quiero estar unido a él no por mis méritos y fuerzas sino en
virtud de su fuerza salvadora, quiero conocer a Cristo, experimentar el poder
de su Resurrección compartiendo sus sufrimientos y muriendo su misma muerte,
Espero por ello alcanzar así la Resurrección.
Que Cristo habite en el centro de vuestra vida así seréis
capaces de entender cuán largo y ancho, cuán alto y profundo es su amor, un
amor que desborda tonta ciencia humana y nos colma de la plenitud misma de
Dios.
Aunque Cristo es el que me ha alcanzado no quiero decir que lo haya logrado o conseguido todavía llegar a la meta, pero olvido lo que he dejado atrás y me lanzo hacia adelante en busca de la meta. Preferiría partir de este mundo para estar ya con él. Pero si considera que es para vuestro provecho y beneficio seguir en este mundo continuaré anunciando a Cristo.
Al hombre le resulta muy difícil entender su destino. Sin la fe en el Hijo de Dios es imposible escrutar sus designios, lo que él ha preparado a los que le acogen y aman. A veces nos resulta difícil conjugar nuestra la temporalidad y la finitud de nuestros hechos tan volátiles y pasajero con la infinitud de nuestros deseos; nuestra temporalidad como seres de esta tierra y nuestro destino como buscadores del cielo; nuestra humanidad y los destellos de la divinidad impresa en nuestros corazones creados a imagen de Dios. A veces tenemos la impresión de aspirar tan alto que nos resulta imposible llegar hasta la meta colmando nuestras expectativas. A veces mirando atrás pudiéramos caer en nuestra corta visión e impresión que a penas hecho nada o peor en la amargura de que nada ha merecido la pena.
Sin embargo, cristo viene a iluminar nuestros corazones
para comprender sus insondables designios de amor que el ha reservado a los que
en él confían. Nada está perdido, aunque nuestro pequeño granito de arena fuera
como una gota de agua que se diluye en un inmenso océano, él contiene todo ese
torrente inmenso de amor y resiente el más mínimo detalle y pequeña ofrenda de
amor con un valor incalculable.
No debemos dejarnos llevar por nuestro hacer sino en el ser delante de Dios. Solo él puede colmar los anhelos más profundos del corazón. todas las cosas de este mundo son pasajeras y nos dejan vacíos con una insatisfacción profunda. Como dijera San Agustín ese buscador insaciable del amor, fuimos creados por él y para él y nuestro corazón no descansara hasta reposar en él.
SAL 75: QUE LOS HUMILDES, POBRES Y AFLIGIDOS ALABEN TU NOMBRE
El oprimido y afligido grita ¿hasta cuándo? ¿Por qué
retraes tu mano izquierda y tienes tu derecha escondida en el pecho? Ten en
cuenta la opresión de quienes nos afligen, los enemigos que te ultrajan y
desprecian tu nombre. Levántate y defiende nuestra causa, no entregues a los
buitres la vida de tu tórtola ni olvides sin remedio la vida de los pobres.
Más nuestro Goel, nuestro defensor no alza su mano
derecha para eliminar con golpes al opresor sino que se pone como intercesor
para suplicar el perdón de todos. Padre perdónalos, no les tengas en cuenta lo
que hacen porque no saben lo que hacen. No eres un Dios justiciero que vences
con la ira y la venganza, sino que nos ganas con tu misericordia.
Retraes tu mano izquierda para no castigar desplegando tu poder con ira y extiendes a todos tu mano derecha para salvarnos, venciendo el mal con el bien. Cristo es nuestra paz. El ha derribado en su Cuerpo la barrera de odio que nos separaba y ha hecho de los pueblos enfrentados una sola familia, ha dado u golpe de muerte a la enemistad (el enemigo) que nos tenía divididos.
Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo, de quienes rescataste para posesión tuya. La Iglesia perseguida hace suyo este salmo en medio de la persecución, sobre todo cuando parece triunfar los opresores. El furor antirreligioso de los que se rebelan contra Dios. El origen del mal se indujo por la desobediencia. Nos sobrevino la desgracia porque le dimos la espalda a Dios. Rompiendo la Alianza, los vínculos de amistad y la comunicación con Dios rompimos los vínculos de amistad entre nosotros. Alejándonos de Dios nos alejamos de nosotros mismos hasta pervertirnos y hacernos enemigos de nuestros propios hermanos.
Las imágenes de la destrucción de tu santuario dan
pruebas del furor del enemigo. Prendieron fuego a tu santuario, derribaron y
profanaron la morada de tu nombre, incendiaron todos los templos del país. Ya
no se ven ni signos ni profetas porque han sido expulsados, exiliados o aniquilados.
Los pobres y afligidos acuden al único Goel, defensor, que puede
librarlos. Tu nuestro Goel y defensor sal en defensa de nuestra causa.
Tú que hendiste con fuerza el mar, aplastaste la cabeza del Leviatán y ganaste
la victoria en medio de nuestros enemigos, sal en defensa de los pobres y
afligidos.
La acción redentora de nuestro Dios nos mueve a la
reconciliación de los contrarios. Tu amor lo extiendes sobre todos para que se
reconcilien los opuestos. Amad a vuestros enemigos, orad por los que os
persiguen. Todos te alabarán la luna y el sol, el día y la noche, el verano y
el invierno, el frio y el calor, los pequeños y los grandes.
SAL 76: YO SIEMPRE TE ALABARE Y PROCLAMARE TU GRANDEZA
Solo Dios es grande y merece nuestra alabanza. Es el
Señor quien lo hace. Somos puro milagro, prodigio de su misericordia infinita.
Hemos sido rescatados y salvados por puro amor.
¿Cómo darte gracias por tantos beneficios? Alzaré la Copa
de salvación. El Señor tiene una copa en la mano, un vaso lleno de vino drogado
que nos das a beber hasta la última gota.
Este salmo hace alusión al sacrificio eucarístico de
Cristo que se ofrece por nuestra salvación. Bebamos de la Copa de salvación
para que drogados, atraídos, seducidos por su inmenso amor, proclamemos su
grandeza.
Jesús tomando la copa la bendijo y se la dio a beber a sus discípulos: Este es el Cáliz de la Nueva Alianza confirmada con mi sangre que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados.
En el mundo que vivimos nos hemos hecho necios y
arrogantes usurpando el lugar de Dios. Conociendo a Dios le dieron la espalda y
no le retribuyeron el honor que merecía, al contrario, alardeando de sabios se
hicieron insensatos dejando correr su pensamiento tras cosas sin valor y
dejando su corazón lleno de oscuridad.
Aunque todo se tambalee y tiemble la tierra no vacilaré
afianzado en la Roca inamovible de su inmenso amor. Dios permite la humillación
para levantarnos y abrazarnos con su inmenso amor. A los humildes colma de
bienes y a los ricos los despide vacíos.
No os jactéis con arrogancia de vuestro poder y
sabiduría, no alcéis la testuz contra el cielo, no digáis insolencias contra la
Roca. Abandonando a Dios y poniéndose en su lugar quedaron a merced de su mente
pervertida.
Solo Dios es digno de adoración porque es el creador del
mundo y quien lo gobierna. Él no dejara que nadie le arrebate lo que está en su
mano. Lleva en sus manos los destinos del mundo y todo lo conducirá a un final
feliz. Yo doy mi vida por mis ovejas y jamás perecerán ni podrá nadie
arrebatármelas.
Sólo Dios gobierna con amor y soberano poder todo lo que
él ha creado, de los cuatro puntos cardinales vendrán a alabarlo. Los humildes
heredarán su Reino y proclamarán su grandeza mientras los arrogantes quedarán
vacíos.
SAL 77: A TI CUMPLIRE MIS VOTOS EN ACCION DE GRACIAS
Jesús en el Monte Sión del Calvario manifestó su gran amor por nosotros. Cuando sea levantado en lo alto atraeré a todos hacia mi. ¿Quién podrá resistirse ante su inmenso amor? No fue con ira ni con alaridos de venganza sino a través de su amor misericordioso como derribó a los poderosos inmovilizando carros y caballos y levantó sus brazos para salvar y enaltecer a los humildes de la tierra.
Desde el cielo proclamó el Padre la victoria sobre la
muerte con la Resurrección del Hijo. Allí se puso fin a la oscuridad y la luz
brilló en todo su esplendor. Allí quebró los relámpagos del arco, el escudo, la
espada y la guerra.
El evangelista nos describe este momento con imágenes teofánicas y apocalípticas: la tierra tembló y las rocas se resquebrajaron y muchos corazones compungidos se abrieron a su perdón. Las tumbas se abrieron y muchos volvieron a la vida. Los que estaban ciegos comenzaron a ver. Entre ellos el centurión romano y los que hacían su guardia ante Jesús, Al ver todo lo que estaba sucediendo exclamaron sobrecogidos: verdaderamente éste era Hijo de Dios.
El salmista nos invita a la conversión nacida del
corazón. Amor con amor se paga. Solo tu mereces ser alabado por tu inmenso
amor. ¿Ante esto, que diremos? cumpliré mis votos en acción de gracias y
proclamaré la grandeza de tu amor por siempre.
Dios es el único que merece nuestra alabanza y adoración. El es el único y soberano de todo. Todos deben de rendirle honor y gloria por siempre, por su infinito amor hacia nosotros. Nuestros corazones endurecidos como piedras toman carne, las losas que nos encerraban en la oscuridad de la muerte se abren y somos ahora testigos de su resurrección. Los muertos salieron de sus tumbas después de la resurrección de Jesús y entraron en la ciudad donde se aparecieron a mucha gente,
Todos los que empuñan la espada a espada morirán más quien persevere amando hasta el final se salvará. La imagen de Pablo se nos presenta como icono del hombre nuevo convertido de perseguidor en anunciador de su Resurrección. Iba con su espada cotando cabeza y termina como testigo muriendo por Cristo bajo espada. En Tre Fontane brotaron tres fuentes cuando su cabeza cayó por tierra golpeándola tres veces.
SAL 76: QUE DIOS ES TAN GRANDE COMO NUESTRO DIOS
El salmista se para a contemplar la gran teofanía del
Calvario. Con tu brazo rescataste a tu pueblo y mostraste tu poder a todos los
pueblos de la tierra.
Junto a la cruz a su lado permanecían absortas en contemplación del Crucificado maría la madre de Jesús y Juan el discípulo amado y algunas mujeres que le acompañaban que le miraban de lejos, María Magdalena, María la mujer de Cleofás que era hermana de su madre, María la madre de Santiago y José y la madre de los hijos de Zebedeo.
También ahora la Iglesia se mantiene en contemplación del
Crucificad-Resucitado. No bajamos los brazos ni dudamos de su poder salvador.
En silencio de la noche cuando nos asaltan los porqués, nuestra boca ahoga y
traga los lamentos y quejas. Aunque estemos inquietos, angustiados y agitados
no podemos dudar de su bondad y fidelidad. ¿Es que el Señor nos va abandonar y
rechazar y no volverá a favorecernos? ¿Se ha agotado ya su misericordia, se ha
terminado para siempre su promesa? ¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad o
la cólera cierra sus entrañas? ¿Se habrá agotado su amor y olvidado de ser
compasivo y misericordioso?
La respuesta es evidente considero y medito todas tus obras recordando las maravillas que hiciste y deduzco que su misericordia y fidelidad duran por siempre. El Señor no cambia, no dejará de brindarnos su favor, no dejará de favorecernos.
Todo el salmo es una invitación a la esperanza, a repasar la historia de salvación para no olvidar su bondad y su fidelidad y mantenernos fieles en medio de la adversidad. En medio de la tribulación seamos pacientes y mantengamos la fortaleza de espíritu confiando siempre en el Señor. El recuerdo de sus obras nos ayuda a soportar la angustia y el sufrimiento presente. Repaso los días antiguos y recuerdos los años remotos. Se recuerda el paso del mal Rojo. Tú nos abriste camino entre las aguas caudalosas. Tú nos guiaste como a un rebaño por medio del desierto. Al recordar sus acciones se renueva la confianza y la esperanza. La causa de permanecer angustiados es la falta de fe, de amor y de esperanza. No es tanto la aparente ausencia de Dios cuánto el preguntarse por el carácter definitivo que pueda tener dicha ausencia ¿Será para siempre? ¿Será un olvido total y perpetuo? Aunque todos te abandonaran yo jamás te abandonaré. El no puede dejar de ser lo que es, sería negarse así mismo. No es fácil tolerar las adversidades, pero Jesús se nos presenta como nuestro modelo e intercesor. Tú nuestro redentor sufriste como cordero degollado cargando y soportando con paciencia nuestros sufrimientos y pecados ¿Qué Dios es grande como nuestro Dios?
SAL 77: NO TE OLVIDES DE SUS PROEZAS
El salmo narra las acciones que Dios ha tenido con su pueblo con objeto de reavivar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor. Medítalas y cuéntalas de generación en generación para que pongamos en Dios toda nuestra confianza y esperanza,
El Señor se manifestó de forma prodigiosa en el epicentro
de la historia enviándonos al Verbo. Tanto amó Dios al mundo que nos entregó a
su único Hijo, el amado para darnos a conocer su infinito amor. En el ápice de
su encarnación el Hijo se entregó por nosotros en el altar de la cruz. De la
hendidura de su costado, de su corazón traspasado brotó sangre y agua, un
pueblo nuevo, la Iglesia. Pondera el lugar donde fuimos engendrados. El se nos
da en la Eucaristía donde nos da a gustar el mejor alimento que nos hace
Iglesia, familia, vivir en comunión con él y los hermanos. Hirieron la roca de
su Cuerpo para que se abrieran nuestros corazones de piedra y se volvieran en
corazones de carne. El Hijo tenía que ser levantado en alto para que todo el
que crea en él tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo para condenarnos sino
para salvarnos. La condena se vuelve para aquellos aque rechazan su amor y
persisten en su increencia.
El salmista nos invita a repasar nuestra historia haciendo memoria de su gran amor. Hacemos memoria para redescubrir nuestra propia historia. No olvides sus acciones. Contempla como a pesar de nuestras transgresiones e infidelidades Él hizo portentos a la vista de todos. Dividió el mar pata abrirnos paso entre aguas caudalosas. Nos guio por el deserto con una nube. Cuando desfallecíamos de sed de la hendidura de la roca nos diste a beber agua a raudales. Cuando desfallecíamos de hambre nos proveyó del pan del trigo celeste para comer hasta hartarnos. Hizo soplar desde el cielo y dirigió con su fuerza el viento dio prueba con sus plagas y nos guio entre incontables prodigios. Pese a todo, nuestros corazones se cerraron y no fuimos fieles a sus pactos y alianzas. Frente a nuestra obstinación Él perdona nuestras culpas y en lugar de destruirnos nos cuida con paciencia. Se apiada de su pueblo y pone de manifiesto su compasión y fidelidad. Nos pastoreas con corazón integro y nos guías con mano inteligente. El mensaje sapiencial al que nos conduce el salmo es que nosotros nos hemos hecho merecedores de las calamidades que nos han sobrevenido. Han venido por apartarnos del Señor y serle infieles, por no fiarnos y confiarnos ciegamente en Él. Pero la paciencia y la misericordia de Dios es infinita. Pongamos toda nuestra confianza en Él y mantengámonos con el corazón integro y fiel que responda a tu gran amor.
SAL 78: EL BUEN PASTOR QUE ESCUCHA EL GEMIDO DE LOS POBRES
Jesús se nos presenta como el buen pastor que guía a su rebaño y lo defiende del enemigo. Yo soy el buen pastor que conozco a mis ovejas y doy la vida por ellas, nadie las podrá arrebatar de mi mano. El se pone delante de sus ovejas y les va abriendo camino. Las ovejas siguen sus pasos porque reconocen su voz. El las conoce y las llama por su nombre. El buen pastor se desvive por las ovejas y da su vida por salvar sus ovejas. Es la misión y el encargo que el Padre le ha encomendado. Mi rebaño anda errante y disperso sin que nadie se preocupe de ellas, yo mismo cuidaré del rebaño e iré a buscar a mis ovejas. Yo mismo iré a salvar a mis ovejas para que no estén expuestas al pillaje. Yo las congregare y reuniré y las llevaré al lugar de reposo. Yo las apacentaré en buenos pastos. Yo buscaré a la oveja perdida, tornaré a la descarriada, curaré a la herida, confortaré a la enferma y llevaré sobre mis espaldas a la desvalida.
Este salmo bien refleja el pueblo en marcha y peregrino por el desierto. También nosotros sentimos a Jesús como buen Pastor caminando con nosotros. Nosotros somos tu pueblo y ovejas de tu rebaño. Es la oración de los pobres, del pueblo que se siente oprimido y perseguido. Nosotros lo invocamos en medio de la persecución. Que tu salvación nos alcance Señor y Dios nuestro. Tu nuestro buen pastor mira a tu pueblo abatido. escucha el clamor y el gemido de los pobres y no nos abandones en el momento de la prueba y la tribulación. Nos devoran, asolan nuestras casas, somos el escarnio y la burla de nuestros opresores. Derraman la sangre de los más pequeños e indefenso, echan los cadáveres de tus siervos como pasto a los buitres. No nos abandones. Llegue hasta tu presencia el gemido del cautivo, con brazo poderoso salva a los condenados a muerte. Socórrenos, que tu compasión nos alcance pronto, nosotros te daremos gracias y cantaremos tus alabanzas de generación en generación.
SAL 79: MUESTRANOS TU ROSTRO DE BUEN PASTOR Y RESPLANDECE
Tu que guías a tu pueblo como un rebaño, restáuranos,
resplandece, haz brillar tu rostro sobre nosotros. En Cristo la Iglesia
contempla su rostro de Buen Pastor. Lleno de amor y clemencia. Vuele a nosotros
tus ojos misericordiosos.
Dios nos muestra su rostro resplandeciente y brillante.
Con su presencia benévola nos visita y sale a nuestro encuentro sobre todo en
los momentos de prueba y tribulación. Su presencia benévola ilumina y serena
nuestra condición vulnerable.
Cristo en el Tabor resplandece ante sus discípulos apesadumbrados por el anuncio de su Pasión. En la subida al monte experimentaron “una visión tabórica” que les transformo su percepción de las cosas. Cristo apareció con su rostro resplandeciente ante sus discípulos atemorizados. Ellos quedaron envueltos bajo el resplandor de su gloria y vieron la gloria de Jesús. Quedaron envueltos bajo la sombra de una nube. Pedro absorto por esta visión dijo: que bueno que estemos aquí. Se escuchó una voz del cielo que decía. Este es mi Hijo, mi elegido contempladle y escuchadle. Después desapareció y quedaron con Jesús a solas. Los discípulos guardaron silencio y de momento no contaron a nadie lo que habían visto.
El salmo contiene no sólo la imagen del pastor sino la imagen de la viña. La imagen de la viña se refiere a la Iglesia y a nosotros. La cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa la han talado y prendido fuego. La viña que tu trasplantaste y preparaste y regaste para que echara raíces aparece ahora abandonada pisoteada y entregada a las contiendas y burlas del enemigo.
También nosotros necesitamos renovar esta “experiencia
tabórica”. Contemplando el rostro de Cristo. Míranos Señor con tus ojos
misericordiosos. No nos alejaremos de ti, danos vida para que invoquemos tu
nombre. Tu nuestro Buen Pastor que brille tu rostro y nos salve. Restáuranos,
fortalécenos. Su rostro crucificado y glorificado nos habla de la victoria de
Cristo sobre el mal, el pecado, la muerte. Cristo no está desesperado sino
orante y confiado ofreciéndonos su consuelo y su paz. Vuélvete a nosotros, mira
fíjate, ven a visitarnos que nos sentimos solos y desconsolados. Ven a
fortalecernos en nuestra debilidad.
SAL 80: ESCUCHAME YO TE DARE DE BEBER Y COMER
Este salmo era un himno popular que se proclamaba en la Fiesta de las Tiendas. En estas fiestas según los ritos tradicionales todos aclaman a Dios con cantos y música. De repente resuena la voz del Señor celoso por su pueblo: Escucha pueblo mío yo soy el Señor Dios tuyo, no te hagas dioses extraños ni les entregues tu corazón. Ojalá me escucharas, te alimentaría con flor de harina te saciaría con flor silvestre. El Señor también exhorta a su pueblo. Se acercaba la fiesta de las Tiendas y Jesús subió a Jerusalén, aunque allí le esperaban muchos para matarle. Mediada la fiesta Jesús subió al templo para enseñar y exhortar al pueblo. El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús puesto en pie exclamó en alta voz: el que tenga sed que venga a mí, el que crea en mí encontrará donde beber. De sus entrañas brotarán ríos de agua viva.
Recordad de donde nacisteis, de donde os saqué cuando erais esclavos. No demos por supuesta nuestra liberación porque a gran precio fuimos comprados. Acordémonos del Calvario donde el Señor pactó con nosotros una alianza nueva sellada con su sangre. Esta es nuestra raíz, nuestra historia y nuestra identidad. Lo que somos se lo debemos a Cristo, nuestro libertador, lo que hemos llegado a ser, su pueblo redimido y de su propiedad, es por pura gracia. Considera quién, cuál y grande es este que descendió y subió a lo alto de la Cruz. Se abrieron las rocas y su tránsito resucita a los muertos. Oh corazón humano más duro que las rocas, recuerda quien dio su vida y su sangre por ti para que la compunción te aflija y la piedad te ablande.
El salmo recoge los momentos significativos de la liberación del pueblo de Egipto. La salida el paso por el mar rojo, la fuente de Meribá. Recuerda como clamasteis en el desierto en medio de la aflicción y como te libré portentosamente. Como decimos en nuestra oración matinal en el salmo invitatorio: Si hoy escucháis mi voz no dejéis que se endurezca vuestro corazón.
El fariseísmo y la hipocresía religiosa es una realidad bastante frecuente, el culto esplendoroso pero vacío y el formalismo ritual representa una tentación continua para el pueblo. Un pueblo que olvida sus orígenes pierde su identidad. Lo que nos hace ser un pueblo es nuestro origen común. El olvido nos hace perder nuestra identidad, un pueblo sin memoria es un pueblo sin raíces sin historia y por ende sin futuro.
Tú Señor has sido quien rompiste nuestras cadenas, curaste nuestras heridas, restauraste nuestro amor y nuestra confianza en ti ¿A dónde iremos fuera de tí? solo tú tienes promesa de vida eterna. El que tenga sed que venga a mí y beba. Os alimentaría con flor de harina, os saciaría con miel silvestre. Del costado de Cristo, de su corazón traspasado manó sangre y agua. Tenemos abierta la fuente de la vida Aplica a ella tus labios para beber del agua que mana de la fuente del Salvador. Fuente que vivifica y luz que ilumina y llena de esplendor Oh fuente y dulce manantial oculta a los ojos mortales cuya profundidad es sin fondo y sin término.
SAL 81: RECONOCEDME EN LOS MAS POBRES Y VULNERABLES
Este salmo tiene el tinte del juicio final donde Dios se
presentará para imponer su justicia universal. Será el juicio definitivo de
todos los pueblos. Cuando el Hijo del hombre venga con todo su esplendor
acompañado de todos sus ángeles se sentará en su trono glorioso y todas las del
mundo serán reunidas en su presencia.
Entonces dictará sentencia separando los justos (las
ovejas) a su derecha y los injustos (machos cabríos) a su izquierda. Dirá a los
de su derecha: Venid benditos de mi Padre, recibid en propiedad el reino que os
tenía prometido. Porque estuve hambriento y me disteis de comer; estuve
sediento y me disteis de beber; llegué como un extraño y me acogisteis; me
visteis desnudo y me disteis ropa; estuve enfermo y me visitasteis; estuve
enfermo y en la cárcel y fuisteis a verme.
Sorprende la identificación del Señor con el pobre,
hambriento, sediento, prisionero. De tal manera que preguntan ¿cuándo te vimos
hambriento o sediento, desnudo o enfermo o en la cárcel? El responderá os
aseguro que todo lo que hicisteis en favor del más humilde de mis hermanos a mí
me lo hicisteis.
Señor haz que te podamos reconocer en cada hermano pobre y necesitado y saber echarte una mano cuando te veamos en ellos mendigo e indigente. Ábrenos los ojos y el corazón para que no nos quedemos indiferentes. Os aseguro que cuanto dejasteis de hacer en favor de los más humildes también a mí dejasteis de hacerlo.
En la muerte de Cristo se consuman y ahogan las injusticias. En su Resurrección se culmina su victoria sobre el pecado y la muerte destronando los poderes que gobiernan inicua mente el mundo. Ellos ignorantes e insensatos caminan a oscuras en la sombra de muerte. Todos moriréis como cualquier hombre y los poderosos que abusan de su poder quedarán al descubierto. El Señor viene para destronar los poderosos e imponer su justicia. La justicia de Dios demanda proteger y defender al indefenso. Proteged al desvalido tended la mano al pobre y necesitado, defended a los oprimidos. Dios se levanta para sacar a los pobres e indigentes de la mano de los culpables. El pueblo gime al Señor que lo rescate del opresor y haga justicia. Levántate oh, Dios, y juzga la tierra. Dios se levanta con poder en medio de la asamblea para hacer justicia al humilde e indigente librándole del yugo opresor del enemigo.
SAL 82: VARON DE DOLORES FAMILIARIZADO CON EL SUFRIMIENTO
Frente al mal del mundo tu respondes con amor. El Señor permanece callado, en silencio, humillado despreciado sin que le tengamos en cuenta. Tu eres el que nos pides ¿si hoy escuchases mi voz y no endurecierais vuestro corazón? ¿Quién como tú que te hiciste solidario con el que sufre? Permítenos reconocerte en los pobres e indigentes de la tierra. Podemos en ellos amarte.
Tu en la Cruz permaneces callado, en silencio, inmóvil como un árbol seco partido por un rayo, como hojarasca frente al vendaval, como maleza echada al fuego, como despojo echado al basural. Así era mi Señor. Varón de dolores, abrumado de dolor y de tristeza como un derrotado. Pero era él quien se ofrecía para el perdón de nuestros pecados para abrir nuestros ojos y corazones y reconociésemos lo excelso de su amor. Quiero hablar de un amor infinito que se hace pequeño, pobre, frágil, vulnerable, amor de un hombre humillado y un amor apasionado. Siendo Rey se hace esclavo y con dolor carga nuestros pecados. Cuánto amor hay en quien se humilla y se abandona en las manos de Dios. Allí en la Cruz permanece en silencio, cerrando sus ojos aparece como dormido apartado de todas las miradas, olvidado de los hombres, sepultado en su profunda humildad esperando que nosotros despertemos.
El salmo esta formulado en categorías de una ley que
prescribe con la venida de Cristo. Se os dijo pero yo os digo. No debemos tomar
la justicia de nuestra mano sino dejar que Dios haga justicia. Trátalos con
dureza y aniquílalos. Cúbreles el rostro de ignominia para que queden abrumados
de vergüenza y sean para siempre derrotados
La justicia del Antiguo testamento era una justicia distributiva. Ojo por ojo y diente por diente. Al que te ha hecho mal devuélvele la ofensa cometida. Pero tu justicia va más allá de nuestra forma innata de proceder. Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que persiguen oprimen e injurian, sed misericordiosos para procede así como vuestro Padre es misericordia.
Miremos a Cristo en la Cruz y en la Eucaristía cerrados sus ojos, callado, humillado en silencio. Cierro mis ojos y verlo no con los ojos del cuerpo sino del corazón en el más misterioso y continuado anonadamiento y sueño profundo hasta la consumación del mundo esperando ser reconocido y amado. Aunque pareciera que el Señor duerme, sigue velando, su amor sigue despierto, que no es el amor el muerto, yo soy el muerto de amor. Que si la lanza pudo herir tu corazón no pudo el amor morir el que es la fuente del amor.
Despierta alma mía. El es para mi y yo soy para mi amado.
El es nuestro amor y nuestra esperanza. De su corazón abierto y traspasado nos
llegan los torrentes de agua viva que fecundan el mundo. Haz que podamos
responder al reclamo de tu corazón. tienes sed de amor, de amantes que pregonen
y sean canales de tu amor y de tu gracia.
SAL 83: QUIERO SEÑOR HABITAR EN TU CORAZÓN
Jesús, como el mejor amante, busca la presencia, la cercanía, la permanencia con su amada. No os dejaré solos. Voy a preparos un lugar para que donde yo este también estéis vosotros. El que escucha mis palabras vendremos a él y haremos morada en él. El que toma mi Cuerpo vivirá en mí y yo en él. Con la imagen de la vid y los sarmientos Jesús da a entender como el se une a nosotros para que nosotros vivamos en él. Permaneced unidos a mí como yo lo estoy a vosotros. El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto porque separados de mí nada podéis hacer. Permaneced en mi amor.
Que deseable es para ti hacer tu morada en nosotros.
Permaneced en mí como yo permanezco en vosotros. Qué deseable vivir bajo tu
amparo. Mi alma se consume y anhela vivir en ti. Mi corazón y mi carne ansían
la presencia de Dios vivo. Que dichosa el ama que habita en ti. Dichosos los
que encuentran en ti la fuerza. Cuando atraviesan por áridos valles los
convierten en oasis. Como si la lluvia temprana los cubriera de bendiciones.
Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa, prefiero el umbral de la cas
de Dios a vivir con los malvados. El Señor no niega sus bienes a los que se
refugian en él.
Tenemos un lugar seguro donde habitar. Dichos el hombre que confía en ti. En ti se sacia nuestra sed, tú das la gracia y la gloria. El deseo del hombre de habitar y vivir en tu presencia lo colma Dios haciendo su morada en nosotros. Que dichosos los que viven en tu morada. El gorrión ha encontrado un lugar para habitar, la golondrina para anidar donde colocar sus polluelos. Aquieta nuestro corazón desasosegado revoloteando de casa en casa entre las cosas pasajeras de la vida. Dame Señor la gracia de habitar en ti, permanecer en ti en el lado oculto y sereno, humilde, sin brillo y sin ruido donde escuchamos el susurro suave de tu corazón.
SAL 84: JESUS ES NUESTRA PAZ
La venida de Cristo se describe como alguien que viene escoltado por la misericordia y la fidelidad. Dios, en Cristo, ha querido y propiciado el deseado encuentro. Dios con el hombre, su misericordia y nuestro pecado, su fidelidad y nuestra indigencia. Ha derramado su Espíritu como un beso, como una lluvia temprana, sobre nosotros y ha hecho florecer los frutos de una tierra fecundad por su Espíritu. Los deseos de fidelidad brota de nuevo en los corazones y en la tierra aparecen los brotes de su justicia. En Cristo se han cumplido las promesas. Nuestros anhelos de liberación y nos invita a ser constructores de paz y unidad. Jesús resucitado se presenta a sus discípulos y les dice: La paz este con vosotros. Les enseñó las heridas transfiguradas en sus manos pies y costado y volvió a decirles. La paz esté con vosotros. Como el Padre me envió así os envio yo a vosotros, Sopló sobre ellos y les dijo: como el Padre me envió así les envio yo. Llevad mi paz hacer florecer la paz. A quienes perdonéis recibirán mi perdón y mi paz.
Muéstranos Señor tu misericordia y danos tu salvación. Tu das tu paz a los que vuelven el corazón a ti. Has sido bueno con tu siervo, has restaurado la suerte de Jacob, has perdonado todas nuestras culpas. No fuimos creados para la guerra sino destinados a vivir en paz. La tierra derrama la sangre de tantas víctimas de la injusticia. Vivimos sumidos en la desesperanza y la desgracia. La paz empieza en el corazón, corazones reconciliados capaces de ofrecer el perdón. Y de vencer el mal con la misericordia.
El pecado de vivir alejados de Dios provoca una ruptura
radical, rompe la armonía total humana y cósmica. Esta desarmonía provoca en el
hombre. Miedo, inseguridad, vergüenza. Nos echamos las culpas los unos a los
otros y provocamos el conflicto. Es el tiempo de vivir unidos, de besarnos, de
abrazarnos los que vivíamos enfrentados y divididos. Dios ha venido en Cristo a
traernos la paz. Dios quiere reunirse y reconciliarse con su pueblo para que en
la tierra florezca la justicia y reine la paz. El reencuentro con Cristo nos
abre un camino de esperanza, su victoria nos abre a la esperanza de que El
cumple su promesa y llevará la humanidad a la restauración final.
SAL 85: TU SEÑOR ME AYUDAS Y CONSUELAS
Jesús es la revelación suprema de la misericordia de Dios. A Dios no lo ha visto nunca, el Hijo el que está a la derecha del Padre nos lo ha dado a conocer. Quien me ve a mí ve al Padre. Jesús nos muestra ese Dios inclinado. Abajado a nuestra miseria, para curar y abrazarnos en nuestras heridas y levantarnos hacia él. Jesús nos revela el Dios que atiende escucha y responde al humilde, pobre, desvalido, perseguido, oprimido, desgraciado que no tiene protector. El l Dios que levanta al pobre y lo colma de bienes. María la madre de Jesús y nuestra entonaría este cántico de alabanza, canto a la fidelidad y bondad de Dios, muestra de la profunda confianza en él. Me siento feliz de ser la servidora de tan buen Señor que se ha fijado en lo más humilde para colmarnos de su gracia y su bendición.
Moisés se atrevió a descubrirse ante Dios y Dios le
reveló su rostro. Yo soy el Dios clemente y misericordioso lento a la cólera y
rico en piedad. Su rostro quedó tocado irradiando el resplandor de Dios.
También nosotros que estamos al descubierto frente a Dios permitimos que Dios
nos muestre su rostro de bondad y misericordia en su Hijo Jesucristo. Tu Señor
eres bueno, piadoso y compasivo, rico en misericordia con los que te invocan.
Solo tú amor es tan grande y digno de nuestro amor. Tú me salvaste del abismo
profundo. Nosotros hemos contemplado su gran amor y hemos creído en él. Que
suerte tan grande ser un pequeño siervo de tan gran Señor.
En esta peregrinación acudimos incesantes a él. Son
muchos los peligros y pruebas que atravesamos. En medio del peligro te llamo
porque tu me escuchas. Cada mañana al despertar comenzamos la oración con la
súplica. Señor ven en mi auxilio date prisa en socorrerme. Da fuerza a tu
siervo, alegra el alma de tu siervo, protege mi vida que soy tu pobre siervo,
un pobre desamparado, salva a tu siervo que confía en ti. Tu nos enseñas, nos
abres y conduces en tu camino para que te sigamos de verdad. Señor mantén
entero mi corazón para que pueda seguirte y reconocerte en mis hermanos y
acontecimientos de la vida. Te alabaré de todo corazón y daré gloria a tu
nombre por siempre.
SAL 86: EN TI SEÑOR LA FUENTE DE LA VIDA Y EL AMOR
Se dirá de cada uno, todos hemos nacido en ti. Nacidos
del costado abierto del Cuerpo de Cristo ofrecido en el altar de la Cruz. En tu
muerte y resurrección hemos recibido de ti la nueva vida porque en ti está la
fuente de la vida y del amor. Has querido que nuestra vida tenga el sólido
fundamento de tu amor para vivificarnos estando injertados en ti.
El apóstol Pablo pide al Padre origen de toda vida que
derrame sobre los creyentes su Espíritu y su amor entre hasta lo más íntimo del
ser para que Cristo habite en el centro de nuestra vida y su amor sea nuestro
cimiento y raíz.
Viviendo arraigados en su amor podamos crecer en el amor puesta nuestra mirada el él que es nuestra Cabeza. Su amor es el vínculo de unidad en todo el Cuerpo. Somos su pueblo adquirido, la familia de Dios, piedras vivas de un edificio construido sobre el cimiento de los apóstoles y profetas. Cristo Jesús es la roca y piedra angular sobre la que descansa todo.
Estamos llamados a vivir en unidad como miembros de un
solo Cuerpo. Una sola fe, un mismo Espíritu, un solo Cuerpo, un solo Señor y un
solo Dios Padre de todos que por medio de todos actúa y en todos vive.
En la Nueva Jerusalén habitan personas de diferentes
nacionalidades y culturas, filisteos, tirios, etíopes, todos congregados en un
mismo amor. Hasta los de Egipto (Rahab) y Babilonia (Babel) que eran
archienemigos del pueblo de Dios han sido reconciliados en Cristo. Cristo ha
hecho e ellos un solo pueblo derribando el muro que nos separaba. Él es nuestra
paz y nuestra esperanza.
El pregón y testimonio de unidad será el pregón que la Iglesia como sacramento de unidad, está llamado a proclamar. Somos pregoneros y mensajeros de paz en nuestro mundo dividido por el odio y las guerras. El salmo nos invita a que nuestra liturgia sea la celebración de esta la fiesta de la fraternidad universal del nuevo Reino que se empieza a vislumbrar en esta tierra.
SAL 87: YO SE QUE TU ME ESCUCHAS
Este Salmo está teñido de un fuerte lamento, dolor, angustia, al sentir que fallan todos los apoyos y deja de manifiesto la incondicional confianza en Dios. Jesús ante su Pasión inminente se dirige a Dios su padre con estas mismas palabras: Padre yo sé muy bien que tú siempre me escuchas. El salmista se siente trasladado al reino de los muertos, el mundo de las tinieblas. el abismo, el sheol. Jesús en su vida mortal se acerca a esta región desolada, donde los hombres atormentados se encontraban despreciados y abandonados por todos, olvidados de Dios y del resto de mortales, consumiéndose en el dolor y la desesperación.
El hombre de Gerasa vivía en la otra parte del lago tierra pagana, perteneciente a la Decápolis. Este hombre vivía en el cementerio, junto a las tumbas de los muertos, encadenado con grilletes y demoniado. Se arrastraba gritando y golpeándose con piedras. Hasta allí se acercó Jesús a liberarle.
Nuestro credo confiesa que Jesús después de morir desciende a los infiernos. Allí Jesús desciende para acercar su salvación a los que yacen desesperados. La liturgia del sábado santo nos evoca la bajada de Jesús, el nuevo Adán al reino de la muerte para tender su mano al antiguo Adán con el poder de romper las cadenas de la muerte y de dar a los muertos nueva vida.
En los momentos críticos frente a un mal insoportable el
hombre se cuestiona el sentido de todo, su perplejidad ante el sufrimiento, la
muerte. Las aguas me llegan al cuello, me encuentro encerrado en la fosa y no
puedo salir, soy como un inválido que tendido en el lecho del dolor como los
que yacen en el sepulcro. El enigma del mal trastoca los cimientos del hombre y
no sabe que responder, se multiplican las preguntas: ¿Por qué mi alma está
colmada de desdichas? ¿se podrá alzar el hombre del abismo? ¿Se anuncia en el
sepulcro tu misericordia ? ¿Dónde tu fidelidad en el reino de la muerte? ¿Por
qué no te manifiestas en lugar de esconder tu rostro?
Muy a pesar de todo, surge la súplica, la petición de
auxilio y confianza, Dios no puede abandonarnos, sería negarse así mismo,
contrario a su bondad y misericordia infinita. Por la mañana pediré tu auxilio
e irá a tu encuentro mi súplica y me mantendré aguardando. De día te pediré auxilio
y de noche gritaré en tu presencia. Ten piedad de mí. Llegue hasta ti mi
suplica, inclina tu oído a mi clamor. También el abismo y el reino de la muerte
será visitado por Dios, también allí anunciará su misericordia y hará ver los
prodigios de su amor. También nosotros nos despertamos implorando tu auxilio y
acogiéndonos a tu misericordia sabiendo que no quedaremos defraudados ni
abandonados.
SAL 88: CAMINARE EN PRESENCIA DEL SEÑOR CONTEMPLANDO SU ROSTRO
Este salmo canta las misericordias del Señor. Se remonta
a la obra de la creación y continua con su obra de redención y santificación
presente en la historia de salvación que llega a nuestros días y se proyecta en
la restauración final al final de los tiempos.
Tu prometiste a tu pueblo mantendré eternamente mi favor
y mi alianza con él será estable En la plenitud de los tiempos Dios cumple su
promesa de amor y fidelidad enviando a su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. El
nos rescató del poder de la muerte.
Aunque tu pueblo no siempre respondiera al pacto de amor y fuera infiel, tú no lo abandonaste, ni retiraste tu favor, ni te retractaste de tu promesa. No les retirare mi favor ni desmentiré mi fidelidad ni cambiaré mi promesa. Al contrario, le tendiste tu mano para que volviera a ti. ¿Quién como tú (mi ka el)?¿Quién como tú Señor y Dios nuestro? A tí todo honor y toda gloria. Tu misericordia y fidelidad me acompañaran todos los días de mi vida. Bendito sea el Señor por siempre.
Cuál es el legado de Cristo para su pueblo. El haber
conocido el rostro de la misericordia de Dios. El nos ha revelado al Padre.
quien me ve a mi ve al Padre. Mi pueblo invocará su nombre y reconocerá; tú mi
Dios eres mi Padre, rico en amor y misericordia. Caminaré en tu presencia
seguro de tu amor u fidelidad.
Cuando las circunstancias históricas parecen contradecir
las promesas divinas, cuando su presencia y su ayuda se ocultan y nos sentimos
dejados de la mano de Dios, el recuerdo y la alabanza de sus intervenciones
pasadas deben movernos a la confianza y a mantener la fe, y la esperanza. Que
no se desanimen vuestros corazones, no dejemos enfriar el fuego de su amor.
Como el sol y la luna sale cada día y nos dan luz y calor que permanece, así nosotros nos acogemos a tu infinita misericordia que permanece para siempre. mi pueblo me invocará y encontrará mi mano tendida. Tu serás para mí, mi hijo y te daré una posteridad perpetua y un trono duradero como el cielo.
SAL 89: POR LA MAÑANA SACIANOS CON TU MISERICORDIA
Solo el Señor responde a nuestra fragilidad. La vida del
hombre pasa y los años se acaban, la mayor parte son fatiga inútil. Se pone en
entredicho el sentido de la vida. El salmista pide la sabiduría de Dios, mil años
son como un ayer que pasó. Una vela nocturna. Danos tu luz para poder
comprender la brevedad de la vida y adquirir un corazón sensato. Todo pasa solo
queda tu amor que perdura para siempre.
Jesús nos instruye en el evangelio. Atesorad tesoros en
el cielo donde no se apolillan ni se echan a perder y donde no hay ladrones que
puedan robarlas. Donde tengáis vuestras riquezas allí tendréis también el
corazón.
El hombre sin Dios cae en el absurdo y sin sentido. Polvo
somos y en polvo nos convertiremos. Comamos y bebamos que mañana moriremos. A
la brevedad existencial se une el fracaso y la inutilidad de los esfuerzos
humanos. Solo Dios existe eternamente. El nos llama a una existencia duradera
viviendo en su presencia. El que vive en mí vivirá para siempre. En la brevedad
de nuestra vida, en pocos años, podemos adquirir una gloria que no tiene fin.
La resurrección de Cristo ilumina el misterio de nuestra vida. Si solo vivimos abocados al mundo somos los seres mas desgraciados del mundo. Dios colmará nuestros días de alegría y nos dará una salvación perpetua.
¿Cómo podemos colmar nuestras vidas de un valor
incalculable?. Viviendo en tu presencia. Danos la alegría de amanecer bajo tu
presencia, por la mañana saciaos de tu misericordia y toda nuestra vida será
alegría y júbilo.
Cada mañana alzar nuestros corazones y nuestros brazos implorando tu misericordia para que baje a nosotros tu favor y hagas prosperar la obra de nuestras manos. Incluso cuando quedemos hundidos en nuestra infidelidad y sean muchas nuestras culpas no dudemos en abrir a ti nuestros corazones rotos y afligidos, ponernos a la luz de tu mirada, tu no retiras tu mirada sobre nosotros y nos das a conocer tu misericordia infinita.
SAL 90: SEÑOR MIO Y DIOS MIO CONFIO EN TI
El salmo es toda una confesión de abandono y confianza, vivir en las manos de Dios. Tomaste al Altísimo como refugio y él no te abandonará, su brazo es escudo y armadura, el salmista utiliza la imagen bíblica del águila. El te cubrirá con sus plumas, bajo tus alas te refugiarás, te llevará sobre sus alas para que camines seguro y tu pie no tropiece. Jesús nos envía su Espíritu como guía y protector. No estéis inquietos ni angustiados confiad en Dios. No os dejaré solos ni abandonados subo a mi Padre y os enviará mi Espíritu que estará siempre con vosotros. Vendremos a vosotros y viviremos en vosotros. La vida y el amor que yo tengo lo tendréis también vosotros. El amor que el Padre me tiene estará con vosotros y yo mismo en vosotros. Os digo esto para que en medio de las tribulaciones participéis de mi paz y mi alegría. Ánimo yo he vencido al mundo.
Este salmo describe la experiencia peregrina del pueblo por el desierto. El Señor velará tus pasos. No temerás el espanto nocturno ni la peste funesta que se desliza en las tinieblas, ni las flechas que lanza el enemigo, caerán a tu izquierda y derecha pero a ti no te alcanzarán. El Señor será tu escudo y baluarte donde encuentres refugio.
De día y de noche, acostado o levantado, en la bonanza y la adversidad, en el trabajo y en el descanso, en la salud y en la enfermedad tu estás a mi lado Señor. El está conmigo conforme a su promesa. Le invocaré y me escuchará, me protegerá porque conoce mi nombre. Con el de mi mano nada temeré. Este salmo se suele rezar en la oración de completas, antes de dormir para vivir bajo su amparo en sus manos. El velará nuestro descanso. Los ángeles son enviados por Dios para proteger a sus fieles.
SAL 91: EN LA VEJEZ SEGUIRA DANDO FRUTO
El salmista utiliza la imagen bíblica del árbol, el árbol
de la vida. Como estaba en un principio plantado en el centro del paraíso, el
árbol descrito está plantado en el interior del templo sagrado, en la casa del
Señor, en los atrios de nuestro Dios.
Desde una lectura cristológica evoca el árbol de la vida, la Cruz, sobre el que fue alzado Cristo. Si del primer árbol nos vino el fruto amargo del pecado que nos ocasiono la muerte, del segundo árbol nos ha venido la vida, el fruto que deleita nuestro paladar. En la cruz se derrama el amor de Cristo que fecunda la tierra, nos refresca y fortalece.
Como el olivo que para dar fruto abundante es azotado con
una vara para que caigan las olivas y luego estrujado en la piedra del lagar
para extraer el aceite, así el Cuerpo del Señor fue azotado, maltratado y
estrujado. De su Cuerpo herido destila el aceite con el que somos ungidos para
fortalecer y curar muestras heridas
Este árbol se levanta firme. No es endeble como la palmera sino robusto como el cedro. Es un árbol frondoso lleno de frutos de vida. Estamos llamados a acogernos a su sobra para recibir la vida que mana de él.
Plantado e injertado como renuevo de olivo, mi vida
florecerá y en la vejez seguirá dando fruto. Cada día me saciaré cobijado bajo
tu sombra, nos renovarás las fuerzas, nos ungirás con aceite nuevo,
proclamaremos por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad. Cada día
podemos acudir a comer del fruto del sacrifico eucarístico donde se renueva el
sacrificio de la Cruz. La Iglesia se alza como una vid frondosa que hunde sus
raíces en el manantial de la vida y expande sus ramas hacia los cuatro puntos
cardinales para que florezca el amor, la paz y la justicia en toda la tierra.
SAL 92: TU AMOR ES FIRME Y ESTABLE
El salmista comienza con una afirmación; El Señor reina ceñido de poder, su trono esta firme y no vacila. Bien puede referirse a su amor eterno e inamovible. El nos da firmeza a los débiles, infirmes y enfermos. Aunque se levanten las olas del mar, más potente que el oleaje del mar es el Señor.
La escena nos remite al pasaje evangélico cuando Jesús calma la tempestad en medio de la travesía. Jesús increpa la tormenta y a una sola voz calma la violencia del viento. Los poderes hostiles, personificados en el oleaje del mar embravecido, son vencidos y apaciguados por su mandato. Jesús se incorporó e increpó al viento y dijo al mar: ¡silencio, cállate!
Los discípulos quedan sorprendidos Dios que creo el universo y que con su mano lo sostiene no deja que el caos domine su obra creadora, pone un límite a las fuerzas del mal porque su amor es estable y dura por siempre. No hay que sobresaltarse por el rugir de las olas que irrumpen, hay que asombrarse contemplando como el Dios soberano a su orden somete toda la creación. ¿Quién es este que hasta el viento y el mar le obedecen?
La imagen de Jesús en la barca exhortando a la fe y a la
confianza de sus discípulos es una invitación para toda la Iglesia. No tengáis
miedo, confiad en mí, confiad en Dios, yo he vencido al mundo. Aunque vengan
tempestades, soplen los vientos huracanados, se levanten las olas y parezcan
cubrir la barca hasta el punto de creer que perecemos, tenemos a quien acudir,
en quien confiar. Más grande y poderoso que el oleaje del mar y los vientos de
los cielos es tu amor que reina sobre todo y sostiene todo. Tu Señor reinas
sobre la tierra y el mar. La grandeza y firmeza de tu amor es lo que nos da
estabilidad. Tu amor es eterno y fiel, por eso nuestra vida está segura y no
vacila.
SAL 93: CUANDO SE MULTIPLICAN LAS PREOCUPACONES TU ME CONSUELAS
Cristo se sometió con mansedumbre a los que le maltrataban e injuriaban. Aunque atenten contra la vida del justo y condenen a muerte al inocente el Señor es mi alcázar y auxilio. Jesús salió en defensa de los huérfanos, las viudas, enfermos y desvalidos. A Cristo, siendo inocente, lo acusaron y sentenciaron es reo de muerte. En nombre de la ley ejecutaron al inocente. Pero nada pudieron hacer para que se llevaran a cabo los designios de Dios. Jesús se hace solidario de la causa de los pobres. Todo lo que hicierais con el más pequeño a mí me lo hicisteis. Tu rostro se esconde en el rostro de los más pobres. Que no me quede frio e indiferente. Enséñame a reconocerte y a entender lo que quieres decirme en los acontecimientos que vivimos.
Aunque los malvados trituran al pueblo, asesinan y degüellan a los desvalidos, se jactan diciendo Dios no se entera, se ha olvidado de su pueblo, aunque parezca que el Señor rechaza a su pueblo y abandona su heredad, el Señor aguarda en silencio y sabe que los pensamientos del hombre son insustanciales. Dichoso el hombre que confía en ti, adquirirá un corazón sensato.
Hoy asistimos a un mundo donde parece que vencen los poderosos. Son tantas las víctimas de la opresión y la injusticia. Asistimos perplejos al maltrato y asesinato de indefensos, desvalidos, emigrantes, ¿Quién desenmascará tanta injusticia y alzará la voz de los que no tienen voz? Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen, han cerrado su corazón. Instrúyenos para ver lo que tu ves y rechazar lo que tu rechazas. Purifica nuestro corazón para que adquiera la confianza de latir al compás de tu corazón.
SAL 94: ESCUCHAR SU VOZ Y ENTRAR EN SU DESCANSO
El salmista exhorta a escuchar su voz y entrar en su descanso. Jesús insiste a sus discípulos en la necesidad de orar. No andéis preocupados y agobiados mi Padre sabe de lo que tenéis necesidad. No creed que Dios os escucha por vuestras muchas palabras y largas oraciones. El Padre mira el corazón y sabe de lo que tenéis necesidad, Pedid con fe y confianza y vuestro Padre que en lo secreto os recompensará. Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá. Todo el que pide recibe y al que llama Dios le abre la puerta. Si vosotros que sois malos sabéis dar codas buenas a vuestros hijos con más razón vuestro Padre dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan.
La llamada y la vocación (ad vocare) se renueva cada día. Cada día es un comienzo para entrar en el hoy de Dios. Con razón este salmo se utiliza como invitatorio al comenzar cada mañana el oficio divino. Entremos en su presencia dándole gracias. El hombre es invitado con toda la creación a entrar en este himno de alabanza y acción de gracias. El dirige y sostiene todo lo que crea, suyo los cielos, la tierra, el mar; en sus manos las simas de la tierra y las crestas de los montes. El modelo con sus manos su obra creadora.
Estamos en sus manos y continua su obra santificadora
hasta el final de los tiempos en que el Padre recapitulará todo en él. A los
que llamó los justificó y los santificó derramando su Espíritu en nuestros
corazones. Colaboremos en su obra creadora y santificadora de humanización y
divinización secundando la obra del Espíritu.
Dios no es solo el Creador sino el Salvador y el
Santificador, quien nos sacó de nuestra esclavitud, nos introdujo en la tierra
prometida y con su mano providente nos guía. Nuestra tierra prometida eres tú.
Haznos dóciles a tu voz, no dejes que se endurezca nuestro corazón
desatendiendo tu voz y siguiendo nuestros caminos. Felices los que escuchan mi
palabra y la ponen en práctica.
SAL 95: CANTAD AL SEÑOR UN CANTICO NUEVO PROCLAMANDO SU OBRA
El evangelio es el canto de la buena noticia que estamos llamados a proclamar. Debe responder al reconocimiento de la acción de Dios. Pueblos todos exulten y prorrumpan en acción de gracias por lo que Dios hace con nosotros. Solo él es grande y digno de alabanza. El reinado del Señor es la buena noticia. El gobierna a su pueblo con amor y fidelidad. Que hermoso es su amor. Que hermosos los pies del mensajero que anuncia la buena noticia. Jesús envía a sus discípulos a proclamad la buena notica a todos los pueblos. Lo que visteis y escuchasteis en la intimidad anunciadlo desde los terrados. Este canto no debe cantarse solo con la boca sino con el corazón enardecido. No hay mejor alabanza que el testimonio vivo de su amor operante en nosotros. A la palabra debe preceder el testimonio.
El salmista exhorta a prorrumpir en alabanza ante el esplendor de su obra. Venid, entrad, reconoced, adorad, cantad, publicad, proclamad. Es un cántico nuevo exultante de júbilo por la victoria de nuestro Dios. A Dios se le alaba por su salvación realizada en Cristo.
Que no cese nuestro canto, que no se apague el amor que
mueve a la alabanza. o anunciamos un mensaje frio repetitivo. El cántico es
nuevo cada día porque cada día se renueva el encuentro que produce asombro,
estupor, fervor, gozo. Anunciamos lo que hemos visto y oído. Cada día
estrenamos un nuevo día, un amanecer nuevo una esperanza nueva que nos hace
prorrumpir en un canto que se extiende a toda la creación. Alégrese el cielo,
goce la tierra, retumbe el mar, vitoreen los campos, vitoreen su nombre,
proclamad su victoria.
SAL 96: EL REY SOBERANO QUE REINA CON AMOR
Jesús rey soberano se despojó de todo poder. No vino con
la fuerza a imponer su verdad, sino que su poderío fue el del amor. El que
estaba encumbrado en los cielos bajó a la tierra y se despojó de su grandeza
tomando la condición de siervo.
El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a
servir y ofrecer su vida en rescate de muchos. Su séquito real no fue el
cortejo aterrador que nos abrumase con terror sino que se presentó a nosotros
pobre y humilde para atraernos con su amor.
Cristo muriendo en la Cruz quiso gobernar el mundo inaugurando un reino nuevo que tiene como primacía el amor. Alegraos los humildes de corazón y celebrad la grandeza de su amor. Que se postren ante él todos los hombres. Nuestro rey no es como los que tiranizan a sus súbditos, es un rey bondadoso que ama y protege a los que se sienten oprimidos y desvalidos.
Al contrario del primer Adán que quiso autodivinizarse queriendo ser como Dios pero sin Dios, usurpando su poder, el nuevo Adán Cristo no quiso arrogarse su condición divina sino abajarse así mismo hasta someterse en obediencia hasta la muerte y muerte de Cruz.
Alegrémonos porque el Señor reina ceñido con su amor un
reino perenne. Tu amor y fidelidad son el fundamento inamovible de mi fe y mi
esperanza. Has dado a mi corazón más alegría que cuanto el mundo puede ofrecer.
Alegraos los pobres y humildes de corazón, celebremos y proclamemos la obra de
su amor. Jesús nos invita a participar de su reinado no creyéndonos dueños,
adueñándonos de la obra de sus manos sino reconociendo al Rey soberano dueño de
todas las cosas. Su reinado es un poderío de amor y de servicio. Nosotros somos
humildes siervos, colaboradores, administradores en su gran obra de salvación.
SAL 97 EL SEÑOR REVELA SU SALVACION A LOS HUMILDES
Cristo se ha revelado y se deja ver. El Señor hace
pública su victoria y se revela a los humildes. Aunque todos somos
beneficiarios, lo ven los limpios de corazón y se alegran. El Señor gobierna a
los que se dejan gobernar, salva a los que se dejan salvar.
Cristo es la luz verdadera que vino a alumbrar a todos. La luz vino al mundo, pero muchos se cerraron a ella. Muchos cerraron su corazón, dejaron oscurecer sus ojos y endurecer su corazón. Vieron su obra, pero no creyeron, no le reconocieron porque buscaron su propia gloria, estima, reputación.
Los confines de la tierra contemplan la victoria de
nuestro Dios. Retumbe el mar, aplaudan los ríos, aclamen los montes el Señor
llega para regir la tierra. Dios que es el Señor de todo sirve se abaja a
servir, porque el que ama se pone al servicio del que ama. Toda la Providencia
deja manifiesto un reinado que es de servicio. Sirve el mar, sirve el agua,
sirve la lluvia, sirve el viento, sirve el arroyo, sirve el surco, sirve la
tierra proveyendo de bienes a los que en ella habitan. También nosotros estamos
llamados a reinar sirviendo. Dichosos aquellos a los que el Señor encuentre
sirviendo. Quizás te preguntes ¿a quién? Él nos responderá lo que hiciste con
el más pequeño a mí me lo hicisteis.
SAL 98: SOLO EL SEÑOR ES BUENO; SANTO; FUENTE DE SANTIDAD
Este salmo invita a dar gloria a nuestro Dios. El
trisagio, triple referencia al Dios santo, nos muestra la obra de la
Trinidad en nosotros. El Padre consagra a su Hijo para nuestra redención y nos
envía el Espíritu para nuestra santificación. Por ellos me consagro para que
ellos sean santificados (cf. Jn 17).
Jesús nos enseña en su oración a que el nombre de Dios
sea santificado reconociéndolo Señor de todo y buscando su reino de paz y
justicia. No llaméis a nadie bueno o santo porque solo Dios es santo y fuente
de santidad.
Jesús se ofrece en la cruz para restaurar un nuevo culto rompiendo el velo que nos impedía ver a Dios. Nos ha dado acceso al Santo de los Santos y hemos contemplado su gloria, majestad y poder. Tú la fuente de santidad que nos invita a todos a participar de tu santidad. Venid a las fuentes de aguas vivas donde el amor brota y fluye eternamente para beber del agua viva que rejuvenece.
Quiero Señor ensalzarte y reconocer tu grandeza, sobre
todo tu infinita misericordia. Conozco el abismo que separa tu santidad y mi
bajeza. Tú has sido para mí un Dios de perdón que movido por tu amor me llamas
a entablar una relación de amistad. Como el profeta siento mi indignidad. Toca
y limpia mis labios impuros, que tu Espíritu recree tu imagen teñida por mi
culpa y haga surgir un corazón nuevo. Que tu Santo Espíritu nos santifique,
ilumine nuestra mente, fortalezca nuestra voluntad para consagrar nuestra vida
a tu servicio según tu santa voluntad.
SAL 99: RECONOCED QUE SOMOS SUYOS, EL PUEBLO DE SU PROPIEDAD
Cristo nos ha abierto el acceso al Padre. Yo soy la
puerta, nadie va al Padre sino por mí. Cristo lleva a cabo la obra que el Padre
le confió. Yo les he manifestado tu nombre, les he dado a conocer tu amor y tu
misericordia. Santifícalos en la verdad. Haz que sean completamente tuyos por
medio de la verdad.
Nuestra oración está dirigida al Padre en la persona de
Cristo. Entramos en la presencia del Padre en Cristo. Por Cristo, con él y en
él a ti Dios Padre omnipotente en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y
toda gloria.
Surge en nosotros un cántico de reconocimiento, agradecimiento y alabanza que se extiende a toda la creación. Aclamemos todos la grandeza y bondad de nuestro Dios. Sirvamos al Señor con alegría reconozcámosle como el Señor de nuestras vidas.
Este salmo nos invita a reconocer el fundamento de
nuestra fe. El Señor es bueno, él nos creó, somos obra de sus manos. Él no solo
nos hizo, sino que nos rehizo, nos redimió restableciendo nuestra amistad con
él. Él nos santifico haciéndonos el pueblo de su propiedad para cantar sus
alabanzas.
Que el reconocimiento de su fidelidad nos lleve a
proclamar un canto de alabanza. Su bondad y lealtad dura por siempre, su amor
eterno e inconmovible. Jesús es el verdadero pastor y salvador del pueblo, la
mayor prueba de la bondad de Dios y su fidelidad eterna. También nosotros
estamos llamados a proclamar su misericordia y su fidelidad.
SAL 100: PARA TI MI MUSICA. VOY A CANTAR TU BONDAD Y FIDELIDAD
Jesús viene como luz a brillar en las tinieblas. Él es la
luz para los hombres. Él quiso hacer brillar su luz en nuestros corazones. No
se enciende una luz y la encierra en una vasija sino la pone sobre el candelero
para que brille. Así nuestra vida debe alumbrar delante de los demás para que
todos vean el bien que hacéis y alaben por ello a vuestro Padre. No dejéis que
en vuestro corazón reine la maldad y que vuestro ser luminoso se llene de
oscuridad.
Él ha dado más alegría que cuando abunda el vino. Él ha puesto un canto de alabanza en nuestros labios. Nuestra vida canta su bondad y fidelidad, por eso andaré con rectitud. Entonad el cántico nuevo que canta toda la creación. Mirad los lirios del campo como el Señor los cuida y viste de hermosura. Cuida de lo más pequeño y que parece que no vale. Hasta la hierba con la que das alimento al ganado. Acaso vosotros no valéis más que todas sus creaturas. Que no cese vuestro canto, que no se enfríe el amor.
Que bello despertar cada día con un canto, el canto habla lo que siente el corazón. Toda la creación entona al unísono una bella melodía. Te cantan los pájaros, las flores, los campos, las mieses que desbordan de tu bondad. Tu eres el objeto de nuestro canto. Cantaremos para ti.
Danos ojos para descubrir los pasos humildes de tu
presencia, la semilla de tu presencia en todas las cosas, incluso las más
pequeñas. Nada es insignificante porque tú cuidas con amor de todo lo que tú
hiciste. Los de corazón engreído y arrogante se olvidan de cantar, de
agradecer. Cantad a Dios con un corazón agradecido, con salmos y cánticos
inspirados, todo lo que hagáis o digáis hacedlo todo en nombre de Jesús, dando
gracias a Dios Padre por medio de él.
SAL 101: UN DIOS POBRE Y DESNUDO
Este salmo es la oración del hombre pobre y desnudo que clama a Dios. Este hombre pobre es Cristo que se hizo pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza. Cristo encarna al pobre que ora y se refugia en Dios. Cristo es el Dios encarnado que se inclina hasta hacer suyo nuestro dolor y sufrimiento. El que no queda hundido en el dolor sino que nos dice tus años no acabarán nunca. Estas llamado a participar del para siempre de Dios.
Jesús nos revela al Dios desnudo que no nos abandona, que nos invita a entrar en su oración de abandono confiado en Dios. Es la oración del pobre y afligido que derrama su llanto ante el Señor. Representa en toda su crudeza un grito de socorro. El reconoce la fragilidad y caducidad de la vida y al mismo tiempo se refugia en Dios reconociendo que su amor es firme. Este salmo cobra toda su dramaticidad en la Pasión. Aunque mi vida se consume como el humo pide que no lo abandone en la postrimería de la vida, cuando le fallan las fuerzas. Dios mío no me abandones sálvame por tu amor. Levántate, Señor, y ten misericordia de mí.
El salmo presenta con toda crudeza el que se consume en
medio del dolor y siente la amargura de la soledad. El salmo recurre a toda una
serie de imágenes que dan cuenta del desfallecimiento exterior y la soledad
interior. A este dolor se suma la actitud hostil de sus enemigos. Mis huesos se
queman como en brasas, con la violencia de mis quejidos se me pega la piel a
mis huesos. Como un ave solitaria en el tejado gime en su dolor, pero sabe que
ni una gota de su dolor se perderá ni caerá en el vacío. Termina el salmo con
la certeza de un Dios que no desatiende el grito de auxilio. El Señor mira
desde el cielo y se fija en la tierra. Escucha los gemidos de los cautivos y se
abaja a librar a los condenados a muerte.
SAL 102: HIMNO A LA MISERICORDIA DE DIOS
Este salmo es un himno a la misericordia de Dios. El Dios
abajado a nuestra miseria, que escucha nuestro clamor y se inclina a sanar con
besos nuestras heridas.
Cristo nos revela el rostro misericordioso de Dios. No
nos trata conforme a nuestros errores ni nos paga según nuestras culpas. El
perdona nuestros pecados y cura nuestras heridas. Nos rescata de la fosa y nos
levanta de nuestra postración y nos corona de amor y de ternura. Como se
levanta el cielo sobre la tierra así se levanta su amor frente a los que acuden
a él.
Cristo nos muestra el corazón de un Padre compasivo que siente ternura por cada uno de sus hijos. Él nos ama de forma personal. El sale al encuentro de cada uno de nosotros y no cesa en su búsqueda hasta encontrarnos.
La experiencia de su misericordia saca de nuestro corazón
un canto de alabanza. El Señor puso en mi boca un canto de acción de gracias.
Proclamaré eternamente la misericordia de Dios. Al que se le ha perdonado mucho
es capaz de mostrar un gran amor. Te bendigo para siempre con todo el
agradecimiento de mi alma.
El salmista es invitado con todos los seres del cielo y
de la tierra a unirse a este cantico de alabanza. Servidores que cumplís sus
deseos bendecid al Señor, todas sus obras. Glorificad al Señor con vuestra vida
en toda circunstancia y lugar. Cantad sin fin la misericordia de Dios.
SAL 103: HIMNO A LA PROVIDENCIA DE DIOS
Jesús invita a sus discípulos a contemplar a Dios en todo
lo creado para moverles a confiar en su providencia. Mirad los pájaros como
vuestro Padre del cielo los alimenta. Mirad los lirios del campo como vuestro
Padre los viste de color. Incluso la hierba del campo con la que alimenta los
animales silvestres. Si Dios cuida de todos los seres incluso los más pequeños
y todo lo llena de su esplendor ¿no hará mucho más por vosotros?
Desde su morada riega los montes y sacia la tierra de su acción fecunda. Hace brotar hierba y provee de forraje para los ganados, saca pan de los campos y vino que alegra al corazón. Palabras que podrían leerse en clave eucarística como alusión al pan del cielo, el gran don de Dios. Dios que manifiesta su grandeza cuidando de la tierra y todos sus habitantes, quiso mostrarnos que más grande que su poder es su infinito amor. Renunciando a su poder quiso salvar al hombre abajándose hasta hacerse pan eucarístico, trigo molido, pan de vida que nos sacia con su amor. No quiso darnos simplemente cosas, sino que quiso donarse así mismo por amor.
Se nos invita a la contemplación de la obra majestuosa de
Dios en toda la creación que quiso coronar con la creación del hombre. Dios
poderoso creador y vivificador nos muestra su grandeza en un ritmo descendente
que abarca desde el cielo a los abismos. Las realidades celestes y las
terrestres.
Dios asentó la tierra, separó las aguas poniendo límites
al caos. Convirtió el estruendo de los mares en manantiales y riachuelos que
proveyesen de agua mansa que fecundara la tierra. Bendijo la tierra con toda
clase de seres que pastan y sestean en verdes prados. Junto a los campos
brotaron los cedros grandes y hermosos en cuyas ramas anidan los pájaros y toda
clase de aves.
De la contemplación surge la alabanza. Cuántas son tus
obras y que sabiduría demuestran. Todo responde a un orden establecido, el
Señor crea, conserva, alimenta vivifica. De la alabanza surge la invitación a
la providencia. Dios en su providencia dispuso que el hombre cuidara de la
tierra. Que se acabe el pecado y vuelva el hombre a su estado original. Para
que Dios no se arrepienta de poner al hombre a cargo de la tierra.
SAL 104: SOMOS OBRA DE SU BONDAD
Estos salmos forman parte de una meditación que narra los
hechos fundamentales de la historia del pueblo de Dios, la promesas de la
Alianza, la liberación de Egipto, la entrega de la tierra prometida. Estos
salmos responden a la meditación histórica Haggada de los hechos
salvíficos que vivió el pueblo de Israel pero no se quedan en el pasado sino
que se actualizan hoy. Estos hechos forman parte de nuestra propia historia.
Por pura iniciativa Dios nos ha hecho llegar a ser lo que somos,
constituyéndonos su pueblo y nos sigue dando forma para restablecer todas las
cosas en él. Es por eso una invitación a hacer memoria, recordad.
Esta historia de salvación tuvo como culmen la venida de Cristo que lleva a cumplimiento los designios de amor hechos como promesa a lo largo del Antiguo Testamento. Esta historia de salvación continúa hasta hoy hasta su plenitud en la segunda y definitiva venida de Cristo para recapitularlo todo en él. Dios cumple sus promesas y nos da en heredad su Reino que no tendrá fin.
El salmo recuerda el primer pacto hecho con los primeros
padres; continua con la etapa en Egipto y la intervención de José; continua
después con la salida de Egipto y la intervención de Moisés; prosigue con la
marcha por el desierto y la entrada en la tierra prometida.
El salmo exhorta al reconocimiento de la fidelidad de
Dios cumpliendo sus promesas. El salmista descubre la mano de Dios que acompaña
a su pueblo, su protección ha sido constante y su intervención salvadora
continua. Invita a la acción de gracias: Dad gracias al Señor, recurrid siempre
a él, recordad las maravillas que hizo y confiad en él.
SAL 105: DAD GRACIAS AL SEÑOR PORQUE ES ETERNA SU MISERICORDIA
Dios ha sido fiel pese la infidelidad de su pueblo.
Exhorta al pueblo a volver al Señor pese su infidelidad confiando a su infinita
misericordia. Jesús increpa la dureza de corazón y la persistencia en el mal. A
pesar de haber visto con sus propios ojos los milagros que él hizo, no creían
en él. Han endurecido el corazón y no se vuelven a mí para que les cure. Si al
menos hoy reconocierais el tiempo de mi visitación.
Pese a nuestra incredulidad y terquedad Dios no cesa en salir a nuestro encuentro. Como una gallina que trata de proteger a sus polluelos así he querido reuniros en mi regazo. Se muestra como un padre cariñoso incapaz de mantener su severidad con sus hijos. Abramos nuestro corazón y recurramos a aquel que viene y puede salvarnos. Si hoy escucháis la voz del Señor no endurezcáis el corazón.
Pese a las muchas y repetidas muestras de amor, el salmo
invita al reconocimiento del mal, la dureza y la perversión del corazón. Hemos
pecado contra tí. Recapacita en siete pecados capitales y exhorta a volver a él
reconociendo no solo su impiedad sino la infinita misericordia del Señor. La
falta de fe, la desconfianza, la idolatría, la obstinación, la rebeldía. Se
olvidaron de sus obras y prodigios se olvidaron de Dios y no se fiaron de sus
planes. Cambiaron la gloria de Dios adorando a ídolos.
Pero pese al pecado del pueblo Dios, el Señor miró sus
angustias, se compadeció y no los abandonó a su suerte, sino que los perdono,
los salvó y los rescato del poder del enemigo. El salmo concluye con una
exhortación y una súplica. Una exhortación: recurrid al Señor, recordad sus
prodigios, buscad su rostro. Una súplica: Sálvanos, no nos abandones y
volveremos a alabarte.
SAL 106: EL CANTO DE LOS REDIMIDOS
Este salmo que canta las proezas del Señor para con su
pueblo tiene su cumplimiento en Cristo. Que lo confiesen los redimidos por el
Señor, los que el rescató del poder el enemigo. No son hechos de una historia
del pasado sino que se actualiza en Cristo. No se trata de hechos genéricos
sino de hechos bien concretos que acontecen en la vida. La salvación de Dios se
opera en nuestra carne, en nuestra historia. En el momento culminante cuando
vagábamos desfallecidos y yacíamos en las sobras de la muerte por nuestros
pecados él envió su Palabra para salvarnos, curarnos, rescatarnos.
Dios cambió nuestra suerte. Resuena el estribillo: den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas y prodigios que hizo con nosotros. Aclamadlo, alabadlo, el Señor merece un canto armonioso. Recordad estos hechos, guardarlos en vuestra memoria y proclamadlo de generación en generación. El Señor ha sido bueno con nosotros porque es eterna su misericordia.
Como libró el Señor a su pueblo cuando caminaba por el
desierto y desfallecía de sed y de hambre; cuando le libró de la oscuridad de
la prisión guiándole a la luz de la libertad; cuando le libró de la enfermedad
dándole la salud; cuando le protegió del mar enfurecido para llevarlo a la
seguridad del puerto; así también nosotros invocamos al Señor en la adversidad,
en medio de nuestros desiertos, prisiones y tormentas y él nos libró. Cuando
pasemos por la aridez del desierto, cuando caigamos en la apatía en que
aborrezcamos todos los manjares, recordemos su bondad y misericordia. El
transformará nuestros desiertos en manantiales de agua. El transforma el
desierto en oasis, el erial en estanques de agua. Convertirá el desierto en
tierra fértil colmando el ansia de los sedientos.
SAL 107: INVOCACION INICIAL
Dios mío ven en mi auxilio. Cuándo estamos perdidos y sin
salida, ¿quién nos guiará? ¿quién nos protegerá en medio del desierto? Tenemos
a quién acudir, en quién confiar, quién nos puede salvar. Sálvanos con tu
poder, no nos abandones, respóndenos. Cristo puede transformar nuestra derrota
en una victoria. Cuando la ayuda del hombre es inútil él poder de su amor
derribará al enemigo. Porque tu bondad y misericordia es más grande que los
cielos, porque tu fidelidad alcanza las nubes. Sólo no puedo, necesito la mano
que me salve. Necesito tu luz, tu calma, la firmeza de tu brazo. Que tu mano
salvadora nos responda. Con tu auxilio haremos proezas.
Cada día empiezo la salmodia con la súplica: Dios mío ven
en mi auxilio, date prisa en socorrerme. Esta invocación la extiendo a todos,
la ansío para todos: Dios nuestro ven en nuestro auxilio, no nos abandones,
socórrenos. El hombre sin tu auxilio nada puede. El hombre no se salva con sus
fuerzas. Lo único que puede concedernos sosiego no es contar con nuestras
fuerzas sino con la oración humilde y confiada. Nada mejor que despertad cada
mañana con la suplica humilde del que todo lo espera. Más allá de nuestros
fracasos e infidelidades está tu amor más alto que los cielos y más profundo
que la hondura del abismo. Tu amor nos levanta y nos hace firmes. Tu amor es lo
que queda cuando ya no queda más. ¿Quién podrá separarnos del amor de Dios?
Nada ni nadie nos podrá separar del amor que nos ha manifestado Cristo Jesús.
SAL 108: ACTO DE CONFIANZA
Dios en quién confío, no estés callado, respóndeme. Yo que soy un pobre desvalido y llevo mi corazón traspasado: Socórreme sálvame por tu amor. Es la oración del justo injustamente acusado, ajusticiado y condenado a muerte que encarna Jesús en el momento de su Pasión. En su Pasión lo insultaban y no devolvía el insulto; no profería amenazas. Al contario se ponía en manos del que podía salvarlo y Dios atendió su súplica y lo salvó de la muerte con la Resurrección.
Jesús ante la ofensa responde con el perdón para sus ejecutores y quiso que esa forma de actuar fuera el distintivo de sus seguidores. Dios se revela como el abogado defensor de los pobres y afligidos. Dios se puso atendió la suplica del pobre y lo salvo de sus angustias. Los pobres no tienen a quién acudir porque los poderosos les dan la espalda. No tienen armas para enfrentarse con los que están armados hasta los dientes. Su única arma es la oración humilde de confiar en aquel que puede salvarles.
También nosotros experimentamos la impotencia ante los
ejecutores del mal. Pongámonos a la derecha del pobre, del afligido, del que no
tiene protector y empuñar las armas de la justicia, no tomando la justicia por
nuestra mano, sino respondiendo al odio y la violencia con el perdón, tratando
de vencer al mal con el bien.
SAL 109: YO TE ENGENDRE EL DIA DE TU NACIMIENTO
Este salmo responde a la entronización gloriosa de Cristo tras su Resurrección como rey, sacerdote y profeta. Cristo será glorificado y sentado a la derecha del Padre. al final de los tiempos Cristo será entronizado por encima de toda potestad. Cristo será ensalzado como rey de toda creación. Extenderá el poder de su cetro y pondrá a sus enemigos bajo el estrado de sus pies. Como sacerdote inaugurará un sacerdocio eterno y como profeta dictará sentencia contra todos los pueblos. Él es el Hijo, el engendrado por el Padre antes de todos los siglos. Cristo es el ungido y sacerdote eteno que ofrece el sacrificio perfecto y definitivo.
Este salmo puede leerse dentro del rito y la liturgia
bautismal. Nosotros por el bautismo estamos llamados a participar de la
realeza, sacerdocio y profetismo de Cristo. El hace un juramento solemne del
que nunca se retractará. Yo te prestaré mi auxilio y protección. Seré tu guía
perpetua.
Desde tu nacimiento te engendré como rocío y permaneceré
a tu lado para siempre. tu eres mi hijo yo te he engendrado para que goces de
mi amistad. Mientras dure tu camino te daré de beber del torrente de la vida
para reparar tus fuerzas.
SAL 110: TE DOY GRACIAS DE TODO CORAZÓN
Jesús busca la rectitud de corazón. Recuerdo y medito tu santa alianza, la que estableciste con nosotros perpetuamente en el sacrificio de la Cruz. Primicia de sabiduría es la sabiduría de la Cruz. Grande es el amor que nos mostraste, digno de consideración para los que te buscan y te aman. En la plenitud de los tiempos nos enviaste Padre bueno a tu único Hijo que cumplió tus promesas por fidelidad a tu alianza. El llevó a cabo la redención definitiva a través de su muerte y resurrección, el prodigio espléndido de la instauración definitiva de tu Reino de amor. El fundamento de nuestra vida lo sellaste con su sangre en la entrega de tu vida. Recordamos y celebramos esta alianza en el sacrificio eucarístico. Te nos das como pan para dar alimento a tus fieles.
El pueblo de la alianza celebra el pacto incondicional.
Tu alianza la sellaste para siempre, ratificaste para siempre tu alianza. Somos
el pueblo de tu propiedad. Celebrar tu alianza nos lleva a contemplar la
generosidad de tu corazón. Tu amor incondicional nos mueve a la alabanza y la
acción de gracias. Solo tú eres compasivo y misericordioso. Te damos gracias de
todo corazón. En verdad contemplar tus obras nos mueve a la alabanza a
reconocer al autor de todas las obras. Digno eres Señor de responder con la
ofrenda de nuestra vida. Tú mereces toda nuestra confianza y todo nuestro amor.
Por eso nos reunimos a celebrar tu pacto de amor en la
gran asamblea. Tu mereces nuestro cántico de alabanza. Acepta nuestra acción de
gracias, nuestra adoración y alabanza. Solo tu eres bueno, santo, fuente de
toda bondad y santidad. Acepta nuestra pobre ofrenda y bendícenos con tu
ofrenda para que tu amor y tu salvación alcance toda la tierra.
SAL 111: SI DECIMOS QUE AMAMOS AL SEÑOR TAMBIEN DEBEMOS AMARNOS
Tu nos congregas en tu amor para que pasemos a amar a nuestros hermanos. Tu nos repartes en abundancia tu amor para que sobreabundemos en caridad y buenas obras. Dichoso quien amando al Señor se vuelca a amar a sus hermanos. Esa será la prueba de nuestro amor a él.
Este es mi mandamiento nuevo que os améis como yo os he
amado. Si decimos que amamos a Dios al que no vemos y no amamos al hermano que
vemos somos unos mentirosos. Si alguien dice que vive unido a Dios y odia a su
hermano miente.
Dios es la fuente del amor y nos pide que nos amemos. El que no ama no conoce a Dios porque Dios es amor. Si él se entregó por nosotros también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios jamás le vio nadie, pero si nos amamos, Dios vive en nosotros y su amor alcanza en nosotros cumbres de perfección.
Si Dios ha sido bueno con nosotros, también nosotros
debemos ser buenos con nuestros hermanos. Que vuestro amor no sean meras
palabras, no sea una farsa. Dichoso cuya caridad es constante, aquel que es
clemente y misericordioso, que reparte limosna a los pobres y da su mano al
necesitado. Si nuestro corazón está firme, seguro y anclado en el Señor
podremos sostener al infirme, cuidar del enfermo. Él nos dará lo que nuestros
hermanos necesitan y a la vez nos propondrá: lo que hicisteis con el más
pequeño de mis hermanos a mí me lo hicisteis.
SAL 112: QUIEN COMO DIOS (MI KA EL)
Este salmo encabeza los salmos de las grandes
solemnidades del pueblo (gran Hall El) entre las que destaca la cena
pascual (Pesha, Seder). El salmo se canta en la celebración de la
Pascua y evoca la cena pascual. La cena pascual adquiere en Cristo el
cumplimiento de sus promesas. A través de su muerte y Resurrección lleva a
plenitud su obra salvadora. Él se abaja para levantar al desvalido y sentarlo
con los príncipes de su pueblo. Jesús en el colmo de amor, enternecido de amor
se abaja hasta nosotros para coronarnos como príncipes de su pueblo. Él es
nuestra Pascua, el alfa y el omega el principio y fin, autor y consumador de
nuestra fe.
Hay que alabar al Señor porque es grande y excelso, porque reina sobre todos los cielos y a su vez porque a pesar de su distancia infinita se abaja hasta sus criaturas. ¿Quién como el Señor que se abaja de su trono de gloria para lavar y sanar nuestras heridas hasta levantarnos de la postración y sentarnos a su mesa haciéndonos destinatarios de su amor?
El salmo nos invita a una oración de alabanza continua, desde la salida del sol hasta el ocaso. Comienza con la expresión Aleluya (Hall El ujah, alabad a Yahveh) como expresión de júbilo, alabanza y gratitud por su obra salvadora. Reconocemos a Jesucristo como el corazón de la Pascua, por su redención, restauración y exaltación definitiva en los cielos.
La Iglesia es hija de la alabanza. Nuestra alabanza es
continua, ahora y por siempre y se extiende de oriente a occidente, de
generación en generación. Nuestra alabanza en esta tierra es el preludio de la
Pascua definitiva y eterna. Dios actualiza en Cristo su salvación en el aquí y
ahora. A la vez es la súplica al Dios que nos salva con la esperanza de su
restauración y exaltación futura. La iglesia ora suspirando por la realidad que
nos espera.
SAL 113: RECUERDA, (AMNEMESIS) EL HECHO FUNDANTE QUE NOS REDIMIO
Haciendo memoria de los hechos salvíficos, el salmo recuerda la entrada del pueblo en la tierra prometida cruzando el mar rojo y el Jordán. Ante la presencia de Dios el mar se abrió y el Jordán se echó atrás. Nosotros recordamos la salida del poder de la esclavitud del pecado y la entrada con Cristo en su Reino. Ante Cristo se separaron las aguas el poder del mal se echa para atrás y se abren los cielos que pronuncia la victoria: Este es mi Hijo muy amado en quien me complazco. Toda la creación se convulsiona y se estremece ante el gran espectáculo. En Cristo se lleva a cumplimiento la poderosa acción salvadora de Dios en favor de su pueblo.
Este es nuestro Aleluya Pascual (Halellu-ya). Nosotros
recordamos nuestro bautismo dando inicio a la nueva creación. Este salmo
responde a la liturgia del Sábado Santo: esta es la noche en que sacaste a tu
pueblo de la esclavitud de Egipto y los hiciste pasar el Mar Rojo. El mar huyó
y las aguas del Jordán se abrieron y se echaron atrás. El Señor que hizo el
cielo y la tierra hizo prodigios con nosotros. A través de su bautismo de
sangre en la Cruz Cristo nos sacó del poder de la esclavitud y nos redimió con
su entrega por nosotros haciéndonos el pueblo de su propiedad.
SAL 114: CONFIAD EN EL SEÑOR QUE TIENE PODER
El salmista invoca al Señor y le pide que intervenga. No por nosotros, por nuestras obras, sino por tu gran bondad y misericordia. El pueblo se experimenta perdido en situación de destierro. Los enemigos se burlan de ellos y les inducen a confiar en los ídolos. Pero de nada sirven los ídolos, son hechura de manos humanas y no pueden salvar. Ellos se acuerdan del Dios que hizo proezas con su brazo y acuden a él. Que toda lengua proclame Jesucristo es el Señor. Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga.
Solo Dios creador de cielos y tierra tiene poder de salvarnos. Él lo que quiere lo hace. Cristo es el restaurador del universo. Llega la hora en que los muertos oirán la voz de Dios y los que oigan volverán a la vida. El Padre ha concedido al Hijo el poder de dar la vida. No os asombréis de que llegue el momento en que los muertos oigan su voz y saldrán de las tumbas. Los que creen en él resucitarán para la vida eterna.
El universo se divide en tres zonas: el cielo, la tierra, las profundidades (el sheol). Dios en Cristo es el restaurador de todo. Que todos alaben al Señor, los seres del cielo y los de la tierra. Incluso Dios bajó a las profundidades para que allí también resonase su voz. Los que bajan al silencio no te alaban, pero también estos habrán de oír su voz. Así nosotros nada ni nadie nos podrá separar a los que invocamos su nombre. Para los que creen en él ninguna enfermedad es de muerte, sino que se tornará en vida para gloria de Dios.
SAL 115: CAMINARE EN PRESENCIA DEL SEÑOR
Dentro del Gran Hallel, canto de acción de gracias
por la acción de Dios con su pueblo, comienza el canon eucarístico, como
centro de la acción de gracias. Se trata de un canto eucarístico por actualizar
el misterio de nuestra salvación. Con su sacrificio Él nos arrancó de la muerte
y nos dio nueva vida.
Eres el Dios que nos salva, nuestro salvador y redentor. El Dios que se inclinó cuando estábamos desesperados y sin fuerzas. En medio de la aflicción cuando me envolvían las redes de muerte y se alzaban los lazos del Abismo, invoqué el nombre del Señor y me arrancó de la sombra de la muerte y me salvó.
Te amo Señor porque has sido bueno y librado de mi vida
de tantos trop
iezos. Cuando me cubrían las aguas, en medio de la tormenta
tendiste tu mano para librarme y recobrar la calma. Estando yo sin fuerzas me
salvaste. Por eso caminaré en tu presencia Señor. Quiero cada día darte
gracias, caminar contigo, celebrar la vida, compartir tu amor. Cada día te diré
Señor mío, amor mío. Te ofreceré lo que soy y tengo como ofrenda de amor.
Caminaré en tu presencia por siempre hasta reinar contigo en el país de la
vida.
SAL 116: ¿COMO PAGARE AL SEÑOR TODO EL BIEN QUE ME HA HECHO?
El salmo hace alusión implícita a la cena pascual en donde después de cenar se bendecían las cuatro copas. Por tanto resuena para nosotros el sacrificio eucarístico. Después de la cena pascual (seder) Jesús tomo la copa, dio gracias a Dios y se la dio a sus discípulos diciendo: esta copa es la copa de la nueva alianza, confirmada con mi sangre que va a ser derramada en favor vuestro. Ante la grandeza de su amor surge en nosotros una respuesta agradecida ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Te ofreceré un sacrificio de alabanza. Alzaré la copa de la salvación, cumpliré al Señor mis votos, en presencia de todo el pueblo.
Mucho le cuesta al señor la vida de sus fieles. Fuimos rescatados no con oro ni plata sino con la sangre de Cristo. Su don supera siempre nuestras posibilidades de compensación. Esta ofrenda no se puede pagar tan solo agradecer. Por eso ofrecemos el sacrificio eucarístico como reconocimiento de su infinito amor ante la gran asamblea y nos disponemos a participar y tomar parte con la pobre ofrenda de nuestras vidas.
Este salmo es propio de la liturgia del Jueves Santo
donde recordamos la institución de la cena pascual (seder). En la eucharistía
(acción de gracias) ofrecemos al Padre el sacrificio de su Hijo. También unimos
a su ofrenda la ofrenda de nuestra vida. Él la une a la suya y la convierte en
una misma ofrenda para la salvación de todos.
Para nosotros participar del sacrificio de comunión es
compartir, amar, servir. Servir es reinar. Ser grandes es hacernos servidores
de los más pequeños. El acto supremo de la entrega de la vida al servicio de
Dios y los hermanos es nuestra ofrenda agradecida.
SAL 117: SU FIDELIDAD Y MISERICORDIA ES ETERNA
Este es el salmo más breve del salterio donde se resaltan dos aspectos fundamentales la invitación a la alabanza y la motivación, el amor y fidelidad de Dios. Su misericordia y fidelidad es eterna. Esta invitación tiene un alcance universal, se dirige a toda la humanidad a todos los pueblos. Se invita a toda la humanidad a alabar a Dios. El amor del Padre quiere unir a todos en un mismo canto polifónico de distintas razas, lenguas, condición. Dios quiere unir a sus hijos en el Hijo y derrama en nosotros su Espíritu de amor.
La alabanza universal resuena por toda la tierra y se extiende a todos los hombres. Es el canto de amor del Cordero, el esposo que dice a su esposa, la Iglesia, no dejes de cantar el cántico nuevo, de anunciar el evangelio nuevo. Acaba con el Aleluya pascual. Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la alabanza, la gloria y el honor.
SAL 118: LA ALEGRIA PASCUAL
Contina la magnífica liturgia de acción de gracias (Gran
Hallel). Este salmo correspondería al Aleluya Pascual del Domingo de
Resurrección. El gran día en que actuó el Señor en la Resurrección de Cristo.
Es por eso que rezamos este salmo cada domingo (el día del Señor).
La invitación a participar con gozo en la gran asamblea esta precedida con la procesión de entrada en el templo con resonancia con la entrada de Jesús en Jerusalén. El coro canta y el pueblo avanza en procesión al altar. Abridme las puertas del triunfo batid las palmas va a entrar el Rey de la gloria. Hace resonancia al canto eucarístico del Santo: Hosana, bendito el que viene en nombre del Señor.
No he de morir, viviré para cantar las misericordias del
Señor. Este ese el día en que actuó el Señor, ha sido un milagro patente, sea
nuestra alegría y nuestro gozo. Hay cantos de victoria en la casa de Israel, de
Aarón, en todos los fieles.
Cada día podemos celebrar la victoria de nuestro Dios por
la Resurrección de Cristo. Cada día es día de victoria, de alabanza, de
regocijo, de acción de gracias. Dios ha sido bueno y actuado con su infinito
amor y poder en nosotros.
Todos nosotros podemos reconocernos como un prodigio, un
milagro patente realizado por pura misericordia. Todos somos convocados en un
mismo coro polifónico a cantar y proclamar las misericordias del Señor.
SAL 119: EL GRAN ELOGIO DE LA PALABRA DIVINA
Se trata de un salmo largo que sigue el alfabeto, las
veintidós letras del abecedario hebreo en honor de la ley del Señor. Empieza
por Aleph y termina con Tau. El alfa y la omega. La ley es
parte fundamental de la revelación divina, de la alianza de Dios con su pueblo.
Jesús es la palabra divina encarnada que vino a este mundo para enseñar y guiar al hombre por el camino de la vida. Él nos revela la voluntad de Dios. La Palabra es fuente de vida que Dios pronuncia al hombre esperando su respuesta y adhesión. No es una imposición o una carga pesada sino don de su gracia que libera al hombre y lo lleva a la verdadera felicidad. Dichoso el que escucha mis palabras y las pone por práctica. Dichoso el que con vida intachable camina en la voluntad de Dios.
Expresan todo un programa de vida, toda una forma de
vivir. Por la mañana invocaré tu nombre y por la noche tu fidelidad. Me
adelanto a la aurora pidiendo auxilio, esperando tus palabras. Mis ojos se
adelantan a las vigilias meditando tus promesas. muéstrame tu camino y enséñame
a cumplir tu voluntad. La ley de Dios expresa todo un orden, la primacía de
Dios sobre todas las cosas que lleva al hombre a vivir en paz. De mi boca brota
la alabanza, el canto de alabanza que canta tu misericordia y fidelidad. Que mi
alma viva para alabarte.
SAL 120: LIBRAME DEL ENREDO DEL ENEMIGO Y DAME TU PAZ
El enemigo, nos tienta, nos acosa, nos enreda, pero
tenemos a quien acudir. En este mundo tendremos tribulación, pero no hemos de
sucumbir ni perder el ánimo. Jesús también experimento la hostilidad de sus
enemigos. Pero lejos de sucumbir suplico a Dios y Dios le escuchó. Con su
Resurrección Cristo ha vencido al mundo. El es nuestra paz, cuando quienes nos
atacan dicen guerra él nos dice paz.
El salmista es un hombre acosado y perseguido que parece
sucumbir en medio de la violencia, la hostilidad, la agresión, la opresión, la
guerra. Somos invitados con la Iglesia perseguida a mantener nuestros ojos
fijos en él, el que es el origen y la consumación de nuestra fe. Pedimos por
los exiliados, desterrados, perseguidos, víctimas de la guerra para que reine
la paz en el mundo y seamos instrumentos y mensajeros de paz.
SAL 121: MI AUXILIO VIENE DEL SEÑOR
El salmo comienza con una pregunta ¿de dónde nos vendrá
el auxilio? Y a la vez responde el auxilio me viene del Señor. Lo llama
guardián de nuestra vida (goel). El no permitirá que resbale tu pie. Él
te guarda de todo mal. Él guarda tu alma.
Cristo es nuestro guardián, pastor y guía. Él nos protege
de todo peligro. Él es el guardián que no duerme ni reposa. Su cuidado y su
amor es constante y sin fin. guarda nuestras entradas y salidas, al inicio y al
final.
Jesús promete su cuidado y protección constante. No se
turbe vuestro corazón ni se intimide. No os dejaré solos ni huérfanos. Yo seré
vuestro protector, defensor y guía.
El Señor te guarda a su sombra. De día el sol no te hará
daño ni la luna de noche. Bajo su sombra, su presencia benéfica, nos sirve para
defendernos de los ardientes rayos del sol, de la tormenta y del bochorno del
mediodía y de los perniciosos peligros de la noche. Para nosotros hoy sigues
siendo cobijo protector en donde nos refugiamos. Tú te pones a nuestro lado
para proteger con tu escudo cuando me quedo al descubierto. Protector de mi
flanco vulnerable, del punto débil de mi defensa.
SAL 122: ENTREMOS EN LA PRESENCIA DEL SEÑOR
Igual que los judíos una vez al año peregrinaban a
Jerusalén a visitar el Templo (fiesta de las tiendas, de los Tabernáculos o de
la peregrinación, Sucot) así nosotros como pueblo santo de la nueva
Jerusalén (Jiru Shalom, ciudad de paz) vamos con alegría a la casa del
Señor. Los judíos entonaban con alegría este cántico (cántico de Sión).
Al ver la ciudad santa quedaban asombrados por su solidez y hermosura cimentada
sombre el monte santo (Sión, Moriah). Cristo es presentado en el templo
para su circuncisión a los 40 días de su nacimiento y sube con sus padres al
Templo cuando tenía doce años. Con sus apóstoles sube a Jerusalén durante tres
veces y anuncia un nuevo templo en la ofrenda de su Cuerpo. Nosotros nos
alegramos por ser la Nueva Jerusalén fundada sobra la roca de Cristo, el nuevo
templo construido con piedras vivas.
Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Nuestro
nuevo templo está construido con piedras vivas cimentadas sobre Cristo que nos
da firmeza y consistencia. Vivan en paz los que te aman, reine la paz dentro de
tus muros. Estamos llamados a formar un templo de puertas abiertas, un pueblo
donde vivamos todos en paz sin distinción de razas y lenguas, centro de
fraternidad universal. Por desgracia Jerusalén se ha convertido en un lugar de
conflicto y de guerra. Los hombres se arman para la guerra y los militares
patrullan tus calles de día y de noche. Una guerra que parece no tener tregua.
De día y de noche se entrecruzan los misiles y las bombas y se oyen los
alaridos de las víctimas inocentes. Desead la paz a Jerusalén. Si al menos hoy
abriésemos las puertas a aquel que viene a traernos la paz.
SAL 123: FIJOS LOS OJOS EN EL SEÑOR
Nosotros, sus servidores, ponemos nuestros ojos y
corazones fijos en el Señor, esperando su misericordia. Vivimos levantados y
vueltos nuestros ojos al Señor. En ocasiones vemos en Jesús este gesto,
levantando sus ojos al cielo. Expresa su cercanía y total dependencia de Dios.
Yo no hablo por mi propia cuenta. El Padre es quien me dice lo que debo decir y
como lo tengo que decir. Yo digo lo que he oído de mi Padre. Desde su
obediencia al Padre propone a sus discípulos el camino del amor y del servicio.
La Iglesia vive de la contemplación de Cristo,
crucificado y resucitado. Nosotros nos reunimos en Iglesia, la casa de Dios,
con la comunidad de hermanos para escuchar su palabra y levantamos hacia él
nuestra oración para aprender a reconocerle y a servirle en los hermanos. La
oración de cada uno se une a la de la Iglesia donde surge esa sintonía y
comunión. A pesar de los desprecios y tribulaciones no nos desalentamos.
Esperamos y confiamos en su misericordia. Pon en nosotros tus ojos
misericordiosos. Por amor a tu nombre, por tu fidelidad y misericordia, no nos
abandones. Nos mantenemos fijos los ojos en nuestro Dios hasta que se complazca
de nosotros.
SAL 124: NUESTRO AUXILIO NOS VIENE DEL SEÑOR
Jesús aparece en ocasiones con los discípulos en la
travesía, en la barca, en medio de la tormenta. Ellos tienen miedo de hundirse
y despiertan al Señor y le reprochan ¿No te importa que perezcamos? Jesús
exhorta a los suyos a confiar en él ¿porqué dudáis? ¡hombres de poca fe! El
Señor calma el viento y las olas del mar como signo de la potencia del mal. Los
discípulos reconocen y confiesan a Jesús como el Señor, el Salvador. Si el
Señor no nos hubiera auxiliado nos abrían arrollado las aguas. El Señor nos
libró de la trampa mortal y escapamos. En él encontramos refugio y protección.
El salmo es una proclamación coral y comunitaria de la
salvación. El pueblo se ve liberado milagrosamente de un grave peligro. También
nosotros nos sentimos oprimidos y afligidos en medio de la adversidad. A veces
sentimos que se caen todos nuestros apoyos. Pero tenemos a quien acudir ¿quién
podrá separarnos del amor de Dios? Si Dios está con nosotros ¿quién contra
nosotros? Él nos conforta en todas nuestras tribulaciones.
SAL 125: LOS QUE CONFIAN EN EL SEÑOR NO
QUEDARAN DEFRAUDADOS
Somos el pueblo que confía en el Señor. Dios nos ha
rescatado y elegido para habitar en él. El nos cuida y nos guía hasta la
Jerusalén celestial asentada para siempre. Mientras tanto caminamos en
esperanza hasta el encuentro definitivo. Jesús aconseja a los suyos que no se
dejen arrastrar por el mal. Resucitado se presenta vencedor del mal y de la
muerte y prometiendo la paz. La paz os dejo mi paz les doy. La confianza en ti
es mi apoyo y fortaleza.
Los que confían en el Señor permanecen firmes,
inconmovibles, no fracasaran. Aunque vacilen los montes y se desplome el mar,
Dios protege a su pueblo con mano firme. Nuestra vida está rodeada de un abrazo
de inmensa ternura. Dios estrecha a su pueblo con su abrazo para protegerlo del
mal. Los que se apartan de él siguiendo por caminos tortuosos acaban mal. La
oración perseverante libra el corazón de la tentación de dejarse arrastrar por
el mal y proporciona la paz a todos lo que le buscan.
SAL 126: NUESTRA TRISTEZA SE CONVERTIRÁ EN GOZO
Los discípulos sentían repugnante la cruz (escándalo,
necedad). Jesús anuncia a sus discípulos que su muerte dará paso a la vida.
Pone la imagen de la mujer que va a dar a luz. Llorareis y gemiréis, pero
vuestra tristeza se convertirá en gozo. Los discípulos estaban descorazonados
tras la muerte de Jesús. Cuando Jesús se apareció resucitado cambió la suerte
de los discípulos. Les parecía soñar o ver un fantasma. Las mujeres se acercaron
al sepulcro. Al ir iban llorando y al volver volvieron cantando. Decían, el
Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. También nosotros debemos
alegrarnos, pese a que la siembra del Reino cueste sufrimiento y a veces
lágrimas, aunque no veamos la obra terminada. De las experiencias difíciles de
la vida Dios nos promete que cambiará nuestra suerte. No dejemos de sembrar el
bien y el amor. El Señor no permitirá la victoria del mal.
Este sería el canto de los cautivos que regresaban a
Jerusalén después del exilio. También la Iglesia nos invita a cantar el salmo
al final del día. Jesús nos invita a sembrar dejando que otros cosechen. Ni un
grano, ni una gavilla se perderá. Cristo es el autor de la salvación, nosotros
la comunidad de cautivos repatriados. Aunque la siembra suponga esfuerzo y
lágrimas, la cosecha al final de los tiempos nos hará participar del gozo
eterno. Los padecimientos de ahora no pueden compararse con la gloria que un
día se nos revelará. Tras un breve padecer la boca se nos llenará de risas y la
lengua de cantares.
SAL 127: SI EL SEÑOR NO CONSTRUYE LA CASA EN
VANO SE CANSAN LOS ALBAÑILES
El hombre no se hace agradable, se santifica, por sus
obras. El hombre debe pasar a ser la obra de Dios. Él es el artífice y nosotros
sus albañiles. Dios es el que bendice y hace fecunda la obra de nuestras manos.
Si el Señor no construye la casa en vano se cansan los albañiles. El esfuerzo
del hombre es vano sin Dios.
Jesús exhorta a sus discípulos a vivir en manos de Dios,
en el abandono confiado de aquel que provee todas las cosas. No os inquietéis
diciendo ¿qué comeremos. Ya sabe vuestro Padre lo que necesitáis. Jesús
perfecciona y lleva a cumplimiento nuestra fe. En esta vida sembramos pero es
Dios quien recoge la cosecha.
Este salmo es una invitación a vivir en la gratuidad y el
abandono confiado. No por mucho madrugar amanece más temprano. Es inútil que
madruguéis, que veléis hasta muy tarde. Dios provee a sus amigos mientras
duermen. Nosotros hemos de poner todo de nuestra parte pero poniendo todo en
manos de Dios, sabiendo que todo depende de él. El completará y llevará a
término nuestra obra siempre imperfecta e inacabada. El no dejará perder nada
que vivamos y lo ofrezcamos como acto de amor. Él unirá nuestra pobre ofrenda a
la suya y será grata a los ojos de Dios.
SAL 128: EL SEÑOR BENDICE Y DA FECUNDIDAD A
NUESTRA OBRA
La bendición del Señor son los hijos alrededor de su mesa como la familia de Dios. asemeja la Iglesia como una viña fecunda con hijos numerosos como brotes de un olivo lozano. El salmo tiene un sentido alegórico eucarístico. El Señor bendice nuestra ofrenda fruto de la creación y de nuestro trabajo para convertirlo en una misma ofrenda con él. Que el sacrificio de nuestro trabajo unido al sacrificio de Cristo sea agradable a tus ojos y se conviertan para nuestro mundo en pan de vida y bebida de salvación.
La bendición de la mesa es expresión de la acción de
gracias por el pan cotidiano. El padre de familia después del duro trabajo
sienta a sus hijos alrededor de la mesa y pide la bendición de Dios para
mantener la familia unida, juntos comparten el pan el cariño entrañable, la
alegría y la felicidad. La pequeña iglesia doméstica que empieza en la familia
tendrá su cumplimiento en la nueva Jerusalén. La bendición del Señor es la Paz
para todo su pueblo y la exhortación a vivir como la gran familia de Dios.
SAL 129: EL SEÑOR ROMPE EL YUGO DE LOS
ORGULLOSOS
Jesús rompe las coyundas de los impíos. Jesús fue
oprimido y torturado. Cuando le flagelaron araron sobre sus espaldas abriendo
largos surcos pero él no reprochó ni alzó su voz al contrario cargó sobre sí
nuestras ofensas y se ofreció como expiación por nuestros pecados. Fue oprimido
y él se humilló y soportó el castigo que nos trae la paz. El intercedió por los
rebeldes y rompió así el yugo de los orgullosos para atraerlos hacia él. El nos
exhorta a no bajar los brazos en nuestra lucha contra el mal y a no tomarnos la
justicia por nuestra mano sino confiar en la fuerza poderosa de Dios para
salvarnos. Los limpios de corazón contemplarán su rostro.
Este salmo nos remite a dos lecturas. El pueblo de Israel
junto con la ciudad de Sión fue oprimida, desolada, arrasada por la opresión de
sus enemigos. Quedó como un campo arado como rastrojo para echar al fuego. Pero
Dios mantiene su fidelidad y cumple sus promesas con el pequeño resto al que
convertirá en parra fecunda. La Nueva Jerusalén será restaurada. En el monte
Sión Dios renovará su alianza en Cristo y desde allí nos llegará a todos su
bendición. Su salvación llegará a todos los habitantes de la tierra. cuando
pasamos por la desolación y nuestra vida parece marchitarse hay una invitación
a la confianza, ni un solo pelo de vuestra cabeza se perderá sin el beneplácito
del Padre que es capaz de sacar bien por mal y convertir los tiempos de
desolación en bendición.
SAL 130: ORACION DEL POBRE AFLIGIDO
Este salmo reproduce una súplica en medio de una
situación de extrema soledad y angustia. Este salmo penitencial “de
profundis” se utiliza en el momento de la muerte inminente. La persona se
encuentra sumergida en lo hondo de un abismo, abrumado y hundido por el peso de
la culpa. Jesús aun siendo inocente ha descendido a lo hondo del abismo para
romper nuestras cadenas y abrirnos las puertas de la salvación.
El salmista clama a Dios como el único que puede
salvarlo, suyo es el amor y el rescate generoso. No hay nadie que se encuentre
inocente frente a Dios. Hasta el más justo peca siete veces. Por siete veces se
dirige a Dios la humilde súplica. Señor escucha nuestra oración. Anima a todos
a confiar en el Señor. Espera en el Señor como la aurora aguarda el amanecer.
El Señor amanecerá como el nuevo día y nos redimirá de todos nuestros pecados.
Aunque a veces se oscurezca el camino, espera en Dios y volverás a alabarlo.
SAL 131: COMO NIÑO PEQUEÑO EN EL REGAZO DE SU
MADRE
Jesús vive en este abandono confiado, así nos lo muestra
al final de su vida. Jesús mueve a sus discípulos a vivir en esta confianza
filial. Tener un corazón sencillo como los niños sin la presunción de la
autosuficiencia que nos encierra en nosotros y nos hace vivir seguros de
nosotros mismos sin necesitar de Dios y de los otros. Esta actitud de abandono
confiado nos hace vivir nuestros límites envueltos y acogidos por su presencia
amorosa. Cristo encarna este rostro misericordioso del Padre, llama a sus
discípulos hijitos y les promete no dejarles huérfanos.
Este salmo es uno de los cantos más hermosos de todo el
salterio. Solo en Dios nuestra vida descansa segura. No dudemos de vivir
abandonados en los brazos de Dios. no necesitamos afirmarnos en nosotros
mismos, tenemos un apoyo más seguro propio del espíritu de la infancia, de la
infancia espiritual.
También nosotros estamos llamados a vivir en esta
confianza cuando nos asaltan las dudas y las dificultades. En la adversidad
cuando parece que todo nos supera y me lleno de ansiedad aplaco y modero mis
deseos. Es la actitud más propia al final de cada jornada. Solo en Dios
descansa mi alma.
SAL 132: AQUÍ VIVIRE POR SIEMPRE
El amor busca la cercanía con la persona amada. Cristo
cumple la promesa de estar con nosotros para siempre, una promesa que no
retractará. No descansaré hasta que sea en vosotros donde pueda habitar y
reposar. Así lo hace saber a Zaqueo, he querido venir a tu casa. Dios ha
querido habitar no en un lugar grandioso sino en nuestra pequeñez. Tan solo
pide ser reconocido y acogido con amor. Yo restituiré mi casa devastada por una
casa digna, lugar de encuentro y oración para todos.
Dios acompaña a su pueblo sin una morada fija hasta
establecer su templo en Sión, el monte santo. Las figuras de la montaña, la
nube, la tienda, del arca y del tabernáculo quedarán sustituidas por el templo,
la casa donde habitará Dios. El templo será el lugar de la presencia divina en
medio de su pueblo. Es el principio de un tiempo nuevo donde reine la paz (shalom
aleijem). Un templo nuevo, un nuevo reino. Desde el nuevo templo Dios
promete su protección y concederá un reinado glorioso, bendecirá a todos los
pueblos. Este es un reclamo para nuestros días. Ahora este templo se encuentra
acosado y amenazado de muerte. Todavía hoy hay tantos sin techo ni vivienda
digna que sufren el azote de la opresión y la injusticia. El Señor quiere
bendecir a su pueblo saciando de pan a los hambrientos, revistiendo de honor y
de gloria a los desposeídos privados de dignidad.
SAL 133: QUE VIVAN UNIDOS TODOS LOS HERMANOS
La intención de Jesús por instaurar su Reino es ver los
hermanos unidos. Ver qué delicia convivir los hermanos unidos. Para restablecer
la unidad perdida Cristo se ofrece en la cruz. El Señor nos ha hecho hermanos.
Somos hermanos de sangre, en la sangre de Cristo. Él se ofrece como vínculo de
comunión. Permaneced en mí y así permanecerá en vosotros el amor fraterno. Te
ruego Padre para que sean uno como tú y yo somos uno (oración sacerdotal). Este
será el distintivo de la primera comunidad de creyentes. Amaos mutuamente con
amor fraterno.
Jesús nos llama a reconocerlo presente en cada hermano.
Donde hay amor allí esta Dios, allí manda Dios su bendición. Allí donde los
creyentes viven unidos en su amor, allí se hace real la bendición de Dios, la
presencia del Señor en medio de los suyos. Dios derrama como ungüento suave su
Espíritu de amor. Es el roció que viene de lo alto, que sale del Costado de
Cristo traspasado en el monte Sión empapando toda la tierra. Nuestro mundo
dividido, roto por el pecado, tiene sed de unidad. El Espíritu es el óleo
derramado en nuestros corazones que cura nuestro corazón herido, lo fecunda y
fortalece con el amor de Dios.
SAL 134: LOS QUE VIVIS EN SU TEMPLO ALABAD AL
SEÑOR
La iglesia se congrega en nombre de Cristo y acudimos a
él haciendo nuestra su oración por la paz. Haya paz en Jerusalén. El Señor nos
promete su paz. El primer saludo pascual después de resucitar es la paz esté
con vosotros. Les mostró sus manos y costado traspasado y volvió a decirles la
paz esté con vosotros. Recibid el Espíritu Santo. De sus heridas derrama la
medicina que sana los corazones desgarrados. Sus heridas no derraman sangre,
irradian luz, estás transfiguradas. También nosotros estamos llamados a
restaurar tantos rostros desfigurados por el pecado para ser iluminados con la
luz de Cristo. a través de nosotros quiere derramar su bendición. Que el Señor
te bendiga, ilumine su rostro sobre ti y te de la paz.
Concluye esta serie de “salmos de peregrinación o de las
subidas” cuando los peregrinos subiendo al monte Sión de Jerusalén y llegaban
al templo. Desde allí el hombre recibe la bendición del Señor. Que él te
bendiga desde Sión y derrame la paz. Es una invitación a una oración
comunitaria que invita a todos los que están en la casa de Señor a unirse en
una misma alabanza. Todos los siervos del Señor bendecid al Señor. Cristo nos
ha reconciliado a todos por medio de la cruz derribando el muro que nos
separaba. Unos y otros unidos en un solo Espíritu.
SAL 135: CANTAD EL ALELUYA, EL EXULTET,
HALLELUYAH
El Señor ha estado grande, ha hecho prodigios con su
pueblo y estamos alegres. El salmo narra los prodigios que ha hecho y que llevó
a plenitud por medio de Jesucristo en su misterio pascual. El nos llamó, nos
eligió, nos redimió. Su amor es eterno. Es como el credo de nuestra fe.
Revivamos la historia de su elección y de su llamada. Nuestra historia personal
y comunitaria es historia de salvación, historia de su amor fiel y eterno. Su
amor siempre es primero, incondicional. Nuestra fidelidad se construye sobre la
fidelidad de Dios.
Este salmo forma parte del gran Hallel, himno de
alabanza que se recitaba en la Fiesta de Pascua narrando la historia de
salvación. La historia de la salida de Egipto, de la peregrinación por el
desierto, de la entrada en la tierra prometida es parte de nuestra historia y
muestran que la elección de Dios es irrevocable. No nos eligió porque fuéramos
los mejores de todos los pueblos sino para dar a conocer a todos los pueblos
que su redención y salvación es para todos. El Señor hace lo que quiere y lo
lleva a cabo contando con nuestra limitaciones y pobrezas. A nosotros lo más
insignificantes de todos se nos ha concedido la gracia de anunciar a todas las
naciones la incalculable riqueza de Cristo.
SAL 136: ALABANZA A LA MISERICORDIA DE DIOS
Este salmo, en forma letánica, es un canto de acción de
gracias al Señor, porque es bueno y eterna su misericordia. La misericordia
divina tuvo su máxima realización en Cristo. Tanto amó Dios al mundo que nos
envió a su Hijo para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Por Cristo
con él y en él damos gracias a Dios Padre en la unidad con el Espíritu Santo. A
él la gloria y la alabanza porque su amor es constante y para siempre. el
salmista nos invita a meditar y saborear con asombro enumerando, contemplando y
reconociendo su infinita bondad que llega hasta el día de hoy. Él nos dió la
vida, nos dió una familia, nos llamó a su servicio, nos envió a ayudar a su
pueblo, nos visita cada día porque es eterno y constante su amor. Nuestra vida
se hace oración y nuestros recuerdos memoria salvífica, letanía sagrada.
El salmo narra los hechos más significativos de la
historia de salvación. Comienza con la creación se detiene en los grandes
prodigios de la salida de Egipto, su salida por el desierto y la entrada en la
tierra prometida y prosigue en la vida cotidiana.
La acción de gracias la actualizamos hoy en nosotros. En
nuestra humillación se acordó de nosotros y nos libró de nuestros opresores. Su
amor es constante sobre todo manifiesto en los momentos oscuros y difíciles. Tras
cada suceso grande o pequeño, alegre o penoso él lo convierte en historia de
salvación. Cada día él nos reparte el pan y lo descubrimos en el pan de la
palabra y la eucaristía. Él da alimento a todo viviente. Somos invitados cada
día a darle gracias por sus gestos de cariño y de ternura. Cada gesto de Dios
es fruto y signo de su amor sin medida.
SAL 137: CANTO DE LOS DESTERRADOS
Este salmo de lamentación se enmarca en una situación de
destierro, Babilonia representa la capital del crimen, el poder hostil que
amenaza al pueblo de Dios, encarnación del poder hostil del maligno. Junto a
los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión ¿Cómo
cantar un cantico al Señor en medio de esta hostilidad? Nuestros deportadores
se ríen de nuestros cantos de alabanza en medio de nuestro llanto. En esta
situación de abatimiento se nos invita a no perder la esperanza. Me acuerdo y
añoro la ciudad santa de la que fuimos deportados. El Señor promete a su pueblo
la liberación. Los que marchasteis llorando volveréis entonando cantares. Es la
promesa de fidelidad y amor eterno de parte del Señor.
A la confesión de fe de Pedro sigue la promesa. Te daré
las llaves del Reino y los dominios del mal y de la muerte no prevalecerán. Te
infundiré mi poder para enfrentar y vencer el mal con el bien. Cristo se
levanta victorioso sobre la muerte y nos infunde la esperanza. No temed yo he
vencido al mundo.
Sigue la presencia y la acción hostil del agresor en el
mundo. La Iglesia se encuentra en lucha contra esta Babel invocando la
intervención de Dios. Cuántos hombres sufren el destierro. ¿Cómo se puede
cantar en un mundo oprimido por el mal en medio de guerras, sin paz y sin
solidaridad? La añoranza por su suelo patrio les ahoga en medio del llanto.
Aunque se nos pegue la lengua al paladar y se reseque la boca y se apague el
ánimo, no hemos de perder la esperanza. la esperanza brota del recuerdo supone
no perder la memoria, no olvidarse de lo que hizo el Señor para esperar su
acción salvadora. No debe cesar nuestra invocación y alabanza en medio de la
persecución. El pueblo será repatriado al Reino de la Jerusalén celestial. La
victoria del amor es la fuerza que acompaña a los cristianos y que los hace
firmes en su debilidad, alegres en su fragilidad.
SAL 138: EL SEÑOR PROTEGE AL DEBIL. CUANDO TE
INVOQUE, ME ESCUCHASTE
Toda nuestra vida es obra de Dios, hechura suya somos.
Pero a veces lo olvidamos. En los momentos que nos perdemos nos volvemos hacia
él. Señor no abandones la obra de tus manos. Nos confiamos en su misericordia.
El Señor se fija en el pobre y el humilde, extiende su mano y su derecha le
salva. Damos gracias porque en el peligro me escuchaste, viniste a mi
encuentro, me fortaleciste. Gracias por tu amor y fidelidad la roca firme donde
nos apoyamos. Jesús enseña a sus discípulos a vivir en este abandono confiado.
No andéis temblorosos y no tengáis miedo mi pequeño rebaño agobiados vuestro
Padre sabe lo que necesitáis y él proveerá. Si vosotros sois incapaces de
realizar las cosas más pequeñas porqué os inquietáis ante las más grandes. Dios
os dará a cada momento lo que necesitáis.
También nosotros en nuestro caminar nos sentimos cansados
y agobiados. Sentimos el peso de la responsabilidad, la dificultad, nos fallan
las fuerzas, nos asaltan los temores y las dudas, pero tu Señor nos consuelas y
confortas. El salmista ante la bondad del Señor quiere que este sea conocido.
Que te reconozcan y den gracias todos los reyes y habitantes de la tierra. es
una invitación a la universalidad de la salvación movida por el amor de Dios
que no conoce fronteras. Nos pide ser sensibles al dolor de los hermanos a los
que sufren la injusticia y el poder del mal, a ponernos al lado de los pobres y
afligidos.
SAL 139: SEÑOR TU ME SONDEAS Y ME CONOCES
Este salmo es uno de los más bellos del salterio. Expresa
la contemplación orante de la omnipresencia de Dios. El hombre está siempre
bajo la presencia de Dios que lo rodea por detrás y por delante, que lo penetra
todo y está en todo. Me abrazas por detrás y por delante. Dios nos conoce más
que nosotros mismos. El salmista queda anonadado y asombrado por esa misteriosa
presencia divina y la profundidad de sus designios de amor por lo que irrumpe
en acción de gracias y pide que lo guíe por buen camino. Lo grandioso de este
salmo es el tono de intimidad personal con Dios. El salmista habla con Dios
embargado por la emoción sintiéndose protegido. Dios se ocupa de él. Jesús les
habla de esta misteriosa presencia divina. Me iré físicamente de vuestro lado
pero volveré a vosotros. No os dejaré huérfanos. Les promete que enviará el
Espíritu Santo quien les recordará todo y les llevará a la verdad completa.
Recibirá de lo mío y os lo dará a conocer. Él os asistirá os ayudará, estará
siempre con vosotros
Sorprende la disparidad de la pequeñez del hombre con la
grandeza de Dios. el hombre solo puede comprender una pequeña parte. Cuando
intenta comprender se encuentra con el misterio inabarcable de Dios. qué
incomparables tus designios, tanto saber me sobrepasa. El hombre solo puede
comprenderse iluminado por la luz de Dios. el conocimiento de Dios se extiende
hacia atrás hasta lo profundo de mis entrañas, hasta el fondo del alma. Dios el
que nos tejió en nuestro seno materno. Mientras seguimos estando en el seno de
Dios, él nos acompaña y nos guía.
¿A dónde huiré y escaparé de tu mirada? Aunque pasemos
por tramos oscuros donde parece que todo se oscurece, si desciendo hasta el
abismo, allí te encuentro. Allí me alcanza tu derecha, me levanta. Por eso pide
que su luz guie siempre nuestro caminar, guíanos por el camino eterno.
SAL 140: ATIENDE A MIS GRITOS DE SOCORRO Y
LIBRANOS DEL MAL
En esta peregrinación el hombre se acechado por el mal.
Por el camino me colocan trampas, los soberbios me tienden una red. Mis
enemigos planean males, todo el día provocan contiendas. Pero acudimos al
Señor, nuestro Defensor. Defiéndeme de la mano perversa, protégeme de los
hombres violentos.
Jesús se apropia de las palabras del salmo y se
identifica como el pobre perseguido. Jesús mismo cuando enseña a orar a los
discípulos acaba su oración dirigiéndose al Padre, no permitas que caigamos en
la tentación y libranos de todo mal
Todo el salmo es una apelación a la asistencia divina. El
salmista recuerda la acción de Dios. Yo se que mi Dios defiende el derecho del
pobre. El Padre no permitirá que se pierda ni uno solo de vuestros cabellos.
Aunque por el momento suframos toda clase de pruebas, cantareis himnos de
alabanza a vuestro Dios. Él os librará, os rescatará y os sentará a su derecha.
No temáis mi pequeño rebaño a mi Padre le ha parecido bien daros el Reino.
SAL 141: MIS OJOS ESTAN VUELTOS A TI, EN TI ME
REFUGIO EN LA CALAMIDAD
Es un salmo parecido al anterior. El salmista suplica en
medio de la tribulación. La fuerza del mal es fuerte y el Tentador aprovecha la
situación de debilidad y aprovecha de nuestra inclinación para arrastrarnos y
ganarnos para el mal.
Jesús cuando se retira a orar en Getsemaní previene a sus
discípulos orad, vigilad, para no caer en tentación. El espíritu está pronto
pero es fuerte la debilidad y la inclinación de la carne.
Probablemente es un salmo redactado por el pueblo
perseguido en el exilio, en el cautiverio, en medio de la calamidad. El salmo
invita a la perseverancia en la oración. Estar vigilantes como centinelas y no
dejéis que vuestro corazón se incline a la maldad. Es una exhortación a
mantened la cabeza, el corazón, los ojos vueltos hacia el Señor. Está seguro de
la salvación de Dios. Dios mío ven en mi auxilio, Señor date prisa en
socorrerme. Con esta invocación iniciamos cada día la oración de la mañana.
Aunque se reza en singular se convierte en plural con toda la asamblea y toda
la Iglesia. Sin la ayuda de Dios no podemos nada.
SAL 142: LA ORACION DEL CORAZON, DE TODO EL SER
Nuestra oración la hacemos con todo el ser. Rezo con mi
cabeza, con mi mente, con el corazón. Rezo individualmente y rezo en grupo.
Rezo en silencio, en voz baja y alzando la voz con fuerte grito. Rezo en medio
del dolor y lleno de alegría. Mi grito proclama la urgencia de mi plegaria. Jesús
nos enseña a orar con el corazón. Cuando oréis no penséis que dios escucha por
nuestras largas oraciones. Orad con el corazón, con todo vuestro ser. Más allá
de nuestras palabras abrirle el corazón el conoce nuestra situación y sabe
darnos lo que necesitamos.
La invitación a orar con el corazón es una exhortación a
la confianza. Expongo ante él mi situación, mi angustia, mi dolor y me quedo
aguardando. Se nos invita a poner en Dios nuestra confianza. Nosotros no
sabemos orar. Guía tú nuestra oración y ven en ayuda de nuestra flaqueza. Cada
mañana nos dirigimos al Dios fiel que cumple sus promesas. No me escondas tu
rostro, hazme escuchar tu gracia ya que confío en tí. Tu Espíritu que es bueno
me muestre el camino a seguir y dame la docilidad de seguir tus caminos.
SAL 143: CANTARE PARA TI UN CANTICO NUEVO
El salmista cae en el estupor y la admiración de todo un
Dios que se acuerda y se fija en su pobre criatura. ¿Qué es el hombre para que
te acuerdes de él? Dios se inclina desde el cielo y desciende, extiende su mano
y nos defiende y protege. Dios se acuerda de nosotros seres de polvo. Qué es
nuestra debilidad ante tu omnipotencia. Nos sorprende que renunciases a tu
poder para hacerte uno de nosotros. Todo el misterio de la Encarnación nos
habla de esta locura de Dios por acercarte a establecer tu morada en nosotros.
Por eso surge en mi corazón un canto de alabanza
Todo el salmo respira esta semejanza y desemejanza. No
hemos de igualarnos a Dios. debemos dejar a Dios ser Dios y no reducirlo a
muestras pretensiones y especulaciones. El se hizo semejante a nosotros pero
mantiene esta condición de ser Dios. no hemos de querer suplantar a Dios
creyéndonos los salvadores del mundo. No soy yo quien ha de resolver todos los
problemas y acabar con el mal del mundo. Ese papel no es el mío, eso depende de
Dios. Él elevó nuestra naturaleza caída y nuestra dignidad perdida para
revestirnos de su poder. No hemos de perder este asombro y estupor. Ver a Dios
hecho criatura, mortal en un pobre portal la celestial hermosura. El hombre es
contingente, débil y mortal, sus días como una sombra que pasa, pero el amor de
Dios es eterno y no pasará.
SAL 144: EL MERECE TODO EL HONOR Y LA ALABANZA
El salmista junto con el pueblo hace una preciosa
confesión de fe. El Señor es bueno con todos, cariñoso con todas sus criaturas,
rico en piedad y leal. Por eso merece todo el honor y la alabanza.
Tiene una fuerte connotación eucarística. Abre su mano y
nos sacia de favores. Nos da la comida a su tiempo y satisface los deseos de
sus fieles. El sostiene a los que caen y levanta a los que desfallecen. Nosotros
en la plegaria eucarística cantamos el santo y nos unimos con todos los seres
del cielo y de la tierra alabando su gloria y santidad.
El canto se extiende a todo el universo. Que tus obras te
bendigan, te den gracias y proclamen tu bondad. Una generación lo cuenta a las
otras para que tu alabanza persista por siempre jamás. Esta es nuestra misión
proclamar por todas partes y en todo momento el reinado de Dios. La grandeza de
Dios la muestra en la cercanía con los débiles y pequeños. La paternidad de
Dios la muestra en su especial cuidado de los que caen y se doblan, de los más
necesitados. También a nosotros se nos pide esta misma actitud en nuestra
oración. Acordarnos de los más pobres y necesitados, para que a ellos llegue el
reino de paz y de justicia.
SAL 145: EL SEÑOR SE ACUERDA DE LOS POBRES
Estos cinco últimos salmos forman la colección denominada
el tercer Hallel o Hallel final. Si el Señor ha estado grande con
nosotros cuando pasamos por la aflicción así también nosotros debemos atender a
os pobres y afligidos.
Cristo vino a establecer el reino de Dios y a someterlo
al Padre. Jesús se presenta como el enviado por el Padre para llevar la buena
nueva a los pobres, la libertad a los oprimidos, la vista a los ciegos. El buen
pastor que sale en busca de los pecadores para llevar a todos la salvación de
Dios.
El Señor da pan a los hambrientos, sostiene a los
débiles, endereza a los oprimidos, protege a los extranjeros, sustenta al
huérfano y a la viuda
El amor cristiano debe manifestarse en un amor a todos
empezando por los más pobres y afligidos. Todos son beneficiarios del amor de
Dios. Los más pobres deben son objeto de mayor predilección. También nosotros
debemos tener una predilección por los pobres y más necesitados de la tierra.
Jesús mismo hace suya su aflicción y nos dice lo que hagáis con los más pobres
de estos mis hermanos pequeños conmigo lo hicisteis.
SAL 146: EL SEÑOR SE COMPLACE EN LOS QUE
CONFIAN EN EL
Este salmo tiene una fuerte connotación eucarística. La
eucaristía es el centro de nuestra vida cristiana. La eucaristía hace la
Iglesia y la Iglesia hace, celebra la Eucaristía. Somos convocados a participar
en su banquete donde el Señor nos congrega y reúne, él nos sostiene y venda
nuestras heridas, nos alimenta. La eucaristía no es el premio de los perfectos
sino la medicina para los vulnerables y heridos. El Señor continua presente en
el mundo de hoy, nos asiste y nos envía cada día. No temas el Señor sostiene a
los humildes.
Él es la fuente y el manantial donde bebemos y salimos
fortalecidos. El es el vínculo que nos une. No vence y triunfa el fuerte por su
gran ejército. Dios es el que salva y nos pide esta actitud de confianza. Su
amor no tiene medida. El amor de Dios se complace y se derrama en los humildes.
Como conoce la gran costelación de estrellas, él cuenta el número de sus
siervos y a cada uno los llama por su nombre. Esta es nuestra fortaleza y
seguridad en medio de nuestra debilidad e inseguridad.
SAL 147: PROCLAMAD SU MISERICORDIA
Acudimos a la Eucaristía para conformarnos y
configurarnos con Cristo. Cristo es el enviado por el Padre, la Palabra que él
envía a la tierra y que se extiende velozmente. Imbuidos por su amor nos llama
a proclamar su amor y su misericordia. Él envía a sus mensajeros a proclamar su
mensaje. Él nos sacia con su alimento para pasar a alimentar a su pueblo. Nos
envía a correr veloz frente a los corazones fríos a infundir el calor de su
Espíritu. Sopla sobre nosotros su aliento para que corramos sin desfallecer.
Dios continúa haciéndose presente en nuestra historia
para convertirla en historia de salvación. Nos envía para llevar su Palabra
creadora para establecer su Reino entre nosotros. El quien renueva el orden y
la faz de la tierra. Nosotros no somos la Palabra sino sus mensajeros. El
mensaje y la palabra no es nuestro. Él es quien tiene todo su poder creador y
salvador. Hablamos a su pueblo como servidores de Dios que anuncian la Palabra
de Dios.
SAL 148: ALABEN TODOS EL NOMBRE DEL SEÑOR
Este salmo es un canto de alabanza en el que participan
todos los seres los del cielo y los de la tierra. Es el centro de la plegaria
eucarística. Él gobierna su pueblo con mano firme. Su nombre es santo, fuente
de santidad. Él es el único Dios digno de todo nuestro amor. Él quiere
restaurar el orden y llevarlo todo hacia la plenitud. Este canto llega hasta
los más pobres y humildes, los jóvenes, las doncellas, los ancianos, los niños.
El autor quiere que todos los seres alaben unánimes a
Dios, a una sola voz. El es nuestro creador. Su nombre, su amor es sublime. El
salmo se dirige a Dios con un canto exultante de quien contempla la
grandiosidad de su presencia, esto le hace levantar sus ojos y su corazón al
que es motivo de alabanza. La alabanza debe ser universal sin exclusiones para
que inunde el universo y comparta la alabanza incesante de todo cuanto él ha
creado.
SAL 149: CANTAD AL SEÑOR UN CANTICO NUEVO
El canto de los redimidos corresponde al cántico
nuevo que nace del hombre nuevo renacido en Cristo. El motivo es la
victoria del amor en Cristo que ha vencido la muerte. El salmo destaca la
tonalidad del canto, con vítores, radiantes, exultantes. La alabanza es
entusiasta que va más allá del canto con la voz e incluye la música y danza,
con toda la vida. El Señor se complace en los humildes, alabadlo con alegría.
Que los fieles exulten radiantes y salten con alegría incluso los que se
encuentren postrados. Es el canto del gloria que canta la Iglesia en la
Vigilia del Sábado Santo donde aclamamos la victoria del Señor que en la
cruz ha vencido el pecado y la muerte.
Como pueblo redimido somos herederos de este cántico
nuevo. Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos al arrodillarse
ante él. Él adorna con su victoria a los pobres y humildes (los anawim,
hasidim). Dios opera su salvación a través de medios humildes. Mirad entre
vosotros los que habéis sido llamados. Dios eligió a los pobres según el mundo
para mostrar su riqueza. Para las grandes proezas elige a los pobres y humildes
de la tierra. El cántico de los redimidos es un cántico nuevo. Lo
cantan los que han aprendido a amar porque es un canto de amor. Los renacidos y
redimidos por Cristo (los anawim, hasidim) se convierten en
proclamadores de la Buena Nueva de la salvación. El Señor ha hecho maravillas
con nosotros y estamos alegres.
SAL 150: DOXOLOGIA FINAL DEL SALTERIO
El final del salterio lo cierra este himno de alabanza.
Todo ser que alienta alabe al Señor. El canto majestuoso resuena en la voz
polifónica de una orquesta que integra diversidad de instrumentos. Los altos,
los bajos, los de viento, los de cuerda, los de timbre vibrante. Todos resuenan
como una sola voz (la de Cristo). El cántico es bello cuando es armonioso y las
voces se conjuntan. Es como una liturgia admirable ininterrumpida de amor. la
liturgia terrestre quiere imitar la celeste. Ejercitémonos en este canto nuevo.
Este es el fin de la liturgia cristiana, un canto
incesante, convertir nuestra vida en canto de alabanza y acción de gracias. Por
diez veces se aclama el Aleluya: Alabad. Recuerda la alianza con loa creación
impresa en la ley del Señor. Cesa nuestro canto cuando cesa el amor por eso no
debemos interrumpir el canto para que sea agradable a Dios.
Que toda la creación alabe al Señor, que alabe al Señor
toda la tierra, que todos pronuncien y proclamen las maravillas del Señor la
admirable bondad para con nosotros. Toda la creación que permanecía dormida se
levanta para proclamar con alabanzas al Señor de los señores, al Rey del amor.
“gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra, alaben al Señor!

























































































































No hay comentarios:
Publicar un comentario